Capítulo 8: La Cena

ALICE POV

Más avergonzada no podía haberme sentido. Mi cuerpo no paraba de temblar al sentir su pesada mirada sobre mis hombros. Sus palabras aún seguían resonando en mi mente y, aunque intenté agilizar mis pies para alejarme de su lado, no encontré la forma de hacerlo. Me encontraba aprisionada por los lazos invisibles y torturantes de su acusación…

Ladrona… Jamás llegué a creer que una sola palabra pudiera llegara a herir tanto. O tal vez, no era la palabra lo que lastimaba, si no, más bien, el hecho de que sabía yo, decía la verdad, mi verdad. Pues no podía negarlo. Yo tomaba cosas que no eran mías, ¡¿Qué otro nombre podría recibir si no era ese?! Lo tenía bien ganado. Él me había visto dos veces cometer ese delito que, si bien no era tan grave, seguía siendo un crimen… Si, lo sabía, sus palabras no eran más que la verdad… pero eso no ayudaba a que doliera menos.

Ya casi podía sentir el llanto comenzar a brotar por mis ojos; pero no quería dejarlo salir. No quería que él me viera lagrimeando… No le quería dar ese gusto… Pues, pese a todo, me sentía molesta por su crueldad, por su crudeza para conmigo. No era para tanto. Si quería hacerme ver mi error, no era necesario que me dijera "Te quiero lejos de mi familia" ¡Ni que le hubiera robado todos sus calzones! Era un exagerado, un dramaturgo, un mártir… Y yo… yo… ¡No estaba dispuesta a dejarme humillar por un niño rico!

Al fin pude alzar la mirada para verle y mi resolución anteriormente planteada se vino abajo en cuanto el hielo de sus pupilas me congeló los sentidos y me obligó a inclinar el rostro para mirarme lo pies. ¿A quién intentaba engañar? Era claro que el intentar ser Rose no iba conmigo y mucho menos se me ocurría algún argumento inteligente, que sería más el caso de Bella, para poder defenderme. Como era de esperarse, volví a quedarme callada, con las manos y los pies temblorosos, esperando a que fuera él quien dijera algo más…

– Espero tomes en cuenta lo que te dije – al escuchar su voz, no pude evitar respingar – Y que no te ofendas con la verdad. Comprende, yo sólo quiero cuidar a mi familia. Así que… ¿por qué no olvidas la propuesta que te hizo mi madre, sobre la cena de mañana en mi casa, y dejamos que las cosas se queden tal y como están?

– ¿A qué te refieres?

Él suspiró, con frustración contenida

– Me obligas a ser demasiado directo: - me miró fijamente, antes de continuar – No quiero verte cerca de mi casa. No quiero que frecuentes a mi madre… No quiero tener ni un sólo vinculo, por muy pequeño que sea, contigo.

Cada una de sus palabras fue pronunciada con pausada claridad, taladrando, con cada una de ellas, el centro de mi pecho. Intenté buscar en sus ojos algún atisbo de remordimiento, de culpa, por ser tan grosero, pero no encontré más que la viva afirmación de lo que anteriormente había dicho…

En cuanto ingresé a mi casa y cerré la puerta, tras de mí, las lagrimas que tanto había estado reteniendo hicieron acto de presencia. Apreté mis parpados, escurriéndolos de aquel mar salado que sólo me hacía sentir mucho más débil. Y era tanta la combinación del coraje con la humillación, que no me percaté de que Rose estaba sentada, en la sala, y me había visto entrar.

– Alice, ¿por qué lloras? – preguntó, si bien no con esa calidez y aflicción que seguramente Bella hubiera tenido, pero si con cierto grado de protección que no pudo ocultar en ese momento.

No contesté. Para ser sincera, no le tenía mucha confianza como para contarle lo sucedido. Me sorprendió mucho el que ella, al ver mi silencio, se cruzara de piernas y, esforzándose por no verse alarmada, palmeó, con cierta apatía, el lado derecho del sillón, para que yo me sentara. Así lo hice.

