Hola chicas, ya sé que les dije que les traería el capi 20 antes del finde pero un brote nuevo de inspiración me surgió y lo acabo de terminar así que aquí se los traigo. Espero que les guste y vayan intentando descifrar como puede estar por terminar el desenlace de esta dramática historia.

Espero me dejen sus comentarios así se que tal les va pareciendo la historia! Sin más les dejo que disfruten ^^


Capítulo 20: Tristeza y el apoyo de un amigo

Galopé en el caballo detrás de Sasuke quien me había sacado ya una gran ventaja. Mi pecho estaba oprimido por la angustia de lo que él podría estar sintiendo en esos momentos y aunque sabía que tenía que seguirlo porque temía que si no lo hacía el desaparecería de mi vida, a su vez no sabía ni que decirle cuando estuviéramos cara a cara. ¿Qué explicación le daría? ¿Qué es lo que le diría en realidad? ¿Cómo justificaría mi comportamiento? No tenía excusas más que haber tenido un momento de debilidad cuando estaba pasando por un mal momento en mi vida y en mi relación con él, seguramente la única vez que habíamos tenido una pelea como esa. Y yo le había fallado. No solamente como la mujer que él amaba sino como una amiga. Al menos tendría que haber sido lo suficientemente valiente como haber admitido mi error antes de haber continuado con nuestra relación, y ahora… ahora no sabía lo que sucedería. En dos semanas nos íbamos a casar, pero con todo esto ahora ya no sabía siquiera si eso se llevaría a cabo. Y lo peor de todo, es que si no nos casábamos Itachi ganaría. Mi acosador ganaría. Yo estaría sola de nuevo, y volvería a ser presa fácil de ese hombre que había atormentado mi vida en el último tiempo.

Necesitaba aclarar todo con Sasuke antes de que fuera demasiado tarde, y aunque él decidiera no seguir conmigo, al menos no podía perderlo de esta manera, no así. Debía dejar mi egoísmo atrás y no preocuparme más solamente por mí futuro y mi estado mental, ya no más. Desde que habíamos comenzado nuestra relación con Sasuke yo había tenido dudas acerca de mi verdadero amor por él, y cuando Itachi había entrado en mi vida nuevamente la confusión casi me había domado por completo. Todo esto en mi interior llegó a un punto de ruptura, y lo que me hizo dar cuenta de la realidad de lo que sentía fue: un acosador desconocido (o no tanto) que había entrado en mi vida para dañarme a mí y a mi novio, un Itachi diferente y con sus cambios de humor alterados que no se parecía en nada al hombre del que me había enamorado en mi adolescencia aquel verano; un Sasuke sumamente atento y paciente con mis problemas y mis inseguridades… todo eso finalmente me había estallado en la cara mostrándome lo egoísta y egocéntrica que me había sentido en relación con ese hombre maravilloso que había estado a mi lado en todo momento… incluso en los peores momentos. Y yo le había metido los cuernos, con su primo! Realmente no merecía su perdón… mi consciencia me lo decía… tan sólo esperaba que la suya no se lo dijera también, porque si Sasuke la escuchaba no volvería a verlo, y yo no sabía si podía soportar eso.

Finalmente divisé a lo lejos nuestro granero y supe que Sasuke iba a casa. ¿Iría a hacer sus maletas para dejarme? ¿O a hacer las mías para que me fuera? No podía ni imaginar que era lo que estaba sucediendo en su mente pero como siempre yo me imaginaba lo peor, y aunque sabía que me merecía que él me dejara por haberlo engañado, en mi interior rezaba para que no lo hiciera porque no podía concebir la idea de una vida sin él. Era el ser humano más maravilloso que había conocido en mi vida y una persona que no tenía maldad en su naturaleza, él siempre había estado a mi lado y apoyado en todo, incluso en aquellas situaciones más difíciles que me había enfrentado. Tenía que lograr que me perdonara, tenía que hacer que Sasuke no se fuera de mi lado, pero no podía ser más egoísta, no con él, él se merecía más que eso de mi parte. Si el necesitaba espacio se lo daría pero no antes de intentar hablar con él y disculparme por todas las veces que alguna vez le había hecho daño, consciente o inconscientemente.

