Del amor al Recuerdo
III
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Dicen que es un patán…Su prometida rompió el compromiso sinninguna explicación… bueno, dicen que ella no lo eligió, que fue cosa de sus familias, o más bien su familia… ella es adoptada… En Chicago cuenta una lista enorme de conquistas. Es un pendenciero… ¡Nada que ver con los otros hombres de su familia!... ¡Un grosero!... No tiene pelos en la lengua y es de esas personas que piensan que por fortuna y nombre pueden hacer lo que quieran… Bien hizo esa chica en librarse de él… Wendy… Wendy… señorita Wendy… ¿Me está escuchando?
Llevó buen raro escuchando a mi doncella hablar de Leegan. Él hombre que me mando las flores él otro día. Si las pudiera conservar las hubiera dejado a un lado de mi buró para acompañarme…
La otra noche, en casa de los Rosellini, volvió a aparecer este monstruo que me está carcomiendo… No pude ver lo que sucedió pero casi lo adivino. Todos deben de haberlo inculpado a él… cuando yo sé que no fue así. Heber, mi doncella, fue la primera en decir que todo había sido culpa de ese maleducado que se había puesto a fumar en mi presencia… ¡Que poco caballeroso!...
Quizá sea cierto aquello de que estoy perdiendo la razón como dice ella… porque esa manera de definirlo y cada una de las cosas que me ha contado de él, no han hecho más que intrigarme… Un hombre que no le importa actuar sin pensar en otros… aún cuando eso no sea muy decente que digamos… o aunque resulte hiriente… Sé que no estoy para exponerme a situaciones que me lastimen, pero a estas alturas lo que quiero es alguien que este conmigo de manera sincera, aunque esa sinceridad no sea precisamente en mi bien.
No estoy segura de lo que dicen de él… yo vi a un hombre inseguro, que actúa según quiere cuando se siente plenamente protegido. Y un hombre así me gusta. Yo no puedo representar ningún peligro.
No sé que esperar de este encuentro… como sea, debo lucir bien. Que nadie perciba que algo está mal en mí… y mal es una forma alentadora de definirlo. Ha llegado. Espero no traiga mas flores… porque no sabría qué hacer con ellas… me encantan… pero no puedo tenerlas…
¿Cuál era el nombre?... ¡Oh si! Neal… de los Leegan de Chicago.
.~*~.
La princesa ha aparecido. No puedo decir que es como todas la herederas que conozco porque mentiría. Ella no es soberbia como mi hermana; no es coqueta como Daisy, no es presuntuosa como Cathy… pero tampoco es apocada como Annie, ni mojigata como Patty… Es hermosa, fuerte y dulce. Su presencia llena el lugar donde esta de una atmósfera tranquila y calma…
Me ha saludado calmada, me ha extendido la mano sin reclamar ninguna atención. Su piel me ha rozado.
Nos hemos presentado. Parece no guardar ningún rencor. Nos dirigimos a una de las terrazas de la quinta. Tiene un rosedal que invariablemente me ha recordado a las rosas de Lakewood. Sin embargo la terraza en que los instalamos es lejana a ellas y está cubierta por un biombo de cristal Luce tan bien con el rosedal a su espalda. Es muy delicada y elegante, puedo verlo en cada uno de sus movimientos, pero su mirada tiene una chispa de energía contenida… de sentimientos guardados… no sé incluso si sea rabia lo que en ella alcanzo a distinguir… ¡No, dudo que sea eso! Su carácter es mesurado… si fuera rabia, al igual que yo buscaría cada oportunidad para molestar e incomodar. Algo de esa realidad me ha golpeado… yo sí he sido así… he querido herir y hacer sentir a los demás tan mal como me he sentido yo…
Bebo el té que me ha ofrecido, estoy desvariando… solo son suposiciones mías; no sé nada de ella… pero no creo que tenga algo en contra de alguien. Yo la veo perfecta.
