N/A: Esta historia no me pertenece, es de LadyCornamenta! Ella es la creadora de ella, yo solo le cambie algunos detalles para hacerla Sasu-Saku, todos los créditos son para ella y Gracias Lady por el permiso!
Bajo el mismo techo.
By LadyCornamenta.
.
Capítulo 7: Ferias, Fiestas, Flaquezas y Forcejeos (Parte I).
—¡Sasuke, Saku, por aquí! —el inconfundible gritito de Hinata nos llamó la atención.
Confundidos, ambos nos dirigimos a donde se encontraba la más pequeña del grupo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Sasuke con voz suave.
Y yo hubiera preguntado lo mismo. Después de todo, el aparcamiento estaba ya con pocos estudiantes, todos dirigiéndose al interior del edificio para asistir a sus clases.
Hinata, sin embargo, sólo sonrió.
—Convocaron a todos los estudiantes a una reunión en el gimnasio —comentó risueña y con un dejo de excitación en su voz—. El director quiere hacer un anuncio.
Los tres nos dirigimos hacia el lugar de reunión. Hinata iba preguntándose que podía ser lo que el director quisiera decir, mientras Sasuke y yo caminábamos sin decir palabra. De hecho, las cosas entre nosotros estaban así de silenciosas desde la noche anterior. El único cambio que había notado, además de que yo ya no intentaba entablar una conversación, es que sus miradas furtivas hacia mí parecían haber incrementado. Demás está decir que mi incomodidad también lo había hecho.
Cuando llegamos al amplio gimnasio, Hinata me arrastró para que me sentara en el suelo, a su lado, como mucho de los alumnos ya habían hecho. Itachi me saludó —si puede llamarse saludar a golpearme con un bolígrafo y a carcajearse de mi cara de confusión al voltear—, y luego Ino le dio un buen coscorrón, que aprobé con un guiño. Sasuke se fue a sentar con Naruto no muy lejos de nosotros. Esperamos allí algunos pocos minutos, hasta que el director de la institución hizo acto de presencia. El hombre, de unos cincuenta y tantos años, era algo flaco y desgarbado, con aspecto cansado, cabello rubio pajizo y ojos oscuros, ocultos tras unos anteojos rectangulares. Con decisión avanzó entre la multitud de estudiantes para colocarse en el centro, sobre una pequeña tarima improvisada. Una de las profesoras le alcanzó un micrófono y el hombre, luego de aclararse la garganta y probar el artefacto que le habían pasado, nos miró a todos.
Al principio dio algunas peroratas sobre aquellos que ocasionaban disturbios en la sala de arte o algo por el estilo, y escuché como un grupo de chicos de tercero se carcajeaban. Entre todas esas risas, pude distinguir el ronco sonido de las carcajadas de Itachi. Luego, el hombre se acomodó sus anteojos y nos miró a todos, explicándonos que haríamos un evento para dar cierre al verano que se iba.
—Es por eso, que hemos coincidido con las instituciones cercanas en realizar una feria el domingo siguiente, para juntar fondos —explicó, y un murmullo general se extendió a lo largo del gimnasio. El hombre se aclaró la garganta, con la intención de acallar las voces—. En las últimas horas de la jornada les haré llegar una planilla con las actividades que deberá dividirse cada curso ¿De acuerdo?
Hubo una especie de asentimiento general, mezclado con cuchicheos y protestas.
—Bueno, ahora vuelvan a sus clases —pidió el director—. En orden —agregó, cuando vio que todos comenzaban a crear una especie de avalancha hacia la salida.
Yo me levante con Hinata y comencé a mover mis pies, tratando de amoldarme a la multitud y de no tropezar en el proceso. Gracias a Dios, logré salir completa del lugar y, con Hinata aún tomándome la mano, comencé a andar por el pasillo…
—¡Saku!
Al escuchar mi nombre, tanto Hinata como yo nos volvimos y me sorprendí al ver los brillantes ojos café oscuros de Neji, que me miraba con una sonrisa. Con ligereza, esquivando toda la gente que transitaba por los pasillos, se acercó hacia nosotras. Hizo una inclinación de cabeza hacia Hinata, que lo miraba con el rostro —para mi sorpresa— inescrutable, y luego posó sus ojos en mí.
