Capítulo 25: Ironía.
.
Rosalie POV.
Fruncí los labios y me mordí fuertemente la lengua para ahogar las lágrimas que exigían salir de mis ojos. No, por nada del mundo iba a permitir que toda esa gente, repentinamente atiborrada en mi casa, me viera llorar. Me obligué a mantener la frente en alto y el rostro sereno. Actitud firme ante todo. Desde pequeña había sido orgullosa. No había llorado cuando nuestra madre había muerto y era apenas una niña, ¿Por qué habría de hacerlo ahora? Demostrar debilidad sólo te hace vulnerable ante los demás. Provocas risas, pena, lástima… Y, aunque el sentimiento de soledad golpeaba fuerte, debía de aprender a soportarlo.
Mi padre había muerto. Lo único que ahora nos quedaba era su recuerdo… y la cruel sapiencia de que ya no teníamos a nadie más en el mundo. Empuñé mis manos y maldije al tortuoso nudo que cerraba mi garganta. No iba a llorar. No iba a permitir que la gente volteara el rostro y dijera "Pobre niña". Jamás…
—Rose
Emmett apareció repentinamente a mi lado. Irónico, ¿Verdad? En las últimas semanas había deseado tanto que se me acercara, que me volviera a buscar. Y ahora, que ahí estaba, tomándome de la mano, lo único que deseaba era que se fuera. No quería a nadie junto a mí; por eso mismo me había ido a refugiar en la esquina más apartada de la pequeña habitación.
—Quiero estar sola – dije, queriendo deshacer nuestra unión, pero él lo impidió.
—Lo siento mucho…
— Vete – interrumpí. No quería escuchar palabras de consuelo.
—Rose…
Me puse súbitamente de pie. Si él no se iba a ir, lo haría yo.
—Espera – me detuvo.
—No quiero tu lástima – siseé, mirándole ásperamente a los ojos – Suéltame – e intenté alejarme otra vez, pero sus brazos me jalaron hacia su cuerpo y, sin que yo pudiera hacer algo para evitarlo, me envolvieron cálidamente entre ellos.
—Llora – musitó.
Negué frenéticamente con la cabeza.
—Largo – dije una vez más
—No – contestó y, entonces, con un movimiento rápido y preciso, me jaló hacia la recamara y cerró la puerta tras su espalda —Estamos solos – indicó, volviéndome a abrazar en la oscuridad – Nadie te ve. Ni si quiera yo. Ahora puedes llorar.
—Llorando no voy a revivir a mi padre – discutí
Sus brazos me apretaron más fuerte hacia él. —¿Porqué tanto miedo? No pasa nada si flaqueas un momento. Has aguantado mucho. Vamos, estoy aquí, no te dejaré caer.
Mis ojos se encontraron con los suyos. Eran suaves, gentiles, cariñosos…
No pude soportar más… lloré. Pequeñas lágrimas se derramaron por mis mejillas, mientras mi rostro se hundía en su pecho y él, en silencio, se limitaba a acariciar mis cabellos. Desconozco cuánto tiempo permanecimos de esa manera. Pudo haber durado un minuto o una hora. Emmett no dejó de abrazarme hasta que mi llanto cesó hasta convertirse en un susurro casi apagado.
—¿Te sientes mejor? – preguntó finalmente. Asentí. – ¿Quieres salir y tomar algo?
Lo dudé un momento, pero sus manos asieron amablemente las mías y me condujeron hacia afuera. Traspasar esa puerta fue como cambiar de una dimensión a otra; pues, al otro lado de ésta, ella lo esperaba.
..
..
..
JASPER POV
Me perdí en la delicadeza de su rostro, mientras dormía. La cubrí, lo más cuidadosamente posible, con una sábana. La noche era fría y, en ese momento, ella lucía mucho más frágil, como si el más mínimo soplo de viento le pudiera llegar a herir.
Me hinqué para quedar a su altura. Sus negros y largos cabellos caían por su cara de duendecillo triste. Una lágrima se derramó por sus mejillas. Y esa pequeña gotita salada me caló hasta el fondo de mi alma.
—Como me gustaría entrar en tus sueños y arrancarte esas pesadillas – murmuré, mientras enjuagaba la tórrida lagrimita, tratando de no despertarla.
No sé si era la situación en la que nos encontrábamos, en la que yo estaba perfectamente consciente del giro tan drástico que había dado su vida, pero aprecié su rostro de una manera diferente, mucho más delicado y tierno. Aún entre la maraña oscura que se regaba por él… comprobé que era hermoso. Lo acaricié sin poder contenerme y suspiré, mientras en mi pecho se arremolinaban miles de emociones indescifrables.
