Capítulo 13: El León y la Oveja.
ALICE POV
Me sentía como una tonta encima de su espalda y seguida por una estúpida peregrinación de reverendos idiotas (Seth, Paul, Embry y Jared) detrás de mí...
Gruñí por lo bajo. ¿Qué había hecho yo para merecer esto?
Todo empeoró cuando salimos a la calle y varias personas giraron el rostro para verme.
–Ey, en serio, no es necesario todo esto – le dije al rubio que me cargaba (Y el cual, vale decir, me ignoró por completo). Puse los ojos en blanco, mientras suspiraba pesadamente
–¡Alice! – exclamó Seth, poniéndose a la par – ¿Te sientes bien? ¿Por qué suspiraste de esa manera? ¿Te duele algo? ¿Puedes respirar? ¡Dime!
No se pueden imaginar el tremendo deseo que tuve de callar a mi amigo con una patada directamente dada en el hocico.
–Alice, ¿por qué no me contestas? ¡Hay que darnos prisa, algo malo le pasa...!
–Seth. Estoy bien – interrumpí, intentando reprimir mi mal humor. Sabía que solo estaban preocupados... Exageradamente preocupados – es solo una torcedura, ya les dije. No me voy a morir por eso. Es más, yo puedo caminar sola. No es necesario que me lleven cargada...
–Vas diciendo lo mismo más de quince veces en menos de cinco minutos – su voz tranquila me interrumpió.
Arrugué el ceño y miré hacia abajo, descubriéndome solo con sus rubios y despeinados cabellos.
–Y lo seguiré diciendo hasta que no dejen de tratarme como si me hubieran arrancado las piernas – contesté, con voz afilada.
Él ya no dijo más y agradecí el estar sobre su espalda para evitarme la pena de mirar su serio y arrogante rostro de niño estreñido.
Aquello era patético. Podía jurar que casi me iban a explotar las mejillas de tanta vergüenza. Las seis cuadras que "caminamos" se me hicieron eternas y muy, muy, MUY largas.
–Hemos llegado – anunció, traspasando una amplia puerta de cristal.
El lugar era pequeño, pero elegante, y lo conocía por fuera. Era el hospital privado de Forks. Recorrimos un largo pasillo hasta que arribamos a una puerta que tenía como leyenda "Dr. Y Dra. Cullen". Jasper tocó con sus nudillos y, casi al instante, tuvimos, frente a nosotros, a su hermosa y gentil madre.
–¡Jasper! ¡Alice! ¿Qué sucedió?
–Sufrió un accidente – contestó él, con voz monótona – tal vez tenga una fractura.
–En seguida la reviso – dijo – Por favor, acomódala en la camilla. Vuelvo en un instante. Voy con tu padre que esta preparando a un paciente para una operación. No tardo.
El chico asintió, pero, antes de internarnos en el pequeño consultorio, la voz de una mujer resonó por todo el lugar
–¡Ustedes muchachos! ¿Qué hacen aquí? – exigió saber
–Venimos a acompañar a nuestra amiga que se ha lastimado – respondió Embry.
–¿Y acaso no saben que para venir a un hospital es necesario estar L-I-M-P-I-O-S? – apuntó la señora, mirando a todos mis amigos (a sus enlodados uniformes) de forma despectiva – Les pido por favor que vayan a cambiar sus ropas y después regresen.
Estaba a punto de protestar, pero todos los chicos accedieron, sin la menor protesta. Después de todo, realmente su aspecto era aflictivo. Como se la pasaban jugando desde el día, tenían mugre hasta los oídos, estaba casi segura.
–Regresamos por ti en un momento, Ali – anunció Seth, dando media vuelta y marchándose, con el resto.
Pasó un perpetuo segundo antes de que Jasper diera un paso hacia el frente, se adentrara al mentado consultorio y me dejara caer –con sorprendente cuidado –en la camilla de sabanas blancas y esterilizadas. Y, cuando estuvimos, ahí, solos, el silencio se convirtió en uno de los tormentos más grandes que halla yo vivido en mi corta vida.
–Gracias por traerme hacia acá – susurré. Y no era tanto por que realmente le estuviera agradecida, ¡No! Pero la necesidad de romper ese mutismo era tan desesperante que prefería entablar una conversación.
