Awww, tenía la intención de que el capítulo abarcara muchas más cosas, pero al final me ha quedado largo (7 hojas de word, nada más y nada menos), así que he tenido que cortarlo aquí. La verdad es que me enrollo contando los sentimientos y pensamientos de todos ellos y al final prácticamente ni avanzo. Pero bueno, aquí está, he comenzado a escribir también el próximo capítulo, y prometo que será igual o más largo que este, que estará cargado de contenido y que no tendrá desperdicio :)
Sé que soy una petarda, pero tengo varias personas a las que dar las gracias:
Gracias a Pandora Killer por su ayuda, porque comenzé a escribir el capítulo ayer pero las musas me abandonaron a medio camino y me daba la sensación de que todo lo que escribía estaba mal. Así que más o menos dad las gracias a Pandora Killer porque probablemente sin su conversación vía msn ayer conmigo ahora este capítulo no estaría subido. Gracias por tu apoyo, tus consejos y tus ideas ^^
Gracias a lau_balikiliki porque me recuerda que también tengo que subir la historia a Potterfics, en la que sólo tengo subidos 9 o 10 capítulos porque tengo la cuenta algo abandonada ;)
Gracias también a Kitara, que siempre comenta a pesar de no tener cuenta y es algo que agradezco muchísimo :)
En general, gracias a todas esas personas que apoyan la historia, que dejan sus opiniones y críticas constructivas y me animan a seguir con ella. Incluso gracias a todas esas personas que a pesar de no dejar reviews ponen Infieles en sus favoritos o en alerts.
Ya está, se acabó el sermón ;) ¡A disfrutad!
Hermione despertó bruscamente de su pesadilla con el rostro bañado en sudor y una extraña y terrorífica intuición cruzándole el pecho. Lloró desesperada al sentir un punzante dolor en el estómago, como si la estuvieran torturando.
- ¿Qué pasa, Herms? – preguntó Ron despertándose de pronto, abrazándola.
Pero las palabras simplemente no llegaban a sus labios, el dolor que sentía en el pecho le impedía articular palabra, y de haber podido hablar, tampoco hubiera sabido qué decir, pues su agonía no tenía sentido alguno. Ron no insistió más y esperó paciente e intrigado mientras Hermione lloraba contra su pecho en silencio.
Cuando se hubo calmado, Ron yacía dormido a su lado, con leves ronquidos resonando en el dormitorio. Ella se levantó y caminó descalza hasta la cocina de La Madriguera para coger un vaso de agua. No estaba segura de qué había pasado, pero el presentimiento de que algo terrible había ocurrido no le abandonaba, permanecía constante en su corazón. Miró el cielo estrellado desde la ventana con sus manos acariciando inconscientemente su vientre hinchado y se preguntó por qué había sentido tanto dolor hacía unas horas, como si la estuvieran desgarrando por dentro, como si le arrancaran la piel a tiras.
Fue entonces cuando observó cómo una de las estrellas parecía precipitarse al suelo, Hermione contempló impactada aquel hecho hasta que advirtió que no se trataba de ninguna estrella, sino de la moto voladora de Hagrid. Extrañada y con el ceño fruncido, abrió la puerta de La Madriguera y corrió hacia un alterado Hagrid que sostenía un cuerpo entre sus brazos.
- Hagrid, ¿qué…? Oh, ¡por Merlín! – se cubrió Hermione la boca con las manos mientras observaba el cuerpo inerte de Bill.
Las lágrimas no tardaron en acudir a sus ojos presas del terror.
- Avisa a la familia – ordenó Hagrid mientras irrumpía en La Madriguera sin detenerse.
Hermione corrió tan rápido como sus piernas le permitían y subió los escalones de dos en dos sujetándose el vientre para despertar sobresaltada a la familia. Ron, Ginny, Molly y Arthur no tardaron en dirigirse al salón entre intrigados y alterados por los gritos y sollozos de Hermione, ver al primogénito de los Weasley yaciendo en el sofá con el rostro pálido, despeinado y bañado en sudor no ayudó a mejorar su estado de ánimo.
