Capítulo 2: Encuentros Parte II

ROSE POV

Oh, Dios…

Aquello tenía que ser algo imposible. ¿Qué hacía ese muchacho frente a mis ojos? ¿Acaso es que me había seguido ayer por la noche? ¿Qué le iba a decir? ¿Cómo justificar mi presencia en este lugar?

Mi mente buscó, desesperadamente, una mentira que soltar. Igual y hasta podía hacerme la víctima, actuar de manera indignada y acusarle de acoso. Eso resultaba ser una buena idea, al menos, la mejor que se me ocurría. Inventé, mentalmente, el dialogo perfecto. Nada podía salir mal, si él me llegaba a reclamar sobre mi pequeña mentira, yo le respondería con un: "¿Por qué tengo que dar explicaciones a un extraño que me ha seguido?"

Si. Completamente perfecto. Rose, eres maravillosa, me felicité mentalmente y…

- Rose, ¿Todavía no terminas de tender la ropa?

¡Mierda!

Alice, ¿Tenía que aparecerse justo en ese momento?

Pude leer el desconcierto de aquel muchacho en el fruncimiento de sus cejas, lo que me impidió el movimiento por un par de segundos. Al final, opté por algo infantil y sencillo: dar media vuelta, darle la espalda y subir, corriendo, las escaleras que me llevarían a casa. Lo siento, fue lo único que se me ocurrió hacer en ese momento de tanta tensión.

- Rose, ¿Qué te pasa? – preguntaba mi hermana, mientras subía a mi misma velocidad, pisándome los pasos

Entré a la casa, pateando la puerta y arrojando la canasta de ropa húmeda sobre el desgastado sofá

- ¿Y ahora qué te ocurre? – terció Bella, ante mi actitud – ¿Por qué la agresividad?

Bufé sonoramente, demostrando mi descontento con ello y dejando en claro que no estaba dispuesta a dar ni una sola explicación. Sentí las miradas de mis hermanas, fijamente puestas sobre mí. Me dejé caer en el sofá y me hundí en él, de manera rezongona.

- ¿Tú me puedes decir qué es lo que pasó? – se dirigió Bella hacia Alice

- No lo sé – contestó – Lo único que vi es que estaba, frente a frente, con un muchacho muy alto... – dejó de hablar al percatarse de mi mirada asesina – Pero, seguramente, miré mal – agregó, a sabiendas que era lo único que podría salvarle de un buen castigo por parte mía.

Sin embargo, Bella nos conocía demasiado bien como para dejarse engañar.

- Con un muchacho alto – repitió, de manera significativa – ¿Se puede saber quién es?

- No – contesté, de manera seca y fría

- Rose – llamó mi hermana, reprendiéndome – en lugar de estar conociendo chicos guapos cada fin de semana, deberías de dedicarte un poco más a tus estudios…

- Bella – interrumpí, mientras me ponía de pie, con un movimiento desesperado – Si tienes pensado comenzar con tus sermones, mejor me voy de aquí. No estoy de humor para andar soportándote

Cerré la puerta, tras de mí, con un fuerte golpe. Suspiré pesada y coléricamente, mientras volvía a bajar las escaleras, somatando los pies y refunfuñando hacia mis adentros. El enojo me había envuelto de tal manera que había olvidado su motivo. No fue hasta que sentí un par de manos, jalarme con suavidad, cuando lo recordé.

Mis ojos se dilataron y mi respiración se bloqueó al tenerlo frente a mí.

- ¿Rose? – preguntó, con intensión y reproche

Levanté mi barbilla, sin dejarme intimidar bajo ningún momento

- ¿Qué haces aquí? – exigí saber – Te dije que no me siguieras

- No te seguí – admitió, bajando la mirada. Su rostro se volvió abatido, quizás, un poco avergonzado – Yo… estoy viviendo aquí

- ¿Qué? – solté, sin querer ocultar mi decepción – Entonces, ¿Qué hay con lo que ayer me dijiste?

