N/A: Esta historia no me pertenece, es de LadyCornamenta! Ella es la creadora de ella, yo solo le cambie algunos detalles para hacerla Sasu-Saku, todos los créditos son para ella y Gracias Lady por el permiso!

Bajo El Mismo Techo.

By LadyCornamenta.

.

Capítulo 13: ¿Quién quiere autocontrol?

Sentí los cálidos rayos de sol darme de lleno en el rostro, aún con los párpados cerrados. La calidez producida por la luz de la mañana envolvía mi entumecido cuerpo. Me removí con torpeza, sintiendo la cama incómoda. Sin embargo, mis movimientos quedaron reducidos a un suave giro prácticamente nulo, ya que algo me impidió hacerlo. Con cautela abrí los ojos, aún viéndome imposibilitada de enfocar bien mi vista. Aquella superficie de un perfecto color pálido debería haberme alertado de alguna manera. Sin embargo, sólo cuando mis ojos se enfocaron correctamente y vi aquel cabello negro azabache, que me hacía cosquillas en la nariz, pude darme cuenta de la situación. Si no hubiera estado acostada, seguramente me hubiera caído de la sorpresa y el desconcierto.

Suspiré profundamente, viéndome embriagada por aquella fragancia dulce.

Aún boca abajo, algo atontada por el fuerte perfume y con la cabeza apuntando a la oreja de mi acompañante, bajé mis ojos y recorrí el helénico rostro, para encontrarme con algo que me dejó con la boca abierta —en el sentido literal de la palabra—. Mi brazo reposaba sobre aquella cintura enfundada en una camisa verde, que ahora lucía arrugada y desordenada. Entonces me di cuenta que la tibieza en mi costado izquierdo no era más que su mano aprisionando mi cintura. Me quedé totalmente paralizada, sintiendo una extraña sensación en mi pecho.

¿Cómo habíamos acabado Sasuke y yo así?

Y, sobre todo, ¿Por qué siempre que me quedaba dormida cerca de él, amanecía durmiendo sobre él?

Inevitablemente, me sonrojé ante el pensamiento.

Aún con cierta timidez alcé mis ojos a su perfecto rostro. A diferencia de otras veces, que lucía hosco y frío, ahora podía ver una mueca serena en cada facción. Sus cabellos, de color azabache, completamente desordenados; sus ojos cerrados con tranquilidad; su boca levemente entreabierta y dejando escapar con suavidad su respiración. Me quedé prendada a su rostro, el cual me transmitía una paz increíble. Así, decidí que aún estaba cansada y no me preocupé por la comprometedora posición en la que nos encontrábamos, tampoco porque traíamos nuestras ropas del día anterior y ni siquiera porque estábamos en una habitación que no era nuestra; simplemente, me acomodé como antes y volví a quedarme dormida en el más pacífico de los sueños.

No sé cuánto tiempo transcurrí allí, pero me sorprendió que, cuando volví a despertarme, Sasuke siguiera en la misma posición que cuando me había dormido. Acomodado a mi derecha, respirando acompasadamente con sus ojos cerrados. Giré un poco para el costado, aún sintiendo su mano en mi cintura, y me deleité con su piel blanca como la nieve. Con delicadeza, pasé tres de mis dedos por su pálida mejilla y entonces, casi de forma instantánea, sentí dos obres negras mirarme con desconcierto. Un encantador desconcierto.

—¿Saku? —preguntó en un susurro adormilado, con voz algo ronca.

Asentí suavemente mientras quitaba mis dedos de su mejilla. Él pareció notarlo, porque me miró aún más confundido que antes. Me observó por unos segundos a los ojos —en los que me vi patéticamente conteniendo mi respiración— y luego su mirada vagó de forma apresurada por la habitación. Una ola de entendimiento llegó a su rostro, porque este se desfiguró de una forma repentina. Lo vi incorporarse de golpe, quitando rápidamente la mano de mi cintura. Me erguí yo también, aunque de forma más suave, y tiré de la manga de su camisa con delicadeza. Él, que estaba mirando al frente, se volvió para mirarme.

—¿Estás mejor? —pregunté suavemente.

Lo escuché suspirar y sus ojos viajaron a un punto de la habitación lejos de mi figura.

—Sí, muchas gracias —respondió quedamente.

Nos quedamos en silencio allí, en medio de la cama, por unos cuantos segundos; hasta que escuchamos unos casi inaudibles golpes en la puerta. Ambos miramos en aquella dirección con el ceño fruncido y escuché la suave voz de Sasuke.

