Capítulo 36: Reencuentro, parte II.

Isabella Swan.

Bella…

Había muerto, lo supe cuando escuché que él me llamaba y cuando aprecié su rostro en una visión borrosa que desapareció lentamente. Lástima, pensé, abandonar este mundo así nada más, por una simple imprudencia. No lo había planeado así, siempre he sido torpe, quizás hasta cobarde, pero no era mi intención abandonar este mundo tan rápido. Supongo que fue mala idea manejar una motocicleta y cruzar una avenida principal a más de ochenta kilómetros por hora, pero, en ese momento, lo único que quería era que la adrenalina me ayudara olvidar. A Olvidarlo.

Ocho meses habían sido suficientes, ¿no? Creo que nadie puede venir y señalarme por hallarme desesperada y cometer una idiotez de vez en cuando, finalmente, soy humana... ¿Qué importa ya?, lo que me preocupaba en ese instante eran mis hermanas. ¿Qué harían después? Mi pequeña Alice, mi testaruda Rose. Realmente no me lamentaba mi muerte, si no el abandonarlas. Ya muy solas estábamos tras la muerte de nuestros padres como para que encima yo también las dejara sin previo adiós. Al menos, me quedaba el pequeño alivio de que Carlisle y Esme estarían ahí. Confiaba que con eso podrían salir adelante…

Una caricia sobre mi rostro. Un tacto suave y cálido. Muy conocido, a pesar de haberlo experimentado pocas veces. Edward… Me pregunté si la muerte sería siempre así de perversa y dulce con todos. Aquel roce se sentía tan real... Casi podía jurar que mi corazón latía con vigor; lo cual no era normal, pensé después. Sabía nada sobre la muerte pero suponía que era algo imposible que éste siguiera en movimiento si ya estaba a punto de irme a otro mundo.

Abrí los ojos y desperté de aquella obscuridad.

—Bella…

Giré mi rostro y lo encontré, ahí, frente a mí. Elevé una de mis manos y la dirigí hacia su cara, segura de que, finalmente, había enloquecido y él era una perfecta visión creada por mi mente. La locura tenía sus ventajas, era buena, al menos para mí, pues había logrado plasmar pulcramente cada detalle de su rostro, sin error alguno. Hasta parecía… Real. Más bien, lo era. Al primer contacto de su piel contra la mía, supe que no era producto de mi imaginación. Él en verdad estaba ahí.

—Tú… - susurré y dejé caer mi mano.

—Yo… - confirmó. Su mirada ligada a la mía, el corazón batiéndose fuertemente dentro de mi pecho, la sangre acumulándose en mis mejillas. Qué irónico, y yo que hacía un minuto creía estar muerta…

¿Pero cómo…? Fruncí el ceño y el dolor que esto provocó en mis sienes me recordó lo que había sucedido. Miré alrededor. Estaba en el hospital, de eso no cabía duda alguna. Pero… ¿Él? ¿Qué hacía ahí?

—¿Cómo te sientes? – preguntó.

—Bien… – apenas y contesté, tocándome la gasa que tenía en la frente.

—Estuviste dormida por casi cinco horas gracias al golpe – mencionó – deberías de ser más cuidadosa y tomar algunas clases de prudencia antes de atreverte a montar una moto.

—¿No se suponía que estabas en Italia? – pregunté de la misma manera seca e indiferente que él había empleado antes

—Vacaciones – contestó

—Oh… - eso significaba que se iba a ir pronto.

—Definitivamente, no has cambiado en nada – susurró, como si estuviera hablando consigo mismo.

Le miré. Era imposible no hacerlo, aunque lo intentara. Necesitaba compensar todo ese tiempo en el que nada más lo había divisado en mis sueños. Necesitaba volver a grabar cada detalle de su expresión, antes de que se volviera a marchar…

—Tú tampoco – declaré – ¿Cuándo llegaste?

