Capítulo 11: Filosofía de Tres Minutos
–¿Qué haces aquí? – dije al fin, cuando bajé la mirada hacia el suelo y adquirí un poco de concentración. Y no era precisamente por que el esmeralda de sus ojos destacará más en la oscuridad... Era sólo que su aparición fue imprevista...
–Si ignoramos el hecho de que yo también vivo en esta vecindad, se podría decir que estoy cubriéndote de la lluvia.
–Supongo que quieres que te de las gracias – aventuré, de manera apática.
–No te vendría nada mal el ser cordial una vez en tu vida
–No estoy de humor para soportarte – le dije, mientras lo hacía a un lado para pasar de largo y regresar a mi casa. Su mano sosteniendo mi brazo me detuvo y trajo de vuelta a mi posición original
–No es muy maduro que descargues, con los demás, las frustraciones que las peleas con tu novio te provocan – aconsejó y el insulto que tenía como respuesta se quedó atorado en la garganta cuando su mano se dirigió hacia mi mejilla derecha, siguiendo el curso de mis lagrimas secas con la yema de sus dedos – ¿Te ha lastimado? – preguntó y fui incapaz de contestarle hasta ya pasado varios segundos.
Tenía la boca inundada de mariposas
–No
–Tus lágrimas indican lo contrario – discutió con voz suave, alejando, lentamente, su frágil caricia.
Mi mirada se encontró con la suya y me sentí total y plenamente perdida en el mar verde de sus ojos... Hasta que un fuerte e inesperado sonido nos hizo saltar a ambos. Era su celular.
–Tanya – saludó, en cuanto contestó.
Interiormente, me pregunté por qué cada vez que esa muchacha llamaba, recibía un invisible golpe (Que se iba haciendo más agudo conforme el tiempo pasaba) directamente dado en el pecho. Debería de estar acostumbrada. No era la primera vez que pasaba (Tal vez como Isabella sí, pero como Leonardo, era cosa de todos los días) y tampoco debía de interesarme lo que él le dijera o contestara. Así que, despegando mis pies de donde parecían haberse quedado plantados, di media vuelta para irme y darle su privacidad.
Otra vez, me lo impidió. Esta vez parándose frente a mí y bloqueándome el paso.
–Tanya, te llamo en un momento – dijo y después colgó. Fruncí el entrecejo y él hizo lo mismo. Como si ambos hubiéramos tenido una pesada discusión en el momento en que había estado con el celular en mano – ¿Te ibas? – inquirió, rompiendo el breve lapso de silencio en el que no hubo ganador en la guerra de ceños
–Me voy – aseguré, intentado pasar a un lado, pero, como era de esperarse, él era, por mucho, más ágil y rápido que yo, así que no le costó mucho el cubrirme camino – ¿Y ahora qué? – Exigí saber – Estabas hablando con tu novia, ¿por qué no lo sigues haciendo y me dejas en paz?
No me di cuenta del terrible error que cometí hasta que él preguntó:
–¿Cómo sabes que era mi novia la que hablaba?
El mundo se me hizo muy chiquito en ese momento y, desesperadamente, busqué una buena respuesta.
–Por la forma en que le hablabas – mentí. La verdad era que su voz seguía empleando el mismo tono casual y desinteresado de siempre – Te escuchabas demasiado... meloso.
–¿Meloso? – Repitió con desentendimiento – ¿En qué momento fui meloso, según tú?
–Todo el tiempo. Aún así – agregué, antes de hundirme más en mi propia calumnia – eso no importa. Hazte a un lado para que pueda pasar, por favor.
No se movió ni un solo centímetro.