Llegué finalmente al establo y encontré su caballo allí, suelto, lo enlacé junto con el mío a una barandilla de madera temiendo que pudieran escapar o salir a pastar solos, y corrí con todas mis fuerzas dentro de la casa para buscar al hombre de mi corazón. Me pareció sentir ruido en nuestra habitación así que corrí escaleras arriba llamándole por su nombre varias veces, pero sin recibir respuesta de su parte. Encontré la puerta del cuarto abierta y a Sasuke metiendo cosas en una maleta de forma mecánica pero apresurada. Se notaba que su humor era negro.

- Sasuke – susurré su nombre. Él no se dignó a mirarme, sino que siguió con lo que estaba haciendo – lo siento, lo lamento tanto… de verdad… - comencé a disculparme pero él parecía no haber escuchado mis palabras – tendría que habértelo dicho, por favor… - él detuvo sus acciones un momento pero sin darse la vuelta habló.

- ¿Es verdad lo que escuché?... – preguntó con su voz ronca como si estuviera conteniendo el llanto - ¿estuviste con él? – y yo asentí incapaz de decir algo pero me di cuenta de que él no podía verme por lo que me forcé a pasar las palabras por el nudo de mi garganta.

- Sí… perdóname por favor, fue hace tiempo… yo estaba mal y… sé que no tengo excusa pero yo… - intenté justificar mis acciones pero el me paró.

- Detente… no quiero saberlo… no quiero saber nada al respecto… - él suspiró revolviéndose el pelo un momento, y al cabo de unos minutos siguió haciendo la maleta mientras las lágrimas que se habían acumulado en mis ojos caían por mis mejillas.

- ¿Qu-qué vas a hacer? – pronuncié como pude con miedo de lo que él podría decirme, Sasuke tenía la decisión del futuro de ambos en sus manos y el momento se me hacía tan crítico que sin darme cuenta estaba aguantando la respiración, expectante a las palabras siguientes que salieran de su boca. Él no dijo nada por un momento mientras se movía por la habitación recogiendo algunas cosas más. Finalmente sentí el cierre de la maleta y sin querer solté un sollozo ante la idea de imaginar que él me estaba dejando. Él se quedó parado un momento más aún sin mirarme. – Sasuke… Sasuke por favor… háblame… – le llamé rogándole que me dijera algo, y me acerqué a él pero él sintió eso y se alejó rumbo a la puerta mientras yo me abrazaba a mí misma ante el dolor que su rechazo me había producido.

- Tengo que pensar – fueron las últimas palabras llenas de dolor que pronunció antes de salir por la puerta. Un momento después sentí un motor ponerse en marcha mientras yo caía de rodillas en el suelo llorando a mares y recriminándome lo estúpida que había sido.


Estuve horas así, llorando y compadeciéndome de mí misma, viéndome patética y culpable por algo que yo misma me había provocado. El teléfono sonó un par de veces pero sabía que no era Sasuke, él mismo me dijo que tenía que pensar y probablemente eso significara que no sabría nada de él quien sabe por cuanto tiempo, si es que alguna vez volvía a saber de él… Pero conociéndolo, con lo buena persona que era sin duda volvería, ya fuera para terminar oficialmente con lo nuestro o quien sabe… él era una persona responsable de sus actos y aunque algo requiriera esfuerzo, él no se dejaba amedrentar por ello. El hecho de que él hubiera huido (aunque fuera para pensar y pasar tiempo a solas pensando en mi traición) me hablaba de su dolor, de lo mucho que yo le había lastimado.

Finalmente, encontré en algún lado fuerzas para poder pararme y lo primero que hice fue ir al baño donde una vez que ví mi aspecto demacrado en el espejo, me metí en la ducha y me quedé allí intentando lavar mis lágrimas y la suciedad de mi mal comportamiento de mi cuerpo, aunque sabía que eso último no podría hacerlo. Mi consciencia jamás estaría limpia de lo que había hecho, solamente Sasuke podría darme cierto alivio con su perdón, pero parte de mí siempre sabría que yo en cierta parte le habría fallado. Y en grande.

