Sí, lo sé, ¡no tengo perdón! Siento MUCHO, PERO MUCHO, la eterna tardanza del capítulo, aisssh. Muchas cosas pasaron, pero estoy de vuelta y espero llevar la historia hasta su finaal, así me tarde meses en actualizar(?). ¡Muchas gracias a todos los que leerán el quinto capítulo! Muchas gracias por todo su apoyo. Tengo cosas que decir al final del caaap :DDDD
Disclaimer: Bleach NO me pertenece. Tite es un troll... ah esperen, Bleach es de Tite -rolleyes-
Quinto Capítulo.
Lazos
~o~
Aclaraciones/Advertencias:
.Tema de aborto. NO estoy a favor del aborto.
.Mucho OoC. Mucho.
«Pensamientos»
«Abortar»
La palabra no dejaba de girar por su cabeza. Allí estaba, acostado y sin nada que hacer más que pensar en la situación. Habían pasado alrededor de tres días desde la última charla que había tenido con Rukia Kuchiki. El trabajo lo agobiaba y la Universidad apenas le dejaba tiempo para pensar con tranquilidad. Madrugar no era una de las mejores opciones, pero, ¿qué más podía hacer? Tenía que buscar una solución al problema o al menos una respuesta a sus dudas, y las mejores oportunidades para hacerlo, eran precisamente a esas horas de la madrugada.
Podía sentir cómo sus ojos le pesaban y cómo la respiración se iba haciendo más lenta con el pasar de las horas. Miró de reojo la hora, tratando de buscar alguna distracción para mantenerse despierto.
«3:55 AM»
—Demonios —maldijo.
¿Estaba siendo un cobarde? ¿Estaba siendo cobarde al no negarle tal acción a Rukia?
Posó su mano en la nuca y trató de apaciguar sus pensamientos. Trató de aclarar su mente, tal cual lo había hecho dos noches atrás. No había sido capaz de decirle nada a la menuda muchacha en el momento en que ella mencionó lo del aborto. Se dedicó tan sólo a asentir sin decir nada, y a ver cómo ella se alejaba de él a paso lento.
—Estamos hablando de una vida —susurró lo más bajo posible. Cerró los ojos con gran fuerza, recordando la razón del porqué tomar decisiones tan importantes le costaba tanto. Suspiró como si el alma se le fuese en el aire. Estaba asustado, y no lo podía negar. Estaba siendo egoísta, y no lo podía negar.
—Una vida —repitió, recordando qué tan importante es "una vida", y cuánto sufrió cuando el ser más importante de su vida había dejado de vivir.
Recorrió con la vista la habitación en penumbras, dándose cuenta que estaba completamente solo y que no podía negar el sentimiento de tener a alguien a su lado, aunque haya sido por un mero accidente. No podía negar que, cuando se enteró que sería padre-por-accidente, un escalofrío recorrió su espina dorsal. Algo en él nació. Y entonces se percató del porqué estaba tan solo. Del porqué dejó su casa, a su familia, para vivir alejado de la ciudad. Del porqué jamás ha llamado sinceramente a Ishida y a Inoue "amigos", del porqué aquello era tan sólo una rutina.
¿Desde cuándo se había vuelto tan solitario?
«Desde aquella vez»
Respondió por sí solo. Tragó saliva sonoramente y apretó el puño de la mano libre. Inmerso en una confusión que cada vez lo comía más. Si él estaba pasando por todos esos temores, ¿qué le esperaba a Rukia? Mordió su labio inferior y de un golpe se sentó en la cama. Observó lentamente su habitación, nuevamente, tratando de buscar respuestas. Recorrió cada rincón de ella, mientras la respiración se le agitaba más y más.
Era la hora de actuar. Y rápido.
~o~
—¿Sí? —la dulce voz de una mujer se hizo escuchar desde la otra línea— ¿Aló? —Rukia Kuchiki titubeó si hablarle o no por unos segundos. La llamada seguía corriendo y ella se encontraba sentada en el sofá, apretando los dientes—. Tranquila, todo estará bien, ¿sigue ahí, no? —prosiguió la mujer, tratando de calmarla, como si fuese adivina y supiese por lo que estaba pasando.
