Capítulo 4: Vecinos, Parte II
BELLA POV
Me encontraba tan aturdida que no sabía qué era lo que exactamente había escuchado.
– ¿Disculpa?
– ¿Conoces a esta chiquilla? – repitió el muchacho, haciéndose a un lado para dejar a mi vista a una Alice completamente sonrojada. Fue entonces cuando comprendí que algo no estaba bien
– Si – contesté, mientras estiraba mi brazo para alcanzar los hombros de mi hermana y traerla hacia mí – ¿Qué pasa? ¿Te ocurrió algo?
– Pasa – se adelantó a contestar el chico de ojos verdes, con voz un tanto gruesa – que tu hermana se metió en mi casa y estaba intentando robar unas cosas
– ¡Eso no es cierto! – discutí, sin dudarlo dos veces.
– ¡Claro que lo es! – respondió él, mientras fruncía su ceño y me miraba de manera envenenada
– ¡Mi hermana no es una ladrona! ¡No tienes ningún derecho de venir y hablar de ella de esa manera!
– Yo no culpo a tu hermana de lo que hizo y tampoco estoy hablando mal de ella – se defendió, hablando con voz pausada y suave. – Si así hubiera sido, la hubiera llevado a la policía; pero está claro que es muy pequeña para saber bien lo que hace. Así que pensé conveniente venir para platicar con sus padres, para que ellos fueran quienes decidieran el castigo para su hija, ¿Y con qué es lo que me encuentro? – preguntó, cambiando su bajo timbre por uno un poco más fuerte – Con una hermana histérica que se ofende con la verdad
Ok. ¿Había dicho que Edward Cullen eran hermoso? ¡Retiro lo dicho! ¡Era el hombre más despreciable que en toda mi vida hubiera podido llegar a conocer! ¿Cómo se atrevía a llamarme a mí histérica? Apreté mis labios y fruncí el ceño, mientras le miraba de la forma más envenenada que pudiera existir en el mundo.
– Alice, métete a la casa – ordené y mi hermana no protestó.
En cuanto quedamos el chico y yo, solos, di un paso hacia el frente y cerré la puerta, a mis espaldas.
– ¿Qué fue lo que mi hermana tomó? – exigí saber, mientras hacía mis cuentas mentales para ver cuánto me iba a costar ese maldito orgullo
– No te preocupes – contestó – No venía a reclamarte por eso. Solo... te aconsejo que prestes más atención en tu hermana. O que le digas a tus padres que lo hagan…
– Gracias – dejé que el sarcasmo fluyera de mi voz mientras me disponía a entrar a mi casa.
– Espera – pidió, cuando la puerta se iba cerrando. Levanté mi mirada hacia la suya y, repentinamente, aquel par de gemas verdes ya no me parecían tan maravillosas como antes… (¡Está bien, está bien! Si, seguían siendo hermosas, pero el tipo ya me había calado la paciencia) – ¿Nos conocemos?
¡Santo Cielo! ¡Me había descubierto! Sentí cómo mi corazón se había acelerado y la sangre había huido, por completo, de mis mejillas
– N- no – contesté. Sus ojos me miraron por otro momento más
– ¿Segura?
– Completamente. Me parece que eres nuevo en este lugar… Yo llevo años viviendo aquí, casi toda mi vida
– Si, soy nuevo – aseguró, aún vigilante – Pero tu rostro me resulta muy familiar – Creo que, interiormente, me encontraba invocando a todos santos habidos y por haber, para no ser descubierta. Nuestras miradas seguían unidas y yo me encontraba temblando ante el miedo que sentía. Después, sus labios se fueron estirando, poco a poco, hasta formar una estúpida sonrisa – ¡Ya sé quién eres! – soltó y aún no estoy segura de cómo pude soportar el espasmo que removía cada uno de mis poros – ¡Tú eres la chica que siempre se cae de las escaleras!
Hice varias cosas a la vez: me enoje, me ofendí, di gracias a Santa Petra la Callosa por haberme ayudado, me quise reír y… por último, maldije mentalmente al baboso que estaba delante de mí.
– Si, eres tú – continuó – Tengo viviendo aquí dos días, pero han sido los mismos en que te he visto caer. Me imagino que ya es costumbre tuya.
Idiota…
– Parece que no tienes nada mejor que hacer que el mirar a la demás gente – gruñí
– No es eso. Créeme, eres demasiado escandalosa. Es imposible no volver el rostro con todo el estrépito que haces.
