Merezco la soga por la tardanza, lo sé. No me matéis, he estado muy ocupada ^^ Igualmente, espero que haya merecido la pena tanta espera.
Señoras y señores, he aquí el último capítulo de Infieles. Todavía queda el epílogo (en el que se resolverán varias dudas y quedará todo claro, ya que este final está un poco "abierto"), pero sólo será un capítulo más, de modo que este es el final oficial de esta larga historia. Gracias a todos por acompañarme en este viaje, por darle una oportunidad a esta pareja (que para mí ya se ha convertido en otp) y a esta historia :)
Gracias a Kitara, por sus dos comentarios (siento otra vez la tardanza en actualizar, de verdad ^^), a jacobjared y a lau_balikiliki :) Y bueno, a todas las personas que han dejado reviews, que han puesto en favoritos, en alerts... A todos los que han malgastado algo de su tiempo para esta historia.
Espero poder subir el epílogo pronto. Hasta entonces, GRACIAS.
Apenas habían transcurrido un par de días desde que Hermione había recuperado la memoria y Bill y ella ya tenían planes de futuro. Un par de llamadas y algo de dinero y amor serían suficientes para seguir con el plan que habían preparado la última vez.
Aquel día, concretamente, sería el último día que pasarían en la Madriguera antes de marcharse lejos de todo y todos. Sabían que era una locura, que lo más racional era plantarse frente a la familia y contar lo sucedido… Pero no sabían si estaban preparados para enfrentarse a las miradas de reproche, al odio y al rencor de ambas familias y, sobre todo, de Ron. ¿En qué ambiente criarían a su bebé cuando no hubiera nada más que traiciones, infidelidades y decepciones? No, debían irse hasta que las cosas se calmaran, ambos lo sabían.
Bill, al pie de las escaleras, mandó una mirada cómplice a Hermione, que se encontraba sentada junto a Molly, Ron y Percy, que charlaban amablemente. Se disculpó a los pocos minutos de que Bill subiera las escaleras y lo siguió. Lo encontró en uno de los pasillos, sonriendo de oreja a oreja mientras mantenía un pie apoyado en la pared con los brazos cruzados. El aire casual y sexy que ofrecía fue suficiente para terminar de convencer a Hermione de que harían lo correcto.
No tardó en resguardarse en sus brazos mientras él besaba su rebelde cabello y acariciaba su espalda.
- ¿No te da pena? – inquirió ella – Dejaremos atrás a tu familia… Quién sabe si algún día lograrán perdonarnos…
- Tú también dejas atrás a la tuya – respondió Bill acariciándole la mejilla.
- No es lo mismo. Mis padres comprenderán…
- Entonces los míos también. No les quedará otro remedio.
Hermione sonrió al ver los ojos seguros y confiados de Bill y dejó que él continuara abrazándola mientras proporcionaba ligeros besos aquí y allí, ajenos a que unos ojos los observaban desde la escalera, enviándoles miradas de odio y rencor bañadas en un profundo dolor.
Al cabo de un par de minutos, Hermione volvió a bajar a la cocina y fingió que nada había ocurrido. No obstante, no pudo advertir que Ron evitaba a toda costa su mirada, que apenas hablaba y mantenía los puños cerrados, preso de la rabia. La Gryffindor observó el reloj mágico de la cocina y se incorporó del asiento.
- Yo debería de irme ya… - murmuró antes de despedirse de los Weasley.
Hermione no acostumbraba a abrazar a todos los miembros antes de irse, ya que al día siguiente (como muy tarde a la semana) volvería a verlos. Pero aquella vez, a punto de marcharse a la otra punta del mundo, sentía que al menos quería abrazar a cada uno de ellos como despedida final antes de que la odiaran definitivamente. Ginny y Harry fueron las dos únicas personas que no correspondieron a sus abrazos con ceños fruncidos, ya que Hermione les había contado sus planes.
- Te acompaño – insistió Ron con un tono de voz que Hermione no supo muy bien cómo interpretar.
