Bueno, aquí me tenéis dando guerra de nuevo ^^

Por la presente os comunico que ya estoy en conexión con el mundo (gracias a un increíble y adorable y tiernoo portatil que amoo jajaj) así que trataré de subir más a menudo.

Un corto capítulo, en mi opinión sin nada del otro mundo... Últimamente no sé qué me pasa con la historia que no me termina de gustar lo que escribo... Enfin.

Disfrutad!

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Bill bajó al primer piso con una sonrisa en el rostro, tras meses de desconcierto y desolación, se sentía feliz al despertar. La noche anterior junto a Hermione había sido… Ni siquiera encontraba palabras para describirlo.

Se sumergió en la cocina y encontró a Fleur y a Ron charlando con un café humeante entre las manos, mientras los platos de la noche anterior se fregaban solos con algún hechizo impuesto por alguno de ellos.

- Buenos días – saludó alegre.

- Buenos días, quegido.

- Hola, Bill.

- ¿Y Hermione? – preguntó extrañado hechizando una taza de café en su mano.

- Aún no ha bajado – repuso Ron con indiferencia -, iba a subir ahora mismo a despertarla…

- No te preocupes – se apresuró a decir Bill -. Subiré yo, desayunad tranquilos.

Sorbió de trago su café, quemándose la lengua, lo hizo desaparecer y, acto seguido, subió las escaleras veloz pero tratando de no parecer ansioso. Tocó la puerta del dormitorio de invitados pero nadie contestó en su interior, extrañado giró el pomo de la puerta e irrumpió en el interior: Nada.

La preocupación crecía en su pecho a medida que observaba el dormitorio totalmente pulcro y ordenado. ¿Era posible que Hermione se hubiera marchado sin avisar? ¿Habría sido secuestrada por los Mortífagos?

Su corazón volvió a latir con normalidad cuando afinó el oído y escuchó correr el agua de la ducha del baño que tenía incorporado el dormitorio. Respiró aliviado antes de tocar la puerta.

- ¿Hermione? – preguntó vacilante.

- Pasa.

Bill penetró en el cuarto de baño y cerró la puerta tras de sí. El vapor producido por el agua provocaba que en la estancia hiciera calor. Y más calor sintió cuando la cabeza de Hermione se asomó con una sonrisa tras la cortina de la ducha.

- Buenos días.

Se acercó a ella y la besó con pasión. Hizo grandes esfuerzos por no imaginársela desnuda tras la estrecha cortina, pero su miembro respondió igual que si la hubiera visto.

- ¿Te queda mucho?

- A penas, ¿por qué?

- Ponte una toalla y sal – sonrió Bill -, a menos que quieras que te tome aquí mismo.

- ¿Y qué pasa si es lo que quiero? – preguntó juguetona.

- Que Fleur y Ron sospecharían si subo a buscarte y bajo a los tres cuartos de hora despeinado y encendido – respondió él sin perder la sonrisa.

- Ahora salgo.

Bill abandonó la estancia y se sentó sobre la cama tras haber hechizado la habitación para que nadie pudiera irrumpir en ella. Tenía que hacer grandes esfuerzos para no dejarse llevar por su miembro tenso y enloquecido y sus ganas locas de saltar sobre Hermione cual felino sobre su presa. Pero tenían que hablar, ambos lo sabían. De nada servía amarse hasta la saciedad cuando estaban con otra pareja, cuando estaban hiriendo a sus seres queridos. Debían hacer algo, algo que esperaban que fuera el comienzo de su felicidad.

Hermione salió del cuarto de baño con una toalla cubriéndole el cuerpo; el olor a limpio y su aspecto salvaje que le daba el pelo mojado terminaron por volver loco a Bill, que no se pudo controlar cuando Hermione se sentó a horcajadas sobre él.

La besó y la acarició por doquier, sin dejar ningún punto de su cuerpo sin besos ni caricias.

- Deberíamos hablar – murmuró Hermione mientras besaba y mordía el cuello de Bill.

- Sí, deberíamos – afirmó él mientras introducía sus manos en el interior de la toalla de Hermione, acariciándole los pechos.

Ella echó el cuello hacia atrás ante aquel roce fortuito, ronroneó como una auténtica gatita en celo y miró a Bill con el brillo de la excitación en los ojos.

- Uno rapidito – dijeron al unísono.

Y así, Hermione se deshizo de los pantalones de Bill e introdujo su miembro por debajo de la toalla, guiándolo hasta el interior de su ser. Se movieron con una compenetración perfecta, explotando los puntos erógenos de cada uno para un mayor placer. Fue normal, entonces, que en menos de quince minutos el éxtasis del orgasmo les llegara a ambos.

Respirando entrecortadamente Bill salió de ella y la abrazó con fuerza contra su pecho, acariciándole la nuca mientras Hermione aún jadeaba contra el hueco del cuello del Weasley.

- Tal vez debería volver a ducharme – bromeó con una pícara sonrisa.

Bill la olió y se quedó prendado del olor que emanaba Hermione: una mezcla entre sudor, excitación, limpieza y fresas…

- Me encanta cómo hueles – murmuró antes de besarla fugazmente.

