Capítulo: Un "Maravilloso" Fin de Semana, parte II:
Durmiendo con el enemigo.
BELLA POV
Eran casi las once de la noche para cuando Jasper y Alice se dignaron a regresar y fue, hasta entonces, que la respiración resultó ser un poco más fácil.
Me sorprendía que aún siguiera viva, habiendo estado con Edward todo ese tiempo. ¡El chico realmente era insoportable! No importaba si estuviera hablando o en silencio, su simple presencia provocaba una tensión que erguía mi cuerpo y erizaba mi piel.
El pequeño par de futbolistas penetró la habitación. Sus rostros lucían cenizos y demacrados.
—¿Se encuentran bien? – pregunté. Ambos arrastraron sus pies hacia la cama, se dejaron caer sobre ésta y suspiraron profundamente, casi con alivio
—Estamos muertos – contestaron al mismo tiempo.
No pude evitar soltar una risita. Era sorprendente cómo sus movimientos estaban tan sincronizados.
—Estuvimos entrenando todo este tiempo – agregó Alice – no aguanto mis pies. Sólo... solo quiero dormir
—Igual yo – acordó Jasper.
–No sería mala idea que descansaran – asentí, poniéndome de pie y caminando hacia ellos – pero, primero, creo que deberían de darse un baño. ¡Miren cómo están! Tan sucios. No pienso dejar que cierren los ojos en estas condiciones
Jalé a cada uno hacia el frente, para que se levantaran de la cama
—A bañarse – indiqué.
Ambos muchachos empezaron a rezongar y una risita se escuchó a mis espaldas.
—Vamos, no se comporten como niños pequeños – apoyó Edward, plantándose a mi lado – hagan caso a mamá.
Le dediqué una mirada envenenada, la cual él ignoró, mientras mi hermana y su compañero apretaban los labios para no reír.
—Iré yo primero – anunció Alice, extrayendo de su mochila su pijama – en seguida vuelvo.
—¿Quieres que te acompañe? – ofrecí. Me preocupaba el hecho de que el baño fuera compartido y estuviera fuera de la habitación.
Ella negó con la cabeza y sonrió
—Es casi media noche. No creo que me encuentre con alguien más
No me quedó de otra que aceptar que fuera sola. Sabía que Alice no le gustaba sentirse tan protegida. En cuanto regresó, se dirigió hacia la cama y se metió entre las sabanas, quedando profundamente dormida, al instante.
ROSALIE POV
"Creo que es mejor que las cosas sigan como están, Rosalie"
—De ninguna manera – siseé. El sueño se negaba a llegar. El rostro de Emmett cubría todos mis pensamientos. Él no me iba a olvidar, no tan fácilmente y mucho menos por esa mocosa.
Me levanté de la cama y comencé a deambular por la sala, totalmente a oscuras. Era una suerte de que Charlie no estuviera en casa. Pero, sobre todo, agradecía la ausencia de Bella.
Estar a solas era lo que más necesitaba para idear un plan. Si Emmett tenía una relación con "Pamelita", yo iba a procurar que ésta no durara mucho tiempo. Él tenía que ser mío, no podía ver a nadie más que a mí... no podía amar a nadie más que a mí.
Debía de haber una manera para que él aceptara estar conmigo, aún sabiendo que yo estuviera con Royce. Por que, obviamente, no tenía pensado dejar tal mina de dinero.
—Piensa, Rose, piensa – musité, mientras veía hacia la ventana.
Una acalorada pareja no dejaba de besarse en una oscura parte del patio. Fue ahí cuando encontré la iluminación que necesitaba.
Sonreí maliciosamente.
¡Claro! ¡¿Cómo no se me había ocurrido antes?! Emmett era un hombre, claro está... Y, como todo hombre... tiene "debilidades" que la carne no puede rechazar.
Pamela era guapa, pero no tanto como yo. Su cuerpo, en comparación al mío, era sencillo. Aún sí Emmett ya la hubiera llevado a la cama, estoy segura que yo era capaz de provocar el doble de deseo que ella. Sólo bastaba la vestimenta y el momento correcto.
