Primer capítulo oficial.
Para lobo-moon, porque ama esta pareja casi tanto como yoo ^^
Disfrutad!
Nota: LEMON bastante específico, que cada cual lo lea bajo su propia responsabilidad blablablá!
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5, 4, 3, 2, 1… ¡FELIZ AÑO NUEVO!
La Madriguera estalló con el ruido del tapón de una botella de champán al ser descorchado.
- ¡Feliz año nuevo, Herms! – exclamó Ron besando con pasión a su novia.
- Igualmente – respondió sonrojada.
Los brazos y los besos de felicidad reinaron durante los siguientes minutos. Los Weasley (acompañados de sus correspondientes parejas) festejaban el año nuevo con alegría. Harry y Ginny fueron los primeros en felicitar a Hermione, luego llegaron George y Angelina, seguidos de Percy y Penélope, Charlie, Molly y Arthur.
Pero ella, muy a su pesar, ansiaba los besos y abrazos de otra persona.
Bill se acercó a la Gryffindor de la mano de Fleur, se detuvo unos metros frente a ella y sonrió, dejando a Hermione sin aliento.
- Feliz año, Hermione – felicitó con aquella voz ronca que lo caracterizaba.
- Igualmente, Bill – respondió ésta.
El primogénito de los Weasley se estremeció imperceptiblemente cuando besó y abrazó a su cuñada. Más aún cuando recordó lo hermoso y excitante que sonaba su nombre en los labios de la morena, "igualmente, Bill"…
La fiesta continuó varias horas, en las que los bailes, las risas y las bromas por parte tanto de George como de Harry ocuparon la mayor parte.
- Bailemos, Herms – la incitó Ron cuando sonó una lenta en la casa.
- No, Ron… sabes que no sé bailar…
- No digas chorradas.
- Mira, Fleur parece estar deseando bailar – señaló al rincón de la sala, donde Fleur estiraba con insistencia del brazo de Bill para bailar.
Ron miró a su novia con duda, pero al ver la sonrisa de Hermione decidió obedecer y se dirigió a Fleur para sacarla a bailar. La sonrisa de Bill se ensanchó cuando su prometida lo dejó tranquilo, dirigió una mirada de gratitud a Hermione.
Ella respondió con otra sonrisa, levemente ruborizada.
Bill se acercó a ella, sentándose a su lado.
- Gracias por salvarme de Fleur – agradeció con delicadeza.
- De nada, está claro que tú y yo no estamos hechos para bailar…
- Sí, es otra de las cosas en las que nos parecemos.
Ambos se miraron. Hacía casi un año que se conocían y desde el primer momento habían conectado, encajando como un puzzle resuelto. Hablaban mucho y de distintos temas, embriagándose uno de la inteligencia del otro.
Compartían cosas que con sus respectivas parejas era imposible. Hermione se preguntaba cómo un ser tan espléndido y brillante como Bill podía estar con alguien como Fleur, cuya mayor preocupación era si tenía bien el pelo. Al mismo tiempo, Bill se preguntaba cómo una persona tan astuta y magnífica como Hermione podía estar con su hermano (aunque lo adoraba), al que le faltaba más de un tornillo.
Ambos compartían demasiadas cosas, tal vez más de las que les hubiera gustado… o les hubiera convenido.
- ¿Bailamos? – preguntó entonces Bill.
- ¿Bailar? ¿Yo? Bill, por favor…
- Yo tampoco sé bailar, Hermione. Hagamos el ridículo juntos.
La Gryffindor no pudo negarse a aquellos ojos de súplica. A aquella mirada infinitamente atractiva que la instaba a hacer cualquier cosa que Bill pidiera.
- Está bien.
Bill cogió de la mano a Hermione y la llevó al centro del salón, un pequeño roce que se convirtió en infinito. Él la agarró de la cintura mientras ella rodeó el cuello de Bill con sus brazos. Se balanceaban lentamente con exquisita coordinación, siguiendo el ritmo de sus corazones más que el de la música.
Ron y Fleur se acercaron a ellos mientras giraban divertidos.
- De modo que con Bill sí y conmigo no, ¿eh? – bromeó Ron.
Hermione sonrió tímidamente, pensando la forma más sutil de decirle "es que Bill es mi debilidad". Finalmente optó por permanecer en silencio.
Fleur y Ron se alejaron de nuevo, dejándolos solos una vez más. El contacto visual hizo acto de presencia entre los suaves contoneos de sus torpes pasos.
- Estás realmente hermosa – comentó Bill mirándola con admiración.
No es que tratara de ser agradable, era algo que opinaba sinceramente. Con el pelo formando un medio recogido y aquel vestido azul claro Hermione parecía una auténtica princesa de cuento.
- Gracias – respondió ruborizada -. Tú tampoco estás mal – añadió observando el traje de Bill -. ¿Dónde has dejado la cazadora de cuero?
