El silencio seguía instaurado entre ambas. Quinn, frente a Rachel y con su corazón entre las manos, sentía como su pecho se estremecía con cada uno de los segundos en los que la morena no daba respuesta alguna.

"También piensa que los malos momentos en la vida te enseñan a abrir la puerta a otros de mejores, que lo que hoy te hace llorar, mañana será la razón de tus sonrisas". Ese pequeño consejo que minutos antes le había dado su padre, se repetía en su mente.

No sabía qué hacer, tenía a Quinn amarrando fuertemente sus manos, pidiéndole una oportunidad. Su corazón palpitaba desbocado y un pequeño hormigueo se hacía presente en su estomago, produciéndole sensaciones que nunca antes había sentido.

La sonrisa en el rostro de Quinn comenzaba a desvanecerse y su inseguridad volvía a hacer acto de presencia. Soltó sutilmente las manos de Rachel, esperando su rechazo y empezó a tartamudear palabras incomprensibles que se mezclaban con pequeños sollozos.

Escucha Quinn, yo … -

Lo comprendo – algunas lágrimas volvían a descender por sus mejillas mientras interrumpía a la morena – Soy imbécil. Me detesto por haber esperado tanto, por ser tan insegura y por echar a perder las cosas que iluminan mi vida. Lo siento tanto, soy una estúpida, una … -

¡Basta! – la morena volvió a amarrar sus manos – Ahora escúchame, ¿vale? – Quinn suspiró fuertemente y asintió ante su petición – No eres imbécil, no eres estúpida. No llores por favor, esa angustia te roba el brillo en la cara – sus pulgares acariciaban sutilmente el rostro de la rubia, retirando el rastro de sus lágrimas - ¿Sabes qué? Saberlo es la parte fácil y decirlo la más difícil, la más dura. Y tú lo has hecho y mírame, sigo aquí, no me he ido.

Nunca antes alguien me había abierto su corazón como tú lo has hecho ahora. Dicen que uno de los efectos que produce el estar enamorada es el sentir mariposas revolotear por tu estomago. Yo no sé si considerar esto que siento amor, lo que sí que sé es que esas mariposas en el estomago, ese pequeño hormigueo, sí que están presentes en mi interior. No sé porque me ocurre esto, me sale quererte, directamente lo siento y todo esto solo me pasa contigo. Y sí, estoy más que dispuesta a dejarnos llevar, a simplemente disfrutar. Sé que no todo va a ser de color de rosa, no todo va a ser fácil. Pero voy a emprender ese viaje contigo, vamos a intentarlo, ¿sí? – con cada palabra de Rachel, la sonrisa en el rostro de la rubia se hacía más grande y las lágrimas que ahora caían por sus mejillas eran producto de su felicidad.

Quinn se abalanzó hacia la morena, recogiéndola y estrujándola entre sus brazos. Fue su primer abrazo, un emotivo y fuerte abrazo que quedaría en la memoria de ambas desde ese mismo instante. Sus cuerpos se acoplaban a la perfección entre sus brazos y se sentían totalmente abrumadas ante el aroma de cada una de ellas, el aroma del que ya se habían vuelto adictas.

Se dice que los abrazos son un medio de comunicación porque ayudan a expresar todo aquello que no puedes trasmitir con simples palabras. Y ahí estaban, haciendo manifiesto del idioma de los abrazos, dando vida a sus sentidos y reafirmando sus sentimientos. No querían alejarse la una de la otra, no querían romper ese abrazo.

Rachel, cariño. ¿Quién era? ¿Qué haces ahí aun? Oh, ¡hola! – Leroy salía de la casa en busca de su hija y se sorprendió al encontrarla abrazada a una chica rubia, de la cual desconocía su identidad.