Él se tomó su tiempo para contestar.
–No agradezcas
(Si. Debí imaginarme que no lograría más que eso) Suspiré pesadamente, mientras una fuerte duda me arribó.
–¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me ayudas si no te agrado? – solté, sin poderme contener.
Noté un pequeño sobresalto en el brillo de sus ojos, como disimulada expresión de asombro. Era obvio que no esperaba mi pregunta. Sonreí para mis adentros
"Ahora veremos quién cohíbe a quien, güerito desabrido"
–Tú aún me debes una revancha la siguiente semana – contestó, con su mirada desviada hacia otro lado. Hablándome con esa voz sosegada y suave, pero fría, tan común en él – Estos partidos no han valido nada para nuestro juego y quiero que estés bien para ese día, en el que te toque perder solo contra mí.
Mi barbilla se alzó ligeramente y mis manos se empuñaron sobre las sabanas.
–Una simple torcedura no me quitará mi victoria. Así que prepárate – advertí.
Nuestras miradas se encontraron en ese momento. Ambas brillaron con aire desafiante, dominante, previniendo al otro que ninguno se iba a vencer rápidamente. Y, de alguna manera, me sentí emocionada de saber que esa absurda reta seguía en pie y no había sido olvidada.
–No sabes cuánto deseo por que la siguiente semana llegue, Alice – confesó Jasper, con una sonrisa suficiente y arrogante – Será un orgullo muy grande el derrotarte...
EMMETT POV
¡Al fin viernes!, exclamé mentalmente, mientras estiraba mis brazos de modo perezoso. Había sido una semana demasiado pesado. Trabajos, tareas, investigaciones... ¡Ahh! ¡Pero al fin iba a tener tiempo para verla y poder hablar con ella!
Rosalie. Mis labios dibujaron una estúpida sonrisa mientras recordaba su nombre. ¡Jamás pensé el llegarme a idiotizar de semejante manera con una chica! Pero, ¿Cómo? Si ni en mis más locos sueños había imaginado el conocer a alguien como ella. Y es que ella era... era...
–¡Ey, Emmett! – la voz de Félix, junto con su animosa mano palmeando enérgicamente mi espalda, me arrebató un suspiro mucho más fuerte del que iba a expulsar
–¿Es necesario que cada vez que me veas quieras sacarme uno de mis pulmones? – inquirí, regresándole el gesto de manera amigable.
–¡Vaya hombre, te hubieras visto la cara! – Exclamó – ¡Parecías caballo enfermo! ¿Pero en quién pensabas? ¡Ey, ey! No me digas. Yo lo sé, yo lo sé – agregó, golpeándome las costillas con su codo – "Rosalie Swan". ¿O me dirás que me equivoco?
–La verdad es que no – confesé, luchando por no perderme otra vez en las letras que formaban su glorioso nombre.
Félix profirió un aullido.
–Esa chica te trae loco, amigo
–Es... ¡Maravillosa!
–Si. Es muy guapa...
–¡No es solo su físico! – Aclaré – Lo que me encanta es su carácter.
Mi amigo hizo una mueca extraña
–¿Te gusta que te peguen? – Preguntó – por que, no te ofendas, pero esa chica tiene un genio de los mil demonios. Todos nos preguntamos por qué a ti no te trata como calzón viejo...
–Hola Emmett – una inoportuna voz femenina nos interrumpió. Félix y yo bajamos el rostro para ver a la muchacha de estatura bajita que nos sonreía – mi nombre es Kimberley
–Hola Kimberley – contesté ¿Cómo sabía mi nombre? – ¿Te puedo ayudar en algo?
–Bueno... la verdad, si – La chica tragó aire y después agregó –Verás, tengo una amiga que quiere conocerte. Su nombre es Pamela, pero es muy tímida y no se anima a hablarte. Me preguntaba si podrías acompañarme, un momento, para que te la presente.
Titubeé un poco antes de responder. La verdad era que no quería ser grosero. Pero estaba esperando a Rosalie para llevarla a comer...
En ese momento, un trío de chicas llegó al lugar. Una de ellas era jaloneada por las otras dos.
