N/A: Esta historia no me pertenece, es de LadyCornamenta! Ella es la creadora de ella, yo solo le cambie algunos detalles para hacerla Sasu-Saku, todos los créditos son para ella!

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Bajo el mismo techo.

By LadyCornamenta.

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Capítulo tres: El instituto Forks.

El lunes por la mañana me levanté con dificultad, después de haber dormido escasas horas y de forma entrecortada. Arrastrando los pies, me dirigí al armario y tomé algo de ropa casi al azar —después de todo, las prendas que había comprado con Hinata eran todas bonitas— y me encaminé hacia el baño, dispuesta a asearme. Mientras me duchaba, me di cuenta que las heridas que tenía en los brazos y en la pierna ya estaban cicatrizando con total normalidad, y casi no me dolían, ni siquiera en contacto con el agua caliente. Unos veinte minutos después, luego de ponerme una camiseta negra, un sweater gris y unos jeans, con mis zapatillas de siempre; descendí las escaleras, rumbo a la cocina. Allí, como todas las mañanas, se encontraba Sasuke. Estaba apoyado de espaldas contra la mesada y miraba las noticias mientras, a su lado, se estaba terminando de tostar el pan. Cuando escuchó mis pasos, se volvió para mirarme.

—Buenos días —saludó con su voz aterciopelada, centrándose en la labor de preparar el desayuno.

—Buenos días —repliqué, con una pequeña sonrisa, mientras acercaba unas tazas a la mesa.

Desayunamos rápidamente, ya que teníamos algo de viaje antes de llegar al instituto. Oh si, aquél era el día que tanto había temido: ese lunes comenzaban las clases en mi nueva escuela. Salimos al jardín, luego de haber tomado nuestras cosas, y nos encaminamos al Volvo plateado de Sasuke. Me ubiqué en el asiento del copiloto y comencé a jugar con mis manos frenéticamente. Demás está decir que estaba bastante nerviosa ¿No? Es decir, escuela nueva, compañeros nuevos, maestros nuevos. Todo nuevo. Además, no sólo odiaba ser el centro de atención, sino que ni siquiera tenía a mis padres para darme el apoyo moral necesario en una situación como aquella.

Si sobrevivía a aquél día, podía considerarme afortunada.

Cuando llegamos al estacionamiento, Sasuke aparcó prolijamente en uno de los espacios disponibles. Aparté mi vista del gran edificio pintado de blanco que se ubicaba frente a nosotros, para dirigirlo hacia el estacionamiento. Entonces, un flamante auto rojo me llamó la atención. De hecho, creo que llamó la de todos, ya que vi varios ojos curiosos posarse en él. ¡Y cómo no! Yo no sabía mucho de autos pero… ¡Aquél BMW podía hacer voltear a cualquiera! Vi como Sasuke también lo miraba, aunque con cierto desinterés, y se bajaba del automóvil. Rápidamente lo imité, tropezando con mis propios pies. Con mis pasos torpes me acerqué a él, y me sorprendí muchísimo cuando lo vi detenerse frente al llamativo vehículo rojo. Entonces, una joven se bajó de él. Creo que abrí la boca cuando la contemplé, porque era demasiado hermosa, en contraste con el convencional instituto. Incluso hasta el auto parecía pasar a un segundo plano comparado con ella. Su cabello rubio resplandecía bajo la tenue luz del sol, igual que su piel blanca, y sus ojos celestes se enfocaron en Sasuke. Luego, tiró sus brazos alrededor de él y, si antes había abierto la boca, en ese momento debió llegarme al piso. Sin embargo, mi acompañante pronto deshizo el abrazo cordialmente.

—¿Cómo estás, Sasuke? —preguntó la recién llegada con voz suave, sonriente.

En una sola palabra. Deslumbrante.

Así podría describir a aquella muchacha.

Mientras Sasuke respondía secamente, me quedé mirando al otro muchacho, que bajaba del lado del copiloto. Me sorprendí por su tamaño corporal —estaba convencida de que, si me agarraba entre sus manos, podía aplastarme como a una pequeña latita de Coca-Cola, y por el aspecto intimidante que este le daba. Sin embargo, en sus labios bailoteaba una sonrisita burlona, con encantadores hoyuelos a cada lado de ella, que lo hacía perder aquél aspecto temible. Más bien, lo hacía lucir como un niño pequeño dentro del cuerpo de un grandote. Se acercó a nosotros con sus cabellos negros obscuros, con un matiz azabache algo parecido al de Sasuke, ondeando al viento y sus ojazos negros me miraron con una chispa de diversión.

