Nota: Este capítulo contiene un LEMON bastante específico... blablablá.

Disfrutad!


Una camiseta de tirantes que dejaba el ombligo al descubierto y unos shorts era lo que vestía Hermione cuando bajó al comedor, recién levantada. Esperaba encontrar allí a toda la familia, preparando la comida, recogiendo o incluso bromeando sobre la noche anterior.

Pero lo que le esperaba en el comedor era algo totalmente atípico, Bill y Fleur eran los únicos que se encontraban allí, Fleur leyendo una revista del corazón y su prometido cocinando.

- Buenos días, Hegmione – saludó Fleur levantando la vista de la revista.

Bill se giró con una rapidez asombrosa al oír aquel nombre, él y Hermione permanecieron estáticos en el lugar, mirándose con aquel brillo inhumano en los ojos, estremeciéndose de pies a cabeza con el solo recuerdo de la noche anterior.

- Siento haberos molestado – se disculpó la Gryffindor -. Pensaba que estarían los demás…

- No te vayas – suplicó Bill cuando hizo ademán de marcharse -. Los demás no tardarán en venir… - añadió cuando se dio cuenta de que había sonado demasiado desesperado.

Hermione sonrió levemente y se sentó en el asiento frente a Fleur. Ni Bill ni ella se sentían cómodos en aquella situación, su prometida no era consciente de la infidelidad que habían protagonizado ella y Bill.

- ¿Qué tal anoche? – preguntó entonces Fleur.

Su futuro marido se atragantó con el pan que acababa de llevarse a la boca, Hermione la miró con los ojos como platos. ¿Es que acaso sabía algo?

- ¿A qué te refieres?

- No sé… Bill y yo nos fuimos muy pgonto a dogmig… ¿cómo siguió la fiesta?

Bill respiró tranquilo, se volvió y continuó pellizcando la barra de pan que había sobre la mesa, mientras Hermione suspiraba y clavaba sus ojos marrones en la espalda de Bill… Cada vez que lo miraba no podía evitar no arrepentirse lo más mínimo de lo que había ocurrido la noche anterior.

- Ron y yo nos fuimos pronto también…

- Segugo que lo pasasteis bien en la habitación – comentó Fleur con diversión y malicia.

Un grito ahogado salió de la boca de Bill. Hermione y Fleur se volvieron escandalizadas por semejante chillido, el dedo de Bill estaba manchado de sangre, había ejercido tanta fuerza al cortar el pan tras el comentario de Fleur que a penas se había percatado de que su dedo estaba peligrosamente cerca del cuchillo.

Hermione se acercó a él y examinó su dedo, sosteniéndolo entre sus manos con exquisito cuidado.

- Déjame ver – murmuró.

Bill la observaba con amor, más amor del debido. La miraba divertido mientras ella volteaba su dedo para examinarlo desde todos los ángulos posibles, su simple contacto le producía mariposas en el estómago.

- No parece un corte profundo – determinó Hermione clavando sus ojos en los de Bill, gran error, pues se quedaron prendados unos segundos.

- Debegías chupagte el dedo – comentó Fleur, ajena a la cantidad de sentimientos que se transmitían entre ellos -. Cuando de pequeña me cogtaba, mamá siempge decía que con la saliva la hegida se ciega.

El Weasley acercó el dedo a los labios de Fleur, pidiéndole que fuera ella la que chupara su herida, ya que él tenía la boca cubierta de pan.

- ¡Bill, pog Dios! ¡No seas guago! Soy una señogita, ¿cómo voy a chupagte el dedo?

Hermione observó la escena divertida. Agarró la mano de Bill y llevó su dedo hasta los labios cuando Fleur volvió a dirigir su atención a la revista. El contacto visual llenó los segundos, Hermione lamía el dedo cortado de Bill mientras él la miraba con los ojos como platos, sintiéndose excitado por la forma en la que la lengua de la morena giraba en círculos sobre su dedo.

Hacía rato que la herida estaba cicatrizando gracias a la saliva de Hermione, pero el juego no había terminado. Se sentían excitados, gustosos y peligrosamente enamorados.