–¡¿Acaso estas sordo o eres de mente retardada y te lo tengo que deletrear?! – estallé, asombrándome yo misma de mi violencia; pero, de alguna u otra manera, necesitaba descargar todo el coraje que me bañaba (Y no era precisamente el que en un principio tenía guardado por culpa de Jake. Este sentimiento era algo nuevo, desconocido e injustificado. Indescifrable, en una sola palabra, y había llegado justamente en el momento en el que ese maldito celular había hecho "ring, ring")
–M-u-e-v-e-t-e – dije, con ofensiva lentitud
–¿Cómo no vas a pelear con tu novio con esa actitud tan absurda que tienes? – inquirió, como si estuviera hablando sólo. Ignorando mi presencia y pensando poco en el daño que sus palabras me provocaban – En realidad, compadezco al tipo. No ha de ser fácil tener como pareja a una histérica como tú
–Discúlpame por no ser tan tierna, y ridículamente cursi, como seguramente lo es Tanya...
–Ey – interrumpió, con voz afilada – a mí novia no la metas en esto.
–Entonces, deja de meterte tú en mi vida
–Siento desilusionarte, pero créeme que me importa poco lo que te pase
–Pues deja de bloquearme el paso y déjame pasar
–Te vas a mojar si lo hago – recordó, agitando ligeramente la sombrilla que sostenía una de sus manos
–No me voy a deshacer por eso
–Pero te puedes enfermar
–Si no te importa mi vida, mucho menos te debe importar mi salud
–Tampoco soy un ser desalmado – dijo, encogiéndose de hombros y volviendo a sonreír de esa manera extraña, sin diversión – ¿O es que acaso estas tan decaída por la discusión con tu novio que quieres desahogar tus penas ardiendo en fiebre durante horas? Eso sería patético.
–Hablas del dolor como si fuera algo vergonzoso
–Para mi lo es – admitió – al menos el dolor que la gente cree sentir cuando se está enamorado, me resulta demasiado falso.
–¿Acaso tú nunca has sufrido por tu novia? – me asombré por la frialdad de sus palabras
–No, no tengo por qué
–¿Nunca has estado celoso o...?
–Jamás, en mis tres años de relación con ella – interrumpió
–¿Y qué hay de tus padres? ¿Acaso no crees en su amor?
–Eso es un caso diferente – contestó, un poco contrariado – Digamos que ellos son la gran excepción.
–¿Y el resto de tu familia, amigos...?
–Nunca mencioné a ellos – aclaró – recuerda mis palabras. Lo que dije fue específicamente al tema del amor entre parejas.
–¿Cómo puedes llevar años con novia y no estar enamorado de ella?
Sonrió, de manera irónica.
–Y dices que no eres una persona cursi – extendió su sonrisa – Tanya piensa igual que yo. Tampoco quiero decir que no sintamos nada el uno hacia el otro. Nos... Queremos. Pero no caemos en ese térmico jocoso de un noviazgo. Tenemos una relación seria y sólida, pero nunca ha salido un te amo de nuestras bocas y de igual manera, que yo recuerde, jamás hemos tenido absurdas peleas por celos o ese tipo de inseguridades infantiles.
No sé qué fue lo que más fuerte me pego. Si su frialdad al hablar o el hecho de saber que, pese a todo, se refería a esa muchacha como alguien especialmente diseñada para él. Repentinamente, mi boca había enmudecido y la furia había sido sustituida por un extraño sentimiento de amarga desazón.
–¿Impediste que me fuera solo para decirme todo esto?
–En parte si – contestó – no me gustó el verte llorar por un tipo que, muy seguramente, no vale la pena.
–Jacob es un gran persona – lo defendí y, sin darle oportunidad de hablar, agregué – Y si tienes pensado decir lo contrario, te pido que te calles.
–Como gustes – accedió, extrañándome más por su actitud tan ofensivamente indiferente.
No es que Edward fuera la persona más amable que hubiera conocido, pero esa noche él era... otro. No había en su mirada ese brillo travieso, y en la forma de su sonrisa no se dibujaba aquella divertida media luna. Parecía más bien, como si estuviera...
–¿Molesto?
–¿Eh?
–¿Estás molesto? – pregunté, haciendo eco a mis conjeturas
–¿Por qué habría de estarlo? – retó
–No lo sé – admití – pero estás actuando de una manera rara.
