Capítulo 32: Recuerdos.

..

Jasper Cullen.

Me asomé discretamente por la sala, buscándola. Fruncí el ceño al no encontrarla ahí. ¿Dónde se había metido Alice? Llevaba toda la mañana queriendo encontrarla, pero pareciera que se la había tragado la tierra.

—Jasper

—¡Mamá! – me asombré de que estuviera a mis espaldas.

Ella soltó una risita

—¿Qué haces, cariño? Luces inquieto.

—Yo… estaba buscando a Alice – balbuceé – ¿No la has visto?

—Ahora que lo dices, no – contestó pensativa.

Umm… Seguramente había salido; pero… ¿A dónde?

—Iré a buscarla – informé. Mi madre asintió y se hizo a un lado para que pudiera pasar. Salí de la casa deslizándome sobre la patineta. Apenas llevaba recorridas tres calles, para cuando mi celular vibró en mis bolsillos. Frené para averiguar de quién se trataba.

Jasper, necesito hablar contigo.

Era María. Contesté su mensaje de texto, diciéndole que llegaría a su casa en unos minutos. Me desvié de mi camino, recordando lo que había prometido la noche pasada. Arreglaría este mal entendido antes de ir en búsqueda de Alice.

La morena ya me esperaba afuera, con los brazos cruzados sobre su pecho. Parecía molesta.

—Ey – saludé mientras llegaba.

Ella bufó en respuesta. Me acerqué dos pasos más, disminuyendo la distancia de tres metros que nos separaba a una de dos. Metí las manos en mis bolsillos, mientras pensaba cómo empezar.

—María…

—¿Sabes que lo que me hiciste fue muy injusto, Jazz? – interrumpió con voz ahogada.

Alcé la mirada para comprobar si estaba llorando y, efectivamente, así era. Sus ojos estaban enrojecidos y húmedos.

—María…

—¿Porqué no me dijiste que iba a ver una fiesta en tu casa? – exigió saber

—Bueno… Porque la fiesta era de Alice y…

—¡Ah! – se indignó – ¿Es ella más importante que yo?

Sí… Hubiera querido decirle la verdad, pero me resultó un gesto muy grosero

—Tengo que hablar contigo – dije – ¿Podemos salir un momento? – No era nada cómodo estar al pie de su casa y con el montón de sus amigas indiscretamente escondidas detrás de la cortina de una de las ventanas.

—De acuerdo – soltó tras pensarlo un par de segundos – Pero… tendrás que esperarme un momento. Tengo que arreglarme.

¿Arreglarse? No lo vi necesario, puesto que no iríamos muy lejos. Además, cabía mencionar que se encontraba vestida como para ir a una fiesta. ¿Qué más podía hacerse? Aún así, asentí.

—Te espero aquí – señalé, mientras tomaba asiento en la banqueta.

Y pasaron diez, veinte, treinta, cuarenta minutos… Por un momento pensé que ya no saldría. Hasta que apareció con otra ropa, otro peinado, otros zapatos y maquillaje… mucho maquillaje. Lucía bien, sí, debía admitirlo. Pero me resultaba algo exagerado.

—¿Quieres ir a tomar un café?

..

—Y bien, ¿De qué querías hablarme? – preguntó cuando ya nos encontrábamos sentados en el pequeño local de madera y ambiente bohemio.

¿Cómo empezar?

—De acuerdo, Jazz – suspiró mientras sorbía un poco de té helado – Te disculpo.

¡¿Qué?!

—¿Me disculpas?

—Sé que Alice es una niña posesiva – hizo un puchero – Y sé que es tu amiga. Entiendo que fue ella quien te dijo que no me invitarás para no robar tu atención. Está bien, era de esperarse. Sólo que no sabía que ella fuera tan envidiosa. Deberías de escoger mejor a tus amistades…

—No, espera – interrumpí, un tanto molesto por sus palabras sin sentido – Estás equivocada.

