Bleach NO me pertenece.
~Compraré los derechos sobre Urahara Kisuke y lo haré mi esposo ficticio~
~o~
Historia hecha sin fines lucrativos.
Notas de autora al final.
Aclaración:
«Pensamientos»
Recuerdos / Flashback
Accidentalmente embarazada
~o~
Segundas Opciones
~o~
—¡Loca de patio, vete ahora mismo de mi casa! —chilló apenas el muchacho al oírla, desesperado y completamente descontrolado.
—¡Deja de insultarme bola de pelos! —contraatacó ella— ¡Te dije que estoy embarazada de ti y tú gritándome loca! Te recuerdo que no soy yo la que vive a las afueras de la ciudad como un psicópata —se defendió ella enseguida.
No podía creerlo, él estaba ignorando por completo el hecho de que ELLA estaba embarazada. ¿De verdad era tan estúpido?
—N-no… —tartamudeó apenas, haciendo cortocircuito.
Mierda…
Y mucha mierda.
La parte complicada había pasado, según Rukia Kuchiki.
La chica frunció los labios, incómoda ante la situación en la que se vio envuelta de repente, gracias a su ímpetu y la forzada noticia que minutos antes había anunciado. Movió sus manos hasta llegar a las rodillas y jugó con los dedos, un poco más nerviosa.
Estaba hace más de media hora sentada en un gran sofá, lleno de cosas; junto a ella el pequeño cachorro movía la cola y miraba divertido al hombre que no salía del letargo, inmerso en sus propios pensamientos. Rukia observó cómo Ichigo tronaba sus dedos y lentamente se rascaba la nuca, tratando de buscar explicaciones coherentes.
—Eh —interrumpió la muchacha—, ¿Ichigo? —lo llamó tratando de sonar lo más estable y rigurosa posible. ¿Cómo iba a seguir contándole sus planes cuando el idiota se veía perdido en la "nada"?
El aludido guardó silencio, como lo había hecho los interminables treinta minutos. La morena resopló sonoramente, harta de la situación. Quería irse, era de noche y tenía mucho sueño. Cosas por organizar, descansar, dedicarse a hacer planes, y miles de cosas más. Sinceramente, Rukia Kuchiki se estaba arrepintiendo de a poco el hecho de haberle contado todo al padre de su futuro hijo.
«Futuro hijo» Pensó lentamente.
—E-espera —balbuceó Ichigo. La chica alzó una ceja dudosa, ¿qué mierda tenía que esperar?—. ¿Me estás diciendo que seré papá? —preguntó incrédulo. Rukia rodó los ojos.
¡Se lo había dicho alrededor de diez veces!
Obviando la respuesta, la morena asintió armándose de paciencia. ¿Era estúpido o le pagaban por serlo?
—Sé que doné esperma, pero se supone que eso quedaba en el anonimato —condujo Kurosaki una vez se hubo recuperado del shock. Quiso parecer recuperado, mas su rostro descuadrado decía todo lo contrario.
Kuchiki mordió sus labios y llevó una mano hacia su rostro, intentando convencerse mentalmente que lo que estaba haciendo era lo correcto. Aunque ese chico frente a sus ojos fuese un idiota.
—Independiente de eso, sabías que serías padre algún día —repuso Rukia en un instante.
—¡Claro! —afirmó— Pero en mi conciencia. Sin saber quién es la madre, cómo es o cómo se llama el hijo. ¡A eso se le llama anonimato! —dijo alterado. Ichigo vio cómo la menuda mujer levantaba una mano hasta dejarla al nivel del pecho, suspendida en el aire.
—¡No te alteres! —chilló. El aludido bufó. ¿Qué no se alterara? ¡Y un carajo!
—¡No entiendo para qué vienes entonces! ¿Quieres que no me altere cuando me dices que seré padre de la nada? ¡Y no me he olvidado que me golpeaste! —se defendió él.
—He venido hasta acá porque debes hacerte cargo de tu hijo. ¡Es tu deber!
—¿Eh? —cuestionó Ichigo, no creyendo lo que estaba escuchando.