—¿Adelante?

Apenas pronunció aquello, la curiosa cabecita de Hinata se asomó por la puerta. Su mirada se dirigió de Sasuke a mí y de mí a Sasuke, repitiendo el proceso varias veces. Parecía un poco decepcionada, pero pronto una enorme sonrisa pícara se prendió de su rostro.

—¿Qué haces aquí, Hinata? —preguntó confundido, Sasuke.

—Oye, que ustedes no son los únicos que pueden quedarse a dormir aquí —comentó divertida.

Traía una larga bata de un apagado rosa viejo —que supuse que sería de Ino, ya que le quedaba bastante larga— y bajo sus ojitos negros se veían una pronunciadas ojeras. Volvió a alterar su mirada entre ambos, al ver que ninguno de los dos respondía. Escuché su risita antes de que volviera a hablar.

—Bueno, igualmente, no venía para recriminar nada —comentó, con aquél matiz pícaro que siempre me hacía sonrojar—. Vengo a avisarles que en unos minutos estará listo el almuerzo.

—¿Almuerzo? —preguntó Sasuke sorprendido, ganándome de ante mano—. ¿Qué hora es?

—Las dos de la tarde, quiero hermanito —respondió divertida—. Digamos que tuvimos que postergar el almuerzo porque Kushina sólo se atrevió a despertar a Ino primero alrededor de las doce del mediodía.

—¿Y por qué no viniste antes? —inquirí yo.

—Toqué varias veces la puerta —comentó, aparentemente divertida—, pero nadie respondía así que…

Otro sonrojo volvió a llegar a mis mejillas mientras me ponía torpemente de pie. Recordé que traía puesto el vestido, por lo que me acomodé la falda rápidamente. Sentí dos pares de ojos sobre mí, pero me decidí por mirar a Hinata y evitar los intimidantes ojos de Sasuke. La pequeña de los Uchiha observó a su hermano y luego volvió a dirigir sus ojos a mí, con una sonrisita en el rostro.

—Puedes darte una ducha si quieres, Saku —comentó—. Te conseguiré algo de ropa ¿Te parece?

Asentí suavemente.

—Sí, gracias Hinata.

—Conseguiré algo para ti también, Sasuke —agregó la pequeña antes de salir lentamente de la habitación, arrastrando los pies.

Los dos volvimos a sumirnos en un profundo silencio, hasta que Sasuke decidió ponerse de pie. Con suavidad empujó la puerta y sus ojos se posaron en mí nuevamente. Me hizo un suave gesto con la mano.

—Ven, te mostraré el baño que puedes utilizar —ofreció con seriedad.

Yo simplemente asentí y lo seguí por los pasillos de la casa.

Rápido pude ducharme en uno de los grandes baños de la casa, para luego vestirme con las prendas informales que Hinata me había facilitado. Recordando algunas vagas imágenes de la noche anterior, bajé a la cocina para encontrarme con la sonrisa cordial de Kushina, una malhumorada Ino, la siempre alegre Hinata y un serio y aseado Sasuke.

—Buenos días —saludé suavemente, mientras me sentaba a la mesa.

—Buenos días, Saku —me saludaron Kushina e Ino a la vez, una con tono cordial y la otra con voz cansada.

La madre de los hermanos Uzumaki comenzó a servir el almuerzo, mientras todos comenzábamos a saborearnos por los manjares que veíamos pasar frente a nuestros ojos. Antes de que acabara de servir, escuchamos unos ruidos provenientes del piso superior, seguidos de algunos gritos e improperios. Minutos después, aparecieron en la cocina un sonriente y divertido Naruto, y un enfurruñado Itachi, cuyas ropas se encontraban mojadas.

—¿Quién fue la mente brillante? —gruño el mayor de los Uchiha de mala manera.

Ino levantó la mano sin miramientos, mientras la otra se dirigía a su boca para acallar un bostezo. Itachi se sentó de mala gana a su lado.

—Sabes que sí no te tirábamos agua, podías seguir durmiendo hasta mañana —comentó Ino, encogiéndose de hombros.

—Y sabes que siempre me asignan los trabajos de riesgo… —comentó Naruto con una sonrisa. Luego nos miró a todos, señalando con el pulgar a Itachi—. ¡Me tiró un zapato y creí que me arrancaría la cabeza! ¡Hermano, no sabía que calzaras tanto!