Imbécil
– Supongo que tú eres tan perfecto que jamás te ha sucedido un accidente
– ¿La verdad? Que yo recuerde, la última vez que me caí fue hace dos semanas, cuando andaba con muletas y tuve que subir unas escaleras y, para ser más especifico, solamente tropecé. Excluyendo esa situación, creo que tengo más de dos años sin sufrir un accidente provocado por mis pies
Estúpido
– Me alegro por ti; pero no todos tenemos un sentido del equilibrio tan maravilloso
– Realmente la vida es muy injusta
– ¡Ya basta! – paré, sin poder reprimir más mi cólera – ¿Has venido a darme consejos de cómo educar a mi hermana o a ofenderme?
– A ninguna de las dos cosas. Tú eres quien ha alargado esta conversación
– Pues no lo hago más – ataqué, tomando de nuevo la decisión de internarme en mi casa – Gracias – fue lo último que dije (de manera nada sincera) antes de cerrar la puerta.
Alice me esperaba, sentada y con la cabeza hundida en su gorra, en el desgastado sillón de la sala. Me planté frente a ella, sin hablar e inspirando, en repetidas ocasiones, para intentar calmar un poco mi arranque de furia.
– Lo… Lo siento – fue ella quien rompió el silencio. La congoja de su voz me desarmó por completo
– Ali, quedamos en que ya no lo ibas a hacer, ¿recuerdas? – ella asintió – Entonces… ¿Qué pasó?
– Estaba haciendo una apuesta con Seth
– ¿Con Seth? – repetí – ¿Qué tipo de apuesta? – Alice me contó todo lo sucedido desde ayer en la tarde, mientras yo escuchaba atenta a cada palabra – Ese chiquillo lo que quiere es un buen jalón de orejas – solté, con voz contenida
– ¿Me castigarás?
– No. Pero si te quiero pedir un favor
– ¿Qué favor?
– Que mañana vayas a esa casa, en donde te metiste, para pedirle disculpas a los señores de ésta. Lo que hiciste, sabes, no estuvo bien. En realidad, y aunque no lo quiera admitir, el chico que te trajo fue demasiado amable. ¡Pudo denunciarte!...
– Lo sé – admitió mi pequeña hermana, con un susurro
– ¡¿Y si lo sabes por qué lo haces?! – exclamé, sin poder reprimirme. Apreté fuertemente los labios cuando vi como unas lágrimas caían por sus mejillas y sentí como también en mi garganta se formaba un nudo – Alice, lo siento, no fue mi intención gritarte – agregué, cuando estuve más tranquila
– No. Es lo menos que merezco. Lo siento, Bella – dijo una vez más – Te prometo que mañana iré a ofrecer mis disculpas.
Me acerqué para depositar un beso sobre su frente, indicando con ese gesto que la conversación había terminado.
– Ve a hacer tu tarea – indiqué
– Si – asintió, mientras se ponía de pie y caminaba hacia su mochila.
Rose llegó al poco tiempo.
– ¿Dónde estabas? – pregunté, pues, hasta donde sabía, sus clases deberían haber terminado desde hacía varias horas
– ¿Acaso te tengo que hacer un reporte diario de mi vida? – contestó, a la defensiva. Suspiré profundamente, mientras cerraba mi boca para no seguir hablando. Ya había tenido suficientes discusiones por el día de hoy. Escuché como mi rubia hermana dejaba caer su bolso sobre la mesa y se acercaba a Alice.
– ¿Qué te pasó aquí? – inquirió y di media vuelta, para saber a qué se refería. Entonces fue cuando vi que mi pequeña hermana tenía una raspadura en su brazo derecho
– Me caí…
– Ya te he dicho que dejes de andar como machorra, jugando con los hombres – regañó Rose – Mira lo que te provocas. Quedarás toda cicatrizada
– Esa raspadura no me la hice jugando – informó Alice
– ¿Cómo entonces?
– Me lastimé en casa de los nuevos vecinos, los ricachones que viven abajo
– ¿Ricachones? – repitió Rose, con escepticismo – Vamos, Alice, aquí no hay más que puros pobretones
– No es cierto – discutió mi hermana – Tiene poco llegó una familia que, hasta donde sé, se trata del matrimonio que trabaja en el hospital general, y te puedo asegurar que si tienen dinero, bueno, al menos mucho más que nosotros – aclaró, con una pequeña sonrisa – Yo entré a su casa y tienen cosas muy bonitas. Pensé que lo sabías por que el chico alto, con el que te vi platicando tiene días en el patio, es uno de los hijos de los doctores.
ROSE POV
Una familia rica…
Así que ese guapo muchacho, después de todo, no era tan pobretón como imaginé. Sonreí, para mis adentros. Aquello, realmente que era una buena noticia.