—Lo que escuchaste, Ichigo Kurosaki. Tendrás que hacerte cargo del bebé, él no puede crecer sin la presencia de su papá —impuso ella.
—Vete —exclamó de pronto. La muchacha abrió los ojos abruptamente ante la nula expresión en el rostro del joven y la voz grave que, de la nada, había sacado.
—No, no, no. Déjame explicarte…
—No me interesa seguir escuchándote —cortó rápidamente—. Yo sólo doné esperma y nada más.
—¡Y tuviste que haber estado desesperado, eh! —alzó la voz la morena— ¿Qué clase de hombre eres al hacer eso y renegar a tu hijo¡ —acusó con el dedo.
—Lo hice por una muy buena razón y no, no te diré cuál es —dijo cruzándose de brazos, haciéndose el desinteresado.
—Mi plan es que tú te hagas cargo también del bebé, es lo lógico porque…
—¡Que no! —gritó. Rukia arrugó el ceño notoriamente, conteniéndose las ganas de pegarle nuevamente por haberla interrumpido y por haberle gritado reiteradas veces— ¡Ni lo pienses enana!
—¡¿Cómo me has llamado? —se exasperó la chica, levantándose de su puesto, caminando hacia él— ¡No vuelvas a decirme así, idiota! —articuló amenazadora. El chico resopló.
—Mira… —titubeó al no recordar su nombre— ¿Tukia?
—¡Rukia! —corrigió enseguida, enojada.
—Rukia, como sea, vete. No me incluyas en tus planes de loca histérica y déjame en paz —tras decir esto, el pelirrojo tomó con su mano la muñeca de Rukia y la llevó hacia la puerta, a duras penas. La morena intentaba retenerlo y balbuceaba unas cuantas cosas, pero él hacia oídos sordos a todo lo que salía de la boca de la menuda mujer.
Rukia gruñó, pataleó, se indignó e incluso llegó a pensar en arañarlo, pero la fuerza de Ichigo Kurosaki pudo más que todo. El chico la había sacado casi a patadas de su casa y rápidamente cerró las ventanas y la puerta con llave, dejándola en la calle, a oscuras y con mucho frío.
Kuchiki refunfuñó sonoramente, agitándose de más. Su plan había sido un completo fiasco. Había perdido alrededor de cuarenta y cinco minutos en darla la memorable noticia al idiota, pero había perdido, de esos cuarenta y cinco, treinta minutos. Media hora en la cual se dedicó a observar la casa, ver la cara de horror de Ichigo, verle pasar por distintas etapas a su ceño, ver cómo jugaba nervioso con las manos y no despertaba del shock creado.
—Es una niñita —murmuró para sí misma. Agachó la cabeza y comenzó a caminar hacia la calle. ¿Cómo demonios se iría a su casa? Suspiró pesadamente, no sabía qué hacer. El problema de no saber cómo diablos llegaría a su hogar poco le importaba…
El problema radicaba única y exclusivamente en su vientre. No sabía qué rayos estaba haciendo, ¿realmente pensaba en tenerlo y hacerse cargo de él? Había planeado su vida de otra manera, de la forma en la que iba estaba bien; pero de repente, todo se desmoronó por un simple error.
«Quizás el destino me quería decir algo»
Se rió, burlándose de su propio pensamiento. El destino la quería hacer sufrir, eso era lo único que pensaba. No tenía idea de nada, todo lo que sabía, en esos momentos no le servía.
Tenía miedo… Mucho miedo de hacer todo eso sola. Era una mujer fuerte, ¿por qué de repente había tratado de buscar ayuda en un desconocido?
Pero ya se había decidido. Devolvió la vista hacia la casa, que, a esas alturas ya se encontraba en completa oscuridad. Apretó las manos en un puño, se sentía indefensa..
Sin saber qué hacer.
