Capítulo16: Primeros Auxilios.
BELLA POV
–Parece que no tienes nada mejor qué hacer por las noches que vigilarme, ¿Verdad? – Espeté, poniéndome de pie – pero ¿sabes? Ahora no tengo ganas de soportarte
–Ey, ey – frenó mis pasos, que comenzaban a dirigirse hacia las escaleras – ¿Qué pasa? ¿Por qué tanta agresividad?
Le miré de manera endemoniada. ¿Por qué sonreía de esa manera tan... insultante?
–Suéltame, Cullen – pedí, con forzada paciencia. No lo hizo.
–Leonardo te manda saludos
–Gracias – dije, intentando zafarme de su agarre y de no demostrar mi propio nerviosismo. ¿Y si había descubierto mi mentira?
–¿Sabías que es demasiado repugnante de tu parte el hacer lo que haces?
–No entiendo de qué me hablas
–Engañas a tu novio – respondió, con seguridad. Y, a pesar de que sabía perfectamente por qué lo decía, me asombré de su acusación. No me la esperaba. Al final de todo, ¿A él que le importaba mi vida?
Con un movimiento brusco, me redimí de sus manos
–¿Y si lo engaño qué? – desafié. Su mirada relampagueó con indescifrable furia – ¿Te afecta a ti en algo?
–No, en nada – contestó atropelladamente.
–Entonces, déjame pasar. No tengo tiempo, ni ganas, de hablar contigo
Me detuvo otra vez cuando pasé a su lado.
–Solo un consejo – puntualizó, con voz fría. Cuadré la mandíbula, mientras esperaba – Creo que hay lugares para cada situación. Y dudo mucho que los pasillos de la escuela sean el sitio apropiado para engañar a tu novio y besuquearte con otro.
Era mentira. Sabía que sus palabras era una absurda mentira que él, por estúpido, había creído; pero aún así, me dolieron.
–Cullen, nadie te está pidiendo tus consejos – me defendí – ve a dar tus sermones de santo a otro lado y con una persona que esté interesada en ello.
–¿Todo este tiempo sabías que trabajaba con Leonardo?
–¿Por qué te tengo que dar explicaciones?
–Contesta – exigió. Las manos me ardieron... al igual que los ojos
–Hazte a un lado – lo empujé. Me tomó por los hombros
–Todo este tiempo sabías que él y yo trabajábamos juntos – aseguró
–¡Si! ¡Lo sabía! – Exploté – ¿Y eso qué importa?
–¡Leonardo es mi amigo! – ¿Eh? ¿Edward estaba estúpido o qué? Esto, desde el principio, no había tenido ni pies ni cabeza. No había nada coherente en nuestra "charla" ¿Cuál era el tema? ¿Mi supuesta infidelidad para con Jacob o para con Leonardo? Aun así, fuera lo que fuera, ¿Por qué estaba tan furioso?
–Edward, ya basta – le miré a los ojos, ignorando el alocado palpitar que nacía al verme envuelta por el verdor de sus pupilas – Ve y ocúpate de tu vida. Yo no ando cuestionándote si le eres o no infiel a tu novia...
–No, no la engaño – interrumpió. ¿Qué? ¿Ahora hablaríamos de Tanya?
–Felicidades – dije, con quejoso sarcasmo – ¿Quieres que te aplauda?
–No – contestó, de igual manera, haciéndose a un lado, dejándome pasar al fin – soy yo el que te tiene que aplaudir – y lo hizo – por tu cinismo.
Me llevé la punta de mis dedos hacia el puente de mi nariz. Tenía cerca de diez minutos que me había estado controlando para no dejar a este imbécil sin procedencia, pero hay ciertas cosas que no se pueden tolerar.
De acuerdo, sé que yo misma había "ensuciado" mi reputación (Vamos, los hombres si pueden acostarse con diez mil mujeres y no pasa nada; pero una mujer no, por que rápidamente es considerada como alguien bajo y ruin) Que había sido yo, y solo yo, quien le había dicho que Jacob era mi novio y Leonardo un "cariñoso" amigo. Si. Admitía mi culpa, si es que en realidad había una, pues, vuelvo a repetir, ¡¿A él que jodidos le importaba todo esto?! Yo había creado toda esta farsa para conservar mi trabajo, no para hacer un injustificado drama.
