Capítulo tres: Sin Hogar
Igual que el Sorata de la República de Hanshin, el de aquí era profesor de historia. Usó una marioneta para explicarles cómo funcionaba el sistema de lucha, incluyendo una breve explicación sobre la Academia de las Siete Voces, donde estudiaban los luchadores y los sacrificios.
- ¿Alguna pregunta? –inquirió Sorata, soltando la marioneta. Los demás negaron, pero Syaoran alzó la mano.
- Arisugawa-san… -empezó el chico, pero Sorata lo interrumpió.
- Sólo Sorata –dijo-. O Sora-chan.
- Uhm, pues, Sorata-san –Sorata- hablas distinto al resto de gente de aquí. ¿Es una variante antigua de tu idioma?
Sorata rió.
- Es un acento de Osaka, Syaoran-kun.
Syaoran se sonrojó y apartó la mirada.
- L-lo siento.
- ¿El otro Sorata usaba una versión antigua de su idioma? –preguntó éste, apoyándose en la pared y con los pies aún bajo el kotatsu-. Me interesan los otros mundos en los que habéis estado. Quizás me podríais contar cosas sobre ellos después de cenar, pero mientras tanto os recomiendo que sigáis buscando la pluma ahora que sabéis como luchar. Aún faltan unas horas para que oscurezca. No es peligrosa esta zona por la noche, pero no os perdáis.
Salieron juntos, esta vez con un poco de dinero de Sorata y un mapa de la estación de tren que había cerca. Con la ayuda de Mokona, fueron capaces de moverse con el tren.
- Mokona sabe que está en la ciudad, pero Mokona no está seguro de dónde –susurró. Sakura lo llevaba en sus brazos como si fuese un juguete para no atraer mucho la atención. Fueron en dirección contraria al parque en el que habían estado el día anterior, con la intención de volver caminando al apartamento de Arashi y Sorata.
Fay se frotó la mano. Sentía una picazón en el dedo anular izquierdo que no conseguía quitarse y se preguntó si tendría relación con la concentración de magia que sentía.
Mientras paseaban, sintieron el molesto sonido de otra unidad chocando contra la suya. Kurogane estaba tenso. No quería que el chico y la princesa luchasen. Se dio cuenta de que no quería que la princesa resultase herida, pero como sacrificio, era precisamente ése su deber durante la batalla. Pese a su anterior alivio, estaba empezando a desear tener él también un nombre de manera que pudiese luchar en su lugar. Se preguntó cuando había empezado a preocuparse tanto por ellos.
- ¿Alguna pista, Mokona? –susurró Sakura. Mokona negó.
Las vibraciones de la pluma iban y venían como olas, a veces un poco más fuertes, pero normalmente Mokona apenas podía sentirlas. Lo único que sabía es que se encontraba en algún lugar del país.
Syaoran se paró de golpe, haciendo que Sakura casi chocase contra él. Éste la sujetó.
- Un jinja –dijo Kurogane, alzando la vista hacia las puertas-. También hay en mi mundo.
- Son como un santuario, ¿verdad? –preguntó Syaoran. Kurogane asintió. El chico miró con nostalgia los grandes y antiguos pilares y los jardines que había más allá.
- ¿Por qué no entramos? –sugirió Sakura, sintiendo la curiosidad de Syaoran. Lo tomó de la mano y pasó por debajo de las grandes puertas dando saltitos, llevando al chico con ella. Él la siguió de buen grado.
Kurogane guió a Syaoran por el santuario, explicándole qué partes coincidían con los de su mundo y para qué servían. El joven estaba fascinado. Sakura y Fay deambularon sin prisas por los jardines, observándolo todo de una forma más superficial.
Compraron la buenaventura por 50 yenes. Fay le pidió a la miko que se la leyera mientras Sakura descifraba la suya. Viendo que el mago fruncía el ceño, la sacerdotisa le dijo que si no le gustaba, podía atarla con las otras malas fortunas y así no se cumpliría. Fay lo deseó. Hizo el nudo tan fuerte como pudo.
- ¿No te ha salido buena suerte, Fay-san? –preguntó Sakura, cubriendo sus manos con las suyas. Frunció el ceño y lo miró a la cara, señalando la piel enrojecida de su dedo. Fay sacudió la cabeza.
