Capítulo 18: Y lo que es de cada mes...
EMMETT POV
Y había que verla: tan bella como insolente.
Bajé la mirada cuando pasó a mi lado, sin si quiera dirigirme la más mínima de las atenciones. Iba con él, quien la llevaba abrazada de manera posesiva y, constantemente, se acercaba para besarla. Empuñé mis manos, me mordí la lengua. Sentí el amargo sabor de los celos y la rabia revolver mi estomago. Deseé tanto poder tener su misma frivolidad, su misma capacidad de olvido. Jamás en toda mi vida me había sentido tan idiota, tan engañado. Tan dolido... ¡Ah! Pero no podía odiarla.
Escuché su risa: un sonido superficial y forzado. No era el mismo que profería cuando estábamos juntos. O tal vez era mi propia vanidad lo que me hacía pensar eso. La verdad, me negaba a creer que ella lo quisiera. Me negaba a pensar que esos besos, esas caricias, fueran sinceras.
Los seguí. ¿He dicho que soy un idiota masoquista? Quería hablarle, necesitaba hacerlo; pero el imbécil que la llevaba abrazada no se despegaba de ella bajo ningún momento. Parecía una garrapata. Aunque, de verdad, no podía culparlo. Nadie, mejor que yo, sabía que Rosalie era adictiva.
Frené mis pasos y crispé mi rostro al verlos perderse en uno de los pasillos más desolados de la universidad. Una vocecita me advirtió marcharme, pero no le hice caso. Me escondí entre uno de los muros y me asomé, cuidadosamente. Lo que vi me heló la sangre y me estrujó el corazón. Mejor no describirlo, por mi propio bien. Basta con decir que "decepción" fue la única palabra que cruzó por mi mente.
Salí de esos pasillos, aún con la vista nublada por la rabia y la tristeza. Tomé asiento en una de las bancas y hundí mi rostro entre mis manos. Suspiré, tratando de hallar consuelo. ¿Exagerado? Bueno, me habían dicho por ahí que al hombre, a diferencia de las mujeres, sólo le rompen el corazón una vez... y que esa herida es directamente proporcional a toda una vida llena de decepciones amorosas. ¡Y cuánta verdad había en ello! Al menos, yo así me sentía. Tanto, que hasta tenía ganas de llorar.
Permanecí ahí, aplastado en la banca, como el más mediocre de los humanos. Volví a escuchar su risa. Lo mejor hubiera sido correr, huir; pero no. Pasó a mi lado. Venía con él, claro, por lo que me sorprendió demasiado que su mirada se encontrara con la mía. Fue sólo un breve momento, pero qué fuerte fue el estremecimiento que me recorrió todo el cuerpo.
–Royce, voy al baño – dijo – en seguida te alcanzo en el carro.
El rubio asintió y siguió caminando, no sin antes acercarse para besarla con una intensidad que me asqueó. Rosalie esperó a que desapareciera y, después, dio media vuelta y se acercó. Yo no lo podía creer. Atontado, me puse de pie, incapaz de hablar. Había pasado casi toda una semana ignorándome ¿Y ahora era ella quien venía hacia mí?
–Emmett – dijo, con voz fría – ¿Te gustó lo que viste?
Respingué. ¿Era acaso que se había dado cuenta?
–¿De qué hablas?
Soltó una risita irónica
–¿Creías que venía a saludarte? No, Emmett. Tu tiempo ya pasó, acéptalo, resígnate. Y deja de seguirme. A Royce no le gusta verte cerca de mí.
–¿Y desde cuándo a ti te gusta acatar ordenes? – pregunté. Ella enmudeció por un momento, pero jamás dejó de tener su barbilla alzada – tú no lo quieres – agregué – se nota a leguas...
–¿Ah si? – Interrumpió – ¿Y qué pruebas tienes para ello?
–Eres otra cuando estás con él – contesté. Volvió a reír
–Si lo quiero o no, ese es solamente mi problema. Tú no tienes por qué meterte en ellos.
–Él tampoco te quiere – solté y advertí, al instante, el endurecimiento de sus ojos – te trata como un objeto...
–Me trata como una mujer – discutió
–A su lado pareces más trofeo que mujer – proseguí – solo te anda exhibiendo con el resto...
–Y a ti te dan celos...