Ha comenzado a hablarme de la finca, está feliz hablando con inmenso interés del estilo arquitectónico… dice que Venecia es su ciudad favorita… que es fascinante –según dice-… hace siglos no era más que islotes separados asentados sobre un gran banco de arena. Luego los godos amenazados por los pueblos bárbaros, tuvieron que emigrar de las islas a Tierra firme, comunicando cada una de las islas y dando a cada una un fin particular, y así quedó la cuidad como ahora, con el mar a escasos metros de la Plaza de San Marcos. Habla con una pasión y fluidez que me atrapan. Si algún día me hubieran dicho que yo escucharía con atención a una joven hablándome de historia, lo hubiera tildado de loco. Su voz es suave y aunque los temas son históricos, los movimientos de sus labios son los que me han hechizado.
Te agrada el tema, por lo que veo… eres una erudita – le digo casualmente; sin embargo hay algo en mi tono de voz que hasta ahora detectó. Inconscientemente sale cargada de ironía… espero que no lo tomé a mal. No lo he dicho con la intención de hacerla sentir mal. No a ella- Hubieras sido una buena maestra…
Cada vez estoy peor… ¡¿Cómo se me ocurre decirle a una chica con la educación y la fortuna que ella tiene, que hubiera sido una buena maestra?... Eliza cuando menos ya se hubiera levantado de la mesa profundamente airada…
Ella ha sonreído contenidamente al ver mi cara de preocupación por lo que he dicho y al final ha estallado en carcajadas… Y eso me ha avergonzado profundamente… Podría ser yo ahora él que salga disparado fuera de aquí… ¡No! No lo haré… no quiero volver a huir de nadie…
-Sr. Leegan, ¡Me ha dicho lo que tantas veces he querido escuchar! –me dice todavía contagiada por la risa de cascabeles… - quizá si lo hubiera conocido antes me habría rebelado y hubiera buscado la oportunidad…
Yo me he quedado perplejo, hipnotizado por una energía especial que ahora la rodea… He estado a punto de decirle que no es propio que una mujer de su posición hiciera tal cosa, pero he decidido callarme. Y compruebo que he hecho bien. Tal parece que la sola idea la hace muy feliz.
-Nunca creí que diría algo así…
- Cambiemos de tema, no me gustaría incomodarlo. Sé que no es bien visto que una mujer trabaje, pero ¿No cree usted que sentirse útil siempre es bueno?…
-Podría practicar algún deporte… equitación o arquería… mi hermana es muy buena en eso…
- No me gustan esas cosas y menos las competencias… y además nunca fui buena para las actividades físicas… aunque me hubiera gustado poder trabajar en algo y experimentar lo que se siente serle útil a alguien de manera directa…
-Srita. Birmanick, su presencia me hace mucho bien ahora mismo – le he dicho en un impulso… - No se preocupe que por hoy a cumplido sus propósitos…
Nuevamente se ha reído y esta vez con gusto la he acompañado. Esta chica tiene algo diferente a todas las demás que he conocido, vuelvo a ratificarlo. Y lo que me inquieta aún más: me hace olvidarme de todo alrededor.
He querido que me dé un paseo por su finca y me hable de toda la historia detrás de ella… cosa que le complace… y a mí me complace tenerla cerca. Al final hemos acordado una nueva cita. Me ha dicho que podemos pasear toda la semana a excepción de los jueves… y si acaso esta indispuesta mandará a avisarme antes de que me prepare. Yo he aceptado, esperando que ninguna de nuestras citas tenga que postergarse…
De pronto encontré gusto y curiosidad por aquella ciudad que antes me pareció aburrida y hasta indiferente. Y lo reconozco, no está mal tener la compañía de una mujer así…
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Así conocí Venecia, su historia, su área comercial, los antiguos guetos, los canales, el gran palacio del Duque, entre muchos otros palacios… Wendolyn me hablaba de aquello con tanta vehemencia y gusto… que quizá no se daba cuenta que todo lo que yo quería era tenerla cerca.