Las chicas rompieron su abrazo ante la presencia del padre. Quinn intentó eliminar el rastro de sus lágrimas con la manga de su camiseta, mientras sus mejillas se ruborizaban adaptando un tono rojizo y su rostro reflejaba una nerviosa sonrisa. Rachel, de espaldas a su padre, sonrió ante el gesto de la rubia y giró sobre sus pies para quedar frente a su padre.

No pasa nada papi, ahora volveré a casa, no te preocupes – la morena sonreía a su padre, intentando conseguir su ausencia en el jardín lo antes posible.

Vale cariño, tomate tu tiempo pero recuerda que la cena se enfría – dirigió su mirada a Quinn, quien se abrazaba a sí misma y tenía un aspecto nervioso – ¡Encantado! Buenas noches – Leroy volvió a desaparecer, dejándolas a solas de nuevo.

Bueno … será mejor que me vaya. Ya es algo tarde y no quiero molestar – Quinn se movía nerviosa sobre el mismo espacio.

Puedes quedarte, hay cena de sobra. Si quieres, claro – la rubia no pudo evitar devolverle la sonrisa que la morena le regalaba.

Me encantaría, pero no puedo. Estoy casi segura de que tus padres saben quién soy y no creo que se les haga muy apetecible la idea de tenerme en su hogar. Lo siento Rachel, nunca voy a poder cambiar el pasado, pero prometo intentar mejorar el presente, con vistas a un futuro mejor. Ya es tarde, volveré a casa – se acercó a la morena y posicionó ambas manos en sus mejillas con una dulzura indescriptible – Gracias – un pequeño susurró a centímetros de su rostro y las piernas de Rachel temblaban, haciéndola pensar que flaquearían y caería estrepitosamente sobre el césped del jardín. Quinn acercó un poco mas su rostro y dejo que sus labios se posaran sobre la frente de la morena, acariciando con total ternura esa zona de su cuerpo. Los ojos de la pequeña diva se cerraron automáticamente al entrar en contacto con los labios de la rubia, posando todos sus sentidos en ese pequeño beso. La rubia finalmente se separó, dejando una sutil caricia en su mejilla y regalándole una última sonrisa – Buenas noches Rachel, descansa –

Rachel, aun algo ausente ante la última acción de la rubia, miraba como esta abandonaba con total parsimonia su jardín. Y en ese momento, sintió como extrañaba el contacto de sus manos, de su cuerpo y de cómo le gustaría volver a acariciar esos labios.

¡Quinn! – la rubia se giró, volviendo al lado de la morena.

¿Sí? –

Me preguntaba si … si mañana ibas a hacer algo –

¿Yo? Mmm … pues la verdad es que si – la morena se maldijo por haberse formado expectativas de compartir una parte de su domingo junto a la rubia, mañana no pararía de pensar en cómo sería estar con Quinn. Pero, ¡qué importaba! De todas formas sus pensamientos eran prisioneros de la rubia día y noche - ¿Sabes esta chica morena? Si hombre, la que es algo bajita, refunfuñona, que desborda talento por cada poro de su piel y que tiene una sonrisa que ilumina el mundo. Pues estaba totalmente dispuesta a pedirle que me regalara su domingo, me encantaría pasar algún tiempo con ella. ¿Tú qué opinas? ¿Crees que aceptaría mi propuesta? – la morena decidió seguirle el juego.

Quizás, nunca se sabe. Además, ¿Quién podría decirle que no a Quinn Fabray? – Quinn rió ante la respuesta de la diva, quien se quedo totalmente ensimismada con el brillo que trasmitían los ojos de Quinn cada vez que sonreía, y en los hoyuelos que se producían en su rostro cada vez que sus labios se curvaban formando una sonrisa - ¿Por qué no lo pruebas? No pierdes nada –

Tienes razón. Rachel Berry, ¿me regalaría usted su domingo? –

Es tuyo, con sus 24 horas – la rubia empezaba a perderse en sus ojos y sentía una fuerza magnética que la impulsaba a invadir el espacio de la morena.