- ¡Mi niño! – gritó entre sollozos Molly al tiempo que abrazaba a Bill.
- Está inconsciente – murmuró Hagrid no sin cierto pesar.
- Llevémoslo arriba – sugirió Arthur apartando a su mujer.
Bill llevaba varios días sin dar señales de vida, una noche simplemente había abandonado La Madriguera sin tan siquiera despedirse. Molly había optado por creer que tal vez hubiera podido reconciliarse con Fleur, puesto que en su reloj familiar la manecilla de Bill jamás se había encontrado en la opción "En peligro", al menos no hasta aquella noche, al menos no que ella hubiera podido verlo.
Hermione continuaba con la vista clavada en la nada, asimilando lo que acababa de ver, lo que sus más terroríficas intuiciones le habían permitido adivinar. ¿Y si aquellas extraña sensación que la había inundado horas antes fuera porque Bill estaba en peligro? ¿Desde cuándo estaba tan ligada a él emocionalmente que incluso podía sentir su dolor? Negó con la cabeza inconscientemente, no, no podía ser. Conocía a Bill desde hacía un par de días, tal vez una semana, no podía haber establecido con él aquel vínculo en tan poco tiempo. Pero, entonces, ¿por qué a penas se había sorprendido cuando lo había visto? Sí, cierto era que su corazón se había encogido de angustia, pero en ningún momento se había sentido sorprendida, como si ella ya hubiera sabido que algo iba mal…
Entonces, ¿cómo podía desear con todas sus fuerzas subir al dormitorio de Bill y no separarse de él hasta que despertara? Suspiró enterrando la cabeza entre sus manos, últimamente las cosas no estaban bien, ella lo sentía, algo se lo decía, algo había ocurrido que había puesto su vida patas arriba, desde la caída en el parque. Sentía que algo no encajaba, que no estaba en su sitio, como si a su puzle le faltaran algunas piezas, piezas tal vez insignificantes, pero que necesitaba para darle sentido a su vida.
Ginny observaba las reacciones de su familia mordiendo aturdida su labio inferior, ella sabía que Bill iría a por los Mortífagos si éstos habían tenido algo que ver con el "accidente" de Hermione, pero había rezado a Merlín porque no los encontrara, porque abandonara su sed de venganza para regresar con su familia, para regresar junto a Hermione.
La palabra Mortífagos devolvió a la realidad a los Weasley que se encontraban en La Madriguera aquella noche.
- ¿Mortífagos? – repitió Arthur dejando a un lado sus pensamientos.
- Sí – asintió Hagrid -. He salido a pasear a Fluffly cuando he oído gritos y maldiciones por el Bosque Prohibido, cuando he llegado he encontrado a Bill inconsciente.
- ¿Cómo… cómo es posible…? – tartamudeó Molly, Arthur rodeó sus hombros con su brazo.
- Probablemente sean crucios – respondió Hagrid a la pregunta mental de la familia -. Está moribundo, inconsciente… Necesita descansar. Con suerte despertará en un par de días.
- Gracias, Hagrid – despidió Ron a su semi-gigante amigo -. Gracias por salvarle la vida.
- De nada, sólo lo encontré por casualidad. Cuando despierte, decidle de mi parte que espero que sepa lo que hace…
- ¿A qué te refieres? – inquirió Hermione, hablando por primera vez en toda la conversación.
- No creo que Bill estuviera allí por casualidad.
- ¿Por qué dices eso? – inquirió aquella vez Ginny con el corazón en un puño.
- Porque a unos metros de donde encontré a Bill, se encontraba el cadáver de Lucius Malfoy – repuso pensativo antes de marcharse.
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Hermione acariciaba la mano de Bill mientras observaba angustiada su rostro cansado. Llevaba veinticuatro horas inconsciente y ella se sentía extrañamente desesperada, toda la familia Weasley había regresado a La Madriguera en cuanto se habían enterado de lo ocurrido. Incluso Fleur había manifestado su preocupación y había prometido pasarse en un par de días, ya que la red flú se había convertido en un transporte inseguro y tendría que viajar usando los métodos muggles.
