Capítulo 21: Un "maravilloso" Fin de semana, parte 1.

BELLA POV

Tenía ganas de llorar. Si, quería llorar, sin parar, de pura rabia. ¡¿Cómo era posible?! ¡¿Por qué a mí?! ¡¿Por qué?! Habiendo tantos lugares en el maldito autobús, ¿Era justamente necesario de que Edward fuera a mí lado?

Gruñí. Alice iba a pagar por esto y su pesada broma. Que se olvidara de la hermana comprensiva por que, bajando del autobús, iba a conocer a Isabella "la destripadora"... (O Leonardo, "Lecter")

Una risita burlona llamó mi atención y triplicó mi rabia. Giré el rostro para encararme a esa molesta persona que iba a mi lado. Fruncí el ceño nada más el verlo. Se veía tan... radiante. Pareciera que mi mala fortuna le hiciera inmensamente feliz. Él también fijó su mirada en mí.

–¿Qué? – preguntó

–¿Qué de qué? – contesté. Él sonrió. Yo parpadeé. ¡Dios! ¿También era necesario de que el tipo fuera extremadamente deslumbrante?

–Vienes murmurando una serie de incoherencias – señaló – ¿Qué pasa?

–Digamos que no me siento muy cómoda con ciertas personas

–¿No te sientes cómoda conmigo? ¿Por qué? ¿Acaso te pongo nerviosa?

¡Ahhh! ¡Ayuda!

–Por supuesto que no – dije, lo más claramente posible y rogando por que el bigote lograra ocultar a la perfección el rubor de mis mejillas – No sabía que fueras tan vanidoso.

–No lo soy. Fue solo una hipótesis... Aunque claro – agregó, tomando, discretamente, una de mis manos – admito que fue una hipótesis demasiado estúpida. Sería algo demasiado "extraño" que "Leo" se sintiera nervioso en mí compañía, ¿no?

Maldito bastardo. Ahora entendía todo mejor: estaba jugando conmigo. Y de la peor manera. Me solté de su agarre (ignorando la sutil vocecita que me reprochaba al hacerlo) y le dediqué una mirada asesina, la cual él correspondió con una descarada y mofada sonrisa.

–Tú...

–Shh... – Puso uno de sus dedos sobre mis labios – No es propio de una señorita decir groserías, "Bella"

No sé si se trató de mi imaginación o si fue verdad; pero podría jurar que su dedo tardó un segundo más de lo debido en abandonar mi boca. Fuera lo que fuera, las mariposas inundaron mi garganta.

Me obligué a desviar mi atención hacia el lado opuesto. Si le seguía viendo, terminaría volviéndome loca.

–Así me gusta – le escuché decir, pero no giré el rostro. Ya después, cuando el mareo me pasara, tomaría venganza.

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ALICE POV

Aún no sabía por qué, pero me sentía extraña yendo al lado de Jasper. Tal vez, después de todo, el haber obligado a Bella ir con Edward había sido mala idea. Pero ya era justo que esos dos se llevaran mejor, aunque, desde aquí podía ver que ambos parecían demasiado incómodos. Mi hermana me dedicó una mirada asesina que me erizó la piel. Por mi bien, decidí darle la espalda inmediatamente.

–¿Qué pasa? – preguntó Jasper. Eran las primeras palabras que me dirigía, desde que habíamos abordado.

Mi corazón comentó a palpitar fuerte, muy fuerte, y no era precisamente por el miedo de encontrarme con una hermana psicópata al término del viaje.

–Creo que Bella va a matarme – confesé. Él soltó una risita

–Edward también hará lo mismo conmigo, no te preocupes.

Acomodé mis pies sobre el asiento, para poder hundir mi rostro en las rodillas. Era una posición patética que asumía para cuando no quería que nadie me viera la cara.

–Alice – llamó mi compañero, su voz se escuchaba preocupada – ¿Qué ocurre? ¿Te sientes bien?

–Tengo nauseas – no era del todo mentira. Sentía algo extraño revoleteándome en el estomago... Algo así como... Mariposas.

–¿Quieres que le diga al chofer para que frene y tomes un poco de aire?

–No – contesté rápidamente, mirándole – Estoy bien

Sentí que el corazón me iba a estallar cuando una de sus manos acarició mi rostro

–Estás sonrojada – apuntó – ¿Te habrás resfriado?

