Capítulo 29: Vienen las vacaciones.
..
ALICE POV
Me tomó tres segundos más de lo necesario para reaccionar. Parpadeé, en un inútil esfuerzo por recobrar la coherencia de mis pensamientos. Alcé la mirada; María seguía ahí, frente a mí, con actitud altanera. No le tomé tanta importancia; preferí centrarme mejor en él, en Jasper.
Sus ojos claros me miraban de forma extraña. Tenía el rostro pálido; parecía asustado, atormentado mientras esperaba mi reacción.
Me obligué a sonreír.
—Muchas… felicidades – musité y me sorprendió lo mucho que me había costado decir aquello.
—Alice…
—Jasper, te quiero presentar a mis amigas – tajo la morena, tomándole de la mano y comenzándolo a arrastrar, sin que nada se pudiera hacer para evitarlo,… lejos de mí.
Permanecí estática otro par de suspiros más; me llevé las manos hacia mi pecho… dolía. ¿Por qué? No debía de estar triste, al contrario, uno de mis mejores amigos había logrado conquistar a la chica que le gustaba… Debería de alegrarme por ello… sin embargo, me era imposible…
..
—¿Qué te pasa? – respingué al escuchar la voz de Rosalie cerca de mí. Se encontraba sentada a mi lado, no me veía. Sus ojos estaban clavados en sus uñas; pero me prestaba atención. Esa posición solamente la tenía para aparentar indiferencia – Siempre andas hablando como un loro y ahora estás muy callada. Eso no es normal en ti
Guardé silencio.
—¿Y bien? – Insistió, con su misma actitud desinteresada – ¿Hablarás o me retiro?
—¿Alguna vez…? - solté al fin, con voz baja. La verdad era que sí quería platicar con alguien que tuviera más experiencia y ¿Quién mejor que mi hermana mayor para ello? – ¿Alguna vez has sentido que no quieres dejar ir, por nada del mundo, a alguien? ¿Qué no quieres que esa persona esté con alguien más que contigo?
Me miró por primera vez; fijamente.
—Muchas veces – admitió
—Eso… ¿es normal?
—No en ti – contestó – Nunca has sido una persona egoísta.
—Dices que te ha pasado lo mismo – recordé – ¿Esa persona es tu amigo?
—No precisamente – musitó y por una fracción de segundo me pareció divisar un atisbo de melancolía en su voz. Luego, suspiró y recobró su actitud firme, segura – De todas formas, si te quedas sentada no harás nada.
—¿Nada? ¿A qué te refieres?
—A veces eres tan ingenua, Alice – me dedicó un gesto divertido – ¿Permitirás que otra te robe al chico que te gusta?
Palidecí… ¿Jasper… Jasper me gustaba? No lo había pensado de esa manera; pero… ¿Qué otra cosa si no era por lo que me entristecía tanto saber que él prefería a María? Miré a mi hermana, asustada, pasmada… buscando algo con qué negar lo que era más que cierto.
—Es Jasper, ¿no? – preguntó sin más.
La puerta se abrió en ese momento; salvándome. Era él… Los latidos de mi corazón se dispararon hasta lo imposible. Rose se puso de pie, con declarada intención, y, tras despedirse, nos dejó solos.
Jasper se acercó y se sentó a mi lado. Yo permanecí con el rostro oculto entre mi gorra y crucé los brazos alrededor de mi pecho, esperando que en cualquier momento éste reventara de tan rápido que palpitaba. Miles de mariposas volaban por mi estomago y mis piernas temblaban. Debía agradecer el estar sentada; quizás, no ser así, hubiera caído.
—Alice… -habló – Discúlpame.
Me negué a mirarle.
—Hablé con María – prosiguió – Te ofrece sus disculpas…
—No es necesario – interrumpí – No te preocupes; no quiero que tengas problemas con ella por mí.