En una mano sostenía el teléfono y en la otra la tarjeta que días atrás aquella mujer le había dado. La decisión estaba tomada. Lo tenía que hacer.
—S-sí, aquí estoy —dijo por fin la morena, respirando hondamente. Nunca había pensado que sería tan difícil tomar una decisión tan importante. ¿En qué momento de la vida había pensando alguna vez siquiera haber estado en aquella posición? Era una mujer madura, pero llena de temores y angustias.
—Me alegra —respondió la mujer—. ¿Quiere una hora?
—¿Hora? —repitió ella, hallándose confundida.
—Claro, necesito que me diga qué día puede venir y en qué horario para realizar… —pausó— la operación —concluyó, tratando de sonar lo menos dura posible.
Un aire helado golpeó a la menuda morena. Recordando que estaba llamando para abortar. Aún no lo podía admitir, sin embargo, allí se encontraba. Llamando y pidiendo una hora para hacerlo. Los días habían pasado lentos y tediosos, desde aquella y última vez que había visitado a Ichigo Kurosaki. Había tomado una decisión y estaba segura de hacerlo, mas las dudas la embriagaban una y otra vez, aplazando el plan día tras día. Rangiku no se había aparecido, ni tampoco había llamado.
Estaba sola.
Completamente sola.
—¿Puedes mañana a las cinco de la tarde? —prosiguió la mujer, sin importarle el silencio de la morena.
—Eh… —suspiró Rukia, asustada.
—¡Perfecto, te esperamos mañana! Dime tu nombre y te anotaré, por favor —habló entusiasta la mujer.
La morena como una máquina, deletreó su nombre lentamente. Confundida, colgó el teléfono y se quedó allí, estática. Cerró los ojos con fuerzas… Entendiendo que ya había tomado una decisión. Mordió su labio inferior al sentir su teléfono celular sonar y al enterarse que Renji la había estado llamando desde hace días.
Contestó, tratando de apaciguar sus emociones.
—Renji —saludó casi en un murmuro.
—¡Hey, Rukia! ¿Dónde has estado? ¡Adivina qué! —un alegre Renji Abarai se encontraba en la otra línea del teléfono. Mientras caminaba hacia su automóvil con la única intención de salir rápido del edificio y salir a celebrar.
—¿Qué? —Rukia preguntó sin ánimos de deducir. No estaba en las condiciones de hacerlo.
—¡Oh vamos Rukia! ¡Adivina! —insistió el pelirrojo, abriendo la puerta del auto y subiéndose entusiasmado, como un pequeño niño emocionado por un simple helado de fresas.
—Ehm… Renji, no tengo á…
—¡He logrado ser el asistente de tu hermano! —cortó las palabras de la morena en un instante.
La chica tan sólo pestañeó reiteradas veces. Oh mierda. Se había olvidado completamente del asunto de Byakuya y Renji. Mordió su labio nuevamente intentando recordar cuándo rayos había sido el "gran día" para el pelirrojo, mas su cabeza no emitía nada.
«Vamos neuronas, ¡hagan sinapsis!» Se dijo mentalmente.
—Sé que te olvidaste porque no viniste, obviamente. No te preocupes, no estoy molesto, Rukia, así que puedes respirar —anunció el chico no escuchar palabra alguna de la morena— ¡Al menos felicítame! Te podré ver más seguido —finalizó su frase, sonriendo tímidamente.
Rukia rechinó sus dientes. Por todos los cielos, ¡estaba haciendo TODO mal! Aclaró su garganta y prosiguió con la conversación, algo más relajada.
