Nuevo capítulo! :)
Luna de Miel de Fleur y Bill, contado desde la perspectiva de Bill pero sin estar en primera persona.
Espero que os guste! Disfrutad!
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Bill miraba con expectación las ondas del humo de su cigarro. Las vistas eran simplemente asombrosas, Grecia era perfecta para él, para empaparse de sabiduría, cultura y olvidar lo que había dejado en Londres.
Todo era perfecto, sino fuera por Fleur.
Habían llegado hacía unas diez horas y ella sólo había querido dormir. Bill, incapaz de conciliar el sueño, había decidido pasear por la ciudad por su cuenta. Jamás olvidaría la decepción tan grande que sintió cuando recordó que se encontraba allí con Fleur, no con Hermione.
- No vas a creerte a quién me he encontrado – le había dicho ilusionado a su esposa.
- ¿Algún famoso?
- Sí, un escritor muy famoso.
- ¿De gevistas del cogazón?
- No.
- ¿Quién ega, entonces?
- Frederic Mancini – respondió emocionado.
El rostro de Fleur había caído en la decepción, igual que el de Bill cuando ésta preguntó:
- ¿Quién es ése?
- ¿Como que quién es? Ha escrito decenas de novelas históricas sobre el mundo mágico, así como "Regulus cimante para ellas, un cáptus para él"…
- Bill, las novelas que tú lees son muy abuggidas.
El Weasley se había dado la vuelta totalmente desilusionado, estaba seguro de que si hubiera sido Hermione la que se hubiera encontrado con él en aquel mismo momento habrían pasado horas comentando lo maravilloso y emocionante que resultaba su encuentro con el escritor.
Pero había decidido que en aquel viaje no pensaría en Hermione, que trataría de hacer lo que pudiera para querer a Fleur. Pero su reciente esposa no se lo estaba poniendo nada fácil.
En aquel momento estaba de compras por Athina, el lugar que habían elegido como luna de miel, mientras Bill fumaba un cigarrillo en una de las cafeterías cercanas, esperándola desde hacía más de media hora.
- ¡Bill! – lo llamó ella saliendo de una tienda de marca, llena de bolsas - ¡Miga lo que he compgrado!
- Qué bonito… - sonrió irónicamente mientras Fleur le mostraba una por una todas las prendas que habían caído en sus manos, excediéndose en los detalles.
Aquella fue la primera vez desde que había llegado que sintió deseos de salir corriendo, aunque no sería la última, ni mucho menos. Deseaba volver a Londres y estar con Hermione, al fin y al cabo, Fleur le demostraba cada día que era para ello para lo que había nacido, para estar con una persona que compartiera con él algo más que sexo.
Y Fleur no era una de esas personas.
- Cagiño, ¿podemos ignos al hotel? – preguntó entonces - Estoy cansada…
- Claro…
Llegaron al hotel donde residían y Bill tuvo que aguantar un verdadero infierno de pases de modelos de Fleur con sus nuevos modelitos.
- ¿Cuál te gusta más? – le preguntaba.
- Todos están bien, amor…
- ¡Pego alguno me quedagá mejog que otgo! – exclamaba medio molesta.
El primogénito de los Weasley no podía dejar de imaginarse qué hubiera ocurrido si Hermione estuviera allí con él en lugar de su esposa… sí, sin duda todo habría sido más divertido, más apasionante. Con cada cambio de ropa la habría cogido en brazos movido por su belleza sobrenatural, habría salido a la terraza que daba a la plaza de Athina y habría gritado a todo el mundo:
- ¡Contemplen a la mujer más hermosa de Grecia y del mundo entero!
Y luego la habría besado. La habría besado como nunca antes, dejando bien claro que Hermione era únicamente suya frente a las centenas de personas que se hallaban bajo su terraza, sin miedos ni temores, sin sentimientos de culpabilidad… libres, libres de poder besarse sin vergüenza, de poder amarse sin recelo.
Dios, se excitaba sólo de pensarlo.
- ¡Contrólate! – regañó a su erección creciente en un susurro.
La noche transcurrió tranquila, tan tranquila como era posible con la presencia de Fleur, claro.