Cuando salí de la ducha y me sequé, me envolví en una bata gruesa que siempre usaba Sasuke para quizá de esa manera poder sentirle a él o algo de él un poquito cerca de mí. Extrañaba tanto su presencia, su calor, su amabilidad, su amor. Unos golpes furiosos me sacaron de mi patética ensoñación y mi cuerpo se puso a temblar por el miedo de quien fuera que estuviera tan desesperado por intentar derribar la puerta del frente de mi casa de esa manera. Con cuidado me asomé por el barandal de la escalera y bajé lentamente las mismas. Llegué junto al teléfono dispuesta a llamar a la policía pues estaba aterrada que mi acosador o Itachi pudieran estar queriendo entrar allí, más ahora que la protección de la presencia de Sasuke se había esfumado y no había nadie allí que me hiciera compañía. Unos gritos me alertaron que la persona era alguien que yo conocía y muy bien. Era Sasori, mi psicólogo y amigo.


Corrí a abrir la puerta deseosa de que alguien pudiera darme algún tipo de confort y consolarme ante mi desdichado humor, y cuando abrí la puerta Sasori entró con los brazos abiertos y la preocupación marcada en su rostro y yo me sumergí en sus brazos comenzando a llorar nuevamente como una magdalena. Mi amigo entró conmigo en sus brazos y se dirigió al sillón donde ambos caímos sentados y estuvimos ratos de esa manera; yo estremeciéndome por los sollozos y mi amigo consolándome sin decir palabra alguna.

Un rato después de su aparición y de que yo me hubiese calmado lo suficiente como para haber dejado de llorar abiertamente, él me separó un poco de su cuerpo y me acarició tiernamente la cabeza como si fuera una niña pequeña. Las lágrimas no dejaban de correr por mi cara pero al menos había dejado de gimotear. Él no dijo nada solamente se levantó del sillón mientras yo me abrazaba a mí misma intentando no entrar en pánico por el alejamiento de la presencia del pelirrojo. Él debe de haber leído todas esas emociones en mi cara porque se detuvo y con voz amable y tranquila me dijo para calmar mi alteración. - Voy a prepararte un té Sakura y después hablaremos… - y diciendo eso se dirigió a la cocina donde le oí agarrar una y otra cosa, el pitido de la caldera anunciando que el agua había hervido y luego nuevamente sus pasos de vuelta al saloncito donde yo le esperaba impaciente en el sillón, toda agazapada en un rincón del mismo, aún algo llorosa y con la nariz colorada.

Él se sentó en el otro extremo del sillón y me miró, luego de haber dejado la taza de té enfrente de mí. Estuvimos unos minutos en silencio mientras yo miraba el té como si fuera la cosa más fascinante del mundo, hasta que sentí que se había enfriado un poco y di unos sorbos, lo que me hizo sentir un calorcillo interno que contra todo pronóstico me hizo sentir un poquitito mejor y más calmada, al menos como para poder comenzar a hablar sin largar el llanto una vez más.

- ¿Qué sucedió Sakura? – me preguntó finalmente Sasori, una máscara de seriedad e inexpresión cruzando su rostro ahora que él también al parecer se había calmado – Sasuke me llamó y me pidió que viniera cuanto antes… - siguió hablando con esa voz calmada que ponía cuando hablaba conmigo en modalidad psicólogo - ¿Por qué estabas así?...

Yo le miré, una lágrima más había rodado a la mención del nombre del hombre que amaba y que quizás había perdido y un nudo volvió a atenazarme la garganta llena de angustia. Cerré los ojos un momento intentando sosegar un poco la tempestad de emociones que luchaban en mi interior por romper el dique de mi cordura y finalmente encontré las fuerzas para comenzar a contarle a mi amigo lo que había pasado.

- Sasuke se enteró que le engañé con Itachi – dije en un susurro pero Sasori lo escuchó y por un momento le sentí contener la respiración. Él sabía que yo no le había confesado a Sasuke mi desliz con su primo en aquella ocasión y como hombre, como persona, entendía lo difícil que era cuando salía ese tipo de temas, de situaciones en la vida de las personas, comprendía la complejidad de lo que podía haber sucedido para que Sasuke lo llamar y para que yo estuviera en el estado en el que me encontraba.

- ¿Cómo se lo tomó? – preguntó con cautela. Yo derramé un par de lágrimas más.