Y el momento correcto era ahora, que estaba sola en mi casa. Sólo necesita una buena excusa para hacerle venir... La cual sólo me tomó tres segundos en idearla. Caminé, a grandes zancadas, hacia el cuarto y cogí el teléfono móvil que Royce me había regalado.
Marqué el número de Irina.
—¿Diga? – la voz de mi amiga se escuchaba perezosa. La había despertado
—Irina, Habla Rose
—¿Rose? ¿Qué sucede? Es demasiado noche, ¿Estás bien?
—Lo estoy – aseguré – pero necesito que me ayudes en algo
—¿Para qué?
—Necesito que le hables a Emmett por teléfono y le pidas que venga a mi casa
—¡¿Qué?!
—¡Shh! ¡Déjame terminar y pon atención!– Exigí – Le vas a decir que me marcaste a mi celular por que sabías que este fin de semana iba a estar sola. Entonces, yo te contesté y me escuchaste "Extraña". Le dirás también que estás muy preocupada, por que la línea se cortó y ya no pudiste volverte a comunicar conmigo; estás desesperada, pero tus padres no te dejan salir de casa. Así que, como él es el único que está más cerca, le pedirás de favor que venga a verme. ¿Entendiste?
—Pero, ¡Rose! ¡Es muy noche para hacer ese tipo de bromas! Además – agregó – ¿Para qué quieres a Emmett? ¿No se supone que lo dejaste por Royce?
—Irina, no te hablé para darte explicaciones, si no para pedir tu ayuda – recordé, con voz amenazante – Necesito que Emmett venga a mi casa.
Escuché cómo mi amiga suspiraba, al otro lado de la línea
—De acuerdo – accedió – En seguida le marco.
—¡Perfecto! – Asentí – ¡Gracias! Descansa y... disculpa por interrumpir tus sueños.
EMMETT POV
Me hallaba en la cocina, como un sonámbulo vagando a media noche. Dormir me era prácticamente imposible. Tantas cosas habitando en mi mente me impedían descansar
Mi mirada se centró en la bolsa de galletitas horneadas que Pamela me había hecho y regalado. Cogí una y me la llevé a la boca. Sonreí, mientras disfrutaba de su dulce sabor y recordaba lo que esa tarde había pasado entre nosotros: Nuestro primer beso.
El momento había sido tan... delicado. Jamás antes había conocido a una muchachita tan inocente y buena. Y fue eso, su bondad precisamente, lo que me había animado a querer dar un paso más en nuestra relación.
En Pamela veía a la ternura reencarnada. Estar con ella me llenaba de tranquilidad, me hacía sentir bien. Entonces, ¿por qué no hacerla mi novia?
La pregunta había salido de mis labios, un poco titubeante, pues aún aguardaba mis dudas, pero, ¿Por qué no arriesgarse un poco?
"¡Oh, vamos! Es obvio que haces todo esto para olvidarte de mí"
¡No! No era eso. Yo... en verdad sentía algo por Pamela. Nada comparado con ella, si me quería sincerar, pero... Las cosas podían cambiar con el tiempo, ¿no?
Resoplé y hundí mi rostro entre mis manos. ¿Por qué no podía olvidarla, a pesar del daño que me hacía quererla? Tenía que haber una manera de arrancarla de mi vida...
En eso estaba pensando cuando mi celular sonó.
Contesté rápidamente, sin ver si quiera quién llamaba, para que mis padres no despertaran.
—¿Diga?
—¿Emmett?
—Irina – reconocí, extrañado
—Disculpa que te hable tan noche, ¿Te desperté?
—No. No hay problema, ¿Qué sucede?
La muchacha tardó tres segundos en contestar —¿Irina? ¿Estás ahí?
—Eh, si, Emmett. Verás, yo te marcaba por que... estoy preocupada por Rose.
—¿Rose? ¿Qué pasa con ella? – la preocupación fue inevitable
—Hablé a su casa tiene poco, pero se escuchaba "extraña", algo enferma. Estoy preocupada, ya que la línea se cortó y no he podido volverme a comunicar con ella. Temo que algo le haya pasado. No sé si sabes, pero este fin de semana iba a estar sola... Tal vez te esté causando una gran molestia –agregó – pero me gustaría que fueras a verla...
