Bleach NO me pertenece.

~Compraré los derechos sobre Urahara Kisuke y lo haré mi esposo ficticio~

~o~

Historia hecha sin fines lucrativos.


Notas de autora al final.

Aclaración:

«Pensamientos»

Recuerdos / Flashback


Accidentalmente embarazada

~o~

En busca del esperma

Rukia Kuchiki depositó el vaso en la mesa, apoyó sus dos manos y agachó la cabeza lentamente. Eran alrededor de las dos de la tarde, el departamento estaba en silencio, el día se teñía con los rayos del sol y ella, ahí, sola y pronto a convertirse en un zombie. En una muerta viviente que sólo caminaba y se dedicaba a tomar agua todo el día.

Cerró los ojos con fuerzas y trató de buscarle respuesta a lo que le estaba sucediendo. ¿De verdad estaba embarazada? ¿De verdad el destino le había jugado tan mal?

Suspiró cansada. Caminó lentamente hasta el sofá y recordó todos los consejos que su buena amiga Rangiku le había dicho. El día anterior había sido un completo shock para ella, había sido el peor día de su vida, sin contar cuando la inseminaron accidentalmente. Estiró su cuerpo y se acostó prácticamente en el sillón de cuerina que tanto le había costado comprarlo; era menuda, así que era el perfecto sofá para ella y su pequeño cuerpo.

«Cuerpo»

Su cuerpo que iba a cambiar a medida que pasaran los meses. Pero eso era lo que menos le importaba, sinceramente. No era una chica la cual estuviese cien por ciento preocupada de lo que comía o no para mantenerse en línea; lo que realmente le era preocupante, era la sola idea de criar un bebé sola, un bebé del cual no conocía al padre y ni siquiera había planeado tenerlo. Fijó la vista en el techo blanco y llevó una mano hacia su vientre. ¿Cómo demonios cuidaría de una vida si a duras penas cuidaba de la suya? Salir del hogar Kuchiki le había costado en demasía, la sobreprotectora personalidad de su hermano, Byakuya, la habían dejado casi marginada de una vida común; pero su afán de salir adelante y surgir por ella misma habían sido mucho más fuerte que la dura influencia de su querido hermano.

«Mi hermano…» ¿Cómo le iba a explicar que estaba accidentalmente embarazada de quién sabe quién? Claramente él le diría que era su irresponsabilidad y no dudaría en demandar a aquella enfermera y al hospital en sí. Y eso no podía ocurrir. Fuera de sus dramas, Rukia tenía muy presente que no podía arruinar la vida de los demás, quitándoles su trabajo y su dignidad. Estaba consciente que cometía un error para su vida, mas arruinar la vida de los demás no era algo que le entusiasmaba.

Giró su cuerpo y apoyó la cabeza con delicadeza en el antebrazo del sofá. Apretó los puños y cerró los ojos suavemente, tratando de conciliar el sueño. Pero, como si la vida quisiese molestarla, el chillante sonido del celular la sacó de sus pensamientos.

Gruñó para sus adentros y tomó el pequeño móvil que se encontraba en la mesa de centro.

—Ran —musitó desganada. La chica al otro lado de la línea chilló.

—¡Estás viva! —dramatizó y ahogó un llanto, actuando. La morena rió de medio lado, agradeciendo que tenía la compañía de casi una hermana. Realmente Matsumoto le hacia pasar buenos ratos, la apoyaba y animaba cada vez que salía con sus actuaciones.

—Lo estoy —respondió suspirando.

—¿Pensaste en lo que hablamos?

—No estoy segura de hacerlo, Ran —sinceró mordiendo su labio inferior. Se sentó rápidamente en el sillón, acomodándose.

—¡Estabas segura cuando le pediste la información a la enfermera! —refunfuñó— No me digas que ahora te estás arrepintiendo. Rukia, tú no puedes manejar esto sola y lo sabes.

—Lo sé, pero, si él donó es por algo, quizás no quiere tener una familia y donó por… ¿ayudar a una mujer? Qué se yo —contestó. Y era verdad. En un arrebato había pedido la información del donante para buscarlo, ponerlo en su lugar y darle al bebé; pero, ¿y qué tal si él no podía manejar la situación?