- Fleur no quería que me la pusiera – respondió fastidiado.
- Te quedaría bien con el traje – opinó Hermione -, sería muy a tu estilo. Yo jamás te prohibiría ponerte lo que te gusta.
Reinó silencio ante aquel comentario equivocado. Una vez más ambos recordaron en su subconsciente lo fácil que sería estar juntos, su complicidad, todas las cosas que compartían, sus caracteres ligeramente parecidos… El baile continuó mientras ellos se miraban a los ojos anhelando aquello que jamás podrían tener: al otro.
La música cambió y el ambiente volvió a ser festivo. Bill y Hermione se separaron a regañadientes y continuaron cada uno en su lugar, donde debían estar: Él con Fleur, ella con Ron.
- Bueno, familia, nosotgos nos vamos a dogmig – anunció Fleur al cabo de unas horas cogida del brazo de Bill.
- Ya, ya, ahora se le llama así – bromeó Ron.
A Hermione se le cayó el mundo encima. Sabía de sobra qué iban a hacer Fleur y Bill en su dormitorio a aquellas horas, aunque también sabía que no debería importarle, al fin y al cabo, era su cuñado, ¿no?
La pareja se despidió y subieron al dormitorio, con una última mirada de Bill dirigida a una desolada Hermione, pidiéndole ayuda en sus pensamientos.
Al cabo de una hora Ron y ella abandonaron también el salón, dirigiéndose a su dormitorio. Una vez más el Gryffindor trató de hacer algo más que manitas con Hermione, pero ésta se volvió a negar. Estaba ligeramente contenta gracias al whisky de fuego, pero no lo suficiente como para dejarse manosear por Ron. Aún era demasiado pronto.
Cuando él cayó en un profundo sueño acompañado de ronquidos, Hermione se escaqueó del dormitorio levemente mareada por el alcohol. Necesitaba pensar, aclarar sus ideas y convencerse a sí misma de que tarde o temprano debería mantener relaciones sexuales con Ron… no quería admitir lo que llevaba casi un año esperando.
Bajó al sótano casi por inercia, la sorpresa que se llevó cuando descubrió allí a Bill le hizo dar un pequeño respingo.
- Dios Santo, ¡qué susto! – exclamó.
- Perdona, no quería asustarte.
Hermione se acercó a él y se sentó a su lado, en el sofá magullado y listo para tirar que tenían los Weasley desde hacía meses en el sótano.
- ¿Qué haces aquí?
- No podía dormir.
- Creía que Fleur y tú…
Bill abrió mucho los ojos.
- ¡No! No… ella quería pero… yo no. Es raro, ¿sabes? Un tipo como yo negándose a tener sexo… ¡dónde vamos a ir a parar!
- Te estás haciendo mayor – bromeó Hermione sonriendo.
- Eh, sólo tengo veintisiete, estoy en plena forma.
- Entonces, ¿cuál es el problema?
Reinó un silencio incómodo que abarcó unos cuantos minutos.
- Fleur – dedujo ella.
- Sí.
- ¿Nervioso por la boda? – preguntó sintiendo cómo se le partía el corazón con aquellas palabras.
- No. Digamos que… dudoso.
- ¿La quieres?
Bill quería contestar, de verdad que sí. Pero las palabras no salían por su boca. ¿Cómo iba a decirle a Hermione que no amaba a la persona con la que había estado más de un año, con la que iba a casarse dentro de una semana… porque la amaba a ella?
- No deberías estar con alguien a quien no quieres, Bill.
"Debería aplicarme a mí misma los consejos que doy" pensó con amargura.
- No es fácil.
- Lo sé, de verdad que sí.
Él la miró, y por un momento sus ojos se encontraron en un abismo infinito. Se dijeron en silencio lo que con palabras les resultaba imposible, Bill vio la verdad en los ojos de Hermione: ella no amaba a Ron.
- ¿Por qué sigues con él?
La muchacha dudó. Sintió un escalofrío cuando Bill volvió a clavar su mirada en ella, expectante por una respuesta. Respiró una vez, otra, tres veces más. Suspiró y se armó de valor antes de contestar:
- Para estar más cerca de ti.
El mayor de los Weasley se quedó sin habla, ¿había oído bien? Su mente se quedó en blanco, su corazón bombeaba más rápido de lo normal.
Inconscientemente alargó su brazo hasta tocar con sus dedos la mejilla de Hermione. Ella se estremeció ante aquel roce fortuito, no tardó en agarrar la mano de Bill con sus propias manos, pidiéndole en silencio que jamás se alejara. El rostro de Bill estaba peligrosamente cerca del de ella, Hermione suspiró y con toda su rabia y pasión rompió aquella barrera invisible que separaba sus labios.
