El sonido de un móvil venció la continua tranquilidad que emanaba el descanso de Quinn y Santana.

La latina refugió su cabeza bajo la almohada, intentando evitar escuchar ese molesto sonido durante el punto crítico de su despertar. Pataleó frustrada al averiguar que su intento de acabar con ese molesto sonido era en vano, golpeando débilmente el cuerpo de Quinn en el proceso.
El rostro de la rubia endureció e insaciables quejidos y demás objeciones inentendibles empezaron a salir de su boca. Las piernas de la morena continuaban golpeándole en la zona baja de su espalda y sus agudos y frustrantes chillidos medio ahogados por la almohada hacían eco en sus oídos.

¡Santana para! ¿Dónde está el teléfono? ¿Dónde narices está ese maldito e inoportuno objeto? ¡Maldito sea!

Encima de mi mesita – dijo la latina señalando con desgana la posición del objeto -¡Acaba con ese sonido ya o me volveré loca! Mi cabeza parece un tambor –

Quinn estiró su brazo y se hizo con el objeto. Apagó la alarma y su boca se abrió sorprendida ante la hora que marcaba el reloj.

¡Vamos San, levanta que llegaremos tarde! –

No quiero … - se quejó la latina.

¡Vamos Santana! –

¡No! ¿Alguna vez has escuchado la palabra hibernar? Si no comprendes al completo su significado yo te lo acabo de concretar ahora mismo. Mira, lo esencial es continuar con mi cómoda posición en la cama. Seguidamente, cierro los ojos y … - los parpados de la latina se cerraron, saciando mínimamente el malestar que sufría en su cabeza y entregándose por completo al mundo de los sueños - ¿Qué coño haces Q? ¿Estás loca? – Santana se puso en pie, eliminando los rastros de agua del vaso que acababa de arrojarle la rubia.

Espabilarte – dijo con una maliciosa sonrisa la rubia – Ahora empieza a vestirte porque, como dentro de 5 minutos no estés vestida, no me hago responsable de mis acciones. ¡Espabila! –

Minutos más tarde, ambas amigas salían apresuradas de casa de la latina, masticando con energía y falta de tiempo los restos de la comida más importante del día. Poco después, ya se encontraban en el aparcamiento del instituto, aliviadas por llegar a tiempo.

Te prohíbo el consumo de alcohol, al menos los días de instituto. Hoy es uno de esos días insoportables que esperan impasibles por entrar en nuestras vidas. Que te sea leve S, porque, entre tu dolor de cabeza y tu falta de apetito por el aprendizaje la cosa esta bastante mal. Si te sirve de consuelo, te informo de que, el agudo dolor que bombardea en mi cabeza en estos momentos, indica que mi día no va a ser mucho mejor –

¿Desde cuándo eres el prototipo parlante de Berry? Nunca he escuchado salir tantas palabras juntas de tu boca – la rubia golpeó sutilmente el hombro de su amiga y, con sus brazos entrelazados, se dirigieron al intento de superación del día tan duro que las aguardaba tras las puertas del instituto.

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Rachel se encontraba en clase de historia, a la espera de la llegada de su profesora. Desde la llamada que desveló su sueño la noche pasada no podía dejar de pensar en cierta rubia. Durante el transcurso de la noche, su mente no paraba de batallar contra sus pensamientos, intentando negar la existencia de esa llamada. Pero esa llamada había sido real, el nombre de Quinn en la pantalla de su teléfono lo afirmaba.

El timbre que marcaba el inicio de la clase la saco de sus pensamientos. Rachel levantó su vista y topó con ciertas animadoras que acababan de entrar por la puerta.

Santana y Quinn llevaban puestas unas gafas de sol, que lejos de parecer idiotas por llevar semejante complemento en un recinto cerrado, pretendían disimular los claros rastros que demarcaban la presencia de alcohol en sus cuerpos en un pasado no muy lejano.

¡Malditos timbres! – se quejó la latina.

Quinn sonrió desganada ante el comentario de su amiga, acariciándose las sienes para acabar gradualmente con su molesto dolor de cabeza. Ya posicionadas en sus asientos, dirigieron sus miradas al frente de la clase, donde ya se encontraba la profesora, quien comenzó su clase con un fingido entusiasta buenos días.

¡Buenos días profesora Manning! – la recitación de la clase por parte de la profesora se vio interrumpida, llamando la atención de los presentes en la clase.

La clase ha comenzado hace varios minutos, Srta. Pierce – Brittany asintió, con una clara muestra de nerviosismo e incomodidad reflejada en su rostro. Su respiración se notaba algo agitada, parecía cansada.

Lo sé Sra. Manning. Es que he perdido a mi taxista preferido y me ha tocado venir a pie – la rubia clavó su mirada en la latina, los labios de la cual dejaron a la luz una triste y desganada sonrisa – Lo siento – la bailarina volvió su mirada a la profesora, a la espera de una posible aceptación ante la disculpa por su retraso.

Adelante, siéntese. Pero recuerde el horario de sus clases e intente llegar a tiempo la próxima vez –

Brittany volvió a asentir y se dirigió al único pupitre vacio del salón, pupitre que se encontraba justamente al lado del de Rachel, a quien le regaló una correspondida sonrisa en el camino.

