Nuevo capítulo, cargado de emociones, sentimientos y contradicciones. NO es el último capítulo, aunque lo parezca xDD

Nota: Este capítulo contiene un lemon, blablablá.. ya sabéis lo q viene ;)

Disfrutad!

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Hermione se detuvo unos segundos contra la pared, tratando de calmarse. En aquellos momentos agradeció profundamente no haber sido nunca muy dada al maquillaje, ya que las lágrimas hubieran barrido todo rastro de él en su rostro.

Cuando ya estuvo más tranquila terminó de bajar las escaleras e hizo un acopio de todas sus fuerzas inexistentes para sacar una sonrisa.

- ¿Has avisado ya a Bill? – preguntó Molly sin mirarla.

A Hermione se le formó un nudo en la garganta.

- Sí.

- Está bien, ve a ayudar a Ron con la colocación de los invitados. ¡No queda nada para la boda! – añadió la mamá Weasley emocionada.

A la Gryffindor se le removió el estómago. Aquello estaba siendo demasiado para ella. No veía la hora de llegar a casa y echarse a la cama a llorar, liberando todo el dolor contenido que tenía dentro.

Salió al jardín, en el cual George y Bill daban la bienvenida a los invitados. Pasó de largo, sin dedicarse en dirigir ni una triste mirada al que hasta aquel momento había sido su amante, no estaba dispuesta a dejar que él viera el dolor de sus ojos.

Sin embargo, Bill se quedó mirándola. Su paso decidido, su hermoso vestido, su perfecta silueta, su bonito recogido… "¡Ya basta!" se regañó mentalmente, "Vas a casarte, ¡concéntrate!"

Y así fueron pasando las horas, Bill y George saludando a todas aquellas personas que llegaban hasta allí para ver el casamiento del mayor de los Weasley, y Ron y Hermione colocándolos en sus respectivos asientos. Para desgracia de la muchacha, todo el mundo estuvo en su lugar en un tiempo record, Hermione hubiera querido alargar aquel purgatorio toda su vida, pero para cuando se dio cuenta, estaba sentada junto a Ronald en una de las primeras filas y Bill se hallaba en el altar, esperando a que llegara la novia.

Y para desgracia también del Weasley, Fleur no tardó en aparecer. Por un momento se olvidó de todos los demás, de los invitados, de su familia, incluso hasta de Hermione. Fleur estaba espectacular. Iba vestida exactamente como a él le gustaba: un vestido largo de palabra de honor, un moño natural pero firme con una flor blanca, poco maquillaje y un ramo de rosas blancas, sus preferidas.

"Tal vez Ronald tenga razón" pensó, "Tal vez no le he dado a Fleur la oportunidad que merece… Quizá ella sea más inteligente de lo que yo creía, al fin y al cabo, se ha vestido como a mi me gusta, lo cual quiere decir que me escucha…"

Aquella mirada de fascinación terminó por hundir a Hermione, la cual lo miraba con las lágrimas en los ojos. Se tocó la tripa inconscientemente, aquella pequeña criatura cuyo padre no la quería… iba a desmayarse de un momento a otro.

- Estás preciosa – susurró Bill cuando Fleur se hubo acercado lo suficiente.

- Ggacias, Bill – sonrió ella, más que nerviosa -. Hegmione me aconsejó sobgre el vestido, el peinado y el maquillaje… es incgreíble la de cosas que sabe de ti…

El rostro del Weasley cambió por completo, su sonrisa se borró para dar paso a la decepción. Hermione, Hermione, Hermione… todo lo que le había gustado de Fleur tenía que ver con la novia de su hermano, era todo tan surrealista, tan complicado. Quería gritar allí mismo.

El cura comenzó a hablar, pero Bill simplemente no estaba para escuchar. Giró la cabeza levemente y clavó su mirada en Hermione, la cual lloraba como una magdalena. "¿Por qué lloras, Hermione? ¿Acaso no he sido sólo una obsesión para ti?" quiso preguntarle.

Entonces clavó su mirada en las demás mujeres del jardín que contemplaban la boda: la gran mayoría estaban llorando. Entonces Bill entendió: "Las mujeres y sus lloreras en las bodas…" y se sintió decepcionado una vez más, porque creyó que Hermione lloraba porque era una boda, no porque fuera él quien se casara. Y, en cierta manera, aquello era lo que quería aparentar Hermione, por eso no le importaba dejar sus lágrimas sueltas.

- William Arthur Weasley – dijo entonces el cura -. ¿Deseas a Fleur Isabelle Delacour como tu legítima esposa para amarla y respetarla en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, hasta que la muerte os separe?