Hubo un cambio drástico en el brillo de su mirada

—No te entiendo. ¿Podrías explicarte mejor?

—Fui… Fui yo quien decidió no decirte nada sobre la fiesta – confesé, notando cómo su mandíbula se tensaba – María… Yo…

—¿Sabes qué? – Me interrumpió – Ya me aburrí de estar aquí. Vamos a otro lado.

Se puso de pie y caminó hacia la salida. Me apresuré a pagar la cuenta y le seguí. No pude evitar sentir cierta lástima por el desperdicio que ella había dejado en la mesa. Podría apostar que la taza de té había quedado casi llena y la tarta de zarzamora superlight ni si quiera había sido probada.

Finalmente, llegamos a un parque muy cerca de ahí. Ella caminaba tres pasos adelante, con andar iracundo y soberbio. Lucía muy molesta, tanto, que ni si quiera se había percatado que, a pocos metros, un grupo de niños se encontraban jugando animosamente un partido de futbol y que el balón venía directo a su rostro.

—María… - quise advertir, pero ella me interrumpió alzando una mano

—No digas nada, Jazz. Estoy muy enojada…

¡PUM!

—¡María! – corrí a auxiliarla. Debo admitir que tenía la pequeña esperanza de que lograra evitarlo, así como Alice muy seguramente lo hubiera hecho.

—¿Te encuentras bien?

—¡No! ¡No estoy bien! – chilló, poniéndose de pie y haciendo un infantil berrinche en medio del jardín.–¡Mira cómo me han dejado! – señaló su frente hinchada.

Apreté los labios para no romper en una carcajada. Era descortés de mi parte, sí, pero de verdad que esto ya caía en lo ridículo.

—Fue un accidente, María. No es para tanto – reí sin poder evitarlo.

Su mirada asesina me estremeció

— Soy tu novia – siseó – ¿no lo recuerdas? ¡Trátame como tal! Pareciera que tienes más cuidado con un maldito balón de futbol que conmigo.

—Precisamente sobre eso el asunto de que somos novios quiero hablar – solté al tener la oportunidad – María… Yo… quiero que terminemos.

—¿Qué has dicho? – jadeó – Escuché mal por culpa del golpe, ¿No?

—No lo creo…

—Tú no puedes terminar conmigo – declaró de manera teatral – Llevamos días de andar. ¿Cómo se te ocurre?

—Por lo mismo de que es poco el tiempo que llevamos juntos, creo que es lo mejor. María, tú no me gustas.

—¿Me estás diciendo fea?

—¡No! – cielo santo, esta mujer no entendía – No es eso. Eres muy guapa, pero…

—Te interesa otra persona – adivinó

—Sí.

—Alice – volvió adivinar

—Sí – confirmé.

Ella rió —¿Cómo puede gustarte ella? – preguntó con despreció.

Aquello me molestó. ¿María quería que yo fuera descortés? Podía serlo, si me lo proponía.

—No lo sé. Supongo que es más interesante que tú – contesté, mientras le dedicaba una mirada fría.

Sus ojos se le llenaron de lágrimas al instante, lo cual removió por un momento mi conciencia, hasta volvió a abrir la boca.

—Eres un grosero. Ahora ya no me sorprende que te guste esa machorra.

—No te refieras así de Alice – exigí.

Alzó la barbilla de manera desafiante —¿Por qué no?

—No era mi intención llegar a esto – quise calmar la situación – Sólo quería aclarar las cosas contigo y pedirte una disculpa…

—No me vas a pedir una disculpa, Jasper, ni dos. Me vas a pedir miles cuando te des cuenta de que ella no es nada en comparación conmigo y quieras que volvamos a ser novios.

Contuve el deseo de rodar los ojos. La chica sí que miraba dramas de telenovela.

—Como digas – me encogí de hombros, antes de dejar mi patineta sobre el pavimento y alejarme lo más rápidamente posible.

