Los sonidos del corazón

Guerra.

Paradis ha vivido una guerra constante desde sus inicios para asegurar su supervivencia. Primero contra los titanes y luego contra otros seres humanos de los que ni siquiera sabía de su existencia.

La guerra obligó a su gente a luchar por la tan anhelada libertad y poder conocer más del mundo, aunque este les mostrara su lado más oscuro.

Mikasa ha experimentado en carne propia lo que es pelear para sobrevivir. Luego de la muerte de sus padres, encontró en la familia Jaeger un lugar al cual regresar, pero tras amargos sucesos se le fue arrebatado todo de nuevo, quedándose solo con aquel que consideró su hermano y su gran amigo Armin.

Sí, consideraba que el mundo era cruel, pero también podía ser hermoso, y esto lo descubrió al ingresar a la Legión de Reconocimiento y conocer a cierta persona que, de alguna forma, le hizo recordar el miedo a volver a perder a alguien valioso.

La primera impresión que tuvo del Capitán Levi no fue la mejor. Durante aquel juicio contra Eren no prestó mayor interés hasta ser testigo de las patadas despiadadas sin un ápice de remordimiento. La ira brotó por sus venas. "¿Cómo se atrevía ese enano a hacerle eso a Eren?", era lo que se cruzó por su mente, y si no hubiese sido por Armin se habría lanzado a enfrentarlo sin medir en las consecuencias.

A partir de entonces mostró cierta molestia y resentimiento hacia él. ¿Odiarlo? Quizás en un inicio, pero todos esos sentimientos dieron un giro inesperado a medida que la convivencia se hizo cercana, más de lo que hubiera podido imaginar.

Pudo ver en el Capitán a alguien preocupado por los suyos, siempre dispuesto a tomar las mejores decisiones en pro de la humanidad, aunque no fuera de las personas que mostrara mucho sus emociones.

Él le enseñó a aprovechar al máximo sus habilidades y a no dejarse llevar por impulsos necios. No supo en qué momento empezó a admirarlo, pero cuando se dio cuenta ya no fue solo eso.

Sus rasgos físicos, sus gestos, su voz cuando le hablaba, sus preciosos ojos azules comenzaron a crear estragos en todo su ser, haciendo que su corazón palpitara como loco a la mínima cercanía.

Estaba muy consciente de que hablaba de su superior, pero esos sentimientos hacia él iban en aumento y podrían no ser comprendidos por sus compañeros.

Por supuesto, aunque sus reacciones fueran discretas, hubo alguien que sí se percató de ese inusual comportamiento.

—No entiendo por qué no nos consideraron para la expedición —habló Mikasa con Armin en uno de sus días libres, día en el que una nueva misión fuera de los muros se estaba llevando a cabo.

—Fuero estrictas órdenes del Capitán —dijo el rubio.

—Pero yo podría serle de ayuda frente a esos titanes —estaba ligeramente molesta.

Armin, siendo tan perspicaz, encontró algo más en la expresión de la azabache.

—¿Estás dudando de sus habilidades?

—¿Qué? Claro que no. Es solo que… —calló unos segundos—. Mejor olvídalo.

—Mikasa, no tienes por qué esconderlo. Sé que estás preocupado por él.

Volvió a guardar silencio, evitando a toda costa mirar a su amigo. De nada servía intentar ocultar esa verdad que todavía le resultaba extraña a una de las personas más inteligentes de la Legión.

Confiando en su discreción, le contó lo que le estaba ocurriendo desde hace algunos días, enfatizando que no se lo podía sacar de la cabeza ni por un solo instante.

Armin la escuchó atentamente sin objetar, dejando que ella se desahogara. No creyó que lo que estaba sintiendo estuviera mal; de hecho, estaba muy contento de que pensara en alguien con quién compartir su vida, porque sabía que el Capitán, a pesar de su carácter y de esa expresión seria que lo caracterizaba, tenía virtudes y un gran corazón.

Aunque tal vez pensar en un futuro resultara ilógico al vivir en un infierno, valía la pena luchar por ello.

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Cuatro años pasaron y Paradis se alistó para una nueva batalla.

Luego de recibir la carta de Eren proveniente de las tierras de Marley, la tropa actuó de cara a la inminente invasión.

Durante los preparativos, Mikasa trató de entender las razones por las cuales Eren actuó sin la autorización de los altos mandos. Ni a ella, ni siquiera a Armin que eran los más cercanos, hizo partícipe de sus intenciones.

Y al llegar a Marley y ver toda la destrucción a sangre fría supo de inmediato que algo había cambiado dentro de él. Ser capaz de matar sin piedad a personas inocentes, planear un ataque en complicidad con Zeke y Yelena…

A pesar de haber vivido juntos de niños, en ese momento le resultaba imposible reconocerlo. Su única familia se había convertido en un desconocido.