No sabía por qué, en cuanto a Hermione le nombraron a Fleur, una especie de repelencia le sacudió el pecho, algo que carecía totalmente de sentido, pues conocía a Fleur desde el Torneo de los Tres Magos y, sí, reconocía que no tenían nada en común, pero no por ello se le revolvía el estómago cada vez que alguien la mencionaba.
Suspiró.
De pronto, su mirada se clavó en uno de los cajones semi-abiertos de la mesilla de noche, el refulgir de una fotografía irradiaba de él gracias a la tenue luz que procedía de la lámpara sobre la mesa. Curiosa como pocos e intrigada como nadie, abrió el cajón y sostuvo con manos temblorosas la ecografía de su propio hijo, con lágrimas en los ojos y acariciándose inconscientemente el vientre.
Su cabeza daba vueltas, su mente parecía no encontrar conexión con su cuerpo, sentía una suave luz emanando de algún lado, una mano sujetando la suya con dulzura, pero no pudo identificar quién se encontraba a su lado. Abrir los ojos resultaba un suplicio, el pecho le dolía hasta límites insospechados, su cuerpo todavía parecía contraerse con el sólo recuerdo de los crucios enviados por aquella Mortífaga. Por Merlín, parecía tener una resaca terrible.
Poco a poco, los párpados de Bill cedieron a las órdenes impuestas por su cerebro y fueron abriéndose con lentitud, ajenos aún a la presencia a su lado, ajenos a todo, en general. Por un momento, mientras aquellos crucios recorrían hasta los más recónditos lugares de su cuerpo y se fusionaban con su mente, creyó que moriría, de hecho, recordaba haber reconocido que aquel mito de ver la vida pasar ante los ojos de una persona cuando está a punto de morir era cierto, porque él había revivido las escenas más importantes de su vida en lo que a él le parecieron horas. Desde su primer día en Hogwarts hasta su trabajo en Gringotts. Desde su primer beso inocente en la Sala Común de Gryffindor hasta su último y, en realidad, único amor: Hermione Granger.
Sí, recordaba haberse imaginado a sí mismo besándola por última vez, enviándole todo su amor desde el suelo del Bosque Prohibido, mientras era cruelmente torturado. Aunque en realidad, aquel envío sólo se había manifestado con dolor en el cuerpo de Hermione, pues en el momento en el que había mandado sus sentimientos a la muchacha, el cuerpo de Bill se encontraba en una situación crítica, lleno de aflicción y suplicio. No obstante, Bill no creía que su tormento (ni su amor) se hubieran transmitido a Hermione. Y realmente no podía estar más equivocado.
- ¿Bill? – inquirió ella cuando creyó ver parpadear al Weasley al tiempo que guardaba la ecografía y se enjugaba las lágrimas que salían despedidas de sus ojos - ¿Bill, me oyes?
Claro, claro que la oía, aquella voz de ángel se clavaba en sus oídos con dolor, por no saber si realmente estaba vivo o si se trataba de un sueño, del cielo, del paraíso previo a la muerte.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó queriendo estar seguro antes de hacerse falsas ilusiones.
- Mis padres están en una convención de dentistas y no querían dejarme sola en casa – explicó con el corazón en un puño, sintiéndose rechazada -. Yo… lo siento, sé que no debería estar en tu dormitorio, pero estaba preocupada por ti y no sé…
Bill sonrió al cerciorarse de que no se encontraba en ningún plano paralelo a la Tierra y cuando logró abrir los ojos y enfocar la vista comprobó que se encontraba en La Madriguera, en su dormitorio, y Hermione estaba a su lado, sujetándole la mano, sujetándose el vientre posiblemente sin darse cuenta de ello. Ella, su amante, su amor, su confidente, su amiga, su familia.
La abrazó con fuerza incorporándose de golpe y sufriendo las consecuencias del mareo por sus actos, respiró su aroma mientras sentía cómo ella lo abrazaba también, dejándose llevar por el momento.
- Creí que jamás volvería a verte… - murmuró en su oído con una tristeza inigualable.