Ella despertó lentamente. Antes de que sus ojos se abrieran por completo, su mano había capturado la mía y la había apretado hacia su mejilla.
—Se siente bien… - murmuró. Nuestras miradas se encontraron. – ¿Te puedo pedir algo?
—Lo que quieras – contesté, perdiéndome en la lluvia triste que empapaba sus pómulos – Lo que quieras, Alice.
—Abrázame – musitó, de manera tan bajita que fue como si su voz hubiera hablado dentro de mis pensamientos.
Obedecí al instante. Enrollé mis brazos a su alrededor y la atraje hacia mí. Ella hundió el rostro en mi pecho y sus manitas se aferraron a mi playera. Y lloró, lloró a más no poder. Y sus lagrimas eran como un acido que traspasaba mi piel y me hería el corazón.
—Tengo miedo, Jazz – confesó
Tomé sus mejillas entre mis manos
—Mírame, Alice – pedí – No tengas miedo. Tienes a tus hermanas, a tus amigos… Me tienes a mí. Yo nunca te voy a dejar sola. Siempre estaré contigo.
..
..
..
EDWARD POV
"Lideres de peligrosa banda de estafadores y extorsionadores son detenidos ayer por la noche, a orillas de Forks... Apreciado policía murió en el tiroteo"
Doblé el periódico a la mitad y lo arrojé hacia un lado. Todo esto era irónico. ¿Quién lo diría? Charlie había muerto por capturar a quienes nos habían estafado. Nosotros, en unos cuantos días, tendríamos nuestro dinero. Y, sin embargo, ellas… ya no tendrían a su padre nunca más.
Dicen que es ley de la vida el que unos pierdan para que otros ganen. Me resultaba difícil aceptarlo en ese momento cuando ella estaba ahí… sufriendo.
Quería acercarme, pero me daba miedo hacerlo. ¿Cobarde? Probablemente, sí. Desde la noche pasada en que le había dado la noticia me había mantenido lejos de ella. De igual manera había sido en el entierro, había aguardado mi distancia. ¿Por qué? No lo sé. Quizás estaba aterrado al no saber qué decirle para consolarla. Quizás también se debía a que Jacob había estado con ella todo el tiempo y, no se necesita ser muy inteligente como para saber que él, su novio que le conoce desde hace años, sería mejor compañía que un desconocido con el cual suele discutir todo el tiempo.
Pero ahora estaba sola. Él se había ido tenía poco y esta ansia de ir a su lado… fue incontrolable. Me acerqué poco a poco, en silencio. Ella no pareció darse cuenta y, si lo hizo, no me tomó importancia. Me senté a su lado, en el desgastado sillón de su casa. Estábamos solos en la diminuta sala. Mis padres –que se habían negado en dejarlas solas-habían salido un momento. La policía había llegado y tenían que contestar algunas preguntas. Jasper estaba con Alice en la habitación. Emmett había ido a dejar a su novia a su casa y Rose se encontraba afuera, sentada sola en las escaleras del patio.
Me atreví a mirarla. Estaba ahí, acurrucada en el sillón, abrazando a sus piernas y con el reflejo de sus pupilas opaco, fijo en la nada. Mi mano se movió por si sola y tomó una de las suyas. Ella respingó y volvió el rostro en mi dirección. Sus ojos se encontraron con los míos y algo extraño pasó en mi pecho al no hallar en ellos nada, más que dolor.
Hubo silencio. Un silencio en el que su melancólica mirada era la que hablaba y me confesaba cuánto miedo tenía. No pensé en lo que hacía, simplemente me dejé llevar por esa voz interior que me decía "Abrázala" y así lo hice. La atraje hacia mi pecho y la apreté hacia mí.
Fue extraño. La sentí temblar bajo mis brazos y deseé, con toda el alma y el corazón, poder arrancar su dolor, volverlo mío si fuese necesario, para que ella dejara de sufrir. Un sollozo se escapó de sus labios. Estaba llorando. La envolví con más fuerza, angustiado, maldiciendo al destino por hacerle daño. Besé sus cabellos, empapado de aflicción. Era extraño (ya lo he dicho)… Era como si mi alma se hubiera fusionado con la suya, para así apreciar, a la perfección, toda su tristeza.