–¡Oh, mira! – Exclamó la muchacha de estatura bajita – ¡Es ella! – Caminó hacia el peculiar grupo y tomó por el brazo a la jovencita de cabellos negros y largos que venía en papel de rehén – Emmett, te presento a Pamela.
–Mucho gusto – dije, estirando mi mano hacia el frente, cuando la chica fue liberada y lanzada (prácticamente) hacia mí.
La aludida chica alzó el rostro y sus ojos oscuros me miraron con temor y vergüenza. Le sonreí amigablemente, para infundirle confianza, apreciando lo bonita que era, mientras su pequeña y temblorosa mano se estrechaba con la mía.
–D-disculpa todo este alboroto – balbuceó cuando sus amigas, indiscretamente, se habían retirado (Y llevado a Félix) para dejarnos "solos" – S-son unas tontas... se comportan como niñas de primaria... yo... qué pena contigo...
–No te preocupes – calmé, divertido por lo curiosa que se veía así de sonrojada – ¿Te llamas Pamela, verdad? – Ella asintió y cada vez se ponía más colorada – no te había visto aquí en la escuela. Tal vez se deba a que soy nuevo.
–Yo también soy nueva. Soy de nuevo ingreso...
–Oh, tenemos algo en común – le guiñé un ojo. Ella bajó la mirada y la situó en sus pies.
–Yo... espero no tengas problemas con tu novia... Créeme que no es mi intención...
Entendí todo sin explicaciones. Ya me había pasado con anterioridad en las últimas semanas. Casi todo el mundo pensaba que Rosalie y yo éramos algo más que amigos...
–Rosalie no es mi novia – aclaré, sin poder entristecerme un poco –Es solo una amiga – agregué, sonriendo al convencerme de que, algún día, me ganaría su amor.
La mirada de Pamela brilló, pero antes de que pudiera pensar más, una voz delicada y conocida nos interrumpió.
–Hola, Emmett, ¿Interrumpo?
ROSE POV
¿Pero qué se creía esa estúpida chiquilla? ¿Qué hacía junto a él? Mi mirada se viajó de arriba hacia abajo por toda su figura. Alcé una ceja de manera incrédula. Realmente era linda, ¿lo sería tanto como para resultar más interesante que yo?
¡Ba! ¡Eso ni de broma! La forma en que su cabeza estaba inclinada hacia abajo dejaba en claro que era un tonta. De esas típicas niñitas tan tímidas e inseguras que aburren a los hombres con sus boberías. Sonreí maliciosamente. Otra cosa que disfrutaba terriblemente era humillar a las chicas que intentaban retarme.
–Rose – saludó Emmett, acercando su rostro con la intención de depositar un beso en mi mejilla. Pero yo fui más rápida. Llevé mis manos hacia sus cabellos y dirigí sus labios hacia los míos para depositar un breve beso en ellos. Después le dediqué una mirada traviesa para mitigar un poco lo inesperado de mi reacción
–Siento llegar tarde, me estaba arreglado un poco – dije, acercándomele para abrazarle y mirar, desde ahí, a la mustia muchachita que había quedado quieta como una piedra – Veo que tuviste buena compañía.
Emmett se apresuró a presentarnos y tuvimos una breve conversación en la cual él ignoraba la forma en que, silenciosamente, me burlaba de Pamela y le dejaba claro, con una simple mirada, quién era ella y quién era yo. Me pavoneé grandiosamente al ver su absurda expresión cuando nos tuvimos que despedir y remarqué el hecho de que Emmett y yo teníamos una cita.
¡Simplemente fue grandioso!
.
.
–Estuviste muy cariñosa hoy – apuntó Emmett, en cuanto estuvimos sentados en una pequeña mesita de un restaurant
Sonreí, mientras buscaba una excusa que dar. Lo que menos quería era que él pensara que yo estuviera celosa.
–¿Acaso no te gustó? – pregunté inocentemente, esperando que el plan de cambiar los papeles funcionara.
–No, no – contestó rápidamente y me tomó de las manos – no me mal interpretes, por favor. Toda tú me encantas, eso grábatelo muy bien. Es solo que... me resultó un poco extraño. Quiero decir, fue una sorpresa demasiado agradable.