–No tengo motivos para estar de mal humor – aseguró – Al menos que esté celoso por haber visto cómo te besuqueabas con tu novio – agregó, a son de burla; pero no sé si fue vanidad de mujer, o lo débil de mi mente, lo que me hizo creer, por un pequeñísimo instante, que de mofa no había nada.
–No creo que haya sido por eso – expuse, siguiéndole el juego – no tienes por qué, ¿O si?
–No – se apresuró a contestar
Nuestras miradas se encontraron la una con la otra, con cierta cautela. Como si yo intentará descubrir una verdad que no tenía bien planteada y como si él no quisiera ser develado de un secreto que tampoco tenía bien planteado.
Aquella situación era absurda.
–Me voy a mi casa – anuncié, renunciando a esta locura.
–Te acompaño – se ofreció – Es sólo que no quiero que te mojes – aclaró, aunque yo no pensaba pedirle una explicación...
ROSALIE POV
–¿Estás saliendo con Emmett Cullen? – preguntó Irina, con suma curiosidad y en voz alta, lo cual agradecí, ya que llamó la atención de las chicas que alrededor se encontraban
Sonreí complacida. Realmente Emmett era un chico demasiado popular... y yo era la única a la que veía.
–Sólo somos amigos – contesté, con aire de superioridad, viéndome la pintura intacta de mis uñas
–Pero... se ve que está loco por ti
Ahh... Irina, mejor ayuda no me podrías brindar.
Giré mi rostro para ver, por encima del hombro, al trío de mujeres que, sin simular si quiera, esperaban por mi respuesta
–Es un chico amable, si – admití – pero eso no significa que le interese
–Vamos, Rose. Eso no tú te la crees – reprochó mi amiga – Un perro faldero se queda corto ante él... Mira, hablando de él, ahí viene – anunció, con vergonzoso entusiasmo. Aunque, en realidad, no la culpaba. Vaya que ese moreno era un hombre demasiado atractivo... ¿Quién no caería con esa sonrisa blanca y perfecta que contrastaba con el negro de su cabello y el verdor de sus ojos? Además, el tipo tenía un cuerpo de atleta que simplemente te dejaba sin aliento con solo ver lo bien formado de sus brazos...
Escuché que nuestras vecinas suspiraban con dramatismo y soltaban nerviosas risitas... Niñas estúpidas, pensé, mientras me ponía de pie para ir a recibirlo. (Era más que obvio que venía hacia mí, como siempre...)
–Hola – saludé, cuando estuve casi pegada a él
–Hola – contestó.
Ignoré lo mejor que pude el pequeño aleteo que surgió en mi estomago en el momento que se inclinó hacia mí y acercó sus labios a mi mejilla de manera tan sinuosa, que, por un breve instante, la boca se me hizo agua al imaginar el sabor de su saliva; lástima que no fue así. En momentos como esos odiaba lo caballeroso que era...
Habían pasado cerca de tres meses desde que él y yo siempre salíamos... Ya era justo y necesario que se animara a besarme, ¿No?
–¿Qué hacías? – preguntó, completamente ajeno al deseo que me carcomía interiormente. Y no era precisamente por que me interesará más de lo necesario. ¡Vamos! ¿A quién no le encantaría ser besada por unos labios tan sensualmente masculinos como los de él?
–Platicaba con Irina
–¿Interrumpo o...?
–No – contesté rápidamente, despachando a mi amiga con la mirada, en cuanto llegamos a la pequeña mesa del patio trasero de la escuela – Irina ya se iba.
Quedamos "Solos" al segundo siguiente. Y digo solos por que las otras tres párvulas, antes mencionadas, se encontraban demasiado atentas a lo que hacíamos; así que tomé su mano entre las mías, con malvada intensión, mientras luchaba por no caer en la tentación de girar el rostro y ver sus expresiones furibundas.
–¿Qué me cuentas? – pregunté y el comenzó a narrarme los pequeños e insustanciales sucesos que le habían ocurrido desde la tarde anterior. Extrañamente, me di cuenta que si estaba concentrada en sus palabras, pero era natural, él siempre sabía cómo hacer de una conversación algo sencillo y divertido...
