Bueno, antes de empezar este capítulo, quiero ofrecerles una disculpa. Hace poco me enteré del terremoto en Chile (Sí, era de imaginarse, puesto que no miro televisión y con la universidad apenas y me da tiempo de enterarme de la vida de mi familia) Sé que hay varias chicas que son o tienen familiares en Chile y que visitan esta página. Y sé que nada puedo hacer por ustedes, más que enviarles mi apoyo moral desde aquí; pero en verdad, lo siento mucho. Me imagino que ese tipo de cosas nos abruman a todos. Espero todo se encuentre bien y sigan adelante. Saludos.
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Capítulo 30: La Fiesta.
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EDWARD POV
Los cinco pares de dilatados ojos estaban puestos sobre nosotros, con declarada sorpresa. Sabía que debía de moverme, romper aquella posición tan comprometedora en la que nos encontrábamos Bella y yo, pero hacerlo me resultaba imposible. Sentía el cuerpo entumido y la sangre estancada en mis venas. El rostro de nuestros espectadores era perturbador. Podía leer, con suma claridad, cada uno de sus pensamientos.
Emmett tosió intencionalmente, haciéndome reaccionar.
Me alejé de la castaña con un salto y centré mi mirada en Esme.
—Yo… - no sabía qué decir. Suponía que cualquier cosa sería usada en mí contra.
El silencio era muy, muy pesado. Bella se acomodó a mi lado, sus mejillas lucían encantadoramente sonrojadas. Aunque eso era lo que menos me debería de concernir en ese instante.
—No es lo que piensan – susurré
—¿Y qué es lo que pensamos, según tú, hermanito? – maldito Emmett. Me las iba a pagar, de eso no cabía duda alguna.
—Estábamos… jugando
Jasper soltó una risita.
Diablos, nadie nos iba a creer. Fruncí los labios con frustración. ¿Qué podía decir?
Esme caminó hacia mí, sus ojos tenían un brillo que no podía descifrar. Podría jurar que estaba haciendo todo lo posible por no sonreír, mientras su mano se dirigía hacia mi rostro y trataba de limpiar toda la harina que le bañaba.
—Luces muy guapo, aún así – me guiñó un ojo. Luego se volvió hacia Bella.
—Veníamos a preparar la cena para Alice – explicó, como si nada ahí hubiera pasado – ¿Nos ayudan?
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—Pero qué cosas – dijo Emmett, propinándome un juguetón puñetazo – No sabía que te gustaban ese tipo de actividades exóticas. Ya sabes, pasión, harina… chocolate.
—Muy gracioso, Emmett – le dediqué una mirada envenenada.
—"Estábamos jugando" – me remedó, rompiendo después en sonoras carcajadas.
Apreté las manos al volante. De no ser porque iba manejando, seguramente le hubiera estampado un buen golpe para que se calmara.
—Vamos, Edward, dinos, ¿Hay algo entre tú y Bella?
Jasper, quien venía en el asiento trasero, se inclinó para que, al igual que Emmett, observaran cada detalle de mi expresión. Me sentí invadido y expuesto. Decidí no contestar, tanto como para no darles el gusto, como para no delatarme más.
—Eso es un sí – manifestó Jasper – Pero, ¿Cómo? ¿Acaso ya no estás con tu novia de Italia?
Rodé los ojos, para colmo de males tenían que recordarme a Tanya.
—Las Swan son peligrosas – suspiró Emmett – Nos hacen pecar…
—¿Pecar?
—Jasper, Jasper, cuando seas más grande nos comprenderás.
—¿Eh?... N-no… No entiendo.
—Bueno, aún cuando Edward tiene como novia a Tanya, Bella ha logrado despertar en él una pasión incontenible que le borra todo tipo de pensamientos coherentes y le incita a la INFIDELIDAD. Eso nos pasa a casi todos, créeme. El amor es complicado…
—¡Un momento! – Interrumpí – ¿Quién ha dicho que yo estoy enamorado?
—¿Lo vas a negar? ¡Se te nota hasta los huesos que Bella te encanta!
—El hecho de que tú estés babeando por Rose no significa que me pase lo mismo con su hermana
El moreno enmudeció al í de manera victoriosa, aunque una voz interior gritó "Eres un mentiroso"
—¿Es cierto eso? – se asombró Jasper – Hermano, ¿A ti te gusta Rosalie?
