Capítulo 27: Y Empiezan los Problemas…

Bella POV

Nuestro primer día en la mansión de los Cullen. Me desperté muy temprano, tanto por falta de sueño (no había podido dormir), como por obligación e incomodidad. Abrí la puerta de "mi habitación" lentamente. Los pasillos estaban en completo silencio, sin atisbo alguno de que alguien fuera a aparecer, así que me atreví a caminar hacia la cocina lo más rápidamente posible, para evitar riesgos.

Llegué a lo que más bien parecía ser un lugar encantado y vacilé un poco antes de coger los instrumentos necesarios que necesitaría para hacer el desayuno. No quería imaginar cuánta sería la cantidad a pagar, al romper alguna de esas finas cacerolas. Como la alacena estaba provista nada más con lo indispensable, me las ingenié para cocinar algo sencillo.

Alcé una ceja, dudosa de si lo que estaba preparando fuera digno para una familia de millonarios. Seguía resultándome difícil ver a los Cullens de tal manera… Suspiré y dejé de cortar el jugoso melón, mientras molestos pensamientos comenzaban a atiborrar mi mente.

¿Acaso no te importa tu vida?

¿Te importa a ti?

Estúpida. Eso era lo que yo era, una estúpida. ¿Qué si me importaba su vida? ¡Por supuesto que sí!... Mucho más de lo que debiera considerarse "normal". Si tan solo él tuviera una vana idea de todo la angustia que había experimentado al verlo herido, sangrando entre mis brazos. Ni si quiera yo misma lograba asimilarlo, había sido como si hubiera herido a mi alma y no a un simple y arrogante muchacho que se la pasa todo el tiempo haciéndome la vida imposible.

Y, además, estaba lo que había hecho antes de que Edward despertara. Lo había besado. Sí, lo había besado completamente consciente de mis facultades mentales y necesidades. Necesidades basadas en él. Ahora me resultaba tonto y ridículo de mi parte; pero, finalmente, lo había hecho. ¿Por qué? Quería creer que, al verlo profundamente dormido, con sus parpados cerrados dando a mostrar sus espesas y varoniles pestañas, tuve un trace en el que me creí príncipe de la Edad Media y vi a Edward como a mi Blanca Nieves…

—¿Bella?

Pegué un brinco y el cuchillo salió volando hacia el suelo en cuanto le escuché detrás de mi espalda.

—¡Tú! – musité, sin aliento.

—¿Qué haces despierta tan temprano? – frunció el ceño, mientras echaba un rápido vistazo hacia lo que estaba preparando.

No contesté. Y no porque no quisiera, si no porque, simplemente, no pude. Estaba muda de la impresión, cautivada por la imagen que se me presentaba a pocos metros. Y es que Edward lucía tan… tierno e inocente con su cabello totalmente despeinado (más de lo normal), sus ojos tristes aún por el sueño y su holgada ropa con la que dormía.

—¿Uhm? – insistió ante mi silencio.

Me forcé a parpadear para aclarar mi mente, pero las palabras seguían sin poder salir de mi boca. Él suspiró y se llevó las manos a su alborotado cabello

—Bella, de verdad, esto no es necesario – señaló hacia el desayuno que estaba preparando – la cocinera no tarda en venir…

—Tu madre me prometió que, al menos, yo me encargaría de la comida – recordé.

—¿Jamás dejarás de ser tan testaruda?

—No –alcé la barbilla con firmeza

Una pequeña sonrisa curvó sus labios y me pareció haber escuchado que murmuraba "Bien", pero igual y fue mi imaginación.

—Aún así, ¿no crees que es muy temprano?

—No tenía sueño – confesé, bajando la mirada, huyendo del hechizante brillo de la suya

—¿Qué pasa? – se acercó más, cosa que no agradecí pues mis piernas comenzaron a temblar hasta lo imposible.

Instintivamente, como si el estar cerca de él fuera letalmente peligroso, retrocedí; entonces recordé que atrás de mí estaba la lujosa barra de la alacena. Al hallarme sin salida, opté por cruzar mis brazos sobre mi pecho.

—¿Bella?

No alzar la mirada ante el suave llamado de su voz fue imposible. Mi mirada se encontró con la suya y mi patético mundo se redujo a él.

