Un vaso repleto de una substancia helada danzaba por los pasillos del instituto. Las manos temblorosas de su portador reflejaban el anhelo que sentía por arrojar el granizado a su próxima víctima ya seleccionada.

Distintas personas se apartaban atemorizadas del camino de David Karofsky, el portador del granizado, por miedo de ser los receptores de esa bebida que portaba en ese mismo instante en su mano, como en tantas otras ocasiones. El chico sonrió al ver a la morena, su primera víctima en este nuevo curso.

Rachel se encontraba ordenando su taquilla, ajena a lo que pasaba a su alrededor. Sintió como una mano agitaba su hombro, en un gesto rudo, demandando su atención. La morena giró sobre sus pies para averiguar quien era el dueño de esa mano, pero antes de averiguar su respuesta se vio cubierta por esa habitual substancia que parecía que iba a volver a estar presente en su día a día. Esa substancia que congelaba su cuerpo, dejando paso a un temblor como reacción al repentino cambio de temperatura. La chica dirigió sus manos a su rostro, para deshacerse de la pringosa substancia que cubría sus parpados. Abrió los ojos lentamente, para encontrarse con un reducido grupo de integrantes del equipo de futbol, con Karofsky al frente, haciendo su función de cabecilla.

- ¿Lo encontrabas a faltar, cierto? Pues prepárate, porque te prometo que hoy no te voy a dejar pasar calor – las carcajadas de los jugadores aumentaron su intensidad – La máquina de granizados vuelve a estar en funcionamiento y hay que recuperar el tiempo perdido. ¡Hasta luego, perdedora! - Karofsky se alejó de Rachel, llevándose consigo las carcajadas y burlas hacia su persona. Rachel recogió su mochila, cerró su taquilla y rápidamente se dirigió al lavabo.

Ya en el baño la morena se dedicó a borrar todo rastro de la substancia que tanto odiaba, intentando borrar la sensación de tristeza que la embriagaba.

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- A Rachel le han vuelto a tirar un granizado – informó Brittany.

- Aaaah … Veo que la maquina vuelve a estar en funcionamiento y que la normalidad vuelve a tomar acto de presencia en este instituto –

- ¡Santana! –

- ¿Qué? Berry siempre ha sido víctima de esos ataques – replicó la latina.

- Exacto – Quinn apoyó a la morena, entristeciendo a Brittany – Britt, Berry ha vuelto a ser granizada. ¿Y qué? Siempre ha sido así. Y dime, ahora debemos preocuparnos de ese asunto porque … - la rubia dejo la pregunta en el aire.

- Porque no se lo merece. Quinn, deberías entenderlo. Tú misma fuiste victima de esos ataques el año pasado y estoy completamente segura de que no te hizo la más mínima gracia – Quinn dirigió su mirada al suelo, dándole la razón con ese simple gesto – Ayudarme. Ayudarme a acabar con esto, a acabar con este problema –

- Britt, entiéndelo – la latina seguía defendiendo su postura – Esto siempre ha sido así – rápidamente dirigió si mano hacia arriba, parándola a la altura de su cabeza – Nosotras estamos aquí, en lo más alto. Y Berry … - volvió a bajar su mano, posicionándola a la altura de su cadera – Berry está aquí, en lo más bajo. Las cosas son así. Siempre han sido así y así es como deben de seguir –

- ¿Así es como deben de seguir, Santana? ¡No! No lo entiendes, ella no se lo merece. Dime, ¿Qué harías si yo estuviese en su lugar? O peor aún, ¿si estuvieses tu? –

- Pero ninguna de las dos tiene ese problema, ¿vale? No es mi problema y esta vez no voy a hacer nada al respecto, lo siento. No es mi problema, no me meto – Santana abandonó el vestuario, dejando a sus dos amigas detrás.

El silencio reinaba en la habitación. Quinn sabía que había algo más detrás de la discusión sobre Rachel, algo mas intimo.

- Muy bien, dejemos el asunto de Berry a un lado de momento – Quinn fue la encargada de romper el silencio – Y ahora … escúpelo Britt. A leguas se ve que no hay algo bien entre Santana y tú –

- ¿Qué? – la aludida abrió los ojos, sorprendida ante el conocimiento de su amiga – No pasa nada Quinn, no pasa … -

- Ya – interrumpió la capitana de las animadoras – Britt, te conozco. No habré manifestado mis sabidurías, pero soy consciente de que entre tú y ella hay algo más grande que una simple amistad, se nota –