—No eres una súper-mujer Rukia, ¡deja de pensar en el bien de los demás y dejarte al último! Tú llevarás una barriga por nueve meses, no él —articuló casi al borde del enojo.

—Lo sé, lo sé —zanjó, mas nada más salió de sus labios. ¡No sabía qué rayos hacer!

—Escúchame bien Rukia, buscarás al chico y le dirás que no podrás con un bebé tú sola. Él es el padre y es una obligación que te ayude, acompañe y haga algo en el proceso —tras haberlo dicho, Matsumoto cortó el teléfono rápidamente.

Llevó una mano a su cabeza y golpeó suavemente. Estaba confundida, y estar confundida era poco a lo que se le venía encima. Tal vez Rangiku tenía mucha razón y ella debía buscar al chico, obligarle a ayudarle y después de eso… después de eso, ¿qué? ¿Necesitaba ayuda monetaria? Realmente no lo sabía, podía recibir esa ayuda de parte de su familia…

«Familia que no está enterada de tu embarazo, Rukia» Se recordó mentalmente.

Si Byakuya no sabía de su embarazo, entonces no podía recibir dinero, ni tampoco podía trabajar con una gran panza. Revolvió sus cabellos suavemente…

«Debo hacerlo» Decidió. Tragó saliva, inhalo y exhaló lentamente.

Estaba decidida a buscar al idiota donante y ponerlo en su lugar. Era momento de no dejarse caer y seguir con su vida, aunque tuviese que cuidar de otra. Rendirse no estaba en su vocabulario ni en su propio diccionario.

~o~

Agarró con sus manos la pequeña linterna y caminó lentamente hacia la casa. Casa, que para ella, estaba lo suficientemente lejos de la ciudad. Pensó que tal vez un psicópata-asesino vivía en una casa tan distante de todo lo urbano, mas todo pensamiento se vio truncado al recordar las palabras que Rangiku se había encargado de tatuar en su piel, exagerando, claro estaba.

Llegó a la puerta y tomó la manilla entre sus manos, tratando de abrirla, pero no consiguió nada. Suspiró sonoramente y torció los labios hacia un lado. Era obvio que estuviera bajo llave, pero jamás pensó que sería tan difícil tratar de ingresar silenciosamente. Toda la casa estaba con las luces apagadas, por lo tanto intuyó que nadie se encontraba allí. Lo más probable era que el dueño, el donante, llegase más tarde. Y ella ni loca lo esperaría a las afueras, sola y muriendo de frío. Caminó por alrededor de la casa y divisó una ventana que estaba media abierta.

Inclinó su cuerpo tratando de ver si alguien estaba adentro, asegurándose que su vida no corría peligro. Tras calcular y asegurarse que absolutamente nadie estaba en la casa, enganchó sus manos al líneal de la venata y se impulso como pudo con sus pies. Con la notoria fuerza que ella creía tener, logró engancharse de la ventana y acomodarse para entrar a la casa.

—¡Misión cumplida! —susurró tras haber entrado. Sonrió de lado a lado.

Sólo quedaba esperar al chico.

~o~

—¡I-chi-go! —llamó entusiasta. El aludido dio media vuelta y saludó tenuemente con la mano, esbozando una leve sonrisa.

Estaban a las afueras de la Universidad, el reloj de la plaza marcaban las doce de la noche.

—¿Qué haces aquí Inoue? Es muy tarde —siguió él, sentándose en un escalón de las escaleras del lugar.

—Estoy esperando a que vengan por mí —caminó unos pasos y se sentó a su lado. Llevó sus manos a nivel del pecho y comenzó a sobarlas rápidamente. El rostro de la chica estaba casi al borde del color rojo.

—¿Estás bien? —preguntó él mirando con expectación. La chica lo miró apenas sentir su voz y pestañeó repetidamente, una y otra vez, dejando de lado la acción de frotar sus manos.

—¡Síp! —comentó— ¿Por qué lo preguntas?

—Estás roja —indicó Ichigo con su dedo apuntando su rostro.