—¿Así que esta es la prisionera, hermanito? —preguntó en tono jocoso, mirando de reojo a Sasuke.

¿Había dicho hermanito? ¿Entonces aquella réplica rubia del increíble Hulk era…?

—Sí, mi hermano Itachi —comentó Sasuke, casi como si hubiera leído mi mente.

—Itachi Uchiha, a tu servicio —se presentó él grandote, haciendo una reverencia.

Luego de aquello, recibió un fuerte golpe en la nuca por parte de la deslumbrante muchacha rubia.

—Tú estás fuera de servicio —murmuró, mirándolo mal. Luego se volvió y me sonrió tenuemente—. Yo soy Ino Uzumaki, la prometida de este idiota —me dijo dándome la mano la famosa Ino, y señalando a Itachi con un gesto burlón.

¿Su prometida? Aquello me sonaba bastante…arcaico. Sobre todo considerando que aquellos dos muchachos parecían realmente jóvenes.

Me sorprendí cuando se abrió la puerta trasera del auto, a dónde ni siquiera había dirigido mi vista luego de ver a Ino, y por ella aparecieron dos jóvenes tomados de la mano. Enseguida reconocí a Hinata, caminando alegremente con su desordenada y corta cabellera oscura. A su lado, un joven de cabello rubio y ojos celestes claros sonreía dulcemente, mientras le decía algo. Hinata reparó de mi presencia, y pronto tuve sus brazos alrededor de mi cuello.

—¡Saku, que bueno verte! —chilló, con su vocecita cantarina.

—Lo mismo digo —respondí yo con una sonrisa, cuando me soltó.

Miró a su acompañante, que llegaba campantemente hacia nosotros con las manos en los bolsillos del pantalón y una sonrisa despreocupada surcando sus labios.

—Te presento a Naruto —me dijo, mirando al muchacho rubio—. Hermano de Ino y prometido de quien te habla —agregó, señalándose graciosamente.

Reí, mientras estrechaba la mano de Naruto, sorprendiéndome otra vez por el hecho de que Hinata tuviera, también, un prometido.

—Saku Haruno, mucho gusto —me presenté, mirando a todos con una sonrisa en mis labios.

Hinata se volvió risueña hacia Sasuke, que seguía serio.

—Perdón que nos retrasamos un poco, es que Itachi se quedó encerrado en el baño —explicó Hinata, haciendo que Naruto y Ino rieran.

—¡Alguien tiene que arreglar esa puerta! —se quejó el grandote del grupo de una forma que me hizo reír suavemente.

Con los cinco jóvenes comencé a caminar hacia la escuela, mientras Hinata hacía un relato de la misma y de cada rincón por el que pasábamos; pura y exclusivamente para mí, la estudiante nueva. Llegué al casillero que me habían asignado, bajo las miradas curiosas de los estudiantes, y dejé algunas cosas de mi morral allí. Cuando estábamos por comenzar de nuevo la marcha, Itachi nos miró a todos con una enorme sonrisa burlona.

—Bueno borregos, yo debo irme con los mayores —comentó con aires de suficiencia, remarcando el calificativo con cierta burla.

Hinata le sacó la lengua.

—Te veremos en el almuerzo, anciano —replicó.

Itachi comenzó a caminar y nosotros también, aunque en dirección contraria.

—Él ya tiene dieciocho —me explicó la más pequeñita del grupo, intentando no dejarme fuera de las conversaciones. Me sorprendió el hecho de que hubiera tan poca diferencia entre los hermanos Uchiha, pero, al igual que con el tema del compromiso, seguí escuchando en silencio—. Naruto y Ino son gemelos —claro, no eran parecidos por nada ¿No? Si, si yo cada estaba cada día más observadora, Já—, y tienen diecisiete.

Asentí ante sus explicaciones, mientras ingresábamos al salón de clases.