- Se fue… - le dije con la voz ronca de haber llorado y estar atragantándome con otro sollozo que quería escapar de mis labios – me dijo que tenía que pensar – terminé de decir, dejando la taza sobre la mesita ratona de nuevo, y apoyando mi frente sobre mis rodillas, que estaban contra mi pecho y las abrazaba con mis brazos, como si ellas pudieran sostenerme de no caer moribunda ante la soledad y dolor que sentía por la partida de Sasuke. Sasori no dijo nada por un momento y luego suspiró.

- Él tiene que pensar ahora Saku… - dijo dulcemente mientras me acariciaba la cabeza nuevamente intentando hacerme sentir un poco mejor quizá – tienes que entender que haberse enterado de eso debió ser un golpe para él… - yo lo miré asintiendo.

- Lo entiendo… de verdad… es sólo que… - me mordí el labio temiendo admitir ante él algo que ya sabía – tengo miedo… - le confesé. Él se acercó a mí y me abrazó.

- Todo va a estar bien Saku… - me arulló mientras apoyaba su cabeza contra mi pelo – dale un tiempo para aclarar su mente… tú también piensa y trata de encontrar las palabras para hablar con él cuando vuelvan a verse… y que sea lo que Dios quiera…- yo me apretujé contra él intentando sentirme un poco segura al lado de alguien, me sentía como un perro abandonado que a la primera muestra de amor entrega su lealtad a quien le dio ese amor. Una pregunta surcó mi mente al tranquilizarme un poco, algo que Sasori había dicho finalmente había hecho mella en mi razonamiento. Me separé un poco de él y le miré a la cara.

- Dijiste que Sasuke te llamó… - yo seguía hablando bajito pues creía que si hablaba más fuerte algo malo (algo peor que lo que estaba sucediendo ahora claro) sucedería, como si mis peores temores pudieran hacerse realidad. Sasori asintió a mis palabras.

- Él me llamó pero me dijo solamente eso que te dije, supongo que por su voz intuí que había sucedido algo pero no podía estar seguro de qué… intenté hablar algo más con él pero me cortó y yo me vine derecho para acá temiendo lo peor… - yo asentí. Así era el Sasuke que yo conocía, aún cuando podía estar herido, o traicionado o tratado como un trapo y con todo el derecho y seguramente furioso, él se preocupaba por mi bienestar y mi seguridad, no quería que me dejara sola porque aunque su estado mental podía ser un caos, no quería que me pasara nada malo, era un alma noble y sin duda no merecía nada de su parte. Comencé a derramar más lágrimas y Sasori me abrazó de nuevo con fuerza soportando los estremecimientos de mi cuerpo y que su camisa se mojara por mis lágrimas que incesantes caían ahora en su ropa.

- ¿Qué voy a hacer Sasori? – dije entre hipidos y sollozos - ¿qué voy a hacer sin él?... – y seguí llorando un poco más.

Un par de horas después me desperté en el sofá tapada por una manta. Estaba sola. Seguramente me había quedado agotada después de tanto llorar y finalmente el cansancio había hecho mella en mí y me había quedado dormida. Temí que Sasori pudiera haberse ido pero sentí unos pasos y algunos ruidos en la cocina y supe que él seguía allí, y enseguida la calma se instaló en mi pecho al saberme acompañada en la casa. Quizá estuviera cocinando algo pues capté un olorcillo delicioso proveniente de allí y sentí a mi estómago retorcerse pues había pasado mucho tiempo desde la última vez que había comido algo (que había sido un almuerzo rápido en casa antes de salir para la reunión que se había efectuado en la casa de Fugaku), y eso había sido hacía muchas horas ya, estaba de noche y pareciera que hacía rato que la misma había caído.

Divisé la silueta de Sasori asomarse por la puerta de la cocina, seguramente para chequear si yo seguía dormida, y sonrió un poco cuando me vio consciente y un poco quizá más lúcida. Se acercó y me ayudó a levantarme.

- Me alegra que hayas despertado… ¿te sientes un poco mejor? – me preguntó cariñosamente. Yo asentí mientras nos sentábamos en la mesa de la cocina y él comenzaba a servir los platos con comida, ya que antes había puesto la mesa. Era algo sencillo, un arroz con verduras, algo de sopa y unos churrascos a la plancha; pero en ese momento podría haber comido cualquier cosa ya que me notaba muy hambrienta.