—Justo en el momento en el que te desparramaste con todo y motocicleta por el pavimento. Yo venía en el taxi que casi te arrolla.

Estaba a punto de preguntar por qué estaba justamente él a mi lado, para cuando la puerta de la habitación se abrió, entrando Carlisle por ella.

—Bella, has despertado – observó, con una sonrisa amable, mientras se acercaba y revisaba la herida de mi frente – El daño fue muy superficial, cicatrizará pronto – aseguró después de limpiármela – Afortunadamente, no tuviste ninguna otra lesión.

—¿Eso significa que me dará de alta pronto?

Edward escupió una pequeña risita y después tosió para recobrar la compostura. Me pregunté qué había de gracioso, si yo sólo quería salir de ese lugar lo más pronto posible. Sin embargo, tampoco pude evitar sentir cierto placer al notarlo feliz. Admitía que, si para ello era necesario soportar que estuviera lejos, el sacrificio bien valía la pena.

—Puedes irte a la casa ahora mismo, si gustas – ofreció Carlisle – Los muchachos están afuera, esperándote. Ya le di a Rosalie las pastillas que debes de tomar por si tienes dolor y para evitar la infección también.

—Gracias – dije, haciendo a un lado la ligera sábana que me cubría las piernas e intentando bajar de la camilla.

—Deja te ayudo – ofreció Edward, acomodando sus manos sobre mi cintura y paralizándome al instante con el traspaso de corriente eléctrica que se vino con ello.

Transcurrieron tres segundos, dentro de los cuales no supe otra cosa más que el simple hecho de que él me estaba tocando y que los latidos de mi corazón se habían disparado hasta lo imposible. Me cargó un poco, mis pies apenas y se percataron de que ya se hallaban sobre el suelo.

Carlisle carraspeó, devolviéndome a la realidad.

—Yo… Gracias…

—No te preocupes – murmuró con rapidez. Ambos con el rostro inclinado hacia abajo – Vamos, tus hermanas están muy preocupadas – agregó.

Rosalie había llamado al trabajo, justificando mi falta por un motivo muy similar al verdadero, sólo que un poco modificado para que Leonardo no fuera descubierto. El jefe había insistido en que descansara un par de días más. De regreso a casa, todos viajamos en la camioneta de Carlisle. Quizás era mi imaginación, o producto de mi propio nerviosismo, pero pude notar cierta tensión en el ambiente. Un silencio abrumador que me pesaba en los hombros.

Llegamos a la mansión de los Cullens. Jasper fue el primero que bajó, seguido de Alice y Rose. Descendí lenta y cuidadosamente del carro, despreciando cualquier tipo de ayuda (por Dios, había sido sólo un golpe, no estaba mutilada ni nada por el estilo).

—Es una obstinada – escuché que murmuraba Edward, sin siquiera mirarme.

Fruncí el ceño. ¿Cómo es que podía seguir siendo tan insoportable? Detrás de mí, escuché que Alice soltaba una incontenible risita.

—¿Qué pasa? – pregunté, con curiosidad.

—No es nada – sacudió la cabeza y frunció los labios – Me da mucho gusto de que ya te sientas mejor.

¿Eh…? Otra vez, mi traicionera debilidad me hizo tornar mi vista hacia él…

—¡Edward!

Una hermosa muchacha de larga cabellera rojiza y ojos verdes apareció y se le acercó entonces, depositando un beso sobre sus labios. Un beso fugaz, pero que trituró mi pecho hasta casi convertirlo en polvo. Así que no había venido solo. Tanya le acompañaba. Qué tonta… Y yo que, por un momento, creí…

—Bella, ¿porqué no vamos a tu recamara para que descanses? – ofreció Alice, pero no le hizo caso. Masoquismo, supongo. Mis pies parecían haberse adherido al suelo, sobre todo cuando Edward volvió el rostro en mi dirección y me miró.

—¡Bella!

Fue la voz de Jacob la que me hizo reaccionar.