~o~
Byakuya Kuchiki depositó el lápiz en el escritorio, con sumo cuidado. Miró hacia al frente y recorrió con la vista la gran habitación en la que se encontraba. Estaba en la oficina bien adornada (por su pequeña hermana), con una iluminación media y tenue; un salón bastante elegante y con harto espacio. Era un abogado reconocido, pronto a ser uno de los mejores de la ciudad. Ganaba cada uno de los casos en los que se veía inmerso, no malgastaba su tiempo en ellos y solía mantener un límite entre su trabajo y su vida privada.
El sonido de la puerta lo distrajo de repente.
—Pase —articuló sereno. Las grandes puertas del salón se abrieron y dejaron ver a un chico alto, fornido y de extravagante cabellera. Renji Abarai pasaba y saludaba con una inclinación de cabeza al gran Byakuya Kuchiki.
—¿Quería verme, Señor? —preguntó tras cerrar las puertas. Se quedó estático allí.
—Acércate, Abarai —indicó el pelinegro, casi como una orden. Renji se movió enseguida, rápidamente, hasta llegar al escritorio frente a él—. Tienes entendido que hoy es tu examen para ingresar aquí, ¿no? Bajo mi tutela —pausó. El aludido afirmó con la cabeza, inhalando y exhalando pausadamente, tratando de dejar los nervios de lado. Byakuya Kuchiki siempre se imponía ante todos y él no era la excepción.
A pesar de un "estudiante", Renji Abarai era considerado uno de los hombres más inteligentes y aptos para estar bajo la tutela de Byakuya. Lo había logrado con mucho esfuerzo, dedicación y ganas.
Su sueño era llegar a ser como Kuchiki.
—Tienes que pasar —dijo ásperamente. El pelirrojo se puso rígido.
—S-sí. Lo sé —respondió, tratando de ocultar el nerviosismo—. Lo tengo muy claro, y pasaré, no se preocupe —articuló convenciéndose hasta a él mismo.
—No lo hago. Puedes retirarte —la expresión que Byakuya mantenía, hizo a Renji dudar un poco. Normalmente el hombre se mantenía sereno, frívolo; pero en esos momentos, juró ver una expresión distinta en él, casi deseándole suerte con la mirada.
«Debe ser ilusión mía» Hiló para sus adentros. Se inclinó nuevamente, despidiéndose y caminó a pasos agigantados hacia las puertas.
—Un momento, Abarai —sintió que Byakuya nuevamente lo llamó—. ¿Te ha llamado Rukia?
El chico se sorprendió. Muchas veces Kuchiki no hablaba con él sobre su hermana. Hermana que él conocía muy bien. Habían hecho buenas migas y se habían transformado en muy buenos amigos, casi como hermanos.
—No, Señor. Hace semanas que no sé de ella, la última vez parecía algo ausente cuando me llamó —declaró, recordando que la última llamada hecha por él había caído en la monotonía y casi en un monólogo por parte de él.
—Ya veo. Ahora puedes retirarte.
El chico sudó frío. Quería hacerle una pregunta, mas no sabía si era lo correcto. Con Byakuya debía cuidar todo de él, sus gestos, sus palabras, sus acciones. Absolutamente todo.
—Señor… —dudó un poco. El aludido lo miró sin decir nada— Quisiera saber si puedo ir a visitar a Rukia para ver cómo está, ella es una amig…
—Claro que puedes ir. Nunca te lo he prohibido —mencionó el moreno. Renji rió de medio lado.
—Eh, sí, pero consideré que podía ser una falta de respeto ir sin decirle nada —espetó.
—Rukia es grande y sabe escoger a sus amigos. ¿Eso es todo? —quiso terminar la conversación que para Kuchiki se había hecho muy larga.
—Sí, nos vemos —se despidió y salió rápidamente.
El pelirrojo cerró cuidadosamente las puertas de la oficina y procedió rápidamente a sacar el celular entre sus bolsillos. Caminó y buscó el número de Rukia Kuchiki en el móvil. Animadamente acomodó el celular en su oreja y apretó el botón del ascensor para bajar al último piso del edificio.
—Vamos Rukia, contesta… —susurró al oír el ruidoso y molesto tono del celular. Subió al ascensor apenas las puertas se abrieron e indicó el piso al cual ir. El móvil seguía sin ser contestado.
