Capítulo dos: Sin memoria
Sakura cogió el camisón que Arashi le había dejado en la cama y se metió discretamente en el baño, mientras los otros tres se giraban de espaldas para cambiarse.
- No veo ningún nombre –dijo Syaoran, girando a izquierda y derecha para examinar su espalda tan bien como podía. Al no ver nada, se puso la sudadera larga que Sorata le había prestado.
- Yo tampoco –dijo Fay. Se retorció de formas que Kurogane creía imposibles, mirando la parte trasera de sus rodillas y las plantas de los pies.
Kurogane sacudió la cabeza. Estaba un poco aliviado, ya que no estaba seguro de si confiaba suficiente en Fay para depender de él en una batalla. Los mundos que habían visitado tenían una extraña forma de emparejarlo con él como por defecto, ya que Sakura y Syaoran estaban claramente unidos por hitsuzen. Al menos, se dijo Kurogane, era por defecto, en vez de pensar en la otra posibilidad, la cual lo incomodaba.
- ¿Estáis todos decentes? –Sakura llamó con cuidado en la puerta de papel, y Syaoran la abrió, incitándola a entrar-. No he encontrado ningún nombre –dijo ella-. Aunque espero hacerlo. Quiero ser capaz de ayudaros a buscar mis plumas. Habéis hecho mucho por mí.
- Princesa… -Syaoran se inclinó mientras la ayudaba a meterse en la cama. Se sonrojó.
- Ah, joven… -comenzó a decir Fay, pero Kurogane le dio un codazo en las costillas y por una vez se calló. Mirando atrás, fue bueno que lo hiciese. El pobre Syaoran habría explotado si Fay hubiese acabado la frase. Kurogane se preocupaba por el chico más de lo que dejaba ver.
- Miraremos otra vez por la mañana –dijo Kurogane-. Con nombres o sin, conseguiremos tu pluma de manera que podamos irnos de este mundo y quitarnos estas estúpidas orejas.
Fay rió y le tiró de la cola. Se apartó antes de que Kurogane pudiese agarrarlo.
- ¡El cachorro grande está enfadado!
- Pues claro que estoy enfadado –gruñó él-, y esos estúpidos nombres no ayudan.
- Pero ahora pareces un cachorro grande –provocó Fay, que se precipitó hacia la puerta.
- No me lo recuerdes.
Kurogane se giró hacia Fay, que tropezó con el futón y se estrelló contra la puerta de papel.
- ¿Ocurre algo? –preguntó Sorata, apareciendo de nuevo en el corredor. Encendió la luz y vio a Fay en el suelo entre las astillas y los restos del shoji.
- No –dijo Fay, sonriéndole-. Bueno, en realidad sí. Hemos roto la puerta. Lo sentimos.
Kurogane puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos. El maldito mago había roto la puerta, y le daba la sensación de que le tocaría a él arreglarla, igual que la última vez que habían hecho una reparación, en el país de Koroyo.
- La arreglaremos –insistió Syaoran.
- Ellos la han roto, ellos pueden arreglarla –Arashi se cruzó de brazos. Kurogane abrió la boca para protestar, pero el abanico apareció en sus manos y recordó el golpe que le había dado a Sorata, así que decidió no decir nada-. Lo haréis, ¿verdad?
Kurogane gruñó en asentimiento. Su sospecha se confirmó. Él hizo toda la faena mientras Fay "supervisaba", igual que la última vez. Algunas cosas nunca cambian.
- Si ni siquiera he roto la maldita cosa –rezongó mientras barnizaba el papel nuevo-. No ha sido culpa mía.
- ¡Pero Kuro-pii me perseguía!
- Porque me has tirado de la cola.
Fay rió y le miró de nuevo las orejas negras y la cola. Adivinando sus intenciones, Kurogane le sujetó la mano antes de que le volviese a tirar de las orejas.
- No entiendo por qué tú no las tienes –murmuró Kurogane-. Te quedarían bien –Fay lo miró sorprendido-. Quiero decir –tartamudeó el otro-, propiamente estúpidas, eso es –Fay arrugó la nariz, pero no dijo nada.
Siguieron trabajando en silencio. O Kurogane trabajó en silencio mientras Fay "supervisaba" en relativo silencio, excepto por alguna risita ocasional. Arashi se quedó a mirar. (Kurogane se preguntó por qué no le decía a Fay que ayudase).
- Kuro-muy es bueno con las manos –comentó Fay sobre las dos de la madrugada.
- He arreglado puertas antes –explicó, alisando el papel una última vez-. Son bastante frágiles.
- Ya me he dado cuenta. ¿Kuro-pon también atravesó una?
- No –respondió Kurogane-. Simplemente no eres la primera persona que lanzó a través de una.
Fay rió.
