Bueno, aquí estoy otra vez ^^

Como podéis comprobar, ya tengo portail, así que subiré los capítulos más rápido si puedo, si los trabajos y estudios no ocupan mi tiempo. Aunque, con lo que me gusta y relaja escribir, dudo que no saque tiempo para esto :)

Creo que este capítulo está bastante más trabajado que el anterior, que podría llamarse "de relleno".

Espero que os guste, disfrutad!

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Bill se frotó las sienes con los dedos antes de entrar en casa. Llevaba un par de días dándole vueltas al asunto de dejar a Fleur. Cada segundo estaba más convencido de ello, más convencido de que Hermione y él se merecían una tregua, una oportunidad para ser felices, juntos.

El problema era Fleur. No la veela en sí, sino el cómo dejarla. Le resultaba imposible encontrar una excusa decente para ello sin tener que decir toda la verdad. Tenía que encontrar las palabras exactas para tirar por tierra casi tres años de relación, tres años en los que él había sido feliz, o creía haberlo sido, porque cuando Hermione entró en su vida conoció la verdadera felicidad, lo que realmente era sentir amor. Y estaba convencido de que lo que Hermione le proporcionaba cada segundo que pasaba con ella, Fleur no podría dárselo. Y le daba pena, realmente le daba pena no poder amar a su actual mujer, porque ella se había portado maravillosamente bien con él, lo había dado todo por aquella relación destinada al fracaso... Pero no había sido suficiente.

Irrumpió en la casa tras haber realizado los hechizos previos para burlar la protección de la casa (toda seguridad era poca en aquellos tiempos difíciles, cuando los Mortífagos caminaban campantes por el mundo muggle y mágico, sin saber cuándo ni cómo atacarían la próxima vez).

- Buenos días - saludó Bill entrando en la cocina, en la que Fleur miraba desesperada un libro de cocina.

- Hola, cagiño. No entiendo cómo tu padge es capaz de cocinag sin magia - comentó frustrada con el libro -. Es imposible.

Bill sonrió y se dirigió al salón para echarse en el sofá y descansar. Fleur cocinaba comida muggle sólo porque a él le gustaba, porque en la Madriguera las costumbres e influencias muggles de Arthur habían llevado a que Molly cocinara sin magia, y a Bill le encantaba. El hecho de que la veela estuviera partiéndose la espalda para cocinarle conmovía al mayor de los Weasley hasta tal punto de volver a sentirse culpable por querer dejarla, porque aquella relación fuera infructuosa y sin futuro alguno.

Se desató los zapatos cansado y los tiró por el salón sin preocuparse por nada, se sentó en el sofá y colocó los pies sobre la mesa baja de cristal que había delante, dispuesto a echarse un sueñecito tras la dura jornada nocturna que lo había ocupado en el ministerio junto a Percy. Pero su tránsito entre la realidad y el sueño se vio interrumpido por un gruñido característico.

Bill abrió los ojos lentamente y se encontró a Fleur cruzada de brazos frente a él, con el enfado escrito en su rostro.

- ¿Qué cgrees que estás haciendo?

- ¿Dormir?

- William Agthug Weasley, llevo todo el día en casa, limpiando y cocinando paga ti y tú me lo pagas desogdenando mi labogioso tgrabajo, despgreciándolo hasta tal punto de dejag los zapatos llenos de baggo en la moqueta...

- Fleur, llevo todo el día trabajando - repuso molesto, comenzando a ponerse serio.

Bill se incorporó en el sofá, con un brillo especial en los ojos. Acababa de ver la luz del túnel, acababa de encontrar la forma de dejar a Fleur: una pelea. Le bastaba con enfadarla, con hacer que ella lo odiara para que fuera una ruptura rápida, cortando por lo sano. Era algo rastrero y sucio, lo sabía, pero no se le ocurría una forma mejor de hacer las cosas, de modo que se comportaría como peor sabía con tal de hacerla enfadar.

- No tendgías pog qué tgabajag, Bill - contestó Fleur, cuyo mal humor se iba mitigando -. Sabes que mis padgres tienen mucho dinego... Pueden mantenegnos...

El Weasley se vio en peligro. Tenía que hacer algo si quería que Fleur se enfadara, suspiró, se odiaría eternamente por decir lo que estaba a punto de decir... Pero le consoló saber que no tenía alternativa:

- Ése es el problema, Fleur, que tus padres nos lo dan todo - y se sintió rastrero con cada palabra, porque amaba a los Delacour, siempre habían sido una excelente familia que se había portado maravillosamente con él -. Yo no quiero quedarme todo el día en casa sin hacer nada, quiero moverme, trabajar, que todo lo que tenga lo haya conseguido por mis propios medios, no que me lo den todo hecho.

- ¿Paga qué vas a tgabajag si tenemos la opogtunidad de vivig como quegamos sin teneg que moveg un dedo?

- Tu forma de vivir y la mía son muy distintas, Fleur. Tú te has criado con la buena o no tan buena suerte de que todo lo que querías te lo han dado sin protestar, lo has tenido todo sin necesidad de hacer nada por tu cuenta. Yo no quiero eso, quiero poder presumir de que lo que tengo, lo poco que tengo, me lo he ganado a pulso, de que he trabajado para conseguirlo. Quiero viajar, aprender, llenarme de conocimiento para sentirme completo.