—Bueno, yo… - tosió – No estábamos hablando de mí.
—Eso también fue un sí – rió el más joven
—¿Y tú qué? – Contraatacó Emmett – ¿Ya le preguntaste a Alice si quiere ser tu novia?
—¡¿Alice?! Pero si ella y yo sólo somos amigos
—Ah, seguro. A otro perro con ese hueso. Si nada más la miras y te pierdes.
—Eso es verdad – apoyé – lo tuyo es muy obvio.
—No lo había pensado de esa manera– murmuró Jasper, pensativo
—Hemos llegado – anuncié, mientras estacionaba el carro frente al centro comercial – démonos prisa, mamá dijo que no nos tardáramos o no nos daría tiempo de preparar todo.
Compramos los ingredientes que Esme y Bella nos habían encargado.
Bella…
¿Por qué su nombre no se me quitaba de la cabeza ni un solo instante?
—Esperen un momento – nos frenó Jasper, al pasar frente a una tienda de regalos.
Emmett y yo nos adentramos junto con él.
—Oh, si – se volvió a burlar el mayor de los tres – no sé qué comprarle a mi querida Alice
Le pegué un codazo.
—No puedes dejar de molestar ni un solo instante, ¿verdad?
El moreno sonrió de manera traviesa, pero después accedió en darle la libertad necesaria a Jasper, para que pudiera escoger cómodamente. Yo, por mi parte, comencé a recorrer desinteresadamente el local repleto de numerosos detalles. Peluches, globos, tarjetas con mensajes que iban más allá de lo cursi, joyas…
Sin darme cuenta, me detuve en el puesto de flores, principalmente concentrado en una rosa de pétalos pequeños y blancos que, por algún motivo, había acaparado toda mi atención.
"Pareces un polvorón"
Una sonrisa curvó mis labios al recordarla. Entonces entendí que ese pequeño capullo me recordaba a Bella, por lo delicada y sencillamente hermosa que era.
—¿Se le ofrece algo, joven? –la amable voz de la señora me trajo a la realidad.
—Eh…¿Podría darme esa rosa? – pedí sin pensarlo mucho.
—Por supuesto – accedió la mujer
Al tener en mis manos aquella flor, me asaltó un sentimiento de confusión. Yo nunca había sido alguien detallista, jamás. O no al menos de esta manera. Siempre había preferido regalarle a mis seres queridos algo de más valor material que sentimental. Procuraba buscar algo que les fuera útil y no algo que les fuera a durar un día y después acabaría en la basura o mantendrían aguardado en algún rincón de su recamara. En mis tres años de relación con Tanya, jamás le había regalado flores. Me resultaba ridículo pues, al final, terminaban por marchitarse. Sin embargo, en ese momento… al pensar en Bella…
—¿Pero qué tenemos por aquí? – Pegué un brinco al escuchar a Emmett detrás de mí – ¿Y esa rosa? No me digas, es para Bella.
—Cállate – le ordené.
No dije nada en todo el camino. Mientras manejaba, pensaba…
¿Qué era lo que me ocurría con aquella castaña? ¿Porqué cada vez que la veía algo extraño me invadía, calentando mi alma y acelerando mi pulso? ¿Por qué esa necesidad de besarla en la menor oportunidad que se me presentaba? ¿Por qué el deseo de estar con ella siempre, de cuidarla? ¿Por qué me molestaba tanto verla con Jacob? ¿POR QUÉ LA EXIGENCIA DE QUERERLA PARA MÍ?
Aquellos pensamientos me asustaban. Eran enfermizos y absurdos… pero irrefrenables. No los podía controlar. Eran más fuertes que yo. Y, lo peor… me gustaban.
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BELLA POV
—Alice, quita esa cara por favor – exigió Rose – ¿De qué sirve que me esfuerce en dejarte decente si no pones algo de tu parte?
—Acepté que me hicieran una cena, más que nada para no ser grosera con los Cullen –aclaró mi hermana – pero en ningún momento me dijeron que me tenían que vestir como Cenicienta.
Solté una risita
—Vamos, Alice. No es para tanto.
La pequeña me dedicó una mirada envenenada
—Si estuvieras en mi lugar, no dijeras lo mismo.