–Me da tristeza – corregí, mirándole a los ojos – jamás lo imaginé de ti, Rose. Pensé que me había enamorado de una mujer fuerte, con carácter y decisión. Y veo que me equivoqué.
–¡Ya basta! – Siseó – Lo que tú sientes es envidia por no ser lo suficientemente bueno como Royce. ¿Cómo pretendes que yo te prefiera, cuando no puedes proporcionarme ni la mitad de todas las cosas que él me da? – Me dedicó una mirada hiriente y despectiva – Eres demasiado divertido, Emmett. Debo admitir que me agradas, pero no eres lo mejor. Al menos no para mí. Tal vez para alguien menos exigente, alguna chiquilla conformista, ¿Qué sé yo? Te recomiendo que la busques y dejes de molestarme.
–¿Así que... todo se trata de dinero? – Bufé – ¿Estás con ese tipo solo por dinero?
–Cada quien tiene sus prioridades – respondió.
Nuestras miradas seguían unidas, peleadas, enfurecidas.
–De verdad que soy un idiota – admití – mira que enamorarme de ti...
–Cuidado con lo que dices, Emmett – advirtió. Callé. Me mordí la lengua. Tenía tantas cosas que decirle, pero no tenía sentido alguno en desgastarme en una mujer como ella.
–Sólo espero que aprendas, algún día, que el valor de una persona no se mide por el carro que maneje, ni por el dinero que traiga en los bolsillos.
–¡Qué profundo! – Se mofó – ¿Ya acabaste? Me están esperando.
–Ya no hay más que decir – asentí, intentando ocultar toda la tristeza que me embargaba – y no te preocupes, Rose. Ya no te molestaré.
–Eso espero – dijo, antes de dar media vuelta e irse.
Me obligué a no verla partir. Podía correr el riesgo de correr tras ella, tomarla entre mis brazos y besarla. Suplicarle que se quedara... decirle, una y otra vez, que la amaba. Y eso... eso si que era digno de un pobre bufón, que no quería ser.
También yo di media vuelta, con la intención de caminar hacia la dirección contraria, pero mis pasos frenaron al encontrarme con una muchachita, a la cual yo conocía.
–Pamela – saludé, sin ánimos.
Ella bajó el rostro.
–Todo lo que te dijo Rosalie, es mentira – susurró. Crispé el rostro – por favor, no te enojes conmigo. Fue inevitable no escuchar.
–No te preocupes – tranquilicé, poniendo una mano sobre su hombro. Ella alzó la mirada.
–Rosalie no merece que sufras por ella...
No contesté. Era difícil convencerse de ello. Sus manitas tomaron las mías.
–Vales demasiado, Emmett. Eres un chico extraordinario.
–Gracias, pero tampoco es para tanto – intenté sonreír y, al ver que sería imposible, suspiré – Pamela, no quiero ser grosero, pero quiero estar solo.
–No – discutió – ¿Dejarte solo para que sigas triste? De ninguna manera. ¿Qué te parece si mejor vamos a tomar un café? – Propuso, con las mejillas totalmente encendidas y voz temblorosa – o podemos ir a caminar. Prometo no hablar de lo que tú no quieras. Solo quiero hacerte compañía.
Negarse fue sencillamente imposible. Accedí y, a decir verdad, fue una buena elección. Pamela y yo caminamos hacia un pequeño café que se encontraba por ahí cerca y, tal y como prometió, no hablamos, bajo ningún momento, sobre Rosalie. Pasamos toda la tarde charlando sobre la escuela, sobre nuestras familias y amigos. Era una chica divertida y, siendo sincero, su compañía fue como un bastón en el que me sostuve para no caer... Aunque, claro, mis rodillas seguían, y seguirían, dañadas por ella, por Rose.
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JASPER POV
Me encontraba en las canchas, sentando en la húmeda hierba, dejando pasar la hora libre de matemáticas, intentando, inútilmente, terminar de leer un libro que Edward me había prestado. No podía concentrarme y la razón se debía a cierta personita que iba y venía, corriendo y rebasando, con suma facilidad, a todas sus compañeras; buscando el balón que, ridículamente, era rechazado y "pateado" en medio de chillidos teatrales.
–¿Demasiado entretenido, Cullen? – preguntó Seth, llegando a mi lado y haciéndome respingar.