- ¿Qué estáis haciendo? – preguntó George cuando hubo bajado al comedor y se encontró con semejante escena.

La Gryffindor se apartó bruscamente de Bill, al mismo tiempo que Fleur clavaba sus ojos en la pareja de amantes, ajena a todo.

- Me… me he cortado y H-Hermione estaba lamiendo la herida – respondió el mayor de los Weasley cuando hubo tragado el pan que tenía en la boca.

- Esa es una muy buena excusa – rió George restándole importancia al asunto.

A raíz de aquel pequeño incidente, Hermione y Bill procuraron estar lo más lejos posible, aunque entre sus miradas y roces inconscientes saltaban chispas. Cuando la comida hubo empezado con todos los integrantes Weasley y sus parejas, la conversación no tardó en hacerse notar.

- ¿Ya has comprado el vestido de novia, Fleur? – preguntó Penélope interesada.

Hermione bajó la cabeza, ya no era que se hubiera acostado con el novio de Fleur, sino que se había acostado con su prometido…que era el hermano de su novio. Aquello estaba mal, demasiado mal, pero no podía evitar no sentirse culpable.

Era Bill el culpable de aquello, amaba su cuerpo, su forma de estar sentado con las piernas abiertas y aire casual, amaba el brillo de inteligencia que había en sus ojos, su cara de enamorado cuando Hermione le pillaba mirándola, amaba su aire rebelde, su forma de reírse, su tic de echarse el pelo hacia atrás, sus gestos, el lunar que tenía en el hombro, su voz ronca implorándole que lo llamara una y otra vez mientras la penetraba…

¿Cómo iba a arrepentirse si Bill Weasley era un ser perfecto?

- Nosotros iremos a vivir juntos pronto, ¿verdad Herms? – preguntó Ron.

La aludida despertó de su ensoñación. Habían cambiado de tema, ahora las miradas de Bill, Fleur, Percy y Penélope se posaban en ella. Sonrió imperceptiblemente cuando Bill cerró los puños en el mismo momento en el que Ron la rodeó con sus brazos y la besó tiernamente en los labios.

- Ronald, eso no lo hemos consultado todavía… - dijo ruborizada.

- Pero en principio decidimos que así fuera.

- ¿Dónde vais a coger casa? – preguntó Penélope.

- En el mundo muggle – repuso Ron.

- ¿En el mundo muggle? – repitió incrédulo Percy.

- Sí, Herms quiere trabajar allí como médica – aseguró el menor de los Weasley -. Mi trabajo como Auror puedo desempeñarlo igual en el mundo muggle que en el mágico…

- Entonces a penas nos veremos – dedujo Bill clavando su mirada en Hermione.

- Vendremos siempre que podamos – repuso ella apartando sus ojos de los de Bill.

- Yo creo que deberíais casaros antes de coger una casa, como Bill y yo – comentó Fleur emocionada.

A Hermione se le produjo un nudo en la garganta, Bill se atragantó y su prometida tuvo que darle varias palmadas en la espalda para que dejara de toser.

- Son unos críos, Fleur – se apresuró a decir -. ¿Cómo quieres que se casen?

- Llevan casi tanto tiempo como tú y yo juntos – dijo ésta -. Nosotros llevamos un año y diez meses y ellos…

- Un año y medio – repuso Ron orgulloso.

- ¿Por qué no iban a casarse? – inquirió Fleur – Está claro que se aman.

Fue entonces cuando Ron se apresuró a acariciar la mejilla de Hermione y a besarla con toda la pasión del mundo, sin importar la gente que estuviera presente. Bill observaba la escena abatido, no debería desear ser él quien besara a Hermione… pero no podía evitarlo. Se sentía culpable porque Ronald estaba enamorado hasta la médula de ella, aunque la Gryffindor no lo correspondiera.

Pero no podía sentirse culpable, porque al igual que ella, Bill amaba cada parte de Hermione. Su pose siempre correcta, su educación exquisita, el lunar que tenía cerca del ombligo, sus tirabuzones perfectos, su cuello echado hacia atrás cuando él la penetraba, su voz llamándole con gemidos desesperados, su tímida sonrisa, sus mejillas ruborizadas…

No, definitivamente no podía arrepentirse de la noche anterior.