De pronto todo se detuvo, no fue ningún hechizo, ni ninguna especie de tecla "stop". Fue la propia imaginación de Bill, que detuvo aquel momento para dirigir una última mirada a la persona que realmente amaba. Hermione tenía la cabeza gacha, miraba al suelo mientras las lágrimas caían de sus ojos.

"Mírame, Hermione" le pedía mentalmente, "Mírame y recuérdame lo que estoy perdiendo…"

Y, como si Hermione lo hubiera escuchado, alzó la cabeza para una última mirada. Una última colisión entre sus ojos marrones. Fue entonces cuando Bill se dio cuenta, todas las mujeres que lloraban lo hacían abrazadas a sus maridos o novios, alegres de una unión tan hermosa como aquella. Pero Hermione lloraba de pena, de dolor. No abrazaba a Ron, hundía desesperada el rostro entre sus manos, negándose a ver al hombre que amaba casándose con otra.

La esperanza allanó el corazón de Bill. Pero ya era tarde…

"Si Hermione estuviera conmigo sin que me quisiera yo me moriría" las insistentes palabras de Ron resonaron en su cabeza.

Aquella locura tenía que acabar, y aquel era el momento. El preciso momento en el que debían separar sus vidas, seguir el camino que el destino les había dictado, aunque sus corazones lloraran.

- Sí, quiero.

El sollozo desolado de Hermione quedó ahogado por las palabras del cura:

- Yo os declaro marido y mujer. Podéis besaros.

Y aquel beso, la unión de sus labios, produjo el final de sus vidas. O, al menos, eso era lo que ellos creían.

- Vamos, Herms – llamó Ron -. Vamos a felicitar a Bill y Fleur.

Hermione continuaba con la mirada en el suelo, limpiándose las lágrimas con frenesí. Negó inconscientemente con la cabeza, sentía la tripa revuelta, la sangre fría, el corazón roto.

- No me encuentro muy bien.

- ¿Qué ocurre, Hermione? – preguntó Ron agachándose para mirarla a la cara – Vamos, te llevaré dentro…

Ella se dejó levantar sin rechistar, con la mirada perdida, mareada, incapaz de caminar por sí sola. Bill observaba la escena preocupado, por encima de las decenas de cabezas que se habían acercado como una estampida para felicitarlo.

- Vamos, Fleur – dijo cogiéndola de la mano y arrastrándola entre la multitud.

Hermione caminaba apoyada en Ron hasta que chocaron contra una robusta figura. Alzó la mirada y observó los ojos marrones de Bill Weasley clavados en ella, con preocupación, con disculpa, con sentimiento, y Hermione quiso morir allí mismo.

- ¿Qué te pasa, Hegmione? – preguntó Fleur – No tienes buena cara…

- Felicidades, pareja – felicitó Ron.

- Gracias – sonrió Fleur mientras Bill observaba con detenimiento el rostro pálido de su cuñada.

- ¿Estás bien? – le preguntó a la Gryffindor, acercándose a ella.

Hermione se alejó inconscientemente. Quiso pegarle una bofetada. ¿Cómo podía preguntar aquello? ¿Es que no la veía? Oh, aquella voz ronca… Bill… su Bill, de la mano de otra, casado con otra. Comenzó a caminar hacia atrás, sin apartar la mirada de los ojos marrones del Weasley. Sentía nauseas, ganas de reír de forma histérica, llorar, gritar, salir corriendo, desaparecerse… pero no podía verlo allí. No podía ver lo que había perdido, sus sueños echados por el suelo.

- ¡Hermione! – la llamó Ron justo antes de que ella se diera la vuelta y echara a correr.

La gente se la quedaba mirando, pero a ella no le importaba. Sólo quería alcanzar el primer cuarto de baño que viera, necesitaba vomitar, sentía unas arcadas tan terribles que creía que no llegaría a tiempo. No obstante, llegó. Fue directa al inodoro y vomitó lo poco que quedaba en su estómago.

Estuvo varios minutos arrodillada frente a la taza del váter de la Madriguera. Ya no tenía nada que vomitar, pero se sentía incapaz de levantarse y felicitar a Bill y Fleur, ¿iba a felicitarles por robarle la felicidad? No, no estaba dispuesta a ello.

Varios minutos después, cuando escuchó el eco de la música del jardín, se levantó. Todos estarían ocupados con el baile de los novios, de modo que nadie le prestaría atención. Con lágrimas aún en los ojos salió del servicio, abrió mucho los ojos cuando vio a Bill frente a ella, pero creyó que serían alucinaciones y pasó de largo.