Había dejado de aplaudir, pero su mirada seguía pintada con esa absurda recriminación.
–¿No querías irte? – inquirió, ante mi estatismo.
Intenté hallar fuerzas para golpearlo. Furiosamente comprobé que no las había. Así que me limité a caminar, con la barbilla en alto y sin dejarme cohibir, hacia mi casa.
ROSALIE POV
No me cansaba de contemplar el lugar en donde me encontraba. Era absolutamente maravilloso. Adornada con finas velas y vajillas, la sola mesa ya deslumbraba de manera soberbia. Me sentía como una reina mientras entraba del brazo de Royce y todos volteaban a vernos. Mujeres y hombres, envidiándonos. Mi ego más allá del cielo. Mi barbilla ligeramente alzada y mis pasos seguros y gráciles.
Tomé asiento con ayuda de mi anfitrión. Un mesero arribó al segundo siguiente y nos ofreció la carta de aspecto refinado.
–Pide lo que desees – ofreció Royce, con una sonrisa de lado. Después, solicitó una botella de Champagne.
Ordené el platillo más caro. Él hizo lo mismo. Los cubiertos de plata le dieron a la suntuosa comida un sabor mucho más delicioso. Estaba en la gloria. La música de fondo era exquisita. El lugar era soberbiamente encantador. Sonreí para mis adentros. Definitivamente, había sido una buena elección el no dejarme convencer por Irina y haber ignorado a Emmett. No había nada mejor que esto.
–Y dime, háblame de ti – incitó Royce, mientras se llevaba la copa de cristal a sus labios – ¿Qué es lo que te gusta? ¿En dónde vives? ¿Tienes novio?
–Son demasiadas preguntas – señalé – mi vida no es interesante, a decir verdad – contesté al fin. No me gustaba dar explicaciones, creo haberlo dicho antes – mejor platícame tú, ¿Qué haces aquí, en Forks?
–Mi padre es dueño de una importante cadena de bancos – explicó – vine aquí para arreglar unos asuntos en su nombre...
Comenzó a hablar hasta por los codos. De su vida, sus estudios, sus amores, trivialidades que poco me concernían. A lo único que presté verdadera atención fue a la mención de sus carros, el departamento que estaba rentando, de los diferentes países que había visitado...
Al término de la cena, me encontraba bastante aburrida. De no ser por las frecuentes miradas que recibía por parte de quienes entraban o salían, mi mal humor hubiera salido a flote con suma facilidad. No pude evitar recordar al único que, verdaderamente, me hacía reír y divertirme...
–¿Quieres bailar? – ofreció el rubio. Asentí, aceptando que me guiara hacia el centro de la pequeña pista.
Una de sus manos se dirigió, rápidamente, hacia mi cintura, apretando mi cuerpo hacia el suyo. Comenzamos a danzar pausadamente, al ritmo de las suaves notas. Un incomodo estremecimiento corrió por mi piel al sentir sus labios cerca de mis oídos.
–¿Sabes que eres hermosa? Me encantas.
No contesté. Me limité a girar mi rostro para que, disimuladamente, nos alejáramos un poco. Demasiada cercanía me comenzaba a resultar molesta. Bailamos un par de canciones más, antes de decirle que "estaba cansada" (obviamente, le había mentido. Lo único que quería era que me soltara) Lo que si acepté, fue que me sirviera más champagne una y otra vez.
Al término de la velada, me sentía un poco mareada. Tanto, que le di la correcta dirección de mi casa.
–¿Una vecindad? – preguntó, con insultante incredibilidad.
Reaccioné. Me sentí terriblemente avergonzada; pero ya no me quedaba más que aceptarlo.
–Si – asentí – una vecindad. En ningún momento te dije que vivía en una mansión – agregué, de manera furiosamente dolida, mientras abría la puerta para salir del carro y comenzaba a caminar hacia dentro, lo más rápido que el mareo me permitía.
