Capítulo 7: Desprecio

BELLA POV

- Edward…. – intenté llamarle una vez más.

Creo que debo recalcar que era la decimoquinta vez que lo hacía, más el chico, que tirado sobre el suelo se encontraba, no reaccionaba.

¡Santa tortilla! ¿Y si lo mate?

¿Sería acaso Cullen alguien tan débil como para morir con un charolazo? ¡Vamos! No había sido para tanto… ¿O si?...

Me mordí el labio nerviosamente. ¿Y si no despertaba y el jefe venía? ¡¿Cómo le iba a explicar todo?!

¡Ay, Bella! ¡Tú y tus malditos arranques de ira!

Pero tampoco iba a negar que se lo tenía bien merecido, ¿Pues qué se creía para decirme gatito cabezón?

- Edward… - volví a decir, dando pequeñas palmadas en su mejilla angulada y…

… Mis ojos se perdieron un momento en la forma de su rostro en el momento que emitió un profundo suspiro. Y es que resultaba difícil – casi imposible – el no extraviarse en sus pestañas negras; en la forma de sus parpados que me ocultaban el color verde de sus ojos, la línea recta de su nariz, la lisa y pálida piel de su frente que se adornaba con los mechones de cabello rebelde que caían sobre ella… sus labios…

Dios mío, ¡Bella! ¿En qué estas pensando?

No fue hasta que mi conciencia me reclamó cuando me di cuenta que le estaba acariciando. Definitivo: estaba enloqueciendo. Y aún sabiéndolo, no podía parar. Su mano capturó la mía, haciéndome respigar, y sin abrir sus ojos, la apretó contra su rostro, logrando que alcanzara sentir lo cálido de su aliento en mi palma.

- Tanya... – susurró entonces, trayendo con esas palabras un extraño sentimiento que, ligeramente, comprimió mi pecho.

Un extraño sonido me terminó de alarmar más. Era su celular. ¿Debía contestar? Tal vez la respuesta era no, pero mis manos se movieron, rápidas e inconcientes, y le alcanzaron.

- ¿Diga? – contesté, con voz gruesa, sin saber de quién se trataba

- ¿Edward? – preguntó una voz femenina, con cierto grado de vacilación

- No – negué

- Disculpa…. ¿Qué haces con el celular de mi novio?

No-novio… Así que ella era…

- Lo siento. Trabajamos en el mismo lugar y él se encuentra ocupado en estos momentos…

Salté al sentir su fuerte mano sujetar mi hombro. Me alejé el celular del oído y tapé las bocinas

- Es… tu novia – le dije, ante la mirada atontada que aún me dedicaba

- Tanya… - murmuró, alcanzando rápidamente el pequeño aparato

- ¿Tanya? – dijo, a la chicha que se encontraba al otro lado de la línea - ¿Cómo estas?...

Me puse de pie y dejé de escuchar aquella conversación que, sin saber cómo ni por qué, prometía ser incomoda para mí…

EDWARD POV

Después de colgar el celular, suspiré pesadamente y me llevé una de mis manos hacia mi frente, en la cual sentía un punzante dolor que me hizo recordar lo que había pasado…

- ¡Leonardo! – exclamé, caminado hacia el chico que me había propinado, a lo violento y loco, un maldito charolazo. Le encontré en los hornos, y debo admitir que tuve cierto temor al verlo con otra charola en sus manos.

Su mirada se fijó en mí, y tal vez era por lo reciente del golpe, pero me pareció ver un aire extraño en sus pupilas

- Lo siento – se apresuró a decir, con voz sincera – se me escapó de las manos.

- No te preocupes – contesté, tratando de no darle mucha importancia al por qué de la instantánea disipación de mi furia – vaya, pero qué buen golpe me has soltado – agregué, con cierto aire divertido para calmar su presión

Él sonrió, de manera apenas y legible.

- ¿Sucede algo? – pregunté

- Nada – aseguró, sin mirarme a los ojos. Di dos pasos hacia el frente y me acerqué, para cogerle el hombro

- No te voy a golpear – bromeé – no me gusta tener riña con chicos como tú. Así que estas a salvo

- ¿Chicos… como… yo? – repitió, entrecerrando los ojos - ¿A qué te refieres?

- Bueno, es que… la verdad… ¿Cómo decírtelo? – vacilé – eres demasiado delgado, deberías alimentarte mejor. ¡A veces parece que tuvieras el cuerpo de una chica!

Leonardo dio media vuelta, mostrándome la espalda, y salió de aquel lugar a grandes zancadas.