—Saku, aquí está la dirección que te dije —comentó, pasándome un papel doblado—. Adentro está todo lo que necesitas saber.
—De acuerdo —comenté un poco confundida.
Me dirigió una amplia sonrisa y, luego de darme un beso en la mejilla y hacerle un gesto de despedida a Hinata con la mano, se alejó por el pasillo. Nosotras, seguimos nuestro camino pero, antes de ingresar al aula, cuando aún nos encontrábamos a unos cuantos pasos de ella, la pequeña Uchiha me miró con las manos en sus caderas.
—¿Qué es ese papel? —me preguntó con voz firme.
La miré alzando una ceja.
—No lo sé, Hinata —declaré, aunque tenía una pequeña idea de lo que podía llegar a ser—. Aún no lo abrí.
—Pues hazlo.
Le dirigí una mirada molesta ante su tono autoritario y luego desdoblé el papelito con fatiga. Ni siquiera tuve tiempo para leer, porque Hinata me lo quitó de las manos. Volví a mirarla feo, pero ella me ignoró, ya que sus ojos volaban a gran velocidad por el trozo de hoja, lleno de palabras que no pude leer desde mi posición. Después de unos segundos, alzó los ojos y me miró con incredulidad. Como vio que no reaccionaba —la verdad es que no sabía por qué me miraba así—, volvió sus ojos al papel.
—Saku, la fiesta de la que te hablé se desarrollará en La Push, en la playa número tres. Es este sábado a las siete de la noche. Si tienes algún tipo de problema en cómo llegar, no dudes en preguntarme. Incluso, no me ocasionaría ningún problema alcanzarte hasta allí. Te dejo mi número —leyó Hinata, poniendo tono grave, como si fuera un hombre. Luego alzó sus ojitos negros y me miró con una ceja arqueada—. ¿Y bien?
—Y bien ¿Qué? —Pregunté poniendo las manos en mis caderas—. ¿Tú también vendrás con eso de aléjate de Neji Hyuga y bla, bla, bla…?
—Saku —me cortó Hinata—. No es un juego. Es serio.
—¿Por qué? —pregunté molesta.
La vi quedarse callada, como si se debatiera internamente en decir algo o no.
Sin embargo, se quedó en silencio.
—¡Dejen todos de decirme que no debo juntarme con él si luego no me dan motivos aparentes para que me aleje! —me quejé molesta. Es decir, ¿A qué estábamos jugando? Me estaba cansando de todo aquello—. No tengo ganas de jugar a los detectives; así que, si no vas a decirme nada…
Vi a Hinata suspirar con cierta frustración.
Aquella pequeña conversación fuera de clase nos costó un castigo, por no asistir a tiempo —de hecho, habíamos llegado a la clase unos veinte minutos tarde—. Cuando terminamos con la última hora del día; Sasuke, Hinata y yo nos dirigimos a almorzar en silencio. Itachi, que llegó un poco más tarde hacia donde estábamos, acompañado por Ino y Naruto, se sorprendió de que todos estuviéramos callados.
—¿Quién murió? —preguntó, siempre con aquellos modos carentes de tacto que parecían ser parte de su personalidad.
Vio que todos seguíamos con seriedad, por lo que no agregó más nada; aunque, entre toda la gente del comedor, puede sentir aquellos diamantes mirarme disimuladamente, con aparente preocupación.
¿Por qué era tan adorable cuando no se mostraba tan frío?
Sacudí la cabeza.
Yo estaba enojada con él. ¿O no?
Comimos en un inusual silencio, sólo interrumpido por las casuales pequeñas charlas entre Ino e Itachi —que evidentemente habían resuelto sus diferencias—, en las que de vez en cuando hacía alguna acotación Naruto. Estaba terminando de comer, cuando escuché que el mayor de los Uchiha me llamaba.
—¿Y damisela? ¿Qué te ha tocado hacer para la feria? —preguntó sonriente.