– Dime qué te ocurre – pidió, con voz fría, mirándome desde lejos – Las personas no lloran así por que sí. Sabes que me molesta demasiado esas respuestas estúpidas, como las que tú haces, donde responden con un "nada", cuando es obvio que no es la verdad.

– ¿Dónde está Bella?

– No estamos hablando de ella – contestó – ¿O acaso lloras por eso? – negué con la cabeza – Salió tiene dos horas – informó, para después volver al tema inicial – ¿me dirás que te sucede?

– Es una tontería

– Me encanta escuchar tonterías. Y más si después de eso me puedo burlar de ellas.

Sonreí. Había captado el mensaje. Rose me quería escuchar y supe que no debía desaprovechar esa oportunidad que muy raramente se me presentaba. Así que, olvidando que era gracias a ella el porqué había tenido que ir a la casa de la doctora Cullen y el deseo de que fuera Bella quien estuviera en su lugar, comencé a narrarle todo lo sucedido.

– ¿Y ese tonto muchachito te dijo que no quería que estuvieras cerca de su familia? – repitió, cuando mi relato había finalizado. Asentí, aún sin poder recuperarme del dolor que me habían causado sus palabras - ¡¿Pero qué se cree?! – exclamó – Alice, ¿cuántas veces te he dicho que no te debes dejar humillar por ningún imbécil?

– Muchas – acepté

– Entonces, ¿por qué no te defendiste?

– No… no encontré qué decir…

Mi hermana bufó fuertemente, al mismo tiempo que ponía los ojos en blanco

– Esto no se puede quedar así. Tienes que tomar venganza. Demostrarle, de alguna manera, que no tiene derecho de juzgarte.

– ¿Y cómo logro eso? – quise saber, realmente interesada.

Sus ojos brillaron de manera extraña, al mismo tiempo que una sonrisa traviesa curvaba ligeramente sus labios.

– Harás exactamente lo contrario que te ha dicho que hagas – contestó – Él te ha pedido que te mantengas lejos de su familia, pues bien, le demostrarás mañana que no piensas hacerle caso…

– ¿Mañana?

– Aceptaremos, gustosas, la invitación que su madre nos ha hecho – asintió…

BELLA POV

– Buenas noches – dijo, en cuanto me giré para tenerle de frente.

Nuestras miradas se encontraron en aquella oscuridad, apenas luminada por la vieja lámpara del patio que se encendía y apagaba constantemente.

– ¿Cuántas veces te tengo que decir que no me gustan los apodos?

– ¿Por qué no? – retó – El tuyo es uno lindo. Muy acorde a tu personalidad…

– No estoy cabezona…

– No te has visto en un espejo. Un día de estos te quedarás atorada en el cuello de una de tus blusas.

– Sería mi problema…

– Entonces… ¿Estás aceptando que si estás cabezona?

– ¡No!

Su carcajada sólo provocó que mis mejillas se pusieran aún más rojas.

– ¿Acaso tengo que soportarte todo el tiempo? – pregunté, más para mí que para él.

– Supongo que si… ¿no crees que ya es demasiado noche como para regresar a tu casa? – señaló, de repente

– Eso no te incumbe

– Bueno, aunque creo que no hay mejor manera que comenzar el fin de semana, estando con tu novio – agregó, ignorándome.

Suspiré pesadamente y preferí no discutir el tema sobre Jacob. Al final de cuentas, ¿por qué tenía yo que darle explicaciones a él?

– No estoy de humor para soportarte, ¿sabías? – dije, sobando mis sienes con la yema de mis dedos y comenzando a dar media vuelta para irme a casa – Ya tuve suficiente de ti toda la semana. Déjame disfrutar de, al menos, estos dos días sin tu presencia.

– No creo que sea eso posible – dijo, jalando de mi brazo para que volviera a quedar frente a él

– ¿Por qué no? – exigí saber

– La cena de mañana, ¿recuerdas?

– Ah… Si… El estar con Jacob me había hecho olvidar aquel detalle que, al parecer, aún lo se había resuelto.

