Capítulo 26: El ángel…
..
—Edward…
Alguien me llamaba, con su voz suave y agradable… vagamente conocida.
—¿Qué pasa? ¿Por qué no despierta?
¿Qué despertara? ¿Acaso estaba dormido?
—Necesita descansar, no te preocupes. Está bien. La herida no fue grave
Reconocí la voz de mi madre. ¿Herida? ¿Qué herida? No entendía nada. Silencio. ¿Qué estaba pasando? Intenté moverme, pero una lacerante punzada apretó mi costilla derecha y me inmovilizó.
—Tranquilo, no te muevas – otra vez ese sonido tan reconfortante. Sabía que le había escuchado anteriormente, pero, ¿En dónde? ¿Sería acaso que realmente estaba muerto y era un ángel quien me estaba hablando?
No, imposible. La muerte no podía ser así de hermosa y tranquila, menos para alguien como yo que siempre había puesto en tela de juicio todos estos conceptos del cielo el infierno. Un suave contacto tocó mi frente y se deslizó por mis mejillas, ¡Qué agradable era! Tan gentil y cálido…
—Por favor, despierta
Despertar, ¿Para qué? Se sentía bien estando así. Algo me decía que, si abría los ojos, esa caricia desaparecería. Se iría y ya no regresaría. Y yo no quería privarme de semejante sensación. Tomé un suspiro y llené mis pulmones con esa agradable fragancia que bailaba a mí alrededor. ¿Quién era? No era mamá, ni Tanya… ¿Porqué, entonces, se escuchaba tan angustiada por mí?
Una exquisita presión sobre mi boca me hizo estremecer y cambiar mi opinión sobre querer permanecer dormido. Mis brazos reaccionaron ante tal dulce sabor y se elevaron hasta alcanzar a quien provocaba tantas cosas en mi interior. Sentí sus labios moverse al lento compás de los míos, sentí su respiración chocar contra mi respiración y su aliento alimentar mi garganta.
Delicioso, único, espléndido… Podía apostar mi alma a que ya había experimentado esta misma necesidad de querer tener más de ese elixir adictivo antes, pero los recuerdos eran confusos. Finalmente, me decidí por abrir los ojos y así saber quién era la que amenazaba con robarme la vida entera con el sólo danzar de sus labios...
Bella, era ella y nadie más.
Nuestros alientos se acicalaban en la casi extinta distancia jadeante que separaba nuestras bocas. Nuestras pupilas fulguraban confundidas y temerosas. Con el tentador rubor pintado en sus mejillas, no volver a besarla fue prácticamente imposible. Enredé mis manos en su cabello y la atraje hacia mí, ignorando la molesta voz que me decía: Otra vez, estás siendo infiel y otra vez estás besando a, quien se supone, tanto te fastidia.
Y es que en ese momento Bella me hacía sentir todo, menos molestia.
—Espera, espera – frenó ella, haciéndome consciente de mí intento por acostarla conmigo en la cama – te puedes… lastimar más.
Mi mirada se dilató ante mi propio atrevimiento.
—Lo siento – musité.
Bajó el rostro y tuve apretar las manos para controlarme.
—¿Có…? ¿Cómo te sientes?
Recordé entonces la lacerante punzada que me recorría las costillas. Llevé mi atención hacia ese lugar, que se encontraba vendado, y resoné lo que había pasado
—Bien. ¿Y tú? – Me preocupaba más eso – ¿Qué sucedió con esos hombres? ¿Te hicieron daño?
—No pasó nada – tranquilizó
Otro recuerdo más. Su casa repleta en llamas.
—¿Y tú casa? –pregunté. La respuesta la supe al ver lo sombrío de su semblante.
Y ahí estaba otra vez esa maldita impotencia que me hacía querer arrancarle su dolor y volverlo mío, para no verla sufrir. La misma impotencia que, otra vez, me hizo alzar una de mis manos y acariciar la piel de su rostro.
—Encontraremos una solución – prometí.
Ella sonrió y sus ojos me miraron de una manera diferente, nueva… cálida.