–¡Rosalie, espera! – me jaló del brazo, un poco antes de que llegara al patio. Su cuerpo acorraló el mío en el oscuro pasillo – Lo siento si te ofendí –dijo – no fue mi intención... En verdad no me lo esperaba. Nunca pensé que una mujer como tú, bella, elegante, refinada, podría vivir aquí, en un lugar como este.
–¿Te decepcionaste?
–No – contestó – me entristece. Tú te mereces algo mejor... Yo quiero darte lo mejor –agregó, acercando su rostro al mío – ¿me darías la oportunidad de consentirte como la reina que eres?
La reina que era.
Nadie me había hablado con esas palabras tan ciertas. ¡Y es que así era! Esta cochina vecindad no era lugar para mí. Yo era digna de grandes lujos y fiestas. Ostentosos vestuarios de excelentes marcas. Formidable banquetes y atenciones. ¡Y al fin había encontrado al hombre que me daría todo lo que yo deseaba y valía! Quizás era muy pronto, pero una oportunidad así no podía dejarla marchar. Él esperaba por una respuesta, así que enrollé mis brazos en su cuello y lo atraje hacia mí, para que nuestras bocas se unieran.
Royce entendió el mensaje fácilmente. Lo supe por la forma tan intensa con la que comenzó a mover sus labios sobre los míos. Tuve que jugar diestramente con nuestros cuerpos para que me liberara, sin sentirse rechazado.
– Ya es noche. Mi familia debe estar preocupada
Él sonrió. Volvió a besarme con fiereza, apretándome contra su cuerpo y la pared.
–Te veo mañana – dijo, al soltarme.
Asentí y esperé a que arrancara su carro para dar media vuelta y caminar hacia mi casa.
–Emmett – susurré, al hacerlo y encontrarlo ahí, frente a mí, con la mirada impávida y el rostro endurecido
–No lo creí de ti, Rose – reprochó, sin esperar más – ¿Apenas conoces a ese tipo y ya permites que te apretuje toda?
–Eso no te interesa – demandé, de la misma manera fría y tajante
–Claro que si – discutió, tomándome por los hombros – Me interesa por que se trata de ti... ¡Mira cómo vienes! ¡Estás borracha! ¡¿Sabes a los riesgos que te expones?! No sabes quién es ese extranjero. No sabes si es algún enfermo depravado que pudo haberse aprovechado de ti...
–Pero no lo hizo – interrumpí, exasperada
–Vi cómo te besaba...
–Nadie te pide que andes husmeando en mi vida.
–Te estaba esperando. Estaba preocupado por ti...
–Pues ahórrate un trabajo más y ya no lo hagas. No necesito que nadie me cuide
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ALICE POV
El día del partido había llegado. El campo esta vacío, sin ninguna clase de espectadores. Jasper y yo habíamos acordado en que esto sería solo entre nosotros. Solos. El sol comenzaba a ocultarse. Ambos estábamos frente a frente, detrás de la malla de seguridad, la cual teníamos que saltar para comenzar nuestro juego.
–¿Quieres que te ayude? – formuló.
–No, gracias – contesté, pasándole el balón para tener las manos libres – puedo sola.
Me impulsé con mi pie derecho para subir. Fue fácil. No era la primera vez que lo hacía. Estuve del otro lado en menos de un minuto. No pude evitar sonreír altaneramente al verme su mirada dilatada.
–¿Quieres que te ayude? – ofrecí, con burla.
Pensé que se molestaría – con eso del que tipo era... ¿cómo decirlo?... BIPOLAR – así que me sorprendió mucho que sus labios dibujaban una divertida sonrisa. Como diciendo "No, pequeña y absurda niña". Aventó el balón, que cayó justamente en mis manos, y, al suspiro siguiente, estaba a mi lado.
Contemplamos una vez más el campo. Parecía demasiado grande esa tarde.
–Bien – dijo, rompiendo el silencio – ¡A jugar!
Asentí, mientras me quitaba la gorra para apretar la liga que sostenía mi cabello. Sentí su mirada puesta fijamente sobre mí. Un escalofrío recorrió mi espalda.