—¡Oooooh! —exclamó claramente sorprendida. El chico volvió a sonreír suavemente ante la expresión de la pelirroja. La chica parecía sacada de una caricatura— Debe ser por el frío. Soy muy friolenta y suelo tomar este color. ¡Mi madre decía que era porque soy muy pálida! —extendió sus brazos— Y debe ser muy cierto, pero no importa, soy feliz con mi color de piel aunque parezca gasparín —rió animadamente.

Inoue Orihime, además de llevar consigo el problema del sobrepeso, era una chica que tenía que lidiar con la muerte de sus padres y de su único hermano. Vivía con una tía y estudiaba de noche para poder trabajar en el día y contribuir con dinero a su tía. Era una mujer llena de felicidad y siempre mostraba su sonrisa ante todos los problemas; Ichigo simplemente no podía entender cómo ella podía llevar sus problemas con tanta facilidad.

Era una amiga preciada para él.

—¿Qué hacen aquí? —una voz masculina sacó de su retardo a Kurosaki. Se paró y miró hacia la puerta. Uryuu Ishida salía con sus gafas en mano y con una maletín a su lado.

—Inoue espera a que pasen por ella y yo espero a que den las doce y media para partir a mi casa —habló. Uryuu asintió, colocándose las gafas y sacudiendo su maletín.

—Hace frío, ¿no creen? —preguntó acercándose a ellos. La pelirroja asintió y se paró de su lugar, abrazándose a ella misma ante el frío calador de la noche— Oh, Orihime, estás casi tiritando —comentó. La mujer sonrió y negó con la cabeza, dejando caer sus brazos a los lados y haciéndose la fuerte.

—Toma —Inoue miró hacia su lado, viendo cómo Ichigo le extendía una bufanda hacia ella—, es de mi hermana pequeña Yuzu, no le molestará si le digo que te la presté por esta noche —confesó, dejando caer la tela en las manos de la chica que lo recibía en silencio.

—M-muchas gracias —balbuceó, enrollando su cuello en la bufanda. Bajó la mirada y sonrió tímidamente. «¡Fue tan gentil conmigo!» Chilló para sus adentros. La bocina de un automóvil sacó a Inoue Orihime de sus mágicos pensamientos y dirigió su vista hacia el transporte que la esperaba— ¡Debo irme! Buenas noches Ichigo, Uryuu —se despidió rápidamente y corrió hasta el auto.

Sería más que una noche perfecta para ella. Ichigo Kurosaki, el amor de su vida, había sido caballero y muy gentil con ella. Eso era un buen indicio de que él también sentía lo mismo por ella, ¿no? Rió para sus adentros y abrazó la bufanda con fuerzas. Cerró los ojos y comenzó a imaginarse un sinfín de situaciones que sólo podía vivir con él. Tomados de la mano, sin ningún prejuicio y sin ninguna clase de vergüenza. Ella y él terminarían juntos.

Recordó cuando lo había conocido, cuando nadie quería hablarle y absolutamente nadie le indicaba al lugar donde debía ir. Inoue sabía perfectamente las consecuencias que el sobrepeso traía, aparte de los daños hacia su salud; sabía muy bien que socialmente no caía y no se adaptaba a un lugar.

Pero conocer a Ichigo Kurosaki le había cambiado la vida.

¿Disculpa? lo llamó, tocándole con el dedo el hombro. Agachó la vista nerviosa y casi tapó su rostro con las manos.

¿Sí? escuchó que le respondieron. Subió la vista despacio y se encontró con los ojos del chico que estaba frente a ella.

—¿Podrías indicarme cuál es la sala 202? —preguntó tímidamente.

—¿A caso no sabes leer, bola de grasa? —respondió el chico. Un hombre alto y de cuerpo atlético la miraba con una burlona sonrisa. Alzó lo bastante la voz para que el resto de personas que pasaban por allí lo escucharan— Vamos, ¿o es que no puedes caminar? ¿Quieres que te dé vuelo para que ruedes? —carcajeó sonoramente. Unas cuantas risas se unieron a él.