- Te mentí – contestó, aún sin mirarme – Todo lo que te dije es mentira

Me mordí fuertemente la lengua ante la rabia y me aseguré de verlo con toda el desprecio que me fuera posible. Él alzó los ojos y los clavó, valientemente, en los míos. Nos mantuvimos en un pequeño juego de intensas miradas, hasta que decidí terminarlo. Sin previo aviso, di media vuelta y me dispuse a caminar, lejos de él. Sin embargo, sus manos me lo impidieron

- Espera, ¿A dónde vas?

- Lejos de un mentiroso – escupí, mientras me sacudía tu tacto de mis brazos

- Tu también me mentiste

- No es nada, si lo comparamos

- Las mentiras no tienen medición. Todas son igual de traicioneras

- Qué profundo – repliqué, con gran sarcasmo – ¿Sabes? No tengo tiempo, y mucho menos para desperdiciarlo en niñitos mentirosos. Adiós – dije, finalmente, mientras lo dejaba plantado, a mitad de patio.

EDWARD POV

- ¡Ey! – exclamó Jasper, desde el sillón frontal, al mismo tiempo que me lanzaba, directamente al rostro, una bolita de papel, para llamar mi atención – ¿Qué te ocurre? Estás muy pensativo

- No sé qué hacer para ayudar a papá y a mamá – contesté – mañana iré a la universidad pública, para inscribirme; pero también quiero conseguir un trabajo. Solamente que no sé de qué podría trabajar. Aquí en Forks las ofertas de empleo son limitadas

- Tienes razón – acordó, mi rubio hermano, mientras se hundía en el sillón y me tendía un periódico – Yo también estaba buscando trabajo, pero la mayoría piden ser mayor de edad, ¿por qué no lo intentas tú?

- Gracias – dije, mientras lo tomaba. Comencé a leerlo detenidamente, pasando cada una de las columnas… Hasta que leí – "Se buscan ayudantes generales (hombres) para laborar medio tiempo de lunes a viernes" – revisé la dirección y, tras anotarla en un pequeño papel y guardarlo en mi cartera, decidí que iría mañana para pedir información.

ALICE POV

- Bella, ¿Pasa algo? – pregunté, al ver a mi hermana con la mirada perdida – Bella – insistí, al no recibir respuesta

- ¿Si?

- ¿Pasa algo? – repetí

- No – contestó, pero era fácil predecir que no decía la verdad. Ella no sabía cómo mentir

- No te creo – discutí – desde ayer te veo demasiado deprimida

- Estoy preocupada por Rose – dijo, mientras daba media vuelta y me mostraba la espalda: otro indicio que seguía mintiendo. Llegué a ella, dando saltitos, hasta que la tuve en frente

- Dime la verdad – exigí, mientras clavaba mi mirada en la suya – Bella, no soy tonta. Ya no me puedes seguir engañando como cuando tenía ocho años

Mi hermana me miró, fijamente, por varios segundos y, tras rendirse a una pelea de miradas, suspiró profundamente. La pesadumbre se acentuó en sus facciones

- Lo siento – murmuró – Ya sé que no eres una tonta y tampoco me gusta mentirte; pero...

- ¿Pero qué? – incité

- Me despidieron del trabajo – soltó, con voz ahogada y tragando saliva ruidosamente para no llorar.

Bajé mi mirada, ante la impotencia que sentía ante ese tipo de situaciones.

- Pero no te preocupes – se apresuró a decir, mientras me alborotaba los cabellos – Ya busqué en el periódico y he encontrado propuestas muy buenas.

Suspiré profundamente, mientras intentaba calmar mi furia. Bella no tenía idea de lo mucho que me molestaba el que hablara de esa manera. Que no me preocupara… Aquello era imposible. ¿Cómo no hacerlo cuando la veía, siempre, tan sola?

- Ali, ¿Estas bien?

- Si – mentí, regalándole una falsa sonrisa

- ¿Saldrás? – preguntó, al ver que me dirigía hacia la puerta

- Quiero caminar un poco – contesté, lo más relajada posible, mientras me sujetaba mi cabello con la gorra y salía de la casa – no tardo

Al salir, me encontré con un cielo completamente nublado – algo muy típico en Forks – Comencé a caminar, sin prestar mucha atención a lo que me rodeaba. Al final de cuentas, ¿Qué podía haber de interesante?...