- Disculpadme un momento – dijo entonces Hermione -. Voy al servicio.

Tal vez cualquier persona no hubiera sido capaz de verlo, pero Bill vio la tristeza y desolación en los ojos de Hermione, en los cuales las lágrimas pedían a gritos por salir. Esperó un poco, se excusó con su familia y subió las escaleras en dirección a los lavabos. La morena salía de allí cuando chocó contra el fornido cuerpo de Bill.

- ¿Qué haces aquí, Bill? – susurró.

¡Cómo le gustaba el sonido de su nombre en los labios de Hermione!

- Quería saber cómo estabas – murmuró igual de bajo.

¡Aquella voz ronca iba a volverla loca!

- Estoy bien.

- Eso no es verdad – dijo cogiéndola dulcemente por el mentón para que clavara su mirada en la de ella -. Tienes los ojos levemente hinchados y rojos, sorbes por la nariz más de lo que deberías si no hubieras llorado…

- Odio que seas tan observador.

- Sólo contigo – susurró en su oído.

Hermione sonrió y agarró de la mano a Bill, introduciéndolo en el baño. Echó el cerrojo y abrazó al mayor de los Weasley con desesperación, él correspondió a su abrazo, besándola en el pelo, embriagándose de su olor.

- Ni se te ocurra casarte con Ron – dijo entonces -, no estoy seguro de poder soportarlo…

- Entonces no te cases tú con Fleur.

- No puedo hacer otra cosa, Hermione – aseguró sentándose en las baldosas del baño y sentándola a ella encima -. Si yo dejara a Fleur y tú a Ron para que pudiéramos estar juntos sería una locura… les romperíamos el corazón a ambos, separaríamos a la familia.

Ella lo comprendía, claro que sí. Entendía que era una locura, que no podían hacerlo así. Pero tenía que haber una solución, una solución para que ellos pudieran ser felices juntos, al fin y al cabo, estaban sacrificándose por los demás.

- ¿Y a qué precio estamos manteniendo la familia unida, Bill? – inquirió con lágrimas en los ojos – Está en juego nuestra felicidad…

- Lo sé – susurró acariciándola para limpiar sus lágrimas -. Podrías dejar tú a Ron primero… luego yo vería qué hacer con Fleur… y tal vez podríamos estar juntos así, sin hacer daño a nadie…

- No voy a dejar a Ron, Bill.

- ¿Por qué?

-Porque mi relación con tu hermano es lo que me permite verte…

Bill sonrió levemente y acercó su rostro al de Hermione para besarla. En el mismo momento en el que sus labios entraron en contacto, nada importó. No importaba lo difícil que fuera su situación, lo complicado que fuera estar juntos, que Hermione saliera con el hermano de Bill, que Bill fuera a casarse…

Nada. Nada importaba. Porque ambos estaban dispuestos a soportar todo lo que hiciera falta por tener momentos así, aunque lo hicieran a escondidas, aunque fueran infieles. Nada importaba, porque en el mismo momento en el que sus labios entraban en contacto, eran extremadamente felices.

Hermione desabrochó los pantalones de Bill en un abrir y cerrar de ojos mientras lo besaba y acariciaba con pasión.

- Eh… Hermione… - jadeó deteniéndole – No es necesario…

- Shh… - murmuró ella colocándole el dedo índice en sus labios.

Bill, sorprendido, asintió y la ayudó a desvestirle. Comenzó a acariciarle los senos, aprisionándolos entre sus manos, provocando que gemidos sordos salieran de ambas bocas. Hermione no lo dudó, estiró su mano y rodeó el miembro de Bill con ella mientras se miraban entre ruborizados, extasiados y apasionados.

La Gryffindor comenzó a mover la mano de arriba abajo, primero despacio, luego más rápido. Bill estaba fuera de sí, se sentía extraño. Normalmente no le importaba que Fleur le hiciera aquel tipo de cosas, pero con Hermione no le gustaban… tal vez porque se sentía en la obligación de hacerla disfrutar a ella en vez de disfrutar él.