Nunca se lo dije. No con palabras. Su presencia me enardecía, pero no me atrevía a ir más allá… Ahora mirado atrás, me alegro de haber planteado aquella situación, crear el mundo y el momento que me permitió tenerla en mi mundo como la mitad de él… y ser yo su contraparte en el suyo.
No puede contenerme más en uno de tantos paseos. Estábamos en una góndola… y pasaríamos en cualquier momento por el puente de los suspiros. Y claro, me contaba la historia del puente. El origen de tan amoroso nombre, quizá es romántico, pero no en el sentido amoroso que la gente piensa. Por ese puente pasaban los condenados a muerte hacía la prisión de la inquisición. Era su última vista al mundo exterior.
Wendolyn se ha quedado callada a poca distancia de pasar por ahí. No es algo usual. Y no me agrada su silencio. Me he acostumbrado a su melodiosa voz como fondo de la belleza de este lugar. Quizá se ha cansado. Su condición es frágil aunque ella quiera ocultarlo. Se cansa fácilmente y pierde el aliento. Necesita descansar… y lo hace brevemente… es contradictoria, es frágil pero de una voluntad que se equipara con la vitalidad que yo sé le gustaría tener. Me dijo el primer día que hablamos, que no le gustaba la competencia y eso resto importancia al tema de los caballos. Pero el otro día vimos una carreta y vi la nostalgia con la que veía los caballos. Hoy le daré una sorpresa… pero antes la hare salir de su mutismo. Parece que se ha recuperado.
-Wendolyn – la llamo y le ofrezco mi mano. Se ha vuelto a mí y me ha atrapado en sus ojos entre verde amielados, como los de un gato – Imagina que somos un par de condenados a muerte… que al pasar por el puente será nuestra última vista de este mundo… -me he colocado tras ella y le he cubierto los ojos… - Pide un deseo, cuando pasemos por debajo del puente… y cuando abras los ojos, no estarás más en este lugar. Estarás en el lugar de tus sueños… estaremos ambos en el paraíso.
Se ha estremecido al tenerme cerca. Igual yo lo he hecho, pero no me he dejado amedrentar; fue mi idea, seré su guía en ese mundo nuevo que nos espera a ambos después del puente. Yo también pediré un deseo… yo también voy a dejar atrás el mundo que he conocido hasta ahora… estaré en uno nuevo a su lado. Quiero ser un hombre digno de ella... un hombre nuevo.
Cerré los ojos como si de una muerte se tratará… como si el único vínculo con este mundo fuera solo su aroma, su calor… su cuerpo trémulo ante mi toque… Suspiré… la pequeña sombra y el ambiente ligeramente más fresco me dijo que estábamos bajo el puente. Mi deseo fue ser feliz y hacerla feliz.
Abrí los ojos y ella seguía sin moverse… mis dedos detectaron ligera humedad en sus parpados… ¿estaba llorando?... Se volvió lentamente hacía mi, primero su rostro… bajé mis manos… me envolvió en su mirada felina… y sonrió, con esa sonrisa que iluminaba mi mundo… atrapé su breve cintura. Yo le sonreía también… La besé… de manera tierna y calma… casi imperceptible… fue ella la que al terminar el contacto me abrazó con fuerza y me beso… apasionadamente. Y al separarnos reímos ambos otra vez. Como un par de locos recién nacidos a la luz del mundo. A su rostro bueno, a sus placeres.