—No vayas a confiarte – soltó de repente, rompiendo nuestro momento – recuerda que hoy empiezan los exámenes finales y hay que ir a la escuela.

Y, sin darme tiempo a agregar algo, dio media vuelta y se fue…

..

..

ALICE POV

¡Cielo Santo!

Dilaté la mirada y salté de la pomposa cama al despertar, tardando dos segundos en recordar en qué lugar estaba y todas las circunstancias que me había llevado hacia allí. Suspiré. No creía poder acostumbrarme a tantos cambios…

—¿Alice?

La voz de Bella se escuchó al otro lado de la puerta un segundo antes de abrirla.

—Comienza a arreglarte o llegarás tarde a la escuela.

Cierto. Me puse de pie rápidamente y me dirigí hacia la ducha, quedando deslumbrada un momento por los bellos detalles que adornaban la estancia.

—¡Alice! – exclamó Jasper al verme bajar vacilantemente las escaleras.

Corrió hacia mí y tomó mis manos. En su rostro había una gigantesca sonrisa que me contagió al instante.

—Ey…

—¡Ven! Vamos a desayunar, ya están todos ahí

Desayunar con los Cullen. Mis pies se estancaron en la alfombra.

—¿Qué sucede? – Preguntó divertido por mi reacción – Te cargaré si es necesario

No me dio tiempo de contestar un "NO". Cuando pude darme cuenta, ya me llevaba sobre sus hombros. Imposible describir la vergüenza que sentí al aparecer de esa manera frente a todos.

—Jasper, hijo, ¿Qué sucede? – inquirió Esme, riendo discretamente

—Alice no quería venir a desayunar – informó el rubio, dejándome caer sobre una de las sillas – Así que acudí a medidas extremas.

—Lo siento – musité, con la mirada baja.

—Cariño, es normal que no se sientan cómodas. Ha sido un cambio muy rotundo para todas ustedes – comprendió la amable doctora – pero verán que pronto eso cambiará. ¡Por cierto! – Agregó con entusiasmo – Bella, concinas como un ángel.

—Es verdad – acordó Carlisle – Tienes un don maravilloso.

—Gra-gracias – mi hermana se sonrojó y pude apreciar que su mirada se encontraba, por un fugaz momento, con la de Edward. Estaba totalmente segura que no había sido mi imaginación.

—Bella ha cocinado para nosotras desde que era más joven que Alice – informó Rose con orgullo

—Pues la experiencia te ha dado un sazón exquisito – halagó Carlisle – El joven con quien te cases será muy afortunado.

Todos miramos a Bella, quien no podía más con tanto rubor surcando sus mejillas.

—Creo que para algunas personas las croquetas de perro son suficiente – habló Edward, sonriendo y mirando a mi hermana de manera insultante.

La castaña frunció el ceño y sus pupilas fulguraron con un brillo diabólico. Sonreí, ante la significativa escena que solo duró menos de tres segundos; pero que, al parecer, indicaba que había un par de enamorados en ese comedor.

..

—Muchas gracias – dije, al acabar el desayuno.

—¿Ya estás lista para ir a la escuela? – inquirió Jasper, haciendo lo mismo, mientras el resto también comenzaba a abandonar la mesa

—Sólo tengo que ir por mi mochila

—Te espero – indicó con arrebato.

—¿Qué sucede? – quise saber, mientras, poco después, él me llevaba corriendo hacia una cabañita ubicada hasta el jardín

—Espera y lo verás. Cierra los ojos – pidió al llegar. Lo hice, sonriendo tontamente porque él parecía un fanático que me infectaba con su locura. – ¡Ábrelos!

Y mi mirada se dilató al contemplar un par de patinetas frente a mí

—¿Y esto? – inquirí, sorprendida

—Será nuestro medio de transporte hacia la escuela – me tendió la de color rojo, mientras él se quedaba con la azul. Observé la tabla por un momento, siendo consciente de la felicidad que me llenaba al saber que Jasper no regresaría a su antiguo colegio y se quedaría conmigo.

—¿Vamos? – insistió

—Pero no sé manejar una – recordé

—¡Ba! No es nada complicado, estoy seguro aprenderás en menos de un minuto. Ponla en el suelo – lo hice – Ahora súbete, yo te agarro.

Todo iba bien hasta que su mano sujetó la mía, provocando que las piernas me temblaran y perdiera el equilibrio.