—Alice tiene razón – le apoyó Rose – Si algo tienen en común las dos es que descuidan mucho su imagen.
—No me interesa lucir siempre como una muñequita…No es divertido
—Estoy segura que a Jasper le gustará cómo te miras
—Rose, no molestes.
Miré la pequeña, que se había sonrojado por completo, y después puse atención en la rubia, que sonreía astutamente. Me alegraba ver a mis hermanas así de unidas…
—¡Listo! Vamos, mírate en el espejo. Has quedado muy linda
—Es cierto – animé – Vamos, Ali, ¡Compruébalo con tus propios ojos!
Y la quinceañera aceptó muy a la fuerza, caminando lentamente hacia donde se encontraba el objeto reflejante y…
—¡¿QUÉ ME HAN HECHO?! – estalló al verse.
Rosalie frunció el ceño, ofendida porque su trabajo no había sido bien valorado.
—¿Qué tiene de malo? Luces bien
—¡Parezco un payaso!
—¡Pero si casi no te he puesto maquillaje!
—Alice, Rose tiene razón – intercedí – Te sientes extraña porque es la primera vez, pero de verdad, te ves muy bien.
—¿Me lo juras? – quiso asegurar, con sus ojitos pelones.
—Sí, te lo juro – la abracé para infundirle valor.
—Bueno, ya es suficiente de tanto drama – nos separó Rose – Es hora de bajar. Los Cullen ya nos están esperando.
El rostro de Alice palideció.
—Vamos, todo saldrá bien – le guiñé un ojo – Verás que Jasper correrá a tu encuentro en cuanto te vea.
—No lo creo… - murmuró la pequeña, repentinamente triste.
—¿Eh?
—Él… ya tiene novia.
—¡Ja! ¿Y eso qué? – resopló Rose – Una simple chiquilla no podrá contra mi hermana menor, ¿O sí? Nadie puede contra las Swan, si no, mira a Bella, quien no pierde tiempo alguno para conquistar a Edward.
Sabía que algún día saldría a flote tal comentario.
—Sólo estábamos jugando – refunfuñé
—Me hubiera gustado verlos – rió Alice – No me los imagino. Con lo serios que son tú y Edward…
—Bueno ya –taje antes de que siguieran – Bajemos…
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JASPER POV
Y la vi aparecer repentinamente, como un ángel recién caído del cielo, de pie en las escaleras, con su largo y negro cabello colgándole por los hombros, enmarcando su fino rostro que optaba una apariencia única gracias al perlado color de su vestido.
Caminé a su encuentro, embelesado.
—Alice –musité, tomando sus manos entre las mías – Estás…
—Muy linda – completó Seth, apareciendo justo a nuestro lado – De verdad, el look de niña te queda muy bien.
Ella sonrió.
—La verdad es que no me siento muy cómoda…
—¡Ey, Seth! – llamaron Paul y el resto de los chicos – ¡Ven! Embry dice que se ha perdido y no sabe cómo llegar. Vamos a traerlo.
—¡En seguida voy! – Contestó el moreno, con su imborrable sonrisa – Regresamos en un momento – nos anunció – ¡Extráñame, Alice!
Fruncí el ceño, un tanto molesto por lo recién escuchado.
—¿Qué sucede?
—Parece que le gustas mucho a Seth – apunté, mirando hacia sus manos, las cuales seguían atadas a las mías
—Pensé que vendría María – susurró.
La guié hacia una de las mesas y tomamos asiento.
—Eh, no. No le dije nada sobre esto – admití.
—Alice – Esme llegó hacia nosotros – Pero qué bonita te miras.
—Gracias – se sonrojó adorablemente – Gracias por todo.
—Oh, cariño, no agradezcas. Lo hemos hecho con mucho gusto. Disfruta esta noche – se inclinó y besó su frente – porque es sólo tuya.
—¡Ey! – Apenas habíamos vuelto a quedar solos, para cuando apareció Emmett y Edward – ¡Felicidades, cumpleañera!
Y así fue durante casi toda la noche. Yo tenía unas ganas locas por estar a solas con ella, pero, como era de esperarse, los pocos invitados iban y venían a cada rato. Así que me conformé con contemplarla y seguirla todo el tiempo, para así perderme en sus delicadas expresiones que, esa noche, comprendía, siempre habían tenido algo especial.