—Gracias – susurró
La puerta se abrió sin previo aviso, haciéndonos saltar. Retiré mi mano de su mejilla instantáneamente
—¡Edward! –Exclamó mi madre, entrando con una par de sábanas que acomodó en la pequeña cómoda – Qué bueno que ya despertaste. Tenías a Bella muy preocupada – La castaña se sonrojó hasta lo imposible – Tu padre y yo ya le habíamos asegurado que no era nada grave, solo una pequeña y escandalosa contusión, pero parecía no creernos. Lo mejor es que seas tú mismo quien le digas qué tal te sientes – me guiñó un ojo de manera traviesa, provocando que esta vez, fuera yo el sonrojado, y después, se fue, cerrando la puerta con declarada intención.
—Así que… estabas preocupada por mí – dije, sin poder contenerme, en cuanto quedamos solos.
Bella se levantó de la silla que se encontraba casi a mi lado y caminó hacia la esquina contraria. Sonreí, quizás era mi imaginación, pero lucía curiosamente nerviosa.
—¿Y bien? – insistí ante su silencio.
Se encogió de hombros, restándole importancia. Solté una risita
—¿Qué es lo gracioso? – se volvió y me miró molesta
—Tu actitud – contesté – ¿quién lo diría? Mi peor enemiga preocupada por mí…
—¡Tonto! – Explotó, acercándose nuevamente hasta mirarme a los ojos – ¿En qué estabas pensado cuando intentabas hacerte el héroe?
—No lo sé – admití
—No lo vuelvas a hacer nunca – ordenó
—No está en mis manos – confesó, no yo, si no alguien más habitando y removiendo todo mi interior.
—Eres un infantil – resopló – ¿Acaso no te importa tu vida?
—¿Te importa a ti? – volvió a contestar ese desconocido que me usaba como un títere.
El brillo de sus ojos se volvió desconcertado, confundido y tímido, mientras yo espera… incapaz de hacer o decir algo para lograr liberarme del desesperado ente que me controlaba a su gusto y complacencia. ¿A qué estaba jugando? No lo sabía, ¿Qué esperaba escuchar?, Tampoco. Sólo hacía que esas preguntas fueran expulsadas libremente por mis labios.
—Ya no seas tan imprudente – contestó al fin, poniéndose de pie y caminando hacia la puerta.
..
..
BELLA POV
No sé ni cómo, ni cuándo, llegué a la pequeña y lujosa sala de los Cullen y tomé asiento en uno de los suaves sillones de piel. Sólo sabía que había salido de esa habitación huyendo de todo lo que sus ojos, profundos y penetrantes, me provocaban.
Tomé un suspiro. Aún podía sentir el vértigo en mi estomago que las caricias de sus labios sobre los míos me habían dejado… Esto no estaba bien, nada bien. Lo que comenzaba a sentir por Edward… era tan fuerte, que me asustaba.
—¿Bella? ¿Te sientes bien?
—Creo que, finalmente, ha entrado en shock…
—¡Bella!
Respingué cuando las manos de Rose me zarandearon con fuerza
—¿Qué sucede? – parpadeé y lo primero que aprecié, al aclararme la visión, fue a mi rubia hermana entornando los ojos
—Te estamos hablando desde hace varios minutos y no contestas
—Lo siento… estaba… pensando
—Bella – las cariñosas manos de Esme tomaron las mías – Cariño, no estés preocupada por lo que sucedió.
Me sentí mal, por haber estado pensando en un par de orbes verdes, en lugar de que mis hermanas y yo nos habíamos quedado, prácticamente, sin nada.
—Estuve hablando con Rose y Alice – agregó la amable doctora – le decía que Carlisle, mis hijos y yo no tenemos problema alguno en que ustedes vengan a vivir con nosotros a la mansión
—¡No! – negué rápidamente, quizás con brusquedad – Esme, muchas gracias – agregué, a modo de disculpa – pero no podemos aceptar…
—¿Por qué no? La mansión es muy grande, cada una de ustedes tendría su propio cuarto…
—No, no, no – repetí varias veces. Mis hermanas permanecían en silencio.
—Entonces, quédense aquí, en esta casa, como si fuera suya.