Santana y Quinn miraban atentamente los elegantes y sutiles pasos de la rubia, hasta acomodarse en su respectivo sitio. Quinn sintió como Santana presionaba levemente su brazo, reclamando su atención. Acto seguido, la latina deslizó un pequeño papel en la mano de su amiga, quien comenzó a leerlo.

" Q, necesito que alguien cuide de Britt. No confío en nadie excepto en mi misma para ello, pero no se me ocurre nadie mejor que tu. Por favor Q, yo lo haría encantada, pero dudo que ella me lo permita. Por favor. "

Quinn sonrió ante la petición se su amiga, nadie era capaz de sacar el lado más tierno de Santana, excepto Brittany.

" Me haría de rogar, pero ni tu ni yo estamos hoy de humor para este tipo de bromas. Así que si, cuenta con ello S. "

Retornó la nota a su creadora inicial, quien volvió a escribir algo sobre ella y se la devolvió.

" Pues ya puedes informarle de que dispone de un nuevo taxista. No le digas a nadie que te he dicho esto porque si no estás muerta, pero … Gracias Q. "

La rubia sonrió de nuevo ante las palabras de su amiga y refugió la nota en su estuche. Ambas volvieron a dirigir su mirada al frente, a la búsqueda de volver a retomar el hilo de la clase que no habían llegado ni a encontrar desde un principio.

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Brittany, ¿Qué te parece la idea de que sea yo la substituta de tu taxista? No me resulta ninguna molestia acercarte a casa o al instituto durante el transcurso de las clases. ¿Qué opinas Britt? –

Brittany se refugió entre sus brazos demostrando su gratitud ante la propuesta – Muchas gracias Q. Voy a ser la envidia de todo el mundo con semejante taxista – ambas rieron y retomaron su camino hacia la sala del coro. Cuando paseaban por el pasillo que daba con la entrada al salón, una conocida melodía fue percibida por los odios de la capitana de las animadoras. Mientras seguía su camino, posibles respuestas al reconocimiento de esa tranquila y melódica canción rondaban por su mente. Al entrar al salón, reconoció la voz de Rachel, quien se estaba acomodando en una de las sillas. Un débil recuerdo hacía eco en su mente, una conversación que no acababa de recordar al completo y de la que no se atrevía a verificar su existencia, ¿era eso posible?

Rápidamente se hizo con su móvil y en su historial de llamadas se encontraba su atemorizante y punzante apellido: Berry. ¿Qué había hecho?

Pequeños recuerdos dominaron su mente y no acababa de determinar si eran o no reales. Con su mirada fija en la dueña de sus pensamientos, continuó investigando por su mente, intenta encontrar una razón a esa llamada, intentando desmentir el te quiero que retumbaba en su cabeza.

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Quinn seguía sumida en sus pensamientos, realmente sorprendida por la confianza que le había brindado el alcohol la pasada noche y totalmente aterrada ante las consecuencias que podrían acarrear sus acciones. Focalizó su mirada en Rachel, intentando encontrar una respuesta a todas las preguntas que rondaban por su cabeza.

Durante toda la clase se sentía incomoda y perdida, sin saber qué hacer. Varios minutos habían pasado desde que la clase había terminado y la rubia animadora seguía sentada en su sitio, con la mirada perdida en ningún punto fijo. Un pellizco en su brazo la hizo reaccionar.

¡Vamos Q! Si llegamos tarde, dudo que a la entrenadora le haga mucha gracia y no me gustaría hacer de mi día uno aun más desagradable y mezquino –

¡Acuh S! – se quejó ante la acción de su amiga – De acuerdo, ahora mismo voy – la latina asintió y salió del salón.

¿Podemos hablar un segundo Quinn? – la rubia pudo escuchar su angelical voz mientras acababa de recoger sus cosas.

Dime Berry. No tengo mucho tiempo – contestó algo nerviosa.

Es sobre lo de anoche, me preguntaba si … -

Mejor en otro momento, ¿vale? No estoy de humor ni tengo el tiempo necesario para ello, en otro momento – Quinn dejo a Rachel con la palabra en la boca, desapareciendo una vez más por el umbral de la puerta y retrasando el retorno a la calma por parte de sus pensamientos y la solución a sus dudas.

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Prometo que pretendía actualizar con un capitulo bastante más largo, pero mi inspiración me lo ha impedido. Tenía pensado seguir mañana y ver si podía hacerlo algo más extenso pero no quería haceros esperar más de la ya lo he hecho y actualizo con esto.
Prometo subir un capitulo nuevo durante el transcurso de esta semana que entra, lo prometo. Estaba realmente asfixiada con los exámenes, trabajos y demás. Aun sigo bastante sofocada por el maldito treball de recerca pero no os voy a comer la cabeza con estas cosas y solo os anunciaré que ya dispongo de algo más de tiempo libre y que intentaré escribir todo lo que no he podido estos últimos meses.

¡Muchísimas gracias por seguir la historia! Me encanta leer vuestros reviews, vuestras palabras ayudan muchísimo a mi inspiración y me inyectáis unas ganas de escribir enormes, en serio.

Espero que os siga gustando cómo va la cosa y ya lo sé, deseáis que profundice con la relación Faberry y os prometo que en los próximos capítulos así va a ser.

Y así, con este pequeño spoiler y deseándoos una feliz vida me despido.
¡Hasta la próxima actualización!

¡Un besazo! :)