- Mmm – gemí al probar la comida. Le sonreí un poco – está muy rico… tenía hambre – y acto seguido no volví a pronunciar palabra hasta que el contenido de mi plato estuvo vacío. Ahí me tomé un respiro y ví como cada poco tiempo Sasori me echaba algún vistazo que otro y se sonreía a sí mismo por mi comportamiento infantil.

- Me alegra te gustara la comida… - dijo cuando el terminó su comida.

- ¿Qué hora es? ¿Cuánto dormí? – pregunté algo confundida por el cansancio de mi cuerpo.

- Es casi medianoche… dormiste casi dos horas – contestó - estabas agotada por lo que ví, tanto por el llanto como por tu frágil estado emocional. - Ahí estaba hablando el psicólogo de nuevo - ¿cómo te sientes ahora? – medité su cuestión un poco, de nuevo.

- Como la mierda aún… - confesé crudamente – pero algo mejor… supongo que haber llorado tanto me alivió un poco el peso que sentía… - el asintió de acuerdo. – Gracias por quedarte, y por haber venido tan rápido… lamento haberte puesto en medio de un problema que no te incumbe…

- Nada de eso – él negó rápidamente – eres mi amiga, aunque de vez en cuando eres mi paciente – sonrió pero la sonrisa no llegó a sus ojos – no me gusta que sufras Sakura… no me gusta que nadie que me importa sufra… y eres mi amiga… Siempre que me necesites sabes que voy a estar para ti – yo alargué mi mano y apreté la suya agradeciéndole en silencio con ese sencillo gesto.

- Gracias de nuevo Sasori, y sabes que si tu me necesitas yo también estaría allí para ti… - el asintió y me devolvió el apretón. - ¿Vas a quedarte esta noche, verdad? – le pregunté separando mi mano de la de él.

- No me gustaría dejarte sola estando tan deprimida, pero si no quieres me iré – respondió.

- Quiero que te quedes, la compañía me hará bien… tengo que ver que voy a hacer ahora para no estar sola hasta que… - las palabras se me cortaron, respiré un momento para tranquilizar las nuevas ganas renovadas de llorar – hasta que Sasuke decida si va a volver… - terminé. Sasori asintió.

- Es una buena idea, tal vez sería bueno para ti irte unos días con tus abuelos o quizá podrías invitar a alguno de tus amigos de Suna a que se queden contigo unos días… - me sugirió – tendrás a alguien con quien hablar y ellos pueden apoyarte hasta que te sientas mejor… Y así no estarás sola… al menos hasta que la policía aprese al hombre que te atacó creo que sería una buena idea… - yo asentí de acuerdo con él, estremeciéndome un poco ante el desagradable recuerdo de ese hombre.

En ese momento, otra idea surcó mi mente, algo que había dicho Itachi esa tarde antes de lo que había sucedido con Sasuke. Miré a Sasori debatiéndome si contarle o no, sin saber si podía sonar algo paranoica por pensar en que Itachi podía ser el acosador, y a la vez queriendo desmentir semejante acusación por lo grave de la misma. Fruncí el ceño y Sasori me interrogó con la mirada.

- Sabes… hoy… - mi voz se apagó sin saber como proseguir. Sasori se inclinó un poco en la mesa hacia mí infundándome valor con la mirada.

- Sabes que puedes decirme lo que sea… ¿qué pasó con Sasuke, Sakura? – finalmente me hizo la pregunta que seguramente era la guinda del pastel. Le miré un momento y luego bajé la mirada avergonzada.

- Fui a la casa del tío de Sasuke, Fugaku, ¿te acuerdas de él? – Sasori asintió – teníamos una reunión de negocios y al terminar la misma me demoré un poco juntando unas cosas, e Itachi aprovechó para atraparme allí e incordiarme una vez más… - Sasori frunció el ceño - él y yo discutimos… y de alguna manera me hizo admitir lo nuestro, aunque le grité que había sido un error… pero justo ahí entró Sasuke en la oficina donde estábamos… el escuchó de mi boca lo que había pasado… - respiré un poco mientras el pelirrojo seguía en silencio, estudiando mis reacciones e intentando no interrumpirme. Este influjo de coraje que me había venido se estaba agotando pero tenía que terminar de contarle todo, y necesitaba oír su opinión – ya imaginarás lo que pasó a continuación… Él salió y yo fui tras él, intenté disculparme, hablar con él pero él juntó algunas de sus cosas y se fue – suspiré – después ya sabes… mi estado y como me encontraste… - me pasé la mano por el pelo agotada por todo lo que había sucedido ese día, ya casi no me quedaban fuerzas para mantenerme allí.