Pero la muchacha también estaba disfrutando. Ronroneos salían de sus labios mientras continuaba moviendo su mano con frenesí y besaba y mordía el cuello de Bill con locura. El Weasley sonrió y se dejó llevar por la mano de Hermione, estremeciéndose con su sube-baja, sintiendo escalofríos con sus gemidos ahogados, embriagándose del placer que ella sentía.

Hermione aceleró el paso de su mano cuando sintió que era el momento. Bill soltó su cintura y colocó las manos en el suelo, aplastándolas contra él.

- Bill…

Aquel susurro fue el éxtasis, el punto más álgido de la excitación. Apartó con brusquedad la mano de Hermione de su miembro, se cubrió con el calzoncillo y dejó que su pene liberara toda aquella carga sobrehumana de placer que contenía.

Cuando abrió los ojos encontró a una Hermione con la sonrisa radiante, mirándolo con ternura y pasión.

- Lo siento – se disculpó Bill.

- ¿Por qué?

- Por haber permitido que fueras tú quien me haya hecho disfrutar en vez de yo a ti…

- ¿Bromeas? – inquirió Hermione con una sonrisa.

Desabrochó sus pantalones, se bajó las bragas y cogió la mano de Bill para que tocara su clítoris.

- Está… húmedo – dijo Bill sorprendido.

- Sí, yo también me he corrido.

Aquella revelación fue otro tipo de éxtasis, la besó y la abrazó con pasión mientras ella se reía y respondía a sus caricias con gusto.

- ¿Herms? ¿Herms, estás ahí? – se oyó la voz de Ron al otro lado de la puerta.

Ella y Bill se levantaron a la velocidad de la luz y comenzaron a atarse sus pantalones.

- ¿Qué vamos a hacer? – susurró Hermione preocupada.

- De momento contéstale o tirará la puerta abajo.

- Herms, me estás preocupando – dijo Ron.

- Estoy bien, Ronald – respondió Hermione en voz alta -. Desaparécete en otro lado de la casa – añadió en un susurro para Bill -, ¡rápido!

Bill se acercó a ella rápidamente y la besó veloz y pasionalmente. Cuando se separaron, se sonrieron y Bill desapareció al mismo tiempo que Ron lograba abrir la puerta del baño con un hechizo.

- Herms, ¿se puede saber qué hacías?

- No me encontraba bien.

Ron se acercó a ella y le colocó la mano en la frente.

- ¡Estás ardiendo!

En la habitación contigua al baño, Bill reía por lo bajo mientras escuchaba la conversación de su hermano y su novia. Hermione trataba de no sonreír.

- Estoy bien, Ronald – aseguraba -. Será un poco de fiebre, pero ya verás como se me pasa.

Salieron del lavabo para dirigirse al comedor, cuando estaban bajando las escaleras Hermione soltó la mano de Ron.

- He olvidado algo en el baño, voy enseguida.

- ¿Quieres que te acompañe?

- No, no es necesario. Espérame en la mesa.

Ron terminó de bajar las escaleras ajeno a que Hermione, en vez de dirigirse al baño, iba directa a la habitación de al lado. Sonrió cuando vio a Bill en el interior, apoyado en la pared con aire casual, como esperándola.

- ¿Cómo sabías dónde estaba? – preguntó mientras Hermione se acercaba a él.

- Te oí reírte por lo bajo.

Un beso lleno de pasión, deseo, dulzura, ternura y amor ocupó los minutos antes de que Hermione bajara precipitadamente las escaleras para sentarse junto a Ron y Bill, minutos más tarde, apareciera por la puerta del jardín como si nada hubiera sucedido.

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Hola a todos! Un nuevo capítulo de esta historia :)

Muchas preguntas sin resolver, muchos secretos que no deben salir a la luz, amor prohibido...

¿Se casará Bill con Fleur? Lo sabremos en el próximo capítulo ^^

Un besoo!