Capítulo 19: Planes.
ALICE POV
Había muchas voces discutiendo alrededor. Voces masculinas. No había prestado atención, hasta entonces, pero yo era la única mujer dentro de esa multitud ubicada en el campo.
El entrenador Clap alzó la voz para llamar la atención de todos. Me alcé de puntitas para intentar verlo. Fue inútil, era demasiado bajita en comparación con mis compañeros. Escuché una suave risita a mis espaldas y me molestó demasiado el reconocerla al instante, sin darle oportunidad a la duda. Era él, Jasper. Lo supe por la forma tan desbocada con la que mi corazón comenzó a palpitar.
Fruncí los labios y actué como si nada hubiera pasado.
–¿Quieres que te cargue? – un estremecimiento me recorrió de arriba abajo, cuando su voz acarició la parte trasera de mi cuello.
–No, gracias. Estoy bien – espeté. Él volvió a reír. Maldito rubio larguirucho.
Decidí ignorarlo y prestar más atención al entrenador Clap, que había comenzado a hablar.
–El motivo por el cual los cité fue por que, como muchos ya sabrán, la semana de Actividades Deportivas se aproxima. Tenemos una invitación, por parte de la secundaria y preparatoria de Seattle, para un partido de futbol amistoso. Los he visto jugar en el campo – agregó – y he notado que son buenos en ello. ¿Les gustaría ir y participar en un entretenido juego?
Todos aullaron, en afirmación. El profesor rió.
–Sabía que aceptarían. Ahora bien, debemos organizarnos. Ustedes deben de nombrar a un líder, escoger a los miembros del equipo y los suplentes. Pueden ir tanto como los alumnos de la secundaria, como los de preparatoria. La elección se las dejo a ustedes, ya que se conocen mejor y saben las habilidades de cada quién. Les doy diez minutos para que discutan y me digan, para así anotar sus nombres en el registro.
Todos nos reunimos rápidamente. Las elecciones fueron rápidas y sin problemas. Seth sería el líder, así como parte de la defensa, junto con Jasper. Paul estaría como delantero y yo estaría de medio, acompañada de Quil y otros chicos de los cuales desconocía el nombre. Embry sería el portero... y varios más estarían esperando en banca.
El equipo estuvo formado antes de los diez minutos. Seth se acercó al entrenador para brindarla la lista de nombres. La sonrisa de mi rostro era imborrable y tenía demasiadas ganas de gritar de tanta emoción. Jasper se acercó, él también sonreía y el claro de su mirada destellaba de manera hechizante. No recordaba momento más maravilloso en mi vida. Todo era perfecto...
Sin embargo, dicen por ahí que lo perfecto no existe y, efectivamente, así es. El entrenador Clap nombró a cada uno de nosotros en voz alta, pero, al leer mi nombre, se detuvo en seco.
–¿Alice Swan? – repitió. Todos giraron el rostro para verme. Alcé la mano
–Soy yo
–Si, Alice, ya sé quién eres – repuso el señor, con una nota de incomodidad en su voz.
Algo estaba mal. Lo supe desde el instante en que no se atrevió a mirarme a los ojos. El entrenador carraspeó y sacó, de sus bolsillos, un pañuelo. Se limpió las repentinas gotas de sudor y, titubeando, soltó:
–Alice, tú no puedes ir con nosotros.
La sangre abandonó mi rostro. Permanecí inmóvil, incapaz de decir algo. Incapaz de creer mi tan mala suerte
–¿Por qué no? – escuché, muy a lo lejos, la voz de mis amigos reclamar
–El partido es solo de categoría varonil.
–¿Y no pueden ver excepciones? – Reconocí que era Jasper quien hablaba – Alice juega mejor que varios de nosotros juntos...
–Lo sé, lo sé – admitió el entrenador – pero esas son las reglas. Además, yo no puedo arriesgar a una alumna a tanto. Bien saben ustedes que hay jugadores demasiados bruscos, ella podría salir lastimada.