Hubo una carcajada general e incluso vi una suave mueca en los labios de Sasuke. Naruto se sentó a la mesa y todos comenzamos a comer con ansias el elaborado almuerzo.

La comida acabó entre escasas charlas y pronto todos acabamos. Poco después de levantar la mesa, los seis nos dirigimos al living y el panorama seguramente debía resultar bastante patético. De hecho, Kushina se ocupó de confirmar aquello cuando, al entrar a la amplia sala, dejó escapar una suave y melodiosa carcajada.

—¿Dónde están los fuertes y energéticos chicos que salen de fiesta? —preguntó con algo de sorna, mientras pasaba su mirada divertida por nosotros.

Y es que, efectivamente, no quedaba ningún rastro de energía en nuestros cansados rostros. En el sillón más grande del living nos encontrábamos los seis apoyados los unos sobre los otros. Mi cabeza reposaba de forma pesada sobre el gran brazo de Itachi y los desordenados cabellos de Hinata me hacían cosquillas en el hombro contrario. Mas allá estaban sentados Naruto y Sasuke con la cabeza echada hacia atrás, y Ino se encontraba medio acostada entre su hermano y Itachi, con cara de haber pasado por la guerra.

—Creo que esos chicos se han escapado por la ventana —comentó de forma desganada Ino, llevándose una mano a la cabeza—. Si los encuentras por ahí, diles que vuelvan.

—Igual no crean que nos quedaremos toda la tarde aquí sin hacer nada ¿Eh? —aseguró Hinata alzando la cabeza, y todos nos volvimos para mirarla con terror, menos Kushina, que rió melodiosamente.

—¿Qué planea tu demoníaca cabeza? —pregunté frunciendo el ceño.

Hinata se llevó un dedo a la barbilla con un divertido gesto pensativo.

—¡Ya sé! —gritó luego de unos segundos, sobresaltándonos a todos— ¡Vamos a la playa!

Oh, sí. La cara de todos era un poema.

¿Pero quien, en su sano juicio, podía decirle que no a una tan entusiasmada Hinata?

Suspiré. Sería un día largo.

Entre medio de las protestas de los Uchiha y los Uzumaki, me vi siendo arrastrada por la pequeña Hinata al exterior de la casa, alegando que debíamos cambiarnos y tomar algunas cosas. Quedando con Naruto e Ino para las cuatro y media de la tarde —algo completamente inútil a mi parecer, ya que cuándo llegáramos a la playa nos quedaría tan solo un par de horas de luz solar —, Sasuke e Itachi salieron con nosotros. Todos nos subimos al Volvo, que estaba allí desde la noche anterior, y nos dirigimos de regreso a la casa de los Uchiha.

Hinata armó un equipo completo para mí que, al estar demasiado cansada como para discutir, acepté sin rechistar. Estaba acabando de abotonarme una camisa verde sobre el traje de baño oscuro, cuando escuché los grititos de Hinata desde afuera de la del cuarto que ahora ocupaba en mis visitas a aquella casa. Pocos segundos después, la más pequeña de los Uchiha entró en el ambiente como un vendaval, seguida de Sasuke que…

Demonios.

Sasuke en traje de baño. En unas largas bermudas de baño. Nada más.

Tierra llamando a Saku. Tierra llamando a Saku. ¿Hay alguien ahí?

Sasuke notó mi mirada y aparté los ojos automáticamente de su piel nívea. Hinata soltó una cantarina risita y se colgó de la cintura descubierta de su hermano.

—Vamos, que las bermudas quedan bien —alegó, alzando el rostro para mirarlo—. ¿Verdad que sí, Saku?

—A… ja —respondí soltando todo el aire que había estado guardándome.

—De acuerdo, pero… ¿Podrías devolverme mi camisa? —dijo Sasuke de mala gana, evitando mi mirada.

Hinata, con una inocente sonrisa, le pasó una camisa blanca de mangas cortas. Sasuke la tomó de forma recelosa y rápidamente se la pasó por los brazos. Tuve el descaro de observarlo por unos segundos más, mientras el acababa con la tarea de abotonarla de una, a mi parecer, lenta y tortuosa forma.

—¿Ya estás lista, Saku? —canturreó Hinata, dirigiéndome una pícara mirada.

—Si, diablilla —mascullé entre dientes, mientras tomaba mi bolso.

