Rachel deseaba borrar a Quinn de su mente, quería dejar de pensar en los últimos sucesos porque hasta la parte más recóndita de su ser se sentía confundida. Pensar en ella estaba empezando a ser un problema. Esa adolescente de cara angelical, que tan mal lo había pasado tiempo atrás, revolvía su mundo. ¿Cómo lo hacía?
- ¡Maldita seas Quinn! – carraspeó mientras golpeaba el volante de su coche.
Rachel necesitaba una respuesta ante los últimos acontecimientos, necesitaba una respuesta a ese te quiero pronunciado por su boca la pasada noche, ese te quiero que había llegado a hacerla dudar de su propia existencia. Necesitaba respuestas y las necesitaba pronto.
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Sentada en una de las banquetas del vestuario, Quinn miraba impasible las gotas de agua que, poco a poco, caían de una de las duchas recientemente apagadas. Miraba como estas caían con libertad, desafiaban la gravedad y acababan estrellándose contra el suelo, dando por finalizado su camino. En ese mismo instante, la rubia se identificó con simples gotas de agua, gotas que se acababan estrellando, como tantas otras veces se había estrellado ella.
- ¿Me esperabas a mí, sexy? – Brittany pronunció esas palabras mientras rodeaba su cuello con los brazos, acomodándose sobre su regazo y adoptando una insinuante postura.
- ¿A quién iba a esperar sino, Britt? – Quinn rió ante las ocurrencias de su amiga, agarró su mano para guiarla por los pasillos del instituto y llegar al aparcamiento, para tomar rumbo a sus casas.
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Entre los alumnos del instituto un aire de felicidad se hacía presente, era viernes y se notaba. Los pasillos se llenaban de murmullos sobre distintos planes que llevarían a cabo muy pronto, ya que una única hora separaba a los alumnos de su ansiada libertad.
- Muy bien chicos. El pequeño proyecto de unión que comenzó esta semana sigue en marcha. No he tenido la oportunidad de escucharos cantar a todos durante estos días, pero os voy a encargar un pequeño ejercicio. Podéis aprovechar toda esta hora para determinar que canción escogeréis, pero durante las clases de la semana que viene quiero veros aquí, cantando una canción con la que os identifiquéis, disfrutando de la entonación de cada palabra de su letra. ¡Adelante chicos! –
Segundos después de las instrucciones del profesor, sus alumnos comenzaron a ponerse en marcha. Pequeños paseos, conversaciones, quejas e incluso las primeras entonaciones de alguna canción ya escogida se hacían presentes en el aula.
Los chicos comenzaron a recoger sus pertenencias, a la vista de que tan solo quedaban 5 minutos de clase. Santana se levantó por primera vez durante toda la clase de su silla y se acercó sigilosamente a Brittany.
- Eres el adiós que nunca sabré decir Brittany – susurró con un halo de tristeza en su oído. Volvió a emprender su camino al centro de la sala, dejando a una atónita rubia a sus espaldas ante las palabras que acababa de pronunciar. Acomodó sus pertenencias sobre el piano y regaló a su nerviosismo un fuerte suspiro – Volved a poner vuestros traseros sobre las sillas. Me gustaría cantar una canción y os recomendaría que no os perdierais esta pequeña demostración de mi talento. Además, la clase ni siquiera ha terminado. ¡Dale! –
La banda comenzó a entonar unas primeras notas, bajo las instrucciones de la latina. Su cuerpo comenzó a moverse al ritmo de la canción en la que tanto había pensado esos últimos días y que la ayudaba a expresar parte de lo que sentía. El resto acababa de acomodarse en sus asientos, sorprendidos ante el repentino entusiasmo de la latina al querer cantar una canción y agudizando sus oídos que comenzaban a ser deleitados por la voz que ahora inundaba la sala.
Our day will come
And we'll have everything
We'll share the joy
Falling in lovecan bring
La latina navegaba alrededor de la sala, moviendo su cuerpo al ritmo de la música y dando un sentido completo a la letra de la canción, porque ahora sí que de verdad creía en el día en el que estaría feliz con su rubia, con la persona que la hacía sentirse bien y trasmitía a su persona sensaciones que nunca antes había sentido.
No one can tell me that I'm too young to know
I love you so
and you love me
Our day will come
If we just wait a while
No tears for us
Think love and wear a smile
Brittany se sentía completamente confundida. La persona que hacía de cada uno de sus días una nueva aventura acababa de decirle que la quería. Una sonrisa se hizo presa de sus labios y la latina, correspondiendo también a su sonrisa, le guiñó un ojo.