Rápidamente nos acomodamos en los puestos que quedaban libres al fondo de la clase. Me alegré de que Hinata se sentara conmigo, ya que todo aquello de comenzar a hacer amigos el primer día no me gustaba demasiado. La primera clase del día fue Literatura; una asignatura que, por cierto, me gustaba bastante. La misma no consistió más que en la organización del programa y la entrega de los títulos que leeríamos ese año y que debíamos comprar. Sonreí. Casi la mitad de ellos los había leído en mi escuela anterior y los tenía ocultos en la biblioteca de mi casa.

Se sucedieron unas cuantas clases después de aquella, que no fueron más que presentaciones de los profesores y de la materia que impartían. Salí con una sonrisa pintada en el rostro cuando acabó la última de nuestras asignaturas de día. Hinata salió, con una sonrisa aun más grande que la mía, y Ino apareció detrás de ella, hablando animadamente con Naruto. Sasuke no estaba en aquella clase, pero rápido lo encontramos apoyado sobre unos casilleros, mirando distraídamente a la gente que pasaba. Su rostro inescrutable se volvió hacia nosotros, mientras despegaba la espalda del metal. En silencio, comenzó a caminar a nuestro lado; sin embargo, pronto Hinata se colgó de su brazo y lo miró alegremente.

—¿Cómo te fue en tus clases? —escuché que le preguntó, mientras entrábamos al amplio comedor del colegio.

—Bien, fue solo una clase Hinata —comentó, y casi pude notar un matiz divertido en su voz, aunque seguía serio cuando lo miré disimuladamente.

—Bueno, quien sabe. Podrían haberte pegado con un diccionario por la cabeza —comentó encogiéndose de hombros—. Las clases de francés puede ser toda una catástrofe —bromeó.

—Debería estar yo ahí, querida Hinata —comentó Itachi apareciendo por el otro lado de Sasuke, uniéndose a la conversación, y pasándole un brazo por los hombros.

—Cualquier clase es una catástrofe si estás tú en ella —comentó Sasuke poniendo los ojos en blanco.

—¡Oh! ¡Hieres mis sentimientos, Sasuke! —dijo teatralmente Itachi, llevándose una mano a la frente.

Hinata y yo soltamos unas risas, mientras veía como Sasuke rodaba los ojos y soltaba un suspiro.

Finalmente, luego de que compramos algo para almorzar, encontramos una mesa entre todo el gentío abarrotado en el comedor. Tomé mi bandeja y comencé a caminar; aunque, haciendo gala de mi torpeza, trastabillé y casi vuela todo el contenido de mi bandeja por los aires. Afortunadamente, Itachi estaba cerca de mí y, dejando en evidencia sus increíbles reflejos, me ayudó a mantener el equilibrio.

—Eres siempre como una damisela en apuros —bromeó con una ronca carcajada, mientras yo ponía los ojos en blanco, divertida.

Después de todo, tenía razón.

Luego del pequeño incidente, me senté con aquél peculiar grupo en una de las mesas de la esquina que habíamos encontrado libre, dónde la luz que se filtraba por los ventanales iluminaba el lugar. Los muchachos se acomodaron y yo acabé sentada entre Hinata y Itachi. La pequeñita del grupo le dio un sorbo a su bebida y luego nos miró a todos con una sonrisa adornando su rostro.

—Entonces debemos ir a comprar todos los libros —comentó con entusiasmo.

—Cualquier cosa que sea comprar le entusiasma, ¿No? —pregunté en un susurro a Itachi, sabiendo que, igualmente, Hinata me escucharía.

Él soltó una fuerte risa, mientras asentía, para luego agregar con voz grave:

—Ella y mi madre son las que se encargan de las pequeñas compras de la familia. Les apasiona todo en lo que deban gastar dinero.

Sonreí. Aquél muchacho sí que me caía bien.

—Saku —me llamó Hinata con su cantarina voz—. ¿Tú me acompañarás a comprar las cosas esta tarde? —pidió, haciéndome ojitos.

—Oh, no, Hinata —me negué, apenada—. Tenía pensado ir a visitar a mis padres al hospital.

Aquella explicación pareció satisfacerla, porque pronto me asintió y me tomó una mano.

—Cualquier que necesites, sabes que no tienes más que pedirla ¿No? —me dijo.

Ahora fue mi turno de asentir.

—Muchas gracias, Hinata, de verdad —respondí, sintiéndome conmovida por su gesto.