—¡Felicidades, amigo! ¡Felicidades por entrar a trabajar con uno de los abogados más importantes de la ciudad! —dijo sinceramente y orgullosa, sabiendo de antemano que Byakuya Kuchiki era respetado y reconocido. Una delicada sonrisa se posó en los labios de Rukia. Renji Abarai era una de las personas más importantes en su vida, además de su loca amiga y su hermano. Él era una de las pocas personas que la entendían y le solía ayudar constantemente
El pelirrojo sonrió ampliamente. Había estado conduciendo hace más de cinco minutos.
—Gracias. Te pasaré a buscar ahora para ir a celebrar, ¡esto merece un par de tragos!
—Eh —Kuchiki se tensó. Trató de buscar una excusa rápidamente para no delatarse. Nadie, pero NADIE podía saber de su embarazado. — Renji, estoy enferma del estómago, no puedo beber.
«Oh, eres una genia, Rukia. Se suponía que no debías decir nada relacionado a tu estómago pero igual lo hiciste. Maldito cerebro» Maldijo, mientras arrugaba la nariz y negaba con la cabeza ante su estupidez.
—Oh, ¿de verdad? Bueno, al menos acompáñame, ¿sí? —rogó Renji, tratando de suavizar la voz. Si Rukia Kuchiki hubiese estado al frente suyo, hubiese hecho un gesto lindo, sólo para convencerla.
Porque sólo Rukia Kuchiki podía hacerlo actuar de esa forma.
—Renji… —la morena quiso decirle que por favor no le insistiera, que no se sentía bien.
Stop. Aquí es cuando la morena siente un gran saco de culpa caer en sus hombros cuando Renji anuncia sus siguientes palabras.
Play.
—¡No viniste a apoyarme en el caso, mínimo deberías salir conmigo!
Sí. La chica quiso gritarle y decirle: ¡ESTOY EMBARAZADA POR ACCIDENTE PEDAZO DE IDIOTA, NO SABES CÓMO HE SUFRIDO ESTOS DÍAS!
Pero no podía hacerlo. Sonrió ante imaginarse el rostro del pelirrojo si hubiese emitido esas palabras. Solía discutir con Abarai reiteradas veces, sin embargo sus discusiones terminaban en carcajadas.
—Bien, me alistaré —suspiró cansada, rodó los ojos antes el chillido emitido por el pelirrojo.
—Diez minutos, ni un minuto más ni un minuto menos. Allí estaré.
Tras eso Rukia se vio a sí misma en el espejo, vestida, alistada. Se puso de perfil y tocó su estómago delicadamente.
«¿Cuánto se demorará en crecer…?»
Una vez realizó el pensamiento, la chica bajó la vista. Percatándose que efectivamente nada crecería en ella.
«Lo siento mucho…»
~o~
—¡Y entonces, bang, lo maté!
Rukia la verdad no sabía de qué demonios estaba hablando Renji. De verdad no lo sabía. No entendía su jerga masculina. Tenía entendido que había comenzado a hablar del caso, del cómo se presentó frente al Juez, del cómo Byakuya, su querido hermano, le había apretado la mano en señal de buena suerte… Pero todo se esfumó y comenzó a no escucharlo cuando en la radio comenzó a tocar una dulce canción sobre la vida y precisamente sobre ser mamá. Rukia instaló enseguida sus sentidos en la radio apenas escuchó el título de la canción una vez la anunciaron.
«Dear Mom» Repitió mentalmente.
«¿Por qué todo comienza a conspirar en mi contra?» Pensó una vez se dio cuenta que realmente, mirara por donde mirara, oyese por donde oyese, TODO, pero TODO le recordaba que algo en su interior estaba creciendo. Que iba a ser mamá y que tenía una vida a la que cuidar.
Vida a la que optó por no cuidarla.
—¡Y así fue cómo logre cerrar el caso! —chilló Renji, aún emocionado— ¡Fue genial, Rukia!
La morena tan sólo logró escuchar su nombre y dirigió rápidamente la vista al pelirrojo quien bebía y bebía y bebía sin parar.