—Si – contesté rápidamente. De hecho, ya me encontraba abriendo la puerta desde antes de ella me lo pidiera – voy para allá. Te marco en cuanto sepa algo.
—Gracias, Emmett. Suerte
Cerré el celular y subí corriendo las escaleras. La casa estaba oscura. Toqué la puerta un par de veces, pero no hubo respuesta alguna. Entonces comprobé que estaba abierta.
El miedo inundó cada uno de mis sentidos. ¿Y si alguien había entrado...?
—¿Rose? – llamé, traspasando el umbral. Nada. Solo el silencio me contestaba – ¿Rose?
—¿Emmett? – escuchar su voz delicada supuso un alivio. Caminé hacia la puerta que me dirigía aquel sonido suave, casi inaudible.
—¿Rose? ¿Estás bien? – pregunté, frenando al instante, al ver su silueta dibujada entre la oscuridad.
Mis ojos se dilataron ante la imagen con la que se encontraron y entonces comprendí, al verla de pie, como si nada, luciendo un ligero y pequeño camisón, que todo esto había sido una trampa.
.
EDWARD POV
—¿No te vas a bañar? – le pregunté a la castaña, sólo para romper aquel silencio sofocante que se había levantado entre nosotros desde que Jasper se había marchado de la habitación.
Y es que, prácticamente, estábamos solos otra vez. La pequeña Alice estaba completamente entregada en brazos de Morfeo, ajena a la pesada atmosfera que había entre su estresante hermana y yo.
—No, hasta mañana – contestó, a regañadientes – está haciendo mucho frío.
—No creo que sea buena idea – discutí. Aunque, la verdad, sí, la temperatura había descendido violentamente esa noche
—¿Ahora planeas decirme qué debo o no hacer?
—Era sólo un consejo – me defendí. Era imposible hablar con esa chica – Pero claro, si quieres deleitarte un poco la pupila, adelante.
—¿Deleitarme la pupila?
—Se supone que en esta pensión solamente hay hombres – recordé – y el baño es compartido.
—¿Y eso que tiene que ver?
Puse los ojos en blanco.
—Obviamente, no te bañas con ropa, ¿O si, Bella? Digamos que los hombres nos sentimos más en confianza cuando sabemos que no habrán miradas lujuriosas rondando por ahí. No sería de esperarse que, si mañana te quisieras bañar a medio día, encontrarías a más de dos "detalles" que probablemente te intimidarían.
Noté cómo el rubor cubría a sus mejillas, poco a poco. Inevitablemente, sonreí. Esa forma de fruncir sus cejas, el modo en que se mordía el labio inferior y empuñaba sus manos, al mismo tiempo que sus ojos se oscurecían. Todo eso... la hacía verse tan... tan...
—Edward – Salté al escuchar la voz de mi hermano – El baño ya está desocupado.
—Si – contesté rápidamente – en seguida voy.
Aún me sentía un poco mareado para cuando ingresé a la regadera. ¿Qué era lo que tenía esa muchachita que me llamaba tanto la atención? ¿Por qué su coraje me deleitaba tanto? No encontraba las respuestas. Me era inadmisible el pensar que me atrajera, aunque fuese lo más mínimo. ¿Cómo? Si solo nos las pasábamos peleando. Era ridículo. Iba contra la lógica. Además, Isabella no era el tipo de chica que me gustaba. Digo, ¡Era todo lo contrario a Tanya!: torpe, absurda, nada femenina, agresiva...
¡BA! ¡Ni si quiera debería de estar pensando en ella! La alejé de mi mente lo más estrictamente posible mientras regresaba a la habitación.
—Pensé que te bañarías hasta mañana – dije, al ver que tenía entre sus manos las cosas listas para ir a la ducha.
—Púdrete – murmuró, empujándome hacia un lado, para dejarle el camino libre. Al salir, azotó fuertemente la puerta.
Jasper soltó una risita
—Las Swan tienen personalidades fuertes
—Lo que esa muchachita tiene es un problema – discutí – estoy seguro de que Alice es mucho más amable
—Alice es... especial – dijo mi hermano, fijando su mirada en la pequeña que dormía – no es como las otras chicas, ¿sabes? Tiene algo diferente... – enmudeció al percatarse de que, probablemente, había soltado de más.