Sin embargo, Bill la amarró del brazo, obligando a voltearla.

- ¿Estás bien?

Hermione quiso reír, tal vez llorar. Sus alucinaciones daban para mucho, Bill no podía estar allí, debía estar bailando un vals con Fleur. No obstante, no pudo contenerse y preguntó:

- ¿Qué haces aquí?

- Ya sabes que no se me da bien bailar – sonrió.

Oh, aquella sonrisa, aquella voz ronca… las lágrimas salían inconscientemente de los ojos de Hermione, la cual tocó la mejilla de Bill para asegurarse de que no estaba soñando.

Él cerró los ojos ante el contacto y oprimió la mano de Hermione contra su mejilla, negándose a que aquel contacto infinito cesara. Bill estaba como hipnotizado, sabía que estaba mal, que estaba casado, que tenía una esposa, que ya no era libre para hacer lo que quisiera… pero Hermione estaba tan adorable, tan indefensa, tan desolada… y él quería cuidarla, quería darle amor, quería amarla, quería consolarla.

El instinto y el corazón ganaron la batalla contra la razón.

- No llores, por favor – susurró muy cerca antes de besarla.

Sus labios se fundieron en un beso perfecto. Fue aquel beso el que realmente los hizo infieles, pues ya no eran niños, ya no eran libres de hacer lo que quisieran, al menos, no Bill. Pero justo por eso, porque eran infieles, aquel beso supo a gloria, a felicidad, a amor, a pasión.

Hermione lloraba mientras sentía la lengua de Bill introducirse en su boca bañada de lágrimas. Se sentía confundida, engañada, traicionada… aquel coraje le dio valor para separarse de él bruscamente.

- ¿Qué estás haciendo, Bill? – preguntó, sintiéndose estúpida, totalmente enfadada.

Bill sonrió, ¡cuánto le gustaba oír su nombre en los labios de Hermione! Ni él mismo sabía lo que hacía, no quería jugar con ella, pero la necesitaba. Necesitaba sus besos, su amor, necesitaba recordar lo que era besar a alguien a quien amaras, necesitaba saber qué se estaba perdiendo…

- No lo sé – respondió honestamente.

- No me jodas, Bill. No me jodas – estalló Hermione caminando hacia atrás, aturdida, sujetándose la cabeza con las manos -. ¡Joder! Estás casado… acabas de decir "sí, quiero"… joder Bill… hace una hora me decías que sólo había sido un encaprichamiento… yo no quiero ser eso para ti. No juegues conmigo, estás confundiéndome.

El Weasley sonreía, le encantaba ver a Hermione así: perdida, confusa, desorientada. Le gustaba verla así porque le gustaba pensar que sería él quien la hiciera comprender, quien llenaría sus ojos de sabiduría. No obstante, su corazón se estremecía por ella, sentía tanto dolor que no creía ser capaz de soportarlo.

Sólo llevaba varios minutos casado con Fleur y ya no podía más… ¿cómo iba a aguantar toda la vida sin Hermione? La amaba, la necesitaba, la añoraba… su corazón lloraba de verla llorar, de comprender que se amaban y no podían estar juntos.

- Te he oído vomitar – dijo Bill simplemente -. ¿Te encuentras bien?

- ¿Te estás quedando conmigo?

- Hechicé a un doble cuando te vi salir corriendo – explicó restándole importancia -. Quería saber cómo estabas… y de paso saltarme el baile – añadió sonriendo.

- Me encanta que te resulte tan divertido – ironizó Hermione.

Bill se acercó a ella, haciendo que la Gryffindor quedara presa contra la pared por no poder continuar caminando hacia atrás. Quería saber qué era exactamente lo que Hermione quería, quería descubrir si realmente sólo había sido una obsesión para ella… porque estaba claro que para él era mucho, mucho más.

- Aléjate Bill – le advirtió alzando la varita.

El aludido se detuvo a un metro de distancia, con la varita de Hermione apuntándole directo al pecho.

- ¿Vas a atacarme?

- Lo haré si no me dejas en paz.

- Te quiero.

Entonces Bill se acercó raudo y veloz hacia Hermione, presionándola contra la pared, y la besó. La besó con toda su pasión, con todas las dudas y temores que albergaba su corazón, la besó con amor, con más amor del que él mismo conocía.

Hermione no pudo hacer otra cosa que tirar la varita al suelo y agarrarse con fuerza a los pelirrojos mechones del mayor de los Weasley. El deseo los llevó a la habitación más cercana, donde Bill se ocupó de silenciarla y cerrarla con llave con cuidadosos hechizos. Tumbó a Hermione en la cama y se colocó sobre ella.