Después de todo, no había sido tan difícil como había pensado. Ahora ya todo estaba arreglado y listo para hablar con Alice. Frené súbitamente, repentinamente pasmado y erguido, con el corazón latiéndome fuertemente… Sí, efectivamente, ya podía ir con Alice, declararle mis sentimientos y pedirle que fuera mi novia, pero… ¿Cómo hacerlo?

..

..

Bella Swan

Leonardo… Leonardo… ¡Leonardo!

—¡Sí, señor! – reaccioné de un brinco

El anciano puso los ojos en blanco y movió la cabeza con negativa desaprobación

—¿Qué te pasa, muchacho? Estás muy distraído. Tengo varios minutos hablándote.

—Lo siento… ¿Me decía?

—¿Sabes por qué Cullen ha dejado de trabajar tan repentinamente?

—No tengo ni la más remota idea, señor – contesté, tratando de controlar el agujero que se iba abriendo paso lentamente en mi pecho – ¿Pre.. Presentó una renuncia? – pregunté, sin poder contenerme. El hombre asintió – ¿Definitiva?

Era una tonta, sí. Aún aguardaba la esperanza de que el regresara dentro de pocos días. ¡Tonta y masoquista! ¿A mí que bien me hacía que él volviera? Mi mundo debería de estar más tranquilo sin su molesta presencia acechándome siempre.

—Solamente me llamó por teléfono, excusándose y dándome las gracias. Pero ¿Qué te pasa muchacho? Te has puesto pálido de un momento a otro.

—Es su imaginación – di media vuelta, ocultando mi rostro.

—Cullen y tú eran muy buenos amigos. Seguramente lo extrañarás.

—Sólo éramos compañeros – aclaré, mientras mis manos se empuñaban sobre la mesa.

—Bien, como tú digas – accedió, mientras salía de la cocina.

Jadeé en cuanto me quedé sola. Fruncí los labios… cerré los ojos. No llores, Bella, no lo hagas. Es mejor así… Pronto pasará.

Sin embargo… No pasó. Lo único que transcurrió fue el tiempo, las horas, los días… Y este dolor, fuera de disminuir, creció.

Edward…

..

..

Edward Cullen.

—Edward

Pegué un brinco. —Lo siento, Tanya, ¿qué decías?

Miré a mi novia, la cual me observaba con expresión preocupada.

—Nada – contestó, con una forzada sonrisa – Acabo de llegar…

Oh, Me removí en el sillón, incómodo. ¿Cuántas horas habían pasado desde que mi novia se había ido de compras?

—¿Sigues aquí sentado, desde la mañana? –preguntó, acomodándose a mi lado.

—Creo que sí – contesté – Supongo que me quedé dormido.

—No parece – acarició mis ojeras – Luces muy cansado. ¿No estás durmiendo bien en las noches?

—No es nada de importancia…

—Podemos quedarnos hoy en casa – ofreció – No es necesario ir…

—Está bien – sonreí para tranquilizarla – Tiene mucho que no veo a nuestros amigos. Vamos.

—De acuerdo – asintió – ¿Quieres comer algo?

—No – me puse de pie – Mejor me voy a bañar, para que no nos retrasemos.

Caminé hacia la recamara, con Tanya siguiéndome los pasos.

—¿Qué compraste? – pregunté al ver la bolsa que acomodaba sobre el buró

—Un vestido, ¿Quieres verlo?

Asentí. Ella comenzó a quitarse las ropas, mientras yo planchaba la camisa que usaría para la cena a la que iríamos esa noche…

— "¡Leo!"

— "No… no puedo respirar"

Uno, dos, tres… Uní mi boca contra la suya…

—¿Qué te parece?

—Bien – contesté de manera automática – Te queda hermoso.

—Gracias – giró un poco para que lo apreciara mejor.

—Iré a bañarme – anuncié, dando media vuelta.