De pie sobre uno de los edificios de Liberio, observó el enfrentamiento entre Eren y el Titán Martillo de Guerra, así como a sus compañeros de la tropa volando mediante su equipo y acorralando a los soldados marleyanos.

Pero no era la única testigo de eso, ya que a su lado se encontraba el Capitán Levi con su muy característico rostro inexpresivo.

Desde hace tiempo se propuso ser sincera con sus sentimientos. Sí, se habían vuelto cercanos, pero al momento de querer hablar las palabras no fluían.

¿Qué era eso que no le permitía abrir su corazón? ¿Miedo? ¿Incertidumbre?

Cualquiera que fuera la razón, era jodidamente frustrante.

—Es momento de atacar —mencionó Levi, sacándola de sus cavilaciones.

—Sí…

El Capitán la miró de reojo, percatándose de cierta inquietud en sus ojos grises.

—Eres fuerte, Mikasa —dio media vuelta y puso una mano sobre su hombro—. Confío en ti y sé que vivirás.

Antes de que pudiera replicar, lo vio alejarse mientras sacaba las cuchillas del equipo.

Al recordar aquel efímero contacto, su corazón dio un vuelco.

"Quiero vivir, pero contigo a mi lado".

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Un mal presentimiento la recorrió de pies a cabeza.

Encerrada en aquella celda subterránea junto a Armin, Jean, Connie, Nikolo y la familia Braus, no tenía idea de lo que sucedería. Tras la conversación fallida con Eren, no se sorprendería si este decidiera causar más daño junto a su hermano.

Pero a lo que sí temía era no tener noticias sobre el Capitán. Lo único que sabía era que estaba encargado de custodiar a Zeke hasta nuevo aviso.

¿Y si este último intentaba algo? Con la novedad de que había fluido espinal en las botellas de vino se podía esperar cualquier cosa.

En ese sentido, no se preocupaba porque sabía que a Levi no le gustaba ninguna clase de licor.

Entonces, ¿qué era esa jodida sensación que inundaba su pecho?

Esperó a que todo fuera un mal entendido, una invención de su cabeza por tantos acontecimientos…

Pero la realidad golpeó más fuerte cuando, después de escapar de la prisión y ser testigo de la activación del Retumbar, se reunió con sus compañeros, la Comandante y los nuevos aliados de Marley y lo vio a él. Vendado todo el cuerpo, sin dos dedos, recostado sobre una cama, inconsciente…

Verlo tan vulnerable fue una imagen que la dejó perpleja y reavivó ese miedo latente a perderlo.

Sin hacer caso a las sugerencias de Hange, se acercó al Capitán y lo abrazó, como queriendo evitar que desapareciera.

Al diablo lo que pensaran los demás. Sí, lo quería, y no permitiría que lo volvieran a lastimar otra vez.

Levi reaccionó al repentino estrechamiento y aspiró. Ese aroma… lo reconocía muy bien.

—¿M-Mikasa…? —habló con dificultad. Su cuerpo dolía, pero por alguna razón no quería apartarse de ella. La calidez que le transmitía le devolvía las fuerzas.

—Capitán, fue Zeke, ¿no?

Ella lo miró y él, aturdido, pudo vislumbrar sus ojos cristalizados.

—Ese miserable…

—No te preocupes por él —se incorporó un poco con la ayuda de Mikasa—. Fue un descuido mío, pero la próxima vez no escapará.

La azabache lo dejó descansar y, sin separarse de él, puso atención al nuevo plan que estaba conformando la Alianza para detener el Retumbar.

A pesar de haber tenido un episodio violento entre Jean y Reiner, el equipo logró ponerse de acuerdo para llevar a cabo su estrategia al día siguiente.

Luego de una ardua batalla con la fracción jaegersista, la Alianza pudo liberar a los Azumabito y se alejó del puerto en los barcos, en dirección al lugar donde se dirigían los colosales y el Titán Fundador.

—¡Capitán! —gritó Mikasa al verlo fuera de la cama, con su traje puesto—. ¿Por qué está de pie?

—También voy a luchar.

—Por favor, regrese a la cama. Todavía no se ha recuperado del todo.

—Estoy bien. No puedo quedarme de brazos cruzados, en especial sabiendo que ese barbudo sigue con vida.

—Pero…

—Mocosa —la calló con el dedo índice sobre sus labios—, agradezco tu preocupación, pero como tu superior, no me parece correcto dejarles la carga solo a ustedes.

Mikasa quiso reprochar, pero la determinación de sus orbes hizo que se rindiera.

—De acuerdo —suspiró y lo ayudó con el equipo de maniobras, aunque él no se lo pidiera.

Aun así, le dejó hacer, y aprovechó para observar cada una de sus facciones. La concentración que ella mostraba al realizar su labor le pareció muy linda.