Finalmente, la media noche llegó. Casi todos los invitados se habían marchado. Esme y Carlisle habían ido a dar un paseo nocturno, dándonos un poco de libertad; No lograba divisar a Emmett ni a Rose, aunque Pamela se encontraba sentada en la sala, seguramente esperándolo. Tampoco veía a Edward ni a Bella.
Prácticamente, Alice y yo estábamos solos. Jugueteé nerviosamente con la cajita que había venido cargando desde la tarde y, la cual, por algún motivo, no me había atrevido a entregar.
—¿En qué piensas? – me preguntó.
Le miré por un segundo, intentando hallar valor entre el brillo cálido de sus ojos.
—Acompáñame – pedí, tomándole de la mano y jalándola hacia el jardín.
—¡Espera, espera! – frenó cuando íbamos a la mitad del camino
—¿Qué sucede?
—Ya no aguanto esto – comenzó a quitarse los zapatos, los aretes y el collar que traía puestos, al igual que unos prendedores que sostenían algunas partes de su cabello – ¡Jamás volverá a permitir que Rose me haga esto otra vez! ¡Es horrible!
Solté una carcajada al mirar cómo había quedado al final, toda despeinada y embarrada del maquillaje que se le había corrido en el acto.
—¿Qué? – Preguntó ella, sin ser consciente de lo curiosa que era – ¿De qué te ríes?
—Te has manchado de maquillaje – Dirigí mi mano hacia su mejilla e intenté limpiar la pequeña sombra gris que le adornaba; sin embargo, al hacerlo, comprobé que no le estaba prestando tanta atención a la machita, si no a la espesura de sus largas pestañas.
—Te compré algo – me obligué a dar un paso hacia atrás para concentrarme. ¿Qué ocurría? ¿Por qué, de un momento a otro, Alice me ponía más nervioso de lo normal? Le tendí la cajita para que la tomara – Espero te guste.
—Gracias – la cogió entre sus manos y La abrió lentamente – ¡Jazz! – Susurró – Qué bonita
Sonreí, mientras ella apreciaba la pulserita de plata, de la cual colgaban dos dijes, un trébol y un balón de futbol.
—Me recordó mucho a ti cuando la vi –admití – T-e… ¿Te la puedo poner?
—S-si… – alcancé su mano, temblando, repleto de un nerviosismo delicioso, nunca antes experimentado – Ya está
—Muchas gracias –alzó su mirada y yo me perdí en el piélago obscuro de sus pupilas.
—Cierra los ojos – susurró inesperadamente.
Accedí sin ningún tipo de cuestionamientos, sin pensar nada, más que en el simple hecho de hacer lo que ella me pidiera.
Y, de repente, sucedió… una suave y dulce presión se instaló en mis labios. Abrí un poco los ojos, sólo para cerciorarme de que no era mi imaginación, ni tampoco un sueño, y felizmente descubrí que no era así.
Alice…
Acomodé mis manos a ambos lados de sus sonrojadas mejillas y la besé con una adoración que rayaba casi con la idolatría, moviendo mis labios sobre los suyos suavemente, con miedo; sintiéndola tan frágil.
Qué tonto había sido todo este tiempo ¿Cómo es que… no me había dado cuenta? Yo…
—Lo siento… – se alejó repentinamente.
—Alice… – tomé su cintura, impidiendo que se alejara – Alice…Yo…
¿Por qué las palabras se negaban a salir de mi boca? Tan grande era lo que sentía por ella, tanto la quería, que no encontraba la forma de expresarlo.
—Alice…
—¡ERES UN IDIOTA!
Ambos brincamos al escuchar aquella exclamación que parecía venir del interior de la casa.
—Es mi hermana… - musitó, soltándose de mis manos
—Alice, espera…
—De verdad, lo siento mucho – se volvió y me miró con culpa
Quise alcanzarla, pero algo me dijo que ese no era el momento adecuado para decirle la verdad.
Debía de esperar un poco más. Actuar precipitadamente no serviría de nada. Había cosas por hacer antes. No podía confesarle aún mis sentimientos, no cuando, según, yo estaba con María. Primero debía aclarar ese asunto. Ya después… le diría a Alice cuánto la quería.