–¿Qué? – le pregunté
–¿Qué de qué? – contestó, con un sobresalto
–¿Por qué te me quedas viendo? – especifiqué.
Él frunció el ceño, quizás de manera demasiado teatral
–¿Yo?
–No, ¿Cómo crees? – dejé que el más amargo de los sarcasmos fluyeran de mi boca – ¿Acaso ves a alguien más aquí?
Se rascó la nuca con una de sus manos. Me perdí un momento en el atractivo e informal porte que semejante gesto le causaba.
–¿Qué tal está tu torcedura?
–Bien – contesté. ¿Por eso me miraba de esa manera tan extraña?
–De acuerdo. ¿Empezamos?
–¿Tienes miedo de perder? – inquirí. Volví a ver esa sonrisa traviesa y confiada que comenzaba a gustarme más de lo debido. Me lanzó el balón, directamente hacia mis pies
–Te doy la ventaja – explicó.
El partido comenzó. La pelota pasó de mis pies a los suyos en numerosas ocasiones, pero sin llegar nunca a la portería. Ambos fintábamos, corríamos y esquivábamos. Al cabo de varios minutos, debo admitir que todo esto había dejado de ser una apuesta para convertirse en un simple juego en el cual yo me estaba divirtiendo demasiado. Jasper era el mejor jugador que hubiera conocido. Mucho mejor que Seth, incluso. Le escuché soltar, al igual que yo, numerosas risitas mientras nuestros talones reñían concentrados en el mismo punto. También me percaté de algo: las veces que estuve a punto de caer, él siempre estuvo ahí para sostenerme y empezar el reto otra vez.
Era extraño, pero me sentía protegida mientras fluía por todo el campo.
La noche había caído y no nos dimos cuenta hasta que una luz artificial nos apuntó directamente, haciéndonos frenar de manera inmediata.
–¡Ey! ¡¿Qué hacen aquí?!
–¡El intendente! – susurró Jasper, mientras me tiraba de la mano y me hacía correr hacia la cerca que protegía la propiedad.
–¡El balón! – recordé, zafándome y regresándome para coger el olvidado objeto. Él me siguió y, cuando tuve la bola entre mis manos, volvió a jalarme.
–¡Corre! Si nos ven, nos expulsan por tres días – informó. Le seguí entonces.
El anciano que nos apuntaba con la lámpara venía hacia nosotros, pero no nos había reconocido. Jasper subió primero y me ayudó a trepar la malla para salir juntos ahí; sin embargo, la velocidad con la que nos movimos fue tanta, que arribamos al suelo con un estrepitoso golpe, del cual yo no sufrí daño alguno por que había caído justamente sobre él.
–Ay – gimió, quedito. Me separé rápidamente
–¿Estás bien? – pregunté, afectándome poco si demostraba o no mucha preocupación. Él cerró los ojos y llevó sus manos hacia su estomago. Su cuerpo comenzó a vibrar – Jasper... –musité, altamente angustiada. ¿Y si se estaba convulsionando?
Estaba a punto de gritar por ayuda, pero una sonora carcajada me interrumpió. Una carcajada emitida por él. Fruncí el ceño. ¿Qué había de gracioso en todo esto?
–¡Por Dios! – Exclamó – ¡Pareciera que no pesaras nada!
Sentí que mis mejillas se sonrojaban. No pude evitar asestarle un manotazo recriminatorio.
–¿Por qué me pegas? – inquirió, sin dejar de reír
–Por que eres un tonto – contesté. Su carcajada aumentó y yo me hallé contemplándolo más de lo necesario.
–Ay – volvió a gemir, llevándose una de las manos a su cabeza
–¿Qué sucede? – otra vez estaba esa maldita intranquilidad
–Nada – tranquilizó, pero, al prestar más atención, pude notar un espeso líquido rojo que se reflejaba en la oscuridad
–Estás sangrando – señalé, moviendo mis manos hacia donde debería estar la herida
–No pasa nada – repitió.