–N-no – balbuceé – estoy nerviosa. Es solamente eso...

Su mano liberó mi mejilla.

–Verás que todo saldrá bien – sonrió.

–Has cambiado mucho – dije, para intentar distraerme – ahora ya no eres tan arrogante.

–Tenía mis motivos para que no me agradaras – confesó. Recordé las palabras con las que me había nombrado hacía meses

–Me considerabas una ladrona

–Tomabas cosas que no son tuyas, sin consentimiento de nadie – recordó – No podía llamarte "Apóstala" por eso, ¿o si?

–Fuiste demasiado duro...

–Lo sé –admitió – fui grosero contigo y te pido disculpas por ello, pero...

–Tenías tus razones – completé. Él asintió

–Entiendo – susurré.

Era de imaginarse que, después de saber que a tus padres los han estafado de la peor manera, Jasper odiara hasta el menor indicio de robo.

–Pero ahora ya no me desagradas – agregó. Las mariposas volvieron a aparecer cuando él se inclinó para hablarme al oído – ¿Te digo un secreto? Ahora, te considero mi mejor amiga.

Y me sentí feliz, aunque también un poco desilusionada. ¿Por qué? No lo sabía. Supongo que aún no me daba cuenta de que yo no quería solo una amistad con Jasper.

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BELLA POV

El alivio que experimenté al bajar del autobús fue instantáneo. El viaje de seis horas me había resultado una terrible eternidad. Respiré el aire fresco. A pesar de ser medio día, estaba nublado.

–Bella – Alice se acercó con cautela. Le dediqué una mirada fría – Estás muy molesta

–No creo que me merezca ese tipo de bromas – reproché

–No se trató de ninguna broma – defendió – Jasper y yo lo hicimos con las mejores intenciones. Tú y Edward se la pasan discutiendo todo el tiempo, ¿por qué no intentan ser amigos?

–No es tan fácil como parece – dije, más para mí que para ella. Era cierto... ¿Por qué las cosas con Edward siempre resultaban tan... complicadas? – supongo que somos de esas personas que, por naturaleza, se repelen. Algo así como el agua y el aceite – deduje, tratando de restarle importancia al asunto.

Mi hermana sonrió de una manera que no pude descifrar.

–¿Qué? – pregunté, justo en el momento en que Seth llegó hacia nosotras.

–Hola, Bella –susurró, con exagerada confidencialidad

–Hola, Seth – saludé – pensé que Jacob vendría como tu tutor

–Se encuentra muy ocupado trabajando – explicó – tuve suerte de que el hermano de Embry me hiciera favor de acompañarme. Pero, te manda saludos – agregó, mientras metía la mano en su mochila – y me pidió que te diera esto.

–Gracias – contesté, mientras tomaba la pequeña cajita de regalo que el chico me tendía.

–Al... digo, Abel, el entrenador Clap nos quiere a todos reunidos para repartir las habitaciones.

Mi hermana asintió.

–Te espero aquí – le dije, tomando asiento en una de las gruesas banquetas de asfalto que había frente a la pensión en la que nos hospedaríamos esa noche.

Pensé en muchas cosas, mientras, a pocos metros de mí, se levantaba un murmullo al cual no presté atención. Me encontraba más concentrada en ver la pequeña cajita de plateado papel metálico que bailaba entre mis manos. No había pasado más de un minuto para cuando Alice estuvo de regreso.

–Ya tenemos habitación – me mostró las llaves – me imagino que has de estar cansada, ¿por qué no vas y te acuestas? Nosotros tardaremos otro rato aquí, tenemos que hacer la planeación del juego.

Asentí y tomé las llaves. De verdad me sentía algo desganada. Además, estar rodeada de una multitud totalmente masculina no me era muy cómodo.

Encontrar la pequeña habitación resultó sencillo y mi humor mejoró notablemente al hallarme con dos inmensas camas matrimoniales. Para ser una pensión tan sencilla, el servicio es muy bueno, pensé. Me aventé a una de ellas y sonreí, mientras me hundía en el blando colchón. Al parecer, después de todo, iba a dormir muy bien esa noche.