Our dreams aremeant to be
Because we'll always stay in love this way
Our day will come
Our dreams aremeant to be
Because we'll always stay in love this way
Our day will come
Our day will come
Our day will come
Our day will come
De su boca salía que siempre la iba a querer y las múltiples referencias a que su día, el día en el que estarían felices, llegaría, confundían aun más a la dulce rubia.
El timbre que marcaba el fin de las clases se hizo presente y con él la latina recogió sus cosas de donde las había dejado, para desaparecer segundos después por el umbral de la puerta del aula, con una satisfactoria sonrisa en sus labios.
Brittany no estaba completamente segura de lo que acababa de ocurrir. Su mente tenía una batalla interna con su corazón. El órgano principal de su cuerpo palpitaba feliz ante el gesto de Santana, pero su mente no paraba de reproducir los momentos en los que la latina la había rechazado por no tener el valor de estar a su lado en público, sin secretos.
El resto de sus compañeros siguieron los pasos de la latina, acabando de recoger sus pertenencias y despidiéndose de los demás, totalmente ajenos al verdadero significado que se escondía detrás de la canción que acababa de poner en escena su compañera. Por su parte, Quinn sacudía su cabeza, mordiéndose débilmente el labio inferior para ocultar su sonrisa. La rubia estaba al tanto del verdadero significado de la canción, pero los conocimientos de las acciones de la morena no evitaron la sensación de sorpresa que sintió al ver cantar a su amiga.
- ¡Hola, Quinn! –
- ¿Si, Finn? –
- Bueno, yo me preguntaba si … si los planes de esta noche siguen en pie. Ya sabes la cena – el rostro de Quinn reflejaba una expresión neutral, ocultando su sorpresa ante la exposición del chico sobre su inminente cena. La rubia lo había olvidado al completo y, aunque quería seguir adelante con su plan de recuperar todo lo que un día perdió, las ganas de acudir a una cena con el chico que la enfrentaba no abundaban - ¿Entonces qué dices? ¿Paso por ti a las ocho? –
- ¿A las ocho? – el chico asintió – Claro –
- Pues hasta entonces – el chico besó su mejilla y abandonó la sala, dejando a la rubia algo sorprendida por su gesto.
Cuando se acercaba a Brittany para emprender el camino de vuelta a su casa, pudo ver como esta mantenía una pequeña charla con Rachel. Sus piernas pararon en seco, demostrando el temor que aun sentía ante la simple idea de enfrentar a Rachel. Sacudió su cabeza, pensando en lo absurdo que era su comportamiento y continuó con su camino.
- ¡Hola chicas! ¿Qué Britt? ¿Lista para irnos? – las palabras salían de su boca apresuradas, evitando más demoras en su viaje de vuelta a casa.
- ¡Quinn! Lo siento, se me olvidaba decírtelo. Rachel me invitó a una fiesta de pijamas esta noche así que volveré con ella. Siento no habértelo dicho antes, ciertos acontecimientos me hicieron olvidarlo – con las últimas palabras que regalaron sus cuerdas vocales, la rubia bajó un poco su vista ocultando su confusión y tristeza ante los últimos acontecimientos. Quinn sonrió ante ese gesto, la latina se había adueñado al completo de los pensamientos de la bailarina, de nuevo.
- ¡Ah! – la rubia miró unos segundos a la morena que llenaba de nerviosismo su forma de actuar, quien tenía una impasible sonrisa en su rostro, sonrisa que más nerviosa ponía a la animadora – De acuerdo. Que lo pases estupendamente Britt. ¡Nos vemos! – la rubia salió apresurada de la clase, queriendo romper cualquier cercanía con la morena.
Rachel y Brittany observaron a la rubia, hasta perderla completamente de vista. La bailarina había explicado todo lo sucedido a Rachel, añadiendo al saco la dedicatoria de la última canción de Santana cuando Quinn las interrumpió - ¿Has visto a Quinn? Últimamente actúa muy raro … No sé, está más nerviosa –
- ¿Más nerviosa? No sé Britt, yo la veo como siempre, aunque la conozco menos que tu – la pequeña diva deseaba con todo su ser dejar el tema de Quinn de lado, tenía miedo a exponer la confusión que le transmitía la animadora – Pero, ¿sabes que vamos a hacer? Vamos a comprar helado y lo vamos a pasar estupendamente bien esta noche ¿de acuerdo? Se acabaron las preocupaciones durante este día – la rubia sonrió ante el empeño de su amiga por hacerla sentir mejor. Entrelazaron sus brazos y también emprendieron su camino a casa, dejando un instituto vacio durante los dos días de libertad de los que disfrutaban sus alumnos cada semana.