—¡Cuidado! – sus brazos evitaron que mi frente topara con el suelo, pero a cambio, casi hacen que el corazón me estallara con bazo palpitar. Y es que la cercanía con la que habían quedado nuestras bocas era tanta que extrañas mariposas inundaron mi estomago y me cortaron la respiración.

Era algo… extraño. Me gustaba, debía admitir, aquel cosquilleo que corría por mis labios, pero me asustaba aquella demanda que pedía acortar la distancia que nos separaba para… besarlo.

Enrojecí ante la idea, más no fui capaz de alejarme. Me sentía felizmente tonta sumergida en el claro de su mirada, atrapada entre sus brazos, inhalando su respiración. ¿Qué me pasaba? No había sentido nunca algo parecido. Jasper era mi amigo, igual que Seth y el resto de los chicos. ¿Entonces porqué era él el único que provocaba todo esto?

—¡Jasper! ¡Alice! – Nos separamos de un brinco al escuchar la voz de Esme - ¿Siguen ahí?

—Sí, mamá – contestó el rubio – Ya nos vamos

Nos miramos un momento, en silencio, pero después ambos soltamos una risita tonta, me atrevo a decir que nerviosa. Él carraspeó y volvió a ofrecerme su ayuda para subirme a la patineta, yo acepté, ésta vez, un poco más concentrada.

—Sólo se trata de mantenerte en equilibrio – explicó mientras yo comprobaba que, efectivamente, no era para nada complicado – ¿Ves? Te dije que podrías hacerlo.

Solté una risita. —Soy la mejor, debes admitirlo – dije con burlona soberbia

—¿Ah sí? – Alzó una ceja – Te reto a una carrera. A ver quién llega primero a la escuela

—¿No puedes dejar por un momento los desafíos? – pregunté, mientras salíamos de la cabaña y nos dirigíamos hacia la pomposa salida.

—Es algo heredado por parte de Emmett – informó – ¿Qué? ¿Tienes miedo a perder?

—Tengo minutos de subirme por primera vez a una de estas cosas – recordé indignada – ¿Acaso quieres que me mate?

Soltó una carcajada —Tienes razón. Lo dejemos para cuando tengas más experiencia. No quiero perder a mi mejor amiga por nada del mundo.

Me obligué a huir de su mirada. "Mejor amiga"… Cada vez dolía más el saber que él sólo me veía solamente como eso. Aunque, ¿Qué era lo que realmente quería yo de Jasper, si no era solamente amistad?

..

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EDWARD POV

—Bella, súbete al carro – dije por enésima vez

—No – contestó ella de nuevo. Puse los ojos en blanco, estaba perdiendo la paciencia. Intentó pasar a mi lado, pero se lo impedí. Su mirada irradiaba furia completa… una furia deliciosa que me hechizaba

—¿Cuál es el problema? – Quise saber – ¿Qué tiene de malo que vayamos juntos a la escuela?

—Nada – replicó con sarcasmo – ¡Es que no sabes! Me muero por que todo mundo me vea llegar en un auto cuando hace días el único transporte con el que contaba eran mis pies.

—Vamos, Bella. No es para tanto – discutí

Ella resopló, alzando en el acto un mechón castaño que le colgaba por el rostro

—Lo que pasa es que eres una infantil – agregué

—Y tú un testarudo que no sabe el significado de la palabra "no"

—No pudiste haberme descrito mejor – dije y, sin darle oportunidad de hacer algo por evitarlo, la tomé entre brazos y la cargué hacia el volvo plateado que nos esperaba a pocos metros.

Ella forcejeó, pero la verdad es que era demasiado frágil como para poder contra mí. Al contrario, mientras Bella pataleaba y hacía todo un circo para poderse liberar, yo me carcajeaba y cautivaba por lo delicada que era la curva de su cintura y lo cálido que era su cuerpo. Tanto, que a la hora de dejarla caer sobre el asiento del copiloto, tardé tres segundos más de lo necesario para alejarme.

—¡Idiota! – escupió, con una ira que le volvía peligrosamente atractiva.