Realmente era una ilusa. A estas alturas de mi vida, debí de suponer que tanta perfección no podía ser posible. Mi miserable mundo de ensueño se vio destruido en cuanto la puerta de la habitación se abrió y por ella entró el único escalofriante ser capaz de convertir esa noche en una eterna pesadilla.

Mi primer instinto fue el de gritar. Grité tan fuerte que casi saqué hasta el alma.

Edward corrió para taparme la boca y no me soltó hasta que, estuvo seguro, los gritos se calmaran.

–¿Se puede saber por qué gritas como si se te hubiera aparecido el demonio en persona? –exigió saber.

–¿Se puede saber qué haces en mi habitación? – contesté, cuando al fin comprobé de que no se trataba de una alucinación.

Nuestra habitación, querrás decir – corrigió, con una chocante sonrisa. Mis ojos se dilataron y el corazón se me detuvo por un segundo.

–¡¿Qué?! – jadeé. Aquello tenía que ser imposible – ¿Cómo que tú y yo vamos a dormir juntos...?

–No – interrumpió. ¿Era mi imaginación o se había sonrojado? – Déjame explicarte. Claro que la habitación no solamente es para nosotros dos. Alice y Jasper no tardan en venir.

Bueno, si no íbamos a estar solos todo era mucho menos pasmoso, pero no por eso dejaba de ser malo.

–Las habitaciones son de cuatro personas – comenzó a explicar el pequeño detalle que a mí hermana, seguramente, se le había olvidado mencionar – eso implicaba un gran problema para ti y Alice, que son las únicas dos mujeres haciéndose pasar por hombres. Y dado de que el resto de los chicos traen a familiares que podrían no estar de acuerdo con esta jugarreta, no nos ha quedado otra opción que compartir la misma habitación entre nosotros. De esta manera estarán más seguras. Y de paso evitaremos que media docena de alumnos sean expulsados.

Me quedé como idiota por tres segundos, sin decir ni una sola palabra, puesto que no las había. Definitivamente, no había otra alternativa... Y, definitivamente, esa noche sería larga. Muy larga.

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ROSE POV

–Royce, espera – pedí al muchacho que no paraba de besarme, empujándolo hacia atrás para que su boca al fin liberara la mía

–¿Qué pasa, cariño? – preguntó, sin poder disimular su impaciencia

–Apenas y me quieres dejar respirar – señalé, sonriendo para no verme tan agresiva.

Él suspiró y volvió a enrollarme entre sus brazos.

–Es que me vuelves loco, Rose – me besó con urgencia – te deseo.

Volví a revolverme para librarme de su cuerpo, sintiéndome realmente incomoda.

–Ya es noche. Debo regresar a casa.

–Dices que tus hermanas salieron esta mañana – recordó, con el azul de sus ojos brillando de una manera extraña – ¿Por qué no me invitas a pasar un rato?

–No – contesté rápidamente. En primera por que me daba vergüenza de que un hombre como él viera en la pocilga en la que vivía. Y en segunda por que no era tan estúpida como para no imaginarme en lo que esa "invitación" podría convertirse

–Oh, Rose, preciosa, ¿por qué no? – insistió, con sus labios deslizándose por mi cuello. Puse los ojos en blanco, sin que él lo notara.

–Mis hermanas no están, pero mi padre no ha de tardar en llegar – mentí. Este fin de semana Charlie trabajaría tiempo completo en la comisaría.

Eso pareció convencerlo. Era fácil deducir que Royce lo que menos quería era compromisos serios. En eso nos llevábamos bien. El resto era... ¿Cómo decirlo? Yo era feliz a su lado, siempre y cuando estuviéramos en restaurantes caros y lugares lujosos. Y no se necesitaba de mucho para darse cuenta de que él disfrutaba de tenerme a su lado, exhibiéndome como una joya preciosa. La joya preciosa que yo era. Fuera de eso, nuestra relación se volvía... aburrida... monótona.

Tal vez lo único que cambiaba con el paso del tiempo era la urgencia habida en sus besos. Lo demás seguía igual. Nos conocíamos poco, me atrevo a decir que casi nada. Y eso estaba bien... Entre menos te vinculas con una persona, más consciente estás que puede haber una traición y menos remordimientos tienes al ser tú quien traiciona.

–¿Te veo mañana? – ofrecí, para contrarrestar el sutil rechazo.