Se hizo el silencio. Sentí las manos de Jasper acomodarse sobre mis hombros, pero yo me deshice del agarre y comencé a caminar lejos de ahí.
–¡Alice! – Aceleré el paso, para no ser alcanzada, y, cuando estuve segura de que ya nadie me veía, empecé a correr – ¡Alice!
No me detuve hasta haberme internado en el bosque, muy lejos de la escuela. Ignoré lo agitada que estaba mi respiración y me senté debajo de un gran árbol, con mis rodillas pegadas a mi frente. Apreté los labios y empuñé mis manos, intentando reprimir el llanto que amenazaba con desbordarse en cualquier momento.
Vamos, Alice, no es para tanto, me repetía una y otra vez, es sólo un simple juego foráneo...
Pero yo amaba el futbol. Había estado realmente ilusionada con ir y disputar el balón con gente diferente a mis amigos. Con gente que, en realidad, pelearía contra mis pies, sin preocuparse en lastimarme o no. Con gente contra la que, verdaderamente, podría ganar o perder. Ese encuentro iba a ser como mi prueba personal, me demostraría, a mi misma, si era tan buena como decía el resto.
Una ligera presión sobre mi cabeza me hizo alzar la vista.
–¿Qué haces aquí? – le pregunté, volviendo a ocultar mi rostro.
–Lo mismo quisiera yo saber – contestó Jasper, sentándose a mi lado – ¿Acostumbras echarte a correr hacia el bosque, de esa manera tan imposible, cuando te enojas demasiado? – no contesté, pero aprecié cómo su mano me hacía mirarle.
La punta de sus dedos se deslizó sobre mis mejillas. Entonces comprendí que no había podido evitar derramar las estúpidas y delatantes lágrimas.
–¿Quién lo diría? – Susurró – Tan frágil y fuerte a la vez.
Y yo apenas era consiente de lo que decía. Todo había desaparecido ante el roce de su piel. Lo que me había llegado a enfurecer había sido olvidado. Ahora sólo quedaba el cálido cosquilleo que bailaba en mi estomago y hacía retumbar a mi corazón. Ahora sólo era capaz de descifrar los colores mezclados en sus ojos y la forma perfecta de su rostro, que cada vez se hallaba más cerca del mío.
Un tierno impulso me llevó a cerrar los ojos. El mismo impulso que me había hecho actuar de la misma manera aquella tarde, en la que habíamos tenido nuestra primera revancha. No sabía precisamente qué era lo que estaba sucediendo – jamás antes me había pasado algo similar – pero me gustaba. Se sentía bien la languidez que cubría a mis extremidades. Estaba segura que de haber estado de pie, hubiera caído...
–¡Alice! ¡Jasper! – el llamado de mis amigos nos hizo saltar a ambos y, hasta entonces, me di cuenta de que había dejado de respirar todo este tiempo.
Jasper y yo prácticamente nos dimos la espalda, esperando a que el resto llegara. Seth fue el primero en aparecer, esquivando un par de ramas.
–¡Ey! – Dijo – ¿Qué pasa? ¿Por qué salieron corriendo de esa manera?
Recordé entonces lo que había pasado en el campo. Mi rostro se volvió a ensombrecer y eso fue lo que le dio la respuesta. Se hincó para quedar a mi altura y, con un movimiento un tanto torpe, tomó mi rostro entre sus manos y me hizo verle a los ojos.
–Eres realmente tonta si piensas que iríamos sin ti a ese partido –sentenció.
Negué enérgicamente con la cabeza –Estás demente si crees que dejaré que no vayan solo por que yo...
