Pido disculpas por haber tardado tanto en actualizar. Aunque debo añadir en mi defensa, que los exámenes se me echan encima, he tenido un bloqueo mental de ideas (se me ocurrió un final alternativo para Infieles, y he estado varias semanas dándole vueltas sobre qué hacer con el fic, finalmente, he decidido mantener la idea que tenía desde un principio), y las Navidades, han sido fructíferas y desesperantes al mismo tiempo. De todas formas, Infieles es la historia en la que más centrada estoy, calculo que aproximadamente tendrá unos 20 capítulos, así que podría decirse que estamos prácticamente en la fase final de la historia, aunque dependiendo de la inspiración y las ideas que tenga, veremos qué ocurrirá^^
Quiero agradecer especialmente a Kitara por sus reviews, porque ha sido fiel a la historia desde el primer momento, comentando siempre que ha podido a pesar de no tener cuenta en FF, y la verdad es que llevaba varios capítulos sin agradecerle su dedicación y reviews. Gracias, Kitara!
- Resulta algo ridículo – comentó Hermione entre risas antes de tomar un sorbo de su café -. Yo, prefecta de Hogwarts, matrícula de honor, notas brillantes… Abriéndome la cabeza con una tonta caída.
Los Weasley soltaron un par de carcajadas nerviosas ante sus comentarios. Cada integrante de la familia había sido cuidadosamente informado del estado en el que Hermione se encontraba, la versión que le habían contado el médico y sus padres era que sus frecuentes dolores de cabeza eran producto de su estúpida caída en un parque. Pero aquella versión distaba mucho de la realidad. Cada uno de ellos estaba al tanto de que Hermione había perdido parte de memoria en aquella supuesta caída, pero, por supuesto, aquel era un dato que ella no podía conocer.
Bill observaba la escena desde el comedor, apoyado con aire casual en la pared con unas gafas de sol cubriéndole los ojos.
Hacía días que no dormía bien, que lloraba suplicando a Merlín que Hermione recuperara la memoria pronto. Ya no le dolían los planes echados a perder, la hermosa oportunidad de fugarse lejos, donde nadie se interpusiera entre ellos. No, lo que verdaderamente le dolía era su rostro indiferente cuando le miraba, no observar aquel brillo de inteligencia en sus ojos, aquel brillo que lo había engatusado desde el primer día. Le dolía no poder decirle que el bebé que llevaba en su vientre era suyo, que, aunque no lo recordara, se habían amado con cada poro de su cuerpo, cada resquicio de su corazón.
Ron se disculpó sonriendo a su familia y se alejó de la cocina, con el rostro cansado y derrotado.
- Es imposible – murmuró apoyándose en la pared, junto a su hermano mayor -. Esta situación es imposible…
- Veo que no lo llevas muy bien – repuso Bill, ambos fuera del alcance de los ojos de sus familiares.
- ¿De verdad crees que fue una caída? ¿Crees que esos muggles que la encontraron pudieron hacerle algo?
Bill permaneció en silencio durante un periodo inmensurable de tiempo. No, claro que no creía que se tratara de una simple caída, claro que no consideraba a Hermione suficientemente torpe e insensata como para correr sabiendo que estaba embarazada y tropezarse con una estúpida piedra.
No, claro que no.
Pero, ¿qué iba a decirle? ¿Que creía que los Mortífagos tenían algo que ver, que si Hermione había corrido no había sido porque había visto una tienda en rebajas sino porque se había visto en peligro y había huido a pesar de las advertencias del médico de no hacer esfuerzos innecesarios?
- Sí, creo que fue una caída.
- ¿Y lo de los muggles?
- Ron, estamos hablando de Hermione Jane Granger, por favor, ¿de verdad te crees que se dejaría intimidar por cuatro muggles?
- No, la verdad es que no.
- Pues entonces tranquilo – aconsejó con un temple y calma que no sentía.
- Gracias, Bill.
Y, dicho aquello, Ron volvió a reunirse con la familia.