Orihime agachó la vista, tratando de buscar un lugar para esconderse. De pronto, cuando ya veía que las lágrimas salían incontrolablemente de sus ojos, una voz gruesa y masculina se hizo presente en la escena.

—¿Y tú no eres suficientemente inteligente para saber cuál es el salón 202? —la chica dirigió su vista enseguida hacia el hombre que se había parado frente a ella y frente al estúpido chico— ¿O es que tanto músculo no te deja pensar?

—¡¿Qué has dicho enfermo? —gritó el joven ofendido.

—Repite lo que le dijiste a ella y te quedarás sin dientes —pronunció amenazando. La potente mirada de Ichigo Kurosaki hizo retroceder al joven, que salió chistando del lugar. El resto de universitarios siguieron su curso sin mirar siquiera a la pareja que seguía en el mismo lugar.

—G-gracias... —susurró muy apenada.

—Yo voy para el salón 202, podemos ir juntos, ¿no crees?

Ichigo había sido la única persona que no se había burlado de ella, ni ignorado ni pasado a llevar. Había sido el primer hombre que en toda su vida la había tratado como una mujer: respeto.

Ella se veía con él, unidos, como amantes, como amigos, como compañeros. Como pareja.

Inoue estaba decidida a hacerlo realidad.

«¡Fuerza, Orihime!» Se animó mentalmente.

Ishida Uryuu caminó y bajó las escaleras, sacando las llaves de su auto. Miró a Ichigo y sostuvo la vista fija en él.

—¿Qué? —carraspeó el pelirrojo al percatarse de la mirada del chico.

—Te llevo a casa —anunció casi como una orden. El aludido alzó una ceja y esbozó una sonrisa arrogante.

—Con que Ishida se preocupa por mi seguridad —especuló. El chico con gafas frunció el ceño y giró su cuerpo, dándole la espalda. Ichigo suspiró y bajó hacia él—. Pero yo manejo.

—Ni en tus sueños —cortó Uryuu.

Tener un amigo como Uryuu Ishida era de afortunados. Aunque Ichigo jamás lo admitiría.

Él sabía perfectamente que Ishida lo hacia por cuidarlo, para que no caminase solo por las calles y llegara casi muerto a su casa.

El chico podía ser muchas veces el centro de su y la razón de sus muchas discusiones y malos ratos; pero también era protagonista de muchas alegrías. Reía, confiaba, se apoyaba en él, era sin duda, uno de los mejores amigos que podía tener. Ishida era un personaje extraño, bajo las estimaciones de Kurosaki, puesto que el chico estudiaba tanto de vespertina como de nocturna. ¿Quién en su sano juicio estudiaría dos carreras a la vez? Nadie. Excepto Uryuu.

Ocupaba sus tardes en estudiar Veterinaria y por las noches estudiaba Administración de Empresa. Algo loco, carreras completamente opuestas, pero para Ishida Uryuu, eran las mejores.

«Ambicioso» Esa era la única palabra que Ichigo halló para él. Era de ambiciosos estudiar dos carreras, pero tras conocerlo y forjar una amistad con él, Kuorsaki se dio cuenta que no era de ambicioso, sino que realmente amaba estudiar y se entretenía con eso.

El camino hacia su casa había sido tranquilo, en silencio y cómodo. Ishida cada vez que podía lo aventaba hasta su hogar y luego partía hacia el suyo.

Se despidió con una seña de mano del chico y comenzó a caminar lentamente hacia su hogar.

Entró pesadamente a la casa, observando que, extrañamente, las luces estaban todas apagadas. Ichigo dudó un poco, algo andaba mal. Sus hermanas iban todos los días a hacer aseo y a arreglar su desorden, y regularmente dejaban encendida una lámpara o la luz del pasillo. ¿Por qué ahora estaba todo en penumbras? Se quedó quieto en el lumbral de la puerta. Movió las llaves fuertemente para que éstas sonasen y así el cachorro lo sintiera.

La única intención que tenía era que el pequeño perro corriera hacia él y lo saludara animadamente como lo hacía siempre. Pero el animal no se apareció. Esperó unos minutos y volvió a hacer sonar las llaves, mas nada apareció ante él. Gruñó, quizás el perro estaba dormido o era demasiado flojo como para ir a saludarle. Entró por completo a la casa y cerró de un portazo.