– ¿Y qué es lo que tienen en su casa? – quise saber
– ¡Uf! ¡Son tantas cosas! – exclamó, completamente maravillada – El lugar es pequeño; pero tiene muchos adornos y aparatos eléctricos…
– ¿Cómo qué? Cuéntame – pedí, persuasivamente
– Tienen una televisión enorme…
– Alice – interrumpió Bella – Ve a la recamara
– Bella… - susurró mi hermana, pasmada ante la repentina orden
– Te he dicho miles de veces que no tienes por qué hablar de la vida los demás, ¿o no?
– Si; pero no estoy hablando mal de ellos
– Aún así. Ve a hacer su tarea a la recamara – volvió a pedir, con voz más cariñosa. Alice ya no discutió. Obedientemente, tomo sus cuadernos y salió de ahí. Cuando quedamos solas, Bella me dedicó una mirada envenenada
– ¿Cómo es posible, Rose? – inquirió, en forma de reproche – ¡Nuestra hermana, la más pequeña, esta robando y a ti, lo que te preocupa, es saber cuánto dinero tienen esas personas!
– ¿Qué quieres que haga, entonces? – grité de vuelta - ¿Qué la regañé? ¿Qué la golpee? ¡Creo que ya tiene suficiente con tus sermones de exagerada moral! ¡Apuesto que no soy la única que está harta de que quieras tomar el lugar de nuestra madre!
– Solamente intento tomar el lugar de la hermana que tú no eres, Rose.
Aquello me dolió, pero no lo hice notorio.
– Pues buena suerte en ello – dije, recuperando el volumen de mi voz, mientras me ponía de pie y levantaba mi barbilla, en un gesto claro de petulancia – Por que yo no pienso desgastar mi vida en cuidarlas. Ustedes ya están lo suficientemente grandecitas como para hacerlo por su propia cuenta.
–Rose, es muy noche para que salgas – recordó, al ver que me dirigía hacia la puerta.
No contesté, solamente me limité a azotar la madera, fuertemente, a la hora de desaparecer.
EDWARD POV
– Edward, ¿A dónde fuiste? ¿Qué pasó con la chiquilla? – preguntó Emmett
– La llevé a su casa – contesté, mientras me dejaba caer en el sillón
– ¿A su casa? – repitió Jasper
– Si – reafirmé – Tenía intención de hablar con sus padres; pero solo me encontré con su hermana
– Era una chica rubia, ¿no es así? – aventuró Emmett
– No. Era una chica castaña, la cual, por cierto, resultó ser muy grosera
– ¿Te dio una patada en el trasero? – volvió a preguntar mi hermano mayor, con una sonrisa en el rostro.
– Creo que poco faltó para ello – dije, mientras recordaba la forma tan despectiva con la que sus ojos me habían mirado.
– ¿Y qué fue lo que te dijo la chica?
– Prácticamente, nada – contesté, mientras me encogía de hombros, para restarle importancia – Como era de esperarse, quiso defender a su hermana a toda costa.
– No hubieras sido muy duro – aconsejó Emmett – Apenas y es una niña.
– Una niña con demasiada fuerza – terció Jasper, mientras se llevaba las manos al estomago – Ayer fui golpeado por ella
– Creo que la poca cordialidad ya es de familia – bromeó Emmett y, tras pasar otros tres minutos platicando sobre lo sucedido, dimos el tema por zanjado, decidiendo, en total acuerdo los tres, que nada le diríamos al respecto a nuestros padres.
– ¿Qué paso con el trabajo? ¿Si lo lograste conseguir? – preguntó Jasper
– Si – contesté, sonriente – mañana, después de salir de la escuela, tendré mi primer día de trabajo
– Espero que te vaya muy bien. ¿Sabes? Después de todo, las escuelas públicas no resultan ser malas. Al menos, en mi caso, para haber sido el primer día, me fue muy bien.
– ¿Chicas lindas? – cuestionó Emmett
– En realidad si; pero ninguna de mi gusto
– Pues yo mañana les contaré qué me ha parecido – dije, mientras me levantaba del asiento – Estaré en mi recamara – anuncié, retirándome de la mirada de mis hermanos.
Me dejé caer sobre el colchón con una gran pereza. Busqué el control de mi aparato de audio y le encendí. Mientras la música pesada resonaba en toda la habitación, llevé mis manos hacia mis ojos y los apreté fuertemente.
Lo estas haciendo bien, Edward – me felicité mentalmente y es que, solo de esa manera, estando sin ningún tipo de compañía, podía lamentarme a gusto sobre lo poco que me seguía gustando este nuevo estilo de vida. Giré mi cuerpo y me recargué en mi costado derecho. Mañana sería mi primer día en la escuela y mi primer día en el trabajo.
Genial…
Hola de nuevo. ¿Qué les ha parecido? Espero les haya gustado y me dejen su opinión con un review. ME voy, por que tengo que estudiar para mi examen de programación. xD. Cuídense y nos leemos pronto.
Atte
AnjuDArk