No lo pensé dos veces y me quité la playera, quedando solamente en una delgada blusa de tirantes. Ignoré el frío mientras ataba la primera prenda sobre su cabeza, intentando detener un poco el derrame.
Él había quedado en silencio y fue un punto a su favor que no hubiera puesto ninguna clase de resistencia (Casi podía apostar mi alma con que saldría "No, gracias. No es necesario")
–Vamos a casa – dije, rompiendo el silencio. ¿Por qué respingó? ¿Se había quedado dormido? – necesitas que tus papás te vean.
Me puse de pie y le tendí la mano para ayudarle. Aceptó. Miles de mariposas volaron por mi estomago ante su contacto y la inesperada cercanía que había nacido entre nosotros. Suspiré. Era la primera vez que veía sus ojos a esta distancia. Tenían un matiz demasiado hechizante: una extraña combinación de azul con reflejos plateados. Me perdí en ellos como si estuviera nadando en un mar de aguas pacificas. De pronto, sentí una cálida caricia. ¿Era un sueño o sus mano estaba acariciando una de mis mejillas? Cerré los ojos. Un aliento fresco llegó a mi nariz y rozó mis pómulos. ¿Qué pasaba? Las piernas me temblaban...
–¡Ustedes! – La tosca voz nos hizo brincar a ambos – ¡Muchachos traviesos, vengan aquí!
–¡Corre! – dijo Jasper, tomándome de la mano y jalándome en su dirección.
Y, mientras mis pies se movían a toda prisa, guiados por él, aún podía sentir el fuego nacido en mi estomago...
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EDWARD POV
–Ey – dijo Leonardo, a forma de saludo, al verme llegar.
–Ey – contesté, de mala gana.
Tomé asiento e la mesa y me llevé las manos hacia mi frente. Me sentía frustrado. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué estaba actuando de esta manera tan... infantil?
¡Maldición! Aún no podía sacar de mi cabeza la plática que habíamos tenido ayer Bella y yo. Debía reconocer que me había excedido. Más que excedido, había hecho el ridículo. ¿A mí que diablos debía interesarme su vida? ¿Por qué me había deshecho pidiéndole explicaciones que a mí no me concernían? Sin embargo, no podía controlarme. Ahora mismo tenía tanto coraje. No podía arrancar de mis pensamientos la imagen de Bella besándose con Leonardo. Este sentimiento errante y tortuoso era demasiado fuerte. Me hervía la sangre, me amargaba la boca. ¿Qué era? Nunca había experimentado algo similar. Mi mente estaba totalmente embrollada. Buscaba respuestas a mis preguntas y no las hallaba. Solo era capaz de sentir rabia y apatía.
Bella y Leonardo. Leonardo y Bella. ¡Mierda!
–¿Comerás?
–No tengo hambre – contesté, de manera tosca.
Leonardo me quedó mirando, con el ceño coléricamente fruncido, por un momento. Luego, con gesto grosero, me aventó el plato con comida a la mesa
–Púdrete, entonces – dio media vuelta, mostrándome la espalda con gesto airado, y continuó pellizcando el plato de rabioles.
Me paré y caminé hacia él.
–Andas de mal humor – señalé, recargándome con un brazo a su lado.
–Eso debería de decirte yo – apuntó – Bella me dijo que ayer hablaste con ella.
Su solo nombre encendió mi sangre.
–¿Ah si? ¿Y qué te dijo?
–Que fuiste grosero con ella
–¿Y me vas a reclamar?
–¿Por qué te molesta tanto que ella y yo estemos juntos?
–¿Ese es tu reclamo? – evadí su pregunta. Quedamos un momento en silencio.
–¿Tu nunca has sido infiel?
–Ya te dije que no – confirmé – en los tres años que llevo con mi novia, jamás la he engañado
–La has de amar demasiado
–La quiero – corregí – el amor no existe, es mera ficción representada por telenovelas y películas románticas.
–Entonces... ¿Por eso te ofende tanto que ella engañe a su novio? – ¿Era eso? Debía ser sincero, al menos conmigo mismo. La respuesta era NO. No era eso. Era algo más. Algo indescifrable e incomprensible.