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Quinn vagaba por el aparcamiento en busca de su coche. Cuando lo divisó pudo ver a Santana apoyada en el, aguardando su llegada.
- ¡Mira a quien tenemos aquí! – la latina la fulminó con la mirada - ¿Qué esperabas? ¿Qué Britt volviera corriendo a tus brazos por una simple canción? Esperar eso es bastante absurdo. Ella también está confundida y comportándote así no solucionas nada, tan solo aumentas su confusión –
- Muy bien Fabray, deja de exponer tus sabidurías, ¿quieres? De todas formas, ¿Dónde está Britt? Eres su taxista ahora, ¿recuerdas? –
- Lo recuerdo a la perfección. Se va con Rachel, van a tener una pequeña fiesta de pijamas –
- ¿Con Berry? – la rubia asintió – Bueno, ¿y tú qué? Que yo sepa, hoy tienes una esporádica cena con Finnocencia –
- Ni me lo recuerdes, pocas ganas tengo de ello, pero debo hacerlo –
- ¿Debes hacerlo? Por favor Quinn, no lo necesitas para sentirte bien y cree lo que te digo, ese chico no podría hacerte sentir bien ni con un simple beso ni con la noche más pasional del planeta. Q, no necesitas a Hudson. ¿Sabes? Hazle un pulso al miedo, inténtalo. Deja de comerte la cabeza y sé feliz. Busca una razón de peso para estarlo, yo ya la encontré y la pienso recuperar – con un pequeño guiño, la latina abandonó a su amiga, dejándola sola con sus pensamientos.
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Finn y Quinn se encontraban cara a cara, sentados en la mesa que había reservado el chico. La rubia escuchaba desganada sus aventuras veraniegas, asintiendo alguna que otra vez entre sus explicaciones. Realmente no quería estar ahí y Santana tenía razón, no necesitaba a Finn. Los minutos pasaban y su incomodidad y desesperación por acabar con esa peculiar velada se adueñaban de su cuerpo.
- ¿Sabes? ¡El agua estaba realmente fría! No te puedes ni imaginar … - Finn seguía con sus pequeños relatos veraniegos, cuando se vio interrumpido.
- Perdona grandullón, pero voy a tener que llevarme a tu acompañante. Fabray, tengo una cosa importante para ti, así que ya puedes mover el trasero hacia mi coche, porque no quiero perder más tiempo – la rubia miraba atónita a Santana, sorprendida ante su repentina aparición. En gran parte estaba contenta por ello, porque eso significaba que abandonaría esa cena, pero por otra parte, le daba pena el tono arrogante con el que se dirigió al acompañante de su cita y la atemorizaban los planes que aguardaba Santana para ella – No tengo todo el tiempo del mundo Q, ¿vienes? –
La rubia rodó los ojos ante el comportamiento de su amiga. Abandonó su asiento y se acercó al chico - Lo siento Finn, debo irme. Gracias por la velada y … mmm … ¡Gracias! – antes de ser arrastrada por la latina al exterior del restaurante, sus labios rozaron sutilmente la mejilla del chico, intentando suavizar el efecto de su improvisada huida. Ya en el exterior, fulminó a su amiga con la mirada, molesta por su comportamiento.
- ¡Vamos Fabray, no me mires así! Sabes que deseabas abandonar esa farsa de cita, además realmente necesito tu ayuda. Digamos que tengo una pequeña misión para ti –
- ¿Una misión? ¿De qué se trata? – pregunto molesta.
- Espera y veras – la latina arrancó su coche y comenzó a conducir rumbo a un sitio desconocido por la rubia, el sitio donde se encontraba la razón de su felicidad en esos momentos.