Intenté mostrarme indiferente ante sus palabras, aunque sabía a la perfección a qué se refería. Algo me estaba pasando. Algo extraño y nuevo. Por alguna insólita razón, no podía dejar de mirar a Alice, estuviera fuera o dentro de la cancha. Había algo en ella que llamaba mi atención. Algo que me incitaba a mirarla, o buscarla, al saberla cerca.
–El partido es interesante – contesté.
–Si, sobre todo si Alice está en él – comentó el chico, tomando asiento a mi lado – veo que has jugado bien tus cartas. Ella y tú se llevan mejor, con cada día que pasa. Pero ni pienses que te dejaré el camino libre.
–Yo sólo miro a Alice como una buena rival en el campo – aclaré – nos gusta jugar juntos, es todo.
–¿Y esperas que te crea? – desafió, divertido. Me encogí de hombros
–Puedes pensar lo que quieras.
El sonido de un silbato resonó. El partido había terminado. El equipo de Alice había perdido y ésta se acercaba hacia nosotros, con gesto sombrío.
–El entrenador Clap quiere vernos – soltó Seth, de repente, como si la plática anterior jamás hubiera existido
–¿A quienes?
–A todos los de tu equipo y el mío – contestó – habrá un evento deportivo en un par de semanas y, parece ser, quiere que participemos en él. Nos espera mañana, al término de las clases. Hazme el favor de correr la noticia.
Asentí. A decir verdad, no podía ver a Seth como alguien desagradable, pese a lo mucho que solía molestar.
–Me voy – anunció el moreno, poniéndose de pie – parece que Alice no viene de humor y no es conveniente estar cerca de ella en esas circunstancias – hizo una expresión de terror y se comenzó a alejar.
No acaba de entender bien lo que había dicho, para cuando Alice llegó a mi lado, solo para recoger su mochila, acomodársela en el hombro, dar media vuelta e irse.
–¡Ey! – la frené, tomándola del brazo. Me miró, y fue cuando comprendí lo que Seth había querido decirme. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Y es que casi podía jurar que sus ojos brillaban como los de un pequeño demonio.
–¿Qué quieres Jasper? – siguió caminando
–No pareces de buen humor – comenté, de manera estúpida, siguiéndola – ¿Qué te sucede?
–No creo que te importe
–Te equivocas – discutí, de manera inconscientemente atropellada – quiero decir, eres mi amiga. Es natural que me interesen tus problemas
–¿Tu amiga? – Inquirió – ¿Desde cuándo Jasper Cullen me considera su amiga?
¡Mierda!
–No lo sé – traté de actuar naturalmente – me imagino que desde hace ya bastante. ¿Acaso tú no me miras de la misma manera?
–Pensé que te irritaba
–Me equivoqué al juzgarte tan rápidamente – admití, con más sinceridad de la que me hubiera gustado demostrar – lo siento. De verdad me agradas, Alice. Eres una chica demasiado divertida
Bajó el rostro, súbitamente, ocultándolo por detrás de su inseparable gorra. ¿Qué le pasaba?
–¿Te sientes bien? – me preocupé. Ella asintió, pero seguía mirando hacia sus pies – Entonces – decidí agregar – ¿somos amigos o no?
–Supongo que sí – susurró.
–Entonces, ¿me dirás por qué estás tan molesta?
–¡Odio jugar con mujeres! – Soltó, empuñando sus manitas y ejerciendo pisadas más pesadas – no hacen nada más que gritar y ponerse a lloriquear, al ver a un balón acercarse. Como si éste fuera a comérselas.
–¿Estás así por que perdiste el partido? – me asombré. Su silencio me dio la respuesta. Solté una carcajada.
–¿Se puede saber por qué te ríes? – exigió saber.
Me acerqué y posé una mano sobre su cabeza, con gesto juguetón.
–Lo siento, Alice – me disculpé – pero es que, a veces, sueles ser demasiado absurda.
–¿Absurda? – se molestó aún más. Sin embargo, la expresión tan infantil que le provocaba tal enojo, sólo aumentaba mi diversión.
–Era solo un juego, una práctica de actividades deportivas – recordé – no es para tanto. No siempre podrás ganar
–Lo sé. Estoy consiente de eso – reconoció – ¡Pero es que, en verdad, son insoportables! ¡Creo que prefieren que sea el fin del mundo a que se les rompa una uña!