Se alejó al poco tiempo, con el rostro inclinado hacia abajo y oculto por una cascada de cabello color chocolate. Era claro, no le gustaba que le vieran llorar; pero no hacerlo era inevitable. Pequeñas y discretas gotitas cristalinas caían y manchaban la tela del sillón. Otro movimiento inconsciente: la yema de mis dedos se deslizó por su mejilla derecha. Me miró. Sus ojos profundos y grandes me estremecieron…
—Estoy aquí – musité, sin detenerme a reflexionar sobre mis palabras. No quería hacerlo, no en ese momento. El Edward calculador y "realista" se había ido lejos en ese par de minutos.
Pegué mi frente con la suya y capturé su rostro con ambas manos. Ella cerró los ojos
—Estoy aquí – volví a murmurar
Asintió. Su entrecortado aliento golpeaba mis parpados, me embriagaba. No había conocido antes un ser tan frágil y, a la vez, tan fuerte. No había sentido, nunca, esta necesidad de proteger a alguien. Mi corazón latía pausadamente, pero con intensidad; golpeaba mi pecho. ¿Qué es esto? Me preguntaba, mientras cerraba mis ojos. ¿Qué es ésta mezcla de sensaciones que maravillan y aturden al mismo tiempo? ¿Será acaso que yo…?
—¿Edward?
La voz de mi madre nos hizo saltar a ambos. Solté el rostro de Bella para caminar hacia la puerta y abrirle.
—¿Todo bien? – preguntó al verme.
La verdad, no.
—Sí – Mi celular timbró – Es Tanya…
—Contesta – sonrió – yo iré con Bella.
—Gracias – entre más lejos esté de ella, mejor. Cerré la puerta y bajé las escaleras – Hola, Tanya, ¿Cómo estás?
—¡Edward! – Se escuchaba aliviada – te he estado marcando desde ayer y no contestabas. Me tenías preocupada. Marqué a tu casa, tu mamá ya me contó lo que pasó. Siento mucho lo de tu amiga.
—Bella no es mi amiga. Es solo… una compañera.
—Tienes razón. Oye – agregó, con voz un poco más tímida – sé que… no es el momento. Pero Esme me dijo que toda la fortuna que les robaron les será devuelta. ¿Es eso cierto?
—Así parece – asentí
—Y eso… ¿Significa que por fin regresarás a Italia?
..
..
..
Y el tiempo pasó. Un día, dos, tres… Mientras se hacían los trámites necesarios para que nuestra fortuna regresara, yo solo era capaz de ver cómo Bella luchaba y seguía adelante, al igual que sus hermanas.
Cada día se había vuelto una guerra interminable, la cual ella desafiaba fieramente. Y era esa valentía, ese arrojo, lo que me prendaba cada vez más y más, sin que yo me diera cuenta.
Miré el calendario. La fecha marcaba que estaba a punto de cumplir ocho meses en Forks. El doble del tiempo que estaba decidido a pasar ahí. Un tiempo que se había vuelto inexistente y fugaz… como el latido de un agitado corazón.
—Edward, Jasper, Emmett, ¿Me están escuchando? – la voz de mi madre me extrajo de mis pensamientos. Miré a mis hermanos. Al parecer, no era el único que se encontraba distraído.
—Lo sentimos – se disculpo Jasper por los tres – ¿Nos decías?
—Nuestro dinero… está de regreso – dijo Carlisle, sin emoción en la voz.
A pesar de que varias semanas habían pasado tras la muerte de Charlie, aún seguía (y creo que siempre seguirá) atormentándonos la idea de que, gracias a ello, nosotros volvíamos a nuestra ostentosa posición económica.
—Podemos regresarnos a la mansión en este mismo instante – agregó Esme – Si ustedes quieren…
—No – contestamos los tres al unísono, con el mismo ímpeto, con la misma desesperación.
Mis padres respingaron.
—¿Cómo? – parpadeó Esme, pasmada – Si nosotros pensamos que ustedes…
—Costumbre – salió Emmett en defensa – Nos hemos acostumbrado mucho a vivir en la vecindad…
—¿Algún motivo en especial? – alzó Carlisle una ceja. El moreno tardó en contestar.
—Lo que pasa es que éste lugar es…
—Relajante – ayudó Jasper
—¿Relajante?
—Sí, RELAJANTE – afirmé yo también – Ayuda a… estudiar mejor.
—¡Exacto! – Asintió Emmett – ¡La escuela!
—Pero nosotros pensamos que ustedes querían regresar a sus antiguos colegios – musitó mi madre – Edward, ¿Acaso no piensas volver a Italia?
Mierda.
