Bill observaba nervioso cómo aquel hombre introducía la mano bajo la camiseta de Hermione. Ella lo miraba con ojos tranquilizadores pero Bill no podía dejar de desear meterle un buen puñetazo a ese cabrón que metía mano a la mujer de su vida. Hermione había insistido en aquello, quería hacer las cosas al método "tradicional", y Bill repetía en su mente (mientras aquel tipo acariciaba el vientre de la Gryffindor al tiempo untaba una crema) lo raros que eran aquellos muggles.
Hermione apretó la mano que tenía asida a Bill en cuanto el médico colocó un instrumento sobre la crema, lo que provocó que el Weasley se tensara, ¿qué coño le estaban haciendo a su futura mujer? Hermione lo miró y sonrió.
- Tranquilo, cariño – lo tranquilizó -. Estoy bien, sólo que está frío...
El doctor sonrió al posar su mirada en Bill.
- Es su primera vez, ¿verdad?
- Lo es – repuso Hermione por él, mirando a Bill con amor -. Es nuestro primer bebé...
El primogénito de los Weasley la observó y se relajó al instante, Hermione estaba tranquila, relajada y segura, él, como mínimo, debía encontrarse del mismo modo, por ella.
- Da un poco de miedo al principio – continuó el doctor moviendo el extraño objeto sobre el vientre de Hermione -, eso de ser padre, yo no tengo hijos pero recuerdo la primera vez que hice una ecografía...
Ser padre. Bill sonrió, consciente casi por primera vez de la verdad de aquellas palabras. Iba a ser padre, debía dejar de un lado las tonterías, centrarse, madurar, prepararse para guiar por el buen camino a su bebé... Pero aquella perspectiva no lo asustaba, al menos no como al resto de los hombres, no. Él tenía miedo de no ser el ejemplo de padre perfecto que pretendía ser, pero tener miedo a perder libertad y ganar responsabilidades no.
- ¿Veis esta parte de aquí? - inquirió el doctor señalando una pantalla.
Hermione asintió apretando dulcemente la mano de Bill, éste entrecerró los ojos para una mejor visión.
- Esto es la cabeza.
La pareja se miró a los ojos y sonrieron. Su bebé estaba ahí dentro, Hermione se emocionaba sólo de pensar que en su interior habitaba una vida, que un corazón latía con el de ella, que su vida ya no era sólo suya, pertenecía también a esa cabezita que se veía en la pantalla, al hombre que sujetaba su mano.
Y es que en aquellos momentos la magia ya no parecía tan alucinante como aquella situación, porque tener un hijo, una vida en su vientre... Eso sí que era magia.
Salieron de la consulta agarrados de la mano, conscientes de que los magos no acudían a médicos muggles, por lo que no se encontrarían con nadie que pudiera reconocerles. El silencio reinó en la travesía hasta unas calles anteriores a la casa de Hermione, no les hacía falta hablar para comunicarse, bastaba alguna mirada, un apretón de manos, cualquier gesto insignificante para decirse lo maravilloso que había resultado aquel día.
- Debería ir a la Madriguera – comentó Bill deteniéndose en un parque -. No sería bueno que tus padres nos vieran juntos...
Hermione lo sabía, no estaba preparada para la conversación que tendría a cabo con su familia si le vieran de la mano con Bill, pero no por ello se sentía más feliz de dejarlo atrás.
- Gracias por acompañarme.
- No tienes por qué dármelas – sonrió él acariciándole la mejilla -. Ha sido una gran experiencia, un día que jamás olvidaré...
- Al final no ha resultado ser para tanto, ¿eh?
- No, la verdad es que no. ¿Tendremos más?
- ¿Ecografías? - preguntó Hermione.
- Sí, ¿veremos más a nuestro bebé?
Ella sonrió.
- Claro, vendremos cada mes o dos meses, para ver cómo va creciendo, y de qué sexo es.
- Podríamos saber su sexo con un hechizo...
- No, Bill. Quiero hacer esto al método muggle, dejemos que sea una sorpresa, ¿te parece?
- Claro – sonrió -. Pero prométeme que me traerás a todas las ecografías.
- Lo prometo.
- Te amo.
- Y yo.
Bill se acercó a ella y la besó con amor, alegre de poder hacerlo sin temor de ser pillados, sin tener que ocultarse. Con docenas de personas caminando cerca suyo, viéndolos, ajenos al secreto que escondían.
- Ten cuidado, ¿necesitas que te dé dinero muggle para un taxi? - inquirió Bill.
- Tranquilo – lo calmó ella acariciándole el pecho -. Mi casa está a dos manzanas y es de día, no pasará nada...