Itachi se nos unió enseguida ante el grito de partida de su hermana. Los cuatro volvimos a meternos dentro del auto de Sasuke y nos dirigimos por la carretera hacia las afueras de Forks. Después de un rato de viaje con la música a un volumen considerable —controlada por Hinata, por supuesto—, llegamos a una pequeña loma que descendía en las playas de La Push. Esta vez, sin embargo, tomamos un camino que nos llevó varios kilómetros más allá de donde se había desarrollado la fiesta de Neji. Después de pasar rápidamente los diferentes balnearios, Sasuke se detuvo detrás de unas plantas y pudimos bajar. Pronto la sal llenó mis pulmones y el cálido viento llegó hasta nosotros de forma placentera, acompañado de los tímidos rayos del sol, que en pocas horas desaparecería. Itachi tomó todos los bolsos y objetos de playa con facilidad y su hermano lo ayudó a llevar algunas sillas que la pequeña Hinata había insistido en meter dentro de la cajuela del auto.

En el centro de la playa, vimos a un animado Naruto hacernos señas con los brazos extendidos. Todos nos acercamos y, a su lado, divisamos a Ino sentada sobre una colorida lona. Traía un traje de baño color cereza que la hacía ver realmente deslumbrante. Naruto pasó un brazo por la cintura de Hinata, pero esta se le colgó del cuello con una feliz sonrisa.

—¡Vamos al mar! —pidió de forma animada—. ¡Por favor!

—De acuerdo —le sonrió Naruto.

—Yo prefiero quedarme aquí —aseguró Ino, aún recostada boca abajo.

—Oh, no, tú te vienes con nosotros —aseguró Itachi, quien, tomándola por la cintura, se la cargó al hombro.

—¡Itachi! ¡Bájame! —se quejó la rubia del grupo, con resultados nulos. Itachi ya había comenzado a caminar hacia el mar, con ella a cuestas—. ¡Cuando mis pies toquen la tierra vas a sufrir graves consecuencias!

—¿Vienes Saku? —me preguntó la pequeña de los Uchiha.

Negué suavemente con la cabeza.

—Prefiero quedarme aquí —aseguré—. Estoy un poco cansada…

—Pero no quiero que te quedes sola… —comentó Hinata haciendo un puchero.

—Tranquila, yo me quedaré aquí —aseguró la aterciopelada voz de Sasuke, y los tres nos volvimos para mirarlo.

La pequeña de los Uchiha dibujó una gran sonrisa en su rostro y, luego de asentir, tiró fuertemente de la mano de Naruto, empezando a correr.

—¡Hinata, me vas a matar! —gritó Naruto con horror, ante la velocidad de su prometida, mientras ambos avanzaban por la arena.

Reí con ganas y vi cómo las comisuras de los labios de Sasuke, a mi lado, se elevaban suavemente ante la imagen.

—Son asombrosos… —susurré, mirando hacia el mar, donde Ino estaba colgada del cuello de Itachi y Hinata y Naruto trataban de sostenerla para que no lo matara.

—Sí, lo son —aseguró Sasuke, mirando hacia el frente.

El sol resplandecía en sus ojos negros y en su cabello, arrancando destellos del color del negro azabache de ellos. La camisa blanca se movía suavemente con la brisa, dándome la impresión de que no era un joven a quién miraba, sino a un ángel.

Sacudí la cabeza.

—¿Trajeron algo para tomar? —pregunté, no sin cierta de torpeza.

Sasuke miró sobre su hombro, analizando todas las cosas que habíamos traído.

—Creo que no —murmuró—. ¿Quieres… que valla a comprar algo?

Negué suavemente con la cabeza. ¿Tantas cosas había traído Hinata, pero no había nada para tomar?

Suspiré.

—Déjame a mí —aseguré; después de todo, un paseo para refrescar mi mente no me vendría mal.

De acuerdo, estar un poco lejos de Sasuke no me vendría mal. Esa era la verdad.

Antes de que él pudiera decir algo más, comencé a caminar con pasos pesados por la arena. Afortunadamente no fue demasiado el tiempo que tardé en llegar a una larga pasarela de madera, donde se ubicaban un par de negocios, en su mayoría cerrados. Con paso lento seguía andando por el largo lugar, tomando una curva. Allí, se podía ver una hilera repleta de negocios, así como también un panorama oculto de la carretera. Pasé algunos lugares con recuerdos y otras nimiedades, hasta que finalmente hallé un puesto de comida.

—Un agua mineral, por favor —pedí, cuando un muchacho de unos veintitantos años se acercó por detrás del mostrador de madera.

Me hizo una seña con la cabeza.

