El famoso y esperado reencuentro ^^

En un primer momento quise hacerlo más largo y cortarlo más adelante, pero la descripción de los sentimientos y pensamientos de cada uno han hecho que me quede bastante decente, de modo que lo corto aquí.

En mi opinión, no es un capítulo demasiado impactante, no tanto como lo será el siguiente, aunque suceden varias cosas que creo que dejan claro el punto de vista de cada uno.

Para Abi MalfoyPotter Black, aunque pensaba dedicarte el siguiente, por los sucesos que hay en él (:P), te dedico este también, porque me has caído bien, me haces reír con tus comentarios y me animas a seguir escribiendo :) Gracias, gracias, gracias!

Disfrutaad!

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Bill llegó a casa tras haber socorrido a Percy de un apuro en el ministerio, hacía dos semanas que él y Fleur habían regresado de Athina, dos semanas que habían empleado para a mudanza a la casa en Londres que les habían regalado los Delacour como regalo de boda.

Ahora todo estaba en su sitio, todo estaba listo para mostrar al público, pero no por ello se sentía más feliz. El por qué no lo dejaba con Fleur era todo un misterio incluso para él, tal vez porque aún tenía esperanzas de enamorarse de ella, o porque le sabía mal dejarla sólo un mes después de su boda…

- Buenas tagdes, cagiño – saludó Fleur desde la cocina.

- Buenas tardes – repuso Bill mientras se quitaba la cazadora y la colocaba en el perchero.

- ¿Qué tal en el ministegio?

- Bien, una cuenta bancaria de Egipto había sido extraviada y yo…

- ¿Alguna noticia sobgre Mogtífagos?

- Nada nuevo – respondió Bill poniéndose serio -. Han escapado…

- He invitado a cenag a Gon y Hegmione – interrumpió ella.

A Bill le dio un vuelco al corazón. Hermione… no había sabido de ella desde que había vuelto de Grecia, y aunque estaba deseando verla, no había hecho nada para adelantar el suceso, temeroso de verla enamorada de su hermano menor.

- ¿Qué ocugge, Bill? – inquirió Fleur acercándose a él con expresión preocupada - ¿No tienes ganas de veg a tu hegmano y Hegmione?

- Cl-claro – repuso entrecortadamente.

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Hermione había tenido un dilema durante aquel tiempo. No había permitido que Ron volviera a ponerle la mano encima, poniendo como excusa el cansancio o dolores de estómago. Aunque aquello no era del todo mentira, su proceso de bebé le provocaba arcadas cada poco tiempo, acompañados siempre de vómitos.

Pero el dilema no era aquel.

En un primer momento, Hermione había pensado en dejar a Ron en cuanto tuvieran relaciones. Pero no se había sentido capaz de hacerlo, durante unos días trató de convencerse a sí misma de que era porque realmente sentía amor por Ron, pero no tardó en darse cuenta de que la verdadera razón por la que no lo dejaba con él era porque estar con Ron le permitía ver a Bill.

Pero sabía que Bill llevaba dos semanas en Londres y aún no lo había visto, su temor aumentaba cuando pensaba en la posibilidad de que se hubiera podido enamorar de Fleur, tal vez él no quería verla… tal vez estar con Ron no merecía la pena si no podía ver a Bill.

En el transcurso de aquellos pensamientos, una lechuza se golpeó contra la ventana de la cocina, provocando que la señora Granger se sobresaltara.

- Cariño, ¿no hay un mejor método de comunicarse que una lechuza suicida? – preguntó a su hija.

- Tranquila, mamá – sonrió Hermione -, es Pigwidgeon.

La Gryffindor corrió hasta la ventana y la abrió para que la pequeña y torpe lechuza marrón penetrara en el interior de la cocina. Arrancó de sus patas una carta y le dio un par de dulces como recompensar por el viaje.

"Fleur y Bill nos han invitado a cenar a su nueva casa, pasaré por ti a las ocho, ¿te parece?

Un beso.

Ronald Weasley"

Hermione leyó la carta un par de veces y comenzó a hiperventilar sin apenas ser consciente de ello.

- Hermione, ¿estás bien? – le preguntó su madre asustada.

Ella la miró sin cambiar la expresión de la cara, no sabía cómo sentirse. Tal vez feliz porque Bill quisiera verla, tal vez asustada de lo que podría encontrarse, tal vez… tal vez…

- S… sí – logró responder antes de salir corriendo hasta su dormitorio.