Sus brazos se enrollaron por detrás.

—¿No quieres un poco de ayuda? – ofreció, mientras sus dedos comenzaban a jugar con los botones de mi camisa.

Bella…

Giré y la tomé entre mis brazos, con violencia. Sus piernas envolvieron mi cintura. Caímos sobre la cama y yo comencé a devorar su cuerpo con mis manos y labios, mientras que luchaba, inútilmente, contra aquellos recuerdos que se negaban a salir de mi mente.

Bella, Bella, Bella…

Su nombre se volvía cada vez más constante. Habían pasado dos semanas tras haber abandonado a Forks, dos semanas de no mirarla, de no escucharla… Dos semanas que se convertían, con su prolongamiento, en un mar de violentas olas que me ahogaban cada vez más…

Caí sobre el agitado cuerpo de mi novia tras terminar. Descansé un poco sobre el hueco de su hombro, escuchando su respiración entrecortada y jadeante, antes de tirarme de espaldas sobre el colchón.

Bella, Bella, Bella…

Tanya se acomodó sobre mi pecho y paseó su mano por éste.

Sono molto felice con te – musitó de manera casi inaudible. Quizás hasta haya sido mi imaginación…

..

—¡Edward! ¡Hombre, qué gusto verte! – exclamó Garrett, dándome un abrazo – ¡Cuánto tiempo!

—¿Cómo te va? – correspondí el gesto, mientras Tanya se alejaba a platicar con sus amigas.

Nos encontrábamos a pocos minutos del departamento, en una reunión que Kate, su amiga, había organizado por motivo de su primer aniversario de matrimonio con Garret. Mi grupo de amigos en Italia era pequeño, pero alegre a su manera. Antes de marcharme a Forks, solíamos tener este tipo de reuniones cada vez que la escuela y los trabajos de algunos lo permitía.

Tanya y yo conformábamos la pareja más simple y, curiosamente, la más duradera. Éramos los únicos que no teníamos planes de contraer matrimonio, lo veíamos inútil, puesto que vivíamos juntos y eso era prácticamente lo mismo.

—Por un momento pensé que ya no regresarías a Italia

—Igual yo – musité, sirviéndome un poco de licor.

—¿Beberás? – se asombró mi amigo

—Hace mucho que no lo hago – justifiqué – se me ha antojado.

—Bien, bien – rió

—¡Ey, Cullen! – Eleazar también apareció – ¡Hola!

—¿Qué tal?

—¡Pero qué ánimos! –ironizó el recién llegado – Hombre, se nota que nos extrañaste.

Me encogí de hombros y sorbí un prologando trago de vodka.

—¿Qué? –inquirí al notar el obvio asombro de mis amigos.

—Edward, cuéntanos –incitó Garret, rodeando mi espalda con su brazo y llevándome a un lugar mucho más apartado de donde se encontraba Tanya con sus amigas – ¿Te encuentras bien?

—Sí – contesté de manera automática – ¿Por qué no habría de estarlo? – bebí más, hasta el fondo.

—Estás bebiendo como si la vida se te fuera en el licor – apuntó Eleazar – eso no es normal en ti. ¿Acaso tienes problemas con Tanya?

—No, en absoluto. Ella y yo estamos perfectamente bien. El tiempo que estuvimos lejos no afectó en nada nuestra relación.

Era un maestro de la mentira, en ese preciso segundo lo comprobé.

—Menos mal – rió Garrett – Pensábamos que habías conocido a una chiquilla por ahí…

—Tanya lucía muy triste con tu ausencia – confesó Eleazar

—Es verdad –apoyó mi otro amigo – ¿Y qué? ¿Este distanciamiento te ha servido de algo?

—¿A qué te refieres? – me confundí

—No sé… La verdad no todas las parejas sobreviven a una lejanía tan prolongada. Pasaron separados casi un año y siguen juntos. Eso significa que tienen una relación muy sólida. Tan sólida como para… casarse.