Mikasa se percató de su mirada y un leve sonrojo adornó sus mejillas. Él, simplemente sonrió.

De casualidad pasó Armin por el lugar y miró la escena. Sonrió inconscientemente y continuó su camino hasta llegar donde estaba Annie.

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Gracias al avión y al gran esfuerzo de Onyankopon, la Alianza llegó a Eren y empezó una feroz lucha para detenerlo. Los titanes de los anteriores portadores resultaron en una importante dificultad que casi cobró la vida de algunos.

Mikasa se enfrentó a aquellos monstruos con firmeza y sin titubeos, pero al mismo tiempo estaba pendiente de los movimientos del Capitán. En una de esas un titán lo atrapó por una pierna y ella, sin pensarlo dos veces, acudió para ayudarlo.

Cuando se encontraron acorralados, Annie, Gabi y Falco llegaron en su rescate y replantearon su estrategia para dar el golpe final. Y aunque Armin se transformó en el Titán Colosal, Levi acabó con Zeke y Jean activó los explosivos, no fue suficiente para detener a Eren e incluso la situación se complicó con la repentina aparición de la Hallucigenia.

Volando por los cielos sobre Falco, Mikasa experimento unos terribles dolores de cabeza que pusieron en alerta al Capitán. Este, por primera vez, experimentó la desesperación y le suplicó a gritos que se quedara a su lado. Ya había sido suficiente la inesperada pérdida de su tropa otra vez.

No estaba dispuesto a perderla a ella, la única con vida que quedaba.

Mikasa se recuperó y, con una determinación que lo dejó impresionado, le pidió que la ayudara a crear una apertura para poder ingresar al titán en donde se encontraba Eren.

No fue fácil para ella decidirse a matarlo. Había prometido protegerlo, pero ya estaba cansado de verlo alejarse y, sobre todo, de verlo convertido en un asesino.

Con las fuerzas que aún guardaba, acabó con su vida y se despidió de él con un sutil beso en la frente.

"Descansa, hermano".

En seguida, todo empezó a desmoronarse, a desaparecer.

Los titanes colosales desprendieron humo, y el lugar donde se encontraba no fue la excepción.

Aún abatida por su dolorosa decisión, salió como pudo y se subió a Falco, donde Levi la recibió con una minúscula sonrisa y un orgulloso "Bien hecho".

Las pérdidas humanas y los sacrificios no se podían cuantificar, pero lo importante es que pudieron detenerlo antes de que ocurriera una catástrofe mayor.

Los únicos sobrevivientes de la batalla: los titanes cambiantes, Levi y Mikasa.

—¿Al fin somos libres?

Esa fue la pregunta que la azabache apenas susurró cuando llegaron a tierra.

Miró a su alrededor y, por primera vez, se sintió aliviada de que todo terminara.

—Tsk…

Ese ligero quejido llamó su atención e instantáneamente volteó a ver.

—Capitán —lo ayudó a bajarse del Titán Mandíbula y ambos se sentaron en el suelo. Le echó un vistazo a su herida—. Su pierna…

—Tranquila. No creo que sea grave.

Su voz había adquirido un tono lleno de paz, paz que le fue transmitida y le hizo recordar algo.

Sí, ahora eran libres y ella no tenía ataduras para expresar todo aquello que su corazón gritaba.

—Gracias —sus ojos se humedecieron—. Gracias por quedarse conmigo, gracias por haber entrado en mi vida y hacerme sentir cosas que nunca antes sentí por otra persona —hizo una pausa ante la desconcertada mirada de él—. No tengo por qué ocultar más mis sentimientos hacia usted. La verdad es que yo lo a…

La frase se desvaneció en el aire ya que Levi, movido por algún impulso, la tomó del rostro y le plantó un tierno beso.

Mikasa no supo cómo reaccionar. ¿De verdad estaba sucediendo? ¿No era solo un sueño…?

Pero, afortunadamente, todo eso era real y la hacía sentir en las nubes.

Roto el contacto, Levi pegó su frente a la de ella.

—¿Entonces eso era lo que me querías decir?

Desde hace tiempo tenía ciertas sospechas, más que nada por su inusual comportamiento cuando estaban solos. Pero no creyó que fuera posible.

No hasta ese día.

Mikasa asintió levemente mientras sonreía y se ruborizó. Ahora sí sentía pena porque los estuvieran observando.

Él también le devolvió el gesto, al tiempo que sentía algo nuevo aflorar en su interior.

¿Eso era lo que llamaban felicidad?

Si así era, no podía ser más gratificante.


Este es originalmente el primer one-shot que escribí, solo que lo subo después de los anteriores porque... andaba en ensayos para aprender a manejar esta plataforma (y me costó un poquito entender, así que...) XD