- Todos estábamos preocupados – sonrío débilmente Hermione -. No sabía que estuvieras esperando un bebé… - dijo de pronto, luego cubrió sus labios con su mano al advertir la frase que acababa de dejar escapar.
Bill se apartó de ella lentamente, con el ceño fruncido y una expresión de confusión bañando su rostro.
- ¿Por qué fuiste tras los Mortífagos? – inquirió de pronto Hermione, tratando de desenfocar la frase anterior.
Por alguna razón, no se sentía preparada para la respuesta que Bill pudiera darle; por alguna razón, no estaba lista para escuchar las palabras de los labios de Bill; por alguna razón, temía que Bill corroborara lo que ella ya suponía, que Fleur esperaba un hijo suyo; por alguna razón, con aquel pensamiento Hermione cerró los puños; por alguna razón, sentía que algo se le escapaba.
Bill simplemente no podía articular palabra, por un momento había creído que Hermione había recuperado la memoria y había recordado toda su historia de amor, no obstante, su pequeña esperanza se vio truncada cuando observó los ojos marrones intensos de Hermione con ese vacío especial que la llenaba desde que perdió la memoria.
La Gryffindor río de forma nerviosa, rozando la histeria.
- Perdóname, soy una estúpida. A penas me conoces, ¿por qué ibas a contarme qué hacías tras los Mortífagos? – río una vez más -. Es absurdo…
Tal vez en algún otro momento Bill hubiera hecho caso a su conciencia y racionalidad, la cual gritaba que permaneciera en silencio, que no le contara a Hermione todo aquello que debía saber y que él, sin duda, deseaba fervientemente que supiera. Pero en aquel momento no supo si fue el recién esperado encuentro con la vida o fue la alegría de ver a Hermione junto a él, pero supo que tenía que contárselo, porque cuando estuvo a punto de morir, en algún lugar entre la vigilia y el purgatorio, fue ella la que realmente lo llenó de fuerzas para continuar luchando por su vida, fue ella la razón por la cual se apartó de aquella luz brillante que Merlín le mostraba. Y se arrepintió mortalmente de no haberse despedido como era debido, de que ella no lo recordara y cuando lo hiciera (si es que lo hacía) ya fuera demasiado tarde para aquel futuro compartido que planearon.
Por ello y por miles de razones más, respiró hondo y la cogió de la mano dulcemente.
- Hermione, tengo algo que contarte…
- Herms – interrumpió Ronald susurrando mientras abría la puerta del dormitorio de su hermano -, ¿vienes a la ca…? ¡Bill!
Ron se abalanzó como un crío de dos años hacia su hermano mayor y lo abrazó con fuerza, apartando a Hermione de su lado y prácticamente ahogándolo con la fuerza del abrazo.
Tanto él como Hermione maldijeron su entrada, a veces, Ron no podía ser más inoportuno.
- ¡Bill! ¡Gracias a Merlín! – exclamó contra su pecho - ¡Creíamos que no te recuperarías, que no te repondrías de los crucios, que no vivirías…!
- Sí, Ron, lo he entendido – cortó sin poder evitar que una sonrisa apareciera en sus labios.
- Ronald, ¿qué es todo ese escándalo? – inquirió Molly abriendo la puerta del dormitorio de Bill con cuidado - ¡Por Merlín, mi niño! – corrió la señora Weasley a los brazos de su hijo, sollozando de alegría - ¡Estás bien, oh… Merlín santo, estás vivo!
- Sí, mamá, lo estoy – sonrío Bill respondiendo a su abrazo.
- ¿Cómo se te ocurre desaparecer así? – le propinó Molly un suave golpe en la nuca - ¡Nunca vuelvas a hacerlo, ¿me oyes?! Ir en busca de Mortífagos sólo… Merlín, cualquiera diría que eres el más listo de la familia… ¿¡Qué se supone que estabas buscando, la muerte!? ¡No quiero perder a otro hijo más, ¿entendido?!