- ¡Alice! – exclamó alguien, a lo lejos. Giré mi rostro, para ver de quién se trataba. Era Seth y su plebe de amigos. Corrí hacia ellos, chapoteando en los charcos

- ¡Ey! – dije, a manera de saludo

- ¿Pasa algo? Te veías mal desde lejos

- Estoy un poco aburrida – contesté, mientras me encogía de hombros

- ¿Aburrida? – repitió, uno de ellos – ¿Por qué no vienes con nosotros, a divertirnos un poco?

- ¿Qué van a hacer?

- No sabemos. Pensábamos ir a molestar a la casa de los nuevos vecinos…

- ¿Vecinos? – interrumpí – ¿Qué vecinos?

- ¿En qué mundo vives, Alice? – reprochó otro de ellos – ¿A poco no sabías que la familia del doctor y la doctora Cullen se ha mudado a esa casa?

- No – contesté, de manera sincera. De hecho, aún no sabía de quiénes me hablaban. Todos mis amigos pusieron sus ojos en blanco y bufaron, en gesto de desaprobación – ¡Vamos! Yo no ando de metiche en la vida de los demás

- Esta bien, esta bien, te perdonamos – dijo Seth – Pero, ¿Qué dices? ¿Nos acompañas o no?

- No lo sé – murmuré, al recordar que le había prometido a Bella no meterme en problemas – ¿Qué es lo que precisamente piensan hacer?

- Creo que iremos al súper mercado, a tomar prestadas unas cuantas cosas

- Entonces, no voy – dije, pues sabía a lo que se referían.

- ¿Por qué no?

- Le prometí a mi hermana que ya no iba a tomar nada que no me perteneciera

- ¡Oh, vamos, Ali! – exclamó, en medio de una inmensa carcajada – No te estas llevando contigo todo el negocio. Son solo unas cosas.

- Si tu hermano se entera, también se enojaría – le recordé, mientras fruncía el ceño

- Si, pero no se tiene por qué enterar – solucionó, sin perder la sonrisa de su rostro. Me tomó de la mano y me jaló, para comenzar a caminar – Además, es divertido. ¿A poco no te emociona toda la adrenalina que se siente al saber que te pueden descubrir?

No recuerdo cómo fue que me dejé convencer por mi amigo. Cuando pude darme cuenta, ya me encontraba en el súper mercado, con el resto de los chicos, tomando, a escondidas, algunas cosas como pastas, atunes, sobrecitos de gelatina, o endulzantes para agua…

- Es una ventaja que siempre traigas esta gorra – indicó Seth, mientras posaba su mano sobre mi cabeza – con tu cabello suelto, llamas mucho la atención.

- ¡Chicos, corran! – murmuró, uno de nuestros amigos – Un policía viene hacia este pasillo

Guardé en mi mochila la última lata de champiñones que iba a poder alcanzar durante esa tarde, antes de salir corriendo hacia la salida. Pero, tan mala fue mi suerte que, justamente a mitad de cuadra, no sé cómo, me estampé con algo. Me sorprendí mucho cuando me encontré en medio de unos brazos que me sostenían fuertemente, para evitar mi caída provocada por el impacto. Alcé la vista y me encontré con un chico de cabellos rubios y mirada miel.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó, mientras yo veía como algunas latas de jugo rodaban en el suelo.

- ¡Alice, corre! – exclamó Seth, a lo lejos, llamando mi atención. El rubio muchacho bajó la mirada y la situó, detenidamente, sobre mi mochila entreabierta y los objetos que de ella habían salido

- Estabas robando – acusó, hablando en un murmullo.

Movida por el pánico, mi mente actuó de manera rápida y estupida. Lo único que se me ocurrió en ese momento fue darle una patada en el estomago, coger mi mochila y salir corriendo, dejando al pobre chico tirado sobre la banqueta, con las manos sobre donde había caído mi absurdo golpe.