Me vi obligada a menguar el rostro cuando me percaté que su mirada comenzaba a formar un aleteo en mi estomago. ¿Qué diablos me pasaba?
–Parecías demasiado contento con esa muchachita – apunté, sin poder contenerme.
Y no es que estuviera celosa... era solo que necesitaba advertir qué tan interesado podía estar él de ella, ¿Verdad?
–Es muy agradable – dijo y, sin querer, mis manos se empuñaron sobre mis piernas
–¿Te gusta?
Él soltó una risa
–No – confesó, volviendo a clavar su mirada en la mía – tú sabes bien que es imposible que pueda fijarme en alguien más.
–¿Yo? – inquirí, siguiéndole el juego. Debía admitir que me gustaba que me hablara de sus sentimientos. Debía admitir que me gustaba lo que sus palabras me provocaban – ¿Por qué yo?
–Por que te quiero, Rose. Y sabes que no es necesario que te lo diga para que estés convencida de ello – contestó, y sin que yo o él pudiera agregar más, unió su boca con la mía, besándome de esa manera intensa y deliciosa, con la que yo me perdía y me olvidaba de todo... hasta de mi propia vanidad y ambición.
BELLA POV
Bien. Aquí vamos, tú puedes hacerlo, me alenté mentalmente, mientras daba el último paso que me situaría frente a la puerta de los Cullen. Las piernas y las manos me temblaban, mientras maldecía a mi traicionero destino.
¿Era necesario que justo un día después de haberle propinado a Edward una patada, que probablemente lo había dejado sin la posibilidad de procrear hijos, su amable hermano y su gentil madre hayan cuidado de Alice después de su torcedura?
Suspiré pesadamente. ¡Vamos! Es imposible que alguien tenga tan mala suerte, seguí incitándome y toqué el timbre, ya es muy noche. Edward terminó muy cansado del trabajo y seguramente está durmiendo. La doctora Esme abrirá la puerta (en su defecto, su esposo o alguno de sus otros dos hijos) yo le daré las gracias por la ayuda brindada a mi pequeña hermana y después me iré. Si. Perfecto. Nada puede salir mal...
Pero mis falsas esperanzas se vinieron abajo cuando, en efecto, el chico de mis pesadillas apareció frente a mí.
Los pies me temblaron al ver la envenenada mirada que me dedicaba y supe que mi esfuerzo por evitarlo todo el día en la escuela había sido en vano.
–Isabella – escupió. Nunca antes se me apeteció tanto la idea de ser Leonardo
–Eh... yo... Hola – balbuceé. ¿Qué no se suponía que debería de estar dormido? – ¿Está tu mamá?
Él no contestó. Solo se limitó a hacerse a un lado, para dejarme la entrada libre a su casa. Pasé a su lado, con pasos temblorosos y el rostro completamente rojo. Podía sentir sus frías pupilas enterradas en mi espalda.
Un escalofrío me recorrió cuando, al llegar al centro de la pequeña y lujosa sala, me percaté que no había nadie.
–¿Podrías decirle a tu madre que la busco? – pedí, intentando controlar mis nervios que, seguramente, eran los que me estaban traicionando. ¿Para qué querría Edward que yo ingresara a su casa si no había nadie más que él?
Como respuesta a mi mental pregunta, una sonrisa cáustica y perversa se dibujó en sus labios, mientras cerraba la puerta. ¿Fue mi imaginación o en realidad le había echado cerrojo?
–D-dile que vine a darle las gracias por ayudar de Alice hoy en la tarde – agregué, retrocediendo los pasos que él iba avanzando lentamente, como un león al acecho de su presa – ¿A-acaso estás sordo? – Solté, intentando ocultar mi repentino miedo con la violencia de mi voz – ¡Háblale a tu mamá!
–No está – dijo al fin. Disipando mi poca esperanza y aumentando mi terror – Salió con mi papá y Jasper a cenar. Emmett no ha regresado de la universidad, supongo que está con tu hermana Rosalie. No hay nadie en casa más que yo.
Fruncí el ceño y empuñé mis manos, sintiéndome más enojada que asustada.
–Eres un maldito mentiroso...
–Yo no te mentí – interrumpió, dando dos pasos más – Yo solo me hice a un lado para que pasaras, pero en ningún momento te contesté si estaba o no el resto de mi familia. Tú sola hiciste tus suposiciones.