Bufó.
Miró la hora rápidamente, 3:30 de la tarde, a las cinco comenzaba su cita para defender el caso. Tenía que ganarlo, pero para eso necesitaba apoyo… El apoyo y las palabras sabias de Rukia. No tenía tiempo para ir a verla, tendría que esperar a que el día pasara.
Completamente decidido a concentrarse cien por ciento en su cita, salió del edificio con la única intención de repasar la materia. Estudiar leyes le había cambiado la vida, vida que jamás pensó tener. La oportunidad de estar bajo las enseñanzas del mejor Abogado era única y él debía aprovecharla.
~o~
Rukia se lanzó a la cama, a oscuras. Estaba agotada. Enojada. Angustiada. Todo un revoltijo de emociones que no dudaban en salir por sus poros. Se podía mirar al espejo y verse a ella misma demacrada, nada como solía serlo.
Llevó sus manos hacia el vientre y apretó con fuerzas. Realmente no le estaba tomando el peso a estar embarazada. Lo estaba tomando como un juego, ¿qué era eso de buscar al padre y pedirle que la ayudara? ¿Qué mierda era eso?
Cerró los ojos con fuerza, totalmente decepcionada de ella misma. Estar embarazada no era un juego, se trataba de una vida, de SU propia vida y de Su futuro, por muy egoísta que sonase. Pero, ¿cómo ella iba a seguir su camino? ¡Estaba completamente sola! Su hermano mayor no se podía enterar. ¿Cómo le iba a ocultar nueve meses de embarazo cuando le crecería la barriga del tamaño de un tambor? ¿Cómo iba a trabajar y ganar dinero? ¿Cómo se mantendría? ¿Cómo podría gastar en pañales, ropa, leche, comida, hospital?
Sentía enormes ganas de llorar. De golpear todo, de patalear y de sentir un abrazo… Enormes ganas de que alguien le dijese que todo estaría bien. Que no iba a estar sola. Que no se iba a perder y no se iba a hundir en un hoyo del cual no podía salir.
Abrió los ojos lentamente, embriagándose de su propia depresión que de a poco salía a la luz. Esa fachada de chica fuerte, ruda y completamente decidida era una máscara para ocultar lo que realmente sentía.
Había tropezado… Un gran tropiezo y no sabía cómo levantarse.
—Ilusa yo por creer que él me iba a ayudar —sonrió sarcástica al recordar las duras palabras de Ichigo que inevitablemente le habían dolido.
Estaba desesperada. Completamente desesperada.
Sintió el peso en su pecho y cómo la cabeza comenzaba a darle vueltas, completamente desorientada. Trató de acomodarse y cesar el inmenso dolor que casi no la dejaba respirar.
Estaba más que angustiada. Un nudo en la garganta se le formó y entonces, se dio cuenta, que estaba sola… Y que podía llorar.
Una lágrima salió de sus ojos al apenas recordar que la soledad era la mejor compañía para esos momentos.
Sacó del bolso que minutos antes había lanzado a la cama, una pequeña tarjeta que una chica le había dado.
En caso de que quieras hacerlo, llama a este número. Te servirá.
Recordó las palabras de la mujer que se había encontrado en la farmacia. Había ido con la única intención de comprar algún medicamento para la migraña, y, cuando se vio absorta en el pasillo de bebés; esa vocecilla la había distraído.
No la conocía. No la conoció. Tan sólo escuchó sus palabras y tomó la tarjeta entre sus manos, casi hipnotizada.
No quería hacerlo, pero… ¿debía? ¿Debía ella realmente hacerlo?
—¡¿Estás loca? —el grito descompuso totalmente a Rukia, quien se exaltó ante el chillido de Matsumoto. Estaban en su departamento. Había transcurrido apenas un día desde que había ido a visitar al "papá" de la criatura.
—Ran… entiéndeme, yo…
—¡Tú nada! ¿Cómo se te ocurre, Rukia? ¿Siquiera lo pensaste? ¿De verdad estás cuerda? —propuso histérica la chica.
