Querida Bella:

Al parecer mi llegada no fue tan secreta como pensé que sería, después del primer día de estancia en Forks, me visitaron Sam y sus lobos. Al parecer otro vampiro ha estado merodeando los alrededores desde que me nos fuimos: Victoria.

Esto me hace pensar en muchas cosas, y la primera es que ya no puedo ni debo seguir ocultándote mi presencia, durante esta semana en la que he estado en Forks, he ido planeando la forma en la que me mostraré ante ti. Y si tu licántropo no se entera aun mejor, no podrá intervenir, esta es mi zona y tú eres mía.

Tal vez te deje una nota, o me muestre ante ti en una de tus visitas a mi casa para dejar tus preciados diarios (que estoy seguro será pronto a juzgar por la inmensa pila de cuadernos que hay en tu escritorio), después, mi Bella, todo volverá a ser como era, lo juro.

Me dedicare a protegerte, a adorarte, como siempre he hecho, envejecerás a mi lado, pasaremos toda una vida, tu vida, juntos, y todas las puertas te serán abiertas, no habrá absolutamente nada que se te niegue, de eso me encargare yo. Eres la única a la que he amado Bella, la flor más delicada, el paisaje más hermoso, la pintura más bella. Y como estas destinada, como el resto de los humanos, a vivir una vida efímera, cuando llegue el momento, cuando de tus ojos se apague toda luz, y te desvanezcas de este mundo en mis brazos, me encargare de seguirte, para estar juntos por siempre, si es que me dejan entrar al lugar a donde tu alma inmortal descanse. Si tan solo hubiera una forma de que te quedaras conmigo para siempre sin tener que quitarte el alma… Más no seré yo quien te condene, y si esa tal Victoria o quien sea se atreviera a tocarte, aunque fuera el más leve roce, me encargare de que sus ojos no vuelvan a ver la luz, y que sus cuerpos queden inertes, sin vida, para que no puedan volver a dañarte. Esa es mi promesa, protección y todo mi amor infinito, hasta el fin de los tiempos.