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ROSE POV
Me tragué el jugo de una sola vez. Esperaba que lo frío de la bebida me calmara la furia que bombeaba mi sangre al verlos juntos.
¿Es que acaso esa chiquilla nunca se le separaba? ¿Cómo podía Emmett estar con alguien así? Ni si quiera hablaban, se la pasaban tomados de las manos todo el tiempo, en completo silencio. A veces, hasta podía decir, que ambos lucían un poco incómodos.
¡Ba! Alejé mi mirada de aquel espectáculo. No debería de importarme. Ya debía de permitir que Emmett hiciera lo que quisiera, finalmente, yo tenía a Royce, quien era un chico amable y que me consentía en todo. ¿Qué más pedía? Estaba en mi naturaleza nunca conformarme con nada, pero esta exigencia era diferente. Con Royce, tenía todo. Él me quería, me trataba muy bien; si bien en un principio me insinuaba un encuentro más físico, ahora las cosas habían cambiado. Era dulce y tierno. Por su trabajo apenas y nos veíamos una o dos veces por semana, pero siempre que teníamos una cita trataba de compensar todo ese tiempo perdido.
Sería feliz con Royce, estaba segura, de no ser porque Emmett se había adentrado profundamente en mi vida.
Lo quería, ahora me daba cuenta de ello. Ya no era simple vanidad por lo que me molestaba verlo con Pamela… Eran celos, celos puros y sinceros que se tienen cuando amas a alguien y sabes que lo tuviste y lo perdiste por tonta.
Tomé otro vaso de jugo. No estaba funcionando… Quería olvidarlo. No me gustaba la idea de sufrir por alguien. Siempre había evitado que algo así me pasara, pero esta vez había fracasado rotundamente. Me dolía el verlo con ella, me dolía el imaginar que de verdad la quisiera. Y, lo peor de todo, me dolía aceptar que esa niñita era buena para él. Mucho mejor que yo.
Salí de aquella sala y me dirigí a la cocina. No debía seguir castigándome de esa manera. Tomé asiento y mi mirada se dirigió hacia la pequeña vitrina que contenía algunos finos licores.
No seas tonta, intenté frenarme, no es para tanto… Ya lo olvidaras.
Pero bien sabía yo que estaba mintiendo. Emmett era el único al que podía querer. El único que había sido capaz de derrotar mi egolatría. Y, aún sabiendo cuánto significaba para mí, no podía ser bondadosa. No podía dar media vuelta y permitir que fuera feliz con Pamela. Era un monstruo, el peor de todos. Impulsivamente, tomé una de las botellas y me serví una gran cantidad de licor en un vaso. Después compraría una igual para reponerla. Bebí la sustancia alcohólica de un solo trago, ignorando el ardor que ésta causaba en mi garganta. No fue suficiente y me serví más y más… Hasta que pasó la noche y la botella fue disminuyendo su volumen hasta quedar vacía…
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EMMETT POV
No veía a Rose por ningún lado…
Durante toda la noche mis ojos habían exigido verla, pero ella simplemente no estaba. Quizás y prefirió salir con Royce… La idea me enfermó.
—Emmett – susurró Pamela – ¿En qué piensas? Te veo inquieto
Suspiré para tranquilizarme
—No pasa nada – sonreí.
Ella volvió a recargar su cabeza sobre mi pecho. Los invitados ya se habían marchado. Estábamos solos en la sala, escuchando una música muy tranquila. Un ligero bostezo entreabrió sus labios
—Estás cansada – señalé – ¿Quieres que te lleve a tu casa?
Asintió con la cabeza. Me incliné para besar sus cabellos
—Espera un momento, iré a traer las llaves del carro.
—Sí…
Me puse de pie, pero, antes de comenzar a subir las escaleras, vi cómo las luces de la cocina se apagaban y encendían repetidas veces. ¿Había alguien ahí? Fruncí el ceño y me dirigí a investigar. Abrí la puerta con cautela, entonces, la encontré…acurrucada en un rincón.
—Rose – corrí hacia ella y le ayudé a ponerse de pie – ¿Qué sucede?
—¿Emmett? – Había algo extraño en su voz – ¡Emmett!
Y se dejó caer en mis brazos.