- Lo siento – musité, al pasar a su lado

BELLA POV

Los pies me dolían de tanto caminar. Ese día no había asistido a la escuela y había ocupado el día para encontrar un trabajo. Paré en una pequeña plaza y tomé asiento, para poder descansar un poco. Inspiré profundamente, intentando calmar el llanto que amenazaba con salir. Había asistido a ocho entrevistas, de las cuales no había logrado obtener un buen resultado. Si no era que los puestos ya estaban ocupados, era mi edad o mi falta de experiencia…

Me llevé las manos a mi rostro, mientras rezaba por que mi última opción me salvara. Me puse de pie y comencé a caminar en la dirección indicada en el periódico.

- Lo siento, señorita. El anuncio es claro: solo solicitamos ayudantes masculinos – informó el señor de traje y corbata

Salí del lugar, con una fingida sonrisa de resignación. Sin embargo, nadie contaba con lo prevenida que iba ese día. Busqué un baño público y, cuando estuve en uno, extraje de mi bolso la holgada ropa de Charlie, al igual que una de las gorras de Alice y un delgado bigotito con barba que, hacía años, había comprado para una pequeña obra de teatro de la escuela.

Me deshice del poco maquillaje que llevaba y, cuando me miré por segunda vez al espejo, sonreí de manera complacida.

- Mi nombre es Leonardo Asmita – practiqué mi voz y mis movimientos, frente al espejo.

Después, extraje la falsa identificación, junto con los documentos (igualmente falsos). En esos momentos, era cuando más agradecía al tener como mejor amigo a Jacob.

Intenté ocultar mi nerviosismo a la hora de la entrevista y, me tuve que contener demasiado para no gritar al escuchar que había obtenido el trabajo.

- Acompáñame, Leonardo – dijo el señor, mientras me conducía dentro de su pequeña oficina – Aprovechando que has llegado justamente en este momento, te presentaré a tu compañero de trabajo – anunció, mientras me plantaba frente a un joven alto, de estilo desgarbado, rostro pálido y angulado, adornado con unos exquisitos ojos verdes y rebeldes cabellos color cobre. Por un momento, me olvidé de respirar al verlo.

- Edward, te presento a Leonardo. Leonardo, te presento a Edward – dijo nuestro jefe – Debo informarles que ambos han sido contratados justamente hoy, casi a la misma hora, por lo que, mañana comenzaran a laborar. Espero se lleven muy bien y sean buenos compañeros de trabajo

- Mucho gusto – dijo el chico, mientras me tendía una de sus manos hacia el frente

- Igualmente – murmuré, sin poder evitar bajar la mirada. Su mano apretó fuertemente la mía, en forma de un saludo varonil, el cual resultó doloroso para mis dedos.

Nuestro jefe salió del lugar por un momento y, cuando regresó, lo hizo con un par de uniformes.

- ¿Qué les parece si, para aprovechar mejor el tiempo, se prueban sus uniformes de una vez? – propuso, mientras nos otorgaba la ropa de vestir

- ¿Dónde esta su baño? – quise saber, cuando tuve la camisa blanca y el pantalón negro entre mis manos

- No creo que haya necesidad de ello – contestó, con una sonrisa amable – pueden probárselo aquí, en lo que yo voy y atiendo a otra entrevista – explicó, mientras se dirigía hacia la salida – En seguida vuelvo

Mi corazón comenzó a latir de manera desbocada al comprender lo que tenía que hacer…

- ¿Pasa algo? – preguntó mi compañero – Te has puesto pálido

- No pasa nada – contesté, con voz bajita y entrecortada.

- No te pongas nervioso – agregó, a modo de broma, mientras se comenzaba a desabrochar la camisa que llevaba puesta – No es como si fueras una chica y te fuera a ver lujuriosamente, ¿o si?

- N-no – contesté, intentando calmarme – Por supuesto que no.

Definitivamente, lo menos que se me pasó por la cabeza fue que, en mi primer día de trabajo, iba a tener que ver a un chico semidesnudo…

Hola- ¡uf! Primero, quiero pedirles una disculpa por la demora. Sé que no tengo perdón pero, de verdad, la universidad apenas y me esta dando tiempo para comer. Siento mucho la tardanza, espero comprendan.

En fin, ¿Qué les ha parecido? Espero me dejen su opinión con un review ^^. Se los agradecería mucho. Cuídense y hasta pronto

Atte

AnjuDark