Pasamos después por Ponte de le Tette y ella quiso recorrer las calles de San Cassiano, pero yo le he dicho que eso será en la noche. Mi sorpresa está en proceso. Quiero que esa sea una noche inolvidable para ambos…
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El recuerdo de nuevo. Hoy es recuerdo… pero sigue doliendo… ¿será que todavía no es recuerdo?... ¿Será que todavía es la atracción que sentí por ella?… el sentimiento que quiero pensar fue amor… sí, amor… es lo que ella se merecía de mi… sin reservas, sin recuerdos absurdos de otro amor pasado, perdido y no correspondido… Lo que le di fue deseo, fue mi vitalidad, mi compañía, mis ganas de retenerla a mi lado… como si algo dentro de mí me advirtiera que iba a perderla tarde o temprano… Pensé que al final del verano ella me rechazaría, se olvidaría de mi para buscarse a alguien mejor… me diría que todo fue parte de una aventura de verano…
Nada fue así. Ella me amaba… como el moribundo ama su último aliento. Como se aferro a mí aquella noche… como se entregó… completa, sin reproches, sin condiciones… con el único temor de descubrir ante mí su secreto…
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San Cassiano era el antiguo barrio de las cortesanas, en el sector del Rialtto. Donde se mostraban con los senos al aire ante los parroquianos. Visitaríamos las casas de algunas de las que en este tiempo siguen siendo famosas… Wendy me ha dicho, que de haber vivido en otra época de seguro hubiera sido cortesana… no se concibe a si misma alejada de los libros y el conocimiento… Yo solo me he reído y he apretado más mi mano sobre su cintura... le he robado un beso en el cuello, mostrado generosamente por su escote… ella se ha ruborizado… y le ha sentado muy bien, su piel es tan blanca, que un poco de color le sienta maravillosamente…
-No imagino a una cortesana ruborizándose por un casto beso… - le he dicho al oído para provocarla…
Ella ha abierto los ojos sorprendida, y yo les he visto un brillo especial… me seguirá el juego… Nos hemos separado del grupo que nos acompañaba… y es que en esta ocasión quería tenerla para mi nada más… sus palabras eran mías y no me apetecía compartirlas con nadie más. Caminamos por los callejones del barrio con paso acelerado mientras una suave llovizna nos moja el pelo y la piel, y nos refresca del calor agobiante… En un recoveco y gracias a un amplio tejado alto hemos encontrado abrigo de la lluvia. Reímos como un par de críos, eufóricamente, inocentemente… y mientras nuestra risa se sofoca y los jadeos dan espacio, descubrimos que es un lugar muy solitario…
Su traje de finas muselinas se ha adherido a su cuerpo… tanto que puedo adivinar las formas de sus encantos… me había dado cuenta antes que no usaba corsé. Que la estrechez de su talle y lo gallardo de su postura, son cosa propia… pero ahora entre la oscuridad de las penumbras bañados solo por la luz de luna llena… acompañados por nada más que el sonido de nuestra respiración… excitados por el rumbo, por la historia, por nuestro deseo de vivir en un mundo nuevo… este pequeño detalle es el nuevo catalizador de mis ansías y deseos…
He clavado mi mirada en la suya y me ha sonreído… me ha echado los brazos al cuello seductoramente… y yo he colocado mis manos en su talle ascendiendo lentamente… sus formas suaves y erectas se adivinan deliciosamente bajo la palma de mis manos… ¡Es perfecta!... la entrepierna comienza dolerme… ella ha gemido en mi oído mientras me acerca más hacía sí… yo bajo el breve talle del vestido corte imperio, y así mis dedos resbalan cuidadosamente por su piel tersa… mis ojos se llenan de la visión de su tez blanca, de su erótica perfección… comienzo a recorrer con dedos y labios… mientras ella cede su peso ante el hueco de lo que en otro tiempo fue una ventana…