—Pero, Alice, tú eres mi amiga – tomó mis manos y las mariposas se multiplicaron – no alzar el rostro fue prácticamente imposible. Nuestras miradas se encontraron y enmudecí por completo al sumergirme en la miel de sus ojos. Era como si, por primera vez, pudiera apreciar lo hermosos que eran… Era como si, por primera vez, notará lo guapo que era Jasper – No me gustaría perderte nunca; mucho menos por los comentarios de María. No quiero que… por mi relación con ella, lo nuestro cambie.
Lo nuestro. Se escuchaba bien y muy intenso aquel conjunto de palabras. Me obligué a liberar mis manos de las suyas. Aquel contacto no ayudaba en nada. Hacía que mi ingenua mente creyera cosas que, ni en mil años, se cumplirían. ¿Jasper sintiendo lo mismo por mí que yo por él? ¿Por qué habría de ser así? Teniendo a la guapísima María a su lado, ¿Por qué habría él de preferirme a mí, la escuálida, la simple, la que prefiere correr tras un balón en lugar de pasar horas frente al espejo? No, definitivamente, aquel par de pupilas jamás me verían como más allá de "la mejor amiga".
—No cambiará – prometí, poniéndome de pie y huyendo hacia las escaleras – Todo seguirá igual – reafirmé, convenciéndome a mí de paso. Aunque bien sabía la enorme mentira que estaba soltando; pues ya nada, absolutamente nada, sería igual ahora que, finalmente, había comprendido lo que realmente sentía por Jasper.
..
..
..
EMMETT POV
¿Por qué estás con ella si me sigues queriendo?
El recuerdo de esa noche seguía bailando entre mi mente, se negaba a salir, a liberarme. ¿Qué clase de idiota era? ¿Acaso tan mal estaba de la cabeza? No podía olvidar a Rose. No podía dejar de amarla. La adoraba, la extrañaba cada día con más fuerza. No se lo merecía; de eso no cabía duda alguna. Aquella chiquilla era una engreída vanidosa que no veía en mí nada más que uno de sus tantos juguetes.
Pero estaba aprisionado, enganchado no sólo de su belleza, si no de su personalidad. Sí, podrán llamarme el ser más idiota del mundo, pero adoraba esa forma de ser tan suya. Me encandilaba su cinismo, su petulancia, su altivez, su pasión…
—¿Emmett?
Un ligero contacto sobre mi mano me sacó de mis pensamientos. Era Pamela.
—¿Ocurre algo? ¿Te sientes bien?
—Sí – mentí, pues nada podía estar bien en mí cuando, teniéndole a ella, tan dulce y buena, deseaba fervientemente a otra – lo siento… ¿De qué platicábamos?
—Te preguntaba qué harás en vacaciones – contestó con una sonrisa paciente en su rostro de corazón – ¿Seguirás trabajando?
—Sí – de ninguna manera tenía planeado pasar todo el día en esta casa. No cuando andaba un demonio con forma de ángel rondando cerca de mí, amenazando con llevarme al infierno – ¿Quieres que hagamos algo? Podría pedir permiso para pasear un par de días.
Aquello era bueno. Era lo correcto.
—¿Solos? – su mirada se dilató
Sonreí y me acerqué para besar sus sonrojadas mejillas. —¿Qué tendría de malo?
—Bueno, yo… - comenzó a balbucear – Emmett… yo nunca he estado con un hombre… a solas.
—Niña tonta – le acaricié sus cabellos – Sólo vamos a pasear. No pretendo nada más, te lo juro.
Hubo algo en el brillo de sus pupilas que me dijo "Emmett, has cometido un error" —¿Qué pasa?
—Tú no me deseas – no fue una pregunta, tampoco una acusación. Fue simplemente un comentario lleno de triste certeza. Y, para mi desgracia… de triste realidad.
Quería a Pamela, claro que sí. Pero no veía en ella a una mujer, si no a una amiga.