–¿Y quién dice que no iremos? – Interrumpió – el equipo ya está completo y listo con nuestro mejor jugador: Abel
Fruncí ligeramente el ceño, pues no entendía. ¿Abel? Yo no conocía a nadie con ese nombre. Y, es más, ¿A mí en que me beneficiaba eso? Seth puso los ojos en blanco al notar mi poca capacidad de comprensión. Luego, con un pesado suspiro, se acercó para susurrarme al oído:
–Alice, tú eres Abel
–¡¿Qué?! – solté, al cabo de un par de segundos, cuando la lucidez llegó a mi cerebro
Seth y el resto de los chicos sonreían con autosuficiencia, como diciendo "Somos demasiado inteligentes ¿verdad?" Y yo les dediqué otra, la cual les decía todo lo contrario.
–¡¿Pero cómo se les ocurre?! ¿Se han puesto a pensar en lo que pasaría si el entrenador Clap se da cuenta, lo cual es DEMASIADO probable? – exigí saber, poniéndome de pie y caminando de un lado hacia otro, como una leona enjaulada. Los chicos dieron dos pasos hacia atrás, pero Seth no se dejó intimidar
–Todo está bajo control – tranquilizó – somos tantos que no se ha dado cuenta de quién es quien. Él no se puede memorizar todos los rostros y nombres de los jugadores, pensará que eres uno más de tantos.
–¡Genial! ¡Se ve que has pensando en todo!– repliqué con sarcasmo – a ver, dime, señor no-pienso-las-cosas-antes-de-actuar ¿Cómo diablos le vamos a hacer con los papeles que está pidiendo para la inscripción? ¡Tomate esta Seth!
–¡Ah! ¡Eso! – su despreocupación me asombró – Alice, ¿se te olvida quién es mi hermano?
Y entonces, todo se iluminó. Claro. La idea ya no parecía tan descabellada si Jacob estaba en ella. Jacob, el hermano de Seth, era un experto falsificando papeles. Él había ayudado a Bella para que pudiera conseguir trabajo en el restaurant en donde actualmente laboraba. Una sonrisa fue levantando, poco a poco, las comisuras de mis labios.
–Vamos, dilo – exigió mi mejor amigo, sonriendo de la misma manera – soy el mejor
–¡Lo eres, Seth! – me lancé a sus brazos por un momento. Luego me alejé y giré para ver al resto
–¡Gracias, chicos!
Todos soltaron una carcajada. Hablamos un momento sobre lo que se iba a hacer y terminaron de explicarnos, a mí y a Jasper, la última condición para ir: teníamos que llevar a una persona mayor con nosotros y, estrictamente, tenía que ser hombre. Así también acordamos guardar fielmente el secreto entre nosotros. Los papeles, prometió Seth, estarían listos para mañana. Cuando el sol comenzaba a ocultarse, nos levantamos y retiramos hacia nuestros hogares.
Yo casi venía dando saltitos de emoción. Jasper venía a mi lado, sonriendo por mi actitud.
–Me alegra que vayas a estar con nosotros en el partido – murmuró, cuando estábamos a punto de despedirnos, sin si quiera mirarme a la cara.
Repentinamente, sentí mis piernas temblar. ¿Por qué siempre me pasaba lo mismo con él?
–Gracias por el apoyo – contesté, rezando por que la voz no se me quebrara.
–Realmente, yo no hice nada...
–No dejaste que fuera sola el bosque – recordé, con las mejillas encendidas
–Oh, si. Es cierto...
Un silencio se alzó entre nosotros, hasta que él carraspeó y decidió terminarlo.
–Bueno. Nos vemos...
–Adiós – asentí, comenzando a subir las escaleras
–Alice... – llamó y mis pies reaccionaron al instante, quedándose estáticos en su lugar.
–¿Si?
–Este... yo... – parecía haber olvidado lo que me quería decir – Hasta mañana.
¿Eh?
–Hasta mañana – contesté, aún extrañada.