Justo en ese momento la puerta de la casa de los Cullen se abrió, saliendo por ella Emmett en compañía de esa muchachita con la que lo había estado viendo últimamente. Nuestras miradas se encontraron por un breve instante, antes de tomara a Royce por el cuello y lo besara con teatral pasión.

Debo agregar que no cerré mis ojos mientras tanto, como suelen hacerlo la mayoría de las mujeres al besar a su pareja, si no que mi mirada lo siguió a él que, ignorando completamente la escena que yo estaba armando, tomó de la mano a la chiquilla que iba a su lado.

La furia que sentí la reflejé en el movimiento de mis labios y el agarre de mis dedos contra el rubio cabello de compañero, que interpretó todo esto como una muestra de feroz pasión que le hizo gruñir, mientras apretaba mi cuerpo contra el suyo y la pared.

–Royce, ¡Basta! – Exploté, cuando sabía que mi función no era atendida por el único espectador que realmente me interesaba – tengo que irme a casa – agregué, con más calma, empezando a caminar lejos de él – nos vemos mañana.

Azoté la puerta al entrar y golpeé la pared. ¿Cómo era posible que Emmett y esa chiquilla estuvieran juntos? Me negaba a creerlo; pero, entonces ¿Por qué la llevaba agarrada de la mano? ¿Acaso me había olvidado tan rápido? ¡No! ¡Imposible!

Volví a golpear la pared y gruñí.

"No todo el mundo te va a querer por siempre", recordé sus palabras y su expresión fría. ¿Por qué me molestaba tanto el que yo ya no significara nada para Emmett?

No sabía precisamente que ganaría con esto, pero bajé las escaleras y me senté al pie de éstas; esperándolo. ¿La habría ido a dejar hasta su casa? Su demora me dio la respuesta.

Verlo aparecer, tan sonriente, no ayudó en nada a controlar esa amarga furia. Él aún no se había percatado de mi presencia, así que actué como si estuviera ahí, nada más de pura casualidad.

–Ah, mira a quién tenemos por aquí – dije, al "encontrármelo" – te van a robar por andar tan noche en la calle

–Qué bueno que te veo – dijo, ignorando mi comentario – necesito hablar contigo

Su voz era fría, distante, así que automáticamente me puse a la defensiva

–¿Ah si? ¿Sobre qué?

–¿Se puede saber qué ganabas al encerrar a Pamela en el baño, la noche pasada?

–¿De qué hablas? – me hice la desentendida

–Sabes perfectamente de qué estoy hablando, Rose

–Discúlpame, Emmett; pero ¿Qué te hace pensar que yo voy a desperdiciar mi tiempo jugando con esa… chiquilla...?

–Pamela – corrigió – su nombre es Pamela.

–Como sea, no me interesa su nombre. El caso aquí es que no sé de qué me hablas

–Debí suponer que no me dirías la verdad – suspiró, resignado, y comenzó a dar media vuelta

–Espera – le frené. Por ningún motivo estaba dispuesta a permitir que se fuera, ignorándome de esa manera.

–¿Qué? – preguntó, secamente.

Desconocía a este Emmett. Era otro. No era el chico que siempre sonreía al verme... y eso... eso dolía. El orgullo, quiero decir. Nunca me había gustado que un hombre me viera como una simple chica.

–¿Estás saliendo con ella? – indagué, con exagerada amabilidad. Algo así como cuando una amiga le pregunta a su amigo sobre sus romances.

–Si – contestó, con naturalidad – Pamela es mi novia.

–Oh, qué bien – traté de disimular mi desconcierto – me imagino que hoy en día no es tan malo que empieces una relación sin querer a tu pareja...

–¿Y quién dice que no la quiero? – interrumpió. Disfracé mi rostro con la mejor mascara de arrogancia

–Por que es obvio que haces todo esto para olvidarte de mí

Él soltó una carcajada. Después, su expresión se volvió seria, mientras sus ojos traspasaban a los míos

–Te equivocas, Rose. Pamela es alguien muy importante para mí.

–¿Ya te la llevaste a la cama? – exigí saber, sin dejar de lado mi hipócrita y dulce sonrisa.

–Eso es algo que no te importa – contestó.

–¡Oh, vamos! No tiene nada de malo, puedes confiar en mí.

