Quinn guardaba pequeños instantes de felicidad en su interior. Como todas las historias que sus padres le contaban antes de irse a dormir cuando era más pequeña, o esos juegos a los que había jugado con su hermana mayor, hermana que no veía desde hacía mucho tiempo. Momentos breves pero intensos, tanto rutinarios como esporádicos. Momentos que aumentaban su grado de escasez al paso de los años y que parecían alejarse de su persona día tras día.

Llevaba años fortaleciendo esa máscara que siempre portaba, a base de las dificultades que se le habían planteado a lo largo de su vida. Una máscara que ocultaba sus verdaderos sentimientos para parecer que nada le importaba, que nada la dañaba.

Ahora se encontraba sentada en el salón de una casa vacía, una casa que en un pasado irradiaba felicidad y bienestar. Las lágrimas caían sin cesar por sus mejillas, lágrimas que siempre llevaba encima pero que nunca veían o notaban, porque siempre las ocultaba con su felicidad fingida, con su máscara protectora que en esos momentos no cumplía con su función.

Estaba cansada de perseguir siempre esa felicidad marcada por los que la rodeaban, esa felicidad que realmente no la hacía feliz. Las cosas desconocidas, nuevas, la atemorizaban. Tenía miedo a innovar con las cosas que no entraban en ese guión que dictaba los pasos a seguir para conseguir la vida perfecta. El miedo reinaba en su vida y lo único que hacía era huir de todo aquello que podía hacerle daño, de todo aquello que no entraba en su pequeña gran obra teatral, en su vida.

Después de tantos desengaños y traspiés a lo largo de su vida, las lágrimas no desaparecían de su rostro, como tampoco desaparecía ese punzante dolor en la parte izquierda de su pecho, en el órgano vital por excelencia de su cuerpo.

Ya no sabía lo que hacer, Rachel Berry daba vueltas a su corazón, a su cabeza y a su mente.

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La almohada de su habitación absorbía las lágrimas que descendían insaciables de sus ojos. Rachel yacía boca abajo sobre su cama desde hacía varias horas, aun sufriendo ese punzante y amargo dolor en su pecho. El paso del día a la noche comenzaba a hacerse presente en su habitación, donde reinaba el silencio y el agudo frio que se producía durante la noche cubría cada milímetro de su piel, haciéndola sentir sola.

Leroy, el más alto y corriente de sus padres, entró silenciosamente en la habitación, al tanto del malestar de su hija. Se dejó caer sobre su cama y sus brazos rodearon el diminuto cuerpo de su hija. Apoyó su mentón sobre el hombro de la morena y dejó un pequeño beso en su mejilla.

- ¿Qué te pasa cariño? – ante las palabras de su padre, las lágrimas incrementaron. La pequeña diva se incorporó en la cama y con sus brazos rodeó el cuello de su padre, en busca de confort – Mi amor ya pasó, cuéntaselo a papi – el padre acariciaba a su hija, intentando saciar su malestar, intentando acabar con el dolor en el que se veía atrapada su hija.

- Papi, yo … no sé lo que me pasa, no me entiendo –

- ¿Cuál es el problema? –

- Estoy confundida, creo que … - un pequeño y notable rubor se adueñó de sus mejillas e inclinó un poco hacia abajo su cabeza, buscando ocultarlo – creo que me he enamorado –

- ¿Ese tal Finn de nuevo? Cariño, no puedes … - la voz de la morena lo interrumpió.

- No es Finn, es otra persona. Podría haberme fijado en cualquier otro, pero solo podía ser en esa persona. ¿Sabes que papi? Sé que nadie es perfecto, pero sus imperfecciones son restos del daño que ha sufrido a lo largo de su vida, los baches que ha tenido que afrontar. Es frustrante el saber que mis lágrimas son en vano, que nunca va a estar a mi lado pero, aun sabiéndolo, no puedo ignorarlo –

- ¿Quién es el misterioso chico? – la expresión en el rostro de su hija le decía que no iba a recibir un simple nombre, que la pequeña descripción que le acababa de brindar sería la única información que pondría sobre la mesa – De acuerdo, ya me lo dirás cuando estés preparada. Mira cariño, cuando naciste y a lo largo de toda tu vida siempre te he deseado lo mejor, he deseado que todo en la vida te vaya bien y que nunca supieras que es el dolor, que nunca sufrieras por amor. Pero también hay que ser consciente de la crueldad de este mundo y que en la vida de toda persona se presentan baches que se pueden afrontar, que se deben superar. Sé que ahora estas sufriendo, pero piensa en las cosas positivas que te rodean. También piensa que los malos momentos en la vida te enseñan a abrir la puerta a otros de mejores, que lo que hoy te hace llorar, mañana será la razón de tus sonrisas –

- ¡Hola familia! Dejando de lado el hecho de que me habéis dejado fuera de esa conversación tan misteriosa que mantenéis desde hace unos minutos, os informo de que la cena esta lista. Un delicioso rissoto aguarda vuestra presencia sobre la mesa. Os quiero aquí a la de una, a la de dos … - la voz de Hiriam, el otro de sus padres, se dejaba oír desde la planta baja de la escalera, interrumpiendo la pequeña conversación que mantenían los otros dos inquilinos de la casa.

Padre e hija sonrieron y abandonaron su posición sobre la cama. Aun abrazados se dirigieron a la planta baja de la casa, donde el exquisito aroma de los manjares que los aguardaban se perdían en sus fosas nasales.

- Te quiero hija, nunca lo olvides – Rachel sonrió ante las palabras de su padre. Podría no estar pasando por los mejores momentos de su vida, pero sabía que nunca estaría sola, que siempre tendría a su lado a sus dos alocados, a la par de sofisticados padres.