Él me dedicó algo parecido a una sonrisa y después dio media vuelta. Yo también comencé a subir las escaleras, aunque debo admitir que sin despegar la mirada de su espalda. Me sentí como una tonta al entrar a mi casa y suspirar profundamente, con aire soñado. ¿Qué era lo que me sucedía? Seguramente era por la emoción de saber que, al final de cuentas, si estaría en el partido foráneo... ¿verdad?
.
.
.
EDWARD POV
–¿Bella?
La imagen de su angustiado rostro regresó nítidamente a mis pensamientos, en cuanto cerré los ojos y me dejé caer en la cama, intentando inútilmente buscar un poco de paz.
Sonreí para mis adentros de manera sarcástica. ¡Quién lo diría! Bella y Leonardo eran la misma persona. Habían sido la misma persona todo este maldito tiempo en el que yo, como el más grande los idiotas, había creído todo lo contrario.
No debería de sentirme tan enojado, pero lo estaba. Más que enojado, me encontraba indignado. ¿Cómo se atrevía esa insignificante chiquilla a jugar de esa manera conmigo? Suspiré. Había pasado días enteros sin poder dormir, pensando en las altas probabilidades de que fuera gay sólo por su maldita culpa. ¡Y ahora resultaba que, en realidad, había besado a una mujer!
Tampoco es que encontrara un alivio sabiendo la verdad. Después de todo, esa mujer era ella, Isabella Swan. La chica más insoportable que pudiera conocer en toda una vida. Yo no podía sentirme atraído, de ninguna forma, hacia ella. ¡¿Cómo, por Dios?! Si así fuera, sería una clase de masoquista. Y yo no era nada de eso. Pero entonces, ¿por qué diablos, esa tarde...?
Mi celular sonó, sacándome de mis pensamientos. Lo buqué dentro de mis bolcillos y miré por la pantalla de quién se trataba. Era Tanya. Genial. No le había marcado desde el día en que pensé mis preferencias sexuales estaban indefinidas.
–Tanya – dije, en cuanto di acceso a la línea entrante.
–¡Edward! – Exclamó, con alivio – Estaba muy preocupada por ti.
–Lo sé – admití – No te había podido marcar por que... estaba demasiado ocupado.
–Si, entiendo – de verdad lo hacía. Tanya no era de las novias posesivas o exigentes. En realidad, nuestra relación era algo demasiado difícil de explicar. Estábamos juntos, pero tampoco solíamos tratarnos como la mayoría de los novios lo hacían. Entre nosotros no había celos ni exigencias. – ¿Estás ocupado ahora?
–No – contesté – acabo de llegar del trabajo
–¿Y cómo te fue?
–Bien – mentí – ¿Y tú qué tal?
–La universidad me está matando
–Me lo imagino – sonreí. La línea quedó en silencio un momento, hasta que ella volvió a hablar
–Te extraño – su voz se escuchó sincera, tímida. Era comprensible, en los más de tres años que llevábamos juntos, jamás había habido, de por medio, palabras cariñosas. A decir verdad, me sentí un poco incomodo.
–Uhm... yo también, Tanya – dije. Ella soltó una risita
–No es necesario que me digas lo mismo, Edward – tranquilizó, con sincera comprensión. No supe qué contestar, así que ella agregó – ¿Cómo va el problema de tus padres con esos señores que los estafaron?
–Igual – respondí – no logran arreglar nada.
–Eso quiere decir que tardarás en regresar a Italia – no fue una pregunta, pero aun así contesté
–Si
–Bien – suspiró – sabes que aquí te estoy esperando. Tengo que colgar – anunció – Eleazar y Carmen han venido.
–Salúdalos de mi parte – pedí. Después ella terminó la llamada.
Volví a quedar solo, sumergido en el silencio de mi cuarto. Y, claro, el rostro de esa muchachita de cabellos castaños no tardó en hacer acto de presencia. Gruñí, exasperado. ¡¿Cómo era posible?! ¡¿Es que acaso me estaba volviendo loco?! El remordimiento me carcomió todas las entrañas. Entonces comprobé que el haber engañado a Tanya con cualquier otra persona, incluso hasta con un hombre, hubiera resultado menos terrible que esta irónica verdad.