—¿Es mi imaginación o, al parecer, aquí tenemos a un "enamorado"? –pregunté, con tono juguetón.
—¿De qué hablas? – tartamudeó
—¿Te gusta Alice Swan?
—No – contestó, aterrorizado – ella es... mi amiga. Sólo eso.
—Está bien – decidí dejarlo en paz – si tú lo dices...
El ligero rechinar de la cama contigua llamó nuestra atención y nuestros ojos se dilataron al ver a Alice de pie, más no despierta.
Nos quedamos como idiotas un momento, esperando a que se nos pasara el susto, mientras ella daba un paso hacia el frente.
—¿Qué le pasa?
—Creo que... creo que Alice es... sonámbula – dije.
—¡¿Sonámbula?!
—¡Shhh! – susurré – ¡No hables fuerte, la puedes despertar!
—Entonces, ¿Qué hacemos? Bella no creo que venga ahora, se acaba de ir.
—Dicen que los sonámbulos se mueven por que quieren algo en especial – recordé
—¿Algo en especial? ¿Qué podría querer Alice a estas horas?
Volvimos a mirar a la pequeña que permanecía de pie, con los ojos cerrados. Entonces, ella dio otro paso y comenzó a caminar hacia la puerta.
—¡Quiere salir!
Jasper corrió y la tomó por el brazo. Aguantamos la respiración tres segundos, esperando a ver si se había despertado, pero, para fortuna nuestra, no fue así.
—No la sueltes – me acerqué lentamente para ayudarle, pero ni bien había puesto la yema de mis dedos sobre su piel, ella me propinó un acertado manotazo en mi cara. Auch. – Parece que no quiere que la toque – advertí – Creo que tendrás que hacer esto tú sólo. Tráela hacia la cama, con cuidado.
Jasper asintió y comenzó a jalar de la adormecida muchacha, poco a poco y en completo silencio
—Ya casi está – animé, mientras él la empezaba a acomodar sobre la cama – ¡Falta poco!
Pero en ese preciso instante, Alice alzó los brazos y los enrolló alrededor de mi hermano
—Jazz... – susurró, atrayéndolo hacia sí.
El rubio enrojeció instantáneamente y quedó petrificado en la delicada cárcel que le envolvía.
—Edward... ayúdame
—Tranquilo – calmé, intentando liberarlo; pero fue prácticamente imposible, sobre todo cuando ella lo jaló hasta que ambos quedaron acostados en la cama
No podía concebir un rostro mucho más pasmado y colorado que el de mi hermano menor. Por un momento pensé que podría sufrir un ataque cardiaco. Casi puedo jurar que faltó poco para que se desmayara en los brazos de su "raptora"
—Creo que... tendrás que dormir esta noche con Alice, hermano.
—Pero...
—Vamos, no es tan malo – interrumpí – créeme, la peor parte me la llevaré yo, cuando Bella entre y me pida una explicación de todo esto.
Y, realmente, no me equivocaba.
Para cuando la castaña regresó, lo primero que sus ojos contemplaron fue la tierna escena de nuestros dos pequeños hermanos, acostados muy juntos, en la misma cama.
—Y esto... ¿Qué significa? – pidió saber, con una tranquilidad escalofriante, mirándome fijamente.
De repente, temí por mi vida.
—Eh... yo... ¿Sabías que Alice es sonámbula? – mejor limpiarme las manos desde el principio.
La expresión de su rostro cambió al instante
—No me digas que se ha despertado
—Pues eso que ves, no es precisamente una escena romántica – (aunque realmente lo parecía. Jasper había quedado dormido tenía poco y se veía muy cómodo... y ni qué decir de Alice) – tu hermana comenzó a caminar dormida y luego capturó a Jasper y lo obligó a acostarse con ella, literalmente.
—Oh, vaya – susurró Bella – lo siento... Alice no acostumbra a hacer eso; supongo que son los nervios por el partido de mañana.
—Si – acordé. Ninguno de los iba a aceptar, en voz alta, que entre nuestros pequeños hermanos había algo más – el partido. Incluso también el frío...