«Creo que tendré que caminar hacia mi casa. Renji no podrá manejar si sigue bebiendo de esa manera. A estas alturas terminará por beber el agua de la pecera del local»
—Oh, genial —emitió ella al ver que el chico la miraba directamente tratando de conseguir alguna respuesta ante toda su magnífica-historia. Él alzó una ceja y arrugó los labios.
—No me has escuchado, ¿verdad? —preguntó y suspiró— ¿Qué te sucede?
—Claro que te escuché, Renji —dijo ella, bebiendo agua del vaso y tratando de sonar lo más convencida posible, aunque sabía que no había escuchado una nada de lo que él había dicho. Se sentía mal. Se sentía mal por muchas cosas, claro estaba, pero se sentía mal al no escuchar y prestarle la atención necesaria a Renji cuando él tan sólo se preocupaba por ella.
«Soy una mala amiga… Vaya, me he encontrado más defectos en estos días»
—Rukia…
Y ahí estaba. Esa voz grave pero a la vez suave de Renji Abarai que hacia poner los pelos de punta a Kuchiki. Cuando él la llamaba por su nombre y su calmada voz se tornaba más varonil que de costumbre. Esa voz y ese llamado que hacía cada vez que quería explicaciones y la verdad.
La mujer tragó saliva. El pelirrojo la miraba intensamente como tratando de descifrar su rostro y sus nerviosas acciones.
—Dime qué sucede —exclamó él como una orden.
—N-nada — «¡MALDITA SEA NERVIOS!» maldijo enseguida apenas emitió las palabras. Había tartamudeado. Renji lo iba a descubrir. «¡Nooooo!» gritó dramáticamente en su cabeza.
Ok. Lo admitía. Rukia Kuchiki lo admitía. Había estado más sensible los últimos días debido a todos los problemas. Había estado más dramática y se imaginaba los peores escenarios, dramáticamente. Como toda una Drama Queen. Hecha y derecha. Generalmente era tranquila, pasiva, y pensaba fríamente. Calculaba todo. Pero no. Llegó ese maldito accidente y todo se deformó en su mundo.
Todo.
—Te conozco. Es más, creo que te conozco más de lo que tú misma te conoces, Rukia —anunció Renji.
«Oh no, ¡deja de repetir mi nombre!» Pensó al verse más expuesta. Una vez más, una vez más que él repetía su nombre de esa manera y ella soltaría todo.
—Ru…
«¡Nooooo, por faaaaavor!»
Totalmente dramática.
De repente una vocecilla se hizo presente en el espacio donde ellos estaban. Una familiar voz para Rukia la sacó de sus dramáticos pensamientos y calló a Renji. Los dos dirigieron su mirada a la portadora de la voz. Una chica con la sonrisa deslumbrante y saludándolos con su mano derecha. Grande y robusta, pero hermosa.
Inoue Orihime estaba frente a ellos.
—¡Hola! —dijo en un instante Rukia al percatarse de la chica. «¡Gracias pelirroja!» le agradeció mentalmente al no recordar su nombre por completo.
—Hola~ —emitió Inoue, sonriendo aún— ¿Los molesto? —preguntó inocentemente.
Renji alzó una ceja. «Sí» Confirmó en su mente y miró a la morena para decirle con la mirada que la chica no era bienvenida.
—Claro que no, toma asiento —anunció Rukia nerviosamente bajo la atenta mirada de Renji. Vio cómo el chico suspiró y asintió, forzando una sonrisa. Una fea sonrisa. Ella quiso reír ante esa sonrisa falsa, ¡se veía chistoso! Mas se aguantó. Orihime tomó asiento y miró a la morena»
—Oh, él es Reni Abarai —mencionó, apuntando al pelirrojo. Él tan sólo movió la cabeza— Es mi…
—¿Tu novio? —interrumpió Inoue.
Orihime no era una mala persona, en lo absoluto. Pero cuando se trataba de Ichigo Kurosaki, ella sabía que debía actuar. No conocía a Rukia ni tampoco tenía la intención de conocerla. Sabía que entre ella y su amada príncipe azul había algo. Algo ocultaban. Algo que no era bueno, lo podía intuir. Sin embargo, no entendía el porqué Ichigo la había dejado prácticamente botada sólo por Rukia. No entendía porqué se había sido con ella aquél día, cuando estaban riendo, tan sólo para regresar a su lado distraído y triste.