- ¡Ey! – exclamé, yendo tras de él - ¡Te dije que no lo tomaras a mal!

No contestó, tomó la bandeja de pedidos y se fue a una mesa, para atender la orden

- Disculpa si te ofendí – dije, cuando estuvo de regreso – Sólo quería gastar una broma contigo

- ¡¿Es que tú no te cansas de burlarte de los demás?! – inquirió, con la mirada furiosa y no sabía por qué… pero me parecía haber visto antes ese brillo ocular – Déjame te digo una cosa, Edward. Tu no eres perfecto

Dicho esto, se volvió a ir. ¡Caray! ¿Por qué de pronto mi vida tenía que lidiar con gente tan histérica?

BELLA POV

Viernes, un día antes de la cena con los Cullen.

- Ya te dije que no habrá cena. Al menos no una donde estén por invitados los Cullen – le repetí a Rosalie, girándome para encararla y encontrarme con su mirada mordaz y apática

- ¿Entonces cómo piensas hacerles saber tu gratificación?

-Pensaba ir mañana a hablar con los señores. Si no lo he hecho antes es por que no tengo tiempo. Te recuerdo que saliendo de la escuela me dirijo al trabajo

- ¡Ay, Bella! Tú siempre de quejumbrosa.

- Si no te gusta escuchar lo que te digo, entonces, no me hables

Mi rubia hermana abrió y cerró sus labios, en repetidas ocasiones, pero sin soltar ni una sola palabra. No estaba acostumbrada a que le mostrara un carácter tan frío; pero en realidad, ese día no estaba de humor como para andar soportando sus disparates… La primera semana de mi trabajo y de escuela hubieran pasado sin percances, de no ser por que tenía a Edward Cullen a mi lado todo el tiempo y que tenía que disfrazarme de hombre.

Como Leonardo y Edward, habíamos arreglado nuestra pequeña discusión al día siguiente. Después de todo, yo no podía darme el lujo de molestarme con él, cuando ya tenía suficiente de nuestras innumerables peleas en la hora de clases. Aquello era absurdo. Unos adolescentes de secundaria no podían llegar a ser más ridículos que nosotros a la hora de discutir. ¡Y es que lo hacíamos por todo!

- Entonces, ¿Quedaremos mal con los Cullen?

- Yo no, tampoco Alice – contesté, poniéndome de pie y caminando hacia la salida – Fuiste tú quien los invitaste. Acepta las consecuencias de tus actos

Ignoré los llamados que hacía a mis espaldas y traté de no sentirme culpable de no haber preparado la cena. Ya era demasiado noche pero, aunque los pies me dolían, pues había sido un día de jornada demasiado laborioso, prefería salir a caminar a que quedarme escuchando a la histérica de mi hermana.

Unas pequeñas gotas de lluvia cristalina se resbalaron por mi chamarra y humedecieron mi cabello, más no detuve mi marcha hasta llegar al pequeño parquecito que se encontraba a pocas cuadras de ahí. Tomé asiento en una de las blancas bancas de hierro e intenté relajarme…

- ¡Bella! – exclamó aquella voz ronca que tan bien conocía

Giré mi rostro para verlo, sin poder reprimir una ancha sonrisa, pues el solo verlo, con su piel morena y su cabello ligeramente largo cayendo por su rostro masculino, me llenaba de alegría.

- ¡Jake! – dije, poniéndome de pie y caminando hacia él, para romper lo más rápidamente posible la distancia

- ¿Dónde has estado? Han pasado días desde que no te veo – comentó, mostrando su blanca dentadura a través de su sonrisa traviesa

- Trabajando, ¿Qué esperabas? – respondí – Por cierto, muchas gracias. Sin ti, no hubiera podido conseguirlo. Te debo una

- Me debes varias – rectificó, para después suplantar su sonrisa por un rostro más serio - ¿Cómo te va ahí? ¿No es demasiado arduo para ti?

- No – mentí, pues la verdad era que si me cansaba demasiado – Ya sabes, soy una chica fuerte

- Yo diría todo lo contrario – discutió, bajando la mirada hacia mis rodillas cubiertas por la mezclilla de mi pantalón - ¿Qué tal van las caídas?

- ¡Jacob! – reprendí, dándole un manotazo en sus brazos

Ya había tenido suficiente de Edward Cullen y sus ofensivos comentarios como para venir a soportar al estúpido de mi amigo con lo mismo. Él soltó una sonora carcajada ¿Qué tenía yo que les divertía tanto el verme molesta? Me volví a sentar en la banca y me enfurruñé ahí, dispuesta a no seguir con la conversación hasta que no me pidiera una disculpa, pero justo en ese momento, una chica morena, de cabellos largos y piel hermosamente lisa, llegó hacia nosotros

- Jacob – llamó – ¿Qué pasa? ¿Por qué me dejaste plantada en la cafetería?