—Jake… - dije, con voz ahogada y dejando que sus brazos me envolvieran. Quizás de esa manera no terminaba postrada en el suelo.

—Tú – rugió mi amigo, sobre mi cabeza – ¿Qué haces aquí?

—Lo mismo quisiera saber yo– contestó Edward, con mucha más calma, pero con la misma aberración.

—¡¿Acaso no ves que tu presencia la enferma?!

Tensé mi cuerpo entre sus brazos, ¿Pero qué hacía…?

—Mira quién habla – replicó Cullen, con evidente ironía – Apuesto a que no dirías lo mismo si aquel accidente hubiera sido más grave. ¿Qué? ¿Has venido a traerle otra motocicleta para que esta vez sí se mate?

—Imbécil… -me apartó mi amigo y caminó hacia él

—Jake, no – intenté frenarlo, al igual que Tanya hacía lo mismo con Edward

—¿Qué? ¿Usarás a esa muchacha como pretexto? – provocó el moreno, ignorando mi esfuerzo por detenerlo – Eres cobarde hasta para eso ¿Por qué no me sorprende?

—Cállate, perro… - siseó Edward, liberándose de las manos de Tanya y encarándolo.

—Ey, ey – interfirió Jasper – tranquilos. No es momento para…

Pero ninguno de ellos parecía escuchar, pues en medio de aquellas palabras, Edward lanzó una patada que Jacob correspondió impactando su puño contra su quijada. La sangre se me heló en las venas, la voz se me ahogó en la garganta. Quería gritar, decir o hacer algo para que pararan, pero no era capaz. Lo único que podía hacer era contemplar cada uno de sus movimientos y sentir que con cada golpe dado y obtenido me asfixiaba más y más. La intervención de Emmett también fue inútil. Tras unos segundos que se tornaron eternos, Jacob logró acorralar a Edward contra el suelo. Fue hasta entonces, que lo vi postrado y expuesto ante la violencia de mi amigo, que mi alma pareció poderse conectar de nuevo con mi cuerpo.

—¡Detente! – grité. El puño de Jacob quedó sólo a dos centímetros de su rostro. Encumbró la mirada y sus negras pupilas me traspasaron. —Por favor… - le supliqué en silencio, moviendo los labios.

Él suspiró y, tras tomar dos profundas inhalaciones, se apartó y liberó a Edward. Tanya corrió hacia él, reclamando el lugar que yo deseaba ocupar, mientras que Jacob se acercaba y acomodaba una de sus temblorosas manos sobre mi mejilla. El esfuerzo que hacía por controlarse era casi palpable.

—Perdóname…

—No fue tu culpa – tranquilicé, sabiendo a qué se refería – Fui yo la imprudente. Gracias…

La sonrisa amarga que se dibujó en sus labios me dijo que había bien interpretado la última palabra. —A veces eres muy tonta, ¿Sabías?

Asentí.

—Eso ya es algo – se agachó para besar mi frente —Lo mejor es que me vaya. No quiero que termines odiándome por matar a ese imbécil. Estarás bien, ¿no?

—Sí – contesté, aunque, en realidad, no estaba muy segura de ello...

..

..

Rosalie Swan.

—Estamos en una casa de locos – dijo Alice, tras dejar a Bella en su habitación. – Mira que pelearse de ese modo, así nada más.

—¿Cómo se encuentra Bella? – preguntó Jasper

—Bien – contestó mi pequeña hermana, mientras tomaba asiento a su lado – ¿Y Edward?

—Subió a su recamara, lucía muy furioso.

—Es una suerte que ni Carlisle ni Esme estuvieran presentes – hablé por primera vez, tratando de ignorar a Emmett y la forma en que me miraba desde donde se encontraba sentado, en el primer escalón de las escaleras – Creo que no hay que mencionar nada de esto por el momento.

—Secretos y más secretos – murmuró Alice, tan bajito, como si estuviera hablando consigo misma.