Volví a negar —Tampoco podemos aceptar eso
—¿Entonces? ¿Qué harán? – preguntó, con voz dulce, viajando su gentil mirada por las tres.
Permanecimos en silencio, Alice mirando a Rose, Rose mirándome a mí y yo mirando a Alice. Finalmente, ninguna contestó.
—¿Ven? – Sonrió Esme – Vamos, niñas, acepten nuestra ayuda. Es lo menos que podemos hacer por ustedes…
—Si aceptan que les paguemos una renta… creo que podríamos quedarnos aquí – dije, muy a mi pesar.
—Eso es imposible – no fue la doctora quien renegó. Fue Emmett, apareciendo repentinamente en la sala, junto con Jasper y… Edward – Ustedes no pueden quedarse en ésta vecindad, solas.
—¿Por qué no? – inquirió Rose, tratando de controlar la molestia de su voz. A ella tampoco le agradaba la idea de vivir con los Cullen
—Por que pueden venir a buscarlas otra vez – explicó Jasper – Definitivamente, si no se les ocurre nada más, la única opción que les queda es irse a vivir con nosotros a la mansión.
—Podemos ir a rentar a otro lado – solucioné
—Realmente eres imposible – bufó Edward. No pude evitar dedicarle una mirada envenenada – ¿Acaso no lo entiendes? Puede que esos tipos no hayan quedado satisfechos con lo que hicieron. ¿Qué pasa si las buscan? ¿Qué pasa si la próxima vez no se conforman con incendiar el lugar en donde viven? ¿Arriesgarías a tus hermanas a tal peligro?
Lo odiaba, lo odiaba por tener la razón…
—Alice, Rose, Bella – llamó Esme, con cariño – Mis hijos tienen razón.
—Es que… Esme, de verdad, no podemos…
—¿Se trata de orgullo? – en parte sí. No estaba dispuesta a decirle "También se debe a que su hijo altera mi vida entera y no quiero pensar cómo sería si viviéramos bajo el mismo techo" – podemos llegar a un acuerdo, si eso las hace sentirse más cómodas.
Miré a mis hermanas, ellas lucían igual de embrolladas que yo; pero había que admitir que, realmente, no teníamos opción alguna.
—Puede ser nada más por el tiempo en que las cosas se calman un poco – murmuró Rose – No sé… vivimos ahí un par de meses, pero les pagamos como si estuviéramos rentando.
—No, dinero no podemos recibirles – discutió Esme.
—¿Entonces? – jadeé
—Podemos… ayudarles con el oficio de la casa – solucionó Alice – Bella sabe cocinar muy rico y yo soy muy buena limpiando.
Esme no se veía muy convencida, pero, posteriormente, aceptó…
..
Y bien, ahí nos encontrábamos finalmente: de pie, frente a la inmensa mansión de los Cullen (que de verdad era INMENSA). Me resultaba demasiado difícil imaginármelos como gente de tal nivel económico, cuando eran tan sencillos y agradables (claro, con una sola excepción, llamada Edward Cullen). Ahora que sabía no se iba a morir, podía darme el lujo de mirarlo como el tipo arrogante que era y tratar de arrinconar, en lo más profundo de mis recuerdos, esa angustiante pena que me había aprisionado cuando, tras haber sido herido, no despertaba.
—Adelante, pasen – alentó Carlisle, abriéndonos la imperiosa puerta tallada en roble
Mis hermanas y yo tardamos en entrar. Quedamos impactadas ante la belleza de la casa, cada detalle, cada mueble, cada rincón era… simplemente precioso. Lujoso, pero sin caer en lo exagerado. Las paredes claras de la sala estaban adornadas con pinturas y, a un costado, reposaba un negro piano de cola.
Alice silbó por lo bajo, Rose no podía controlar su expresión de sorpresa y yo… yo di media vuelta, dispuesta a salir de ahí lo antes posible.
—¿Qué haces? – los brazos de Edward me detuvieron. ¿Cómo era posible que, aun estando lastimado, fuera más hábil que yo?
—Lo siento, no puedo... Alice, Rose, quédense ustedes. Yo me iré…
—¿A la casa de tu novio? – indagó él, alzando una de sus cejas.