La atención de Ichigo ya no estaba en ella. Y eso la enfurecía.
Rukia no le hacía bien a su Ichigo Kurosaki. Y ella la había apartar de él a como diera lugar.
—¡¿Eeeeh? —Renji emitió sonrojándose. Se atragantó con sus propias palabras y los nervios comenzaron a jugar en su contra— N-Nosotros-s-s, yo-o, e-es decir… —no supo qué decir.
Sí, era cierto, él no quería a Rukia tan sólo como su amiga. Pero tampoco sabía si Rukia sentía lo mismo por él. Quería con todas sus ganas gritarle a Inoue en el rostro un gran y gordo: ¡SÍ! Para luego pronunciar con suavidad y cariño: es mi novia.
Pero no podía hacerlo.
—Es tan sólo un amigo… —anunció Rukia con tranquilidad, sin percatarse del nervioso frente a sus ojos. Dejó la frase a medio terminar al darse cuenta que quería pronunciar el nombre de la chica, pero no se acordaba en lo absoluto.
«Algo de… Ori…hama… heme… » Indagó mentalmente la morena, golpeándose mentalmente por haber cambiado tanto en los últimos días. Si nada de eso hubiese pasado, estaba segura que se hubiese acordado del nombre de la chica una vez el cabeza de zanahoria lo hubiese anunciado.
—Inoue Orihime —completó la frase la pelirroja, sonriéndole. La morena le dedicó una tímida sonrisa.
Las horas habían pasado y Rukia había perdido la cuenta ya en esos momentos. Sólo sabía que le dolía la espalda y el trasero. Inoue no dejaba de hablar. Hablaba, y hablaba, y hablaba… y HABLABA. Sin parar. Así de simple. Lo más extraño de todo era que Renji parecía estar interesado en las cosas que hablaba Inoue. La chica se veía inocente y chillona, pero era bastante inteligente. A esas alturas de la conversación la pelirroja contaba su vida sin temor y hablaba con Renji sobre las leyes y sus opiniones respecto al gobierno y al funcionamiento.
Cosas que en ese momento a Rukia se le hacían poco interesantes.
Estaba por anunciar que estaba cansada y que iría a casa, cuando de repente escuchó a Inoue mencionarlo.
Mencionarlo a él.
Rukia dirigió rápidamente la vista hacia Orihime y un sentimiento comenzó a crecer en ella. No sabía qué sentimiento. Era una mezcla entre miedo, rabia, tristeza y muchas cosas más.
—¿Disculpa? —preguntó la morena hacia la pelirroja. Inoue alzó una ceja y sonrió algo arrogante, aunque para Rukia y Renji la sonrisa tan sólo demostraba inocencia.
—Ichigo… Le comentaba a Renji que Ichigo, Ishida y yo una vez visitamos el museo por…
—Oh —interrumpió la morena al percatarse que no era nada serio. Pestañeó intentando sacar el pensamiento de él de su cabeza— Chicos, debo irme, es tarde.
—Te llevo a casa —anunció Renji sonriéndole y parándose de la mesa. La morena lo detuvo con la mano y le negó.
—No, no te preocupes, puedo caminar. Necesito un poco de aire. ¡Diviértanse!
Y antes que Renji pudiese negarse, reclamar y seguirla, salió del lugar como alma que lleva al diablo. Pudo ver la cara de confusión en Inoue y el rostro preocupado de Renji. Sin embargo, sabía que los dos seguirían con su charla normal y pronto se olvidarían. Y quién sabía, quizás hasta pudiesen enamorarse…
Rukia rió apenas el pensamiento se le cruzó por la mente. Renji jamás le hablaba sobre chicas. Nunca, desde que se conocieron. Y ella tampoco estaba interesaba en buscar un hombre. Siempre fue muy independiente y todo lo que quería ya lo tenía… Un hombre no le hacía falta en su vida. Renji jugaba muchas veces el papel de novio, el celoso, el preocupado, pero más que un "novio", Rukia lo veía más que un "hermano". Un gran e importante hermano.