Realmente necesitaba un poco de aquello en esos momentos.

El almuerzo transcurrió rápidamente y pronto los seis nos pusimos de pie para alejarnos del concurrido comedor de la escuela. Caminamos por el pasillo y, cuando salimos a los exteriores, es sol pegó con fuerza en nuestros rostros. Dejé escapar un suspiro de cansancio, mientras caminaba a la par de los Uchiha's y los Uzumaki's, que andaban a gran velocidad. El grupo se despidió de mí, dejándome sola con Sasuke, quien pronto sacó las llaves de su auto del pantalón. Comenzó a andar hacia su Volvo y yo lo seguí en silencio. Como el caballero que siempre mostraba que era, me abrió la puerta y me dejo pasar al lugar del copiloto. Luego entró por el otro lado y arrancó con un suave rugido del motor.

—Tienes una familia muy agradable —comenté, cuando ya estábamos saliendo el estacionamiento del instituto.

Asintió, con vista fija en el camino, aunque con un matiz triste en ella.

—La verdad es que no se qué sería de mí sin ellos —me aseguró, haciéndome cavilar un rato sobre el sentido profundo que parecían tener para él aquellas palabras.

Varios minutos, luego, estuve debatiéndome sobre algo que tenía pensado hacer desde hacía un par de días. Esperaba que Hinata nos acompañara luego de las clases, lo que seguramente facilitaría las cosas. Pero, al estar sola con Sasuke, no me sentía tan segura…

—Esto… ¿Sasuke? —llamé tímidamente. El se giró para mirarme, mientras yo abría los ojos, aterrada—. ¡La vista en el camino! ¡La vista en el camino! —grité.

Volvió a mirar al centro, mascullando algo que no escuché.

Yo suspiré con alivio. ¿Acaso estaba loco o qué?

—Perdón por eso —se disculpó con su siempre adulto tono de voz—. ¿Qué decías?

—Esto… te iba a pedir, sí, bueno, si tú podrías…alcanzarme hasta el centro —comenté entrecortadamente.

Era tan endemoniadamente intimidante.

Vi que fruncía el ceño.

—¿Para qué? —preguntó con clara confusión.

—Pues…—vacilé— quería ver si podía conseguir algún empleo en algún negocio del centro —expliqué rápidamente—. Después de todo, voy a necesitar algo de dinero…

—No te preocupes por el dinero —replicó, con su tono serio—. Nosotros po…

—¡No, no, no! —me negué yo rápidamente, sabiendo lo que iba a decir—. Quiero hacer algo de dinero por mi cuenta.

—Pero…

—Nada —corté, rápidamente y de forma algo brusca. Quise reparar mi error, por lo que, luego, con voz más suave y cordial, agregué—. Por favor, llévame al centro ¿Si?

El asintió largando un suspiro, mientras tomaba una suave curva.

Afortunadamente, aquello de conseguir trabajo no fue una odisea como yo pensaba que sería. Le pedí a Sasuke que por favor me esperara en el auto, y comencé a recorrer los comercios de la cuadra, fijándome en cuáles podrían llegar a necesitar algún trabajador. Finalmente, cuando probé suerte en el cuarto, me ofrecieron un puesto. Mi trabajo era como asistenta en una librería. No es que la interacción con la gente se me diera de maravilla, pero estaba segura de que podría hacer eso; además, sabía bastante de libros. La paga, en relación con las horas de trabajo, era bastante buena como para cubrir mis propios gastos, por lo que lo acepté completamente gustosa.

Volví al auto y creo que debía notarse que estaba feliz porque Sasuke, cuando entré, preguntó:

—¿Qué conseguiste?

—Trabajaré en la librería de la familia Sabaku No —le conté alegremente, mientras el ponía el auto en marcha otra vez—. Es un lugar muy agradable.

Él asintió.

El resto del viaje transcurrió en silencio, y sólo se escuchaba de fondo el viento que golpeaba apaciblemente contra las ventanillas del Volvo plateado. Lo vi estacionar frente al hospital y, sin decir nada, se bajó del auto. Lo imité, de forma algo más torpe, y comencé a caminar a su lado.

Después de todo, estábamos en su territorio.