Suspiré y miré por la ventana. La noche había caído…

—Es lo mejor – dije, antes de marcharme – Finalmente, son problemas que a nosotros no nos incuben. Ellos tendrán sus razones para armar tanto alboroto.

Caminé hacia mi recamara y, poco después, lo tuve ahí, de frente.

—Bella estará bien – aseguró

—¿Y quién ha dicho que estoy preocupada por ella? – repliqué

—Se nota en tu expresión

—Si está sufriendo, ella es la única culpable.

—Rose…

—Supongo que ya viene de familia –el reclamó se me escapó así, sin pensarlo – Las Swan sufren y los Cullen disfrutan.

—No digas eso, por favor…

—Es la verdad – le miré a los ojos.

Grave error, pues a pesar de que mi boca decía una cosa, éstos imploraban otra. Y él sabía lo que yo deseaba. Sus labios mojando mis labios, su cuerpo apisonándose a mi cuerpo, sus manos atrapándome con desesperación, como si estuviéramos a punto de morir y fuera esa la última vez que nos quedaba por estar juntos. Así era siempre, después de los reclamos venían los besos, después de los besos, las caricias y las respiraciones entrecortadas, nuestros nombres flotando en la habitación… Y el adiós. Siempre el doloroso adiós.

—Algún día me dirás adiós – susurró, mientras sus labios enjuagaban la pequeña e incontenible lágrima que se vertía por mi mejilla. – Algún día… te perderé para siempre…

Ericé mis dedos en sus cabellos y lo besé con fuerza, enmudeciéndolo. ¿Qué más daba si yo algún día podría removerlo de mi corazón? En ese momento, lo necesitaba como un adicto a su droga. Era algo enfermizo, algo que me dañaba, que me iba matando poco a poco, y lo sabía; pero no podía dejarlo. En los meses que habían transcurrido, lo había intentado, pero había resultado ser una guerra sin esperanza, completamente pérdida.

—¿Porqué no la dejas? – pregunté – ¿Tanto la amas?

—No – contestó con rapidez – Rose, no la amo. Pero no puedo hacerle daño.

—¿Y yo qué? ¿Qué hay de ti? ¿Acaso nosotros no sentimos?

—Sufrir es lo menos que merezco por hacerte esto. Y tú, tú eres muy fuerte. Ya te dije, estoy seguro de que algún día tú te cansarás de mí, terminarás odiándome y…

—¿Me dejarías ir?

—Sí – contestó con un hilo de voz –sería lo más justo…Te he hecho llorar, Rose – aludió, delineando con la punta de sus dedos la pequeña lágrima que había derramado hacía poco – eso jamás me lo voy a perdonar.

—Calla – volví a besarlo. Él suspiró, mientras su boca se apoderaba febrilmente de la mía, despojándome del aliento e inflamándome el alma – Escúchame bien – le obligué a mirarme a los ojos – Eres un idiota, un cobarde; pero aún así te amo. Y no me importa cuánto daño me ocasioné esto, quiero amarte siempre. Así que no permitas jamás que yo me vaya de tu lado…

—Estás loca – sonrió, aunque no había felicidad en sus pupilas.

—Quizás sí – acordé.

Él se separó de mi cuerpo y se acomodó a mi lado, atrayéndome junto a su pecho. Cerré los ojos y permití que una segunda y discreta lágrima revelara mi tristeza, pues, por mucho que yo quisiera conformarme con tener presente que él me amaba, el saber que mañana estaría con ella… dolía. Siempre dolía.

..

..

Edward Cullen.

—Mira cómo te han dejado – apuntó Tanya, mientras limpiaba la sangre que expulsaba la herida que tenía cerca de los labios – Desconocía que pudieras llegar a ser tan agresivo. ¿Quién es ese joven?

—Jacob Black – escupí su nombre – Es novio de Isabella.

—Ya veo – sonrió

—¿Qué es lo gracioso? – quise saber

—Nada – suspiró

—Lamento que hayas tenido que presenciar esto. Tú llegada a Forks no ha sido lo que esperabas, ¿verdad?