Se despidió de la familia y Ron y ella se introdujeron en la chimenea, viajando hasta su casa con los polvos flú. Fue salir y encontrar la nota de sus padres diciendo que aquella noche no llegarían hasta tarde, por lo que Hermione se alegró infinitamente de estar acompañada, ya que la casa se encontraba extrañamente vacía y oscura. Lo cual, después del ataque de Bill de los Mortífagos, le daba un poco de miedo.
Caminó hasta el salón y una intuición le recorrió la espina dorsal, provocando que sintiera un escalofrío. Había algo oscuro en la casa, algo que no estaba segura de cómo interpretar.
- ¿No tienes nada que decirme? – inquirió Ron caminando lentamente hacia ella.
Su rostro entre las sombras se le antojó amenazador.
- Ron, ¿no notas algo raro?
- ¡No me cambies de tema! – exclamó cogiéndola del brazo, ejerciendo en el agarre más fuerza de la que pretendía… O no – Sabes muy bien de lo que estoy hablando…
- Ronald, hay algo raro…
- ¿Qué hay entre Bill y tú?
Hermione dejó de escudriñar las sombras para fijar sus ojos marrones en los claros de Ron, sorprendida. Comprobó entonces cómo el odio lo ofuscaba, cómo su expresión estaba bañada en dolor y rabia dirigida hacia ella. Lo observó con cuidado, casi con expresión de súplica.
- Me haces daño…
- Seguro que no es más del que tú me has hecho, zorra.
Aquel insulto simuló una bofetada. Hermione rompió a llorar, demasiado asustada por las sombras de su casa y la expresión de Ron como para hacer algo coherente. La mano del Gryffindor alrededor de su brazo la hería, la noche oscura la asustaba y el hecho de no haber farolas encendidas en su calle le ponía nerviosa.
- Ron… Lo siento… Jamás quise hacerte daño…
- ¿¡Cuánto! – gritó él muy cerca, tan cegado por el odio que no advertía la extrañeza que la casa le proporcionaba - ¿¡Cuánto tiempo lleváis mintiéndome! ¿Cuánto tiempo llevas acostándote con él? No, espera, no me lo digas, seguro que estás embarazada de Bill, ¿verdad? El hijo que esperas es suyo…
Ron no lo dijo en serio, al menos no lo creyó de verdad hasta que los sollozos de Hermione se hicieron más sonoros, corroborando sus preguntas. Sinceramente, había esperado que dijera algo como sólo han sido un par de besos inocentes, pero Hermione llevaba embarazada varios meses más de los que le gustaría pensar, y si el hijo que esperaba era de Bill, significaba que llevaba engañándole mucho más tiempo del que él querría…
- ¡Eres una zorra!
Incapaz de controlarse, Ron pegó una bofetada a Hermione, dejándola caer en uno de los sofás del salón mientras ella se sostenía la mejilla dolorida con una mano, observándolo con los ojos llorosos. Impulsivo como era, no tardó en mirarle con decepción mientras sacudía la cabeza y alejarse hasta la chimenea para dirigirse a la Madriguera. Su odio no estaba, ni de lejos, saciado, todavía tenía un par de cosas que decirle a Bill.
Y, sin más dilación, Ron desapareció dejando a Hermione sola en aquella casa donde la oscuridad habitaba en cada rincón y una capucha negra se acercaba a ella por la espalda…
Bill sintió un estremecimiento recorrer su espalda mientras se encontraba en uno de los pasillos hablando con Ginny, mientras le contaba a su hermana los detalles de su escapada con Hermione.
- ¿Pasa algo? – inquirió ella al ver que su hermano se había quedado en silencio.
- Creo que algo no va bien…
Nada más lejos de lo normal, pues Ron comenzó a subir las escaleras de dos en dos y se abalanzó hacia Bill en cuanto lo vio, propinándole un puñetazo con toda la fuerza que fue capaz de imprimir.
- ¡Ron! – trató de separarlo Ginny mientras éste se revolvía tratando de volver a golpear. Bill se sujetó la nariz con una mueca de dolor, impresionado por aquel acto.
- ¡Suéltame! ¡El cabrón este se ha estado tirando a Hermione en mis narices!