- Yo … ¿Podemos no hablar de ello por favor? No me apetece en absoluto Q –

- Vale, tan solo escúchame un momento. No la presiones, B. Sabes de primera mano que Santana es como yo, huye en cuanto se siente atrapada – la bailarina asintió, con una expresión triste en el rostro – Pero no te preocupes. Las cosas se van a solucionar. ¿Qué haría Santana sin ti? – Brittany sonrió – Y ahora vamos a comer, antes de que los buitres que acuden a este instituto acaben con todos los víveres de la cafetería –

Las dos amigas tomaron su destino. Brittany se encontraba sumida en sus pensamientos, intentando solucionar todas sus preocupaciones. La otra rubia caminaba absorta de todo, liberando a su mente de cualquier preocupación y mirando a todos lados. En ese momento sus ojos se encontraron con otros más oscuros y tristes. Se quedo así durante unos segundos, examinando la preocupación que reflejaba la mirada que la tenia hipnotizada. Quinn sacudió su cabeza, intentando romper con la conexión que había tenido con la dueña del otro par de ojos. En ese momento se encontró con que la dueña de esos ojos era nada mas y nada menos que Rachel Berry, completamente cubierta en granizado.

La morena había parado su paso de golpe, muy atenta a la mirada de la rubia en la que llevaba pensando desde lo que sucedió el día anterior. Simplemente se quedó de pie, absorta en sus ojos, olvidándose del desagradable día que estaba sufriendo. El tiempo parecía pasar a una velocidad extrema con la morena únicamente atenta a esos ojos color avellana. Los segundos pasaban y con ellos Rachel volvió a su cruda realidad. Con la tristeza aun presente, comenzó a caminar y, acelerando su paso, se dirigió de nuevo al baño.

- Tierra llamando a Quinn. ¿Hola? –

- ¿Qué? … Lo siento B. Por cierto, no sé si tendrás algún plan respecto al asunto de Berry, pero si tienes pensado hacer algo al respecto, hazlo ya. Acaba de entrar al baño con lo que debe de ser su segundo o tercer granizado del día encima – Brittany endureció su rostro – Tranquila B, lo solucionaras –

Brittany retrocedió y con un grito ahogado se dirigió al baño, esperando a acabar de una vez por todas con la pesadilla que sufría la morena.

Quinn seguía en el pasillo, con los ojos de la morena aun presentes en su mente. Desde lo ocurrido el día anterior tenía miedo a enfrentar a Rachel y ahora estaba ahí, con la mirada de la morena clavada en su mente. ¿Qué le estaba pasando?

La rubia decidió entrar de una vez por todas a la cafetería donde divisó a Santana. Se dirigió hacia ella y con un gesto firme la agarró de la muñeca, levantándola de la silla en la que estaba sentada y arrastrándola fuera de la cafetería, a los pasillos solitarios del instituto.

- ¿A ti que te pasa? ¿Has olvidado de tomarte las pastillas esta mañana o qué? –

- Santana eres idiota … - la latina la fulminó con la mirada - … y tú lo sabes. ¿Qué narices haces con Britt? Siempre la estas defendiendo y ahora eres tú la que la entristece –

- No es asunto tuyo Fabray –

- Lo sé, pero no quiero mantenerme al margen de esto. ¿Cuál es tu problema? ¿Qué te pasa? –

- Nada –

- Santana … -

- ¡Nada Q, nada! Todo es culpa de Berry. ¿Por qué me tengo que ver involucrada en sus problemas? Todo es su … -

- No – Quinn la interrumpió – Lo de Rachel es un tapadera para lo que sea que te tiene así –

- No. ¿Sabes qué? Voy a acabar con esto – la latina volvió enfurecida a la cafetería, dejando a una Quinn suplicando por una respuesta más concreta a sus espaldas.

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Rachel se encontraba en el baño, conversando animadamente con Brittany, mientras se dedicaba a borrar cualquier rastro de granizado. La rubia había entrado minutos antes, sorprendiendo a Rachel cuando empezó a hablarle sobre cómo se sentía la animadora ante el trato que le concedían el resto de estudiantes.

La puerta del lavabo se abrió de nuevo, dejando ver a Quinn que portaba algo de ropa.

- Britt me pediste ayuda con todo este asunto y aquí estoy – caminó hacia las otras dos chicas y miro a la morena – Berry … te he traído esto. Todas las animadoras solemos traer un cambio de ropa para el final del día, pero yo me puedo cambiar en otro uniforme limpio. Sin embargo, parece ser que tu ropa esta algo pegajosa así que aquí tienes esto – le entregó su ropa a la morena, devolviendo la sonrisa al rostro de Brittany con su gesto – Antes que nada quiero que esto quede claro. Hago esto por ti, B. No penséis que Quinn Fabray se ha endulzado de un día para otro –

- Gracias – respondió sorprendida Rachel, regalándole una sonrisa a la rubia. La morena entro a uno de los cubículos, dispuesta a cambiarse de ropa.