- Lo siento, Leah – se disculpó mi amigo, con una actitud que no hacía valer, en nada, aquel "Lo siento" – Mira, te presento a Bella – sonreí tímidamente, ante la envenenada mirada que me dedicó

La chica se limitó a tenderme la mano para estrecharla con la mía, pero era claro que sólo lo había hecho por mera cortesía, ya que sus negras pupilas me aniquilaban con cada segundo que éstas me observaban.

- Entonces, ¿Nos vamos ya? – preguntó, ignorándome por completo

- ¿Te importaría si nos vemos otro día? - ofreció el alto muchacho.

La chica dio media vuelta y se fue, sin dar una respuesta. Mi mirada siguió sus pasos, agresivos pero sensuales, hasta que desapareció al doblar una cuadra.

- Eres un monstruo, Jacob – dije, cuando volví a quedar sola con él. - ¿Cómo puedes hacerle eso a las chicas?

- ¿Hacerles qué?

- Jugar con ellas

- No juego con ellas

- ¿Ah no? ¿El cancelar una cita justo en el momento en que ya estás frente a ella, y no por que tú hayas llegado, si no por que ella te vino a buscar, no te parece suficiente para considerarlo como un sucio juego para sus sentimientos?

- No – contestó, sin el menor auspicio de remordimiento

- Eres irremediable, Jacob – proseguí – Todo el tiempo andas de mujeriego, saliendo con una chica y con otra, ¿No te gustaría encontrar a alguien con quien estar en serio? ¿Alguien a quien querer en verdad y no sólo por sexo?

- Claro que me gustaría – murmuró, abandonando su posición desinteresada para mirarme fijamente a los ojos – Pero esa persona de la cual estoy realmente interesado, me rechaza cada vez que le digo mis sentimientos.

Me apresuré a desviar mi atención de sus negros orbes. ¡Eso me ganaba por abrir mi gran bocota! Pero… siendo sincera, pensé que Jacob ya había olvidado el tema. Hacía más de siete meses que no hablábamos de ello, que él no mencionaba nada al respecto… ¿Cómo iba a imaginarme yo…?

- ¿Quieres ir a dar una vuelta? – preguntó de repente, al notar mi incomodidad.

Por algo era mi mejor amigo, tenía años que nos conocíamos, y si a eso le agregábamos que era una de persona demasiado perceptiva, me conocía demasiado bien

- Vamos, no te enojes conmigo – pidió, ante mi silencio – no estamos aquí, tras días sin vernos, para pelear, ¿o si?

- No. Yo tampoco quiero pelear, al menos no esta noche – sonreí

El estar con Jacob siempre resultaba, de una manera u otra, una actividad relajante. Él siempre sabía cómo hacerme reír, cómo liberarme y hacerme olvidar mis problemas mientras pisaba, hasta el fondo, el acelerador de su negra moto y dejábamos que la lluvia nos mojara. Me gustaba ir abrazada a su espalda, sintiendo el frío de su oscura chamarra de cuero, mientras la música pesada sonaba de las bocinas de su celular y él las coreaba gustoso. Disfrutaba de nuestras pláticas, en donde solo ahí podía desahogarme un poco…

- ¡Tenía tanto que no hacíamos esto! – exclamó, cuando me fue a dejar a mi casa

Ambos caminamos por las escaleras en medio de sonoras carcajadas, ¡Y es que era tan fácil reír con él! Para mí, era algo así como un tranquilizante que, mágicamente, siempre aparecía cuando más le necesitaba. Jacob era como un vaso de agua refrescante en medio del desierto.

- Gracias, Jake – dije, al llegar al pie de las escaleras que me llevarían de vuelta a mi hogar – No sabes cuánta falta me hacía verte

- Igual a mí, aunque no estemos hablando del mismo tipo de necesidad

Sonreí tristemente, pues cómo hubiera deseado el poder corresponderle. Él tomó mis manos entre las suyas

- Bella, mírame – pidió, más no le obedecí, así que desistió de lo que tenía planeado hacer o decirme y se limitó a inclinarse para depositar un beso sobre mi mejilla – descansa, y espero que tus problemas con la Barbie, se resuelvan – a Jake no le caía bien mi rubia hermana (más bien, el sentimiento era mutuo) Así que ambos aprovechaban hasta la más mínima oportunidad de ofenderse

- Y yo espero que hables con Seth – recordé – Tu hermano cada día está peor, deberías cuidarlo más

- Si, lo sé. ¡Pero es que es indomable! Lo único que me falta es amarrarlo para que no se me escapé cada vez que puede

Volví a reír

- Lo sé, lo sé. Lo mismo pasa con Alice – admití, aún divertida por recordar cada ocurrencia de mi pequeña hermana – Pero en fin… Ya tengo que volver a casa

- Si, yo también. Tengo demasiado trabajo que hacer

- ¿Más papeles que falsificar?