Suspiró y caminó hacia su hogar, sin importarle si el local estaba lejos de allí o no. El nombre de Ichigo seguía resonando en su cabeza y no entendía el porqué.
«Quizás sólo es este lazo… » llevó una mano hacia su estómago nuevamente, dándose cuenta que en parte, le gustaba la idea de tener a un ser que la animara y le sonriera todos los días.
~o~
Cinco de la tarde en punto.
Cindo de la tarde en punto.
17.00 PM.
Rukia suspiró pesadamente. Se encontraba frente a la puerta de su departamento, con una mano en la manilla y con la otra apretando parte de su blusa. No había dormido tranquila, no había almorzado tranquila, ni siquiera había ido con tranquilidad al baño. Había leído alrededor de trece veces la tarjeta y la dirección del lugar. El "hospital" estaba más o menos alejado de su departamento y, aunque se prometió salir temprano para acabar con todo rápidamente, allí se encontraba. Con la hora encima. Con la hora en punto. Y ella aún no salía del departamento.
Preparada mentalmente —o al menos eso quería creer— abrió la puerta con fuerzas con la única intención de salir sin mirar para atrás.
Pero algo la detuvo.
Algo grande.
Algo aterrador.
Algo que respiraba agitadamente y sin control.
Sus ojos se abrieron abruptamente al notar a un acelerado y transpirado Ichigo Kurosaki frente a ella, casi molido y sin aire.
—¿Qué… —quiso preguntar al notarlo, aún sin poder creerlo. Sus palabras se quedaron estancadas apenas los ojos de Ichigo se clavaron en los de ella. Y antes que pudiese completar su frase, el hombre gritó, con fuerzas.
—¡¿Dime que no lo has hecho? —emitió desesperado.
Rukia no sabía si era una pregunta o una expectativa. Aunque la oración sonaba a las dos. No le contestó nada, se quedó en silencio al verlo tan… ¿Indefenso? ¿Alterado? Ella no lo podía creer. Tampoco podía creer cómo rayos la había encontrado. ¡En su PROPIO apartamento!
—¡Dime que no lo hiciste, Rukia, dímelo! —volvió a gritarle. Avanzó unos pasos hacia ella, Rukia quiso retroceder pero sus piernas estaban inmóviles. El pelirrojo la tomó por los hombros y comenzó a sacudirla sin delicadeza alguna, murmurando palabras que ella no alcanzó a escuchar— ¡Rukia, contesta! —ordenó autoritariamente.
Como si de un golpe se tratara, Kuchiki despertó de su casi-trance y soltó el agarre de Ichigo. Frunció el ceño y junto toda su energía para gritarle groserías al chico que no había tenido el más mínimo tacto con ella. Sin embargo, el pelirrojo caminó nuevamente hacia ella, esta vez, la morena retrocedió rápidamente.
Kurosaki se encontraba adentro de su apartamento, la puerta estaba abierta y ambos se miraban desafiantes.
—¡Dímelo! —repitió él.
—¡¿Qué? ¡¿Qué quieres que te diga, Ichigo? —preguntó la morena con sarcasmo. Sabía lo que él le estaba pidiendo, pero no se lo iba a decir. No después del acto cobarde que había cometido, él y ella. Los dos.
—¡¿Abortaste? —dijo Ichigo, tratando de calmar su respiración.
—¿Tanto te importa ahora, Ichigo? ¡Que yo recuerde no te importaba el otro día que fui y te comenté! —expresó enojada la chica. Una ola de calor comenzó a apoderarse de ella al recordar la maldita escena. Sentía como la sangre le comenzaba a hervir y cómo sus mejillas comenzaban a arder debido a la rabia que sentía en ese momento.