—El frío – asintió.
El silencio reinó otro momento entre nosotros y supe que a Bella le había asaltado la misma duda que a mí, al mismo tiempo, al encontrarme con el castaño de sus ojos.
—Una de las dos camas está ocupada – señalé, con patética torpeza. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué estaba, repentinamente, tan nervioso?
Ella se limitó a asentir, mientras se mordía el labio inferior. Me obligué a desviar mi atención de ese gesto tan tentador. Carraspeé un poco, para concentrarme y no tartamudear.
—Supongo que tú y yo... vamos a tener que dormir juntos – no funcionó. La última línea había salido de mi garganta como un débil y entrecortado susurro.
—El suelo se ve muuuy acogedor – apuntó – ¿No te apetece pasar la noche en esa superficie tan... plana?
—¡¿Qué?! ¡No! – refuté – discúlpame, pero yo no pienso dormir en el suelo.
—Y yo no pienso dormir en la misma cama que tú – soltó, indignada.
—Entonces, Isabella, hay mucho suelo para que duermas Tú en él – solucioné – si gustas, te cedo una sábana para que estés más cómoda.
—La caballerosidad no es una de tus cualidades, ¿Verdad?
—No pienso pescar una pulmonía sólo por tus caprichos
—¿Caprichos?
—¡Si! ¡Caprichos! – rectifiqué. Ella apretó los labios y cuadró la mandíbula. Luego, cerró los ojos y tomó una bocanada de aire
—Tienes razón – cuando habló, su voz era más sosegada – discúlpame. Es sólo que...
—Estás nerviosa...
—Si... Digo, ¡No!
Solté una risita, tratando de no perder la cabeza por ese tono rosado que adornaba sus pómulos.
–No pasará nada. Te prometo que te daré el mayor espacio que sea posible– tranquilicé, al ver lo incomoda que estaba – el que durmamos juntos no significa nada. No es por gusto, si no por necesidad. Si no hiciera tanto frío, créeme, aceptaría dormir en el suelo y te dejaría la cama para ti solita; pero... imagino que ahora estamos a menos de siete grados de temperatura y no quiero morir de una hipotermia.
Ella sonrió ligeramente, casi de manera imperceptible. Pero la incomodidad seguía ahí, me lo decía la forma en que sus ojos esquivaban los míos. Lo sabía por que yo estaba en la misma posición...
...
Y bien, finalmente, ambos estábamos ahí: sentados, cada uno de en los extremos opuestos de la cama, dándonos la espalda y sin decir ni si quiera "mu"
—Supongo que... ya es hora de acostarnos – ¡Cielo santo! ¿Por qué se me quebraba la voz?
—Si, ya es tarde...
Levanté la parte de las sabanas que se encontraban a mi orilla y me metí debajo de ellas. Suspiré. "No pasa nada" intenté calmar mis nervios "no es como si fuera a pasar algo entre nosotros sólo por dormir juntos"
—¿Apago la luz? – ofrecí, ya que el interruptor estaba casi a mi lado.
—Espera –pidió, poniéndose de pie y caminando hacia la cama en donde estaban Alice y Jasper para cubrirlos con otra manta.
No había prestado atención hasta entonces de la ropa que traía: una playera blanca y sencilla que se pegaba a su delgado cuerpo y hacía juego con unos oscuros pants viejos y holgados.
La frustración se hizo presente. ¿Cuántas veces no había visto a Tanya lucir pijamas muchísimo más "sexys" que la que portaba esa castaña? ¡Demasiadas! ¡Cualquier otra ropa era mucho más tentadora que esa! Entonces, ¡¿Por qué, maldita sea, mis ojos no paraban de contemplar la delicada línea de su cintura?!
—¿Qué?
Respingué al escuchar su voz y maldije interiormente.
—¿Qué de qué?
—¿Por qué me mirabas de manera tan... extraña?
¡Mierda!
—Veía que tienes muy desarrollados tus instintos maternales – no era del todo mentira. Desde que la había conocido, esa era una característica que la representaba.
—Sólo cuido de mi familia como cualquier otro ser humano lo haría – se encogió de hombros, quitándole importancia.
