Capítulo 6: Seducción.

ALICE POV

– Alice, ¡Date prisa o llegarás tarde a la escuela! – gritó desde el segundo piso Charlotte, asomando su rostro por una de las ventanas y agitando su mano en el aire.

Giré mi rostro para ver detrás de mi espalda, en donde Seth, con el grupo de mis amigos me esperaban, listos para otro día de aventuras, fuera de la escuela y lejos de las aburridas clases. Suspiré pesadamente mientras dejaba caer mis hombros hacia el frente. No. No podía irme otra vez con ellos. Me había prometido el ya no fallarle a Bella y lo cumpliría…

– Seth, váyanse. No iré con ustedes – no tienen idea de lo mucho que me costó soltar esas palabras. Mi amigo frunció su ceño, en un gesto claro de disgusto

– ¿Por qué? – exigió saber

– No puedo. Ya he faltado mucho a clases…

– ¡Este es el último día! ¡Alice, no seas aburrida!

– No – agité mi cabeza de derecha a izquierda – tú deberías de hacer lo mismo. No creo que a tu hermano le haga mucha gracia el saber que te la pasas todo el día en la calle. Mi hermana dijo que hablaría con él

Reprimí una sonrisa al ver un brillo temeroso en sus ojos

– No es justo, Alice – reprochó – Lo que tu hiciste se llama traición.

– ¡Me dejaron sola! – recordé. Aunque ya habíamos hecho las paces, el evocar aquella embarazosa situación me ponía de malas – Dijiste "Estaremos cuidándote" ¡¿Y qué fue lo que hicieron?!...

– ¡Ya te expliqué, Ali! Mi hermano pasó por ahí cerca y, al verme, me obligó a irme con él. Además, pensé que ya me habías disculpado

Bufé fuertemente, mientras ponía los ojos en blanco. Seth tomó mis manos y me miró con súplica

– ¡Si, si, si! – exclamé, soltándome de su agarre – Ya te disculpé, pero eso no quita que no iré con ustedes. Voy a entrar a clases – dije, de manera firme y pausada

– Está bien. Como quieras – contestó, encogiéndose de hombros y regalándome una sonrisa – con que sigamos siendo amigos me es suficiente.

– Seth… Vamos a clases – le tomé de la mano y lo jalé – Por favor…

Al final de cuentas, tras jalonear a mi amigo por un par de minutos, éste terminó ganando y lo tuve que soltar. Caminé hacia el salón con la cabeza inclinada hacia abajo, pues me preocupaba lo que la maestra me fuera a decir. Con exagerada cautela, penetré el salón, sin atreverme a mirar hacia el frente. Tomé asiento y al poco tiempo, Charlotte me hizo compañía.

– ¿Dónde has estado estos días? – preguntó molesta – te tienes que poner al corriente con todas las tareas que ha dejado la maestra.

– Lo siento… prometo que ya no faltaré más – Charlotte se sentó a mi lado y, tal vez fue lo apesadumbrado de mi rostro lo que la llevó a dejar sus regaños. En cambio, tomó mi mano y me hizo que la viera. Su rostro me extrañó, se encontraba completamente iluminado y radiante… Si, la chica era bipolar…

– ¿Qué crees? – preguntó, sin esperar mi respuesta – Peter me invitó a salir. No te preocupes, no hablaremos de chicos – se apresuró a decir, pues sabía a la perfección que el tema de novios no era mi favorito – Sólo quería que lo supieras.

– Me alegro mucho – le dije con sinceridad – Él es muy agradable

El profesor entró, interrumpiendo nuestra conversación que tuvo que esperar hasta la hora del almuerzo.

– ¿Sabes, Alice? Te verías muy bonita si te quitaras esa horrible gorra que siempre llevas puesta – señaló mi amiga, sin afán de querer ser grosera

– Me siento cómoda con ella – sonreí.

– Alice – Charlotte dejó de caminar para cubrirme el paso y mirarme fijamente – Dime una cosa – pidió – ¿Te gusta Seth?