Bill se retiró a su dormitorio y se mantuvo mirando el techo tumbado boca arriba sobre su cama. No había sido consciente de sus pensamientos hasta el mismo momento en el que Ron le había preguntado aquello. Hermione no era una insensata que ponía en peligro la vida de su bebé corriendo sin ningún motivo, de modo, que tenía que haber una razón de peso para semejante acción, y la idea de los Mortífagos resultaba escalofriante, pero demasiado posible al mismo tiempo.
Definitivamente no podía quedarse de brazos cruzados esperando, tenía que enterarse de la verdad, y para ello, no le quedaba más remedio que hablar con Hermione.
__
El reloj mágico de los Weasley marcaba la madrugada, aunque aquello no parecía importar a Hermione, pues se veía incapaz de conciliar el sueño. Todo le estaba resultando demasiado extraño, demasiado irreal. No era estúpida, sabía que algo pasaba, que algo le ocultaban, y no el hecho de que sintiera que se había perdido parte de su vida no ayudaba demasiado.
¿Cómo podía no recordar su primera vez con Ron? ¿Cómo podía tener la sensación de que aquel vientre hinchado había aparecido de un día a otro? Si no hubiera sido porque todo a su alrededor parecía meramente normal, hubiera dicho que se había vuelto loca, que había perdido la memoria. Pero aquello era inconcebible, si hubiera perdido la memoria, ¿cómo recordaba a Ron? ¿Cómo podía recordar cada experiencia vivida en Hogwarts?
Incomprensible, ciertamente incomprensible.
- ¿No te ha aconsejado el médico dormir ocho horas? – inquirió una voz masculina desde las escaleras, distrayéndola de sus propios pensamientos.
Aquella era otra de las cosas que la aturdían. El primogénito Weasley, el rebelde pelirrojo al cual no conocía, pero que él la trataba como si llevaran años de amistad, aquel brillo en sus ojos marrones, esa intensidad con la que la miraba… Pero lo que más le costaba comprender, eran sus propias reacciones ante Bill.
Y es que no era normal que su corazón se desbocara cada vez que lo veía, que su respiración se volviera entrecortada cuando lo tenía cerca, que se quedara prácticamente sin palabras cada vez que pensaba en él.
Era como si su propio cuerpo le ofreciera pequeñas y detalladas pistas para comprender el caos que sentía en su interior.
- Sí, bueno, no podía dormir.
Bill se sentó junto a ella, sonriendo levemente, sin poder evitar maravillarse de su ignorante belleza. Su imagen le recordaba al día de su boda, cuando la vio salir del baño tras haber vomitado, mientras ella le suplicaba que la hiciera entender, cuando ni él mismo sabía qué estaba ocurriendo entre ellos.
Los recuerdos lo abrumaron, cerró los ojos y respiró lentamente, tratando de mantener el control.
- Ron me ha dicho que has estado en Egipto – comentó Hermione tratando de entablar algún tipo de conversación -. Debió de ser impresionante, ¿no?
- Efectivamente, conocí allí a Peter Willhok, no sé si lo conocerás – bromeó para sí mismo, sabiendo de sobra que era uno de los escritores favoritos de Hermione.
- ¿Bromeas? – inquirió ella emocionada - ¿Willhok?
- Sí, el mismo.
Bill sonrió, aquella conversación la habían mantenido antes, concretamente, el día que se conocieron. Era curioso a dónde te llevaba la vida: se conocieron, fueron los mejores amigos sobre el planeta tierra, se atrajeron, se encariñaron, se odiaron, se enamoraron. Y en aquel momento, un año y medio después de conocerse, se encontraban en la misma cocina de la misma casa manteniendo la misma conversación que entonces.
La diferencia era que habían pasado demasiadas cosas, demasiados sentimientos peligrosos, demasiadas noches de pasión secretas, un amor demasiado prohibido, demasiadas infidelidades, aunque Hermione no lo recordara.
De todas formas, fue divertido y agradable volver a mantener con Hermione todas aquellas conversaciones que ya habían tenido, sí, lo cierto era que se lo estaba pasando en grande, tanto, que ni siquiera recordó el verdadero motivo por el que le seguía el juego a Hermione, que consistía en averiguar si los Mortífagos tenían algo que ver con su 'torpe caída'.