La cena pasó fugazmente, lo que supuso casi un trauma para Bill. Sabía lo que tocaría aquella noche, sabía que una luna de miel no era nada sin una noche de bodas con ración extra de sexo… sentía el estómago revuelto sólo de pensar que no era capaz de mantener relaciones con Fleur cuando hacía tiempo le resultaba extremadamente fácil.
Hermione había cambiado su mundo de pies a cabeza.
Hermione había transformado su vida en un purgatorio, en el medio camino entre el cielo y el infierno.
Hermione lo había llenado de dudas.
Hermione le había robado el corazón.
Hermione, Hermione, Hermione… era insostenible, día y noche, a cada hora, a cada minuto, a cada segundo. No podía quitársela de la cabeza, no podía evitar querer llorar cuando recordaba que su historia se había terminado.
Bill se tumbó boca arriba en la cama mirando sin ver la televisión. Fleur estaba en el baño, preparándose de manera seductora para su gran noche de bodas, la que tanto tiempo llevaba esperando.
Sintió un escalofrío cuando Fleur se colocó frente a él. Se regañaba mentalmente por no sentir una erección instantánea al verla con aquel camisón transparente que no dejaba nada para la imaginación… aquella situación era imperdonable, cualquier hombre hubiera dado millones por verse en la piel de Bill en aquel momento, pero él hubiera pagado sólo para no estar allí.
- ¿Qué tal estoy? – preguntó Fleur acercándose a él seductoramente, lista para saltar.
El Weasley tragó saliva.
- M-muy bien.
Ella sonrió y se tumbó sobre Bill cual gato sobre ratón. Fleur comenzó a besarle el cuello con desesperación, mordisqueándolo, chupándolo… el mayor de los Weasley estaba en estado de shock, no sentía nada, no se excitaba, su miembro no respondía a las provocativas caricias de Fleur.
Empezó a agobiarse bajo ella, se sentía arrinconado, incapaz de escapar del tigre que tenía sobre él. No paraba de preguntarse por qué no estaba loco de placer, por qué no sentía deseos de desnudarla y penetrarla hasta saciar su excitación.
La respuesta era sencilla: porque no había excitación.
- Espera, espera – susurró Bill apartándola bruscamente de su lado.
- ¿Qué ocugge? – preguntó Fleur sorprendida por la reacción inusitada de su marido.
- Necesito un momento.
Bill se incorporó de la cama y casi corrió hasta el baño. Echó el cerrojo y apoyó sus brazos en el tocador, mirándose al espejo. No veía al tipo que siempre había sido, al buscador de aventuras, de conocimiento… no, veía frente a él a un tipo consumido por la desgracia, un tipo que sufría el peor de los horrores, un tipo que sufría porque la mujer a la cual amaba era su cuñada, porque había tratado de amar a su esposa… pero no lo había conseguido.
Se lavó la cara un par de veces, tratando en vano de que el agua fría aclarara sus ideas. Fijó su vista en el suelo, más concretamente en su pantalón: no había ni rastro de placer, ni rastro de una mínima posibilidad de erección.
- Joder, William, ¿qué te está pasando? – se preguntó en un murmullo.
Pero él lo sabía, Bill sabía qué le ocurría. Y su problema sólo tenía un nombre, un nombre de mujer: Hermione.
Sabía que jamás lograría sentirse tan excitado como cuando estaba con ella, que por mucho que lo intentara no iba a poder dejar de comparar a Fleur con su amada… sabía que desde que la había probado y había advertido que ella poseía los mismos sentimientos hacia él ya no podría dejarla.
- No voy a dejar a Ron, Bill – le había dicho una vez.
- ¿Por qué? – había preguntado él.
- Porque mi relación con tu hermano es lo que me permite verte…
Su miembro hizo ademán de despertar con el solo recuerdo de la voz de Hermione susurrándole aquellas hermosas palabras…
Se pegó un tortazo.
- Si Hermione estuviera conmigo sin que me quisiera yo me moriría – recordó las palabras de su hermano.
Volvió a mojarse la cara.