Bill apenas pudo contener la sorpresa. No se esperaba que Ron supiera aquello, ni que Hermione se lo hubiera contado… Aunque por la expresión de su hermano, no tardó en deducir que ella no le había dicho ni una palabra, al menos no otra cosa que no fuera confirmar sus intuiciones. Bill suspiró.
- Ron… No pretendíamos hacerte daño… Sólo… pasó.
- ¡No me sueltes el mismo rollo que Hermione! – gritó enfurecido – No sois más que unos malnacidos, habéis estado mintiéndome todo este tiempo sin tener el suficiente valor como para decirme algo… Ella no es más que una zor…
Bill apartó a Ginny con brusquedad y cogió del cuello a Ron para estamparlo contra la pared.
- Puedes insultarme todo lo que quieras, hermanito, pero no se te ocurra decir nada malo de Hermione, ¿entendido? Ella no tiene la culpa de nada…
Ron lo observó amenazadoramente, sin siquiera darse cuenta, de sus ojos comenzaron a rodar las lágrimas de impotencia y rabia. Bill soltó su amarre, consciente de que no tenía ningún derecho a enfadarse con Ron cuando era él el que había sido el traidor, el que le había hecho daño.
Un nuevo estremecimiento recorrió la espina dorsal de Bill, inconscientemente su mente evocó la imagen de Hermione.
- ¿Están sus padres en casa? – preguntó distraídamente.
- ¿Qué?
- ¿Qué está pasando aquí? – interrumpió Molly situándose en el pasillo atraída por los gritos.
Bill comenzó a ponerse nervioso, más nervioso que en toda su vida.
- ¡Si los padres de Hermione están en casa con ella!
- No…
- ¿¡La has dejado sola en su casa cuando sabes que los Mortífagos van tras ella!
El puño de Bill se alzó en lo alto y terminó colisionando contra la pared, muy cerca del rostro de Ron. Respiró pesadamente justo antes de salir corriendo escaleras abajo mientras su hermano pequeño lloraba de rabia y pegaba patadas a las paredes. Molly exigía una explicación y Ginny trató de explicar lo ocurrido de la mejor forma posible mientras rezaba para que Hermione estuviera bien.
El viaje en chimenea le resultó interminable. Las palabras de los Mortífagos aquella noche que había salido en busca de venganza repiquetearon en sus oídos:
- Es una lástima que se nos escapara ella – la voz de Lucius, fría e imperturbable se colaba en sus pensamientos -, podríamos haber sumado muchos puntos si conseguimos acabar con la mano derecha de Potter, esa estúpida Granger…
Bill corrió al interior del salón de la casa de Hermione en cuanto sus pies tocaron tierra firme. La casa estaba en penumbra y no había ni un solo ruido que diera pie a saber si se encontraba alguien en ella. La idea de que podía haber llegado demasiado tarde se le antojó terrible y asfixiante.
Aún un hilillo de sangre le chorreaba desde la nariz, pero no le importó. Silenciosamente recorrió las habitaciones de la casa de Hermione rezando sin palabras para que estuviera bien, para que Ron no hubiera sido tan estúpido de dejarla en casa con un Mortífago… Un grito se escuchó desde el piso de arriba, y Bill corroboró que sí, que su hermano podía ser lo suficientemente estúpido.
No se molestó en continuar en silencio, subió las escaleras lo más rápido que sus piernas pudieron y se coló en el dormitorio de Hermione. Draco Malfoy la estiraba del pelo mientras apuntaba con la varita directamente a su vientre hinchado, las lágrimas de dolor se escapaban de los ojos de Hermione.
- Suéltala, Malfoy – murmuró Bill.
Draco la soltó al instante para mirar al Weasley, dejando que Hermione quedara sentada en el suelo, sollozando mientras se sujetaba la tripa.
- Vaya sorpresa. Estaba deseando que vinieras – sonrió formando una mueca sádica en su rostro -. ¿Quién me iba a decir a mí que vendría hasta este asqueroso barrio de muggles porque era primordial acabar con la gran amiga de Potter y me encontraría con una escenita de celos formado por un triángulo amoroso? Al parecer, una sangre sucia ha estado jugando a dos bandas…
Bill se acercó amenazador. Draco se apresuró a apuntar a Hermione con la varita.