Mientras esperaba, me apoyé de espaldas a la barra, con los codos sobre ella, mientras estudiaba el lugar con cierta curiosidad. Entonces un grupo de altos jóvenes de piel morena clara me llamó la atención.

—¡Neji! —grité.

Todo el grupo se volvió y el aludido, luego de mirarme con las cejas alzadas, se acercó con una sonrisa. Aproveché su camino para tomar mi agua del mostrador y pagarle al joven lo que le debía de forma apresurada.

—¡Saku! ¿Cómo estás? —preguntó tan entusiasta como siempre—. ¿Qué haces por aquí?

—Locuras con los Uchiha y los Uzumaki —comenté yo alzando los ojos, mientras él soltaba un suspiro—. Vine a comprar un agua.

—¿Supongo que entonces debo dejarte ir antes de que manden a la INTERPOL a buscarte no? —replicó con gracia, haciendo que una sonrisa se dibujara en mis labios.

—Supongo.

Comenzamos a andar un poco.

—Oye, Saku —me llamó. Lo miré, alzando un poco la cabeza para alcanzar sus ojos—. ¿Crees que podrás escaparte de los Uchiha alguna noche? —preguntó dudoso.

Lo medité unos segundos, mirando el camino de madera.

—Creo que podría intentarlo —respondí, y volví a mirarlo—. ¿Por qué?

—Me gustaría poder cenar y hablar un poco contigo —comentó seriamente—. ¿Crees que podremos planear algo sin que Sasuke Uchiha quiera mi cadáver? —agregó luego, dibujando una suave sonrisa en su rostro.

Sonreí.

—Lo intentaré —aseguré, antes de darle un beso en la mejilla—. Te contactaré, ¿De acuerdo?

Asintió con una sonrisa.

—Nos vemos, Saku.

Con cuidado, sosteniendo el agua entre mis manos, recorrí el camino de vuelta con tranquilidad. Aún el sol brillaba intensamente escondido entre las nubes, a pesar de que debían ser ya las cinco y media de la tarde. Con cuidado salí del camino y comencé a andar por la arena. Cuando llegué, pude divisar a los lejos a Sasuke, sentado sobre la lona. En el mar todavía se escuchaban gritos y podía ver las figuras de los Uchiha y los Uzumaki moviéndose en el agua.

—¿No tienen frío? —pregunté yo, sentándome al lado de Sasuke.

Pareció sorprendido por mi presencia y, saliendo de aquél estado pensativo en el que se encontraba antes de que yo hablara, se encogió suavemente de hombros.

—Están algo locos —aseguró, volviéndose para mirarme.

Le sonreí.

—Y tú debes ser la oveja negra de la familia ¿No? —bromeé.

Me sorprendió ver aquella sonrisa torcida tan… ¡Demonios! ¿Qué definición podía darle a aquello?

—Supongo que tengo algo de oveja negra… —murmuró, con las comisuras de sus labios aún tenuemente alzadas.

Y algo de bipolar también.

Honestamente, ¿Cómo podía ser tan frío en un momento y alguien tan agradable en el otro?

Entonces recordé la charla que había tenido con Hinata… ¿Tendría que ver su promesa con su constante actitud conmigo? ¿Sería realmente aquél Sasuke agradable y dulce el qué se ocultaba detrás de la coraza? Parecía tan sincero cuando lucía aquella sonrisa y cuando hablaba de manera tan despreocupada pero… ¿Cómo saberlo?

Aquella mueca pacífica en su rostro me aseguró que estaba tranquilo y que la forzada frialdad estaba fuera de su mente, por lo menos en aquél momento. Sus ojos cerrados y sus labios aún curvados de forma casi imperceptible me otorgaban el indicio de que, seguramente, aquél era uno de esos pocos momentos en los que estaba frente al verdadero Sasuke Uchiha. Así, sin ningún tipo de barrera, sin ninguna coraza. Con las defensas bajas…

Entonces, algo en mi mente se instaló y comenzó a debatirse dentro de ella.

¿Debía seguir mis impulsos, o medir las consecuencias antes de actuar?

Una suave y cálida brisa vino hacia nosotros, y sus cabellos se ondularon con el viento de manera sublime, desprendiendo destellos que no tenían nada que envidiarle al mismísima obscuridad.

Entonces, me decidí.

Con inseguridad pero con rapidez, llevé una mano a su cuello. Vi cómo sus ojos se abrían y se fijaban en mí con confusión.

—¿Saku, que…?