- Lo sé, pero no me gusta dejarte sola...
- Ve a la Madriguera, anda – lo instó Hermione -. Mañana te veré.
Y con un fugaz beso ambos se despidieron para separar sus caminos.
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Bill llegó a la chimenea de la Madriguera utilizando los polvos flú. Por primera vez desde que tenía memoria, la casa estaba en silencio, sin niños ni adolescentes ni adultos paseando de un lado a otro.
Resultaba extraño no ver a Percy leyendo atolondrado en el sofá mientras Arthur miraba concentrado la televisión muggle en busca de información para su trabajo en el Ministerio de Magia. Y no oír el eco de la música proveniente de la habitación de los gemelos a todo volumen, ni Ron correteando de un lado a otro perseguido por un Charlie bromista que jugaba al pilla-pilla. También el hecho de no escuchar el sonido de cacharros fregándose mientras Molly tejía jerseys que regalaría en Navidad y Ginny hablando sola sujetando dos muñecas de porcelana en sus manos.
Sí, el tiempo avanzaba y la vida parecía habérseles estancado a la familia Weasley, al menos a una gran mayoría de ellos: Charlie estaba lejos, soltero y concentrado en su trabajo, pero al fin y al cabo, triste (Bill lo sabía, frecuentaba el uso de lechuzas para comunicarse con él todas las semanas); George totalmente afectado aún por la muerte de Fred (no había más que recordar el día de su cumpleaños); Ron, que aunque se mostrara feliz, aún no sabía la que se caía encima con el tema de Hermione; y él mismo, cuya vida se había detenido y giraba sin retorno en una espiral infinita.
En cuanto entró en su dormitorio se tumbó en la cama y observó el techo con gran interés, con la mente en otro mundo, pensando en todo y en nada al mismo tiempo. Sacó de su bolsillo fotos de las ecografías y comenzó a mirarlas con gozo, repasando con el dedo índice lo que se suponía que era la cabeza de su bebé.
De pronto, tocaron la puerta, y Bill se apresuró a esconder las fotografías en un cajón de su mesilla, nervioso.
- Adelante.
- ¿Bill? – se asomó la inconfundible cabeza de Ginny por la puerta - ¿Tienes un momento?
- Claro, pasa.
Ginny se adentró en la habitación algo ruborizada, tímida como nunca antes. Y aunque quiso que su delicadeza pasara desapercibida, Bill lo notó.
- ¿Ocurre algo?
- Me gustaría que habláramos – respondió ella sentándose en la cama, al lado de su hermano mayor, el hermano en el probablemente más confiaba -. Hace mucho que no me cuentas nada.
- Ya bueno… No hay mucho que contar.
De pronto se dio cuenta de que Ginny tenía razón. Anteriormente ella siempre había sido su confidente, la hermana con la que más contaba, con la que más se llevaba, la más racional, en la que más confiaba. Pero con sus respectivas parejas todo había cambiado, porque ella estaba enamorada de Harry y lo había sustituido, al igual que él lo había hecho en su momento por Fleur, y ahora por Hermione.
- ¿Cómo estás?
- Bien – repuso Bill -. Lo de Fleur ya está superado…
- Me alegro – lo interrumpió ella -. Y no porque no me cayera bien, aunque bien sabes que no la soportaba, sino porque no se te veía… enamorado.
Bill tragó saliva.
- Ah, ¿no?
- No, al menos no como al principio.
Un sobrecogedor silencio los rodeó. Ginny no sabía cómo contarle lo que ya sabía, y Bill no sabía a dónde quería llegar su hermana. Ginny suspiró.
- Sé que hay otra mujer en tu vida, también sé que no vas a contármelo por tus propios medios, y quiero que sepas que me duele que no confíes en mí. Tú hubieras sido al primero al que se lo habría contado.
Ginny se levantó, dispuesta a irse, cuando Bill reaccionó a sus palabras y la sujetó de un brazo, suplicándole con la mirada que se quedara.
- Gin, por favor… Es complicado – murmuró mirándola directamente.
Claro que le hubiera gustado poder contárselo a su hermana, claro que le hubiera gustado desahogarse con ella… Pero la situación era difícil, demasiado difícil para él, como para encima cargar a Ginny también.