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- ¿Estás bien? – le preguntó Ron a Hermione cuando se encontraban frente a la puerta de la casa de Bill y Fleur.

- Sí – murmuró ella -, sólo me duele un poco la tripa.

Lo había decidido, dejaría a Ron tras haber visto por última vez a Bill, no estaba segura de cómo reaccionaría si Bill aún la amaba, pero no quería seguir engañando a Ron, quería dejar de lado las mentiras y los secretos y empezar de cero, con su bebé… aunque tuviera que hacerlo sola.

Tocaron el timbre y Fleur abrió la puerta a los pocos segundos.

- ¡Hola, chicos! – saludó abrazándolos con entusiasmo.

- Hola, Fleur – repuso Ron con una sonrisa - . ¿Y Bill?

- Ha tenido que salig un momento- contestó Fleur, a lo que Hermione suspiró aliviada -, llegagá de un momento a otgo. Pasad, aún estaba cocinando.

La primogénita de los Delacour mostró su nueva casa a sus invitados con un orgullo mal disimulado, y no era para menos, pues la casa era enorme. Constaba de tres pisos: el hall; el segundo piso, en el que se encontraban todas las habitaciones y algún baño; y el bajo, en el que había una cocina gigantesca y una sala de juegos. Los fuertes olores de la cocina en la que Fleur estaba preparando la comida provocaron arcadas en Hermione, la cual se disculpó y salió corriendo hacia el baño del segundo piso.

- ¿Qué le ocugge? – preguntó Fleur a Ron cuando Hermione se hallaba en el baño.

- Lleva un par de días mal del estómago.

- Voy a veg si necesita algo, vigílame la pasta, Gonald.

Fleur recorrió la casa hasta llegar al baño, oyó vomitar a Hermione y no quiso irrumpir, por lo que permaneció al otro lado de la puerta entrecerrada. No le gustaba espiar pero la curiosidad pudo con ella y asomó un ojo por la pequeña rendija de la puerta, lo suficiente para ver a su cuñada arrodillada frente a la taza del retrete, tocándose el vientre de forma cariñosa.

Sonrió automáticamente y se alejó del lugar dando pequeños saltitos. Había descubierto el secreto de Hermione, un secreto que ni siquiera Ron sabía. Y, aunque no fuera de su incumbencia, se moría de ganas por contárselo a todo el mundo.

Cuando Hermione bajó a la primera planta, tras haber vomitado, se encontró a Ron abrazando a su hermano mayor y a Fleur observándola con una expresión que no supo comprender. Pero no le importó, porque Bill clavó sus ojos en ella por encima de los hombros de Ron, y aquella mirada la abdujo hasta tal punto de olvidarse de todo lo demás.

Fue un misterio cómo logró bajar el resto de escaleras para colocarse frente a Bill, en cuyo rostro habitaba una sonrisa de cortesía. El tiempo se detuvo unos instantes, los suficientes como para que ambos corazones dieran un vuelco, como para que sus piernas temblaran hasta la saciedad.

- Hola – saludó el Weasley en un susurro.

- Hola, Bill.

El Weasley creyó desfallecer cuando escuchó su nombre en los labios de Hermione, como tantas otras veces había ocurrido. Aquel insignificante hecho le dio certezas de que jamás podría sentir nada por Fleur, porque aquella castaña, novia de su hermano, le había robado el corazón, le gustara o no.

Se sentaron a comer en la mesa del salón que Fleur había decorado explícitamente para aquella velada, las furtivas y secretas miradas se colaban entre el campo de visión de Bill y Hermione, creando una tensión que nadie más que ellos veía.

Fleur estaba inquieta, más bien ansiosa por sacar a la luz lo que había visto en su cuarto de baño. Quería ser el centro de atención por unos instantes, a veces, le daba la sensación de que, cuando Hermione estaba cerca, Bill la ignoraba. Aunque podía entenderlo, la Gryffindor era amiga de su marido, una muy buena amiga, compartían gustos y conocimientos…

Pero a Fleur no le gustaba que, por ese simple hecho, a ella tuviera que ignorarla. De modo que, mientras los cuatro integrantes de la mesa comían tranquilamente, no pudo evitar preguntar llena de entusiasmo y con algo de malicia:

- ¿Cómo es que no nos habías dicho que estás embagazada, Hegmione?

Ron escupió los espaguetis que acababa de llevarse a la boca de puro asombro; Bill tosió de forma violenta ante tal comentario; y Hermione la miró con los ojos como platos, su sangre se apilaba en las mejillas con una rapidez asombrosa.

- ¿Qué estás diciendo, Fleur? – inquirió Bill al cabo de un silencio.

- Lo siento, Hegmione – se disculpó ella -, sé que ega cosa tuya deciglo, pego no he podido evitaglo cuando te he visto vomitag en el baño…

El silencio volvió a reinar en el salón. Hermione bajó la cabeza ante la mirada expectante de los presentes, aún no había pensado cómo llevaría el tema de su embarazo, ni si le contaría a Bill la verdad, o a Ron una mentira… Pero Fleur había destapado el asunto, demasiado pronto para lo que a ella misma le hubiera gustado, se vio en una encrucijada, y lo único que pudo hacer fue levantar brevemente la vista para ver la reacción de Bill.

Él la observaba con los ojos como platos, como seguramente Ron estaría haciendo también. Por un momento, Bill se sintió esperanzado porque aquel bebé fuera suyo; y aterrado por la reacción de Ron, ya que no había mantenido relaciones con Hermione, de modo que el hecho de que estuviera embarazada era una clara evidencia de que le había sido infiel.

- ¿Por qué no me habías dicho nada? – inquirió Ron a su lado.

Y el mundo de Bill se vino abajo con aquella pregunta, tras la cual Hermione volvió a bajar la mirada. Sólo imaginar a la mujer que amaba con su hermano le producía nauseas, era evidente que Hermione y él habían mantenido relaciones sexuales, de lo contrario era imposible que se hubiera formulado aquella pregunta.

- No… no sabía cómo decírtelo – respondió la Gryffindor en un susurro.

Ron estaba, cuanto menos, sorprendido. Aquello le había pillado tan de sorpresa como a Bill, la diferencia era que él no tenía dudas sobre su paternidad, ya que era ajeno a la relación secreta que habían mantenido Hermione y su hermano mayor. Si algo, se sentía orgulloso, no todos logran dejar embarazada a su mujer en su primera relación sexual… "vaya puntería, Ronald" pensaba con una sonrisa.

De pronto comenzó a meditar un poco la situación, mientras un sobrecogedor silencio inundaba la habitación. Tener un bebé… No estaba seguro de sentirse preparado para ello, se veía demasiado joven para aquella responsabilidad que daba un hijo. Dios Santo, ¡a penas tenían veintidós años! ¿Cómo era posible que se les hubiera ido de las manos aquella situación?

- ¿Piensas tenerlo? – preguntó Ron.

Hermione lo miró con los ojos como platos: nerviosa, avergonzada y totalmente furiosa.

- ¡Por supuesto que voy a tenerlo! ¿Cómo se te ha ocurrido pensar que no quiera tener a mi bebé? No me importa si no quieres hacerte cargo de él, yo lo cuidaré sola…

- No quería decir eso – se apresuró a decir Ron.

Bill observaba atónito la discusión de su hermano y Hermione, ¿cómo se le ocurría a Ron la sola idea de abortar, de no tener aquel maravilloso bebé? Dios sabía que él daría parte de su vida por tener una mezcla entre Hermione y él… ¿y Ron quería abortarlo?

- ¿Por qué no os quedáis a dormir? – preguntó de pronto Bill, atrayendo todas las miradas de los presentes – Es tarde ya y… con el tema de los Mortífagos no me gusta que vayáis por ahí a estas horas… ¿te parece bien, Fleur?

- Clago, cagiño.

- Decidido entonces – dijo Bill antes de que Hermione o Ron pudieran decidir por ellos mismos.

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Bueno, ¿qué os ha parecido? Yo creo que tiene su cosilla, ya que muestra la opinión de cada personaje sobre el embarazo, incluso los celos de Fleur porque Bill se lleve tan bien con ella.

El misterio es... ¿por qué quiere Bill que se queden a dormir? ¿qué hará Hermione con su embarazo? ¿Bill se enterará de que es él el padre? ¿qué harán con su relación cuando sepan que ninguno de los dos ha podido olvidar al otro?

Todo en el próximo capítulo, que subiré el viernes o sábado, ya que (como he repetido mil veces) estoy viviendo fuera.

Un beso!

PD. Abii! Te prometo que en el siguiente me explayaré :)