—Bueno, yo. Eh… falta poco para que termine el año. Puedo esperar…
Mi madre ensanchó una feliz sonrisa y se lanzó a mis brazos
—No sabes cuánto me alegra que quieras estar más tiempo con nosotros. Nunca lo habías hecho.
Cierto. Jamás lo había hecho. Siempre huía de Forks, porque me aburría, me desesperaba y el tiempo se me hacía exageradamente largo y pesado. Sin embargo, ahora era diferente. La verdad era que… no quería irme. No sabía porqué – por idiota no quería aceptarlo, puesto que estaba más que claro – pero quería quedarme ahí… por siempre.
—Bueno, supongo que podemos esperar otro poco – sonrió mi padre – unos cuantos días más.
..
..
..
BELLA POV
—¿De dónde conseguiste este dinero, Rose? – exigí saber
Mi hermana se levantó del asiento, exasperada
—¡Por Dios, Bella! ¿Es que nada de lo que yo te hago te parece?
—Solo te estoy preguntado de dónde lo obtuviste. Es demasiado
—Me lo dio Royce – confesó – ¿Contenta?
—Regrésaselo – ordené. Sus ojos brillaron con furia – Rose, ese tipo no me da confianza. Si te da tanto dinero… puede que algún día te pida algo a cambio.
—¿Te refieres al sexo? – Ironizó, con descaro – Bella, no soy tonta. Además, si ese fuera el caso, ¿Por qué no?
—¡Rose!
—Papá está muerto, Bella – recordó, de manera hiriente – Estamos solas. El dinero que nos dieron por parte de su trabajo apenas y alcanzó para el entierro. No quisiste aceptar la ayuda que los Cullen quisieron darnos, toleré eso, porque tampoco yo estaba dispuesta a aceptarles ni un solo centavo. Pero ahora, ¿Ahora cuál es el problema? Royce es mi novio. No es momento para ser tan moralistas.
—Hay opciones – dije – podemos trabajar…
—¡Trabajar! Hay, hermana, pecas de ingenuidad – Soltó una carcajada –Bella, por favor, acepta éste dinero – agregó, con dulzura, volviéndome a acomodar los billetes en la mano – úsalo. Lo mereces. Has hecho mucho por nosotras, eso no lo puedo negar, por eso te lo estoy dando.
—Rose…
—No te preocupes por mí – tranquilizó, acariciando mis cabellos – me sé cuidar sola. Además, el cumpleaños de Alice está en camino, cómprale algo. Vamos, acepta.
Suspiré. Sabía que esa era la forma de ayudar para mi hermana… No tenía opción.
—Que sea la última vez…
—No prometo nada –sonrió, mientras se ponía de pie – En seguida regreso
—¿A dónde vas?
—A dar un paseo. Vendré tarde, no me esperen.
Me desparramé en el sillón y cerré los ojos. No era fácil… nada fácil. Las vacaciones se avecinaban, eso significaba que podría conseguir otro trabajo por las mañanas. Miré el dinero que Rose me había dado. Tenía razón, el cumpleaños de Alice sería dentro de poco. Papá decía que para esa fecha nos llevaría a cenar a Port Angeles. Miré hacia la ventana. Llovía. Me puse de pie y me acomodé la chamarra. Quizás caminar me hacía bien.
—¡Ey! – frené automáticamente mis pasos al escucharle – ¿A dónde vas con este clima?
Le contesté con un encogimiento de hombros. Él soltó un suspiro.
—Qué loca manía tienes de mojarte – apuntó. Fruncí el ceño.
—Es… mi problema.
Advertí un brillo extraño en sus pupilas... Un brillo alegre.
—Es difícil ignorar a la gente que, como tú, hacen cosas extrañas
—¿Acaso no tienes nada mejor que hacer que juzgar a los demás? – exploté
Él sonrió
—Bella ha vuelto
—¿Qué dices?
—Al fin te comportas como la muchachita malcriada y orgullosa que eres – explicó – Ya te extrañaba.
Me obligué a bajar la mirada hacia el suelo.
—¿Eres una clase de masoquista o algo así?
—Quizás…
Volví a mirarlo. Su expresión era seria, la lluvia había mojado sus cabellos, provocando que éstos cayeran rebeldemente sobre su pálido rostro y, al centrarme en sus ojos, recordé cuánto me aturdía su verde color.
Un áspero carraspeo, muy cerca de mí, me regresó a la realidad.
—Jacob – reconocí a mi amigo – no te vi llegar
—No, claro que no lo hiciste – replicó, con amargura.