—Debemos preparar comida para vender —comenté, encogiéndome de hombros. Después de todo aquella era una de las pocas cosas que se me daba realmente bien—. ¿A ustedes? ¿Qué les ha tocado? —pregunté, mirando a Itachi y a los hermanos Uzumaki, ya que Sasuke y Hinata también estaban a cargo de la comida como yo.
—Oh, yo debo hacer un poco de fuerza —comentó con falsos aires de grandeza, señalando sus músculos—. Debemos ayudar a levantar los puestos y todas esas cosas —me comentó.
Solté una suave risa.
—¿Y ustedes? —pregunté a Ino y a Naruto.
—Debemos encargarnos de la decoración —explicó Ino, dejando escapar un suspiro—. Creo que mataré a Karin si trata de decir que los girasoles quedarán mejor que las rosas —dijo más para sí que para todos los presentes.
Reí suavemente.
—¡No es justo! ¡Yo quería hacer eso! —se quejó Hinata, haciendo un infantil puchero.
—No te preocupes, podrás ayudarnos —calmó Naruto, que la tenía tomada por la cintura, dándole un suave beso en la mejilla.
Una tenue sonrisa apareció en el rostro de la pequeña Uchiha.
Cuando acabamos de comer, me puse de pie con frustración, recordando que aún no podía irme: tenía que cumplir con el bendito castigo. Me apunté mentalmente que debía llamar al local de los Sabaku No para avisarles que esa tarde no podría asistir a trabajar. Me arrastré con los pies fuera del comedor y me quedé de pie junto con Hinata, mientras los otros avanzaban. Naruto fue el primero en notarlo, y se volvió para mirarnos.
—¿No piensan venir?
—Tenemos un castigo que cumplir —explicó Hinata—. Por entrar tarde a clases hoy.
Sentí los ojos de Sasuke encima de mí.
—Estaré dentro de dos horas en casa —lo tranquilicé. Sin embargo, lo vi dar un par de pasos hacia nosotras. Lo miré frunciendo el ceño—. ¿Qué haces?
—Esperaré —respondió de forma tranquila.
Sorprendida por su gesto aún, luego de despedirnos de los hermanos Uzumaki y de Itachi, comencé a andar detrás de Hinata y Sasuke. Llegamos al aula que nos correspondía asear y dejamos nuestras cosas a un costado. Sasuke se sentó despreocupadamente en un costado del salón, tomando un libro de su mochila y apoyándolo sobre sus piernas cruzadas.
¿Por qué se empeñaba siempre en verse tan irresistiblemente adorable y, a la vez, soberbio?
Con Hinata salimos del salón en busca de los elementos de limpieza para comenzar con nuestro trabajo. Aproveché el momento para tomar el teléfono móvil de mi bolsillo y llamar a la librería. Luego de pedirle perdón a la señora Sabaku No y asegurarle que haría horas extra algún otro día de la semana, volví a guardar el teléfono en mi bolsillo. Luego, ambas transcurrimos los pasillos de la escuela —que ahora se encontraban casi vacíos, a excepción de aquellos que se quedaban a los talleres extra de ese día—, hasta que Hinata se detuvo. Recién en ese momento me percaté de que sus ojitos negros estaban algo rojos. Entonces, lo siguiente que sentí es como me daba un fuerte abrazo.
—¡Saku, no quiero que estemos peleadas! —chilló con la voz entrecortada—. Perdón si dije algo que te molestó.
Me conmoví con su tierno, y en cierto punto, infantil, gesto. Le devolví el abrazo mientras una pequeña sonrisa, que ella no pudo ver, surcaba mis labios. Entonces me separé para mostrarle mi gesto. Enseguida vi sus ojitos llorosos y me sentí culpable al instante.
—No, discúlpame a mí —le pedí—. Creo que he sido un poco dura —acepté.
Ella sonrió suavemente, secándose con el dorso de la mano.
—Prometo no volver a meterme con el mismo tema —prometió. Su mirada se ensombreció unos instantes—. Sólo ten cuidado.
—Hinata —le avisé, a modo de regaño, aunque estaba sonriendo.
—De acuerdo, de acuerdo, no te diré más nada —aseguró y luego, dando vivaces saltitos, se dirigió a buscar las cosas de limpieza.
Oh, sí; la hiperactiva Hinata estaba de vuelta.