Un beso. Fue sólo un beso, pero al mismo tiempo fue mucho más. Fue una infidelidad, una deliciosa infidelidad, la deseada infidelidad. Un beso como ningún otro, pasión, ardor, lujuria, amor, cariño y amistad se mezclaban entre sus bocas mientras sus lenguas jugaban.
Bill se levantó, incorporando también a Hermione. Le sacaba casi dos cabezas, pero aquello no le impidió llevarla a un pequeño armario del sótano sin romper el beso. Una vez en el estrecho armario, ambos quedaron empotrados contra diferentes paredes, más pegados de lo que jamás hubieran soñado. Comenzaron a acariciarse con descontrol, dejándose llevar por todo aquel tiempo que habían guardado sus caricias.
La vida jamás había sido tan hermosa… Ni tan excitante.
El Weasley levantó sin miramientos el vestido de Hermione e introdujo su mano por debajo de las bragas de ésta, cuando su dedo índice y corazón se sumergieron dentro de ella, un peligroso y desconocido gemido salió de sus labios.
- Oh, Bill…
Él sonrió, encantado de oír semejante suspiro de placer de los labios de Hermione, sobretodo si ella le llamaba por su nombre. Comenzó a mover sus dedos dentro de ella mientras la Gryffindor entrelazaba sus dedos desesperadamente con el pelo de Bill, acercándolo a ella para besarlo de la forma más salvaje y ardiente que era capaz.
Un pequeño grito de sorpresa salió de la boca del pelirrojo cuando sacó los dedos del interior de Hermione. La miró desconcertado cuando vio sangre en ellos.
- Eres… eres virgen – tartamudeó sorprendido.
- Era – corrigió ella con una sonrisa que volvió loco a Bill.
- Creía que Ron y tú…
- No – respondió cabizbaja -. Estaba esperándote.
Aquellas palabras surgieron en Bill más efecto que tres orgasmos seguidos. Fue tanta la felicidad que sintió en aquel momento que no pudo contenerse más, se quitó con fiereza la chaqueta y cogió a Hermione en brazos, provocando que ella enroscara sus piernas en la cintura de éste.
- Te quiero – susurró él en su oreja antes de mordérsela con cariño.
Hermione no tuvo tiempo de contestar, era tal la excitación que sentía, tal la humedad que había entre sus piernas que no tardó en desabrochar los pantalones de Bill y bajar sus calzoncillos mientras lo besaba frenética, loca de amor por el mayor de los Weasley. Cuando Bill penetró en ella, dolor fue lo último que sintió Hermione, echó el cuello hacia atrás y no pudo hacer otra cosa que ronronear.
- Bill…
El aludido sonrió emocionado. Le gustaba que Hermione pronunciara su nombre en cualquier situación, pero que mientras la estaba penetrando no dejara de suspirarle así lo volvía loco… ansioso.
- No dejes de decirlo – jadeó con aquella voz ronca mientras la penetraba.
- Bill…
Hermione se agarró a su cuello y arañó su espalda mientras se impulsaba hacia delante y hacia atrás contra las caderas de Bill.
- Otra vez.
- Bill…
El ritmo aumentó, gemidos incontrolados salían de sus bocas cada vez que sus pelvis entraban en colisión.
- Oh, Bill…
La locura hizo acto de presencia, sus movimientos fueron salvajes, rápidos y veloces, precisos y en perfecta compenetración. Iban a estallar de un momento a otro.
- ¡BILL! – gritó Hermione cuando el éxtasis llegó a ellos.
La Gryffindor suspiró al sentir el movimiento del miembro de Bill dentro de ella, eyaculando, llenándola con su esencia, mezclándose con la de ella. Besó el cuello del Weasley cuando se echó hacia atrás para apoyar la cabeza en la pared, agotado pero radiante de felicidad. Salió de ella con la lentitud que les había faltado en sus relaciones, pero no se separó de Hermione ni un milímetro, la bajó y la abrazó con delicadeza, inspirando el aroma de su pelo, embriagándose de su olor a colonia y excitación.
- Ha sido… perfecto – murmuró Bill en su oído.
Hermione sonrió y lo besó en los labios con suavidad.
- ¿Qué va a pasar ahora?
- No lo sé. Tú… tú estás con mi hermano…
- Y tú estás prometido…
- Me siento más culpable por no arrepentirme que por lo que hemos hecho.
- Me pasa igual.
Se miraron a los ojos y sonrieron. En algún momento a lo largo de aquel año desde que se habían conocido habían llegado a pensar que lo único que sentían el uno por el otro era atracción. Pero allí, encerrados en el armario de un sótano, desnudos tras haber mantenido relaciones sexuales, sonriendo como estúpidos enamorados, se dieron cuenta de que no.
De que aquello no era una simple infidelidad, aquello era amor.