- ¿Qué has dicho?
Con cuidado, Sakura desdobló su buenaventura y se la mostró a Fay, que frunció el ceño ante los complicados caracteres.
- Creo que dice que encontraré lo que busco. Syaoran-kun me enseñó a leer el idioma cuando estábamos en Shura, y éste se parece mucho.
- Pues guárdalo –dijo él, casi melancólicamente-. Espero que se haga realidad.
Ella sonrió y metió su fortuna en el monedero que le había dado Arashi. Éste se parecía mucho a Mokona.
Se sentaron en un banco y Sakura les dio a los pájaros pequeños trozos de su comida, un tipo de fruta confitada sobre una galleta. Ella había dicho que eran fresas, pero Fay estaba casi seguro de que en su mundo las llamaban cerezas.
Kurogane y Syaoran llegaron poco después. Syaoran estaba completamente rojo. Fay se estaba empezando a preocupar por el constante flujo de sangre hacia la cabeza del chico. Cuando se acercaron al lugar donde estaban sentados, Syaoran se sonrojó aún más y alargó una mano. Sujetaba lo que parecía un pequeño monedero de seda rosa ricamente bordado.
- P-para ti, princesa.
Sakura se ruborizó y aceptó el regalo, tartamudeando. Le sonrió, y Fay vio que Kurogane extendía una mano hacia el chico por si se desmayaba.
- Es para encontrar objetos perdidos –explicó Syaoran-. Quiero decir, eh, no es que necesites… haré cualquier cosa para encontrar…
- Me encanta, muchas gracias –Sakura apretó el amuleto contra su pecho, se levantó y plantó un rápido beso en la mejilla de Syaoran. Éste casi se desmayó.
- A-aquí pone para qué sirve –explicó él, señalando unos caracteres dorados bordados en la seda-. Y Kurogane-san dice que éste es el nombre del santuario. Significa "templo del reino brillante".
No estaban más cerca de encontrar la pluma, pero Sakura parecía tan contenta con el amuleto que no importaba. Habían disfrutado su desvío, aunque ya empezaba a oscurecer. Volvieron deprisa, mientras Mokona se esforzaba por detectar algún incremento de las ondas de la pluma, aunque sin éxito.
- Puu –dijo, desplomándose en los brazos de Sakura cuando llegaron al apartamento-. Hemos vuelto.
- Bienvenidos –dijo Arashi, saludándolos con una reverencia-. ¿Habéis tenido suerte en vuestra búsqueda?
- No –contestó Sakura tristemente-, pero Syaoran-kun me ha comprado un amuleto para encontrar objetos perdidos, y estoy segura de que pronto lo conseguiremos.
- Qué bonito por parte de Syaoran –gritó Mokona, saltando a los brazos del chico-, ¡pero encontraremos la pluma de todas formas!
- Con la ayuda de Mokona, seguro que sí –Mokona le sonrió.
- ¿Os habéis metido en alguna pelea? –preguntó Sorata.
- Hemos oído algunos de esos sonidos, pero no hemos peleado –contestó Syaoran-. No estábamos suficientemente cerca, y Mokona no ha notado más fuerte la pluma cuando sonaban, así que no era buena idea arriesgarse.
Kurogane sonrió, orgulloso.
Se sentaron otra vez alrededor del kotatsu. Hacía calor de día, pero las noches aún eran frías. Arashi preparó té verde, que bebieron mientras Sakura le contaba a Sorata sus experiencias en los otros mundos, con la ayuda de sus compañeros y las imitaciones de Mokona.
- Espero que así esté bien –dijo Sakura, bajando la vista-. No pude pagar la amabilidad que nos mostraron Arashi y Sorata en la República de Hanshin, así que…
- Ha sido muy interesante –comentó Sorata-. Especialmente Shura. Se parece mucho a algunos fragmentos de la historia de aquí. También tenemos jinjas, como la que habéis visto hoy, y el mundo flotante, aunque hoy en día está desapareciendo –parecía un poco triste, y a Syaoran le recordó mucho al otro Sorata.
- Gracias por la historia –Arashi se levantó ágilmente y recogió las tazas-. Ahora deberíais descansar, si mañana vais a seguir buscando.