—¡Deberías apoyarme, eres mi amiga y la única que lo sabe! —se escudó Kuchiki, de repente, viéndose afligida.
—¡No te apoyo en esto! Soy tu amiga y por algo te lo estoy diciendo, por todos los cielos… —Rangiku se llevó una mano a la cabeza, desesperada.
—Yo…
—¡Tú no harás nada! Me entero que lo has hecho Rukia y juro que no te vuelvo a hablar.
—¿Por qué eres tan injusta conmigo? ¡Tú no estás en mi posición! —reclamó la morena, sintiéndose completamente ofendida.
—¡Es como si lo estuviera! Eres como una hermana. No estarás sola, yo estaré contigo. ¡Por favor Rukia, te lo pido, no lo hagas! —imploró la pelirroja acercándose a ella con la intención de abrazarla.
—Basta —se alejó Kuchiki.
Rangiku cerró los ojos lentamente.
Leyó con cuidado lo que el papel contenía.
«¿Alguna duda? Llámanos, es tu mejor decisión. Abortar es de humanos»
~o~
Ichigo Kurosaki envolvió torpemente la hamburguesa en una bolsa y se la pasó a la señora que esperaba detrás del mesón enojada. Con un gruñido incluido agarró la bolsa y se fue murmurando palabras que él no alcanzó a escuchar.
Debía admitirlo: era una mierda para ese tipo de trabajos. Envolver comida, tomar pedidos y entregarlos no era lo que él había esperado del trabajo. Sólo quería estar en caja recibiendo y devolviendo dinero, lo más fácil, simple y menos tedioso. ¿Era mucho pedir?
Pero no. Estaba allí con una estúpida gorra, con un maldito traje y con guantes en las manos envolviendo comida grasosa.
—¡Hora del almuerzo! —anunció el Jefe de turno. Ichigo articuló "aleluya" irónicamente al notar que la hora había pasado terriblemente lenta en comparación a días anteriores. La noticia de ser padre le había llegado tan de repente que apenas podía mantener su mente en el trabajo.
Se dedicaba a pensar sólo en eso. En ser padre. Refregó sus sienes con ambas manos e intentó alejar los pensamientos que se le cruzaban a la velocidad de la luz. No podía desmentir que estaba preocupado, no sólo por él, sino por el futuro tanto de Rukia como la de su… hijo.
Pero, ¿qué tenía que él preocuparse? No tenía la culpa de que, justo su esperma, había caído en manos de una loca histérica como Rukia Kuchiki.
«Rukia Kuchiki»
No la había visto hace dos días, desde aquella noche. Pero no había olvidado su nombre, en lo absoluto. Carraspeó y se quitó el gorro ridículo que traía puesto. Salió del local algo más retraído de lo norma, cuando una dulce voz lo distrajo.
—¡Ichiiiigooo! —Inoue Orihime canturreó su nombre como solía hacerlo. Caminaba rápidamente hacia él desde la otra calle, cuidando no ser atropellada. Llevaba consigo una bolsa de color rosa, bastante llamativa.
—Inoue… —le dijo apenas la tuvo en frente— ¿Qué haces aquí? —expresó realmente sorprendido. Él nunca había mencionado dónde trabaja, mucho menos sus horarios; aunque era lógico que lo hacia de las mañanas o tardes, ya que estudiaba de noche.
—¡Te estaba buscando! —contestó ella un poco agitada— Te… —titubeó un poco. Ichigo le indicó que se sentaran en una banca cerca del local, para que ella pudiese descansar— Yo, bueno… Ehm. ¡Te traje algo de comer! —articuló rápidamente, levantando la bolsa rosa tapándose el rostro, para no mostrar lo sonrojada que estaba en esos momentos.
El resto de gente que pasaba por allí se reía y miraban divertidos la escena. Orihime había gritado y lo peor: le estaba entregando una bolsa rosada. ROSADA. Color de chicas.
Él tan sólo sonrió de medio lado, forzándose a hacerlo.