- No es la mejor manera de enterarte algo de esa envergadura – dijo al fin Sasori.

- Ni que lo digas… - susurré, sintiéndome peor persona.

- ¿Qué sucedió con Itachi? – hizo otras de las preguntas del millón y mi cara se transformó en una mueca de enojo.

- No me hizo nada en sí, pero me quiso enredar, te aseguro Sasori, que de alguna manera el sabía que Sasuke estaba allí… - el hombre me miró intentando seguramente descifrar si estaba finalmente chiflada – Él… - le miré algo asustada – el dijo algo Sasori… - éste me miró prestando más atención si era posible – me dijo que yo había estado con él en varias ocasiones… no solamente esa vez en la oficina… - Sasori frunció el ceño de nuevo.

- Pero eso no tiene sentido… ¿has vuelto a engañar a Sasuke con él? – me interrogó mientras sus palabras me clavaban una punzada recordándome mi traición.

- No Sasori, por eso te lo digo… él lo dijo de una manera extraña… - lo miré con temor– casi como… como si realmente lo creyera… yo creo que… creo que él podría ser el hombre que me atacó las otras veces Sasori… - terminé con un susurro tembloroso ante la admisión que estaba haciendo.

Sasori se levantó de un salto de la silla y me agarró de los hombros obligándome a mirarlo.

- ¿Estás segura de lo que estás diciendo Sakura? – me preguntó aterradoramente serio. Yo asentí.

- Sí… yo… yo estuve intentando investigar a la par de los policías… recordé algo que me había dicho el atacante la última vez que quiso violarme, era alguien que había tenido algo conmigo Sasori, alguien que me conocía y que yo conocía… a pesar de no haber reconocido su voz, siento que él es la persona que ha convertido mi vida en un calvario… - dije casi desesperada sin querer negar más esa verdad que quizá dentro mío lo sabía desde hacía mucho y que jamás me había permitido admitir. Sasori me soltó y se dirigió hacia la sala de estar, y yo me levanté de un salto para ver que era lo que iba a hacer. No tenía idea de lo que pasaba por su mente. - ¿Qué haces? ¿A dónde vas? – le pregunté atemorizada de que fuera a dejarme mientras yo estuviera aún con las emociones a flor de piel.

- Voy a llamar a la policía Sakura – me dijo – él no puede seguir suelto por ahí mientras tú pasas encerrada siempre o acompañada por miedo a que él ataque de nuevo, ya te atacó varias veces…

- Espera! – le llamé – detente, no podemos llamar a la policía – le dije tironeando de su brazo hasta que al fin logré detener su paso y él me miró con una mueca de incredulidad en el rostro.

- ¿Estás loca? Si él es el que te hizo eso… - comenzó pero yo lo detuve.

- No tenemos pruebas Sasori, él siempre se cuidó de no dejar casi nada que pudiera inculparlo… y yo no soy una testigo confiable ya que nunca le vi directamente… sólo porque una frase que el me dijo para mí es una confesión de lo que hizo, para la policía no vale nada si no hay algo con que demostrar que Itachi es el culpable… - finalicé exhausta y casi derrotada porque sabía que yo tenía razón, no podía hacer nada. Sasori se derrumbó en el sillón y yo me senté a su lado. Ambos estábamos impotentes ante la realidad nefasta que se tejía ante nosotros. – Sabes que tengo razón, ¿verdad? – él asintió – Eso significa que me crees, ¿no? – él me miró y me abrazó.

- Lamento mucho que todo esto te esté pasando Sakura, sí te creo, creo que no estás loca solamente que al fin estás superando lo que ese hombre te hizo… Tenemos que encontrar la forma de atraparlo, de encontrar algo que pueda inculparlo o alguna confesión… algo – su voz se apagó y ambos nos quedamos así un rato, asimilando lo que se había dicho y tratando de pensar algo de que agarrarnos para hacer frente a esta situación. No sería nada fácil.


Hasta aquí llegó el drama, espero que el capitulo les haya gustado!

Un beso grande!

Besos

Juliana