—¡Ahora me interesa! ¡No lo hiciste, dime que no! —gritó Ichigo, avanzando más y más hacia ella.
—No te acerques más, Ichigo. Es una maldita advertencia. ¡NO te acerques a mí! —lo apuntó, mientras retrocedía lentamente. El joven rechinó los dientes y asintió lentamente.
—Bien. Pero dime que no lo hiciste. Dímelo —habló más calmado.
—No te incumbe. Ahora vete. ¡Vete! —repitió tratando de retener la ira que crecía en ella.
—¡No me iré hasta que me digas, Rukia! ¡Es mi hijo!
—¡NO! —negó— ¡No lo es! ¿Qué clase de padre sería capaz de aceptar un aborto? —dijo con sarcasmo— ¡Qué clase de padre dejaría sola a la madre para que cargase con toda la mierda que se venía! Que yo sepa no fuiste el único afectado con todo esto, Ichigo. Yo también estoy sufriendo —pausó. El chico la miraba en silencio— ¿Crees que para mí es fácil? ¿De verdad lo crees? ¡Estoy sola Ichigo! ¡SOLA! —anunció caminando hacia él, sin percatarse que sus acciones comenzaban a fluir por sí solas al igual que sus palabras.
Llegó hasta al chico y lo miró fijamente.
—¿Crees que yo estoy feliz con que mi vida haya cambiado de la noche a la mañana? —chilló. Mordió su labio inferior tratando de retener las palabras una vez estuvo lo suficientemente cerca del muchacho.
—No. No lo es y lo sé —confesó el pelirrojo, dejando a Rukia en silencio.
—No entiendo porque no me dijiste nada, Ichigo. No lo entiendo… Yo quería apoyo, aunque estaba segura que estaba pidiendo algo imposible. ¿Quién eres? —preguntó— No te conozco, eres un extraño para mí, pero aún así sentí la confianza de buscar apoyo en ti… —mencionó, sorprendiéndose de sus mismas palabras— Simplemente no lo entiendo, no te entiendo, no me entiendo... —susurró cerrando los ojos.
—¿Quién soy? —repitió la pregunta— Soy el padre de tu hijo.
Sentenció él.
Rukia lo miró estupefacta.
HOLAAAA DE NUEVO, jsdbnvlsdkf. Ok, lo sé, no fue tan bueno el capítulo, ¿verdad?
Primero: Lo siento Inoue fans, sé que la haré ver mal en el fic, pero tranquilos, es para darle más emoción a la trama :DDDD
Segundo: Más adelante se explicará por completo el tema de Byakuya y Renji, pero de todas formas lo dejaré más claro: Byakuya es un ABOGADO muy importante en la ciudad, uno de los mejores, viaja mucho, etc. Renji egresó de la Universidad y se estaba "entrenando/estudiando" para ingresar a trabajar con Byakuya, obviamente bajo su tutela y aprendiendo de él, ya que es el mejor. Así es la cosa. Es ficción después de todo (:
Tercero: NUNCA imaginé que recibiría tantos reviews en cuatro capítulos ni mucho menos que gente me enviaría reviews aún cuando no había actualizado en meses. wow, GRACIAS GENTE(LLL). No pude contestar rr porque el tiempo me escasea pero los/las mencionaré aquí~~
Sakura-Jeka, Kasumi15, metitus, Rinmy Uchiha, May, Basi, HOTARUSATURNBLACK, ichirukistasediielove, Violet strawberry, darisu-chan, kaoru240, Akemi227-chan, ShinigamiJazzDark89, chik-yinyang, Yukime-sama, giby-chan, elenita-chan, Ale-chan227, my194, PaperMoon-IR, mitsuri sorame, IcHiRuKi AnD sASuSAKu GiRl, Rukia Kurosaki-Chan, Umee-chan, Dokusho, Samy, ruki, Koral Kurosaki, Albii-chan.
¡Muchas gracias a todos ellos! Twin, me debes un review~~ -w-
En fin, espero no decepcionar y nos leemos, luego, lo prometo (:
