Nota: Este capítulo contiene un LEMON, que cada cual lo lea bajo su propia responsabilidad.
Aquí estoy de vuelta y, como lo prometido es deuda, aquí traigo el esperado capítulo :)
Me alegra leer vuestros reviews, porque son los que me animan a seguir con la historia, los que me aconsejan sobre cómo seguir y sugieren distintas posibilidades (las cuales tomo en cuenta ^^). Gracias a todos por el apoyo que estáis mostrando con esta historia, es realmente gratificante.
En especial quiero agradecer a aquellas personas que no tienen cuenta , ya que a las demás ya os he podido contestar, así que, allá vamos:
Kitara: Gracias por tus dos reviews, no contesté al primero porque se me olvidó (^.^), pero en verdad me encanta que, aun sin tener cuenta sigas esta historia :) si alguna vez te haces una cuenta y necesitas ayuda, no dudes en mandarme un privado (: Un beso!
Maria: Me alegro que te esté gustando la historia, y haberte viciado a la Hermandad de la Daga Negra, los amoo (L) Dios sabe que sí jajaja, Vishous y Rhage son mis amores platónicos... son tan... ¿vampiros? ¿perfectos? Sii, me encantann! :D Te digo lo mismo que a Kitara, si alguna vez te haces cuenta en , no dudes en preguntarme cualquier duda que tengas :) Un beso!
Ahora ya, para Abi, porque me encanta esa mujer! Porque me río muchísimo con esas parrafadas que escribe como reviews y adoro que haya otra Dori en el mundo 'LL. Espero haberme explayado lo suficiente como para que te guste, Abi :) Un beso gigante! Por cierto, como comprobarás más tarde, nada de Fleur-repelente y Ron-soy-un-plasta ^^ Sólo Bill-estoy-como-un-queso y Hermione, como a ti te gusta :D
Disfrutad!
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Aún no sabía por qué había invitado de aquella forma tan radical a Hermione y Ron a dormir. Tal vez era porque tenía una espina en el corazón, porque quería creer que aquel bebé que habitaba en el vientre de Hermione podía ser suyo, aunque la razón le dijera lo contrario.
Se cepilló los dientes y se tumbó en la cama junto a Fleur. Esta dejó de lado una revista de moda y se acercó a su marido con la intención de terminar aquella noche con algo de acción.
- Recuerda que tenemos invitados, Fleur.
- Hace mucho que no lo hacemos, amog… desde que estuvimos en Ggecia – ronroneó ella -. Oh, vamos, cagiño...
- No, Fleur, hoy no.
La aludida volteó los ojos y volvió a su posición anterior tras coger la revista del corazón. Bill se giró sobre sí mismo y contempló la sombra de la cama proyectada en la pared mientras imaginaba a Hermione y su hermano en la habitación contigua, haciendo Dios sabía qué.
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Hermione dormía cuando sintió una mano cubrirle los labios. Abrió los ojos de golpe y se topó con una sombra en la oscuridad, su primer impulso fue gritar cuando su vista se acostumbró a la oscuridad y pudo distinguir la elegante y rebelde figura de Bill a su lado.
El Weasley le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera y destapó la boca de Hermione.
- Me has dado un susto de muerte – reprochó ella lo más bajito que le permitieron las cuerdas vocales.
- Lo siento, todo el mundo está alterado por el tema de los Mortífagos, debería haberte despertado de otra forma – murmuró -. Pero no quiero que Ron se despierte. Sígueme.
La muchacha miró con ojos dubitativos a Bill, pero no dudó en seguirle a través de la casa, a sabiendas de que negarse a cualquier petición del primogénito de los Weasley era imposible. Al fin y al cabo, era su debilidad, ¿no?
Bill la condujo hasta el jardín, en el que se situaba una caseta para herramientas. Cerró la puerta con cuidado, murmurando segundos después el hechizo "Colloportus", tras el cual el cerrojo cedió y la puerta quedó atrancada. Bill se quedó apoyado contra la pared unos segundos, suspirando, mientras Hermione tomaba asiento en el sofá que (hasta hacía poco) habían tenido los Weasley en el sótano, en la Madriguera.
- Esto es complicado – murmuró Bill contra la pared, con los hombros tensos y las piernas flexionadas.
Hermione permanecía inmóvil en el sofá. Miles de pensamientos le cruzaban la mente pero no podía imaginarse aquella repentina ansiedad con la que Bill la había "secuestrado".
- Sé que… - Bill vaciló – Sé que no tengo ningún derecho a preguntarte esto, Hermione… pero necesito, necesito saber.