—Sinceramente, no – contestó – pero no me quejo. Ha sido… interesante.

—¿Interesante?

—Yo tengo mis motivos

—Andas muy misteriosa – le miré con recelo. Volvió a reír y depositó un fugaz beso sobre mis labios.

Suspiré. Sabía que cuando Tanya hacía eso, quería decir "No preguntes más". Pero en ese momento no quería que hubiera silencio entre nosotros. Quería platicar de lo que fuera, quería mantener mi mente ocupada en algo para no pensar en lo que apenas y podía bloquear.

—Seguramente tienes hambre – encontré como solución – bajemos. Quiero que también conozcas el resto de la casa

Grave error. Ella estaba ahí, en la cocina. Quizás era algo que yo debí de haber supuesto desde un principio; quizás y, sin saberlo o admitirlo, había elegido esta opción más como un pretexto que como una forma de distracción. En fin, ahí estábamos de nuevo: frente a frente. Y no sabía qué sentimiento identificar dentro de la maraña que danzaba en mi pecho.

—¡Oh, qué tonta! –exclamó Tanya, sobresaltándonos

—¿Qué sucede?

—Prometí hablarle a mis padres en cuanto estuviera en Forks. No lo he hecho. Se preocuparán si tardo un poco más…

—Te acompaño…

—No – interrumpió – Espérame aquí, bajo en seguida.

Frente a frente. Ahora solos. Quizás lo más apropiado es que diera la media vuelta y fuera tras mi novia. O me acercara a Alice y Jasper, quienes reñían hasta la muerte a través de un videojuego. O buscara a Emmett para charlar un poco. Pero no, marcharme era como pedirle a un aventurero que se deshaga de su paracaídas cuando apenas y viene en picada.

Bella no pensaba lo mismo, aún con el rostro inclinado, intentó pasar en el pequeño espacio que quedaba. Se lo impedí así nada más, sin planearlo. A su lado era como si mi cuerpo tomara vida y voluntad propia. Lo intentó de nuevo. Y de nuevo yo hice lo mismo.

—¿Qué quieres, Cullen? – pidió saber, con voz cansada. ¿Tan malo era que yo estuviera cerca? Di un paso hacia el frente, obligándola a retroceder. Cerré la puerta y en seguida sujeté sus hombros con mis manos.

—Mírame – le exigí, aunque no con la fuerza que hubiera deseado

No lo hizo. Parecía que sus pies eran más interesantes que yo. Llevé la punta de mis dedos hacia su mentón y alcé su rostro. Tampoco funcionó, sus ojos me esquivaban.

—Suéltame – ordenó. Su aliento llegando a mis sentidos, estremeciéndome de pies a cabeza.

—¿Estás enojada porque me peleé con tu novio? – intenté adivinar, huir, acercarme más – Fue él quien comenzó.

—Deberías de agradecerme – recordó – Estuvieras ahora mismo sin rostro de no haber sido porque le pedí a Jacob que parara.

Aquello me ofendió.

—¿Quieres que te agradezca? – pregunté, mientras la aprisionaba contra la pared. Excusas y más excusas. Lo único que deseaba era contagiarme de su calor… Lo único que deseaba, era… —Tiemblas – apunté, mis manos bajando hasta su cintura. La consciencia yéndose poco a poco, trayendo la locura.

—No es cierto…

—Mírame, entonces – desafié.

Finalmente lo hizo. Sus ojos se reencontraron con los míos, atrapándome al instante. Maldición, ¿Qué había en ellos que me hacía sentir tan lánguido? Apenas y lograba recordar en dónde estábamos, apenas y sabía quién era yo. Lo único que podía apreciar íntegramente era su débil respiración golpeando mis parpados. Lo único que sabía en ese instante era que ese espacio que había entre nosotros laceraba…

—Estás demasiado cerca…

—Lo estoy – susurré, preso ya de mí enloquecida necesidad y enrollando mis brazos a su alrededor, atrayendo su boca a la mía, como un desgraciado hombre que en medio del cruel desierto encuentra un oasis y quiere beber hasta la última gota de él.