Nos movimos con un grupo de enfermeras que, evidentemente, iban hacia el mismo piso que nosotros y finalmente arribamos hacia aquel escritorio que recordaba claramente. Sasuke le preguntó un par de cosas que no escuché a la mujer detrás del pequeño mueble, y, luego de que ella le respondiera, volvió a caminar con su andar elegante y rápido. Otra vez, cuando estuvimos frente a la última puerta del pasillo, los recuerdos volvieron a mí claramente. Después de que Sasuke golpeó suavemente, como yo esperaba, Fugaku hizo acto de presencia en el insoportablemente blanco pasillo.

—Sakura, Sasuke, que bueno verlos —dijo el doctor Uchiha, con su siempre alegre tono de voz.

Finalmente, luego de hablar con él, me dijo que no podía ver a mis padres, ya que estaban haciéndoles un par de estudios; pero que todo seguía igual que antes. Demás está aclarar que aquello me deprimió muchísimo y, cuando subimos al Volvo nuevamente, estoy segura de que Sasuke lo notó al instante. Y digo que estoy segura porque, a pesar de estar sumida en mis pensamientos, sus miradas furtivas me resultaban bastante incómodas.

Pronto llegamos a casa y me bajé del auto arrastrando los pies. Rebusqué la llave en mi morral; pero, como usualmente sucedía, Sasuke fue más rápido que yo y abrió, incluso antes de que yo pudiera encontrar mi propio juego de llaves. Ingresamos a la casa y, a pesar de que no debían ser más de las siete y media de la noche, lo único que quería era desplomarme sobre mi cama y dormir. Sentía en los ojos un molesto ardor y el cuerpo me dolía horrores.

—¿No vas a cenar? —preguntó la aterciopelada voz de Sasuke a mis espaldas.

Negué con la cabeza, para luego volverme lentamente, con un pie ya sobre las escaleras.

—Estoy…cansada —murmuré, con voz entrecortada.

No iba a llorar. No iba a llorar. No iba a llorar.

Me di vuelta para seguir con mi camino, pero me sorprendí, después de haber subido sólo dos escalones, al sentir un cálido contacto alrededor de mi mano. Me volví para ver el rostro de Sasuke bastante más cerca que antes. Bajé la vista, algo sorprendida, para encontrarme con su mano tomando suavemente la mía.

—Estarán bien —me aseguró con su tono serio y suave.

Asentí, y pronto separó su mano de la mía, confundido, como si no hubiese sido consciente de que me había retenido. Sin embargo, el cosquilleo en mi piel permaneció allí incluso cuando él se retiró.

—Gracias.

Le di una pequeña sonrisa que quizás se vio algo triste, antes de dirigirme con pesadez hacia mi cuarto. Llegué allí y, como venía haciendo últimamente, me dejé caer con pesadez sobre mi cama, sin siquiera cambiarme de ropa. No puedo decir el momento exacto, pero pronto fui transportada al mundo de los sueños.

Esta vez, sin embargo, todo era enfermizamente blanco allí.

La primera semana en el Instituto transcurrió con bastante tranquilidad. Afortunadamente, yo no había sido un gran centro de atención como había creído. De hecho, creo que la mayor parte de las miradas se dirigían a mi por el hecho de que estaba constantemente con los Uchiha y los Uzumaki, que parecían no tener una vida social muy activa dentro de la escuela. Aquello estaba bien para mí; después de todo, teniendo a Itachi cerca, dudaba que alguien se acercara para molestarme. Sólo había llamado la atención por mi cuenta dos o tres veces cuándo, haciendo gala de mi torpeza, choqué contra un casillero abierto, dándome de lleno la cara contra él; o cuándo tropezaba con mis pies en alguna escalera o pasillo.

El viernes, cuando acabó mi última clase, me quedé rezagada para preguntarle al profesor de literatura si la versión de Romeo y Julieta que poseía me serviría para trabajar ese año. Luego de una breve conversación con el maestro, tomé mis cosas y me encaminé fuera del salón, con mis libros en la mano. Bajé la mirada para encontrarme con mi viejo ejemplar de la trágica historia de los Capuletos y los Montesco y sonreí. Ya lo había leído demasiadas vez como para necesitar repasar sus hojas otra vez, pero…

El hilo de mis pensamientos se vio interrumpido, cuando sentí un fuerte impacto contra mí. Creí que por estar tan perdida en mis pensamientos había chocado contra una pared, por la fuerza del golpe, hasta que vi un par de ojos oscuros mirarme fijamente. Estudié de forma silenciosa al muchacho acuclillado frente a mí. Tenía el cabello castaño oscuro recogido con una goma para el pelo y algunos mechones se escapaban por los costados de su rostro anguloso de piel clara. Sus labios finos estaban apretados y sus cejas fruncidas, mientras me observaba fijamente.