Cuando tuvimos todas aquellas cosas que necesitábamos para comenzar con nuestro castigo, nos encaminamos nuevamente hacia el salón de clases. Allí se encontraba Sasuke sentado en el mismo sitio donde lo habíamos dejado, con el libro entre sus manos. Sin embargo, cuando hice un paneo general del salón vi que todos los bancos estaban contra las paredes, dejando así el lugar ya preparado para comenzar a limpiar el piso. Cuando alzó la cabeza para dirigirnos una rápida mirada al entrar, le sonreí a modo de agradecimiento y comencé con el trabajo, seguida de una saltarina Hinata.
Cuando se comportaba como un caballero, era imposible estar enojada con él.
Además, evidentemente, los Uchiha poseían algún don para que no pudiera estar mal con ellos.
La tarea fue menos ardua de lo que creímos, en parte gracias a la ayuda que Sasuke nos dio y a la hiperactividad de Hinata, quien parecía nunca cansarse de nada. Cuando acabamos con todo, devolvimos los utensilios de limpieza a donde pertenecían y nos encaminamos hacia el estacionamiento del instituto. Sasuke me permitió el paso al asiento del copiloto, mientras Hinata se dirigía rápidamente al asiento trasero. Cuando todos estuvimos arriba del auto, Sasuke arrancó y salimos del instituto. El viaje transcurrió con algunos comentarios de Hinata —como usualmente solía pasar— y pronto llegamos a la casa de los Uchiha.
—¿Nos juntaremos a preparar las comidas? —preguntó Hinata desde el asiento trasero, antes de bajarse, con los ojitos iluminados.
—Hay tiempo para eso, Hinata —respondió serenamente Sasuke—. Ya veremos.
Cuando la pequeña se despidió de nosotros, retomamos la marcha, ahora rumbo a mi hogar. Tenía ganas de ver a mis padres pero, en medio del primer trayecto, Hinata me había asegurado que le preguntaría a Fugaku como estaban las cosas y me informaría por teléfono, sólo por el hecho de ahorrarme una visita al hospital. Le agradecí más de una vez por eso; y, un poco más tranquila, me escurrí en mi asiento, esperando llegar a casa. El trayecto no se hizo demasiado largo y pronto nos encontramos frente a la vivienda pintada de un pálido amarillo. Sin esperar a que Sasuke abriera la puerta, me bajé del asiento y rebusqué las llaves dentro de mi mochila. Para cuando las saqué, Sasuke ya había ingresado a la casa.
—¿Cómo haces eso? —pregunté, mirándolo de reojo.
—¿Qué? —preguntó, mientras ambos nos dirigíamos a la sala a dejar nuestras cosas.
—Abrir la puerta siempre antes que yo —comenté y vi que sonreía de lado.
Recuerda respirar. Recuerda respirar. Recuerda respirar.
Se encogió de hombros.
—Costumbre, supongo —comentó, dejando su bolso cruzado sobre el sofá—. Hinata y Itachi son bastante desorganizados…
Con pesadez me dirigí a mi cuarto y me cambié el uniforme por unos jeans viejos y una camiseta oscura, mientras observaba como, por la ventana de mi cuarto, comenzaban a nublar el paisaje las pequeñas gotitas de lluvia. Me encogí de hombros, ya que aquél clima estaba haciéndoseme más que habitual. Luego volví a bajar y tomé una de mis carpetas, un libro de ejercicios matemáticos y mis útiles. Con todo aquello entre mis brazos, me dirigí a la mesa de la cocina y me acomodé con despreocupación. Allí, cuando llegué, encontré a Sasuke con un papelito y un bolígrafo entre sus níveas manos. En el momento en que me escuchó depositar mis cosas sobre la superficie de madera, alzó la vista.
—¿Qué haces? —pregunté, mientras abría el estuche con mis útiles.
—Una lista de compras —me comentó—. Faltan algunas cosas.
—¿Quieres que te acompañe? —inquirí.
Negó con la cabeza.
—No te preocupes —replicó, siempre serio—. ¿Necesitas algo?
Me quedé pensativa unos segundos.