—No todos somos tan precipitados, Garret –bufé – Mi objetivo primordial, al igual que Tanya, es terminar la universidad, conseguir un buen trabajo, estudiar una maestría, luego un doctorado, viajar, disfrutar de mi juventud y libertad… Y, si después de eso no surgen otras cosas más interesantes, probablemente me case.

—El problema es que tú ves el matrimonio como un obstáculo y, créeme, no es así – apuntó Garret – Mírame, llevo un año felizmente casado con Kate y no me arrepiento. Ambos seguimos con nuestros estudios y trabajos. Viajamos y nos divertimos mucho. Es más, estamos planeando hasta en crear una familia en cuanto terminemos la universidad – sonrió lleno de ilusión – No todo en el mundo es éxito y dinero, amigo. Hay pequeños detalles que hacen de la vida del ser humano algo más armonioso.

—"El tiempo no es un factor muy confiable en la relación de las personas"

—"Entonces, ¿Cuál es?"

—"La pasión. El deseo. La química que hay entre tu pareja y tú."

—Muchachos – volví el rostro hacia mi novia, apenas dándome cuenta que había llegado a mi lado

—¿Qué sucede?

—Las chicas insisten en que convirtamos esta reunión en una noche de trova.

—¡Ey! Me parece genial – accedió Eleazar, caminando hacia Carmen y abrazándola por detrás

—Iré por mi guitarra – informó Garrett.

Nos sentamos sobre el suelo. Tanya se acomodó a mi lado, recargando ligeramente su cabeza sobre mi hombro, mientras que las otras dos parejas parecían querer fusionarse entre los brazos del otro. No era nada de extrañarse, ya había mencionado que ella y yo no éramos muy afines a dar muestras de cariño, fueran cuales fueran las circunstancias; sin embargo… Yo me sentía diferente. Ya no veía ese gesto normal, si no vacío, carente de valor.

—¿Por qué no empiezas tú, cariño? – ofreció Kate.

Garrett depositó un breve beso sobre sus labios —Lo que usted diga, señora.

Por primera vez en mi vida, presté atención a la letra de una canción. Siempre solía tocar la guitarra o el piano de manera metódica, guiándome más por las partiduras que por el sentimiento. Pero esa noche, había algo que me llenaba de un desconocido sentimiento, mientras Garrett y Eleazar desempeñaban su papel de trovadores y yo me acababa la botella de Vodka.

—Es el turno de Edward

Tanya se alejó un poco para darme el suficiente espacio. Cogí la guitarra entre mis manos, un tanto mareado, la acomodé de la manera adecuada entre mis brazos y manos… y… comencé a cantar.

..

Lloras, hoy la luna no ha venido por ti,

escondida entre sus nubes de algodón se pasea por las calles de Madrid

Sientes que esta noche tampoco podrás pedir que te cuente un cuento antes de dormir

Hoy la luna se ha olvidado de salir

..

dime ¿por qué todo es tan gris en mi mundo?

Princesa de la eternidad, alza tu vuelo y ven junto a mí

Sólo deseo un minuto contigo

Ser lluvia que moja tus recuerdos y barre todo tras el cristal

..

Dama de la noche, necesito tu luz

Soy el viajero infatigable abrazado a la luz

Rompe el hechizo que aprisiona el lado de nuestro amor

Rómpelo pronto o moriré de frío

No sé vivir sin ti…

No sé vivir sin ti…

..

Dueña, dueña de la esperanza que se agita en mi interior

Dime si aún no es tarde para oír tú voz

Regálame un secreto callado en tú corazón

..

Dime si la noche amenaza tu sueño

Soy un mensajero de amor, la rosa negra que daña tu piel

El último beso que robas al viento

La luna escondida entre sus nubes

Llámame y allí estaré...

..