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- "Lo siento mucho cariño, esta noche tampoco estaré en casa, horas extras en el trabajo. Puedes encontrar algo de cenar en la nevera y … lo siento, debo irme. Te quiero Quinn" – el contestador reproducía la voz apresurada de su madre, anunciando otra de sus ausencias. Quinn, desde su posición sobre el sofá, abrazó sus piernas, sacudiendo su cabeza y con una sonrisa incrédula en su rostro.

- "Hola señorita 'hablo sin saber si los demás están durmiendo' – la voz de Brittany sorprendió a la rubia – Muy bien, es hora de dejar esa tristeza en la que tu solita te sumerges. Q, espabila, se feliz. Como ves, anoche no fuiste la única que estaba despierta, ya sabes. ¿Qué importa adentrarse en lo desconocido cuando se trata de tu felicidad? ¡Ves a por tu chica cariño! –

La sorpresa volvía a adueñarse de su ser, ¿es que nadie dormía? Con las palabras de su amiga de la infancia, una nueva batalla volvía a producirse en su interior. ¿Qué hacia ahora?

Con una amplia sonrisa reflejada en su rostro y sin repararse a buscar la llaves de su coche perdidas entre algún recóndito lugar del sofá que segundos antes ocupaba, decidió hacer caso a su corazón y salió corriendo de su casa, sin reparar en el miedo que siempre había tenido presente.

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Sofocada por su pequeña carrera a contrarreloj hacia su felicidad, comenzaba a notar la ausencia de esa seguridad que reinaba en su cuerpo detrás de cada zancada que se producía durante su carrera. Ahora, mientras su corazón palpitaba notablemente en su pecho, dudaba entre sí picar o no en la puerta del hogar de la dueña de sus pensamientos, dudaba entre seguir a su corazón e intentar ser feliz o seguir estancada entre esos muros que ella misma había levantado. Aun con su dubitativo estado presente, su mano accedió por si sola a picar sobre el pequeño timbre y el sonido de este estremeció a la rubia, quien se sentía completamente vulnerable ante lo que la aguardaba detrás de esa pequeña, pero significativa acción.

Los segundos pasaban como años para ella y, durante ese tiempo, rezaba para que fuera la morena quien le abriera la puerta, no sabía cómo reaccionar ante sus padres. La puerta principal de la casa comenzó a abrirse, rebelando la silueta de una pequeña morena - ¿Quinn? ¿Qué haces aquí? – preguntó la morena confundida, mientras salía al exterior y entrecerraba la puerta detrás de ella. Cuando se encontraban frente a frente, la expresión de la morena volvió a retomar un halo de tristeza – Quinn, por favor. Te pedí que me dejaras ser libre, no quiero sentirme presa de tus propios temores, no quiero seguir sufriendo por lo que despiertas en mi – una lagrima volvía a descender por las mejillas de la morena.

- Rachel, escúchame. Sé que nunca voy a poder disculparme por lo que te he hecho, ni aun pidiéndote perdón cada minuto de nuestras vidas. Pero, de corazón, te digo que lo siento. ¿Sabes? Me he cansado de ser como soy, de no poder hacer o decir lo que quiero. Deseo pasar los fines de semana en tu casa, o en la mía, viviendo momentos inolvidables, haciendo cualquier cosa absurda, pero a la vez especial. Me gustaría decirte muchas cosas, como que eres la luz de mis días o la razón por la que mi corazón se desboca y mi rostro es prisionero de sonrisas. Quisiera hacerte sentir como una princesa, mi princesa, y hacerte participe y protagonista de los versos privados de cada uno de mis poemas o de los párrafos de cada una de mis historias. Quiero ser feliz a tu lado, pero tengo miedo y lo sabes – sus manos amarraron las de la morena, quien la miraba con ojos vidriosos y una sonrisa agridulce en su rostro – Por eso quería preguntarte si … si estas dispuesta a empezar desde cero, a dejarnos llevar y ayudarme a superar este miedo en el que se sumergen cada uno de los días de mi vida. Lo siento Rachel, no puedo pedirte una relación porque no estoy preparada para ello y tampoco puedo prometer que no te haré daño, porque, aunque odio lastimarte, no soy perfecta. Te ofrezco mi corazón, aun prisionero del temor, pero palpitante por tu ser. ¿Qué dices Rachel? ¿Emprendes ese viaje conmigo? –

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¡Hola! ¿Qué tal?
Bueno, sé que el capitulo es breve (a quien quiero engañar, siempre lo son xd) y que deja un poco que desear. Me gustaría que fuera más extenso, como siempre, pero estoy hasta arriba de libros por leer y sí, me apasionan muchos libros, pero no los implantados por mi instituto. Además a eso debo sumar mi constante investigación sobre las adopciones para el atemorizante treball de recerca, así que si seguía escribiendo, seguramente hubiese escribo sobre la adopción de Rachel porque, ahora mismo, el tema de las adopciones es lo único que ronda por mi miente.

Bueno, dejo de taladraros la cabeza y me despido. ¿Qué os ha parecido el capitulo? ¿Os gusta el camino que va emprendiendo la historia?

Como siempre muchas gracias por vuestros reviews y por cierto, me gustaría dedicaros este capítulo a todas las que seguís la historia, pero en especial me gustaría dedicárselo a Shelley25 porque su review hizo de mi día un día mejor, así que muchas gracias por tus palabras y espero que tu gripe desaparezca pronto ;)

Un besazo chicas! Adèu!