Capítulo cinco: Sin Sueños

- ¡Kurogane-san! ¡Fay-san! –En sus ansias por ayudar a sus amigos, Sakura bloqueó la puerta del apartamento sin querer y la tuvieron que apartar con cuidado para poder pasar-. ¿Estáis heridos?

Fay alzó la vista y miró a Kurogane, que negó con la cabeza.

- Por favor –dijo una voz suave-, dejad que yo me encargue –Tomoyo estaba en el umbral de la puerta, poco dispuesta a entrar sin una invitación-. Vivo en la última planta, por favor, subid y permitidme que os agradezca vuestra amabilidad.

Ésta era más joven que las otras Tomoyos que habían conocido, y como los demás niños de ese mundo, tenía orejas de gato y cola, aunque era igual de cabezona que las otras. Rehusó un no por respuesta, y poco después estaban todos sentados alrededor de una elegante mesa de comedor. Tomoyo estaba en la cocina preparando el más exquisito té verde. Sirvió primero a Kurogane, después a Fay, Syaoran, Mokona y finalmente, a Sakura.

- Mi héroe –le dijo, abrazándola por la cintura. Sakura se sonrojó y Kurogane alzó la vista, sorprendido-. Te he estado esperando.

- ¿Esperándome… a mí? –preguntó Sakura, inclinando la cabeza hacia un lado.

- Sí –contestó Tomoyo-. Tengo algo para ti.

Syaoran alzó la vista de su taza de té, alerta. Miró a Kurogane, que se encogió de hombros. No podía ser tan fácil encontrar y recuperar una de las plumas de la princesa. Incluso en la República de Hanshin y en Piffle, ambos mundos amigables, habían tenido que luchar para devolverle a Sakura lo que por ley le pertenecía. Tomoyo tomó a Sakura de la mano y la condujo fuera del comedor, arrastrando a su "héroe" tras ella.

- ¿Creéis que…? –comenzó Syaoran.

- No tengas fe en eso –dijo Kurogane.

- Mokona cree que la pluma está demasiado lejos aún –dijo éste, balanceándose. Sus orejas estaban de punta, en busca de alguna señal-. Mokona cree que está en esta ciudad, pero no aquí. Mokona lo siente, Syaoran.

Aunque Kurogane estaba en lo cierto cuando le había dicho que no tuviese fe, no pudo evitar sentirse un poco decepcionado. Le preocupaba que Sakura no tuviese sus recuerdos; aunque ahora pasaba más tiempo despierta que al principio del viaje, seguía durmiendo tan profundamente como un muerto y a menudo Syaoran se preocupaba por la frialdad de sus manos. Suspiró.

- No es culpa tuya, Mokona. Recuperaré las plumas, no importa lo que me cueste.

- ¡Mokona ayudará! –anunció éste, saltando a la mano del chico.

- En la República de Hanshin te dije que necesitaba viajar de un mundo a otro, y que te ayudaría. Ambas cosas siguen en pie –dijo Fay. Evitó el contacto visual con Kurogane, ya que sabía que lo estaba observando.

Kurogane no dijo nada, sólo asintió levemente hacia Syaoran. En caso de que hubiese tendido intención de añadir algo, fue cortado por el retorno de Tomoyo.

Iba cogiendo la mano de Sakura, estirándola para mostrarla ante los demás.

Sakura llevaba un vestido largo, con un gran lazo delante. Las mangas eran abullonadas a la altura de los hombros y tenía el cuello ancho, con un sencillo prendedor. Bajo la falda habían varias capas de enaguas, y el encaje de sus bombachos se ajustaba alrededor de sus tobillos. Llevaba un par de Mary Janes con pequeños lacitos, y un gran sombrero.

- ¿No creéis que se ve un poco raro? –preguntó Sakura, sonrojándose profundamente. Se parecía al vestido que había llevado en Jade, aunque en Jade no se había visto fuera de lugar. El conjunto sobrecargado que llevaba ahora no se parecía en nada a la sencilla falda plisada y la camiseta de cuello alto que llevaba Tomoyo, o el sencillo kimono que Arashi le había dado antes.

Syaoran se sonrojó y murmuró algo incomprensible, pero Kurogane estaba seguro que había escuchado la palabra bonita en algún lugar de todo ese murmullo y parloteo.