—¿Estás bien? —me preguntó, extendiéndome una de sus extensas manos.

La tomé y me ayudó a ponerme de pie. En aquél momento me di cuenta de que me sacaba una cabeza de altura.

Asentí a su pregunta, aún con mi mano entrelazada con la suya.

—Neji Hyuga —se presentó, agitando un poco su mano, y mostrando una simpática sonrisa.

—Sakura Haruno —repliqué, rápidamente, sonriendo también.

—Haruno, Haruno… —murmuró para sí—. Creo que he escuchado a alguien hablar de ti.

Lo miré confundida. Sin embargo, él observó algo sobre mi hombro y luego dibujó una sonrisa torcida en su rostro, con cierta sorna.

—Ah, Tú eres la protegida de Uchiha ¿Cierto? —preguntó.

Fruncí más el ceño, si es que eso era humanamente posible. ¿La protegida de Uchiha?

¿Ahora me llamaban así?

—¿A qué te refieres? —pregunté confundida.

Me señaló con la cabeza algo sobre mi hombro, cuando me volví, vi a Sasuke apoyado sobre los casilleros, con la vista fija en nuestra dirección. Me sonrojé un poco ante su intimidante mirada y escuché la suave risa de Neji detrás de mí.

—Te está esperando —comentó, cuando me volví para mirarlo.

—Eso creo —asentí con pesadez—. Bueno, discúlpame por la torpeza, Hyuga.

—Neji, dime Neji —pidió, con una sonrisa, ahora sincera y mucho más agradable que la anterior.

—De acuerdo, tú puedes llamarme Saku —le sonreí y, mientras me alejaba agité la mano en su dirección—. Hasta luego, Neji.

Con paso lento me acerqué hacia donde me estaba esperando Sasuke. Su mirada obscura estaba clavada en mí de forma intensa y, por unos segundos, sentí que me encogía frente a él. Tenía el rostro inescrutable, por lo que quería preguntarle qué sucedía; sin embargo, la voz cantarina de Hinata nos sobresaltó a los dos. Sasuke desvió su mirada de mi persona y yo me volví para observar el rostro sonriente de Hinata, seguida por un relajado Naruto.

—¿Vamos a comer? —Pidió la más pequeña del grupo—. Estábamos esperándolos en el comedor, pero como no venían…

Asentí, comenzando a andar a su lado. El almuerzo transcurrió con la misma tranquilidad que siempre, sólo que Sasuke estuvo más serio de lo normal y, prácticamente, ignoró mi presencia en la mesa. Cuando terminamos de comer, comenzamos a caminar al exterior de la escuela, con destino al amplio estacionamiento. Hinata y Itachi se pusieron a mi lado, mirándome con una enorme sonrisa que no me dejó para nada tranquila.

—Oye, Saku —Hinata fue quien habló—. ¿Tienes planes para mañana?

Miré a la pequeña del grupo con el ceño fruncido, para luego negar con la cabeza, desconfiada.

—Bueno, nosotras pensamos que, como tú y mi hermano están tan solos en la casa, quizás sería bueno hacer algo, todos juntos —comentó con su mejor cara de angelito.

Aunque, en realidad, era un pequeño demonio.

—¿A qué te refieres?

—Un fin de semana en la casa de los Uchiha —me comentó, con una radiante sonrisa y dando unas palmaditas cual niña pequeña—. ¿Qué me dices? —agregó.

—¿Acaso tengo alguna opción? —pregunté, resignada.

Instantáneamente, Hinata se colgó de mi cuello y comenzó a dar pequeños saltitos a mi lado, mientras ambas nos tambaleábamos peligrosamente por el camino.