Le dediqué una sonrisa descarada, para disimular la necesidad que tenía de acercármele, y le tendí su gigantesca mochila

—Pórtate bien – pedí, mientras cerraba la puerta – Si intentas huir, te regresaré las veces que sean necesarias – advertí, al ver sus intenciones en su castaña mirada

—Eres insoportable – murmuró, enfurruñada en el asiento, mientras yo manejaba con una extensa sonrisa en el rostro – ¿Podrías dejar de sonreír como un tonto?

—Lo siento, pero es imposible – me disculpé – ¿ya te dije que pareces un gatito mojado cuando te comportas de esa manera?

No contestó, pero sabía que me había escuchado

—Sólo será por este día – prometí – Si quieres, puedes decirle a tu novio que te recoja en la casa – Me miró de forma inquisitiva. Tal vez porque, sin querer, las palabras habían salido muy forzadas de mi boca. Traté de arreglar mi error, así que agregué – De verdad, tú y tus hermanas pueden invitar a quienes quieran. Siéntanse con esa libertad.

—Gracias – musitó.

Genial. Ahora, seguramente, iba a tener que soportar ver al cara de perro todas las mañanas en mi casa. ¡Bravo, Edward! Más idiota no puedes ser…

..

..

—Pensé que ya no seguirías trabajando – manifestó Bella, con claro desagrado, al verme entrar a la cocina del restaurante.

—Me gusta sentirme productivo – contesté, con la misma arrogancia.

Desde la "maravillosa" plática que habíamos tenido rumbo a la escuela, y en la cual yo de estúpido le había dicho que su novio podía visitarla bajo mi techo, mi humor se había tornado insoportable y, claro, mi absurdo lado infantil no había tardado en descargarse con ella.

La castaña dio media vuelta, ignorándome, y siguió con sus labores. Decidí imitarla, pero me resultaba prácticamente imposible no prestar atención a cada movimiento que hacía. Aquello me frustraba mucho más.

—¿Leonardo? – el jefe entró – Alguien te busca

—¿Quién? – preguntó ella, engrosando su voz.

—Un chico que dice ser tu amigo. Creo que dijo llamarse Jacob.

—En seguida voy. Gracias.

Inconscientemente, mis manos apretaron el cuchillo. Reprimí un gruñido, mientras la escuchaba salir. No lo hagas, me ordené, pero mis pies no obedecieron y la siguieron, sin que ella se diera cuenta. Me sentí como el más vil de los idiotas mientras me escondía y trataba de escuchar y ver lo que hacían.

—¿Dónde has estado? – Preguntó él – Me has tenido muy preocupado

—Yo… estoy viviendo con los Cullens

—¡¿Qué?! – la idea parecía no agradarle en lo absoluto – ¿Estás bromeado, verdad?

—No

—¡Mierda! ¿Y qué haces ahí?

—Vacacionando, seguramente – contestó ella con acidez.

Él suspiró —¿Por qué precisamente con ellos?

—No tenía otra opción.

—¿Ah no? – Replicó – ¿Y yo qué? ¿Estoy pintado? Pudiste irte a vivir conmigo.

La simple idea me amargó la boca

—Jacob, no podía dejar a mis hermanas. Además… tú y yo…

—Tú y yo nacimos para estar juntos, Bella – interrumpió, tomando su rostro entre las manos – ¿por qué te niegas a aceptar que ese es nuestro destino?

—Jake, ahora no… Por favor.

La soltó y, realmente, lo agradecí. Otro poco más y no lo iba a soportar.

—No dejaré de luchar – le advirtió y no entendí qué significaban aquellas palabras, pero tampoco esperé a escuchar más. Me obligué a regresar a la cocina y, estando ahí, somaté la mesa con el puño.

Estaba cargado de una ira inexplicable, loca y enfermiza. Una ira que me calaba hasta los huesos, que quemaba mi carne. Una ira que nunca antes había sentido ni imaginé sentir. Bella llegó a los pocos minutos después, con el rostro cabizbajo. ¡Maldición! Caminé hacia ella y la acorralé contra la pared.

Sus castaños ojos me miraron dilatados, cuestionando una actitud que ni yo mismo entendía ni controlaba.

—¿Qué te pasa? – exigió saber

—Pasa que estoy enfermo – escupí, volviéndome títere de ese otro yo que habitaba en mi interior y me controlaba

—De la cabeza, ya lo sé. No tienes por qué decirlo – intentó alejarse, pero la aprisioné bien entre mis brazos y, sin esperar a más, la besé arrebatadamente, apretando mis labios contra los suyos de manera insistente, casi con desquicio y desesperación; pues parecía que con el paso de los días, necesitaba más de su sabor. Necesitaba más de ella…

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ROSALIE POV

—Adelante, pasa

—¿Seguro?