–No se trata de confianza, Rose, se trata de respeto. Además, ¿desde cuándo te interesa tanto mi vida? Según recuerdo, dijiste que ya no querías saber nada de mí

Tardé más de dos segundos en contestar. No me esperaba ese comentario

–Pensé que, ahora que ambos tenemos a una pareja, podemos ser amigos

Me acerqué para tomarle las manos y acariciarlas entre las mías. Él aceptó el gesto por un breve momento (casi nulo) y luego se soltó.

–¿Amigos? No creo que funcione, la verdad.

–¿Por qué? – Reté – ¿Te da miedo volverte a enamorar de mí y serle infiel a tu noviecita?

Esbozó una fugaz sonrisa, carente de humor. –Creo que lo mejor es que las cosas sigan como están, Rosalie. Adiós.

Y se fue, sin darme la oportunidad de agregar más. Hiriendo mi orgullo de una manera imperdonable. Empuñé mis manos y me mordí la lengua, tan fuerte, que casi me sangró.

Bien. Parecía que Emmett estaba dispuesto a sacarme de su vida. Y yo no se lo iba a permitir. Él no podía olvidarme y mucho menos por esa chiquilla insignificante.

–Volverás a caer, Emmett. Ya lo verás –musité para mis adentros.

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BELLA POV

La llegada de Alice y Jasper a la habitación supuso un gran alivio. Estar con Edward a solas no era algo que se pudiera considerar sano para mis nervios. Aunque, para mi consuelo, él tampoco parecía muy cómodo. Ambos estábamos sentados lo más lejanamente posible, en los extremos opuestos de las camas, con la mirada clavada en el suelo de madera, sin decir o hacer nada más.

–¡Hemos llegado! – anunció mi pequeña hermana. Recordándome, con su radiante sonrisa, que todo este sacrificio valía la pena, pues ella era feliz.

–El entrenador nos ha regalado unos sándwiches, les hemos traído unos a ustedes –agregó Jasper

–Gracias – respondimos el ser de mi miseria y yo al mismo tiempo. Instintivamente, nuestras miradas se encontraron. Un terrible escalofrío bajó por mi espalda.

–¿A qué hora será el partido? – pregunté para distraerme

–Mañana, a medio día – contestó Alice

–Luces demasiado emocionada – señaló Edward, sonriéndole

Mi pequeña hermana asintió, con una energía envidiable

–Alice meterá muchos goles mañana – Jasper alborotó sus cabellos. Entonces noté algo muy curioso: Alice se había sonrojado.

Me mordí los labios para no soltar una risita y cometer una imprudencia. Sin embargo, mi humor sólo duró hasta que los futbolistas anunciaron tener que retirarse, para arreglar cosas pendientes sobre el partido.

"Genial"

Edward y yo volvimos a quedar solos en esa habitación y la tensión no se hizo esperar. Silencio. Un profundo e inquietante silencio nos envolvió. Decidí concentrar mi atención en otra cosa, para olvidarme de su presencia. Entonces recordé que aún no abría el regalo que Jacob me había mandado con Seth. Me acosté en la cama y despojé a la cajita de su plateada envoltura, tratando de ser cuidadosa.

Sonreí al ver la fina pulsera de plata que traía, como dije, a un pequeño lobo tallado en madera, el detalle era precioso. Después tomé la pequeña nota y comencé a leerla, tratando de descifrar lo que decían aquellas letras y toscas

Sé que fui un idiota por haberte besado a la fuerza aquella noche.

Discúlpame. Estoy dispuesto a soportar una docena de bofetadas si es necesario.

Espero te guste lo que te mandé, lo hice yo mismo, así que no me

vengas con eso de "no me gustan los regalos".

Espero verte pronto. La verdad te extraño.

PD. Sé que soy un idiota, pero no me arrepiento de nada de lo que hago.

Volvería a besarte otra vez, de serme posible. Así que estás advertida. Hasta pronto

Jake.

Mi sonrisa se extendió, al mismo tiempo que cierta melancolía me invadía. Quería a Jacob. Lo quería demasiado, pero no de la forma en el que él se mereciera. Lo conocía desde que éramos pequeños, era como mi mejor amigo, como mi hermano. Le debía tanto. Él era quien siempre había estado a mi lado cuando no sabía qué hacer... y si, me gustaba como hombre, pero no lo suficiente como para querer arriesgar mi amistad por algo que, muy probablemente, sería pasajero.