—Pam…
—Cuando me besas, evitas tocarme los labios – susurró – Y, cuando me tocas, me siento más como si fuera tu hermana y no tu novia. Emmett, ¿Estoy haciendo algo mal? Sé que no soy una experta en todo esto; pero… si tú me guías…
—Cariño – le interrumpí – No te preocupes, todo está bien, no hay prisas. Créeme… las cosas se darán a su tiempo.
—Aún no la olvidas, ¿verdad?... Varias veces vi cómo la besabas… Es muy diferente conmigo.
Lo abatida de su mirada me destruyó el alma. No soportaba verla triste y mucho menos por mí; no era justo. Sin pensarlo, me lancé contra ella y, olvidándome de que nos encontrábamos en la sala de mi casa, tomé sus labios y la besé con la mayor pasión que me fue posible. Tratando de imitar la forma en que recibía a Rose entre mis brazos, pero no acertando ni en lo más mínimo.
Yo era una mierda, de eso no cabía ni la menor duda. A pesar de sentir los dedos de Pamela enrollándose temblorosamente entre mis cabellos; a pesar de apreciar las delicadas curvas de su cuerpo contra el mío; a pesas de que obligué a mis manos recorrer algunas partes de su figura… No lograba experimentar aquel exquisito calor que Rose hacía renacer en mí nada más con su mirada.
Finalmente, cuando mis dedos aflojaron el primer botón de su blusa y mi piel seguía con esa misma frustrante pasividad… supe que sería imposible. Podía seguir intentando, pero sólo le lastimaría más. Separé mis labios de los suyos y me alejé.
—Lo siento…
—Emmett…
Suspiré. Sus gentiles manos acariciaron mi rostro; consolándome.
—Creo que ya es hora de que me vaya a casa – definitivamente, Pamela era la mejor persona del mundo.
Quise sonreírle, pero el gesto quedó solo en mi imaginación
—Te llevo – accedí, poniéndome de pie y encaminándome a la puerta, abriendo paso a otra angustia más.
—Tú – siseé al verlo.
Royce sonrió con descaro, para luego ignorarme y así recibir la mano de la rubia que aparecía detrás de mí.
—Hermosa, como siempre
—Gracias – sonrió ella, regalándome una fugaz mirada.
Cuadré la mandíbula y empuñé las manos para no alcanzarla e impedirle que se fuera con ese imbécil. Debía recordar que se encontraba Pamela a mi lado. Debía recordar que Rose… no era mía.
..
..
..
BELLA POV
—¿Una fiesta? – repetí
—Sé que han pasado por muchas cosas en las últimas semanas y que, tal vez, mi idea te parezca fuera de lugar – se disculpó Esme – Pero escuché que pronto Alice cumplirá sus quince años. Me daría tanto gusto festejárselo. Sería algo pequeño, discreto, sé que ni a ti ni a ella les gusta la ostentosidad. Una cena nada más entre nosotros y sus amigos más cercanos.
—Esme… gracias; pero ustedes han hecho demasiado por nosotras y…
—Bella, tú, Alice y Rose, desde el principio, han sido personas muy importantes para mí y mi familia.
Bajé la mirada, apenada y conmovida. La doctora tomó mis manos entre las suyas
—Habla con tus hermanas – pidió – Tampoco se sientan presionadas. Si no quieren, lo entenderemos.
—¿Lo entenderemos? – no me pasó desapercibido el plural. Esme sonrió cálidamente
—Carlisle y mis hijos creen que sería buena idea – explicó, levantándose del asiento, justo cuando Edward apareció.
—Lo siento – dijo éste, parado en el umbral de la cocina – ¿Interrumpo?
Dios… lucía tan gentil cuando era así de educado.
—No, cariño – contestó Esme – Platicaba con Bella sobre la pequeña cena que quiero realizar por el cumpleaños de Alice; pero ya es momento de irme. Tu padre me espera para irnos a trabajar. Nos vemos pronto – se volvió para despedirse de mí y pude percibir en su mirada un brillo travieso en sus tiernos ojos.