–¿Te molesta si te dejo sola un momento? – Preguntó, con gesto apenado – Tengo ganas de ir al baño...
No pude evitar soltar una risita.
–Ve – alenté, cautivada por su naturalidad, y no me di cuenta que mi mirada le estaba siguiendo, fielmente, hasta que las "discretas" voces femeninas me interrumpieron.
–¿Pero acaso no miras? – Preguntaba una – ¡Esta con Rosalie Hale! Yo jamás podría contra ella
–¡Oh, Pamela, Vamos! – Susurró otra – Ni que fuera para tanto... Además, han estado juntos bastantes minutos y no ha habido ni una sola muestra de amor entre ellos
–Estaba agarrados de la mano – terció otra voz
–¡Yo le agarro la mano a mi hermano y eso no significa que este enamorada de él!
–Pero...
–Pamela – le interrumpió la chica insistente – Háblale. Tengo entendido de que es un chico muy amable y educado. Además, tú eres una chica realmente linda, ¿Por qué no habría de fijarse en ti? Recuerda que no hay peor lucha que la que no se hace
Sucumbiendo a mis instintos, giré el rostro para averiguar de quién se trataba esa tal Pamela y debo reconocer que, efectivamente, era una chica linda. No tanto como yo, aclaro, pero si lo suficiente como para gustarle a la mayoría de los chicos... entre ellos, a Emmett...
¡De ninguna manera!
En cuanto lo vi aproximarse, movida por un impulso indomable, infantil e impulsivo, me puse de pie para ir hacia él y rodear su cuello con mis brazos, para jalarlo de tal forma en que su boca quedó unida a la mía al segundo siguiente...
El motivo principal por el cual había hecho todo esto (Que era el poner en claro a esas tipas que él era mío) fue rotundamente olvidado en cuanto su dulce sabor invadió mis sentidos y sus manos grandes y fuertes se apretaron en mi cintura, pegando mi cuerpo al suyo de manera deliciosa. Mis dedos buscaron su lugar en los hilos negros de sus cabellos y, con un suspiró, fui yo quien le dio más intensidad al movimiento de nuestros labios...
Yo misma fui quien se separó, cuando un poco de lucidez llegó a mi conciencia y me recordó que estaba parada, casi a mitad de plaza cívica, besuqueándome con un chico...
Y es que, jamás, en toda mi vida, me había dado a ver en esa situación... Hasta ese momento.
Bajé mi mirada al suelo, huyendo de la suya e intentando recuperar el rito normal de mi respiración...
–L-lo siento – musité, sin comprender bien por qué la voz se me había quebrado.
–¿Por qué? – Inquirió él, tomando mi rostro entre sus manos y uniendo nuestras frentes – No sabes cuántos deseos tenía que pasara esto...
–Yo... no quise actuar de esa manera... pensarás que soy...
–Shh... – silenció de manera tierna, rozando ligeramente nuestros labios. Gesto al cual yo no pude negarme – Lo único que puedo pensar en este momento es en la maravillosa mujer que eres y lo prendado que estoy de ti... Rose – agregó, tomándome de las manos y mirándome fijamente – Sé que sigue siendo pronto pero, de un momento acá, me he vuelto un poco impaciente – bromeó, para después retomar su actitud gentilmente seria – ¿Quieres ser mi novia?
Si...
–No – contesté, haciendo caso omiso a mi traicionera conciencia y soltándome de sus manos – Quiero decir, para mí si sigue siendo demasiado pronto – aclaré, tampoco era mi intención que dejara de buscarme – ¿Sería mucho pedirte que nos conociéramos un poco más?
–Por supuesto que no – contestó, sonriendo de manera sincera. Era la primera vez que no lograba visualizar ni el más pequeño atisbo de inconformidad en el rostro de un hombre ante mi negativa – Esperaré lo que tú desees.