—No debiste molestarte —comentó algo apenado, bajando la voz. Tomó a duras penas la bolsa color "marica", solamente para no dejar a Inoue con los brazos extendidos—. En serio… no debiste —finalizó finalmente.
—¡Claro que sí! Es lo menos que puedo hacer, me has ayudado mucho —sonrió contenta.
—¿Cómo supiste dónde trabajo? —preguntó, mientras revisaba la comida. Rezaba para que no fuese uno de esos platos extravagantes que solía hacer su amiga, especies de pescado, arroz, chocolate y salsas mezcladas. Un escalofrío recorrió su espalda al pensar siquiera en el horrible plato.
—Oh…¡Recorrí los locales de comida rápida! —anunció Inoue, pestañeando reiteradas veces— Suerte que este era el penúltimo, ya me estaba cansando —rió mientras se sobaba las piernas con las manos. Tenía claro de antemano que por su condición no podía hacer mucho esfuerzo. Para ella, haber recorrido cantidades de locales por toda la ciudad había sido un récord.
—¡¿Todos? —se atragantó él— ¿No estarás exagerando?
—¡Claro que no! De la mañana que estoy buscándote —se detuvo— ¡Y lo logré! Soy muy feliz.
Ichigo alzó una ceja. Dios, esa chica estaba loca. Sin duda, Orihime era una de las mejores personas que se le pudo haber cruzado en su camino.
—Gracias, Inoue —dijo sinceramente. La aludida se sonrojó y asintió motivada, desviando la mirada de él.
«¡Y tuve la fuerza de voluntad de no comer lo que había en la bolsa!» Se dijo mentalmente. Obviamente no iba a decirle eso a Ichigo, pero para ella había sido un logro. Dejar la comida por algo mucho más fuerte, como los sentimientos que tenía hacia Kurosaki, era algo que la llenaba, literalmente.
—Vaya, hamburguesa… —comentó algo decepcionado. ¡Tenía que ver todas las malditas mañanas las malditas hamburguesas! ¿Y ahora tenía que comerlas?
—¿No te gustan? —preguntó preocupada Inoue— Puedo ir a comprar otra cosa, ¡lo siento mucho! No sabía que…
—Sí me gustan. Se ve deliciosa —trató de tranquilizarla. La verdad, era que veía con bastante repugnancia la comida.
Ichigo le dio una mordida a la hamburguesa, lamentando el hecho de que Orihime no le separase la vista de él. Masticó lentamente, y apenas sentir el sabor, quiso devolver el pedazo, mas no podía hacerlo. Trató de sonreír, sin embargo nada le salía.
Mierda. No podía comer, tenía asco.
«¿Será cierto eso que dicen que, cuando vas a ser padre, primero le da los síntomas a los hombres?»
Quiso golpearse por relacionar absolutamente todo con la noticia dada por Rukia.
—Justo se me antojaba hamburguesa.
Kurosaki instantáneamente escupió la comida al escuchar la voz de Rukia Kuchiki tras él. Se lo agradeció mentalmente, sinceramente. Se puso de pie rápidamente y dio media vuelta, para encontrarse con la sonrisa y mirada arrogante que ella le propiciaba.
—¿La quieres? —extendió la hamburguesa hacia ella. La morena torció los labios y negó.
—No gracias. No tocaré nada que haya sido tocado por ti antes —indició cruzándose de brazos. Rukia observó cómo Ichigo fruncía el ceño y arrugaba la nariz ante el comentario de ella.
—¿Qué haces aquí? Dilo —dijo enseguida, depositando la comida en la banca. Inoue se había parado en un momento que él no logró captar, mirando intercaladamente entre él y la morena.
—Maleducado, ¿no nos vas a presentar? —apuntó con el dedo a la pelirroja y la miró detenidamente.
—¡Oh! Soy Inoue Orihime, mucho gusto —se acercó hasta ella y le extendió la mano amigablemente. Rukia le sonrió y apretó su mano.
—Rukia Kuchiki, soy… —dirigió la vista hacia Ichigo. Éste la miró sorprendido, para luego cambiar a un rostro completamente desfigurado, entendiendo las intenciones de la menuda mujer.