Modesta. También era muy modesta. Y sencilla...
Me alejé lo más posible de su lado, mientras ella se metía entre las sabanas y ocupaba su lugar.
—Tampoco es necesario que duermas con la mitad de tu cuerpo al aire – dijo, sin mirarme – Ya... Ya puedes apagar las luces.
—Si... Yo... apagaré las luces – mi mano temblaba para cuando la estiré hacia el interruptor.
¿Cómo describir lo que sentí en cuanto el cuarto quedó a oscuras? No lo sé. No hallaba las palabras para hacerlo. Quizás no quería hallarlas, por que no acabaría nunca. Por que era cobarde para aceptarlas.
—Hasta mañana – balbuceé.
—Hasta mañana – contestó ella, pero ninguno de los dos hizo algo más después de eso.
No nos dimos la espalda, como se suponía lo haríamos para marcar la línea que dividiría nuestro espacio. Tampoco cerramos los ojos. Al contrario, nos miramos fijamente, cada uno penetrando en las pupilas del otro, a pesar de la oscuridad que reinaba.
Algo brillante llamó mi atención entonces. Era la pulsera de plata que, sabía, le había regalado Jacob.
—¿Le quieres mucho? – pregunté, sin poderme contener.
—¿A quién?
—Al que te regaló esa pulsera
—Oh... – comprendió – Si. Jacob es... mi mejor amigo...
—Entiendo – taje. Por alguna insólita razón, no quería más explicaciones.
—Y tú... ¿la quieres? – supe de quién me hablaba.
—He estado con Tanya desde hace más de tres años...
—Esa no es una respuesta
—¿Ah, no? – sonreí. ¿Cómo había terminado hablando de mi noviazgo con la muchachita que más me irritaba en el mundo?
—El tiempo no es un factor muy confiable en la relación de las personas
—Entonces, ¿Cuál es? – quise saber.
—La pasión – contestó – El deseo. La química que hay entre tu pareja y tú.
—¿La química? ¿Qué es eso?
—¿No sabes qué es? – se extrañó
—No creo que estés hablando de la materia en sí
Ella soltó una risita
—No. La química entre dos personas es algo... un poco difícil de describir. Yo no la he experimentado en carne propia, así que me es más complicado, pero sí creo en ella. Dicen que es mágica.
—Mágica – repetí, sin darme cuenta de lo absorto que estaba en su mirada.
—No sentirías lo mismo si besas a otra chica que no sea Tanya – explicó – experimentarás diferentes emociones dependiendo de la persona con la que estés. Una más fuertes que otras, esa es la química
Recordé entonces cuando la besé aquella tarde. La mezcla infinita de sensaciones que me envolvió la piel, el deseo indomable de no soltarla jamás, la viva necesidad de probar más de su sabor, hasta extasiarme de él.
Un ardor se me hizo presente. El fuego habido en mi estomago se había expandido hasta la punta de mis dedos... El deseo había vuelto a renacer
—¿Quieres decir que, si te beso...o tú me besas...?
—Probablemente no sentiríamos nada, ninguno de los dos – susurró.
—Si – acordé, más mi mano, como si vida propia tuviera, se dirigió hacia su rostro. Y mi cuerpo se acercó al suyo, como si de dos polos opuestos se trataran – Probablemente no sentiríamos nada...
Y eso... fue lo último que dije, antes de que mi boca, con desesperación, buscara a la suya. Y mis labios se abrieran paso entre sus labios, cálidos, deliciosos, únicos... adictivos.
Como los de nadie.
Muajajaja. Sé que más de una querrá matarme por esto, pero... lo siento XD. Saben que es parte de mi naturaleza hacerlas sufrir muajajaja. En fin, ¿Qué les pareció? No se me desesperen por las que quieren saber sobre Alice y Jasper, Nuestro "maravilloso" fin de semana aún no termina. ¡Viene la parte III!
Gracias por toda su paciencia y sus comentarios. ^^ Saben que me alegran el día, así que... cualquier amenaza de muerte, aclaración, halago, tomatazos, favor de pinchar el botoncito verde de abajo.
Hasta pronto.
AnjuDark