– ¡¿Qué?! – solté, sin poder creer aún que había escuchado bien

– Dime la verdad – suplicó

– No – contesté, firmemente - ¿Cómo se te ocurre? ¿Por qué lo preguntas?

– Por que no logro entenderlo – admitió, suspirando frustradamente y tomando asiento en una banquita de cemento que se ubicaba cerca de las canchas de fútbol – Me parece demasiado extraño que no te interese salir con un chico y pensé que tal vez se debía a que estabas secretamente enamorada de Seth. Siempre están juntos y se llevan muy bien…

– Pero sólo somos amigos – recordé – Jamás he visto a Seth como algo más y el que no quiera salir con algún chico es por que, simplemente, no me parece nada emocionante.

– Lo único que a ti te causa emoción es jugar fútbol – reprochó, con fingida indignación. Sonreí abiertamente – Y si un chico te invitara a salir… ¿Aceptarías?

Vacilé un poco antes de contestar

– Tal vez… ¿Por qué tanta insistencia en ese tema?

– Por nada – fue fácil deducir que me estaba mintiendo, así que, en silencio, le amenacé con la mirada – Está bien – se rindió – Lo que pasa es que Alexis quiere conocerte.

– Ya me conoce, por algo somos compañeros de salón

– ¡Alice! – reprendió mi amiga – Sabes a lo que me refiero. Él te quiere conocer como algo más. ¿Qué dices? ¿Le digo que aceptas?

– ¡No! – contesté rápidamente.

– ¿Por qué no?

– Por que no – dije tajantemente

– Alice… Deberías darte la oportunidad de conocer a chicos

– Conozco a muchos. Conozco a Seth, a Paul, a Embry…

– ¡Pero ellos son tus amigos! Yo me refería a chicos que puedan llegar a ser mucho más que eso

– No encuentro la diferencia entre un novio o un amigo – discutí, mientras caminábamos por el pasillo, de regreso al salón de clases.

– Hay muchas – dijo Charlotte, con tono meloso. Odiaba cuando se ponía en ese papel de dama rosada – Por ejemplo, un amigo no te va a besar, abrazar, decir cosas bonitas y regalarte cartas o chocolates, como lo haría un novio…

– Sigo sin encontrarle mucha emoción a ese tipo de cosas – me encogí de hombros – Respeto mucho tu forma de pensar; pero en mi caso sería completamente diferente. Un novio implicaría perdida de tiempo por que, por lo que he visto, tendría que estar con él todo el tiempo, no podría jugar fútbol ni salir con mis amigos…

– Dices eso por que aún no ha llegado un chico que te guste – defendió mi compañera, con tono juguetón.

– Y no creo que llegue, al menos no por el momen… -

¡PUM!

El impacto de mi pecho contra algo, me hizo perder el equilibrio y caer de espaldas.

– Alice, ¿Estas bien? – Charlotte me ayudó rápidamente a ponerme de pie, mientras una voz masculina pedía disculpas una y otra vez, hasta el momento en que nuestras miradas se encontraron y quedó en silencio.

Era él. De eso no había duda. Aunque solamente en dos ocasiones había visto su rostro, lo había memorizado a la perfección…

– Lo siento... – susurré, con las mejillas rosadas por la pena que aún me daba al verlo.

– No te preocupes – contestó secamente, pasando a mi lado sin tomarme más importancia. La mirada de Charlotte le siguió hasta el fondo, en donde se perdió

– Qué tipo tan más extraño – murmuró – No lo había visto antes…

– Es nuevo – informé, aún sin poder recuperar la voz.

– ¿Cómo lo sabes? ¿Acaso le conoces?

– Su familia se acaba de mudar, tiene poco, a la vecindad donde yo vivo – asentí

– Es muy guapo… Lástima que va en la preparatoria – sus ojos se dirigieron hacia el edificio que se encontraba a pocos metros de nosotras – Se ve que es demasiado serio…

– Tal vez es por que no le agrado... – musité para mí…

ROSE POV

– Rose, ¿Me estas escuchando? – preguntó Irina, llamando mi atención

– Claro que lo hago

– Si es así, dime, ¿Qué te estaba contando?