- No, eso sólo lo hago con gente a quien quiero y estimo – aclaró – Cuídate Bella, espero verte pronto – dijo, antes de dar media vuelta e irse.

Esperé hasta que su masculina imagen desapareciera, al arrancar la moto y salir disparado a una velocidad poco prudente…

- Así que… la cabezota tiene novio, ¿eh? – preguntó aquella molesta y conocida voz aterciopelada, detrás de mí.

ALICE POV

Vamos, Alice, tú puedes… Me alentaba mentalmente, mientras bajaba las escaleras y vigilaba que Bella no estuviera por los alrededores.

Controlé, lo mejor posible, el terrible temblor de mis piernas al hallarme frente a aquella puerta y, con un esfuerzo sobrenatural, alargué mi mano para tocar el timbre.

Vamos, Alice… ¡Hazlo!

¡Ding, dong!

Un terrible escalofrío recorrió mi espalda en el momento que pude apreciar, pos los vidrios que adornaban la madera, que una sombra se aproximaba. Intenté reprimir el deseo de salir corriendo de ahí, mas la cobardía fue más fuerte y, con un movimiento apresurado y violento, dio media vuelta para retirarme…

¡PUM!

El impacto que tuve con aquella masa corpulenta me sacó todo el aire.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó una voz gruesa y varonil, mientras sus manos me sujetaban por los brazos

Cuando mi mirada se aclaró, pude ver de quién se trataba: el hijo mayor del matrimonio, el muchacho que había visto platicar, durante la semana, numerosas veces con Rosalie.

- S-si – contesté, aún demasiado aturdida por el choque, bajando la mirada.

Vaya, el chico si que era demasiado alto; pero eso no fue el motivo del frío estremecimiento de mi cuerpo ni de la aceleración que comenzó a tener mi corazón… No, el responsable de todo eso fue el joven que detrás de él apareció. Su mirada gris, bajo sus espesas pestañas que combinaban a la perfección con el dorado de sus cabellos alborotados, y su rostro pálido, tan frío como siempre, fue lo que me arrebató todo el oxigeno y provocó que sintiera mis rodillas temblar.

¿Por qué siempre pasaba lo mismo? Debía ser la vergüenza que aún me daba el verlo y era natural cuando alguien te mira de esa manera tan despectiva. Si, no había otra forma.

- ¿Se te ofrecía algo? – preguntó amablemente el grandulón, trayéndome a la triste realidad en la que me encontraba y el problema que debía de solucionar…

- Este… si – él esperó en silencio a que prosiguiera – Yo… quería… hablar con tu mamá

Antes de que pudiera decir más, la puerta se abrió y la doctora Esme apareció tras ella. Sonrió al verme

- ¡Alice! Qué gusto verte por aquí

- Buenas noches, doctora

Cuando me encontré, por segunda vez, dentro de esa casa tan bonita, me sentí demasiado cohibida y no podía dejar de jugar con mis dedos. ¡Qué terrible sensación! Ya me quería ir…

- Y bien, Alice, ¿En qué te puedo ayudar? – preguntó la amable señora, tendiéndome una taza de café y sentándose frente a mí, con sus tres hijos al lado. ¿Era necesario que estuvieran todos? ¡¿Acaso traerían también a un cura?! – dijiste que tenías algo importante qué decirnos…

- Bueno yo… - empuñé mis manos para adquirir el valor que me faltaba – Yo… quería pedirles una enorme disculpa. Vera, cuando mi hermana Rose los invitó a cenar a nuestra casa, creo que se precipito demasiado, pues, para ser sincera, nuestra familia no tiene mucho dinero y…

- Entiendo – interrumpió, con voz amorosa, y realmente se lo agradecí, por que la garganta comenzaba a cerrarse conforme las palabras salían – No tienes por qué dar más explicaciones, ni mucho menos preocuparte por eso – tranquilizó, acercándose y tomándome de las manos – Pero, debo admitir que estaba muy deseosa de conocerlas mejor, sobre todo a Bella, de quien no tengo el gusto de verla aún

- Mi hermana se la pasa estudiando durante las mañanas y trabajando durante las tardes. No le da tiempo para más y eso ha sido lo que le ha impedido el venir a darle las gracias por disculpar mi travesura… Perdón… – volví a repetir – Usted ha sido demasiada buena conmigo y…

- ¿Qué te parece si la cena la doy yo y mi familia? – ofreció, repentinamente, logrando que dilatara mis ojos

- ¿Disculpe?