- ¡Tú y esa manía tuya de quegeg apgendeg! - estalló la veela - No me extgaña que Hegmione y tú os llevéis tan bien, sois los dos unos sabelotodo...

Error. Gran error. La sola mención de Hermione hirvió la sangre de las venas de Bill, una vez más tocando el tema de la sabiduría y el trabajo, sólo que esta vez no iba a quedarse callado, iba a soltar todo lo que llevaba años queriendo decir, todo lo que había guardado en su interior. Tal vez lo haría porque no podía más, o porque necesitaba hacerlo para enfadar a Fleur, el caso es que no sintió remordimientos.

- ¡No metas a nadie más en esto! - gritó levantándose - Esto es algo entre tú y yo, no entiendo cómo hemos podido estar juntos tanto tiempo siendo tan diferentes el uno del otro, tú y yo no tenemos nada que ver, Fleur. Estoy cansado de que creas que la vida no va más allá del dinero de tu familia y las revistas de moda, de que te burles de lo que yo amo y para mí es tan importante, como lo es el saber. Estoy cansado de tu superficialidad, de que no te interese saber qué pasa en el mundo, de que tu vida sea siempre de rosa sin tener que mover un sólo dedo...

- ¿Qué estás diciendo, Bill? - inquirió Fleur con un tono lastimero que terminó por enfurecer al mayor de los Weasley.

- ¡Que se acabó! Se acabó, Fleur. No puedo estar más contigo, necesito alguien que me comprenda, que me apoye, que tenga mis mismas aficiones, que comparta conmigo sueños y metas que alcanzar, no alguien totalmente opuesto a mí.

- ¿M-me estás dejando?

- Sí.

- ¡No puedes haceg eso! - gritó al tiempo que una lágrima se derramaba por su mejilla.

- Claro, claro que puedo. Vendré mañana a por mis cosas.

Y tras esto, Bill se desapareció.

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La Madriguera se encontraba bastante llena. Era por ello por lo que Molly adoraba los domingos, porque la mayoría de sus hijos la visitaban y lograban mitigar el profundo dolor que le producía la soledad, la partida de sus niños ahora maduros que salían de la protección de mamá para aventurarse en el mundo. Y, por supuesto, para mitigar el dolor que le producía la pérdida de Fred, la cual no lograba superar por mucho que insistiera.

Harry, Ginny, Ron y Hermione charlaban animadamente en la cocina, mientras Molly preparaba unos tentempiés. Ron había propuesto contar el embarazo de Hermione a la familia, a lo que ella se había negado rotundamente. No sabía qué haría más adelante, pero de momento no tenía pensado cómo actuar, por lo que necesitaba tiempo.

- Es demasiado pronto, Ron - le dijo cuando el Weasley hubo propuesto semejante locura -. Aún tenemos que asimilarlo.

De modo que, se limitaban a visitar la Madriguera. Hermione justificaba querer visitar a Molly, aunque ella bien sabía que esperaba con impaciencia el día en el que Bill apareciera para abrazarla y asegurarle que había dejado a Fleur. Pero llevaban cuatro días consecutivos yendo a la Madriguera y no había noticias de él.

No fue raro, entonces, que los presentes dieran un respingo cuando escucharon un estruendo ensornecedor y al instante siguiente vieron a Bill junto a ellos. Molly corrió hacia el mayor de sus hijos y lo abrazó con fuerza, aún asustada por la brusca aparición.

- ¿Qué ocurre, hijo? - preguntó - Normalmente sueles avisar cuando vienes de visita...

Bill tardó unos instantes en situarse en la Madriguera, no estaba acostumbrado a desaparecerse a tanta distancia de casa, lo que le producía mareos constantes y dolores de cabeza. Se frotó los ojos y observó la cocina y los cuatro invitados que lo miraban con el ceño fruncido y preocupación.

Clavó los ojos discretamente en Hermione antes de contestar:

- He dejado a Fleur.

Y la estancia se llenó de incomprensión por parte masculina, mientras que se llenó de suspiros por la femenina. Aunque estaba claro que Hermione suspiraba por un motivo mucho más aliviante que el de Molly y Ginny.

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¿Un poco rebuscada la forma en la que Bill deja a Fleur, no? Hay que entender que para terminar con tres años de relación hay que dar un buen motivo, y creo que el de Bill es bastante bueno y realista...

No sé, me gusta la cara que se le tiene que haber quedado a Fleur cuando Bill la ha dejado, porque no está acostumbrada a que no le concedan los caprichos... jiji soy mala, pero he intentado no dejar demasiado mal a Fleur, que no me caiga bien no significa que tenga que hacerle bashing xD

Espero que os haya gustado. A partir de ahora, serán capítulos Hermione-Bill, durante ese periodo de tiempo que tienen que esperar para que Hermione pueda dejar a Ron sin levantar sospechas y piensen qué van a hacer con sus vidas ^^

Un besoo!