Rose estaba profundamente dormida cuando Hugo se acercó a ella. Dejó sobre la mesita del salón la bandeja que traía en las manos. Se acercó a su madre y le arropó un poco con la manta que había a los pies del sofá. Puso un poco la televisión para ver un rato los dibujos. Rose no se despertó. Hugo le tocó el hombro una vez. Otra. Y otra. Finalmente, optó por despertar a su madre del modo que ella le despertaba a él. Comenzó a darle besos en la mejilla, en las pequitas de la nariz, en las cejas, en los ojos… Cuando Hugo comenzó a darle besitos por la frente, el rostro de Rose ya dibujaba una sonrisilla. Cogió a su hijo y le dio un abrazo.

Mahaá! ¡Que no uedo espirar!- protestó Hugo

-Lo siento Huguito…- rió- ¿Qué es eso que escondes?

-Es un regalo que te quiero hacer, porque ya se cocinar… mira te he hecho el desayuno.

Ese fue el momento en el que Rose reparó en que Hugo tenía el pelo manchado de cacao en polvo. Se puso de pié y echo un vistazo a la cocina, había leche esparcida por toda la encimera. Tras Hugo, había una bandeja con dos vasitos de leche con cacao en polvo, dos montoncitos de galletitas y u par de cucharillas.

Rose se llevó una mano en la cara, suspiró y se volvió a sentar bruscamente en el sofá. Tenía el rostro serio mientras contemplaba el desayuno que le había preparado su hijo.

-¿Te has enfadado mamá? ¿No te gusta lo que te he preparado?- preguntó Hugo con las cejas alzadas.

-Sí, sí que me gusta Hugo- contestó Rose volviendo a la realidad- Es que me estaba acordando de una anécdota de…

-¿De quién…?

-De…- Rose suspiró- de tío Hugo y el primo James

-¿Cuándo podré conocerlos? Tú y Jane siempre me decís que al año que viene, pero siempre es al año que viene…

-Lo siento Hugo, pero no te puedo contar más- miró a su hijo, que estaba un poco apenado- pero… eres casi un hombre… si no lo fueras no te habría enseñado la contraseña secreta…

-Es verdad, soy el hombre de la casa… como no tengo papá…

Rose volvió a suspirar y le pasó una mano por los hombros a su hijo.

-Desayunemos

..

.

-Bueno, ya estamos en el parque

-¡Bien!

-¿Qué quieres hacer?

-Pasarnos la pelota- dijo Hugo con tono elegante.

Hugo le pasaba la pelota a Rose, y esta intentaba devolvérsela con los pies, como podía. El resultado era ver a Hugo corriendo de un lado a otro del parque intentando coger la pelota. Cuando su madre se sentó en un banco, cansada, él se sentó con ella, más cansado aún. Un grupo de veinteañeras pasó por delante del banco en el que ellos estaban sentados. Rose las miró apenada. Después pasó una familia: el padre, la madre, la hija mayor (adolescente ya) y el hijo menor (también adolescente, pero no tanto). Se le humedecieron los ojos.

-Mamaaaá

-Dime Hugo – volvió Rose a la realidad

-¿Qué significa que una persona es una fresca?

-¿Porqué me preguntas eso?

-Yo creo que es algo bueno ¿no?, el otro día oí a la madre te Thomas que decía que eras una fresca cuando eras joven, ¿eso significa que eras muy alegre de pequeña?

Rose se había quedado atónita. No sabía cómo reaccionar.

..

.

Entraron en la cafetería donde Rose trabajaba. Aquel fin de semana se lo habían dado libre. Hugo entró antes que Rose. Se sentó en los taburetes de la barra donde estaban todos los pasteles expuestos. Jane estaba trabajando. Tenía el pelo rubio y liso recogido en una coleta. Tenía los ojos de color verde y era bastante pálida. Llevaba un delantal blanco manchado de chocolate.

Hola Hugo- saludó Jane

Hola Jane- contestó. Con la mirada gacha, un poco avergonzado sacó de su bolsillo un ramillete de flores y se las dio a Jane – Son para ti, las he recogido en el parque

Muchas gracias Hugo. Es todo un detalle, menudo caballero estás hecho- Hugo se rió nervioso- te has ganado un chocolate caliente con nubes

Rose y Hugo se sentaron en una mesa apartada al fondo del establecimiento. Jane sirvió a sus dos 'clientes' un chocolate caliente con nubes y un descafeinado con dos azucarillos y un par de galletas. Rose y Hugo, acompañados por momentos de Jane, pasaron la tarde haciendo dibujos, pasatiempos, leyendo la tira cómica del periódico…

A mitad de la tarde, mientras Hugo y Rose estaban enfrascados en un intenso debate sobre lo genial o lo poco genial que eran los pokemons de esa generación, un nuevo cliente entró en la cafetería. Era un chico alto, de la misma edad que Rose. Tenía el pelo rubio, casi platino, un tanto largo para ser un hombre. Llevaba unos vaqueros oscuros, una camiseta blanca y una chupa negra de cuero. Sus ojos eran grises y denotaban una profunde sensibilidad.

Se quedó mirando a la pelirroja con cara de extrañado. Se acercó a ella con una sonrisa.

-¿Rose, Rose Weasley?- preguntó. Rose abrió los ojos de par en par; hacía años que no la llamaban así. Se giró lentamente y miró al chico a los ojos. No podía creer lo que veía.

-Soy yo, ¿te acuerdas de mí? Scorpius Malfoy…