- Las espero mañana por la noche. Así podré presentarles a mi esposo y yo tendré el gusto de platicar más con ustedes, ¿Qué dices Alice? ¿Crees que tus hermanas aceptaran?

Sus dulces pupilas fueron lo que me dijeron que en realidad quería que eso ocurriera.

- Creo que si… - balbuceé, aún con la mirada demasiado perdida, lo cual me llevó a cometer un grave error: Poner mi atención en Jasper.

Bajé mi rostro al sentir el filo de sus orbes grises. Casi ya no presté atención de lo que Esme decía. Me encontraba más nerviosa y vigilante en el juego de miradas que su rubio hijo y yo mantuvimos durante los pocos minutos que restaron de mi visita. Parecía como si le gustara que yo me hiciera más chiquita conforme más me clavaba su lanza despectiva

- Qué lastima que ya te tengas que ir – se lamentó

- Mis hermanas no saben que estoy aquí, y si no llego ahora, se comenzarán a preocupar – justifiqué en parte, por que no le iba a decir "La grosera mirada de su hijo me inquieta"… ¿Verdad?

- Tienes razón, ya es tarde – asintió, mirando hacia el patio vacío – Jasper, ¿Por qué no la acompañas a su casa?

Creo que casi me desmayo en ese momento. Poco falto, de eso estoy segura. Y no sé cómo es que pude contener un grito… Por un momento pensé en salir corriendo, después de dar las gracias, pero seguro que sería un acto demasiado grosero que no se merecía la doctora. Así que no me quedó de otra que esperar por escuchar el rotundo "No" que saldría expulsado de aquellos labios

- Vamos – dijo con voz indiferente y dando dos pasos frente a mí.

A cada paso que dábamos, mis pies temblaban, cada vez, con mayor intensidad. El silencio entre nosotros era demasiado estresante y jamás antes aquella distancia me pareció tan grande y difícil de acortar. Poco me faltaba por arrastrar mi rostro por el suelo, pues prefería mil veces llevar un bolsa de papel ocultando mi cara, que el tenerlo a mi lado.

- Gra-gracias – le dije, en cuanto llegamos al pie de las escaleras. No estaba dispuesta a adelantar un metro más en su compañía. Él asintió y tuve su cuerpo justamente frente al mío.

No sé que maldito impulso fue el que me movió levantar la mirada para verlo y ¡Oh, error tan más catastrófico! (Y no me llamen exagerada, si hubieran estado en mi lugar lo entenderían perfectamente)

- ¿Por qué… por qué me miras así? – me atreví a preguntarle

- ¿Así… cómo? – contestó, sin dejar de lado el hielo de todas sus facciones, pero manteniendo su voz calmada y suave.

- Yo… no te agrado… ¿Verdad?

- La verdad, no – aunque era más que obvia su respuesta, si dolió.

¿Cómo podía alguien ser tan directamente hiriente?

- Ya les pedí disculpas. En realidad lo siento. Siento haberte golpeado…

- Tus disculpas no compensan el daño que harás en un futuro.

¡¿Daño?!

- ¿Te lastimé cuando…?

- No – interrumpió

- ¿Entonces…?

- Tú eres una ladrona – me encogí del dolor en ese mismo instante. Ladrona… Jamás antes me lo habían dicho... – no importa qué robes. Si es poco o mucho, al final de cuentas, lo haces. Después no te conformaras con lo poco que tomas y… - vi como empuñaba sus manos y apretaba la mandíbula – terminaras traicionado a las personas que lleguen a confiar en ti.

- Yo no haría eso…

- Nada me lo asegura – volvió a interrumpir – Y es por eso que preferiría que te mantuvieras lejos de mi familia…

Mujajajaja, ¿Qué les pareció? ¿Jasper merece morir? Lo siento, intentémosle comprender, su familia se quedó "Casi" sin nada por culpa de unos ladrones – estafadores. ES natural que esté resentido con ese tipo de personas ^^- Pero prometo que cambiará.

Bueno, en fin, me tengo que ir. Cuídense y un saludo

Atte

AnjuDArk