– ¿Está tu madre en casa? Necesito hablar con ella. Hubo un mal entendido por parte de mi hermana mayor. Creo que se precipitó demasiado al invitarlos…

– Alice ya nos explicó todo – interrumpió, observando, con diversión, cómo el pasmo ante lo inesperado se reflejaba en mi rostro – Mi madre quiere conocerlas mejor – prosiguió – y las ha invitado a cenar a nuestra casa mañana…

Sábado por la noche.

Aún no lo puedo creer – murmuré, yendo de un lado a otro por la pequeña sala, moviendo mis manos nerviosamente, mientras esperaba a que mis hermanas estuvieran ya listas.

Y es que aún no acaba de asimilar cómo es que había terminado de esta manera: siendo invitada a la casa de Edward Cullen, por la mamá de Edward Cullen, a una cena. Dejé escapar un sonoro sonido mientras me dejaba caer sobre el sillón y miraba, de lejos, el traste con gelatina que había preparado para llevar como forma de agradecimiento.

– ¡Estamos listas! – anunció Alice, presentándose frente a mí, con un movimiento borroso.

Mis ojos se dilataron al verla tan arreglada y bonita con su negro cabello suelto, cayéndole por los hombros.

– ¡Alice! Te miras muy bien – dije, con una sonrisa.

– Rose solo me quitó la gorra – tranquilizó. Giré mi rostro para ver a mi hermana, quien realmente se veía hermosa aquella noche.

Y es que sólo ellas era capaces de verse espectacular con unos pantalones de mezclilla y, en el caso de Alice, una sencilla blusa color blanca, y Rose, un top rojo, que dejaba a ver la delicadeza de su vientre plano.

– Tu igual te miras bien – señaló Alice y, como respuesta, le sonreí de manera incrédula.

– ¿Piensan quedarse toda la noche hablando de lo bien que nos vemos? – interrumpió Rose – Ya es hora de irnos. Sería de mala educación el que llegáramos tarde

– Si – asintió Alice, aunque pude notar cierta vacilación en su rostro – Seguramente tú no quieres quedar mal con Emmett

Rose sonrió un poco, de manera maliciosa, haciéndome preguntar qué era lo que le pasaba por la cabeza al momento de escuchar el nombre de aquel chico.

EDWARD POV

– No me habían dicho que ya conocían a las hermanas Swan – reprochó mi madre, mientras me pasaba los platos que irlos acomodando sobre la mesa

– En realidad, únicamente conozco a Rose – confesó Emmett - De las otras dos chicas, sólo a la pequeña le he saludado y hablado en ocasiones y, a la otra, a la castaña, sólo he tenido el gusto de verla desde lejos.

– Me imagino que te refieres a Bella – aventuró mi madre – Yo tampoco la conozco; pero me causa demasiada intriga saber cómo es. Por como habla Alice de ella, me imagino que es una muchacha serena y muy madura… ¿De qué te ríes, Edward? – preguntó, al escuchar la incontenible risita que se me había escapado.

– Lo siento – contesté – Es sólo que, al escuchar como te refieres a Bella, no he podido evitar comparar su madurez con la gran torpeza que tiene para moverse.

– ¿Torpeza?

– ¡Se colisiona con todo! – expliqué – Es demasiado cómico verla. Juro que en mi vida había visto algo tan extraño como ella.

– Y esa extrañeza… ¿Te resulta adorable, no? – terció mi padre, entrando por la cocina y tomando a mi madre por la cintura. Dilaté mis ojos ante sus palabras. Realmente, no me las esperaba.

– No – respondí, huyendo de las miradas inquisitivas de mis hermanos y de ellos – Sólo me resulta… divertida

– Si tú lo dices… - "apoyó" Emmett, dándome un codazo en las costillas y mirándome de manera sugerente, al igual que el resto.

Puse los ojos en blanco, en un intento sofocado de convencerles que estaban exagerando. Por que era eso... ¿Verdad? Yo tenía a mi novia, con la cual llevaba alrededor de tres años de relación y, por lo tanto, era imposible que me sintiera atraído por una chiquilla que apenas y conocía... Absurdo, en realidad...