Ron amaba a Hermione, la adoraba. Llevaba años detrás de ella, embobado con su sabiduría, embriagado por su belleza… a pesar de que Bill odiaba verla en brazos de Ron, no quería que Hermione dejara a su hermano. Prefería verla en brazos de otro que no verla. Al fin y al cabo, ella tenía razón: la única forma que tenían de verse era que ella estuviera con Ron…
- ¡Joder! – maldijo pegando un puñetazo al lavabo.
Tenía que olvidarse de Hermione, tenía que hacerlo por Ron, por Fleur, incluso por él mismo. Y para ello debía estar con Fleur, daba igual que fuera una inculta, algo escasa de luces o que no tuviera nada que ver con Bill. No importaba, porque tenía que quererla fuera como fuera, para olvidar a Hermione, para que ella se olvidara de él y amara a Ron.
Pero antes tenía algo pendiente.
Cerró los ojos con fuerza y se concentró en una sola imagen. Unos tirabuzones castaños, un rubor constante en las mejillas llenas de pecas, un cuerpo esbelto, una inteligencia sobrehumana, la noche de año nuevo en el sótano...
Bill sintió la erección instantánea.
Salió del cuarto de baño y prácticamente se lanzó sobre una Fleur sorprendida. Comenzó a desnudarla a toda velocidad, tratando de que su erección no desapareciera del mismo modo en el que había aparecido. Fleur estaba fuera de sí, alegre y agradecida de la reacción de su esposo.
Una vez la pareja estuvo desnuda, Bill cerró los ojos antes de penetrarla. Tenía que hacerlo bien, tenían que salirle gemidos verdaderos, no podía fingir incluso en sus relaciones sexuales. No, eso no. Se concentró en Hermione, se imaginó su cuerpo desnudo bajo él y perdió el control.
Comenzó a penetrarla casi con violencia, disfrutando al máximo de la nítida imagen que le ofrecía su pensamiento. Fleur estaba llena de gozo, disfrutando casi tanto como Bill de aquel fenómeno sobrenatural.
Gemidos desesperados salían de sus bocas bañados de mentiras, secretos, infidelidades…
- Llámame – jadeó el Weasley sobre Fleur, aumentando el ritmo de los avances y retrocesos de sus caderas, a punto de explotar.
- Bill…
Y el hechizo se rompió.
Jamás podría agradecer lo suficiente al cielo que en aquel momento hubiera eyaculado. Había sentido tanta decepción, tanta desilusión de no haber oído la suave y aterciopela voz de Hermione bajo él que había abierto los ojos de par en par.
Daba gracias a Dios porque Fleur lo hubiera llamado justo en el momento en el que no podía aguantar más, de lo contrario, su miembro hubiera vuelto a encoger en medio de la relación sexual, de puro horror, hubiera sufrido una especie de gatillazo.
Salió de su esposa y se tumbó a su lado, dándole la espalda. Se sentía dolorido, ya no tanto físicamente, sino más bien mentalmente… se sentía desgraciado, totalmente humillado por la fortaleza de su pensamiento. Había estado tan concentrado en Hermione, tan excitado con su imagen que había desconectado del mundo hasta tal punto de llegar a creer que realmente ella se encontraba bajo él.
Pero el oír a Fleur lo había despertado. Oír a Fleur había sido como un jarro de agua fría sobre su excitación. Oír a Fleur tratando de imitar los llamamientos que Hermione le hacía cada vez que mantenían relaciones sexuales había sido un error.
- Eges incgreíble, amog – murmuró Fleur a su espalda antes de besarle el hombro -. ¡Ha sido fantástico!
Bill no respondió, se sentía demasiado exhausto mentalmente como para pensar algo coherente que decir.
Su vida estaba siendo un infierno y sólo llevaban un día de luna de miel… no quería ni imaginar qué ocurriría en toda aquella semana que le esperaba.
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Pobre Bill! Se supone que una Luna de Miel es para disfrutar de la pareja, para pasar unos maravillosos días al lado de la persona que amas... pero a Bill Weasley le está saliendo rana xD
El próximo capítulo será lo que ocurre al mismo tiempo que Bill está en Grecia, pero contado desde la perspectiva de Hermione, una vez más sin estar en primera persona ^^
Y el próximo, será el reencuentro :)
¿Qué hará Hermione con su embarazo?
Un besooo!