- Estás encantadora, Princesa Sakura –dijo Fay con una cálida sonrisa. Sakura le devolvió la sonrisa y dejó de juguetear con el lazo.

- ¿Lo has hecho tú, Tomoyo-chan? –preguntó la joven, recordando los modelos de Piffle y el vestido que había ayudado a hacer para Yuuko, y deseando cambiar de tema.

- No –contestó Tomoyo con un suspiró. Le puso la mano en la mejilla e inclinó la cabeza hacia un lado, y Kurogane se sorprendió de lo mucho que se parecía a su propia Tomoyo, no sólo en el aspecto, sino también en los actos-. Estoy aprendiendo a coser, pero no se me da muy bien. Esto pertenecía a mi tía Nadeshiko cuando iba al instituto. Fue el primer vestido que llevó para su contrato de modelo, y siempre fue su favorito.

- ¡Aquí estás! ¡Tomoyo! –una mujer de pelo corto vestida de traje entró de repente por la puerta. Corrió hacia Tomoyo sin pararse a quitarse los zapatos de tacón y le lanzó los brazos al cuello-. ¡Estaba tan preocupada, Tomoyo! ¡Tus guardaespaldas me llamaron al móvil para decirme que no sabían dónde estabas!

Había otra mujer detrás de la frenética madre de Tomoyo. Era morena y delgada, llevaba un sencillo traje negro y estaba atenta a lo que pasaba.

- ¡Souma! –Kurogane nunca se acostumbraba a ver otras versiones en otros mundos de la gente que conocía en Japón.

- ¿Nos conocemos? –preguntó ella fríamente.

- No –Kurogane negó con la cabeza-, no nos conocemos.

Mientras tanto, la madre de Tomoyo se había calmado lo suficiente para quitarse los zapatos y lanzarlos hacia la entrada. Le acarició el pelo a su hija.

- Por favor, no te alejes de Souma, al menos durante este caso. Si algo te pasara, yo… ¿Nadeshiko?

Miró por encima del hombro de Tomoyo hacia Sakura, como si la viese por primera vez.

- N-no –Sakura negó-. Me llamo Sakura.

- Sakura –repitió, y después añadió en voz baja-, ella siempre decía que le pondría ese nombre a su hija, pero… -Tomoyo la cogió de la mano, y eso pareció sacarla de sus pensamientos-. Me llamo Sonomi. Daidoji Sonomi. Veo que ya conoces a mi hija, Tomoyo.

Sakura le hizo una reverencia.

- Encantada de conocerla. Tomoyo nos ha invitado a un té y a mi me ha dado… este… vestido –añadió, preocupada de que a Sonomi le molestara el hecho de que lo llevara puesto. Se retorció las manos con nerviosismo.

- Ella es la chica de mis sueños, mamá –dijo Tomoyo-. Los que te conté. Mi héroe –al ver que su madre no respondía, continuó-. Y este hombre, Kurogane, me ha salvado –Tomoyo lo señaló con el dedo, y su madre le bajó la mano con suavidad-. Isoel y Kenta estaban siendo malos conmigo otra vez.

- Deberías quedarte con Souma –repitió Sonomi.

- Lo sé –dijo Tomoyo-. Pero Kurogane-san me salvó.

Sonomi y Souma le hicieron una reverencia.

- Muchas gracias –dijo Sonomi-. Te estoy muy agradecida, y siento que Tomoyo te haya causado problemas.

Fay siempre encontraba divertido el hecho de que Kurogane se sonrojara, y esta vez no fue una excepción. Ahogó la risa mientras Kurogane se ponía rojo y apartaba la mirada, murmurando que era su obligación. A Fay le recordó mucho a cuando Syaoran se sonrojaba cada vez que hablaba con Sakura.

- Sólo quería ir a dar un paseo –dijo Tomoyo, mirándose los pies.

- Tienes deberes –dijo su madre, agachándose para poder mirarla a los ojos-. Y Souma tiene allergias.

- Pero debo encontrar esa pluma –dijo Tomoyo, y de repente todas las miradas de la habitación se clavaron en ella. Syaoran se incorporó de golpe, volcando su taza de té. Kurogane consiguió cogerla antes de que el chico se tirase todo el agua hirviendo por encima. Mokona saltó de la mesa a los brazos de Tomoyo, y Sonomi ahogó una exclamación de sorpresa. Cuando todos se calmaron, Tomoyo añadió-. La chica de mis sueños me dijo eso.