Me levanté del sillón en cuanto escuché sus voces aproximarse y corrí a esconderme en la cocina, asomándome discretamente por una rendija para mirarlos. Cuadré la mandíbula al ver a Emmett entrar de la mano con esa patética niñita que, al parecer, no podía hacer otra cosa más que sonrojarse.

—Qué bonita casa – dijo "Pamela" con su empalagosa voz de niña buena y bajando el rostro con pesadumbre

—¿Qué sucede? – le preguntó él

—Es que… Siempre he pensado que eres mucho para mí y con esto…

Emmett soltó una risita, mientras tomaba su rostro entre las manos.

—A veces eres muy tontita– le dijo dulcemente y se acercó hasta rozar sus labios breve, pero dulcemente.

El golpe que recibí en el pecho fue fuerte… muy fuerte. Empuñé mis manos para soportarlo.

—¿Quieres tomar algo?

—Agua, por favor – asintió la niña

—Toma asiento – ofreció con amabilidad – en seguida regreso.

Me escondí detrás de la puerta y esperé hasta que él llegara hasta el centro para mostrarme.

—¡Rose! – susurró al verme. Sonreí al percibir un fugaz, pero palpable, atisbo de nerviosismo. Comencé a acercarme, mi venganza había llegado.

—Hola

—Pensé que no estabas – Retrocedió –Siempre sueles irte con Royce al salir de clases.

—Parece que sabes muchas cosas de mí – apunté – ¿Acaso me vigilas?

—No – contestó rápidamente. Su espalda chocó contra la pequeña y decorativa mesa que había en el centro – Me gustaría platicar más contigo, pero Pamela me está esperando.

Le bloqueé el paso para no dejarlo caminar. Enganché mi mirada a la suya

—Puede esperar un poco más, ¿no crees?– ofrecí, acomodando mis manos sobre su pecho y acercándome más de lo debido

—Rose… no empecemos…

No le di tiempo de renegar, uní mi boca contra la suya con obstinación, sintiendo la lucha que su esfuerzo por resistirse llevaba contra su deseo.

—¡Bésame! – le pedí, pues lo que al principio era venganza, vanidad y envidia, ahora se convertía en necesidad.

Sus obscuros ojos me traspasaron un segundo antes de que sus fuertes brazos se enrollaran en mi cintura y su boca se abriera paso entre la mía con pasión y energía, mandando oleadas de excitación al resto de mi piel. Hilé mis dedos en sus negros cabellos y arqueé mi espalda, invitándole a acercarse más, comprobando en ese instante la falta que me había hecho y lo bien que se sentía el tenerlo otra vez así de cerca. Comprobando que ningún otro hombre, más que él, era capaz de hacerme vibrar alocadamente.

—¡Basta! – se retiró abruptamente, jadeando.

Me obligué a sonreír descaradamente, para disfrazar lo doloroso que era su rechazo y caminé hacia la alacena, cogí un vaso de cristal, vertí agua en él, bebí un pequeño sorbo y después se lo ofrecí.

—Salúdame a tu noviecita – pedí.

Su rostro se endureció, mientras me arrebataba el cristal y salía, dándome la espalda, de la cocina. En cuanto quedé sola, me llevé los dedos hacia mis labios, en donde aún sentía el cosquilleo que los suyos me habían dejado. Suspiré…

—Aún me quieres – musité. Tratando de convencerme de que así era. Y esta vez, no era una simple cuestión de vanidad…

..

Uf! Un capítulo muuuy largo, ¿no creen? ¿Qué les pareció? Paciencia, el besito que tanto esperan entre Alice y Jazz está ya casi por llegar. Recordemos que son los más pequeños e inexpertos de todos. ¿Quieren pasión? Ahí tendrán a Rose, Emmett, Bella y Edward (jeje) EN fin, me voy porque tengo que estudiar para mis exámenes T_T. Se cuidan y espero sus comentarios, amenazas de muerte, tomatazos o lo que sea. Gracias por todo.

Atte

AnjuDark