No supe que contestar.

La verdad era que no le estaba prestando la más mínima atención ya que me encontraba demasiado concentrada en verificar si mi maquillaje estaba bien difuminado y si los colores de las sombras remarcaban a la perfección la forma de mis ojos… Mi amiga me dedicó una mirada indignada y llena de furia, la cual me resultó fácil de ignorar.

– ¿Y tú que hiciste el fin de semana? – decidió preguntar, al ver que mi caso no tenía solución. Quien fuera que me conociera, sabía perfectamente que yo no era nada buena escuchando problemas existenciales, pero si demasiado eficiente para contar los míos. Digamos que tenía cierto complejo de superioridad y en mi mundo paralelo, solamente mi vida resultaba interesante y atractiva. ¿Y cómo no? Si era la chica más popular de la facultad.

Saqué un pequeño peine de mi bolsillo y comencé a cepillarme las doradas puntas de cabello

– Conocí a un chico tiene poco – dije – es muy guapo y parece que se inscribió a este plantel.

– ¿Y por eso has decidido comer cerca de las canchas de básquetbol?

– Exacto – afirmé, con una pequeña y descarada sonrisa

– ¿Has hablado con él?

– Si, pero hubo un pequeño mal entendido que espero arreglar – agregué, cruzando una de mis piernas y viajando la mirada alrededor. Entonces, fue cuando le vi.

Debía admitirlo, el chico era demasiado guapo. Pude contemplar como varias miradas femeninas se posaban sobre él mientras cruzaba el área verde, con sus pantalones holgados color verde militar a juego con su camisa blanca de mangas cortas que dejaban a ver sus fuertes y torneados brazos.

– ¿Es él? – asentí – Vaya… si que es demasiado atractivo

Sonreí con malicia mientras me imaginaba la envidia que causaría en todas ellas al verme junto a él. Clavé mis pupilas en su cuerpo varonil y esperé a que pudiera sentir la atracción que ejercía mentalmente. No tuvo que pasar mucho tiempo para que esto sucediera. Sus verdes ojos me miraron a distancia y le dediqué una sonrisa amable y coqueta. Transcurrieron unos cuantos minutos en los cuales estuvimos jugando con nuestras miradas. Él se veía un poco vacilante, seguramente se debía por la discusión que habíamos tenido en nuestro último encuentro…, así que, con un gesto discreto, le llamé para que se acercara.

Me sentí demasiado orgullosa cuando él aceptó de manera inmediata.

– ¡Rose, viene para acá! – repetía Irina, completamente emocionada, al mismo tiempo en que yo mantenía mi postura firme y seductora.

– Hola – saludó, en cuanto estuvo frente a mí.

– Hola – contesté, penetrando sus pupilas con la mía. Tenía una mirada demasiado ardiente y una sonrisa pícara que, casi, CASI, hacían temblar a mis piernas – ¿Por qué no tomas asiento? – ofrecí. Él accedió.

De manera cautelosa, giré mi rostro y corrí a mi inoportuna amiga con la mirada.

– ¿Ya no estas enojada? – preguntó, cuando quedamos solos.

– Ya no – respondí, sonriéndole – Quería ofrecerte una disculpa por lo mal que me porté.

– No tengas cuidado – se apresuró a decir – me lo tenía bien merecido. No debí haberte mentido

– Yo también lo hice, así que estamos a mano

Su sonrisa se ensanchó, dibujando en sus mejillas dos hoyuelos que le daban a su masculino rostro un aire juguetón e infantil.

– No sabes cuánto me alegra lo que me dices. No estaba muy contento con la idea de no conocerte más… Pensé que tu aberración hacia mí empeoraría por lo que pasó con tu hermana…

– Oh, Alice – interrumpí, fingiendo sentirme demasiado apenada – No sabes lo mal que me siento por ella… Es solo una niña…

– No te preocupes por eso – calmó – a mi madre le ha caído demasiado bien, por cierto, gracias por la invitación.