—Edward… - musitó contra mi aliento, acomodando sus puños sobre mi pecho y tratando de apartarme.

No se lo permití, aquel gesto había sido demasiado débil como para que yo lo tomara en cuenta. La estreché con mayor fervor y disfruté del suspiro que dejó escapar para explorar con más profundidad su boca. Quizás era el tiempo que había transcurrido sin probarlos, pero sus labios me parecían mucho más suaves y deliciosos que antes. Muchísimo más adictivos. Apreté mis dedos a su cintura y la incliné hacia atrás, besándola con desenfreno mientras sentía que sus dedos se hilaban en mis cabellos, ignorando fácilmente la pequeña punzada que me provocaba tanta intensidad sobre la herida recién adquirida. Aunque me aniquilara, no lo dejaría. Ya lo había dicho antes y ahora lo podía hasta jurar: podía fallecer felizmente de esta forma. Junto a ella.

—Edward.

Tanya. Nos separamos violentamente y volvimos la mirada hacia atrás. No había nadie, Tanya apareció dos segundos después.

—Mis padres te mandan saludos – informó. Su actitud era relajada, como siempre, lo cual significaba que no nos había visto.

Bella salió de la cocina sin mencionar palabra alguna. Involuntariamente, mis pies avanzaron un paso. Quería seguirla, pero debía recordar que no podía hacerlo. Había alguien sujetando mi mano.

..

..

—No existe, ¿Verdad? – preguntó ella, recostada sobre su pecho

—¿Qué cosa?

—El amor – se explicó – Esos encuentros apasionados en los que, por un beso, podrías hasta vender tu alma.

Edward no contestó, pero Tanya podía casi jurar que sabía su respuesta. Cerró los ojos. Qué irónica situación, pensó con triste humor, habiendo en Italia tantas mujeres de extravagante belleza, venía a sentirse amenazada por la presencia de una desabrida muchacha pueblerina que no se le comparaba en nada. Porque así era, mientras que ella era hija única de un millonario matrimonio, Isabella no era nada más que una huérfana; mientras que ella se dedicaba al modelaje en su tiempo libre, Isabella poseía una figura tan simple que no podía causar la envidia de nadie; mientras que ella había estudiado en los mejores colegios del mundo, Isabella parecía una criaturita salvaje educada solamente por la vida. Tan anodina. Tan trivial… De verdad que jamás se imaginó que alguien así pudiera ganarse el corazón de Edward Cullen.

..

Hola! xD ¿Qué tal? Otra rápida actualización, ¿no? He estado inspirada en los últimos días XD. Espero les haya gustado. Nos acercamos al final, chan, chan, chan! Para quienes me han preguntado cuántos capítulos faltan, aún no sé la cifra exacta, puesto que a veces se me van los dedos en el teclado y las situaciones se me expanden más de lo que yo tenía pensado y no me da el corazón para suprimirlas. Pero calculo que dentro de unos cinco o seis capítulos más, nos estamos diciendo adiós. Así que ya casi descansan de mí, no se preocupen XD.

Bueno, muchísimas gracias por su apoyo y sus comentarios de aliento ^^, de verdad me alegra mucho que esta historia les guste y les haga pasar un rato agradable o las haga entrar en depresión (Ok, lo último no) En fin, nos leemos en la siguiente actualización, la cual no sé si subiré pronto. Como ya saben, he regresado a clases (qué emoción ¬¬) y los profesores no tardan en llenarme con las tareas; pero en fin, esperemos tenga algo de tiempo para escribir ^^.

Una bienvenida a todas las lectoras nuevas ^^. Gracias por tomarse el tiempo de leerme.

Hasta pronto!

Atte

AnjuDark