–Pensar tanto es una sola persona es malo – de verdad había logrado olvidar en compañía de quién estaba, así que salté al escuchar su voz – tampoco no es muy saludable el depender tanto de tu pareja

–¿De qué hablas? – pregunté

–Lindo detalle de tu novio –señaló, viendo la pulsera.

–¿Cómo sabes que me lo mandó Jacob? – quise saber. Él se encogió de hombros

–Eres predecible.

–¿Ah si? – Elevé una ceja, de manera escéptica – ¿No será que estabas escuchando conversaciones que no son de tu incumbencia?

–No – de alguna manera, supe que estaba mintiendo, así que insistí

–Hacer eso es de muy mala educación, ¿sabías?

–Vamos. Tengo mejores cosas que hacer que estar pendiente de tu vida.

–¿En serio? – él asintió – Entonces... ¿por qué no dejas de molestarme todo el tiempo?

Sus profundos ojos verdes se encontraron con los míos y el tiempo pareció detenerse, mientras ambos aguardábamos por su respuesta.

Un celular sonó en ese preciso instante.

–Tanya, Hola ¿Cómo estás? – dijo él a la chica que hablaba al otro lado de la línea.

Me dejé caer de espaldas hacia la cama y me cubrí parte del rostro con mi antebrazo. Inexplicablemente, me sentí muy molesta. Cerré los ojos y comencé a llenarme la mente con letras de canciones para no prestar atención a esa charla totalmente ajena a mí, lo cual fue realmente difícil, sobre todo cuando los minutos pasaron y Edward seguía con su orejota pegada al celular.

Suspiré, exasperada. ¿Por qué simplemente no salía de la habitación y me iba a caminar por ahí? Ese sería el remedio perfecto, pero una vocecita interior se empeñaba en buscar excusas y más excusas para tenerme aprisionada entre esas cuatro paredes.

Me arranqué el bigote y me solté el cabello, mientras tanto. Si iba a estar encerrada, no tenía por que seguir disfrazada de hombre. Él me dedicó una mirada fugaz, después regresó a su plática.

Cogí el libro que había empacado en mi mochila y que tenía planeado comenzar a leer este fin de semana. Paseé mis ojos por la primera página, pero no lograba entender ni una sola palabra.

¡Maldición! ¿Qué me pasaba? ¿Por qué no podía concentrarme?

–Bien. Cuídate. Hablamos después.

Solté un incontenible suspiro cuando al fin se dignó a colgar.

–Vaya, ¿Y tú eres el que dice que la dependencia hacia tu pareja es mala? – Declaré, sin poder reprimirme – Mira que hablar cerca de una hora con tu chica no es una actitud muy independiente que digamos

Él soltó una risita y después dijo, como si yo nunca hubiera hablado.

–Hola, Bella. Me da gusto verte

Agggg. Idiota. Sentí que las mejillas se me incendiaban de puro coraje. ¿Cómo podía llegar a ser alguien tan insoportable?

Le di la espalda, para ahorrarme la terrible molestia de ver su cara. Sabía que mi comportamiento era demasiado infantil, pero no lograba controlarme. Había algo en Edward Cullen que me transformaba. Algo indescifrable en sus ojos, su voz, su personalidad, que despertaba cada emoción habida, llevándola al máximo y revolviéndola con otros sentimientos para crear una mezcla confusa, deliciosa, a la cual, después, sabría cómo nombrar...

Ahora no.

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Hola ^^. Si, sé que he tardado mucho en actualizar, pero ya saben mis motivos: la "bendita universidad" Aún así, espero este capítulo les haya gustado ^^. Les advierto que es la primera parte, todavía viene lo mejor mujajajaja *risa malvada*. Así que ¿me dan un poco de su paciencia? *-*. Tengan compasión de una seudo-escritora con problemas de tiempo, ¿vale?

Un saludo a todos. Gracias por leer y tomarse el tiempo de dejarme sus críticas ^^. Bien saben que son mi mayor pago y satisfacción ^^.

Hasta pronto, nos leemos en el siguiente capítulo.

Atte

AnjuDark