Esa noche, había otra manta doblada en el suelo en el lugar en el que Syaoran había dormido.
- Esta noche quédate en tu futón –masculló Kurogane, después de asegurarse de que los chicos dormían.
Fay frunció el ceño y se tapó con la manta. Le costó bastante dormir a causa del picor de la mano. De niño, en una ocasión le había salido una erupción en las manos por coger hojas de hiedra venenosa en vez de coger de frambuesa, ya que le daban miedo las espinas de éstas. Las espinas resultaron mejores que la erupción. Fay se giró, alejándose de Kurogane, e intentó no pensar en Celes.
Tan pronto como oyó que Arashi y Sorata ya estaban levantados, Fay se levantó también y salió de puntillas de la habitación.
- Si no es molestia, prepararé el desayuno –dijo en voz baja para no despertar a sus compañeros-. También me gustaría pagaros por vuestra amabilidad al dejarnos estar aquí.
- Ya os lo dijo Sorata, le debemos un favor a la Bruja Dimensional –Arashi siguió haciendo su tarea sin siquiera mirarlo.
- Pero no era necesario que nos dieseis vuestra habitación –adujo Fay. Arashi lo miró por encima del hombro y se hizo a un lado para permitirle lavarse las manos-. Me di cuenta ayer –explicó.
Metió las manos bajo el chorro de agua. Se quemó y siseó, apartando las manos. Arashi se acercó i giró la maneta del grifo hacia el otro lado. Indeciso, volvió a acercar las manos al agua. Estaba fría, pero se notaba bien después de haberse quemado.
Entonces vio una marca en su mano, en el lugar donde se había estado frotando el día anterior. Intentó limpiársela, pero cuando la inspeccionó de más cerca vio que se trataba de una palabra, como la de FATELESS de Arashi y Sorata y la de MEMORYLESS de Sakura y Syaoran. Frunció el ceño y alzó la mano para mirarla con detenimiento. No tenía ni idea de lo que ponía. Arashi se dio cuenta de lo que pasaba.
- Pone "homeless" –dijo.
Fay sonrió un poco. No era un mal nombre, al menos para él. Arashi no le permitió preparar el bento, el cual Sorata decía que era el mejor de todo Japón, pero sí que le dejó preparar el desayuno.
Estaban bastante estrechos en la pequeña cocina, pero se las arreglaron. Fay rebuscó ingredientes para hacer crepes.
- Más dulces –dijo Kurogane-. No sé cómo puedes comer eso de buena mañana.
- Buenos días, Kuro-puu –saludó Fay.
- Buenos días, Arashi-san –dijo Kurogane. Fay arrugó la nariz.
Sorata y Arashi cogieron las crepes y se dirigieron hacia la puerta entre disculpas.
- Si el profesor llega tarde, se armará una buena –explicó él mientras salía.
- Buena suerte con vuestra búsqueda –dijo Arashi, saliendo con su marido.
- Gracias –respondió Sakura intentando contener un bostezo.
Fay y Kurogane se sentaron en la mesa con Syaoran y una Sakura medio dormida. A pesar de sus quejas, Kurogane al fin se comió la fruta, pero sólo para evitar que Fay prosiguiera con su sermón sobre la importancia del desayuno.
El mago vio entonces unas letras indescifrables en la mano del ninja.
- ¿Tú también tienes uno? –le preguntó, señalando la marca.
- Apareció anoche –respondió él-. Aunque no sé lo que pone.
- Déjame ver –Fay tomó su mano y comparó las letras con las suyas-. Pone "homeless". Es lo que me ha dicho Arashi-san.
Kurogane frunció el ceño. Ése podía ser un buen nombre para Fay, quien quería mantenerse tan alejado de su hogar como pudiese, pero a él lo disgustó, ya que él quería volver a su mundo tan pronto como le fuese posible. Los opuestos se atraen.
XxX
NdT: Bueno, este capítulo me ha llevado algo más de tiempo a causa de los estudios, pero qué le vamos a hacer. El próximo es posible que tarde un poco también, ya que esta semana y la que viene tengo que estudiar para la selectividad (qué nervios!). Este es mi primer trabajo de traducción, así que si veis algún fallo o alguna falta de ortografía, decídmelo e intentaré arreglarlo en cuanto sepa cómo XD. Gracias!