¿Qué era?
Edward carraspeó cuando quedamos solos. Bajé la mirada hacia la mesa y seguí cortando las verduras que utilizaría para la comida, mientras escuchaba que él se dirigía hacia el refrigerador y cogía un vaso de agua. Aunque lo intenté, no pude evitar recordar la escena que había sucedido ahí mismo, la noche pasada.
—¿Te sientes mejor? – preguntó.
Me limité a asentir, sintiendo un escalofrío al percibir su presencia detrás.
—Gracias – musité. Se sentó a mi lado. Inmediatamente, creé una cortina de cabello para evitar su mirada.
—Creo que deberías de considerar las palabras de mi mamá – cambió el tema
—No quiero ocasionarles más problemas
—Bella – suspiró – ¿Cuándo entenderás que ustedes no son un problema? Además, Alice lo merece, ¿no?
No contesté. La verdad era que sí, mi pequeña hermana se merecía esto y más. A su corta edad, había aceptado todos estos problemas con madurez.
—Tendría que hablar con ella y con Rose – dije
—Creo que sí aceptaran – alentó. Alcé la mirada, un tanto confundida. ¿Desde cuándo Edward era tan amable conmigo? – Merecen un poco de diversión. Sería una buena manera para todos de iniciar las vacaciones.
Vacaciones. Qué tan rápido había transcurrido el tiempo. Me era difícil creer que hacía casi un año que conocía a los Cullen.
—Podría hornear un pastel.
Solté una risita —¿Tú, un pastel?
—¿Por qué no? – Sonrió – He aprendido mucho en todo este tiempo que he trabajado en el restaurant – dijo con orgullo; mientras yo me perdía en el gesto inocente y juguetón que iluminaba su rostro.
Edward era tan… atractivo. No, era más que eso. Había algo más allá de sus verdes y profundos ojos. Descubrí que, últimamente, su presencia ya no me incomodaba de la misma manera que antes. Seguía sintiéndome inquieta a su lado; pero era una inquietud diferente a la irritación. Era una inquietud deliciosa, agradable…
—Bella…
—¿Si…? – me encontraba extraviada en el suave sonido de su voz
—Suelta el cuchillo o te harás daño…
¿Cuchillo? Parpadeé numerosamente, para aclarar mi mente. Y no fue hasta que sentí una punzada atravesar la piel de mi dedo pulgar, cuando reaccioné por completo.
—Mierda – musité.
—Espera aquí – indicó, mientras salía de la cocina y regresaba al minuto siguiente, cargando un pequeño maletín – Ya no deberías de sorprenderme, pero lo haces – tomó mi mano con cuidado y comenzó a curar la pequeña, pero escandalosa herida.
—Lo siento – susurré.
Él rió —Muchacha torpe.
La protesta que estaba a punto de expulsar por sus palabras fue silenciada cuando sus labios besaron la lesión ya vendada. Sus ojos me miraron a través de sus espesas pestañas, encendiendo mis mejillas, mientras su boca continuaba dulcemente pegada a mi piel.
—Ten más cuidado – musitó, liberándome finalmente de su embrujo y comenzando a dar media vuelta, para marcharse…
..
..
..
—Entonces… ¿Qué dices? – pregunté.
Rose recargó su barbilla en la palma de su mano y meditó un par de segundos antes de contestar.
—Me parece bien. Supongo que es lo menos que podemos hacer por Alice.
—Me da… vergüenza.
—También a mí – se cruzó las piernas con condescendencia – No me parece en nada la idea de depender tanto de los Cullens; pero, ¿Qué podemos hacer? Alice la ha pasado mal. Además, no podemos lamentarnos toda la vida por la muerte de nuestro padre. Tenemos que seguir adelante… ver la manera de poder irnos de esta casa y continuar por nuestra propia cuenta.