Volví a reír. Ella bufó. Realmente era extraña. Única...
–Creo que sé de algo que te alegrara – dije, frenando nuestros pasos – Seth me dijo que el entrenador Clap nos quiere ver mañana.
–¿Para qué?
–Dice que habrá un evento deportivo. Probablemente nos quiera para participar en él
Su expresión cambió por completo. Sus ojos se iluminaron y una sonrisa elevó las comisuras de sus labios
–¡¿Hablas en serio?!
Asentí. Su sonrisa se extendió. Y yo me perdí, sin darme cuenta si quiera, en ese gesto tan sencillo y delicado. Fue algo muy parecido a lo que me pasó aquella tarde, en la que tuvimos nuestra primera revancha...
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BELLA POV
Genial. Magnifico. ¡Perfecto! (nótese el sarcasmo)
¡Lo único que me faltaba! Que me dieran cólicos a la hora del trabajo.
Y es que, desde hacía ya varios días, había demasiada tensión como para agregar esto. Decir que Edward se estaba comportando de una manera más que extraña conmigo, era decir poco. Prácticamente, no me hablaba. Me evitaba todo el tiempo y hacía todo lo posible por ni si quiera mirarme. El por qué, no lo sabía. Y no era que me importara. Era simple curiosidad... ¿Verdad? Después de todo, había sido un cambio demasiado repentino.
Apreté los labios al sentir otra punzada en el vientre. No me quedó de otra que tomar asiento. En verdad dolía. Maldije a mi fisiología femenina. Maldije a mi menstruación, que no se conformaba con atormentar mi vida cada mes, si no que, ahora, se ponía de inoportuna.
La puerta de la cocina se abrió y fue demasiado tarde para cuando me quise poner de pie. El jefe, junto con Edward, apareció frente a mí.
–Leonardo, ¿Qué te pasa? – Preguntó el anciano – te ves demasiado pálido
–Me duele el estomago – no fue del todo una mentira.
–¿Demasiado?
Asentí. No me gustaba quejarme, me hacía sentir débil, pero estos cólicos iban más allá de mí y mi orgullo.
–En realidad te miras mal. Lo mejor sería que te checara un doctor
–Sería buena idea – dije, sin prevenir lo que se venía.
–Edward me comentó en una ocasión que estudia medicina – oh, no, no, ¡No! – al igual y podría ayudar en algo
–No lo creo, señor – interrumpí, lo más tranquilamente posible – él apenas es un estudiante, ¿Qué tal si empeora mi estado?
–No creo que vaya más allá de una infección estomacal – discutió la aterciopelada voz – y, si lo es, no tardaré en saberlo. Entonces si podrás ir con un doctor que ya tenga titulo.
–De verdad, no es necesario
–Leonardo, no seas testarudo – dijo el jefe – deja que te revise Edward y, después, vete a casa a descansar
Le di las gracias y, luego, se fue. Edward y yo quedamos solos en la cocina. El silencio nos invadió por un momento. Otra punzada me estrujó el vientre. Crispé mi rostro.
–¿Te duele demasiado? – se acercó y preguntó.
El corazón comenzó a latir de manera atropellada. ¿Hacía cuántos días no me hablaba de manera directa? ¿Hacía cuántos días su mirada no se unía a la mía de esta manera?
–No es nada – contesté. Otro segundo en el que solo fui capaz de hundirme en sus verdes esferas.
Él bajó el rostro y desvió su atención, con gesto violento, hacia otro lado. Como si la unión de nuestras miradas le quemara, despiadadamente, la retina.
–Lo mejor será que te revise en cuanto antes, para que te vayas – dijo, con aspereza, volviéndose a alejar.
El miedo me volvió. ¡Y es que, bajo ninguna manera, podía permitir que Edward me tocara! Venía completamente fajada, hasta el pecho, para que los dos pequeños detalles que me distinguían como mujer no sobresalieran. ¡¿Qué explicación podía darle de ello?! Ninguna.
–Cullen, de verdad, no es necesario. Puedo irme a descansar y...
La voz se me atoró en el pecho al sentir mis pies lejos del suelo. Todo sucedió demasiado rápido. La mirada se me dilató cuando me encontré sentada sobre la mesa.