—Estás borracha – musité, sosteniéndola firmemente para que no se cayera – ¿Pero cómo?
—Sabía que vendrías por mí. ¡Lo sabía!
Mierda. La senté en la silla
—Rose – le llamé – ¿Qué te pasa? ¿Por qué te has puesto así?
—¿Ya se fue Pamelita?
—No – contesté.
—¿Y por qué no se ha ido, si ésta no es su casa? – rezongó, mientras su cuerpo comenzaba a caerse de lado.
La sujeté rápidamente.
—Sin ti no soy nada, una gota de lluvia mojando mi cara. ¡Mi mundo es pequeño y mi corazón pedacitos de hielo…! - comenzó a cantar.
Le cubrí la boca con una de mis manos.
—Mírate cómo estás – murmuré. Apenas y podía sostenerse en pie – Ven, es mejor que duermas
—Sí – rió y acercó sus labios a los míos de manera peligrosa – Quiero dormir en tu cama.
Tragué saliva y me obligué a mantener mi distancia. Aún en ese estado, ella seguía siendo hermosa e irresistible para mis sentidos.
—No digas tonterías – la cargué entre mis brazos – te llevaré a tu cuarto para que descanses.
—¡Siiii! – gritó – ¡Así como si fuéramos recién casados y estuviéramos en nuestra luna de miel…!
—¡Shhh! – le silencié – Pamela está en la sala.
Apretó sus labios y asintió como una pequeña niña traviesa que accede a portarse bien. Agradecí el que su recamara estuvieran en la planta baja y hubiera una puerta de la cocina que colindara con ésta. De no ser así, no sé cómo me las hubiera ingeniado.
Su rostro se apretó contra mi pecho. Abría la puerta de su cuarto y la dejé caer sobre la cama, pero sus brazos no soltaron mi cuello y me obligaron a inclinarme sobre ella.
—Solía pensar que el amor no es real, una ilusión que siempre se acaba. Ahora sin ti no soy nada… - musitó, con sus ojos superando la oscuridad de la habitación y traspasándome el alma.
—Rose…
—Bésame – pidió
—No sabes lo que pides…
—Claro que sí – se estiró y otra vez su boca volvió a quedar a una distancia peligrosa. Sólo que esta vez, yo ya no tenía fuerza de voluntad para alejarme – Sé lo que quiero. Bésame.
Y lo hice. Sin más dudas ni preámbulos, uní mi boca a la suya con una desesperación deliciosa. Sus dedos se hilaron en mis cabellos y nos acomodamos sobre la cama. La forma en que su cuerpo recibió el mío azoró todos mis pensamientos. Me olvidé de Pamela por completo. En ese momento, sólo existía Rose y yo en aquella habitación. Sólo existía el creciente deseo de acariciar cada parte de su piel.
Su mano se deslizó por debajo de mi camisa, paseándose lentamente por mi espalda y llegando hasta mi pecho. Mis labios bajaron hasta su cuello, mis dedos comenzaron a bajar los tirantes de su blusa… El sonido de su respiración hacía crecer mi deseo y enterraba más profundamente mi consciencia. Estaba ya perdido entre el calor de su cuerpo, para cuando un milagroso grito hizo retumbar la casa entera y me hizo reaccionar.
—¡ERES UN IDIOTA!
Me impulsé hacia atrás, jadeando.
Ella permaneció acostada, se cubrió los ojos con un brazo.
—No lo digas – susurró – Sé que no puedes y que ella te está esperando…
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BELLA POV
—¡Jacob! – reconocí a mí amigo al abrir la puerta.
—Ey – sonrió forzadamente al verme. Era más que notorio que estar en la casa de los Cullens no le agradaba en lo más mínimo
—Pensé que no vendrías
—Sólo vine por Seth – contestó a regañadientes – Además… tenía ganas de verte. Últimamente, siento que te estoy perdiendo.
De verdad parecía creer eso, lo decía la expresión dura de su rostro. No me gustaba ver a Jacob triste, y mucho menos por mí. Era mi mejor amigo, mi hermano, el que siempre había estado ahí para apoyarme cuando más lo necesitaba. No era justo. Tomé sus manos entre las mías
—Jake… no seas ridículo. Yo siempre estaré contigo. Siempre seré tu amiga.