- ¿Sakura te dijo eso? –preguntó Sonomi.

- NO –contestó su hija, abrazando a Mokona-, me lo dijo mi otra yo. La que llevaba un bonito kimono.

Kurogane la miró boquiabierto. Fay se le acercó y le asestó un codazo en las costillas.

- Es de mala educación mirar fijamente, Kuro-chi –susurró, y después se apartó. Kurogane se sacudió para despejarse.

- ¿Sabes lo de mis plumas? –preguntó Sakura. Tomoyo asintió-. ¿Las estás buscando? ¿Para mí? –Tomoyo asintió y Sakura la abrazó.

- Mi otra yo me dijo que eran muy importantes para ti –dijo.

- ¡Son lo más importante! –gritó Mokona-. ¡Son la cosa más importante para Sakura!

Sonomi parpadeó varias veces al ver a Mokona, que sonrió y la saludó.

- ¿Qué… es esto?

- ¡Mokona es Mokona!

- Claro que sí –dijo Sonomi, pero Tomoyo cogió a Sakura de la mano y la acercó a su madre antes de que pudiese continuar.

- ¿Ves, mamá? –dijo Tomoyo-. Debo ayudarla a encontrarla. Mi otra yo me dijo que debía ayudar.

- ¿Realmente estáis buscando… plumas? –preguntó Sonomi. Sakura asintió-. No acabo de entender por qué Tomoyo tiene que ayudar.

- Si Tomoyo-hime dice que debe hacerlo, es porque lo vio en un sueño –dijo Kurogane, levantándose. Era bastante más alto que Sonomi, pero ella no se dejó intimidar-. La Princesa Tomoyo es una vidente de sueños –dijo-, y si ha contactado con esta Tomoyo, entonces ella también lo es.

- Por favor, déjame ayudar a Sakura-san a encontrar su pluma –dijo Tomoyo.

- Yo la protegeré –se ofreció Kurogane-. Si Tomoyo-hime dice que necesitamos su ayuda, es que la necesitamos.

- Kuro-sama realmente la protegerá si él lo dice –añadió Fay.

- ¿Ves? Estaré bien, y podré ayudar a Sakura a encontrar su objeto más importante. Este hombre ya me protegió antes –añadió como recordatorio-, y ni siquiera me conocía. Fay-san ayudó también –dijo, y Fay le sonrió.

Sonomi paseó la mirada de Kurogane, a Fay, a Sakura, a Mokona y finalmente a Syaoran. Tomoyo aún sujetaba la mano de Sakura, y ésta se parecía mucho a Nadeshiko.

- Si te digo que no, te escaparás otra vez en cuanto me marche, ¿verdad? –preguntó Sonomi. Tomoyo sonrió con malicia-. Si no regresa, la culpa recaerá sobre ti –informó a Kurogane. Éste se hizo crujir los nudillos en respuesta.

- Vayamos a encontrar tu pluma –dijo Tomoyo, tomando a Sakura de la mano. Syaoran se unió a ella y salieron del piso, seguidos por Fay y Kurogane.

- Llámame cuando llegues a casa –gritó Sonomi. A su lado, Souma suspiró-. Intenta dormir un poco –le sugirió-. Yo tuve un sueño, también, sobre Nadeshiko. Me dijo que confiase en ellos –sonrió y miró la foto enmarcada que colgaba de la pared, en la que se veía una mujer joven con el pelo largo y rizado, que llevaba el mismo vestido que Tomoyo le había dado a Sakura-. Entonces no lo entendí, pero me pidió que creyera a su hija. Ella siempre quiso tener una hija llamada Sakura. Creo que en algún lugar, en otro mundo, tiene una.

NdT: Siento haber tardado tanto en traducir este capítulo, pero es que he estado un poco atareada. Además, a partir de ahora no podré traducir más, ya que no hay más capítulos. La autora me dijo que si podía, este verano escribiría un poco más, pero de momento no ha hecho nada. En cuanto publique otro capítulo, lo traduciré. Hasta entonces, que paséis una buenas vacaciones!