–¡¿Qué haces?!
–Acuéstate – indicó, sin verme. Parecía incomodo.
–No – discutí, queriéndome bajar. Sin embargo, sus brazos se situaron a un lado de mis caderas, formando una cárcel con su cuerpo.
–No hagas esto más difícil, Leonardo – pidió – acuéstate.
–No quiero – repetí – es más, ya me siento bien. El dolor se ha ido...
–Eres un pésimo mentiroso – dijo, con una pequeña sonrisa, casi imperceptible. Frunció el ceño, como si algo de repente le hubiera dado un golpe en el estomago – Vamos, date prisa.
–Ya te dije que no quiero – intenté liberarme, pero él fue más rápido y, con un movimiento que no vi venir, me acostó sobre la mesa
–Quédate quieto – susurró, con sus labios tan cerca de los míos, que podía sentir su fresco aliento rozar mis parpados. Aquello me aturdió de tal manera que, aunque luché por encontrar alguna forma de moverme y evitar lo que estaba a punto de suceder, no hice nada.
Sentí su mano entrar por debajo de mi camisa y, a pesar de la faja que traía, sentí el calor de sus dedos llegar hasta mi piel. Me estremecí.
–¿Qué tienes aquí? – preguntó, refiriéndose a la faja. Fui incapaz de contestar. Me hallaba derrocada. Enajenada, como jamás había estado en mi vida. Ejerció cierta presión en el centro de mi estomago – ¿Te duele? – Tampoco hubo respuesta – ¿Leonardo? – Llamó, ante mi perenne mutismo – te voy a quitar la faja que traes.
Entonces reaccioné. Pero ya era demasiado tarde. Las vendas habían sido removidas y yo, prácticamente, pasé de ser una humana a una estatua.
Sus ojos se clavaron en mi vientre y ascendieron, deteniéndose un momento en mis pechos, hasta mi rostro. Vi mi reflejo en sus pupilas y supe, entonces, que nuestras expresiones eran exactamente las mismas: La mirada pérdida puesta en el otro, los labios entreabiertos, el abandono de sangre en nuestras mejillas.
Sus manos se dirigieron hacia mi falso bigote y, sin ningún esfuerzo, lo arrancó de su lugar. Después, me quitó la gorra y deshizo el agarre de mi cabello, cayendo éste, descaradamente, por debajo de mis hombros.
–¿Bella? – parecía que aún no terminaba de creerlo.
Sabía que era preciso decir algo, el jefe podía entrar en cualquier momento, pero las palabras se me ahogaban en la garganta. Y, como si de una invocación se hubiera tratado, la voz del anciano se escuchó llegar.
–¿Edward? ¿Leonardo? Voy a entrar
Edward pegó un brinco y parpadeó numerosamente.
–U-un momento, por favor – dijo, jalándome atropelladamente y conduciéndonos en la bodega.
Mi corazón latía ferozmente. Tanto por el miedo a ser descubierta y perder mi trabajo, como por el hecho de estar en ese oscuro cuarto, sola y con Edward. Dejamos de respirar al escuchar la puerta de la cocina abrirse.
–¿Edward? ¿A dónde se metieron?
Una preocupación más grande me invadió. ¿Qué tal si Edward perdía también el trabajo, por mi culpa? No sería justo. Estaba a punto de decir mis primeras palabras, como Bella, pero ni bien había abierto la boca, él me jaló más hacia el fondo, detrás de unas cajas de embutidos.
–Shhh. Calla – susurró, poniendo sus dedos sobre mis temblorosos labios. Su mirada y la mía se encontraron. La voz del jefe, llamándonos, se disipó. Sólo quedamos él y yo, con nuestros rostros a pocos centímetros de distancia. Sólo quedó él y el verdor centelleante de sus ojos, hechizándome – quédate aquí – indicó, despertándome de mi ensoñación. Asentí.
Él se alejó y caminó hacia la salida.
–Edward, ¿Qué pasa? ¿Por qué no contestaban? ¿Dónde está Leonardo?
–Leonardo se acaba de ir – contestó, con naturalidad. Debía de aceptar que era bueno para mentir – yo estaba arreglando unas cosas en la bodega
–Bien – la voz del jefe se escuchaba complacida – sigue trabajando, entonces.