Dama de la noche necesito tu luz

Soy el viajero infatigable abrazado a la luz

Rompe el hechizo que aprisiona el lado de nuestro amor

Rómpelo pronto o moriré de frío

No sé vivir sin ti…

No sé vivir sin ti…

..

..

Tres de la mañana. Suponía que en Forks eran alrededor de las seis de la tarde. Era fin de semana, así que… muy probablemente ella estuviera en casa. A pesar de que había prometido hablar en cuanto arribara a Italia, no lo había hecho. Me había limitado a mandar un mensaje de texto a mis padres para que no se preocuparan. Sin embargo, ahora me encontraba ahí, con el teléfono entre manos, desesperado, ahogado. Necesitaba escucharla. Necesita saber de ella…

—¿Edward? ¿Pasa algo? – preguntó Tanya, apareciendo en la sala – ¿A quién piensas marcarle a esta hora?

—A nadie – dejé el objeto en su lugar

Mi novia llegó y se sentó a mi lado.

—Edward… ¿Qué pasa? – pidió saber con voz suave – Te siento muy inquieto. ¿Qué te preocupa tanto como para que no puedas dormir?

—No es nada importante.

—No lo creo – discutió, acariciando mi rostro ligeramente – Tú nunca bebes más de la cuenta y mírate… Hoy te embriagaste. ¿Acaso todavía hay problemas con tu familia? Puedes regresar si eso te tranquiliza, yo comprenderé.

Negué con la cabeza —Estoy bien – volví a asegurar – De verdad.

Sus manos asieron mi rostro entre ellas y sus ojos buscaron los míos.

—Sabes que puedes confiar en mí, ¿no? Sobre todas las cosas, soy tu amiga. Recuérdalo.

—Gracias, Tanya.

Mi novia esbozó una pequeña sonrisa, que le brindó a su rostro una expresión tierna… dulce. Por una fracción de segundo, la contemplé de la misma forma con que lo había hecho en un pasado, hallando en ella, y sólo en ella, a la compañera ideal. Por una fracción de segundo, fue a Tanya a quien realmente deseé; pero el nombre de Bella llegó y me golpeó fuerte, como un maremoto, arrastrándome hacia su recuerdo.

Me estiré y alcancé los labios de mi novia, con urgencia, con cobardía. Y la hice mía, besándola violentamente, luchando por desvanecer la sombra de aquel par de castaños ojos que tanto me atormentaba. Descubriendo con furia que, entre más tomara de Tanya,… más me costaba no ver a Bella y hallarla en mis sueños.

..

..

Rosalie Swan.

—¿Lo dices en serio? – preguntó Royce, con una extensa sonrisa

—Lo he pensado bien y… tienes razón – asentí – Creo que debemos de pasar un par de días juntos… Sin nada que nos distraiga.

No sé qué tan bien o mal estaba actuando con esto, pero suponía que era mejor a quedarme en casa, con Emmett rondando por ahí cerca. Finalmente, ¿Qué era lo peor que podía suceder? ¿Entregarme a Royce? No debería de ser tan malo. Después de todo, era mi pareja. No es como si fuera a cometer un pecado o a degollar a un gato.

—¿Qué pasa, cielo? – preguntó mi novio, tomando mis manos – Estás muy fría.

Huí del azul de sus ojos. Antes no me incomodaban, pues eran vacíos y calculadores. Sin embargo, ahora… de verdad expresaban amor.

—Rose – murmuró Royce – Quiero aclararte algo antes. Lo que deseo es pasar unos días tranquilos a tu lado; pero, no creas que estoy planeando este viaje con otro motivo. Le miré, sorprendida. Él sonrió —No planeo exigirte nada. Te amo, y no sabes lo feliz que soy con el simple hecho de que estés a mi lado.

Era… Era la primera vez que me decía que me amaba. Y yo… no sabía qué decirle, cómo contestarle. No estaba preparada para ello. Me imagino que Royce notó mi vacilación, mi incomodidad, pues se puso de pie poco después y me dio un beso en la mejilla.