Observé la expresión de mi hermana. —Has cambiado mucho – dije – Has… madurado.
—Quizás – ella casi sonrió – Ve con Alice – ordenó después – plática con ella y has todo lo posible por convencerla.
—¿No me acompañas?
La rubia puso los ojos en blanco, pero aún así, se puso de pie y me siguió —Date prisa, no tengo tanto tiempo como para perderlo con ustedes.
..
Al otro día.
Un extraño ruido en la cocina llamó mi atención. Fruncí el ceño. El resto de la mansión estaba en silencio, al ser vacaciones, todos seguían durmiendo.
¿Será acaso un ladrón?, me temí. Decidí asomarme discretamente para averiguar, no sin antes coger una maseta, de tamaño mediano, que adornaba una de las esquinas. Apreté mi arma de defensa, dispuesta a usarla a la menor provocación, mientras abría la puerta con un solo movimiento.
—¡Quién anda ahí! – exigí saber, al no divisar a nadie.
Una sombra se materializó en la pared frontal, reprimí un grito e, instintivamente, cerré los ojos mientras aventaba la maseta hacia el frente.
—¡¿Qué te pasa, loca?!
¡¿Eh?!
—¿Edward? – abrí los ojos y, efectivamente, ahí estaba, con mi arma blanca reposando entre las manos
—Comprendo que no nos llevemos muy bien y que no sea de tu agrado, pero… ¿Tanto así?
—Yo… - enrojecí – Lo siento; pensé que era un ladrón.
—Un ladrón – repitió, frunciendo el ceño. Luego suspiró – Bella, de verdad que no tienes instinto de supervivencia.
—¿Qué haces aquí tan de mañana? – decidí ignorar su comentario.
No contestó, así que le miré fijamente y entonces me percaté de que, tanto su rostro, como su ropa, se encontraban repletos de polvo blanco.
—¿Qué haces? – volví a preguntar, esta vez con más curiosidad.
Un casi imperceptible rubor cubrió sus pálidas y anguladas mejillas. Un rubor que le hacía verse tan inocente y desecho de esa actitud siempre segura y arrogante. Me acerqué, al no poder soportar su mutismo, y entonces descubrí a qué se debía tanto misterio.
—¿Estás haciendo un pastel? – solté, asombrada y divertida.
—Te dije que si Alice aceptaba, lo iba a hacer – contestó entre dientes, sin mirarme.
—Al parecer, te está costando un poco de trabajo – apunté, mirando todo el desastre que había creado.
—¡Ja! – Resopló con indignación – Para tu información, lo tengo todo muy bien controlado.
Fruncí los labios para no romper en una carcajada. Era muy gracioso ver a Edward con esa actitud tan humana e infantil. No pude evitarlo, me era muy agradable verlo así de sonrojado, así que, sin pensarlo, tomé un poco de harina entre mis dedos y se la embarré en su rostro.
—¡Ey!
Reí sin poder controlarme —Lo siento…
—¿Te crees muy lista, no? – preguntó con un brillo juguetón y amenazante en sus pupilas.
—Edward… - mis risas se extinguieron al ver lo que cargaba en su puño: una enorme bola de crema pastelera.
Intenté huir, pero como era de esperarse, me tomó fácilmente entre sus brazos.
—Si te atreves a embarrarme esa cosa, te mato – advertí, pretendiendo lucir seria, pero fracasando al instante de perderme en su extensa sonrisa que hacía relucir sus dientes blancos.
Al aceptar que mis amenazas no servirían de nada, alargué la mano para coger más harina y así defenderme de la única manera que parecía posible. Esta absurda batalla la ganaría quien saliera menos manchado de todos los ingredientes que se encontraban cerca.