La cocina quedó en silencio. Los pies no paraban de temblarme y mi nerviosismo no mejoró, en absoluto, cuando escuché que Edward se aproximaba. Se plantó frente a mí, con el semblante claramente endurecido (Cosa que no entendí)
–Creo que me debes una explicación, Isabella
La forma en que me habló me molestó demasiado.
–Yo no te debo nada – contesté. Me tomó por los hombros y me acorraló entre una pared y su cuerpo
–Te acabo de salvar el pellejo – recordó. Su mirada brillaba con una furia indescifrable – ¡El jefe te hubiera descubierto de no ser por mí!
–¡Gracias! – Apunté, con el más puro de los sarcasmos – ¿Con qué quieres que te pague, Cullen? ¿Con mi vida?
Tensó la mandíbula. Luego, me liberó, llevándose las manos al puente de su nariz. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué tanto desconcierto?
–¿Edward?
–Todo este tiempo, me has tratado como el más grande de los imbéciles – acusó. Fruncí el ceño
–No pensé que lo llegarás a entender
–Y no lo entiendo – aseguró – ¿Cómo es posible? Has cargado cajas, limpiado, cocinado, corrido... Es demasiado para ti – soltó al final. Me sorprendí. ¿Acaso estaba preocupado? – Además...
–Además, ¿Qué? – insistí, ante su repentino silencio. Él suspiró
–Olvídalo – dijo, meneando la cabeza de un lado a otro
–¿No me acusarás con el jefe?
–Por supuesto que no – contestó – pero deberías de buscarte otro trabajo; este es demasiado pesado para ti
–Ya me acostumbre – susurré – pero gracias... por el consejo y la ayuda.
Me miró fijamente por un segundo. Un segundo intenso y casi eterno. Después dio media vuelta, con un ligero malestar en sus movimientos
–El dolor de tu estomago, ¿era también una mentira?
–No – contesté, de mala gana.
–Entonces deberías irte a descansar. Ahora que sé que eres mujer, puedo asegurar que son cólicos menstruales. ¿O me equivoco?
Enrojecí completamente. Sentí mis orejas arder y mi cara parecía punzar de tanta vergüenza. Edward dio media vuelta, para volver a verme.
–¿Me equivoco? – insistió, esbozando una sonrisa burlona. Estaba disfrutando con mi cohibimiento. No respondí. Me limité a tomar mis cosas y salir, lo más rápidamente posible, de ese lugar.
Caminé hacia mi casa, dando grandes zancadas y chapoteando contra el suelo. Edward era un idiota. Eso era lo único capaz de pensar. Edward era un idiota y un reverendo patán.
–Malito bastardo – farfullé entre dientes, dejándome caer en el sofá.
Cerré los ojos y lo primero que se me vino a la mente fue su rostro, con sus ojos verdes y su blanca sonrisa de lado. ¡Mierda! Me mordí los labios con furia. ¿Por qué tenía que pensar tanto en él?
Comenzaba a quedarme dormida, la pastilla analgésica que había ingerido comenzaba a tener sus efectos secundarios. Y, mientras Morfeo comenzaba a tomarme entre sus brazos, no paraba de preguntarme ¿Qué iba a pasar desde hoy, que Edward sabía que Leonardo y Bella eran la misma persona?
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Hola ^^. ¿Qué tal? ^^' Si, sé que tardé demasiado en actualizar. Lo siento. Pero aquí vienen los porqués: Estoy en semana de exámenes departamentales y, además, estoy terriblemente enferma de gripe. Ha sido horrible, créanme. Más que horrible, ha sido tortuoso. Cuatro días enteros sin dormir NADA. Y Ocho días de inyecciones T_T, temperatura excesivamente elevada y tos que amenaza con arrancarme el pecho en cualquier momento. Cielo Santo, tengo unas ojeras horribles. ¡Parezco un vampiro! *Anju soñada* *Escepticismo por parte de los lectores* T_T Ok. No parezco un vampiro, parezco un zombi (Y de esos feos :-S) Pero en fin. Espero la tardanza haya valido la pena. Ojala les haya gustado y me dejen su opinión ^^.
Gracias por aguantarme, su apoyo, sus comentarios, alertas y favoritos. Un saludo a todos ^^.
Atte
AnjuDark