Jacob. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? No era tan mal idea, cualquier lugar era mejor que tener que dormir bajo el techo de un hogar que le daría de comer a la mitad de los niños desnutridos en África y que, además, era habitado por la más terrible de mis pesadillas
—Bella, sé que todo esto es difícil para ti – Esme llegó y acarició mis cabellos, tranquilizándome – pero, danos una oportunidad de protegerte a ti y a tus hermanas. Ellas no se quedarán si tú te vas. Por favor, prueben unos cuantos meses y, si después de eso siguen sintiéndose incomodas, no haremos nada por detenerlas si se quieren ir.
Maldición. Esa suplicante mirada, no podía contra ella. Suspiré y relajé los hombros, dándome por vencida. Unos cuantos meses… sí, solo unos cuantos meses. Quizás dos, a lo mucho tres… No era mucho tiempo, ¿Qué podía pasar en tan poco?
..
..
ROSALIE POV
Mis ojos no se cansaban de apreciar cada pequeño detalle de aquella mansión. ¿Quién lo diría? Yo, en un lugar como estos. Reconocía que era ambiciosa, pero mi imaginación no había llegado a estos límites y, para ser sincera… no me encontraba emocionada.
Si haber perdido a mi padre y la pequeña casa que él y mamá compraron con tanto sacrificio había sido el pago por esto, de verdad… no lo valía. Contemplé, por tercera vez, las cuatro y espaciosas paredes que formaban "mi" habitación y me dejé caer en la pomposa cama.
La ironía me cerraba la garganta. ¿Cuántas veces no había deseado yo tener, por lo menos, una recámara para mi sola? Ahora, prácticamente, la tenía. Una recámara que era más grande que mi antiguo hogar, pero que no lograba llenar el vacío habido en mi pecho…
"Los cuartos de servicio". Bella había se había empeñado en no querer otros más que éstos y jamás había estado tan de acuerdo con mi castaña hermana. No quería ni imaginar cómo eran las habitaciones principales o para huéspedes.
—¿Rose? – un toque de nudillos acompañó a su varonil voz.
Me puse de pie y caminé para abrirle la puerta.
—Hola – sonrió
—Hola – bajé la mirada.
Sus manos tomaron dulcemente las mías —¿Qué sucede?
—No… no hace falta que cambies tu comportamiento conmigo – dije
—¿A qué te refieres?
—A que, hace unas cuantas semanas, me ignorabas y me jurabas que no querías saber nada de mí – expliqué, con amargura – Yo no soy Pamela, no necesito de tu consuelo.
—Claro – me hizo caso y soltó mis manos – pero, dime una cosa, ¿Has llorado alguna vez con Royce o con otro, que no sea yo?
Fue un golpe bajo y doloroso, pero traté de no hacerlo notorio
—Lárgate – siseé
—¿Querías que te tratara como antes, no? – sonrió con mofa
—¡Lárgate! – pedí
—¿La princesa de hielo me corre en mi propia casa?
Segundo golpe bajo
—Me las vas a pagar, Emmett Cullen – advertí, mirándole fieramente a los ojos – Juro que me las vas a pagar
—Estoy ansioso por ver qué piensas hacer, Barbie caprichosa.
..
Bueno, con estos dos terminamos otro capítulo. ¿Verdad que esta vez no tardé tanto? ¿Qué les pareció? ¿Ansiosas por leer lo que vendrá? No se me confíen, hay muchas cosas que pasarán después de esto. Hasta pronto y gracias por todo su apoyo, comentarios, alertas y esas cosas. Atte. Anju
.
Respuesta para Stepheny-Cullen. Primer, déjame agradecer tu apoyo. Ante la imposibilidad de contestarte de otra forma, recudo a esta. Sobre la ayuda que pides sobre tu trabajo, te soy sincera, ahora, por la universidad, apenas tengo tiempo para respirar; pero, si gustas tomar mi correo (lo encuentras en mi perfil/profile), adelante. Agrégame al msn y ahí platicamos mejor y, en lo que pueda ayudarte, lo hago con mucho gusto. Un saludo y hasta pronto.