- Oh, esperaba ser tu primera vez.
Arashi, todavía sentada bajo el kotatsu, sonrió ligeramente a escondidas. Ninguno de los dos lo vio. Kurogane apoyó la puerta contra la pared.
- Deja que el pegamento se seque durante la noche –dijo Arashi-. Puedes ponerla en su sitio por la mañana.
Se levantó, poniéndose bien la bata de seda, y desapareció tras otra puerta similar (ésta aún entera). Los dos hombres volvieron a la pequeña habitación que compartían para encontrar a Sakura, Syaoran y Mokona dormidos. Sakura estaba de lado, abrazando a Mokona como una muñeca, y Syaoran estaba en el suelo junto a ella, con la cabeza apoyada en el borde de la cama.
Kurogane hizo el gesto de apagar la luz, pero Fay lo paró. Se arrodilló junto a Syaoran y señaló la planta de su pie, haciendo gestos a Kurogane para que mirase. Éste entrecerró los ojos para ver; no pudo entender las letras, pero entendió lo que Fay quería decir. Asintió para indicar que le entendía y apagó la luz. Fay tapó a Syaoran con su manta y se tumbó en su futón sin nada para taparse.
- Estoy acostumbrado al frío –dijo en voz baja a modo de explicación.
Cuando se levantaron la mañana siguiente, Fay se encontró en el futón de Kurogane. Éste abrió un ojo y la frase si las miradas mataran, o su equivalente celesiano, atravesó la mente del mago. Rodó de vuelta a su futón.
- Acostumbrado al frío, ¿eh? –siseó Kurogane, y Fay se encogió de hombros e hizo el gesto de dormir. No se había dado cuenta ni siquiera de que lo había hecho.
Se levantaron y se vistieron antes que Sakura y Syaoran. Por el aspecto que tenían, hubiesen dormido todo el día de no ser por el ruido causado por Kurogane mientras colocaba la puerta y el intento de ayuda de Fay.
- No la rompas de nuevo, mago idiota –gruñó Kurogane, olvidando por un momento hablar en voz baja-. No ayudes. Sólo… supervisa.
Fay sonrió de forma traviesa.
- Ah, buenos días, Syaoran-kun –dijo mientras esquivaba el intento de Kurogane de golpearlo-. O supongo que sería mejor decir buenas tardes.
- ¡Tarde! –gritó Syaoran, saltando y despertando a Sakura-. ¡He dormido demasiado! ¡Deberíamos estar buscando las plumas!
- No pasa nada –dijo Fay-. Necesitábamos acabar de poner la puerta –se agachó otra vez-, y vosotros dos necesitáis descansar mientras estemos en mundos seguros como éste. Nunca sabes cómo será el siguiente. ¿No es lo que dijo la Bruja Dimensional? Habrá mundos llenos de mentirosos, mundos llenos de criminales. Deberíais descansar mientras podáis.
- Cr-creo que tienes razón –dijo Syaoran. Se sonrojó y apartó la mirada. Sus ojos se posaron sobre el futón sin manta de Fay, y miró la que había arrugada en el suelo junto al lugar donde había estado durmiendo.
Fay alzó una mano antes de que Syaoran pudiese darle las gracias.
- No te preocupes, estoy acostumbrado al frío –Kurogane se rió, pero rápidamente hizo ver que tosía mientras acababa de poner la puerta en su sitio-. Además, anoche descubrí algo. Mírate la planta del pie.
Syaoran le lanzó una mirada extrañada, y se giró para poder mirarse. Allí, en la planta del pie, había unas letras extrañas como las que Arashi tenía en el cuello. Syaoran entrecerró los ojos; las letras se parecían a las del país de Jade, igual que las que su padre le había enseñado en las ruinas. Le pareció que hacía una eternidad de eso, mientras identificaba torpemente las letras, MEMORY, y después algo extraño e indistinto. Frunció el ceño, inseguro del significado, pero de repente perdió el equilibrio. Kurogane lo sujetó.
- No quiero tener que arreglar la maldita puerta otra vez –dijo, y Syaoran asintió, plantando los dos pies en el suelo.
- ¿Sakura-chan tiene una también?
Sakura se frotó los ojos medio dormida y se giró para mirarse también la planta del pie. Había unas letras; MEMORYLESS.
- Así que habéis descubierto vuestros verdaderos nombres –dijo Sorata. Su costumbre de aparecer de repente empezaba a molestarlos. Sakura asintió, avergonzada de mostrarle la planta del pie. En el País de Clow, eso se consideraba un insulto, una falta de respeto. Encogió los dedos-. Entonces debería enseñaros cómo funcionan las batallas de hechizos –dijo-. Puedo explicar lo básico durante la comida. ¿O debería decir el desayuno?