Le había comentado a Hinata que esa tarde debía ir a trabajar y, a pesar de que se quejó de que estuviera utilizando mis horas en algo como aquello, terminó aceptándolo y me prometió que cuando acabara con mi turno en la librería, Sasuke pasaría a recogerme, me dejaría agarrar mis cosas y me llevaría a la casa de su familia. Debía comenzar a prepararme mentalmente, porque estaba completamente segura de que me esperaba un agotador fin de semana en el hogar de los Uchiha.

Cuando nos despedimos de Hinata, Itachi, Ino y Naruto; Sasuke y yo ingresamos en su auto, como todas las tardes. Más rápido de lo normal atravesó el estacionamiento y salió del lugar. El camino transcurrió en silencio, sólo interrumpido por los tenues sonidos que nos llegaban desde el exterior. Sasuke parecía molesto. Lo más extraño es que estaba comportándose así desde el mediodía y, si bien siempre era un hombre de pocas palabras, usualmente se lo notaba tranquilo; y, a decir verdad, me molestaba aquella nueva actitud que había tomado conmigo. Si ya comúnmente me costaba compartir un mismo espacio con él, ahora resultaba casi imposible. Por eso, cuando ya estábamos en el centro, me volví hacia él, un poco intimidada y pregunté:

—¿Te pasa algo Sasuke?

—¿Tendría que pasarme algo? —replicó lentamente, sin quitar la vista del camino.

—Estás…extraño —comenté, y lo vi fruncir el ceño pronunciadamente, haciendo que su blanca frente, tapada por un poco de flequillo negro, se poblara de suave arrugas—. Desde el mediodía… —aclaré luego.

Se quedó en silencio y creí que no respondería; entonces, lo vi aparcar violentamente en la cuadra del negocio donde trabajaba. Por unos breves instantes me quedé petrificada en mi lugar, con las uñas hundidas en el tapizado del Volvo; pero sin dudas aquella estupefacción se incrementó cuando lo vi acercarse un poco más a mí, con gesto amenazante. Inconscientemente me eché hacia atrás, ya que nunca, desde que nos habíamos conocido, había visto aquella mirada recelosa y casi violenta en sus resplandecientes ojos negros.

—Ten cuidado con Hyuga —me advirtió, con tono frío.

—¿Qué? ¿Con Neji? —pregunté confundida. Lo oí hacer un mohín de disgusto ante la mención de su nombre—. ¿Qué pasa con él?

—Mantente alejada de él, sólo eso —murmuró y luego se extendió hacia delante.

Por un momento, sentí que mi corazón comenzó a latir como loco, sobre todo cuando accidentalmente rozó mi brazo derecho. Sin embargo, pronto me di cuenta que su inclinación había sido para abrirme la puerta y darme el paso para retirarme. De mal humor, me bajé del auto y cerré la puerta con un poco más de fuerza de lo normal. Mientras veía el Volvo alejarse, me acomodé mi morral sobre el hombro y luego comencé a andar hacia el local de los Sabaku No. Sin embargo, a pesar de intentarlo con todas mis fuerzas, aquella tarde no pude concentrarme para nada en mi trabajo.

¿Qué tenía Sasuke contra Neji Hyuga?

Vaya… Dure como 1 hora editando este capítulo y checándolo para que quedara bien, solo que aun pienso que quedaron algunos errores sobre los personajes y si quedaron, porfavor avísenme!

Ok, otra cosa…
La historia original es sobre Crepúsculo, pero en la historia todos son humanos, les digo porque en un review me lo preguntaron y quería dejarles claro que no, aquí nadie es vampiro.

Y la historia es de LadyCornamenta, no mía!

Quiero agradecerles por sus reviews a:

IKYDA-Chan10

meeeli

mirermione

miitzu

Laguna Negra

SaKuRa6UcHiHa94

Antotis

ayame-chan

setsuna17

sasuke9529

Gisel

sasusaku-G

Elvs-pro-sasusaku

En verdad que me alegra de todo corazón que les este gustando la historia y por el apoyo que dan, y mil gracias a las personas que me han dicho que hay errores con los personajes, cosa que ya eh arreglado.

Ahora sí, sin más los dejo deseándoles un hermoso día, cuídense y Gracias LadyCornamenta.

Atte:

LunithaMoon

PD:

Si te gusta la historia, porfavor deja review, mientras más sean, mas rápido actualizo por la alegría de saber que te ah gustado, así que porfavor, solo manda un review.