- Gracias Q – la bailarina se acercó a ella y le regaló un gran abrazo.

- A sus órdenes – hizo un gesto militar con su mano, aumentando la sonrisa de la rubia – ¡Pero no te acostumbres, eh! –

- Q … ¿Puedes esperar un momento aquí? Necesito ir a por mí móvil para avisar a mi madre de que me venga a buscar porque, como comprenderás, no pienso volver a casa con Santana –

- Britt … - Brittany empezó a hacer pucheros, cosa a la que no se pudo resistir – Vale. Vete, pero rápido – Brittany besó a su amiga en la frente y salió en busca de su teléfono.

Rachel apareció de nuevo, dejando boquiabierta a Quinn. La rubia no podía parar de observarla y dejar de pensar en lo bien que le sentaba su ropa. La morena volvió a la pica y comenzó a lavarse las manos.

- Gracias Quinn, gracias –

- Rachel deja de agradecérmelo, déjalo – la morena sonrió al escuchar su nombre.

- ¿Me has llamado Rachel? -

- Yo … ¡No! Oh, mira – cogió un poco de papel del baño y empezó a humedecerlo bajo el grifo – Te has dejado un poco por aquí – la rubia comenzó a restregarle el papel por la mejilla. Sus ojos viajaros de su mano, trabajando en borrar todo rastro de granizado en la cara de la morena, a los ojos color chocolate que minutos antes la habían hipnotizado. Y entonces, se volvió a perder en ellos. La rubia dejo caer el papel que sostenía en la mano, acariciando la mejilla de la morena con su pulgar. Rachel cerró los ojos ante su contacto – Esto ya esta – susurró la rubia, sin dejar de sostener el rostro de la pequeña diva y sin romper la conexión visual que compartían. Los minutos pasaron y ellas simplemente mantenían esa postura. Tan solo se dedicaban a examinarse la una a la otra a través de sus ojos.

La campana que indicaba el inicio de clases sonó y ambas chicas se apartaron apresuradamente. Brittany volvió a entrar al baño, dejando sin tiempo de que fluyera una conversación sobre lo que acababa de ocurrir entre las otras dos chicas, cosa que agradecían.

- Es hora de irse. ¡Adiós! – con esas palabras Quinn salió del baño en dirección a su próxima clase. Gesto que siguieron las otras dos chicas rápidamente.

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Una morena se encontraba en la máquina de granizados, llenando el recipiente más grande que pudo encontrar de ese liquido helado. Santana acabó de preparar la bebida y, con paso firme, se dirigió hacia el auditorio, donde tomaría acto de presencia la última clase del día, el Glee club. La latina se encontraba a un número muy reducido de pasos a la entrada del auditorio. Y ahí la vio. Ahí vio a Rachel Barbara Berry. La persona que tantos quebraderos de cabeza le había provocado en los últimos días con tan solo su existencia.

La ira se apoderó de cada rincón de su cuerpo y, en un abrir y cerrar de ojos, se encontraba delante de la diva, quien se encontraba dándole la espalda.

- Berry – la aludida se giró sonriente, pero su sonrisa se desvaneció rápidamente al verla – Te ves un poco sofocada, que tal si … - sin acabar su ingeniosa frase, arrojó el granizado al rostro de la morena. Fue un tiro certero, directo al centro de la diana. Pero en el centro de la diana no se encontraba la pequeña morena, sino que en su lugar se encontraba una esbelta rubia, ahora cubierta de pies a cabeza en granizado.

Santana se quedo sin palabras, ¿Por qué se había metido en medio? Rachel tenía que recibir el granizado, no ella.

- ¿Qué has hecho? ¿Estás bien? – Rachel evito que el granizado entrara en contacto con los ojos de su salvadora.

La latina seguía paralizada, sintiéndose más pequeña que nunca ante la amenazadora mirada de su inesperada víctima. Quería llorar, quería correr y alejarse de ahí pero más que nada necesitaba decir o hacer algo que resolviera todo aquello. Por desgracia, no había nada. Sus palabras y próximas acciones se quedaron encerradas en su pecho, produciendo un ligero pinchazo que le recordaba lo sucedido.

- Brittany yo … -

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Otro capítulo más de esta historia. Creo que es el más largo que he escrito nunca.

Espero que os guste el camino que va tomando la historia y prometo que en los próximos capítulos Faberry se hará más presente.

Bueno, quería informaros de que hoy mismo me voy de vacaciones y no voy a volver hasta principios de setiembre. Donde voy no hay internet así que no voy a poder actualizar. Eso sí, prometo seguir escribiendo en cuanto tenga algo de tiempo libre.

¡Disfrutar de vuestros días al máximo!

¡Adiós! :)