- Toucheé – rió Bill ante un ingenioso comentario -. Frederic Mancini es el maestro de las novelas históricas, su novela 'Las lechuzas del amor' es fascinante…
- Es increíble cómo plasma los sentimientos de Daniela y Johnattan – corroboró Hermione con una sonrisa cómplice -, aunque a veces me parece un poco subrealista.
- ¿Por qué?
- Ella en Francia, él en Italia, manteniendo un apasionado amor mediante cartas enviadas por lechuzas… Es demasiado… cuento de hadas – completó orgullosa de haber encontrado la palabra correcta -. El amor no es así.
Bill arqueó las cejas.
- El amor es un cuento de hadas, Hermione. El libro de Mancini demuestra que la distancia y el tiempo son detalles sin importancia cuando dos personas realmente se aman. Ni en la peor de las circunstancias se deja de amar. Mientras ambas personas crean ciegamente en sus sentimientos y en los de su pareja, simplemente hay que armarse de valor y tirar adelante, aunque ello suponga su propia destrucción.
- Como en Romeo y Julieta – murmuró ella.
- Como en Romeo y Julieta.
Sus miradas se encontraron y, de pronto, quedaron suspendidas en el tiempo. El sol estaba prácticamente por salir, pues habían conversado durante horas, pero a ninguno de los dos parecía importarle demasiado aquel hecho.
Hermione sintió un sinnúmero de sensaciones cabalgando en su interior, en las que destacaba el miedo y una inexplicable emoción que resultaba incomprensible. Su cuerpo volvía a reaccionar de aquella forma tan brusca y radical, comenzó a hiperventilar cuando sintió a Bill acercarse a ella lentamente, pidiéndole permiso. Se escandalizó cuando se descubrió a sí misma acercándose a su vez, a pocos centímetros de lo que sería su primera infidelidad, o al menos, aquello era lo que ella creía.
Sus frentes se apoyaron una contra la otra, manteniendo sus labios a escasos milímetros. Ambos con los ojos cerrados, maravillándose y maldiciéndose por la infinidad de aquel simple contacto, disfrutando de la respiración y aliento del otro tan cerca que podía ser el suyo propio.
Bill acarició la mejilla de Hermione con una dulzura que la impresionó. Efectivamente, algo raro estaba sucediendo, Bill, el hermano mayor de los Weasley, estaba proporcionándole un cariño y una dulzura inimaginables teniendo en cuenta que se acaban de conocer. Resultaba extraño, pero al mismo tiempo agradable, que con aquel simple e insignificante gesto estuviera despertando en Hermione miles de sentimientos escondidos hasta el momento. Era poco corriente también, la hermosa sensación de peligro, de estar a un paso de la infidelidad, de saber que con moverse un par de milímetros, estaría cometiendo una locura.
Pero no se echó para atrás cuando Bill posó sus labios sobre los de ella, cuando sintió su lengua en su boca y sus manos recorrer suavemente su cabello, con demasiada normalidad, como si llevaran meses haciéndolo.
No fue aquel pensamiento el que hizo que Hermione se apartara con brusquedad, no. Fue aquel terrible dolor de cabeza que apareció de pronto, aquel torbellino de imágenes distorsionadas que la crucificó en cuanto sus lenguas entraron en contacto, confundiéndola, hiriéndola, como si su cuerpo se esforzara por hacerle recordar aquello que su mente no podía tolerar.
Y, con su rápida separación e intenso dolor de cabeza, la cordura apareció.
- Joder, joder, joder – se maldijo Hermione apartándose rudamente de Bill -. Lo siento, yo… Joder, lo siento.
Y, sin nada más que decir, corrió a las escaleras para dirigirse al dormitorio de su novio, con lágrimas bañadas en incomprensión y un no-arrepentimiento que la volvían loca.
Espero que haya sido de vuestro agrado. La verdad es que he tardado un par de horas en escribirlo, aunque el resultado en general me ha gustado bastante. El supuesto libro de Frederic Mancini (escritor inventado que, no sé si recordaréis, se había encontrado Bill en su luna de miel con Fleur) es inventado también, y aunque sea un mero detalle sin aparente importancia, creo que ha ofrecido a Bill la oportunidad de revelar su situación mediante la de otros personajes (:
Y nada más, botoncito verde y, ¡a opinar! ;)