—Creo que lo mejor será que me vaya – terció Edward – aquí huele a perro mojado
Estaba a punto de protestar por ambas actitudes, cuando un estrepitoso sonido llamó nuestra atención. Alzamos la mirada y vimos que varios hombres se encontraban frente a la puerta de mi casa, azotándola con furia, hasta abrirla brutalmente.
—¿Pero qué mierda…? – musitaron Jacob y Edward al unisonó, mientras se lanzaban, escaleras arriba.
Corrí tras ellos – Mi torpeza me imposibilitó seguirle los pasos –. Intenté detenerlos, pero ninguno pareció escucharme. Atravesaron el umbral con agresiva coordinación, enfrentando al instante al número grupo de intrusos que, en menos de dos segundos, habían logrado destruir lo poco que había dentro.
—Miserables – gruñó mi amigo, estampando su puño en la cara del hombre más cercano a él.
Mi sangre –de por sí ya fría – se coaguló al ver que Edward le secundaba al poco tiempo. No sé en qué estaban pensando ese par de idiotas cuando creyeron que podían tener la más mínima oportunidad de ganar. Como era de esperarse, los delincuentes no tardaron en rodearles. Un muchacho de aspecto fornido se me acercó, sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Con un movimiento brusco, me acorraló contra la pared, golpeando mi frente contra ésta.
—Esto es por parte de nuestros jefes – me susurró al oído – Lo mejor es que tú y tus hermanas se larguen de aquí, si no quieren alcanzar a su padre siendo tan jóvenes
Apenas y estaba analizando lo escuchado, apenas y estaba apreciando el dolor causado por el impacto de mi piel contra la dura superficie, cuando me vi liberada.
—¡No la toques!
Imposible describir todo el miedo que sentí al ver a Edward retando a ese monstruo, el cual, con rabia mortal, desempuñó una navaja, claramente dispuesta a usar. Las secuencias de imágenes se tornaron lentas, volviendo esos cinco segundos en interminables horas. Aprecié el movimiento de su cuerpo esquivando hábilmente la filosa punta que amenazaba con herirle en cualquier momento; el par de patadas que logró darle a su oponente; la cólera que bañaba a sus pupilas y lo peor: el objeto punzo cortante enterrándose, finalmente, en su estómago.
Las sirenas de las patrullas se escucharon a lo lejos. Movida por una desesperación infinita, me lancé contra el joven delincuente y le grabé un fuerte puñetazo en la nariz. El cuerpo de Edward se recargó sobre el mío.
—¡Vámonos! – gritó uno de ellos, mientras encendía varios fósforos y los arrojaba hacia el suelo.
Entonces, me percaté de que toda mi casa había sido bañada con combustible. Una gigantesca llama surgió al instante. Empujé el cuerpo de Edward tres pasos hacia atrás
—¡¿Jake?! – llamé por mi amigo, desesperada por no poder encontrarle a través de la densa capa de humo que se había formado.
—Tenemos que salir de aquí – se me iluminaron los ojos al verle aparecer a mi lado, con el rostro totalmente ensangrentado. No estaba mucho mejor que Edward, hay que mencionar. Su cara tenía varios golpes y aberturas; pero, al menos, no tenía una incisión en el estomago. (Estaba completamente segura de que Jake no se iba a morir)
Entre los dos arrastramos el cuerpo de Cullen hacia la salida y bajamos a tropezones las escaleras
—Maldición – siseó, mirando hacia mí casa
—¡¿A dónde vas?! – exclamé, al verlo ponerse de pie
—A sacar todo lo que se pueda – contestó
"Perfecto". Esto no podía ir mejor. Mi casa y lo poco que teníamos se estaba consumiendo entre las voraces llamas que unos malditos delincuentes habían provocado en venganza por lo que mi padre había hecho, mi mejor amigo se había ido a tostar ahí dentro y Edward yacía entre mis brazos, con una herida que no me atrevía a ver qué tan grave era… pues temía que mi alma también se condenara con ello.
..
Vamos, vamos. No se me espanten; en esta historia nadie de los buenos muere (creo)- En fin, ¿Qué les pareció? Siento dejarlas así, pero el capítulo se me extendió (otra vez). Nos leemos pronto, eso espero. Mis clases ya comenzaron y no tardo en atiborrarme de tareas, trabajos y exámenes. Así que… les pido otra vez paciencia si llego a demorarme más con las actualizaciones. Gracias por su apoyo. Nos leemos pronto. Atte. Anju