Caminó con cuidado para no tropezarse con nada y encendió la luz del salón principal, dejó caer su bolso y se sacó la chaqueta, dejándola a un lado. Miró a sus alrededores para visualizar a su cachorro, sin embargo no lo halló. Torció los labios y suspiró sin darle importancia a la ausencia del animal.

Pasó a la cocina con la mera intención de hacerse algo de comer. Subió el interruptor de la cocina, caminó casi con los ojos cerrados hasta la nevera, sacó una caja de leche y comenzó a beberla.

—¡Guaff!

Ichigo Kurosaki juró que alguien estaba detrás suyo… Alguien y no precisamente el dueño de ese Guaff, que seguramente y lo más probable, era su cachorro. Una presencia humana. Un olor a perfume lo embriagó, era muy perceptivo para ese tipo de cosas. Giró rápidamente, decidido a golpear a quien estuviese tras de él.

Mas no había nadie. Achicó los ojos dudoso y miró hacia el suelo. El cachorro movía la cola hiperactivamente y le ladraba cada tanto.

—Hey, ¿dónde estabas metido? —le habló suavemente al animal, agachándose y haciéndole cariño. El perrito ladró y salió corriendo del lugar. Ichigo arqueó una ceja —¿Qué rayos? —espetó ante la extraña reacción del perro. ¿Qué mierda le pasaba? Primero le hacia fiesta y luego lo dejaba allí solo.

«Tss, animales» Pensó.

Se paró y comenzó a beber la leche nuevamente. Cerró los ojos y movió su mano hacia atrás para cerrar la puerta de la nevera. La delicia de la leche era algo que realmente lo relajaba. La fría y deliciosa leche blanca lo ponía de buen humor luego de una tarde de trabajo y una noche de estudio. Caminó hasta la mesa aún con los ojos cerrados y bebiendo de la caja.

—Nada como un buen vaso de leche —mencionó una vez dejó de beber. Dejó caer la caja en la mesa, vacía.

—Tomaste más de un vaso, idiota.

Ichigo miró a través del rabillo del ojo. Un escalofrío cruzó su espina dorsal. Alguien estaba en su casa, seguramente para robarle. Giró sobre su propio eje rápidamente al escuchar esa voz…¿femenina? ¿Una ladrona? ¿Desde cuándo las mujeres se dedicaban a robar casas? No le importaba el sexo o género, estaba dispuesto a pegarle a quien se le cruzase en su camino si pretendían robarle. Autodefensa, claro estaba. Aunque pegarle a una mujer no era bien visto…

—¿Qué mierda? —escandalizó al verla. Y no precisamente por su presencia en SU casa, sino por… ella. Chica, delgada, casi desaliñada. ¿A caso era broma? ¿Alguien de ese tamaño se dedicaba a robar? Pfff— ¿Quién eres tú y porqué estás en mi casa? ¿Qué te has robado? —habló autoritariamente, tratando de negar los pensamientos descriminadores hacia la pequeña chica.

—¿Perdón? —escupió casi indignada.

—Perdonada quedas, ahora vete de mi casa y deja las pertenencias. Sé más honrada y busca trabajo, niña —habló tajantemente, elevando la voz e indicándole la salida.

—No he robado nada, soy una mujer decente —frunció el ceño y cruzó sus brazos, mirándolo fijamente.

—Claro y entraste como ladrona a ver la decoración, ¿no? —espetó sarcástico. La morena se sorprendió ante la actitud del chico. ¿Quién se creía él? ¿De verdad era el padre de su hijo?

«Oh por Dios, si el bebé llega a tener los genes de este ogro y el cabello de ese color como payaso, lo daré en adopción» Hiló mentalmente la chica.

—No, por cierto, tu decoración es bastante… ¿floja? ¿Fea? ¿Horrible? ¿Hecha por un vago? —se defendió.

El chico frunció el ceño estrepitosamente. Para empezar, la chica estaba en SU casa, había entrado por quién sabe dónde y estaba ahí parada como si fuese su hogar, criticando la decoración que con tanto esfuerzo había hecho.