No recordaba momento en el que me divirtiera tanto; me importaba poco si parecía una pequeña niña de cinco años, estaba disfrutando como hacía mucho tiempo no lo hacía al lado de ese engreído muchacho que no me dejaba oportunidad para escapar.
Entre risas, Edward me tomó de la cintura y me acomodó sobre la mesa, aprisionándome ambas manos, por encima de la cabeza, con las suyas. Los jadeos de ambos inundaban la cocina, el juego había terminado y ambos habíamos quedado en un rotundo empate.
—Pareces un polvorón – apunté al contemplar su rostro íntegramente repleto de harina y algunas sombras de chocolate.
Él sonrió, mientras enganchaba su mirada a la mía. Permanecimos así durante un segundo eterno, sin decir nada, solo observándonos con detenimiento. Lentamente, se fue acercando, quizás sin darse cuenta de lo que hacía.
Suspiré. A diferencia de ocasiones anteriores, sabía lo que estaba a punto de ocurrir. Me sorprendió descubrir que no estaba dispuesta a interrumpirlo. Al contrario, lo deseaba. Ansiaba que la distancia que nos separaba terminara y su boca, finalmente, me rozara los labios.
Una de sus manos abandonó su antigua posición para situarse en mi mejilla. Cerré mis ojos, en una clara invitación, y esperé, con el estomago inundado por un fuego delicioso, a que me besara…
La puerta se abrió en ese preciso instante, rompiendo nuestro momento. Edward dirigió la mirada hacia la inoportuna aparición y hasta yo pude apreciar la tensión que recorrió cada centímetro de su cuerpo (que, por cierto, no había abandonado su lugar sobre el mío).
Me armé de valor y volví la vista hacia atrás. Entonces, entendí porqué tanto espasmo. No supe qué hacer, si sonrojarme o palidecer, al hallarme con Esme, Carlisle, Emmett, Rose, Jasper y algunas muchachas que se encargaban de la limpieza de la casa… mirándonos fijamente, con la boca entreabierta.
..
Vamos, acepto sus castigos *Anju se deja someter por cada una de ustedes*. Sé que no tengo perdón de la Santa Tortilla por hacerlas esperar tanto. Pero, de verdad, apenas y he tenido tiempo para escribir. La escuela me va a matar, estoy segura. He tenido exámenes cada semana y tareas que no me dejan ni dormir. Además, estuve trabajando toda la semana pasada y… bueno, ya sabrán, lo único que quería era llegar a mi casa y dormir.
Siento mucho la demora, de verdad. No es irresponsabilidad, hago todo lo posible por actualizar lo más pronto posible; pero escribo, no solo cuando tengo un poquito de tiempo, si no también cuando tengo ánimos para ello y, ahora, mi cabecita apenas y da para redactar una página por día. Gracias por su enorme paciencia. Sé que la historia va lenta, pero ese es mi objetivo: crear una "novela" en la que todo sea más real, no en la que el amor surge a primera vista y todos salen besándose y bailando en el tercer capítulo.
También quiero pedirles una enorme disculpas a las chicas con las que saben tengo algunos pendientes por ahí (ya saben quiénes son). Mil disculpas si por ahí hay un comentario que necesitaba ser contestado y no lo he hecho. Denme tantito tiempo, a que esté en vacaciones, y prometo que me pondré al corriente con todo el montón de cosas que me faltan, ¿vale?
Puf! También les pido disculpas por las historias que aún no he actualizado, lo haré en cuanto pueda. No he abandonado a ni una. Creo haberlo dicho antes, mis historias solo quedarán inconclusas el día en que yo me muera y mi fantasma no pueda venir a terminarlas. De otra manera, tengan por seguro que siempre seguiré actualizando (a cada mes, pero lo haré)
En fin, una nota muy larga. Muchas gracias por leerme y por soportarme, sé que no es fácil. Espero el capítulo les haya gustado. Hasta pronto (Eso espero). Un saludo a todas.
Atte
AnjuDark