El toque de nudillos que llamaba a la puerta me tomó desprevenido y me hizo pegar un brinco que, por poco, ocasiona que nos quedáramos sin vajilla para la cena.

– Seguramente son ellas – avisó mi madre, con voz emocionada, mientras yo intentaba descifrar el por qué de aquel palpitar tan extraño que aceleraba como auto de carreras a mi corazón.

Nos reunimos todos para recibirlas y me sentí molesto por no retener el impulso de buscarle precisamente a ella. La noche pasada no habíamos terminado de hablar de la mejor manera; pero era algo a lo que ya me estaba comenzando a acostumbrar... De hecho, me gustaba... Si, me gustaba (y más de lo normal) el verla enojada... con las mejillas encendidas por la furia y sus grandes y expresivos ojos relampaguear con el brillo eufórico que tornaba su castaño color en un matiz diferente...

Bajé la mirada, frenando de manera violeta el rumbo de mis pensamientos hacia ella.

– Buenas noches – escuché que saludaba. Su voz era inconfundible, sin duda alguna, la nota más suave que...

¡Para!

– Buenas noches. ¡Pasen por favor! Tú debes ser Bella, ¿no es así?

– S-si... Mucho gusto, señora. Disculpe todos los problemas que le hemos causado...

– Oh, no, no, por favor – interrumpió mi madre, completamente entusiasmada, mientras las llevaba para que se sentaran en la sala – En ningún momento me han provocado la más mínima molestia.

Levanté la mirada, después de tomar asiento, y ésta se perdió en el rubor de sus mejillas... Adorable...

Las pláticas comenzaron, y Carlisle se presentó ante las tres muchachas, que, a su vez, hicieron lo mismo con nosotros. Memoricé el nombre de la rubia, que no paraba de intercambiar sendas miradas y sonrisa con Emmett; también me percaté de que la más pequeña, que se encontraba frente a Jasper, lucía incomoda, como si, de un momento a otro, fuera a salir corriendo hacia la puerta para huir de un monstruo que le acechaba dentro de mi casa. Y, por último, me centré en ella, en la castaña divina que conversaba de manera respetuosa y educada, con su voz baja y tímida, sonriendo de vez en cuando, mostrando sus dientes blancos...

¡Para!

– Edward...hijo, ¿Qué sucede? – preguntó mi madre, al escuchar el sonoro bufido de frustración que se había escapado, inconscientemente, de mi garganta.

– Nada – respondí, de manera automática, poniéndome de pie, escapando de la mirada castaña que se plantaba, de manera especulativa, sobre mí – ¿Les ofrezco algo más de tomar?

– Creo que sería buen momento para dar inicio con la cena – argumentó mi padre, levantándose del asiento, al mismo tiempo que Esme, invitando, con tal gesto, a que el resto hiciera lo mismo.

Apenas habíamos dado dos pasos, hacia el comedor, cuando el timbre de dos celulares se escuchó, calmándose justo en el momento en que mis padres, cogieron sus teléfonos para responder a las llamadas.

– ¿Pasa algo? – preguntó Jasper, haciendo eco a nuestros pensamientos al ver que Carlisle y Esme tomaban, con rapidez, sus respectivos maletines y las llaves del carro.

– Qué pena – se disculpó mamá, mirando especialmente a Bella – tenemos que dejarlos. Hay una emergencia en el hospital...

– No se preocupe, señora...

– ...Pero quédense a cenar. Mis hijos las atenderán. Espero poder platicar más con ustedes otro día. Mil disculpas.

Y dicho esto... Ambos se fueron... dejándonos con las hermanas Swan, solos... y con una cena que apenas iba a dar inicio.

Hola. ¿Qué tal? ¿Qué les pareció? Espero me dejen su opinión con un review :-P ¿Vale?. Gracias por leer y disculpen la tardanza, mi computadora se descompuso ¬¬.

Hasta pronto.

Atte

AnjuDark