—Largo, no llamaré a la policía —fijó su vista en los ojos de color inusual de la muchacha, de un tono violeta. La chica mantuvo su mirada y se quedó paralizada allí, sin mover siquiera un músculo— ¡Dije que te fueras! —alzó la voz.

—¡No me moveré de aquí! —contestó ella en el mismo tono de voz que él había utilizado para hablarle— Soy Rukia Kuchiki y…

—No me interesa —cortó su presentación.

—¡Ni siquiera me has dejado terminar, cabeza de zanahoria! —gritó enfadada.

—¡No soy cabeza de zanahoria y no me interesa si eres una cobradora de deudas, una loca que embarga hogares y tales cosas! Iré a pagar luego —pausó, tomando aire—. Bien, ahora vete.

—¡No vengo a cobrarte o qué se yo! Déjame al menos explicarte porqué estoy…

—¡Ya basta! —la cortó de repente. Caminó hasta ella con la única intención de tomarla y él mismo echarla por sus propias manos, pero la astucia de la pequeña mujer se vio primero, pues ésta corrió hasta la mesa, redondeándola. Una sonrisa triunfal se fijó en los finos labios de la morena, haciendo enojar al chico.

—Me vas a esuchar Ichigo, porque...

—¿Cómo demonios sabes mi nombre? ¿Eres una estafadora? —movió sus pies, paso tras paso, lentamente, también rodeando la mesa. Rukia le seguía el paso, parecía una caza.

—¿Puedes dejar de ser tan niñita y escuchar lo que te voy a decir? —pronunció al borde del enfado. ¡Estaba chato del chico! ¿Cómo se atrevía a decirle 'niña' cuando él lo era aún más?

—Sal de mi casa, no es difícil, está por donde mismo entraste. No tiene gran ciencia, ¿no? —dijo con sorna. La aludida frunció los labios.

—¡Entré por la ventana, idiota, no por la puerta!

—¡Ajá! ¡Enonces eres una ladrona, lo admitiste! —acusó con el dedo.

—¡No! —Rukia rodó los ojos— Vine porque te tengo que contar que...

—¡Suficiente esto acaba aquí! —se agotó de la poca paciencia que tenía. Corrió hacia ella con gran velocidad y bruscamente la levantó. Apoyó el cuerpo de la morena en su hombro y comenzó a llevarla hacia la salida ante los quejidos y gruñidos de la menuda mujer.

—¡Bájame orangután! —chilló tratando de zafarse de su agarre. Había soltado sus pertenencias que escondía traía consigo para poder pegarle con las manos al chico, mas éste ni se inmutó ante los golpes que ella propiciaba— ¡Que me bajes! —ordenó. El aludido la ignoró por completo, abrió la puerta e intentó bajarla, pero la chica se había agarrado con fuerzas del cuerpo de él, tratando de no moverse.

—¡Qué mierda, quieres que te baje o no! —agarró con sus fuerzas el cuerpo de la chica, pero todo esfuerzo era en vano. La pequeña morena se agarró con fuerzas y casi con las garras de su camisa— ¡Eres lunática o qué, enana!

—¡No soy enana y no me bajaré hasta que me escuches! —respondió apretando con fuerzas la camisa del chico.

—¡No estoy interesado en escucharte! —sinceró. Quería pedirle a fuerzas a Gokú para que lo ayudara y lograra bajar a la loca que ahora estaba pegada como goma de mascar a su espalda.

—Pues me escucharás o si no… —amenazó con un tono de voz mucho más grave.

—¿O qué? ¿Qué puede hacer una enana contra mí? —detuvo su agarre, haciendo que la chica deslizara tan sólo unos cuantos centímetros su cuerpo.

—¡Golpearte! —tomó vuelo y con un pie dio de lleno en los genitales del chico, haciendo que éste cayera al suelo, retorciéndose del dolor. Rukia aprovechó y con una gran habilidad se estabilizó en el suelo apenas se encontraron sus pies con él. Quedó parada mirando cómo el muchacho llevaba sus manos hacia la parte baja y balbuceaba unas cuantas cosas que no logró descifrar.