–De acuerdo, entonces me voy. – dije, caminando hacia la puerta en grandes zancadas y siendo bloqueada casi al instante por su cuerpo.
– ¿Por qué tan rápido? – preguntó, con una sonrisa burlona pintada en sus labios
Alcé mi barbilla de manera desafiante. De ninguna manera me iba a dejar intimidar por ese estúpido.
–Por qué no tengo nada qué hablar contigo – escupí, empujándole con mis manos – ¡Hazte a un lado! – Exclamé, cuando vi que mis esfuerzos eran vanos pues él no se movía ni un solo centímetro – ¡¿Qué quieres?!
–Me debes una disculpa por lo que hiciste la noche pasada, ¿lo recuerdas?
–Yo no te debo nada – discutí, siseando a causa de la furia – eso te ganas por morboso
–Oh, si. Soy un morboso – asintió, sin dejar de lado su sonrisa sarcástica.
Mis pies me temblaron al notar cómo su mirada se paseaba por mi cuerpo, de arriba hacia abajo, con presuntuosa lentitud. Y, tan aturdida me encontraba por el miedo, que no me di cuenta del momento en que me tomó entre sus brazos y me acorraló entre él y la pared.
–¿Qué haces? – intenté gritar, pero la voz solo me salió en débil susurro.
–Demostrándote qué tan morboso puedo llegar a ser – contestó, fijando su mirada en la mía – esa patada fue injusta, Bella. Debes pedirme una disculpa.
–No lo haré
–¿Ah, no? – retó, acercándose un poco más, acomodando sus labios a una distancia peligrosamente cercana a los míos.
–No – contesté, luchando por que su fresco aliento no me desconcentrara.
Con otro movimiento ágil y rápido, me cargó y me acostó en el sillón, quedando él encima de mí.
–Te estás pasando, Cullen – advertí, al adquirir un poco más de valor y sosiego – ¡déjame ir!
–¡Pídeme una disculpa!
–¿Y qué pasa si no lo hago? – exigí saber. Su sonrisa maliciosa volvió a aparecer y una de sus manos dejó de encarcelarme para bajar hacia mis piernas. Aproveché el movimiento para soltarme y empujarle.
Él cayó al suelo, con un sordo sonido, pero se incorporó fácilmente. Intenté correr hacia la puerta, pero no le tomó mucho esfuerzo el volverme a alcanzar y regresarme a mi posición original, recostada en el sillón, debajo suyo.
–Eres sorprendente, Bella –dijo, mientras yo luchaba por desbaratarme de su cárcel (inútilmente. El maldito tenía como cinco veces más fuerza que yo) – Sabes perfectamente que no tienes ninguna oportunidad de ganar y no te vences. Tu actitud es como el de una ovejita que intenta desafiar a un león.
¡Aha! Pero él no contaba con lo que yo acaba de descubrir... Mis piernas estaban libres. Completamente libres.
–Entonces... ¿quieres que me disculpe? – pregunté, haciendo una pésima imitación de una voz inocente y resignada.
–Es lo menos que me debes después de haberme atacado de esa manera – asintió. Sonreí para mis adentros. Esto lo iba a disfrutar
–Bien – susurré, bajando la mirada para acentuar más mi infantil actuación – te pediré una disculpa
–Estoy esperando.
–Lo sé – solté, al mismo tiempo en que mi rodilla se colisionaba en su entre pierna.
Él lanzó un fuerte gemido que resultó canto para mis oídos. Se derrumbó al suelo y esta vez, estaba completamente confiada de que no se levantaría.
–Cuidado estúpido "leoncito" – dije, mientras le miraba desde arriba, regocijándome con su lamento – no todas las ovejas somos tan tontas. Algunas, tenemos nuestras mañas.
Jeje. Si, lo sé, soy mala. Prometo que Edward no quedará estéril xD. ¿Qué les pareció? Espero lo hayan disfrutado. Disculpen la demora, tuve una salida de tres días completamente inesperada y me fue imposible escribir. Pero aquí estoy xD, espero haya valido la pena. Hasta pronto y muchas gracias por sus comentarios ^^
Atte
AnjuDark