Él bufó con amargura
—Bella, ¿Hasta cuándo entenderás que no es sólo tu amistad lo que yo quiero?
—Es lo único que te puedo ofrecer – musité, con real melancolía. Hacía unos cuantos meses atrás… todavía cabía la posibilidad de corresponder aquel sentimiento; pero ahora, era diferente.
Había algo en mi pecho que me decía que, simplemente, no podía. Que amar a Jacob era algo totalmente imposible.
Mi amigo suspiró y viajó sus ojos por alrededor. La fiesta era muy tranquila, una música de piano y violines sonaba al fondo, la poca gente que se había invitado platicaba en la pequeña sala y reían. Instintivamente, sin planearlo si quiera, busqué a Edward. No estaba.
—¿Bailas conmigo? – pidió de repente.
—Jake… sabes que no bailo.
—Sí – sonrió otra vez de esa forma ácida, dolida – Si fuera Cullen, eso no importaría, ¿verdad?
—No sé a qué te refieres – contesté, tratando de controlarme. No quería volver a pelear con él. Parecía que, últimamente, era lo único que podíamos hacer.
—Acompáñame – pidió, mientras me jalaba hacia fuera de la casa, arrastrándome a un lejano y obscuro rincón.
Aquello no me gustaba. Me hacía sentir incomoda.
—¿Qué hacemos aquí? – pregunté
—Quiero platicar contigo. A solas.
—Empieza – alenté, bajando el rostro y cruzando mis brazos sobre mi pecho, poniendo una barrera de esa manera para evitar algún problema.
Sin embargo, aún así, sus dedos tomaron la punta de mi barbilla y me obligó a mirarle.
—Bella, yo te quiero – confesó con un sentimiento que me agujeró el corazón.
—Jake… No insistas. Yo no puedo… No es justo para ti.
—¿Sabes? Antes, cuando me decías eso, podía ver en tus ojos un atisbo de indecisión. Ahora es muy diferente. Ahora en verdad pareciera que no puedes amarme. ¿Por qué? – quiso saber, acercándose un poco más – ¿Es que acaso ya hay alguien en tu vida?
¿Qué si había alguien en mi vida?
—Es Cullen – aseveró ante mi silencio. Respingué. ¿Edward?
Cerré los ojos. La verdad era que ese engreído muchacho se había metido profundo en mi alma… No quería aceptarlo, pero ya no podía negarlo más. Edward se había convertido en algo especial, esencial en mi vida. Ahora que tenía a Jacob frente a mí, podía comprobar que solamente él era capaz de provocar que mi corazón latiera hasta el extremo de querer reventar con su sola presencia. Él y solamente él…Edward Cullen.
—¿Lo amas?
—Sí… - susurré, sincerándome conmigo misma.
Se hizo un silencio que me obligó a abrir los ojos y centrarlos en el rostro sombrío de mi amigo.
—Ya veo… -musitó – tenía la esperanza de que me contestaras uno "no"
—Lo siento… - También hubiera querido lo mismo.
Él suspiró con resignación y besó mi frente
—Comprendo, no tienes porqué sentirte mal. En esta vida no todos pueden ganar, ¿o sí?
—Jake…
—¿Puedo pedirte algo? Digo, como premio de consolación
—Lo que quieras – respondí estúpidamente, atontada por aquella tristeza que bañaba a sus obscuras pupilas
—Permíteme que te bese.
No contesté, pero Jacob tampoco esperó por una respuesta. Sus morenas manos se apretaron a mi rostro y sus cálidos labios se abrieron paso entre los míos. Permanecí quieta, con la esperanza de que esto terminara pronto, pero cuál fue mi sorpresa cuando mi amigo tomó mis brazos y los guió alrededor de su cuello, al mismo tiempo que el movimiento de su boca se volvía más intenso y apasionado. Continué esperando y empuñé mis manos sobre su espalda, para así evitar empujarle y obligarle a que me dejara. Ya suficientemente daño le había hecho. Podía soportar un poco más…
Finalmente, su boca me abandonó.
Suspiró con tristeza, mientras su frente se unía a la mía
—Comprendo. Ahora me ha quedado más claro…
—Discúlpame –pedí
Él sonrió, pero, claramente, el gesto era forzado.