«Si dice que tendrá un hijo mío, la mato»
—Soy una amiga de Ichigo —completó la morena, divirtiéndose de la situación. Ichigo respiró y suspiró tras escucharla—. ¿Interrumpo algo? —preguntó. La pelirroja negó con la cabeza.
—Porqué lo preguntas —contestó Kurosaki.
—Necesito hablar contigo, Ichigo —dijo ella, cambiando su expresión a una completamente seria. Él arqueó una ceja.
Pudo jurar que había sentido lo que le había querido decir. Que realmente se trataba de algo importante. Mantuvo el contacto con los ojos de la morena, hasta que asintió lentamente con la cabeza.
—Inoue, nos disculpas —le habló suavemente a la pelirroja. Ella había borrado todo rastro de su sonrisa.
—Claro… —respondió casi en un murmuro.
Vio cómo Rukia e Ichigo se alejaban se ella, dejándola sola. Miró hacia el banco y divisó la hamburguesa que ni siquiera había alcanzado a comer su príncipe azul.
Se sentía triste.
~o~
—Y bien —comentó Ichigo apenas llegaron al parque. Había seguido el paso de la chica durante diez minutos. El parque estaba casi desolado, pocas personas pasaban por allí.
Rukia le daba la espalda, miraba los árboles como si aquello fuera lo más interesante del mundo.
—En un comienzo quería atarte a mí, no porque lo quería así, sino porque lo veía como una obligación —la chica tomó un respiro, armándose de valor—. Esa noche cuando me echaste de tu casa, me propuse seguirte, hostigarte y hasta hacerte pagar por algo que ni siquiera tú planeaste, ni yo tampoco. Pero no puedo controlar todo, ¿no? —dio media vuelta, de repente, hacia Ichigo.
Él pudo ver que los ojos de la chica estaban llenos de confusión… Inclusive pudo deducir que tristeza demostraban. Podía notar la diferencia, pues la noche anterior ella definitivamente era otra persona, totalmente segura de sí misma.
«Se ve frágil…»
—Yo sé que tú no deseas ser padre, y yo por un lado no lo deseé para este momento de mi vida, donde todo iba tan bien. No hace mucho me enteré que estoy embarazada, así que… he tomado una decisión —Rukia caminó unos cuantos pasos hacia él.
—Cuál —articuló Ichigo, no despegando la vista de la menuda chica.
—Abortar.
¡Holaaaaaaaa! Uuuff, lamento mucho la demora del capítulo, sinceramente me costó terminarlo o.o Pero porque esta semana he hecho muchas cosas(?) el tiempo no me estaba alcanzando Dx Pero bueno. Ya ven, HAY DRAMAAAAAAAAAA, sí pues, si Rukia no es nde fierro u.u Y al verse solita, tomó una decisión, ahora falta qué dice Ichigo *o*
¿Sigo siendo mala por dejarlo así? xDDDDDDDDDDDDDD Joee, la idea es enganchar al lector (?) Aunque sentí que el capítulo fue lento... Pero bue. Se dejó ver a Renji y a Byakuya, que siiii, ¿se creían que Ichigo se le iba ser fácil? Pues nooooo 8DDDD Tendrá batalla más adelante(?).
Disculpen por no responder los reviews, de verdad, pero como dije: el tiempo me escasea últimamente. Estoy sorprendida de haber recibido 43 reviews en tan sólo tres capítulos, creo que es mi récord o.o -nadielalee;_;-Hahaha, de verdad jamás pensé que iba a tener lectores con tan loca historia!
Muchas gracias por sus comentarios que me animan muchísimo. ¡Graciaaaaaaaaaaaaaaaaaaas!
Akemi227-chan, darisu-chan, ShinigamiJazzDark89, Sakura-Jeka, Kasumi15, Liz Okumura, Inukarenesmee, PaperMoon-IR, IcHiRuKi AnD sASuSAKu GiRl, Basiita, my194 (Chappis), kyoko-chan2010, cristina96life, ade, metitus, Ale-chan227.
Adioossiiin~~~