- Un paso más y el avada kedavra será inminente – aseguró con los ojos grises destilando veneno -. Mira por dónde, ahora podré matar dos pájaros de un tiro… Y no me refiero solo a poder acabar con el asqueroso bebé de Granger, sino que también vengaré la muerte de mi padre…
- Ella no tiene nada que ver en esto, Malfoy – murmuró Bill cogiendo disimuladamente su varita.
- ¿No? – inquirió haciéndose el sorprendido, acentuando su expresión macabra - Yo creo que sí. Tú me quitaste a mi padre, yo te quito a tu novia… Es lo justo.
- ¡Aléjate de ella! – exclamó apuntando al Morífago con su varita.
- Un hechizo y Granger y su bebé vuelan por los aires, te lo advierto.
Antes de que ninguno de los tres fuera consciente de ello, Harry había entrado por la puerta y había desarmado a Draco con su varita, apuntándole directamente mientras se acercaba. Bill aprovechó el momento para correr hacia Hermione y resguardarla entre sus brazos mientras Draco y Harry se batían en un duelo personal que llevaba durando ya varios años, concretamente, desde el día en que se conocieron.
Los hechizos volaban aquí y allá por todo el dormitorio, escandalizando a los vecinos y provocando que los magos ocultos en aquellas calles llamaran a los Aurores. Hermione comenzaba a cerrar los ojos mientras Bill se esforzaba porque permaneciera despierta, tenía una brecha en la sien y varios moratones aquí y allá, productos del agarre de Ronald y de varios maltratos a manos de Malfoy en un intento por cobrarse todos aquellos años en Hogwarts, años de humillaciones por parte de la sabelotodo Gryffindor.
Pronto más magos aparecieron en la estancia, atrapando a Draco. Había gente chillando, suspiros de alivio y heridos, pero Bill y Hermione parecían permanecer encerrados en su burbuja personal, lejos de todo.
- Hermione, no te duermas – abofeteaba dulcemente sus mejillas Bill -. Está todo bien, ha pasado todo… No…
La Gryffindor trataba de mantener los párpados en alto, pero sus orbes parecían querer esconderse y sucumbir al sueño. Sujetó inconscientemente su vientre, el cual había recibido también grandes sobresaltos. Bill comenzó a asustarse.
- ¿Hermione?... ¿Herms?... Por favor, háblame – suplicaba con lágrimas deslizándose por sus mejillas.
Colocó su mano sobre la suya, en el vientre y advirtió que éste presentaba algunos hinchazones, y varios cortes. La angustia de Bill aumentó.
- Hermione, por favor… No me dejes, ahora no. Por favor, por favor… Te quiero, no te mueras – sollozó sintiendo cómo unas manos trataban de arrancarle del cuerpo de su amor -. ¡Dejadme en paz! Por favor, Hermione, te amo…
- Bill… - murmuró Molly sujetándolo de los hombros – Bill, deja que los médicos se ocupen…
El primogénito de los Weasley clavó sus ojos llorosos en su madre y se abrazó a ella mientras los médicos de San Mungo colocaban a Hermione en una camilla. Molly abrazó dulcemente a su hijo, dejando que éste llorara en su pecho mientras le susurraba palabras de aliento, tratando de recordar cuándo fue la última vez que su pequeño Bill había llorado en sus brazos… No pudo recordarlo.
- Está todo bien, William – murmuró besándole una mejilla -. Hermione se pondrá bien… Ronald te perdonará…
Bill apenas fue consciente de formular un vago y diminuto gracias antes de volver a refugiarse en el pecho de su madre y romper a llorar como cuando era niño, dejando escapar todos los sentimientos que había estado encerrando desde que conoció a Hermione, el amor de su vida.
No me matéis por dejar un final así xD El epílogo lo resolverá todo, os lo prometo ^^
¿Avada Kedavra o ranitas de chocolate? Si van con cromo de Albus Dumbledore incluido se agradece el doble (?) ;)