Molly no dejaba de sollozar mientras pronunciaba sus palabras, aunque ni ella misma sabía si lloraba de felicidad o tristeza, el caso era que Bill acababa de darse cuenta de que con sus actos había herido profundamente a Molly, se había comportado de forma egoísta y suicida. Por Merlín, Molly no podía perder a otro hijo más, ya había perdido a Fred y su muerte había significado un verdadero trauma para ella… Entonces clavó sus ojos en Hermione y supo que, a pesar de todo, había merecido la pena. Bill tenía que saber si los Mortífagos andaban detrás de la pérdida de memoria de Hermione, quería cobrar cada recuerdo que le habían robado, cada vivencia perdida, la sed de venganza había sido incontrolable.
De pronto, sintió que un incómodo silencio invadía su dormitorio, como si todos esperaran una respuesta de Bill a la pregunta que su madre había formulado. El Weasley observó a Hermione y supo que no podría decir la verdad por razones más que obvias, de modo que decidió improvisar sobre la marcha.
- Las cosas no fueron así, mamá.
- ¿Ah, no? ¿Entonces qué hacías en el Bosque Prohibido con Mortífagos atacándote? – la voz de Molly se quebraba con cada palabra pronunciada.
- Fui a… Hogwarts. Sí, eso es – sonrió tratando de sonar convincente -. Quería visitar el castillo y me adentré en el Bosque Prohibido para buscar un… una herradura de centauro para un trabajo de Hermione, ¿no es así?
Todas las miradas se clavaron a Hermione. Ella se sentía, cuanto menos, sorprendida por las palabras de Bill. No obstante, sabía que él mentía, que incluyéndola en la historia le estaba asegurando que no era verdad pero que ella tendría el privilegio de saber que fue exactamente lo que ocurrió, de modo que Hermione sonrió inocentemente y asintió.
- Así es.
- ¿Y por qué no nos dijiste nada, Herms? – inquirió Ron estupefacto.
- No me acordé.
Y un extraño silencio llenó el dormitorio, como si Hermione hubiera pronunciado las palabras mágicas, un silencio de entendimiento. Como si el no recordar algo tan importante estuviera justificado en su caso. Y el sentimiento de que algo no encajaba volvió a apoderarse de ella de forma contundente.
De pronto, Arthur, Ginny y el resto de la familia Weasley irrumpieron en la estancia con sonrisas de felicidad en sus rostros al comprobar que Bill se encontraba en buen estado. Los abrazos no tardaron en llegar, así como las sonrisas, las bromas (demasiado escasas para tratarse de George, en realidad), los besos y el alivio. Al cabo de un rato sintió un terrible vacío en el pecho, como si algo faltara en aquel ambiente de alegría y felicidad, miró por encima del hombro de Percy, el cual lo abrazaba con fervor, y descubrió que, efectivamente, Hermione ya no se encontraba en el dormitorio.
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Reposo. Era sencillo decirlo, pero complicado llevarlo a la práctica, más si teníamos en cuenta los hechos recientes. Molly hacía rato que le había subido la cena a su dormitorio y toda la familia había llevado su plato allí, incluida Hermione. Era curioso, porque no había sentido ni un triste remordimiento cruzar su mente cuando mintió a su familia, supuso con pesar que, al fin y al cabo, se había acostumbrado tanto a mentir durante aquellos meses que probablemente no se le notaría.
- Fui al Bosque Prohibido – había relatado Bill desde su cama mientras su familia lo observaba expectante -, me adentré más de lo debido, tal vez. De pronto, los hechizos comenzaron a volar por doquier, distinguí las capas de los Mortífagos a lo lejos y supe que había entrado en su "territorio de reunión".
- ¿Y cómo es que apareció el cadáver de Lucius? – inquirió Charlie, el cual acababa de llegar desde Rumanía alterado por la noticia.
- Realmente no lo sé. Todo pasó muy rápido – continuó improvisando bajo la atenta mirada de su familia -, los Mortífagos comenzaron a lanzar hechizos por doquier, supongo que alguno impactaría en Lucius sin querer…
Definitivamente, su versión era creíble, lo había comprobado cuando los Weasley asintieron comprendiendo la ficticia situación y continuaron comiendo mientras Percy le explicaba que, al parecer, Hagrid lo había encontrado antes de que lo mataran a base de maldiciones imperdonables.