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¿La casa de Berry? ¿Esto es una broma, no? ¿Realmente esperas que me autoinvite en su pequeña fiesta privada? No Santana, así no se hacen las cosas –
- ¡Vamos Q! Si hasta te he traído el pijama, mira – la morena enseñaba la bolsa con la prenda de vestir nocturna - ¿Sabes? He llegado a la conclusión de que me importa más bien poco lo que piense la gente sobre mí. Que le jodan al que dirán, hagas lo que hagas la gente te seguirá juzgando. Quiero recuperar a Britt y tengo ideado un pequeño plan para ello, pero realmente necesito que pases la noche con ella para que te asegures de su felicidad, para que ayudes a borrar sus preocupaciones. De verdad Quinn, necesito tu ayuda en esto. Dime que estás conmigo, por favor, por favor – la rubia se alegró ante las palabras de su amiga y su empeño de ser feliz, la envidiaba. Realmente la quería ayudar, pero enfrentar a Rachel no entraba en sus planes – Por favor –
- Santana yo … ¡de acuerdo, lo haré! – la cara de tristeza de Santana acabó de empujarla a aceptar su petición.
La latina abrazó a su amiga y la acompañó hasta la puerta principal del hogar de Rachel. Tras picar en la puerta, la pequeña morena hizo acto de presencia, sorprendida al encontrarse a ambas en su puerta.
- ¿Qué hacéis aquí? – preguntó la morena.
- Mira Berry – Quinn brindó un codazo a su amiga – Rachel ¿vale? Rachel. Realmente necesito tu ayuda, necesito que dejes a Quinn acudir a vuestra pequeña fiesta de pijamas. Sé que no confías en mí, pero realmente necesito tu ayuda. Pretendo arreglar las cosas con Brittany, de verdad que lo quiero y me gustaría que Britt lo pasará bien esta noche, por eso te pido que la dejes unirse a vuestra fiesta, para que entre ambas borréis sus preocupaciones. Por favor Rachel, ayúdame –
Rachel era débil. Las desgracias ajenas siempre sacaban lo mejor de ella, aun siendo una persona que había hecho de su vida un infierno durante los últimos años. Rachel sabía que la felicidad de la bailarina dependía de la vulnerable latina que acababa de presentarse en su puerta, así que decidió aceptar su propuesta.
- Esta bien, pero ahora necesito que desaparezcas Santana. Brittany lleva unos minutos sin hablar sobre ti y me gustaría que continuara así el resto de la noche – la latina asintió.
- Gracias Rachel, gracias – su respuesta hizo sonreír a la pequeña diva, que ahora miraba la partida de la morena.
- Bueno, ¡bienvenida a la residencia Berry, Quinn! – ambas ingresaron a su hogar y se dirigieron rápidamente al comedor, donde se encontraba la siempre alegre bailarina, atenta a los créditos del final de una película.
- ¿Quién era Rach? –
- Mira por donde, tenemos a una nueva integrante en nuestra fiesta – anunció la morena.
- ¡Hola Britt! ¿Qué tal? – ambas rubias se miraron y la más alta estrelló su cuerpo contra el de su amiga, fundiéndose en un abrazo.
- Hola Q. ¡Qué bien nos lo vamos a pasar! Ahora cámbiate, una película nos espera –
Rachel indicó a Quinn donde podía cambiarse y cuando esta ya tenía puesto su pijama, las risas y buenos momentos se hicieron presentes en la casa de la morena, buscando la felicidad de la amiga de las dos chicas que se sentían incomodas a la par de nerviosas con la presencia de la otra.
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Las tres chicas ya eran presas de los brazos de Morfeo. Rachel y Brittany compartían la cama de la morena, mientras Quinn se encontraba en el colchón posicionado a los pies de la cama que ocupaban las otras chicas. Quinn se encontraba despierta, presa de una nueva batalla con su interior. Se incorporó para observar a Rachel, quien dormía tranquilamente. Varios sentimientos abrumaban en su interior con tan solo mirar a la morena. Nunca se había sentido tan insegura respecto alguien y nunca antes nadie había conseguido producir ese pequeño cosquilleo que ahora sentía en su estomago. Apoyó su cuerpo en la cama, acariciando débilmente el cabello de la morena, en un gesto claramente marcado por su corazón.