Podría haber seguido hasta el final ahí mismo… pero por mucho que su memoria se diera gusto pensando que era Imperia, Victoria Franco o alguna mujer similar, y mi deseo me urgiera a continuar, no iba a hacerlo así… Me separé renuente… acomodé su vestido a ojos cerrados, si volvía a ver, mis buenas intenciones acabarían… reposé mi frente perlada en sudor en la de ella y la abrace de manera tierna… Mi corazón latía desbocadamente… como el de ella… sentí su respiración pesada y logre separarme de su lado, callando por mi súbita preocupación las palabras tres palabras que me quemaban el alma y me aceleraban el pulso…
Nos tomamos de la mano y comenzamos a avanzar lentamente por el callejón, decidiendo hacer caso omiso de la fina llovizna veraniega… ella enredó su brazo en mi cintura, yo rodeé sus hombros… Caminamos pocos metros hasta encontrar lo que yo había dispuesto desde la tarde… Sus hombros se contrajeron en sorpresa y me vio con los ojos sonrientes… Era un pura sangre de un negro lustroso espectacular… Le sonreí y le pedí me dejará guiarla al tálamo de nuestro paraíso. No mencione nada directo. Por alguna razón, quizá muy romántica, quizá algo clandestina, a ella así le gustaban las cosas… Me sonrió, me tomó de la mano… y camino hacía el equino… la ayude a subirse, luego subí yo quedando mi cuerpo estrechamente pegado al suyo… las reacciones propias de mis pasiones, habían quedado en evidencia minutos antes, pero ahora eran mucho más perceptibles…
La luz de la luna nos guío hasta mi lugar de reposo… a unos minutos… minutos que fueron eróticamente deliciosos… mi cuerpo era minado en placer desconocido junto a ella… mi corazón era un telón abierto de teatro mudo junto a ella… la quería… la deseaba… como nunca antes había hecho con nadie… Yo era virgen de sentimientos… ella… no sabía yo nada de eso… pero no importaba…
-Nunca había montado a caballo- me dijo aferrándose sin reparos a mi cintura y apoyando su rostro en mi pecho…
-Nada va a pasarte… soy un buen jinete…
-Este paraíso es maravilloso Neal…
Dijo aferrándose más a mi cuerpo… tan ansiosa y nerviosa como yo. La ame con pasión… le arranqué las ropas, la besé y acaricié hasta cansarme. La tomé con la firme convicción de satisfacerme… de sentirme tan feliz como nunca antes lo había sido. Me abrí paso en su vida con la única intención de dejar mi huella, de plasmar mi esencia en ella para siempre… de encadenarla a mí, a mi vida, a mis deseos… de hacerme participe de su aliento… Lo logré… de manera fácil, como parecía ser todo a su lado, natural y sencillo… la encerré en mis brazos para que no escapara al final… la acaricie con ternura… ¡Tonto estúpido! Yo iba por tomarla a ella… y termine tan compartido, tan entregado, como un regalo de amor puro y sincero…
Ella tardo en reponerse. Hasta ahora no había prestado la atención debida, pero esta noche todo cambiaba… ella era mía, y a lo que es de uno y es tan querido se le cuida…
-¿Qué es lo que tienes?- pregunté sin más abrazado a su cuerpo de seda…
-Nada importante… una alergia, algo en las defensas me han dicho… - me dijo sin mucha importancia… se volvió a mí y me enredó de nuevo en sus brazos y piernas… - he sido tan feliz en esta nueva vida que me has regalado, como jamás imagine serlo… la felicidad suele durar poco Neal, pero esta que me has dado, bien ha valido la pena…
Me vi reflejado en sus lagunas amieladas… con un sentimiento que nunca antes había visto en la mirada de otra mujer, una aceptación y afecto y devoción tal que me contrajo el alma… Me preocupaba su respiración y el corazón que parecía escapar de su pecho… pero ella me embelesó en sus besos, me embriagó con sus caricias y amorosos ruegos… Yo coloque la mano en su pecho… sintiendo el ritmo acelerado… ella solo sonrió…
-Estoy feliz… por eso late de esa forma… ¡Estoy tan feliz como nunca antes lo había estado!
Recuerdo que esa noche con los brazos llenos de la suavidad de su cuerpo, los labios llenos del sabor de su piel y el alma llena de felicidad dormí tan profundamente como no recuerdo otra ocasión… Fue una tontería… lo supe después…
CONTINUARA…
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Laurie Miau
2010