La Gryffindor asintió, ansiosa y temerosa por lo que Bill pudiera preguntar y por la respuesta que ella daría, la cual no tenía pensada.
- E-está claro que… bueno, Ronald y tú habéis… Joder, ya sabes a lo que me refiero – resopló cerrando los puños, girándose para tenerla de frente -. Pero… quería saber si hay alguna… posibilidad de que el bebé que llevas en el vientre sea… sea mío.
Ella permaneció estática. Había esperado aquella pregunta, pero no la forma en la que Bill lo había preguntado. La ansiedad y la preocupación estaban escritas en su rostro, tenía el ceño levemente fruncido y arrugas en la frente que remarcaban su sufrimiento.
Sin previo aviso, las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Hermione. ¿Qué se había creído? ¿De verdad era tan ilusa de pensar que Bill aceptaría que el bebé era suyo y accedería a cuidarlo, convirtiendo sus infidelidades en un final feliz? Estaba claro que el rostro del Weasley mostraba preocupación, ansiedad… Hermione veía claro que Bill no quería ser el padre de aquel niño. Y, en ese preciso momento, el mundo se desmoronó a su alrededor, perdiendo el poco sentido que había tratado de darle, perdiendo la poca esperanza que le quedaba.
Bill observó abatido cómo Hermione se cubría el rostro con las manos y movía los hombros con frecuencia, llorando. Se pegó un manotazo en la cabeza y comenzó a dar vueltas por la estancia. ¡Qué estúpido había sido!
- Perdóname Hermione – se disculpó antes de que ella pudiera mentir respecto a la paternidad de su bebé -. Soy un gilipollas por haberme atrevido a preguntarte semejante cosa… Está, está claro que el bebé es de Ron, ¡Cómo no iba a serlo si habéis…! ¡Joder! Hermione, perdóname… Yo... Dios, p-por un momento creí que el bebé podía haber sido mío.
La muchacha hundió más la cabeza en sus manos y sollozó descontroladamente, Bill le estaba afirmando lo que ella había sospechado: no quería que el bebé fuera suyo.
- Sé que no tengo derecho de decirte esto ahora – murmuró Bill entre enfadado y desolado, sin dejar de caminar sin rumbo fijo por la caseta, ajeno a las reacciones de Hermione -, pero, en el momento en el que he llegado a pensar que ese bebé podía ser mío… Me he sentido completo. Sinceramente, me hubiera gustado ser el padre de ese bebé, eso me habría dado una… Una excusa para abrir los ojos y sacar adelante todo lo que llevo años queriendo hacer… Que es estar contigo…
A medida que aquellas palabras prohibidas iban saliendo de los labios de Bill, se sentía más ligero, más libre. Necesitaba desahogarse y había elegido justo aquel momento, y ya no podía parar, no quería parar.
- Cuando he pensado en la posibilidad… En ese instante en el que te has quedado en silencio… Me he sentido completo, Hermione, ¿entiendes? He sentido cómo la esperanza se abría paso por mi pecho… Porque quería que ese bebé fuera mío, porque quería tenerte a mi lado. Dios, soy un completo imbécil – se maldijo pegándose una bofetada -, es tarde para esto… Yo lo sé, vas a ser madre y Ron va a ser padre… ¡Oh, Ron va a ser padre! Y-yo me alegro mucho por vosotros… es-espero que todo os vaya bien…
Y tras aquellas palabras Bill se dirigió a la puerta. Hermione tardó varios segundos en reaccionar. Aquella había sido la declaración de amor más hermosa y extraña que había tenido en toda su vida, las lágrimas habían amainado en aquel instante, secadas por aquella perfecta confesión.
Su corazón comenzó a rebosar amor. Un amor único y especial, sólo para William Weasley.
- Bill – lo llamó antes de que deshiciera el hechizo para salir por la puerta, poniéndose en pie.
Él se giró maravillado por el sonido de su nombre en los labios de la mujer que amaba, la contempló ahí de pie, en camisón, con las manos en el vientre mientras que con la cabeza lo invitaba a acercarse. Un ángel, aquello era Hermione, un ángel caído del cielo.
Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, Hermione tomó una de las manos de Bill y la colocó sobre su vientre, sin dejar de mirarle a los ojos, con la más hermosa de sus sonrisas en el rostro. Bill observaba hipnotizado el vientre de la Gryffindor mientras juntos lo acariciaban, una perfecta estampa para un momento roto.
- Serás un buen padre – murmuró Hermione absorta en el rostro perfecto del Weasley.