—Creo que faltaba shampoo —comenté como quien no quiere la cosa, mientras abría mi libro.
Vi que apuntaba algo y se ponía de pie.
—Bueno, volveré enseguida —pronunció con seriedad y luego desapareció con lentitud por la puerta de la cocina.
Yo dejé escapar un suspiro de cierta tranquilidad y casi de forma inconsciente relajé mi postura. Abrí mi carpeta, dispuesta a comenzar con mi tarea de matemáticas, cuando un papelito escapó de entre las hojas y fue con un rápido movimiento a parar al piso. Me agaché para tomarlo y pronto vi la pequeña e irregular caligrafía.
Era la notita de Neji.
Vi que al pie de la misma estaba garabateado su número de móvil. Aprovechando mi soledad, caminé con pasos lentos hasta el teléfono y marqué los números con cautela. Esperé unos segundos y pronto alguien contestó del otro lado.
—¿Hola?
—¿Neji? Habla Saku —expliqué titubeante.
—¡Saku! Perdón, no reconocía el número —se disculpó con tono alegre—. ¿Cómo estás? ¿Para qué llamabas?
Me tomé unos segundos para responder, ya que, en realidad, no había pensado en un motivo concreto para llamarlo. Simplemente, al ver el número, se me había ocurrido marcarlo.
Sobre todo, porque los ojos negros azabaches de Sasuke no estaban allí para traspasarme.
—Quería preguntarte como llegar a La Push —comenté, sin ningún otro motivo aparente.
—¡Ah! No te preocupes —escuché que respondía—. Si quieres puedo pasarte a buscar por tu casa y te llevo.
Me quedé en silencio, considerando las posibilidades. Otra vez las obres del color de los diamantes de mi temerario compañero de casa vinieron a mi mente, y descarté aquella posibilidad al instante.
—No —respondí, intentando no sonar dura—. Preferiría que me indicaras como ir.
Escuché una risa un tanto socarrona del otro lado de la línea.
—Es por Uchiha, ¿No? —preguntó con cierto dejo de molestia en su voz.
¿Cómo sabía él…?
—¿Cómo…?
—Los rumores corren bastante rápido, Saku —me comentó—. Bueno, si quieres puedo esperarte en un costado de la carretera —agregó luego, retomando su tono alegre—. Conozco un lugar donde puedes esperarme —explicó—. Puedo pasarte a buscar por ahí.
Volví a reconsiderar mis posibilidades con cautela, intentando pensar cuales eran las opciones posibles, primero que nada, luego de que me escapara de la casa cual prisionera; sin que Sasuke, mi carcelario personal, reparara de ello. Me pasé una mano por el rostro, con frustración, para luego volver a centrarme en la conversación telefónica.
—Eh… mira Neji, déjame ver que haré y te llamo otra vez cuando sepa mis planes ¿De acuerdo? —comenté, intentando sonar despreocupada.
Escuché su risa grave del otro lado de la línea.
—Cuándo sepas como huir de las garras de Uchiha, me cuentas —comentó con humor—. Nos vemos. Hasta luego, Saku.
—Hasta luego, Neji.
Dando un gran suspiro de cansancio, corté la comunicación.
Aún con el papelito en mis manos, volví a sentarme en mi puesto y escondí el trozo escrito entre mis hojas. Luego, acerqué el libro y me preparé para una exhaustiva sesión de números y extensas fórmulas incomprensibles.
Ni siquiera pude resolver el primer ejercicio —no por el poco tiempo sino porque, de hecho, no entendía absolutamente nada—, cuando escuché la puerta abrirse. Pocos segundos después apareció Sasuke con varias bolsas entre sus manos. Su cabello azabache estaba algo apelmazado y pegado a su cabeza, debido a la lluvia, y sus ropas lucían húmedas. Sin embargo, a pesar de todo, seguía luciendo tan pulcro e irresistible como siempre. Sacudí mi cabeza cuando lo vi dejar las cosas sobre la mesada. Lo vi pasar una mano por sus cabellos húmedos y volverse hacia mí. Se sentó a la mesa en una de las sillas de enfrente y suspiró cansado.