- ¿Qué estás haciendo conmigo Rachel? Me encanta todo lo que en un pasado no muy lejano, pensabas que odiaba sobre tu persona. Me encanta la sonrisa tímida que deja ver tu rostro como reacción a alguna cosa dicha o hecha de tu agrado. Me encanta tu risa, capaz de contagiar la mía propia, aunque siempre he sido muy buena ocultando esa reacción. Me encantan tantas cosas de ti, el momento exacto en el que me miras y siento que se para el mundo … todo – las palabras dictadas por el corazón de la rubia fueron trasmitidas por un leve susurro. Ni ella misma podía creerse lo que acaba de abandonar sus labios, ni entendía la cálida sensación que abrumaba en su interior cada vez que se encontraba cerca de la morena. Asustada por la nuevas sensaciones que inspiraba en ella alguien a quien se suponía que debía odiar, volvió a incorporarse en su colchón, cerrando los ojos, completamente ajena a las sabidurías de la morena que yacía en la cama de su lado y quien había escuchado las sinceras palabras de la rubia dueña de la sonrisa que reflejaba ahora su rostro.
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El silencio reinaba en el coche de Rachel. En su interior tan solo se encontraban ella y Quinn, ambas incapaces de dar comienzo alguna pequeña conversación después de dejar a Brittany en su casa. El viaje hasta casa de la rubia continuó en silencio, entre las mirabas furtivas que se regalaban continuamente ambas chicas.
- Bueno, llegamos – anunció la morena.
- Así es. Gracias por traerme y por haberme dejado dormir en tu casa. Tu compañía no es siempre agradable, pero todo sea por la felicidad de Britt – las palabras de la rubia ofendieron a la pequeña diva. Quinn volvía a su modalidad de persona sin escrúpulos para ocultar los miedos que se generaban en su interior por lo que la chica que se encontraba a su lado le hacía sentir. Hizo un intento de abrir la puerta del coche, pero una mano aferrando a su brazo lo impidió - ¿Ahora qué pasa? –
- ¿Sabes? Ayer te escuché sincerarte, escuché todo lo que decías mientras tus manos acariciaban mi cabello – la rubia palideció ante esa afirmación – Y ¿sabes qué? Sé que tienes miedo, lo entiendo, yo también lo tengo. Pero yo no lo aguanto más. Si no me quieres ver más, si no quieres tener ni el mas mínimo ápice de ni tan siquiera una amistad conmigo, dímelo. Me duele, me duele esa maldita y expresiva mirada que me hace sentir como que te vas a comer mi mundo, que te vas a comer mi vida para luego fingir que, realmente, no te importo. Dímelo y déjame sentirme libre, déjame alejarme de ti – las lágrimas amenazaban con desbordar de los ojos de la morena y la rubia que la enfrentaba no se encontraba en un mejor estado. Ambas conectaron sus miradas, intentado estudiar el interior de la otra, intentando conocer sus sentimientos. El temor y las inseguridades reinaban en la mente de la rubia, estaba asustada, la chica que se encontraba a su lado la hacía sentir lo nunca antes sentido. Quería seguir los pasos que dictaba su corazón, pero las inseguridades que durante toda su vida la habían acompañado no se lo permitieron. El temor reinaba en su vida y, ahora, estaba realmente asustada ante los sentimientos que abrumaban en su interior.
- Lo siento – una lagrima descendía por la mejilla de la rubia. Esta vez la morena no evito su partida y pudo salir sin impedimento alguno del coche.
- Y yo Quinn, yo también lo siento – las lágrimas de la morena también hicieron acto de presencia en su rostro. Arrancó el coche al ver desaparecer a Quinn detrás de la puerta de su hogar y, con un agudo dolor en el pecho similar al que sentía la rubia en ese mismo instante, se alejó de ahí, se alejo del lugar donde su corazón había vuelto a sufrir, donde su corazón se partió de nuevo en trocitos aun mas minúsculos.
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No os podéis llegar ni a imaginar lo que me ha costado escribir este capítulo, me sentía totalmente bloqueada y las palabras no salían de mi interior, sentía imposible eso de poder escribir. Pero bueno, al menos mis intentos de escribir no han sido en vano y aquí os dejo un nuevo capítulo.
No os anuncio nada sobre si voy a actualizar pronto o más tarde porque la verdad es que no lo sé. Todo depende de mi inspiración y de mi tiempo, que de momento son dos factores escasos en mi día a día.
Solo quería deciros que muchísimas gracias por vuestros reviews. Que cierto es que no recibo una cantidad considerable de ellos, pero que tan solo uno me produce una sonrisa y aumentan positivamente mis ganas de escribir. De verdad, ¡muchísimas gracias por seguir el fic!
¡Qué os lo paséis genial el resto del fin de semana!
Un besazo!