Bill levantó la vista y se la quedó mirando fijamente. Fue justo en el instante después de que Hermione asintiera contestando a la pregunta mental cuando la abrazó con toda la delicadeza y el amor del mundo, bebiendo de ella, embriagándose de aquello que siempre había amado.
Loco de dulzura a besó en el cuello, tumbándola bajo él en el sofá con cuidado de no apoyar su peso en ella y su bebé. Su bebé… Sonaba tan bien… Hermione, más fuera de sí de lo normal, rodeó su cuello con los brazos y lo atrajo hacia sí para sentir su aliento más cerca, tan cerca como fuera posible. Permanecieron así durante unos minutos, observándose, sonriéndose, sintiéndose cerca pero, aquella vez, no tan lejos al mismo tiempo.
El momento en el que sus labios se rozaron para dar paso al más profundo y tierno de los besos fue el momento en el que comenzó el paraíso, la utopía de sus cuerpos, la infinidad del amor.
Bill subió con extrema delicadeza el camisón de Hermione hasta que logró quitárselo, mientras ella hacía lo suyo propio con el pijama del Weasley. Él comenzó a recorrer el cuerpo de Hermione con los labios, deteniéndose en el cuello, la nuez, los pechos y, sobretodo, el vientre. Comenzó a besarlo con infinita ternura, recorriéndolo con los dedos, admirándolo como el pintor que admira su gran obra de arte.
- Bill – lo llamó Hermione con una sonrisa en los labios.
- ¿Mmm? – preguntó sin levantar la vista, contemplando aquella pequeña maravilla de su mundo.
- Me haces cosquillas.
El Weasley sonrió pero continuó acariciando absorto el vientre de Hermione, imaginándose lo hermoso que sería su bebé…
- Bill.
- ¿Mmm?
- Te amo.
Levantó la vista asombrado por semejante declaración de amor tan directa. Sus ojos se entrecerraron de amo cuando la vio despeinada, desnuda y feliz para él, sólo para él. Se tumbó sobre ella una vez más y le besó el lóbulo de la oreja.
- Yo también, Hermione, yo también.
Y se abrazaron con fuerza, queriendo no separarse jamás. Inconscientemente, sus caderas comenzaron a avanzar y retroceder muy lentamente, movidos por el dulce momento. El miembro de Bill cobraba intensidad y la entrepierna de Hermione se humedecía con cada suave embestida, preparándolos para el momento adecuado.
Bill se incorporó y quitó con dulzura las bragas de pata de Hermione, dejándola completamente desnuda sólo para sus ojos. Ella no esperó lo propio y bajó los calzoncillos de Bill hasta dejarlos en el suelo, sonrió al ver su miembro, estático y duro sólo para ella. Se quedaron prendados de los ojos del otro durante unos segundos hasta que Bill se tumbó sobre Hermione con delicadeza. Ella abrió las piernas al máximo e incitó al Weasley a entrar en ella, oferta que no desaprovechó.
Un gemido salió de lo más profundo de sus gargantas cuando se hubieron unido, sintiéndose por fin completos. Los ronroneos quedaban ahogados por las paredes de la caseta, por el hechizo protector que llevaba, impidiendo que alguien los molestara.
Los avances y retrocesos fueron lentos y pasionales, acompañados siempre de suspiros y palabras de amor entrecortadas. Las uñas de Hermione se clavaron en la espalda de Bill al mismo tiempo que sus piernas se enroscaban en su cintura para permitir mayor profundidad en las envestidas. Y es que aquello no era mantener relaciones sexuales, aquello era hacer el amor. Porque ya no eran críos, ya no lo hacían por placer o diversión, no.
Tenían un bebé en camino, iban a ser padres, y se amaban. En aquel preciso momento no existía nada que pudiera salirles mal, se sentían los amos del mundo, los dueños del universo, porque estaban juntos. Y, entonces, todo era posible.
- Bill… - gimió Hermione loca de placer.
Como siempre, como nunca, aquellas cuatro simples letras provocaron en él el mayor de los frenesís y eyaculó, descargando dentro de Hermione su felicidad, su alivio, su esperanza, su amor, su cariño, su ternura…
Todo lo que, al fin y al cabo, siempre había sido de ella.
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¿Qué os ha parecido? A mi sinceramente, me encanta. Y no es porque sea yo la escritora, sino porque la confusión de Hermione ha dado un toque especial al capítulo (en mi opinión) y el LEMON es precioso, aunque sea específico, hacer el amor es hermoso :)
Espero que os haya gustado, ya sabéis que espero vuestra opinión :)
Gracias por los reviews que habéis dejado hasta ahora, y por los que dejaréis! xP
Un beso!