ALICE POV
–¿Aceptaras la revancha? – preguntó Charlotte, completamente asombrada
–No me puedo negar – contesté, bajando el rostro, apenada y nerviosa.
Aún no encontraba la manera de explicar cómo es que había sido capaz de darle un balonazo a Jasper Cullen. Los pies me temblaban mientras me dirigía hacia la cancha de fútbol. Sabía que lo encontraría ahí y, aunque todavía faltaba una semana para nuestro "Segundo Encuentro" no estaba entre mis principales prioridades el verlo.
–Charlotte, ¿Por qué no mejor nos quedamos sentadas aquí?
Mi amiga me miró asombrada. Si. Sabía que era algo insólito. De toda la escuela, la parte que más me gustaba eran los campos.
–¿Te ocurre algo?
–Yo... la verdad es que yo... no quiero encontrarme con Cullen.
–Ah, es eso – dijo con un tono extraño en su voz – es guapo, eh.
Sentí que mis mejillas se encendían. ¿Qué pasaba? No era la primera vez que mi amiga trataba de molestarme con un chico. ¿Por qué tanto nerviosismo?
–Es demasiado arrogante
–Pero tú lo has sabido poner en su lugar.
–No lo quiero ver. Me hace sentir... incomoda.
–De acuerdo – accedió, pero ni bien comenzábamos a tomar asiento en una de las bancas, una voz ronca llamó mi nombre
–¡Alice! ¡Alice!
–Seth, ¿Qué ocurre?
–¡Corre, Alice! ¡Ven! ¡Tenemos un partido y te necesitamos!
Mis pies reaccionaron automáticamente ante la mención de "partido" y corrí hacia mi entusiasmado amigo.
–¿No que no tenías ganas de ir a los campos? – inquirió Charlotte, mientras intentaba alcanzara mi velocidad
–Es muy diferente cuando vas sola, con tu amiga, a que vayas con un grupo de hombres a tu alrededor, dispuestos a ofrecerte una buena reta.
–Eres incorregible – apuntó, con una pequeña sonrisa – te espero sentada en las bancas. ¡Suerte!
En cuanto llegué al centro del campo Seth me recibió con un ligero golpe sobre mi inseparable gorra. Me encontraba entre risas y bromas con el resto, ignorando las miradas juzgonas que la mayoría de las chicas me dedicaban. Me importaba demasiado poco lo que se dijera de mí. Yo era feliz estando con los rebeldes de mis amigos... pero (si, siempre hay un "pero" en esta historia) como era de esperarse, la dicha no podía ser eterna.
Tal parecía que mi paz había desaparecido de mi vida desde el día en que él había llegado. La sonrisa que tenía dibujada en el rostro desapareció al tenerlo frente a mí, cara a cara, con su azul mirada retándome y aniquilándome al mismo tiempo. Él y yo íbamos a participar en el típico "volado" que decidiría qué equipo iba a comenzar con el juego.
Temblé de pies a cabeza, pero en ese momento, Seth me lanzó el valón que cayó directamente sobre mis manos, dándome fuerzas y valor. Yo también le regresé el gesto, frio y distante, y, mientras escogía una cara de la moneda que se lanzaba por los aires, mantuve mis pupilas fijas en las suyas.
–¡El equipo contrario comienza! – anunció el moderador y la sangre me hirvió al percatarme de la pequeña sonrisa burlona que me dedicaba
–Suerte para la próxima, Alice – dijo, antes de dar media vuelta y salir corriendo a su posición.
Ah, si, si. Al fin he actualizado. ¿Qué les ha parecido? ¿Me dejan su opinión? Disculpen la demora. Estoy de vacaciones ^^. Así que, si tardo un poco en subir otro capítulo, no se preocupen, no es por que este muerta o secuestrada por un sexy vampiro *¬* (ahh... ya quisiera que fuera verdad T_T)
Un saludo a todos ^^ y espero que nos leamos pronto.
Riona, Mariz, las extraño T_T. (poquito, no se emocionen ¬¬)
Adiós ^^.
Atte
AnjuDark