Me dolía y me negaba a aceptar que había besado a Bella. Me dolía aceptar y me negaba a creer que pudiera sentir algo, aunque fuera mínimo, por esa chiquilla. ¡Era irracional! ¡Apenas y la conocía! Las pocas palabras que había cruzado con ella habían sido reclamos y ofensas.
Me levanté de la cama. Estar encerrado no me ayudaba en nada.
–¿Estás bien? – preguntó Jasper, al verme aparecer por la sala. No contesté, pasé de largo hacia la salida. Tal vez caminar un poco me hacía bien.
Respiré profundamente el aire fresco de la noche, metí las manos dentro de mis bolsillos y comencé con mi marcha. Una pequeña llovizna caía, así que me puse el gorro de la sudadera e incliné mi rostro hacia abajo, mirando mis pies mientras se movían.
Me concentré en evocar los momentos vividos con Tanya. Mi relación con ella, desde un principio, había sido muy fácil. Ella y yo éramos algo así como "las perfectas almas gemelas". Nunca peleábamos, siempre estábamos de acuerdo en todo y teníamos los mismos objetivos. Como anteriormente lo había dicho, los celos o las exigencias no existían entre nosotros. Éramos novios, pero parecíamos más bien hermanos o muy buenos amigos. ¿Pasión? Bueno... obviamente habíamos pasado noches juntos. Habíamos hecho "el amor", aunque nunca usábamos esa palabra.
Amor... ¡Ba! ¿Qué era eso? Ambos pensábamos que era un término inexistente, empleado solo por mentes inmaduras. Nos queríamos, si; pero estábamos conscientes de que podíamos vivir perfectamente el uno sin el otro.
Sin embargo... ¿Cuántas veces no había besado a Tanya? No era tanto el asunto de la fidelidad lo que me frustraba, debía reconocerlo. Lo que me exasperaba e inquietaba era la sensación experimentada, esa corriente eléctrica que corrió por cada una de mis venas, mientras mi boca humedecía la boca de esa muchachita, la necesidad de querer más y más de su sabor, como si hubiese probado una droga altamente adictiva, el ferviente deseo de no parar nunca... Todo eso llegaba a asustarme, por que no lo entendía, no comprendía qué era lo que me pasaba. ¿Cómo era posible de que la persona que más me irritaba fuera la que ocasionara todo este embrollo?
Frené en una pequeña tienda nocturna y compré un par de cigarrillos. ¡Hacía tanto que no fumaba! La verdad es que no me gustaba, sólo hacía esto cuando estaba demasiado desesperado. Busqué un lugar sobre la avenida en donde no me mojara y exhalé la primera bocanada de humo.
–Fumar no es bueno – Y ahí estaba, otra vez, ese maldito retorcijón en el estomago al reconocer su voz.
Alcé la mirada y la encontré ahí, sujetando una sombrilla.
–Supongo que disfrazarte de hombre y engañar a medio mundo lo es – repliqué, regresando mi vista hacia abajo.
–No tengo otra opción – defendió, arrebatándome el cigarrillo y tirándolo al suelo – Al menos eso no me mata.
–¿Qué haces aquí? Es demasiado tarde
–Te vi salir de la vecindad – confesó, con voz apenas audible – ayer... creo que no te di las gracias como se debe. Gracias por ayudarme y no delatarme con el jefe.
Asentí, sin contestar. Su cercanía no ayudaba en nada.
–No te ves bien – apuntó – ¿Sucede algo...?
–¿Desde cuándo te importa mi vida? – indagué, con sarcasmo, viéndola por fin.
Luché por no perderme en el chocolate de sus ojos. No había razón para hacerlo, por el contrario, presté atención al endurecimiento de su rostro.