- Tengo miedo – confesó con los ojos llorosos -. Tengo miedo de lo que siento por Hermione, porque no sé qué haría si lo nuestro se acabara, porque estoy traicionando a mi familia, a mi sangre, y me duele la reacción de los demás cuando se enteren. Tengo miedo por Ron, porque si se entera lo perderé, pero sino, sufrirá…
- Bill – lo interrumpió una vez más Ginny, se sentó a su lado de nuevo y le acarició la mejilla con cuidado -. Yo no te juzgo, me da pena Ron, es verdad, pero quiero tu felicidad, y creo que jamás has sido tan feliz como lo eres con Hermione. Os vi ayer, desde la ventana, fueron a penas unos segundos, pero podía ver el amor que había entre vosotros y eso es algo que no he visto nunca, ni por parte de Hermione ni por la tuya. Y si sois felices juntos, yo os digo que adelante, pero no hagáis sufrir más a Ron.
El primogénito de los Weasley la miró con los ojos como platos.
- ¿No estás enfadada? ¿No piensas que soy un ser horrible por hacerle eso a Ron? ¿No crees que debería dejar de meterme donde no me llaman que soy un caprichoso y un…?
- No. Porque yo te conozco, Bill. Y sé que jamás harías daño a Ron si se tratara sólo de un capricho. El bebé que espera Hermione… ¿es tuyo?
Bill se quedó tan sorprendido con la pregunta que no pudo contestar rápidamente.
- ¿Cómo sabes que está embarazada?
- Llámalo instinto femenino – respondió misteriosa -. Creo que mamá también lo sabe… ¿Lo sabe Ron?
- Sí, cree que es suyo.
- Pero es tuyo.
Se inclinó sobre la cama y sacó del cajón las fotografías de su bebé, los ojos de Ginny se llenaron de lágrimas de felicidad y sonrió.
- No sé lo que es – murmuró -. Pero está tan lleno de vida…
- Esto es la cabeza – explicó Bill señalando la foto -. Por aquí estaría su corazón.
- Es hermoso.
- Es mí bebé.
Ginny lo miró y lo abrazó con fuerza, feliz por su hermano.
- ¿Qué vais a hacer con Ron?
- No estamos muy seguros – respondió francamente, guardando en el cajón las fotos -. Creemos que lo mejor es que Hermione le deje y… no sé, tal vez irnos durante un tiempo lejos.
La pequeña Weasley sonrió.
- Sabes que, pase lo que pase, contáis con el apoyo incondicional de Harry y mío, ¿verdad?
- ¿Harry lo sabe?
- No, pero creo que debe saberlo, por Hermione. Ella debe necesitar alguien con quién desahogarse, y Harry es su mejor amigo… ¿Lo sabe alguien más?
- No.
- Entonces creo que a Hermione le hace falta.
Bill asintió, no se había dado cuenta de cuánto necesitaba contárselo a alguien hasta que había aparecido Ginny en su puerta. La presión de Hermione sería mucha más seguramente, por lo que le vendría de maravilla que alguien que conociera su secreto la apoyara.
- Gracias, Gin…
Las palabras del mayor de los Weasley quedaron amortizadas por el sonido ansioso de la puerta al abrirse. Un más que angustiado Ron irrumpió en la estancia nervioso, con el pelo alborotado y la respiración entrecortada.
- ¿Qué ocurre? – inquirió Bill alarmado.
- Han atacado a Hermione.
Ginny observó con preocupación el rostro de su hermano mayor y observó cómo en los ojos de Bill su mundo se había quebrado.
Notas de la autora: Sé que merezco la soga por haber tardado tanto. Pero todo tiene una explicación: entre entregas de trabajos, viajes a la universidad (a la cual tardo 1h y 10min en autobús tooodos los días), fiestas este fin de semana (el viernes fue mi cumpleaños, para los que no lo sabían ^^, mis 18! Sí, señor! :P) y poca inspiración, han dado el resultado de un parón en mis fics.
Pero no os alarméis, no pienso (ni muchísimo menos) dejar la historia. Sé que hay mucha gente que la sigue, y aunque últimamente me dé la sensación de que la historia no avanza demasiado, mientras haya gente que deje reviews, que ponga en favoritos o en alerts, continuaré escribiendo.
Además, debo añadir que se me ha ocurrido una fantástica idea para alargar la historia y darle un poco más de acción. Que viene siendo, lo que ha ocurrido en este capítulo: "- Han atacado a Hermione" Supongo que está bastante claro que han sido los Mortífagos, pero no sabemos qué consecuencias traerá su ataque para su relación con Bill, ni con Ron.
Prometo más en el próximo capítulo, aclararé cómo ha tenido lugar el ataque de Hermione, y qué le ha ocurrido. Aunque pido paciencia, porque no estoy segura de cuándo podré volver a subir (aparte de las razones que ya he dado, tengo 6 fics para continuar, y quiero y necesito tiempo para ellos también).
Así que nada, dadme vuestra opinión, y decidme sinceramente si creéis que la historia se está perdiendo, porque a veces es la sensación que me da :S
Un beso!