- Yo también – susurró ella entre beso y beso.

- Tú también, ¿qué? – preguntó el Weasley desorientado.

- Yo también te quiero, mucho.

Bill sonrió. No podía sentirse más culpable por el daño que les estaba haciendo a Ron y Fleur, pero en aquel momento no le importó. Porque por encima de la felicidad de ellos dos, estaba su propia felicidad, y la de Hermione, y después de aquella confesión de amor… no estaba seguro de poder parar. Ni ella tampoco.

Los besos antes tiernos pasaron a ser intensos, las caricias se convirtieron en desesperadas, los movimientos de cadera, desenfrenados. Algo les decía que aquella sería la última vez que podrían disfrutar de algo así, de modo que quisieron disfrutar al máximo.

Hermione se adelantó desnudando a Bill con toda su rabia, él, sorprendido por la salvaje reacción de la chica, subió su vestido hasta la altura de la cintura y bajó sus bragas, dejando al descubierto aquel lugar prohibido que sólo él había tenido oportunidad de tocar.

Bastó una mirada, sin ningún movimiento de cabeza, una simple e intensa mirada para saber que ambos estaban dispuestos a llevar mucho más allá su inocente infidelidad.

Y así lo hicieron.

Bill se introdujo sin miramientos en el interior de Hermione, arrancando gemidos ansiosos de sus bocas. Aquella unión perfecta de sus cuerpos era hermosa, estaban hechos el uno para el otro, y lo sabían por aquella compenetración, aquella forma de encajar tan extremadamente perfecta. Lo sabían por cada avance y retroceso, por el vaivén de sus caderas volviéndose locas una contra otra, lo sabían porque se miraban a los ojos y se decían todo.

Fue en el momento en el que Bill colocó sus manos en los pechos de Hermione y comenzó a lamerlos cuando la muchacha estalló en un grito de euforia total:

- ¡Bill!

El aludido suspiró de placer, dejando escapar un dulce ronroneo, acercó su boca a la de Hermione y la besó con pasión, dejando que el milimétrico espacio entre sus bocas fuera el que silenciara sus gemidos. En un movimiento rápido y veloz, Bill pasó a estar bajo ella, mientras la Gryffindor se movía llevada por la excitación y las manos del Weasley en sus caderas indicándole el camino y el ritmo a seguir.

Bill no aguantaba más, ver a Hermione sobre él, moviéndose loca de deseo, con sus pechos moviéndose por sus avances y retrocesos, con aquel ronroneo que salía directo de la garganta. Hermione, su Hermione… Y estalló con una última estocada. Ambos fluidos se mezclaron durante unos segundos, en los que ambos se miraron a los ojos, tratando de encontrar la explicación a lo que acababa de suceder entre ellos.

Hermione dejó salir a Bill de su interior y se tumbó junto a él. Durante unos minutos el único sonido que llenó la habitación fue el de sus respiraciones agitadas. Ella quería hablar con él, contarle que esperaba un bebé suyo… Pero no tenía valor, ambos sabían lo que ocurriría en aquel momento, nada importaba si estaba o no embarazada.

- Hermione… - se atrevió Bill a romper el silencio.

- ¿Qué? – aunque no sabía para qué preguntaba, estaba segura lo que iba a escuchar.

- Lo siento… - susurró con el corazón en un puño, sintiendo cómo se desangraba con cada palabra – Esto…

- No tiene sentido – terminó ella por él -. No podemos estar juntos.

- Lo único que hacemos así es hacernos más daño.

De pronto el techo pareció cobrar un gran interés para ambos. No tenían el valor suficiente para mirarse a los ojos, no para decirse adiós.

- Te amo, Hermione – confesó Bill, esta vez clavando sus ojos en los de ella -. Te amo pero no puede ser… Y sufro porque sea así, pero…

- No tenemos opción – terminó ella una vez más -. Yo también te amo, Bill.

Y tras aquellas tristes palabras de despedida y un beso inolvidable, ambos se vistieron para salir al exterior y fingir que nada había ocurrido, que no habían sido infieles.

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No sé para cuantos capítulos más me dará la historia, pero sé que cinco más por lo menos sí ^^

En el próximo, contaré la luna de miel desde la perspectiva de Bill, y en el siguiente, de Hermione.

Si Hermione y Bill creen que su historia ha terminado ahí, están muy equivocados. Sólo os digo que el embarazo de Hermione tendrá mucho que ver ;)

Un beso!