Oh, la maldita cena… Tendría que esperar para ver si Bella había cambiado de opinión

– ¿Qué estudias? – cambié la conversación.

– Estoy en el último año de ingeniería en computación – contó – estaba estudiando en Australia, pero surgió un problema familiar y me tuve que regresar. Fue una suerte que me hayan querido revalidar las materias, así no tendré que pasar más años en una escuela…

– Ahh... – comenzaba a aburrirme

– ¿Y tú? ¿Qué estudias?

– Voy en la mitad de Ingeniería Automotriz – sus ojos se dilataron. Era algo que pasaba muy a menudo, con mi aspecto, a nadie se le podría llegar ocurrir que yo, Rosalie Swan, me gustaría estar debajo de un automóvil con las manos manchadas de grasa

– Disculpa – dijo, saliendo de su asombro – me dijiste que algo que no esperaba…

– No te preocupes – sonreí hipócritamente.

La plática continuó varios minutos más, en los cuales yo me esforcé por que aparentar estar entusiasmada e interesada en lo que él me decía. Realmente, me encontraba más deleitada por las furtivas y envidiosas miradas femeninas que me eran dedicadas y elevaban mi ego.

– ¿Planeas hacer algo al salir de clases? – ¡Por fin!, pensé. Eso era lo que estaba esperando desde el principio

– No – contesté, haciendo a un lado que me tocaba hacer la cena en casa.

– ¿Aceptarías si te invito a tomar un café?

– Por supuesto – asentí, hundiendo mi mirada en la suya…

Estaba claro: Emmett sería una presa fácil en mi camino.

BELLA POV

– Bella, por Dios, ¿Qué te pasó en la frente? – cubrí, rápidamente, el moretón con la palma de mi mano, al ver que Edward giraba su rostro para verme

– M-me caí ayer. Me resbalé por las escaleras – mentí, ante la imposibilidad de decir la verdad

– Ay, Bella, deberías de ser más cuidadosa – recomendó mi amiga, con una sonrisa amable. El ser torpe tenía sus ventajas y eso era que nadie dudaría de lo que acababa de decir.

Al sonar la campana de salida, cogí mis cosas de manera rápida para que llegar a tiempo al trabajo… y, por mentirosa, mis pies se enredaron… y caí.

– ¡Bella! – exclamó Ángela, mientras yo escuchaba una pequeña risita que yo bien conocía.

Sin embargo, me llevé una tremenda sorpresa cuando, en lugar de las pequeñas y frágiles manos de mi amiga, fueron unas pálidas y fuertes las que me ayudaron a ponerme de pie.

– Creo que te encanta la simetría – dijo, con una carcajada contenida – Ya te emparejaste el otro lado de la frente con un moretón idéntico

Su mirada era mucho más ofensiva que su estúpida sonrisa. Si me lo hubieran dicho antes, nunca hubiera creído que la lava verde podía llegar a ser, al mismo tiempo, tan mofada y ardiente.

Alcé mi barbilla, tratando de mantener la poca dignidad que aún quedaba y decidí dar media vuelta para huir de ahí. Su mano me lo impidió

– ¿No me darás las gracias?

– No tengo por qué – contesté, con mirada y voz afilada – No te pedí tu ayuda. No la necesitaba

– No parecía ser así hace un minuto. Te hubieras visto, te encontrabas atrapada por tus propios pies. Deberías de tener más cuidado, un día de estos podrías romper una banca con tu cabezota.

¿Cabezota?

– ¿Me hablas solo para burlarte de mí? – inquirí, completamente indignada y reteniendo el absurdo instinto de llevar mis manos hacia mi cabeza para verificar su tamaño.

– No – dijo, sin que la befa se despidiera de sus facciones – solo te prevenía. Los tiempos no están para andar pagando los daños materiales que pueden ocasionar tus caídas. Y no me mal interpretes – se apresuró a añadir – No es que diga que tu salud no resulte importante; pero he visto como te azotas contra el suelo y sales ilesa de ello. (De hecho, es demasiado sorprendente). Así que, es más seguro que rompas algo con tu cabeza a que ésta se rompa...