–Eres un grosero – acusó, con un ligero fruncimiento del ceño. Sonreí inevitablemente – y déjame decirte que tienes un severo problema de bi-polaridad.
–No es mi culpa que parezcas un gatito enfurruñado cada vez que me ofendes – dije a mi favor, haciéndola enojar aún más.
Entonces recordé lo mucho que me cautivaba verla así: creyéndose tan peligrosa cuando, en realidad, era tan frágil. El deseo de acariciar esas mejillas sonrojadas por la furia hizo que las manos me comieran. Me obligué a desviar la mirada hacia otro lado, para intentar controlarme.
–Es imposible hablar contigo – siseó – no sé para qué pierdo mi tiempo. ¡Adiós! – y escuché sus pasos alejarse.
Me mordí la lengua para reprimir el deseo de girar el rostro y verla partir. No tenía por qué. Ella... no significaba nada. Y ese beso que le había dado había sido un simple desliz, al que mejor era olvidarlo y ya no tomarle importancia.
.
.
.
.
EMMETT POV
Era fin de semana y me hallaba en el trabajo, reparando una computadora que tenía por encargo para esa noche.
–¡Emmett!
Volví mi cuerpo hacia la dirección de la que provenía la voz. Una sonrisa extendió mis labios al verla caminar, aceleradamente, hacia mí.
–Pam – dije, a modo de saludo y sin sorprenderme, mientras me inclinaba sobre el mostrador, para depositar un beso sobre su mejilla, la cual se sonrojó al instante.
–¿Cómo te va?
–Bien – contesté, diciendo media verdad.
Lo de Rosalie aún dolía, pero había aprendido a convivir con ello. Además, cada vez me era más fácil no quedarme mirándola cada vez que pasaba a mi lado y mis pensamientos ya no giraban todo el tiempo en torno a su recuerdo.
Todo esto se lo debía, en parte, a Pamela y su paciente compañía. Nunca antes había conocido a una persona tan tímida y con tan nobles sentimientos como ella. Su bondad se reflejaba fácilmente en sus ojos oscuros, los cuales comenzaban a cautivarme de una manera especial. El calor de sus pupilas era como una suave tela que me arropaba de la gélida mirada azul a la cual me empeñaba en no olvidar.
–Sólo venía a traerte esto – me tendió una bolsa, la cual contenía un recipiente de comida – pensé que te caería bien algo de alimento mientras trabajas.
–¡Gracias! – Exclamé, haciendo a un lado la pieza de computadora que estaba arreglando – no te hubieras molestado
–No es ninguna molestia – dijo, ocultando el rostro entre sus negros cabellos – Bueno, yo... te dejo trabajar
–¿Te vas tan pronto?
–Tengo que ir a ayudar a mi madre con la limpieza de la casa
–Oh, comprendo – fruncí los labios y después, agregué – ¿Tienes algo que hacer esta noche?
–¿Esta noche? – Dilató la mirada – No, ¿por qué?
–¿Te gustaría ir a cenar conmigo?
.
.
Estacioné el carro y bajé para ayudarla a hacer lo mismo. Ella me tendió su mano, mirando hacia sus pies.
–No te he dicho que luces muy linda – apunté
–G-gracias – musitó. Sonreí, cautivado por su timidez.
–Buenas noches, señor – saludó el anfitrión, en cuanto entramos al restaurant – ¿Qué lugar le ofrezco?
Viajé la mirada alrededor y, al instante, reconocí a la rubia que se encontraba ahí, con sus hermosísimos ojos mirándome fijamente.
Uf! Siento la tardanza, pero aquí les traigo, al fin, otro capítulo. Si, ya sé que Edward es desesperante, pero vamos, pronto caerá muajajajaja *risa malvada* En fin, espero les haya gustado ^^.
Gracias por leer y sus comentarios
Atte
AnjuDark