–A mi no me importa lo que hagan o dejen de hacer – respondí – creo habértelo dicho ayer.
–No lo parece – discutió, clavando su mirada chocolate en mí. ¡Mierda! ¿Por qué latía así mi corazón?
Alargó su mano para coger un vaso de agua que había casi al lado y comenzó a beber de él. Aproveché su mutismo para dar por zanjada aquella "conversación".
Como no me había puesto el uniforme – y ya era tarde para comenzar a trabajar – me quité las playeras que llevaba y el pantalón. Al final de cuentas, estábamos en confianza, ¿no? Quiero decir, estábamos entre hombres. Aún así, traté de moverme rápidamente y quedé en bóxers en menos de quince segundos.
–¿Me pasas la camisa que esta en mi mochila? – pedí, pero no obtuve respuesta.
Alcé la mirada para ver qué pasaba con Leonardo. Lo encontré en un estado casi catatónico, con sus dados apretados en el vaso de cristal, amenazándolo con romperlo. ¿Estaba respirando?
–Leo, ¿Estás bien? –pregunté al notar que su piel se estaba tornando morada.
Entonces, sucedió. Con un fuerte gemido, expulsó el agua que estaba reteniendo en su garganta y comenzó a toser de manera violenta.
–¡Leo! – Exclamé, acercándome para tomarle de los hombros y controlar sus espasmos – ¿Leo qué sucede?
–No... puedo... respirar... – alcanzó a decir.
Comprendí que era un reverendo idiota. ¡La respuesta era más que obvia! ¡Leo se estaba ahogando! Inmediatamente, lo acosté en el suelo. Recordaba bien lo que tenía que hacer y actué de manera automática.
Uno, dos, tres, sopla...
Mi boca se junto a la suya y se alejó, dándole oportunidad de que expulsara el agua que había quedado acumulada en sus pulmones. No pasó nada. Intenté otra vez, luchando por que la angustia no me dominara.
Uno, dos, tres, ¡Sopla!
Nada. Más desesperación. Experimenté un inmenso miedo. ¿Y si no lograba ayudarlo? Temblé.
Uno, dos, tres, ¡¡SOPLA!!
Leonardo al fin reaccionó. El agua salió expulsada de sus labios como una pequeña fuente. Sus ojos se abrieron, débiles. Llevé una de mis manos detrás de su espalda, para que pudiera sentarse un poco. Y yo... yo sentí la tranquilidad más infinita del mundo al verlo respirar de manera normal. Dejé caer mi rostro sobre el hueco de su hombro.
–Eres un imbécil – susurré, con voz entrecortada por la dicha de saberlo a salvo otra vez.
Tosió un poco. Me tensé al instante y le miré a los ojos, temeroso de otro ataque. Cuando comprendí que ya estaba del todo repuesto – solo lo normalmente debilitado por todo el ajetreo – yo me hallaba perdido en el piélago de sus pupilas.
Y, luego, sin pensarlo, solo sintiendo, volví a unir mi boca con la suya. Pero esta vez era diferente: no era para salvarlo. Era para salvarme. Para convencerme, con el calor de su aliento, que estaba vivo, conmigo. Y, mientras mis labios acariciaban los suyos con una dulce impaciencia jamás empleada, su nombre estaba combinado con la esencia de otra persona que acudía imperiosamente a mis pensamientos:
Bella...
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¡Hola! ¡Si! ¡Aquí tienen ya el primer beso entre Bella y Edward! (Bueno, técnicamente xD) ¿Qué les pareció? ¿Les gustó la idea que entre ellos haya sido de esta manera? He de admitir que esta idea ya la tenía desde el principio y por eso había prolongado tanto el beso entre esta parejita. Ojala la espera haya valido la pena y haya sido de su agrado ^^. Vamos avanzando, como prometí, paso a pasito, pero las relaciones irán evolucionando. Bueno, los dejo, que me tengo que liar con este Edward que estará tremendamente confundido y asustado por lo que acaba de hacer.
Aprovecho para mandar un saludo a cada uno de ustedes. Gracias por todo su apoyo ^^.
Atte
AnjuDark