Esa vez, sin embargo, fue mi turno de no darle tiempo. Esta vez quise ser yo la que pudiera dejar a sus impulsos liberarse. Quise, por una vez desde que nos habíamos conocido, destruir las barreras de Sasuke Uchiha.

Y lo besé.

Incluso cuando se encontraba sorprendido, moví mis labios sobre los suyos de forma suave, aún cuando esperara su rechazo.

Sin embargo, sus manos sobre mi rostro me desconcertaron.

Como siempre, terminó siendo él quien rompió mi autocontrol, cuando sus labios comenzaron a moverse sobre los míos de forma lenta y acompasada.

¿Por qué Sasuke Uchiha siempre tenía la capacidad de sorprenderme?

Como tantas veces, sentí que su boca se despegaba de la mía; pero, a diferencia de otras veces, él no se alejó. Sus cálidas manos se quedaron a ambos lados de mi rostro y su frente descansó contra la mía. Cuando despegué mis párpados lentamente para observarlo, me encontré con sus ojos aún cerrados. Lo sentí suspirar contra mi rostro de una enloquecedora y dulce forma.

—Saku, ¿No recuerdas lo que te dije sobre mi autocontrol? —preguntó en un susurro que me incitó a cerrar los ojos también.

—No necesito que te controles —respondí de vuelta yo, completamente embriagada por el sonido de su voz de terciopelo.

Cuando se quedó por un rato en silencio, abrí mis ojos para toparme con sus relucientes e hipnotizantes obres negras, aún con su frente unida a la mía. Sentí tristeza en ellas y un extraño sentimiento me traspasó el alma.

—Es que no entiendes… —susurró—. Yo no puedo darte… nada.

Una de mis manos pasó de forma casi inconsciente por su cuello, hasta llegar a su mejilla.

—Yo no te estoy pidiendo nada… —aseguré en un susurro también—. ¿Por qué tan sólo no puedes dejarme intentarlo?

Su rostro se contrajo en una extraña mueca y sus ojos aún lucían tristes.

—Porque siempre que lo he intentado, me ha salido mal… —susurró—. No quiero volver a cometer el mismo error.

—Sasuke… —repliqué de forma suave, a modo de protesta.

—Saku, lo hago por ti —me aseguró apaciblemente—. Es mejor para ti si te alejo de mí.

Lo estudié cuidadosamente.

—Pero yo no quiero alejarme de ti —le aseguré, pasando distraídamente mi mano por su suave mejilla—. No quiero.

Se acercó a mí con cuidado y mi corazón aumento su ritmo, que ya de por sí estaba bastante por arriba de lo normal. Con cuidado apretó de forma suave mi cara entre sus manos y presionó sus labios contra mi frente. Entonces, pasó un brazo por mis hombros y me atrajo de forma cálida contra su pecho. Me quedé unos segundos asimilando lo que sucedía, hasta que logré reaccionar, y me acomodé contra el pecho de Sasuke.

—En algún momento lo comprenderás, Saku —me aseguró—; pero gracias, de verdad.

No reclamé nada. Por lo menos, en aquél momento no lo deseaba.

Después de todo, sus palabras me habían sonado a un cambio favorable en todo lo que pasaba entre nosotros.

Y además, en sus brazos, podía quedarme para siempre sin decir ni una sola palabra.

Disculpen la tardanza por no haberlo actualizado antes, pero la verdad era que no había tenido casi tiempo de nada, me conectaba y me iba, y venían por mí, que los regalos, la comida, etc.

Bueno, solo paso rápido y espero este capítulo les haya gustado, la verdad a mi sí, porque se me hace muy valiente de parte de Saku al besar a Sasuke, no todas nos atrevemos.

Muchas gracias por sus reviews y recuerden que tanto como yo los leo, también los lee nuestra querida autora, LadyCornamenta, así que mil gracias a todos por sus reviews:

death linkin

setsuna17

Hikari x Takeru

-Sakuritah-

Nanfy-Uchiha

LunaSuk-chan

Sua Uhiha

Gotiitaaxz

Elvs-pro-sasusaku

Freiya

Kaoruchan

io0p!!!

Sakura Daidouji

candygirl-chan

nereida-chan

Diana

BONGIO

Lili

ale1593

sasusaku-G

Tsukisaku

IKYDA-Chan10

Melbelu

kariedu56

gabriela28

y especialmente a:

LadyCornamenta

Ahora si los dejo, deseándoles un hermoso día y prometo actualizar antes de año nuevo!

Atte:

LunithaMoon