Bill había optado por olvidarse del tema, las insistentes miradas de Ginny y Hermione lo aprisionaban, lo obligaban a agachar la cabeza y permanecer en silencio. En aquel momento se encontraba allí, en su dormitorio, esperando pacientemente (no, no era verdad, en realidad estaba impaciente) a que Hermione apareciera para poder contarle la verdad, esa verdad que con tanto cuidado y recelo había ocultado, esa verdad que se moría por contar.
De pronto contempló una figura pasar frente a la puerta entreabierta de su dormitorio, como vacilando ante la posibilidad de pasar o no. Tras unos segundos, la figura se alejó. Y a Bill no le hizo falta ver sus alborotados rizos y ese porte orgulloso para saber que se trataba de Hermione, que se había debatido en una lucha interna entre ingresar en su dormitorio o no y finalmente había elegido la última opción.
Con un esfuerzo sobrehumano, Bill logró incorporarse y caminó lentamente siguiendo los pasos de Hermione, su corazón dio un vuelco cuando la encontró preparada para viajar por la red flú.
- Hermione, espera – corrió hacia ella jadeando de forma desmesurada, a punto de perder el poco equilibrio que lo mantenía estable.
- ¡Bill! – exclamó ella sujetándolo justo antes de que sus piernas fallaran y se mareara, el Weasley se apoyó en ella - ¿Qué haces aquí? Deberías estar en reposo…
- No puedes irte, Hermione… - murmuró con la garganta seca.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Porque estás sola en casa y los Mortífagos van a por ti.
Hermione abrió los ojos de forma desmesurada y permaneció estática mientras trataba de asimilar la información que Bill le proporcionaba. El Weasley casi sintió cómo él tenía que sujetar a Hermione en vez de ella a él.
- ¿Qué estás diciendo? – inquirió la Gryffindor nerviosa – Eso no es posible…
- Déjame que te explique, subamos a mi dormitorio…
Hermione asintió y pasó el brazo de Bill por sus hombros para que éste pudiera caminar. Juntos subieron los escalones despacio y penetraron en el dormitorio de Bill en silencio, tratando de no hacer ningún ruido. El Weasley selló la habitación con un hechizo silenciador y un exigente "colloportus" tras el cual el sonido de un cerrojo resonó en el aire. Hermione se sentó en el borde de la cama mientras observaba cómo Bill se acomodaba en la cama, sentándose en el centro con las piernas extendidas, agotado por el esfuerzo realizado.
Entonces sus ojos se encontraron y Hermione tuvo el presentimiento de que aquella noche pasarían muchas más cosas de las que le gustaría, que aquella noche descubriría el por qué de sus intuiciones, de que sus piezas del puzle no encajaban. Suspiró, y tuvo la extraña sensación de que aquella noche haría algo de lo que se arrepentiría más tarde, y así sería, aunque no por el motivo que ella creía.
Porque Hermione Granger no era tonta, y ella quería a Ron, pero había algo entre Bill y ella que no encajaba del todo.
Bueeeno, esto es todo por hoy. Realmente ha habido un momento en el que incluso yo he creído que Bill no despertaría (figuraos la pena que me daba verlo en esas circunstancias que hasta yo, que soy la escritoria de este fic, he temido por la vida de Bill xD), pero naah, Bill tiene que vivir, porque Bill es amor y es sexy (L)
Os comunico que ya he elegido el final de la historia, pero no os diré nada para que sea una sorpresa. Tal vez no todos estéis de acuerdo, pero creo que es necesario un final así para la historia. De todas formas, gracias a la gente por decirme qué final prefiere :) Ah, quiero hacer publicidad de mi icon xD, es cutre hasta decir basta pero obviamente no hay fotos Bill/Hermione que se puedan modificar para hacer un icon de la pareja como Dios manda, si alguien podría hacerme un icon más... Más (xD) se lo agradecería de corazón! :)
Esto es todo, ya no os aburro más y dejo que pulseis el botoncito verde y me digáis qué os ha parecido el capítulo ^^ ¡Gracias por adelantado!