—No tendrías que haber salido con esta lluvia —le regañe, en parte porque así pensaba, en parte porque quería iniciar alguna conversación para romper aquel molesto silencio.
Se encogió de hombros.
—No importa —replicó—. Veo que tu tiene más problemas que yo.
Sonrió muy tenuemente de lado. No era aquella sonrisa que me gustaba pero… ¡Dios!
Lo miré casi atónita, parpadeando varias veces.
¿Sasuke Uchiha estaba siendo amable conmigo?
¿Dónde estaban las cámaras? Porque, ciertamente, aquello no podía estar pasando.
—Yo… —me quedé en blanco por unos segundos, y luego dije lo más sincero que pasó por mi cabeza—. No entiendo nada —me sinceré, dejando escapar un suspiro.
La frase podía tener una doble connotación, pero el evidentemente pensó que sólo me refería a los problemas de matemáticas.
Lo vi ponerse elegantemente de pie y caminar alrededor de la mesa. Luego, observé como empujaba una silla para alcanzarla y sentarse a mi lado. Sentí su aroma dulzón mezclado con el olor a lluvia y mi pulso se aceleró de forma considerable. El también se quedó en silencio algunos segundos, hasta que lo vi estirar una mano hacia mi hoja.
—Debes cambiar el procedimiento y modificar las incógnitas —me explicó con voz profunda y suave.
—¿Qué? —pregunté. Pocos segundos después me di cuenta que estaba refiriéndose a los ejercicios.
—Aquí —me señaló en la hoja—, no puedes poner x, porque esta es una variable dependiente.
—¿Y eso en cristiano significa…? —intenté, más confundida que antes.
Lo vi sonreír de lado casi de forma imperceptible y sentí que mi corazón quería huir de mi pecho. Él, en silencio, me quitó con delicadeza el lápiz de las manos y comenzó a garabatear con una estilizada y pulcra caligrafía algunas fórmulas y números. Cuando acabó, alzó la vista y me miró. Al ver mi rostro, que seguro era de confusión, señaló una de las primeras fórmulas que había escrito.
—¿Ves? Esta depende de esta —me marcó, señalando unas letras que había escrito.
¿Cómo quería que lo escuchara, si su perfume era completamente embriagador?
—Em… —¡Bingo!
Los dos alzamos la cabeza cuando escuchamos el estridente timbre de mi teléfono móvil. A la velocidad de la luz y con mis pasos algo torpes, alcancé el aparato, que seguía sonando dentro de mi mochila con su incesante tono, y lo entendí casi con desesperación.
¡Estaba salvada!
—¿Hola?
—¡Saku! ¡Habla Hinata! —chilló una cantarina vocecilla del otro lado de la línea.
—¡Oh, Hinata!—comenté en voz alta, con la intención de que Sasuke estuviera al tanto de quien estaba del otro lado. Lo miré y, con un gesto, me retiré de la cocina—. ¿Cómo estás?—pregunté, andando escaleras arriba.
—Muy bien —comentó ella con alegría—. Te llamaba porque Fugaku salió hace un rato para el hospital, porque estaba algo atrasado —hizo una pausa—. Me dijo que apenas tenga alguna noticia, me lo hará saber.
—Muchas gracias Hinata —pronuncié, mientras entraba en mi habitación. Me apoyé en el marco de la ventana, observando la lluvia caer con menor intensidad que antes—. De verdad.
—¡Oh, no te preocupes, Saku! Te dije que podrías contar conmigo para todo lo que necesitaras —replicó con una risita—. Debo irme, pero mándale saludos a Sasuke de mi parte. ¿Te está tratando bien?
—Si… —susurré, suponiendo que el comportamiento de Sasuke guardaba alguna relación con su demoníaca hermanita—. Hasta luego Hinata —me despedí.
—Hasta luego… y cuida de mi niño —respondió, y con una risilla cortó la comunicación.
Una sonrisa se dibujó en mis labios mientras cortaba la comunicación, antes las ocurrencias de Hinata. ¡Cómo si Sasuke necesitara que yo cuidara de él! ¡Já! Claro.