Prometo no desperdiciar ni un minuto. Y ahora, vuelve a casa. Hace unos minutos que tu padre salió a buscarte. Descansa Rachel, hasta mañana –

Avísame cuando llegues a casa, es muy tarde y acostumbro a preocuparme por cualquier cosa – esta vez, al contrario de su anterior y primer abrazo, fue Rachel quien invadió el espacio de la rubia. Dejó recaer todo su peso en la punta de sus pies poniéndose de puntillas y con la misma dulzura con la que Quinn había plantado un beso en su frente, dejó un beso en su mejilla, acariciando por primera vez la piel de la rubia con sus labios.

La morena volvió al interior de su casa y la rubia retomó su viaje de vuelta a la suya. Ambas sonreían, rememorando los últimos minutos y extrañando la presencia mutua.

¡Mira a quien tenemos aquí! Pensábamos que acamparías en el jardín, que abandonarías esta casa – sus padres volvían a hacer acto de presencia en la cocina y Rachel rió ante sus ocurrencias.

¿Quién era? – persuadió Hiriam.

Una … una amiga – respondió mientras recogía su plato ya vacio.

Una vez fregados todos los utensilios que había utilizado, se acercó al comedor donde se encontraban sus padres. Le regaló a cada uno de ellos un beso en la mejilla, sin poder ocultar la sonrisa que reflejaban sus labios.

Buenas noches papás –

Buenas noches hija – respondieron Hiriam y Leroy al unísono. Ambos observaron como la morena desaparecía por las escaleras, tarareando una canción y subiendo cada escalón con un saltito.

Leroy, ¿Quién era? ¿Quién tiene a nuestra hija a si de radiante? ¡Vamos, confiesa! –

Hiriam perseguía a su marido por todo el salón, intentando averiguar la identidad de la persona que provocaba esa sonrisa, muestra de su felicidad, a su hija, sin saber que Leroy no sabía mucha más que él.

Así acabó la noche del sábado en casa de los Berry. Con los padres en la planta baja intentando sonsacar la razón de la felicidad de su hija y con Rachel, en la planta superior, observando el techo de su habitación y con una sonrisa de oreja a oreja rememorando los sucesos que le había regalado ese día.

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"Ya en casa, sana y salva. Por cierto, gracias por regalarme tu domingo, prometo hacerte acabar la semana con buen pie ;). Q."

Quinn retornó a su hogar y volvió a encontrárselo vacio. Su madre seguía trabajando, cosa que no era mínimamente inusual. Al llegar lo primero que hizo fue enviarle un mensaje a Rachel, tal y como la diva le había pedido.

"Gracias por avisarme, ahora ya puedo dormir tranquila. Por cierto, ¿qué haremos mañana? R."

La respuesta de la morena no se hizo esperar y la rubia sonrió al ver su nombre en la pantalla de su teléfono.

"¡Sorpresa! Mñn paso a buscarte a eso de las 12, ¿te parece bien? Q. "

"¿Sorpresa? No me gusta el no estar enterada de las cosas, por eso no me acaban de gustar las sorpresas. Y si a las 12 me parece perfecto. ¡Buenas noches Quinn! :). R."

"Pues lo siento mucho señorita, pero descubrirás tu sorpresa mañana. Ya es tarde, descansa. ¡Buenas noches Rachel! :). Q."

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Hola! ^^

¡Por fin he vuelto a actualizar! Ahora que tengo algo más de tiempo con las vacaciones de Semana Santa intentaré avanzar con la historia. Ya sabéis que siento mucho la tardanza, pero también sabéis que los estudios poco tiempo me dejan para poder escribir.

Y bueno, ¿Qué opináis? Ya sabéis que el teclado no muerde jajajaja

¡Muchas gracias por seguir leyendo, significa mucho para mí!

¡Qué disfrutéis del resto de vuestro fin de semana!

¡Un besazo! Muaks! :)