—No seas tonta, ya te dije, sé aceptar una derrota. Pero eso sí – agregó – estaré al pendiente para cuando él cometa un error. Sabes que estaré siempre para ti, Bella. Si algún día dejas de quererlo o si me necesitas, búscame.
—Gracias.
—Bien, ya es hora de que me vaya – anunció, como si nada hubiera pasado ahí – iré a llamar a Seth. Mañana tengo que trabajar desde muy temprano.
Asentí con la cabeza
—Adiós, Bella
—Adiós, Jacob…
Permanecí de pie en ese mismo rincón, contemplando cómo mi amigo se encimaba sobre su moto y después aceleraba y se alejaba de mí…
—Pero qué tierna escena
Palidecí al escuchar su voz detrás. Di media vuelta y mis ojos se dilataron al hallar su expresión sarcástica y amarga a pocos metros de mí.
—Edward – musité. ¿Por qué me miraba así? ¿Sería acaso que había visto todo? Podía explicarlo… - Edward…
—Bella, ¿No crees que hay lugares para "cierto" tipo de cosas? – Interrumpió —Pensé que eras más decente, pero parece que estaba equivocado.
—¿Qué insinúas con eso? – fruncí el ceño. Me estaba ofendiendo, y eso no se lo iba a permitir.
—¿Qué entiendes tú? – Me retó – Dime, Bella, ¿Todas las mujeres aceptan que un hombre las agasaje entre los rincones?
Alcé la mano, dispuesta a hacerlo un lado para así huir de la cárcel de su cuerpo, pero él fue más rápido y capturó mis muñecas entre sus dedos y me aprisionó más contra la pared.
—Apuesto que no te importa si hago esto, ¿verdad? – preguntó, apretándose más contra mí y dirigiendo una de sus manos hacia mi cintura.
Su roce no era el mismo de antes. Éste era lascivo, humillante…Me hacía sentir inferior.
—¡Suéltame! – estallé y le liberé una bofetada
La hiel de su mirada me destrozó el alma. Jamás antes me habían visto de esa manera…
—Ahora quieres hacerte la digna – bufó – Ni pensar que eras diferente…
—No soy lo que tú piensas – discutí
—¿Ah, no? – Ironizó – ¿Entonces qué eres, Bella? Te besas conmigo, te besas con Jacob Black, ¿Con cuántos más, eh? Apuesto que si ahora te quiero llevar a mi cama aceptarías sin duda alguna. Apuesto que si Emmett o Jasper vienen y lo desean también, tú los complacerías de buena manera…
Otra bofetada, mucho más fuerte que la anterior. Apreté los labios para no llorar, aunque las lágrimas ya estaban en los bordes de mis ojos. Era una estúpida, ¿Cómo podía quererlo tanto cuando él era así?
—¡Lárgate! – Solté – ¡Eres un idiota!
—¡Lo soy! – aceptó, tomándome de los hombros y besándome al segundo siguiente, con una violencia que, para tristeza mía, resultó exquisita – ¡Soy el más idiota de todos! - me soltó de la misma manera.
Los labios me ardieron al no tener a los suyos acariciándolos.
—Largo – musité, azorada por tanto dolor. Si tan sólo el muy imbécil supiera, me hubiera dado la oportunidad de explicarle, que aquel beso con Jacob había sido una despedida, pues yo ya había descubierto que mi alma ya tenía dueño y era justamente él… – ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no te regresas a Italia? Eso era lo que querías en un principio, ¿no? Ahora ya tienes todo para hacerlo; ya nada te ata aquí, ¡Vete!
Sus manos me soltaron, dio un paso hacia atrás, poniendo enorme una barrera invisible, pero tangible, entre nosotros.
—Me iré – prometió. Y no dijo nada más, antes de dar media vuelta y adentrarse a la casa…
..
Vamos, no me maten. Actualice rápido, ¿no? :-) Sé que las cosas se suavizan y complican a cada rato, pero las relaciones son así, (supongo). Bueno, ténganme tantita paciencia, este drama es necesario. (Además, saben que me encanta hacerlas sufrir). Un saludo y hasta pronto. Un capítulo demasiado largo, para compensar todo lo que anteriormente las he hecho esperar. Gracias.
Atte
Anju.