Escuché como, a su pesar, Ángela soltaba una risita, acompañada de otras más que habían logrado presenciar todo mi teatro. Sentí como la furia bombeaba mi sangre por todo el cuerpo, hasta llegar a mis mejillas…

– Tú…

– Me tengo que ir – me dejó con la palabra en la boca, mientras daba media vuelta y comenzaba caminar hacia la puerta – Hasta luego, Bella. Espero tomes en cuenta mi consejo.

Me tomé el tiempo para dejarme caer en la silla más próxima e intentar apaciguar un poco mi rabia para no ir corriendo hacia él y ahorcarle con mis propias manos.

– Bella… ¿Estas bien? - llamó Angela, con voz una inevitable gracia debajo de su preocupación

– ¡Es un idiota! – solté, haciendo retumbar el salón con mi alarido.

Cuando llegué al trabajo, mi humor no había mejorado, así que, verlo ahí, listo con su uniforme y dedicándome una amable sonrisa, hizo que mis manos se empuñaran automáticamente y mi atención se dirigiera hacia el ángulo de sus mejillas, donde mi puño rogaba por reposar.

– ¡Leo! – exclamó, propinándome un enérgico palmadazo sobre mi espalda

¡Auch!

– ¡Hola, Edward! – dije, aprovechando la situación para descargar un poderoso golpe sobre su pecho, el cual tomó como un saludo.

– ¡Vaya, hombre! Vienes muy enérgico hoy – señaló, robándose donde anteriormente le había pegado.

Al ver que realmente si le había dolido, me sentí un poco más desahogada y me preocupé por cubrir, con el falso cabello, el par de hematomas que se dibujaba en mi frente

– ¿Cómo te fue hoy? – preguntó, mientras yo metía en el horno una charola con masa para pan y él metía botellas de refresco en la hielera.

– No me quejo. ¿Y a ti?

– Fue un día muy divertido

– ¿Ah si? – me interesé - ¿Por qué?

– Hay una chica que me resulta demasiado divertida – contó y, sin saber cómo y por qué, mi corazón comenzó a latir fuertemente – Es demasiado torpe, la deberías de ver – agregó, acabando, con ello, el encanto – Se tropieza con todo y cae a cada momento.

– No deberías burlarte de ella – siseé, luchando arduamente por no dejarme dominar por el instinto que me incitaba a aventarle una charola directo a su cara – Eso no es digno de hombres

– No lo hago con mala intención – se defendió – Pero es inevitable. Es inexplicable, pero me gusta verla enojada. Parece un gatito cabezón enfurruñado

¿Gatito…Cabezón? Ok… Eso ya era demasiado. ¡Ahora hasta se burlaba a mis espaldas! ¡¿Pues quién se creía?!

Juro que lo intenté, más no pude controlar a mis manos. Para ser sincera, fui conciente de lo que hice hasta que, con una puntería innata y desconocida, lancé la charola que llegó a su rostro de manera sonora…

El objeto de aluminio se fue resbalando por su cara, lentamente, hasta quedar bailando en el suelo. No pude evitar reprimir una sonrisa de complacencia.

¡Ahhh! ¡Qué bien se sentía la venganza!

– Lo siento, se me escapó de las manos – dije, de la manera más inocente que pude al tener su mirada fijamente clavada en mí.

Sin embargo, el regocijo fue suplantado fácilmente por la preocupación cuando, al segundo siguiente, su cuerpo se desvaneció y cayó frente a mí…

Ups…


Hola. Otro capítulo (je, si sigo a esta paso, Edward terminará siendo asesinado por Bella :-P) Lo siento u-u Edward, ¡Te quiero! Si te hago sufrir es por eso ^^…

En fin, me tengo que ir. ¡Muchas gracias a todos por sus comentarios! Se les aprecia *Anju haciendo repetidas reverencias ante ustedes, en forma de gratitud* Gracias, gracias, gracias por tomarse unos minutos para alentarme con sus opiniones.

Cuídense y un saludo a todos.

Atte

AnjuDark