—Tengo que irme – anunció – Necesito dejar unos asuntos terminados. Pasaré por ti mañana.

Subí a la recamara para arreglar mis cosas y con la intención de dormirme temprano para no desvelarme. Según tenía entendido, iríamos a Nueva York. Me imagino que si esto hubiera sucedido unos cuantos meses atrás, estuviera bailando de felicidad. Sabía que Royce me llevaría a los mejores hoteles y restaurantes. Debería de estar contenta. Siempre había querido eso, ¿no? Un hombre que me quisiera y cumpliera todos mis caprichos; sin embargo…

—¡Rose!

La puerta se abrió de improviso y me volví violentamente al reconocer esa voz.

—Emmett –susurré – ¿Qué haces aquí?

Cerró la puerta tras su espalda y caminó hacia mí.

—Pensé que había quedado claro... que tú y yo… Emmett, vete de aquí – pedí, mientras intentaba empujarlo hacia la puerta; pero él me ignoró fácilmente, pasando a mi lado.

Clavó sus ojos en la mochila en la que estaba acomodando mi ropa.

—Así que… te vas.

—Sí – afirmé.

Él suspiró profundamente, llevándose la punta de sus dedos al puente de su nariz y cerrando los ojos.

—No lo permitiré…

—¿Qué? – pensé que había escuchado mal

—¡Que no lo permitiré! – repitió

—¡JA! – resoplé y me crucé de brazos –¿Qué vas a hacer? ¿Secuestrarme y enterrarme bajo tierra?

—La primera parte no es mala idea – declaró, tomándome entre sus brazos, tan rápido, que no pude hacer nada por evitarlo

—¡¿Qué haces?! – exclamé, mientras me sacaba cargada de la habitación – ¡Suéltame!

Me acomodó sobre uno de sus hombros, como si fuera una pluma, y con una de sus manos me cubrió la boca para que no siguiera haciendo más escándalo.

Pataleé, gemí, lo mordí, casi lloré… pero fue inútil. Cruzamos la casa entera, sin que nadie nos viera, llegamos a su Jeep, y me introdujo ahí.

—¡Estás loco! – escupí

—Probablemente – admitió – Pero por nada del mundo dejaré que te vayas con ese imbécil. Ahora, espérame aquí – indicó, cerrando las puertas de tal modo que no pudiera salir – Y sé buena niña

—¡Espera! – gemí, pegando mis manos contra el cristal de la ventanilla – ¿Qué piensas hacer?

Me miró profunda y largamente antes de contestar:

—Tú misma lo has dicho antes: Secuestrarte.

..

Puf! Actualización rápida, ¿o que no?. Así que espero y eso compense un poco todos los dolores de cabeza que les estoy provocando. De verdad, muchas gracias por soportarme. Este capítulo, si descontamos la parte de Edward y Bella, no está tan dramático, ¿verdad? ya dije, poco a poquito mi maldad va decreciendo (creo) Naaa… Bueno, ya hablando en serio. Muchísimas gracias por su apoyo en esta historia. Casi nunca tengo tiempo de dejar un saludo decente (Aunque sé que eso a muchas no les importa) pero ahora aprovecho mis cinco minutos extras para repetirles como disco rayado "Gracias, gracias, gracias, gracias". Ah, si, se me olvidaba, la canción que canta Edward se llama "No sé vivir sin ti" de Arkania. Subiré el link en mi perfil, por si quieren escucharla. Es bonita. Y también las letras raras que dice Tanya, no se asusten, no es ningún embrujo para que Edward la quiera más. Fue un simple e inocente "Soy feliz contigo" En Italiano (Favor de no burlarse de mi pobre intento de hacer la historia un poco más creíble y de mi poca gracia para con los idiomas u.u) En fin, ahora sí me voy. Se cuidan y hasta pronto.

Atte

AnjuDark