Me estiré en mi lugar —dándome cuenta, dicho sea de paso, de que tenía bastante sueño— y salí de mi habitación. Con cautela descendí las escaleras, dirigiéndome nuevamente rumbo a la cocina. Allí Sasuke seguía frente a mi carpeta, aunque su marmórea frente estaba poblada de arrugas, así como su ceño fruncido de forma pronunciada. Volví a ocupar mi lugar a su lado, y lo vi observarme fijamente con aquellas intimidantes obres azabaches. Entonces, pude distinguir algo que pocas veces había visto en ellas.
Fuego.
Con cautela, vi como alzaba una mano entre nuestros rostros. Entre sus largos y pálidos dedos sostenía un papel que observé con cuidado. Mi rostro se contrajo en una mueca de horror cuando identifiqué la caligrafía que lo ocupaba.
Era la nota de Neji.
—Saku… —lo oí susurrar peligrosamente suave.
Sus obres azabaches me estaban matando.
Desvié mi mirada de sus ojos, girando mi rostro hacia la mesada.
Entonces, sentí a cada lado de mi mentón la suave presión de dos de sus dedos, que quemaban contra mi piel. Haciendo una minúscula fuerza —ya que todos mis músculos se habían aflojado con el contacto—, giró mi rostro para dejarlo otra vez frente al suyo. En aquél momento me percaté del casi imperceptible lunar cerca de su labio superior, debido a la cercanía de nuestros rostros.
—Saku, no hagas idioteces, por favor… —pidió en un murmullo suave como el mismísimo terciopelo y su cálido aliento me hizo cosquillas en el rostro.
Quería responderle algo, pero no sabía qué. Y, de hecho, aunque hubiese probado, la voz, muy posiblemente, ni siquiera me hubiera salido.
—No quiero que vayas sola a La Push —continuó. ¿No se daba cuenta de que la tibieza de su aliento me estaba volviendo loca?
—¿Por…qué? —logré articular, intentando concentrarme en otra cosa que no fueran sus ojos negros azabaches. Bajé la vista.
Mala idea.
Sus labios carnosos y entreabiertos tampoco permitían que ningún tipo de pensamiento coherente pasara por mi cabeza.
—Porque no es un lugar adecuado para que vayas sola… —murmuró.
Cerré los ojos, intentado concentrarme auténticamente.
—¿Y tanto te importa? —pregunté en un susurro, sin volver a mirarlo.
No respondió al instante.
En vez de eso, sentí un suave roce contra mis labios. Casi imperceptible, casi inexistente; pero que me hizo abrir los ojos al instante. Sentí que perdía mi respiración y que mi corazón latía a un ritmo incontrolable, cuando vi a Sasuke alejarse y cuando sentí sus ojos mirarme con una extraña mezcla de sentimientos que no pude identificar.
—Más de lo que tú piensas.
Lo vi levantarse y salir de la cocina.
No estoy segura de cuánto tiempo permanecí allí, con la mano sobre mis labios y haciendo grandes esfuerzos por seguir respirando.
Con sólo un roce, había logrado que mi corazón latiera con más fuerza que nunca.
Y con sólo unas palabras, me había dejado más desconcertada de lo que nunca había estado en toda mi vida.
¿Qué estaba pasando?
…
Porfin hubo beso! En verdad que al terminar de editarlo brinque de emoción ya que se me hizo muy lindo Sasuke y creo que a ustedes también, no? En verdad espero y les haya gustado ese capítulo, ya que está realmente hermoso.
*BAJARON LOS REVIEWS! AHORA SON 16! (T.T)
Y a los que dejaron, muchas pero muchas gracias:
akane-chan
Hikari x Takeru
sasusaku-G
-Sakuritah-
SaKuRa6UcHiHa94
uchiha thamie
Naomi-1989
IKYDA-Chan10
meeeli
death linkin
Sakura Daidouji
Elvs-pro-sasusaku
Kaoruchan
Bongio
candygirl-chan
Nancy
Y gracias por agregar el fic a favoritos a:
-Sakuritah-
Bongio
Ahora si los dejo y que tengas un hermoso dia y gracias, ya vamos a 91 reviews!
Si llegamos a los 110 reviews, prometo actualizar al siguiente dia.
Atte:
LunithaMoon