- ¿Qué vamos a hacer ahora? – preguntó entonces Hermione, sentándose a su lado, poniéndose seria de pronto.

- Yo quiero estar contigo, Hermione. Ya no me importa a quién tenga que hacer daño, creo que ya hemos aguantado bastante.

Ella le acarició la mejilla con dulzura.

- Yo también quiero estar contigo, Bill. Pero tenemos que pensar qué hacer con Fleur… Y con Ron, sobretodo ahora que cree que va a ser padre.

Bill permaneció estático, miró el vientre de Hermione como si de un tesoro se tratase y comenzó a acariciarlo. Ella tenía razón, no podían seguir fingiendo que ese bebé era de Ron, porque era suyo, y Hermione también era suya… Jamás se había sentido tan posesivo, tal vez jamás había sentido que nada le pertenecía con tanta intensidad.

El mayor de los Weasley frunció el ceño, pensativo. Se le ocurrían miles de formas distintas de hacer las cosas, pero todas eran complicadas. Por fin, encontró la que más racional le pareció, la que más sentido creía que podía tener.

- Dejaré a Fleur – afirmó concentrado en el vientre, mientras Hermione lo observaba con ternura y amor infinito -, y tú dejarás a Ron… Pero más adelante, cuando haya pasado un tiempo, para que no sospechen…

- ¿Y por qué no dejo yo a Ron antes? No puedo estar más con él, Bill – aseguró con los ojos brillantes a causa de las lágrimas -. No quiero volver a… No quiero volver a pasar por lo mismo…

Bill observó atento y desolado las lágrimas de Hermione caer pos sus mejillas, se imaginaba lo duro que había resultado para ella mantener relaciones con Ron, incluso a él mismo le costaba hacerlo con Fleur…

- ¿Por qué lo hiciste? – inquirió limpiándole las lágrimas.

- Porque era imposible quedarme embarazada de él si no lo hacíamos… Y tú estabas en Grecia con Fleur – sollozó abatida -, pensé que tal vez te hubieras olvidado de mí… ¡Tenía que hacer algo con mi vida!

Él lo entendía, claro que lo entendía, pero no podía dejar de sentir rabia por dentro ante semejante confesión, sólo imaginarse a su Hermione manteniendo relaciones con su hermano… Las facciones de su rostro se quebraron, aquella imagen le resultaba escalofriante.

- De todas formas, tienes razón – comentó ella.

- ¿Sobre qué?

- No puedo dejar a Ron todavía, si le dejo no encontraré la manera de estar contigo mientras estés con Fleur.

- Entonces, ¿qué hacemos?

- Deja a Fleur, y pasados unos meses, dejaré yo a Ron – informó pensativa -. Con el tiempo pensaremos qué hacer.

Bill sonrió y clavó en ella sus ojos enamorados. Valía la pena todo lo que hicieran sólo por tenerla cerca, y Hermione estaba dispuesta a arriesgar todo y más con tal de estar con el primogénito de los Weasley.

Ella lo besó con una intensidad escalofriante, loca de amor y pasión por el hombre de su vida. Al cabo de unos minutos de ternura, Bill bajó las escaleras y se dirigió al salón, donde Fleur y Ron charlaban animadamente.

- ¿Pogqué has tagdado tanto? – preguntó la francesa con curiosidad.

- He estado ordenando el dormitorio – mintió él.

- ¡Qué cielo, cagiño!

Hermione bajó al cabo de unos minutos, su rostro encendido podía confundirse con la típica rojez tras la ducha.

- Buenos días – saludó más alegre que nunca.

- ¡Vaya ducha que te has dado! – exclamó Ron poniéndose en pie – He llegado a pensar que te había pasado algo…

- Ron, estoy embarazada, no parapléjica.

El pequeño Weasley se acercó a su novia y la besó fugazmente justo antes de pasarle la mano por el vientre. Bill logró mirar hacia otro lado y controlar las ganas de abalanzarse sobre Ron y romperle el cuello por acariciar a su bebé.

- ¿Nos vamos? – inquirió Hermione incómoda con la situación.

- Claro.

- ¿No os quedáis a comeg?

- No gracias, Fleur – repuso la Gryffindor -. Tenemos muchas cosas que hacer y seguro que vosotros también.

Fleur se levantó para despedirlos, al igual que Bill, que permaneció un par de segundos más abrazando a Hermione, como si no quisiera dejarla ir.

- En cuanto tenga oportunidad iré a la Madriguera – susurró Hermione en su oído, produciéndole escalofríos.

- Espero que sea pronto, aún no te has ido y ya quiero estar contigo.

La Gryffindor sonrió separándose de Bill, a lo que él respondió con la más radiante de sus sonrisas.

- Nos vemos, hermano – se despidió Ron.

- Sí – masculló él -. Nos vemos.

Y así, Hermione y Ron abandonaron la estancia, con la imagen de una pareja feliz a los ojos del Weasley, con la imagen del hombre de su vida con otra a los ojos de Granger.

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¿Qué os ha parecido? Prometo que el próximo estará más cargado de emoción y contenidos que este... que me ha quedado bastante pobre -.-'

Un besoo!