—Mal..dita —logró articular apenas, aún con el ardor en sus queridos acompañantes.

—Tienes suerte —dijo la morena. Ichigo sacó fuerzas desde lo más interior de su ser y se puso de pie, aún con el dolor latente, mas no dejó verse vulnerable frente a ella. Alzó una ceja, mostrando una cara llena de confusión. ¡Suerte de recibir una patada voladora por parte de una mujer y un carajo! ¡Esa chica estaba loca!

—¿Suerte que me hayas dejado sin descendencia? —exclamó con su tono de voz lo más grave posible. Era verdad y no un mito el decir que, cuando te pegan en las bolas, ciertamente tu voz toma un tono más agudo.

—Ya la tienes —pronunció tomando aire. Kurosaki rió sarcástico ante lo dicho por la chica—. Tus espermas han funcionado bastante bien, Ku-ro-sa-ki —canturreó cínicamente.

—¿Disculpa? —preguntó confundido. De pronto todo comenzó a esclararse en su mente. Él había donado esperma, sí, pero… ¿ella…? —T-tú fuiste inseminada p-por —no pudo terminar la frase, pues la muchacha asentía cada vez que él pronunciaba una sílaba siquiera.

¡No lo podía creer! ¿Ella estaba ahí para decirle que sería padre? ¡¿Por qué? ¿No que eso quedaba en anonimato? ¡Su padre le había dicho! Su viejo se llevaría golpes, combos, patadas (sólo si lograba levantar las piernas luego de ese golpe), y todo lo que llevara por nombre 'pegarle a alguien'.

—Vas a ser papá, Ichigo, ¡felicidades! —terminó por comentar ella con un toque de sarcasmo. El chico abrió los ojos abruptamente, sorprendido.


¡Holaaaaaa!~ ¿Soy mala por dejarlo ahí? D: Pues el capítulo anterior terminaba aquí, era largo eh o.o A ver, a comentar el capítulo.

Se dejó ver la relación de Ichigo e Inoue, la chica está embobada por él, eso es seguro, y ya se sabe el porqué. Ichi fue caballero y la ayudó 8DDD! Es lógico, puesto que Ichigo siempre ha sido un chico al cual le guste proteger y bueno, estaban siendo malitos con Orihime, so~~ :cc! Ahora ya sabe que será papá, no se enteró de la mejor forma, pero es que con estos dos no es de esperarse (?). Sinceramente me divertí escribiendo la escena de Rukia e Ichigo, corriendo como niñitos tratando de alcanzarse el uno con el otro xDDDD! Además Rukia re astuta al entrar por la ventana, como toda una detective 8DDD (La amo y la adoré con su nuevo corte de cabello).

Muchísimas gracias a todos los reviews, traté de responderles a todos, y espero haberlo logrado. ¡Soy feliz que la historia haya sido tan bien recibida! Muchas gracias por eso, aunque esté terriblemente OoC me gusta que les guste (?). ¡Gracias a todas esas personitas que dejaron comentarios, leyeron y agregaron a favoritos! Aún cuando la historia es alocada. (: Un abrazo~~~

Reviews anónimos:

Basi FUKUUUUU, me gustó que hayas leído, awww(L). ¡Muchas gracias por comentar! De verda, creo que ya te lo dije por emepé en el foro *o* Nos estamos leyendo~

Kasumi15 ¡Hola! Pues sí, por ahora está tomando las cosas con calma, porque aún no asimila bien todo, pero ya verás que pronto se viene el drama y wooow -spoilers-Okya. ¡Gracias por leer y por dejar un rr! Un abrazo (:

my194 La Chapis del foro SR, ¿no? ¡Pues muchas gracias por leer y por dejar rr! Pues síp, la historia es una LOCURA total, pero me gustan las cosas locas -nosenota?(?)- Jajaja, espero llevarla bien no más y como tengo pensado, hasta el momento no me he salido de lo que quiero y planeo para la historia! (: So. No me molesta que dejes testamentos, de hecho, me gustan MUCHO! (L) Un abrazooo.